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Khorne medio sin fondo

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Caos angel caído espada

Angel Caído

"La verdad es que Khorne te ha llamado a su seno y tú has renunciado a la vida eterna."

Zhebdek Abaddas

Zhebdek Abaddas fue el Capitán de la 