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Inqsello Por orden de su Santísima Majestad, el Dios-Emperador de Terra. La Sagrada Inquisición declara este artículo En Construcción por Val. Si encuentra algún problema o falta de devoción por su parte, notifíquelo, un acólito del Ordo Hereticus estará encantado de investigarlo.


Fuerza de Ataque Lanzasombría Editar

Introducción Editar

"“Hoy daremos la vida, pero nuestras muertes proporcionarán a nuestros hermanos de batalla un tiempo precioso. Las próximas horas determinarán no solo el destino de Vigilus, sino de todo el sector. Conservad este pensamiento en vuestros corazones. Ha sido un honor servir con vosotros, hijos de Guilliman. Ahora veamos cuántos herejes matamos antes de que asome, rojo, el sol.”"

Capitán Acheran, 2ª Compañía de los Ultramarines, durante la Batalla de Nemendghast.

Los asediados defensores de Vigilus se negaron a ceder ante las invasiones xenos y los levantamientos siniestros de cultos que hubo a raíz de la manifestación de la Gran Fisura. Mas este mundo vital, santuario de la humanidad entre los horrores del Imperium Nihilus, no pudo resistir sin ayuda. Lord Marneus Calgar, Señor de Capítulo de los Ultramarines despachó a los Marines Espaciales de Vanguardia a través del Sistema Vigilus, encargados de reunir a las fuerzas imperiales dispersas y expulsar las amenazas que acecharan en las sombras del espacio.

El Capitán Acheran, de la 2ª Compañía de Ultramarines, dirigió una de estas misiones, ayudado por el Bibliotecario Maltis, maestro psíquico de la ilusión y la ofuscación. La labor de la Fuerza de Ataque Lanzasombría era investigar Nemendghast, del que no había noticias desde que las tormentas disformes de la Gran Fisura lo envolvieran.

La horripilancia de lo que hallaron escapa a la comprensión; un mundo rehecho a imagen de los Dioses del Caos, las ciudades fueron transformadas por los Herreros de la Disformidad de la Legión Negra en fábricas cárnicas que producían supersoldados daemónicos y poseídos ingenios de guerra: los Daemonkin. En un corrupto páramo se alzaba la Forja Infernus, un enorme horno de almas gestionado por el Maestro de la Posesión Vorash Soulflayer. Este temible hechicero mandaba millares de guerreros Daemonkin e ingenios daemónicos. Cuando los Marines Espaciales de Acheran lanzaron una campaña de sabotaje y eliminación en aquel mundo corrupto, Vorash y sus seguidores marcharon para encararlos, dispuestos a dar muerte cruenta a los siervos del Falso Emperador.

Zona de guerra Vigilus Editar

Con el advenimiento de la Gran Fisura y la oleada simultánea de devastadoras tormentas disformes, se desencadenó la furia del Inmaterium a lo largo y ancho de la galaxia. Las estrellas fueron devoradas, los planetas consumidos, y las legiones de siervos de los Dioses Oscuros se desparramaron en el espacio real. En un abrir y cerrar de ojos, el norte galáctico, apodado Imperium Nihilus, quedó aislado en pleno espacio atormentado. Solo quedaron unos pocos pasajes que llevasen al más amplio Imperium. El mayor y más estable de ellos era el Guantalete de Nachmund.

El mundo de Vigilus se ubicaba al norte de este corredor. Aunque durante mucho se había considerado como una valiosa posesión imperial, su cercanía al Guantelete lo había convertido en refugio de los ciudadanos desplazados y los regimientos de sistemas próximos, cabeza de playa desde la cual podía defenderse la Humanidad, además de un objetivo visible para el enemigo.

Tras la manifestación de la Gran Fisura, Vigilus fue asaltado por oleada tras oleada de fuerzas xenos. Los Orks arrasaron los páramos que rodeaban las grandes colmenas planetarias, improvisando fortalezas con materiales saqueados. Desde estos bastiones artillados lanzaron constantes incursiones en territorios imperial, deleitándose en la carnicería resultante.

Oculto en lo más hondo de la tierra acechaba otro enemigo mortífero: el Culto adorador de xenos de los Príncipes Mendigo. Estos mutantes disidentes trataron de derrocar al opresivo régimen que los había mantenido siglos bajo tierra, y sus garras ocultas se dispersaron a través de cada centro urbano de Vigilus. Al acecho en algún lugar situado bajo la superficie del planeta aguardaba su momento el ser al que llamaban Gran Padre Gusano, creador y gestor de la secta, un gigantesco patriarca Genestealer.

Tantas eran las amenazas que ponían en jaque a Vigilus, que hubo varias ocasiones en las que se dio por segura la caída del planeta. Los cazadores de carne Drukhari lanzaron incursiones relámpago desde la oscuridad, capturando muchos prisioneros. También se avistó a los Aeldari de los Mundos Astronave, quienes perseguían sus propios y misteriosos fines. Interceptaciones de vox apenas descifrables hablaban de horrores de extremidades con forma de cuchilla que merodeaban en las sombras y desgarraban sin compasión a sus aterradas presas. Y para variar ahí estaba el atractivo del Caos. el eterno enemigo, a la caza de debilidades del alma mortal. Pero Vigilus no fue invadido por la anarquía y el terror como muchos otros mundos leales que quedaron aislados en el Imperium Nihilus. Sus defensores lucharon con desafío, atacando con un alto coste en vidas. Semejante sacrificio supuso un tiempo precioso para Vigilus, y con él un rayo de esperanza.

La llegada de Lord Marneus Calgar a la cabeza de una gran flota de Ultramarines alteró el transcurso de la guerra. El Capitán volcó su mente táctica en la defensa de Vigilus. Sus Marines Espaciales reforzaron y fortificaron una serie de ubicaciones estratégicas clave, y se disolvió el burocrático e ineficaz Consejo Aquilario, sustituido por el Senado Vigilus, cuyos miembros fundadores fueron elegidos personalmente por Calgar. Desapareció la lucha interna entre facciones que había amenazado con desestabilizar el gobierno de este mundo vital, al menos por un tiempo, mientras el Senado se concentraba en la sangrienta labor de expulsar a las hordas xenos.

Se ejecutaron purgas imperiales tanto de pieles verdes en los eriales como de los depravados sectarios. Los Orkos afrontaron cada asalto con desafío, cargando al combate en sus máquinas de guerra hechas con chatarra. Aunque los Space Marine acabaron con miles de pieles verdes, no disminuyó el afán de violencia de los alienígenas. La lucha en las colmenas controladas por el culto se convirtió en una pesadilla. Todos los edificios en ruinas y las rejillas de alcantarillado estaban cubiertos de trampas explosivas; minas, alambre y pozos de estacas. Fueron temibles las bajas entre los regimientos del Astra Militarum encargados de expulsar a los Príncipes Mendigo, y no fue posible desplegar en todas partes a los poderosos Marines Espaciales Primaris.

Pese a las duras batallas que se avecinaban, el mero hecho de que los defensores de Vigilus pasasen a la ofensiva los envalentonó. Contemplar las formaciones de relucientes Ultramarines desplegados en le frente de batalla fue aplaudida con fervientes oraciones por los asediados Guardias Imperiales. Las legiones del Mechanicum y los agentes de élite del Militarum Tempestus penetraron en territorio enemigo, sembrando la muerte y las destrucción donde quiera que fuesen. Al cabo, llegarían más refuerzos. Naves perdidas y flotas de combate atraídas por la luz de Vigilus, precario puerto en mitad de las turbulentas tormentas del Imperium Nihilus.

En el interior del gran strategium del palacio aquilariano, Lord Marneus Calgar trazaba planes de batalla y despliegues tácticos no solo para Vigilus, sino también para el conjunto del sector. El Maestro del Capítulo de los Ultramarines no era dado a dormirse en los laureles. Era plenamente consciente de cuál es la verdad, por desagradable que era: la verdadera batalla por Vigilus aun debía empezar. Incluso con aquella prórroga temporal, Vigilus seguía al borde del desastre y no podía aguantar sola. Debía buscar aliados y asegurar sus recursos estratégicos tan pronto como le fuera posible, o de lo contrario el desafío al mundo asediado iba a ser en vano.

"“Hemos traído esperanza a la abandona población de este mundo, y eso es para bien. Pero no demos cuartel al pecado de la complacencia. Temo que la batalla real por Vigilus aún ha de comenzar.”"

Lord Marneus Calgar, Señor del Capítulo de los Ultramarines

Vacío adentro Editar

La defensa de Vigilus planteó a Marneus Calgar varios desafíos tanto prácticos como teóricos. Con mucho, el mayor fue el hecho de que estuviese tan aislado, de que vagase a la deriva en un océano de miedo y confusión. La Gran Fisura causaba fuertes tormentas disforms que envolvieron a Vigilus, interrumpiendo transmisiones y engullendo a las flotas de batalla, por tanto fueron inútiles los intentos de comunicación de largo alcance. Calgar quería contactar con las fuerzas imperiales cercanas para diseñar un plan de despliegue que levantase un escudo férreo en torno al mundo bastión. La formación de esta zona de mando requeriría de un reconocimiento exhaustivo del sistema circundante. No era sencillo porque más allá de Vigilus se extendían inmensos trechos de espacio atormentado. Calgar conocía los peligros del Imperium Nihilus, las abominaciones que acechaban. La Gran Fisura había desatado sus horrores, transformando en mataderos los mundos imperiales que antaño fueron leales, vertiendo en la realidad a los moradores de la Disformidad.

Afortunadamente, Calgar contaba con algunas de las mejores tropas de reconocimiento de la galaxia: los Marines Espaciales de Vanguardia. Veteranos de la Cruzada Indomitus, estos combatientes habían peleado en algunos de los combates más horrendos de esa campaña, facilitando la victoria a las fuerzas del Primarca Guilliman. Bregados por su constante exposición a los horrores del nuevo Imperium, acostumbrados a operar detrás de las líneas enemigas sin apoyo ni refuerzos, constituían el arma perfecta para penetrar en la negrura de la periferia del Sistema Vigilus y más allá. Decenas de fuerzas de ataque Vanguardia de varios Capítulos, sobre todo de los Ultramarines, fueron enviadas a través del sector. La mayoría se dirigieron a posesiones imperiales establecidas, mundos importantes estratégicamente que guardaban silencio tras la Gran Fisura. Su labor era muy simple: En primer lugar, debían ubicar las fuerzas leales aisladas y establecer líneas de comunicación con Vigilus para formular una defensa efectiva. En segundo lugar, debían aprovechar y fortificar los activos estratégicos necesarios para el actual esfuerzo de guerra.

Por último. quizá lo más importante, las fuerzas de ataque Vanguardia debían descubrir posibles amenazas en las inmediaciones. La situación táctica en Vigilus era ya peligrosa, y si los defensores se veían sorprendidos por nuevas fuerzas de invasión probablemente serían su fin. Calgar quería anticiparse a dicha posibilidad. El capitán del Capítulo confiaba en sus puntas de lanza Vanguard y dictar sus propias reglas de enfrentamiento según lo escrito en el Codex Astartes; aunque su misión no fuese de acción directa, sabía que sus oficiales de reconocimiento echarían mano de su entrenamiento y amplia experiencia para juzgar cuándo y dónde trabarse con en enemigo en batalla abierta.

Las Fuerzas de Ataque Tercio y Corollos de los Puños Carmesíes se lanzaron hacia el mundo helado de Zemeter en la frontera de la Nebulosa Geisson, sede de una estación de investigación del Adeptus Mechanicus. Allí se toparon con los restos rezagados de la flota del Kaudillo Skroghedd, a la que hostigaron y apartaron del Sistema Vigilus. La Fuerza de Ataque Cladian de los Templarios Negros fue más allá de las fronteras de la Gran Fisura, siguiendo señales de flotas herejes. Los Lobos Espaciales del Señor Lobo Javrik Flametongue asumieron el control del vital astillero espaciales de Kassickan en el vecino Sistema Phulges, apuntalando una línea de suministro valiosísima. Otras fuerzas de ataque se desplazaron en el vacío con sus propias misiones encubiertas. De algunas nunca más hubo noticias. Muchas realizaron asombrosos actos de heroísmo de los que no queda constancia en los anales de la campaña de Vigilus.

El mundo industrial Nemendghast se situaba a las afuerzas del Sistema Vigilus, rodeado por un conjunto de asteroides ricos en minerales. Aparte de la propia capital del sistema, Nemendghast era quizá el activo más valioso de los alrededores. Sus abundantes estratos mineros y perforaciones de prometio habían provisto a Vigilus de un flujo constante de recursos vitales, pero la Gran Fisura había sumido a Nemendghast en un silencio ominoso. La órbita del planeta lo había llevado a sufrir varias de las peores tormentas warp de la región, una odisea oscura que había causado al mundo horrores inimaginables. Desde su reaparición, las comunicaciones vox de largo alcance solo habían obtenido silencio como respuesta. Nemendghast era un activo valioso, y Marneus Calgar anhelaba conservarlo. Explorar el mundo industrial recayó en la Fuerza de Ataque Lanzasombría, de la 2ª Compañía de los Ultramarines. El mando de esta misión fue confiado al Capitán Acheran, líder astuto cuyas acciones durante la Cruzada Indomitus le habían valido numerosos honores. Lacónico, no dado a discursos audaces ni a la oratoria fanática, el Capitán comprobó que las operaciones clandestinas de los Vanguard Space Marines encajaban a la perfección con sus destrezas.

El sigiloso crucero de Acheran, el Carpatia, emergió del salto warp a cierta distancia de Nemendghast. Las exploraciones Augur revelaron que las instalaciones fabriles estaban prácticamente intactas, aunque las lecturas se veían interrumpidas por las interferencias de la radiación. El planeta era un infierno, ardían en él los hornos que alimentaban la producción; algo había reiniciado las forjas de Nemendghast. Varios operadores de Augur sufrieron violentos espasmos tras interceptar transmisiones corruptas de la superficie del planeta. Entre las ráfagas de la estática pudo oírse un coro de gritos de dolor, salpicado por cantos rítmicos en una lengua infernal. A medida que se acercaba el Carpatia, disimulando la huella del motor en la estela de cometas que iban a la deriva, cuatro formas parecidas a cuchillos surgieron en la cara oculta de Nemendghast y establecieron una órbita alta. Por el ojo que decoraba el casco, Acheran los identificó como naves de guerra de la Legión Negra. Consciente de que tan solo disponían de una breve ventana de oportunidad antes de que se descubriera su presencia, Acheran ordenó de inmediato el despliegue de cápsulas de desembarco sobre Nemendghast. Vigilus corría grave peligro si la Legión Negra contaba con una presencia significativa. Era esencial conocer la magnitud y la disposición de las fuerzas herejes.

Las cápsulas de desembarco orbital se precipitaron en la superficie del planeta, atravesando la atmósfera tóxica. Las escuadras de infiltración y las partidas de caza de los Eliminadores se desplegaron con rapidez, introduciéndose en las destrozadas zonas industriales, donde accedieron a un páramo de fuego y azufre. La Legión Negra había conquistado Nemendghast, y lo había transformado en una línea de producción dedicada a la creación de temibles máquinas de guerra. Ríos de burbujeante sangre se derramaban desde las imponentes fábricas cárnicas. Distritos enteros volcados en la industrialización del sacrificio ritual, millones de esclavos ensangrentados, heridos para servir de irresistible señuelo para los seres de la Disformidad. Retumbaba entre las pilas humeantes el sonido metálico de la maquinaria daemónica, y horrores de ocho extremidades siseaban y se escabullían en las sombras.

Para sobrevivir en este mundo pesadillesco, el Capitán Acheran recurrió a su bibliotecario, Levren Maltis. Maltis era un maestro psíquico de la ocultación, técnica preferida entre los psíquicos de las formaciones Vanguardia. Protegiendo la fuerza de ataque a ojos de los depredadores, Acheran los llevó por territorio enemigo hasta las afueras de la colmena Golbrecht, urbe más poblada del mundo. Allí, Acheran descubrió un horror mayor de lo que podría haber previsto. Toda la colmena se había transformado en una ciudadela donde se fundían carne y metal, un monumento a los Dioses Oscuros. Ocho columnas de piedra negra se alzaban para rodear la torre más alta de la colmena, todas con runas grabadas, salpicadas de cuerpos que se retorcían, seres vivos atravesados por ganchos con púas de bronce. En el cielo, sobre la ciudad, había un ruidoso torbellino de color enfermizo, crisol hirviente de materia disforme que vertía en la realidad, pero encadenado aún por una fuerza desconocida. En la torre ardían fuegos infernales, los gritos resonaban a través de ella y un interminable coro de agonía. Gran número de seres deformes acechaban en sus corredores y subniveles, una espeluznante comitiva de combatientes heréticos víctimas del roce de la daemonicidad, repletos de dones antinaturales. Era una fragua para la creación de monstruos, una sala de parto para los Poseídos. Los vocoemisores salpicados de sangre reproducían alabanzas a Vorash Soulflayer, Maestro de la Posesión y Señor de la Forja Infernus.

El Capitán Acheran comprendió sin asomo de duda que no podía salvar Nemendghast. Pero tampoco escaparía abandonándolo en las garras de la Legión Negra. Reunió a sus fuerzas y trazó sobre la marcha una serie de complejos planes de batalla, y así fue cómo Acheran puso en marcha la destrucción de la Forja Infernus.

Vacío adentro Editar

El Capitán Acheran sabía que contaba con el factor sorpresa a pesar de estar aislados y en inferioridad numérica en un mundo completamente corrompidos por el Caos, pero para los Marines Espaciales de Vanguardia la sorpresa es un arma mortal. En primer lugar practicaron una brecha en el perímetro fuertemente custodiado de la Forja Infernus, la fábrica infernal surgida de las ruinas de la colmena Golbrecht. Decenas de Astartes Traidores vigilaban las afueras de la imponente mole, alrededor de la cual efectuaban patrullas exhaustivas que no dejaban un palmo de terreno sin comprobar.

Cualquier intento fallido de infiltración alertaría a todo el complejo y atraería sobre si a los guerreros poseídos por demonios. Recurriendo al velo de lo irreal, el Bibliotecario Maltis se cubrió a si mismo y al resto con un manto impenetrable que permitió a sus hermanos de batalla pasar junto a los centinelas enemigos. Con la ayuda de este poder ilusorio, Acheran y sus combatientes burlaron el perímetro defensivo de los Daemonkin. Mientras los equipos de Eliminadores buscaban posiciones de tiro en los niveles superiores, escuadrones de infiltración se deslizaron hacia el centro de la Forja Infernus, barriendo con sus resplandecientes miras auspex los corredores oscuros y las salas cavernosas repletas de charcos burbujeantes de sebo humano y bronce fundido.

Tras infiltrarse en la zona del objetivo, Acheran dividió a sus hermanos de batalla en varios destacamentos pequeños y veloces, a los que asignó misiones de eliminación y sabotaje. Había que eliminar a los hechiceros de la Legión Negra, y se desplegaron explosivos sincronizados en la maquinaria infernal y los ingenios daemon. Los líderes de escuadra identificarían y destruirían cualquier blando de oportunidad, atacando desde puntos múltiples para desorientar al enemigo. Así era cómo hacían la guerra los Vanguardia, y ejecutaron sus planes con despiadada precisión. Varias detonaciones estremecieron los niveles inferiores de la Forja Infernus antes de que sus amos del Caos supiesen que los atacaban.

En la Cámaras de la Ascensión situadas en lo alto de la Forja Infernus, el Maestro de la Posesión Vorash oyó la sorda detonación de explosivos. Lo achacó al principios a que uno de sus muchos rivales en la Legión Negra había lanzado otra incursión en su territorio. Los Herreros de la Disformidad estaban resentidos por la autoridad que le había otorgado el Señor de la Guerra Abaddon,  no disimulaban su desacuerdo. Invocando a su guardia personal, el Maestro de la Posesión abandonó a la criatura desollada a la que había estado preparando para la iluminación y marchó a la batalla.

Mientras el grupo de mando del Capitán Acheran se adentraba hacia el centro de la Forja Infernus, al Bibliotecario Maltis lo abrumaba el aura de energía disforme que emanaba hasta del último rincón de la fortaleza. Casi se había disuelto la barrera que separaba las dimensiones, y por doquier se vertía en la realidad la materia corruptora del Caos. Maltis apenas seguía en pie mientras los gritos dementes reverberaban en su mente. Recurrió hasta la última fibra de su voluntad para mantener a raya aquella asfixiante locura. El dolor dio pie a la claridad. Eso evitó que la vorágine de espíritus daemónicos que rugían sobre la Forja Infernus devastara la colmena con los ocho pilares en torno a la torre central; grabado en todos se leía los nombres verdaderos de Daemons muy poderosos, lo cual evitaba que estos entes primordiales se liberasen. Si lograban destruir estas protecciones, estallaría el furibundo poder del Caos, consumiendo todo lo que encontrase a su paso. Al carecer de explosivos suficientes para destruir la Forja Infernus, tal vez ésa fuese la única oportunidad de la Fuerza de Ataque Lanzasombría de asestar un golpe certero.

En el teniente Ulleus, segundo al mando de Acheran, recayó entretener a los defensores de la Legión Negra, mientras que el Capitán se ocuparía de la destrucción de los pilares. Ulleus eligió las salas abovedadas de los hornos de almas para plantear su defensa final, sabedor de que el enemigo había sido alertado y que ya no había margen para la retirada. Allí, contenidas mediante abotargadas urnas de carnemetal, se almacenaban esencias daemónicas que se vertirían en los marcos físicos de las máquinas de guerra. Los Infiltrators del teniente establecieron líneas de tiro cruzadas, y desplegaron granadas de humo para desorientar a los Marines Espaciales del Caos y los ingenios daemónicos que asaltaron la posición. La lucha fue brutal, y cuando las balas perdidas alcanzaron las urnas de almas, los desquiciados espíritus de la urdimbre se abatieron sobre fieles y herejes por igual. Ulleus y sus guerreros pelearon hasta el final, hasta que un enjambre de Venomcrawlers surgió de los canales subterráneos para arrancarles las extremidades. Este acto de sacrificio había proporcionado al Capitán Acheran un tiempo precioso.

Sabedor de que rebasarían a sus fuerzas en cualquier momento, Acheran orquestó atacar los pilares. Las enormes torres las custodiaban un par de Arrasadores, artillería consciente cuya carne viva se fundía con cañones de plasma y cañones automáticos pesados. La violenta embestida redujo a charcos de sangre a docenas de Marines Espaciales de Vanguardia. El sigilo ya no era una opción, y Acheran desplegó sus escuadras de Supresores. Llegaron los refuerzos por vía aérea. Con las botas servoajustadas en los montantes de acero y las torres para soportar los imponentes cañones automáticos, los Supresores vomitaron una tormenta de rondas de alto calibre sobre los Arrasadores. Las criaturas retorcidas respondieron al fuego transformando su carne para dar forma a armas capaces de perforar la armadura pesada de las unidades aéreas. Los Supresores proporcionaron cobertura, y el Capitán Acheran ordenó avanzar a sus Infiltradores. Los defensores del Caos chocaron con ellos entre gritos de guerra, y el suelo se cubrió de sangre. Nadie podía tocar a Acheran, que derribaba hereje tras hereje con ráfagas precisas de su carabina bólter, pasando a la filoarma en las distancias cortas.

Y cuando pusieron las primeras cargas al pie de los pilares, se alzaron aullidos dementes. Había llegado Vorash Soulflayer, lo acompañaban sus mejores creaciones: enormes Grandes Poseídos, cubiertos por los blasfemos dones de los Dioses Oscuros. Arremetieron a los Infiltrators con espantosa soltura, las garras atravesaron la armadura patrón Phobos para destripar a sus presas. Vorash canalizó energías daemónicas para imbuir en sus mascotas una furia enloquecida. Quien trató de atacar al Maestro de la Posesión era reducido a cenizas por los gritos de fuego infernal que expulsaba su bastón de fuerza. Las almas de los Marines Espaciales fueron devoradas con avidez por Venomcrawlers que eran como arañas.

Lo peor aún estaba por llegar. Un vocomensaje prioritario del Carpatia reveló que una flota del Caos había detectado la presencia de la Fuerza de Ataque Lanzasombría. Una flotilla nueva, e incluso mayor, había abandonado el espacio disforme sobre Nemendghast, no solo naves de la Legión Negra, sino también las de color rojo de los Masacre Carmesí, con sus cascos putrefactos adornados con iconos de la Purga, además de una docena de otras bandas herejes. Acheran supo que el crucero estaba condenado, al igual que todo mando, pero estaba decidido a dejar huella en aquel mundo contaminado. Activó las cargas de demolición, los pilares se colapsaron formando una columna de llamas, y los escombros se precipitaron al suelo. Por fin se liberó la masa de espíritus cuya furia era insoportable a la vista. La Forja Infernus era presa de un incendio, una tormenta de fuego consciente que barrió las salas y las fábricas cárnicas, incinerándolo todo a su paso. Miles de Ingenios Demoníacos se destruyeron en un instante, y las llamas voraces inmolaron a innumerables guerreros poseídos.

Acheran había cumplido su misión, pero supo que a Vigilus debía llegar la noticia de la presencia del Caos en el sistema. Su última petición al Bibliotecario Maltis fue que diese con el modo de huir y personarse ante el Señor del Capítulo Calgar, para contarle lo sucedido allí. Maltis se escabulló entre los desechos químicos que se extendían más allá del incendio, volvió la vista atrás y vio al Capitán Acheran y sus pocos hermanos Vanguardia que defendían la posición ante la furia de Vorash Soulflayer y una aullante marea de Daemonkin.

FuentesEditar

  • Lanzasombría. 
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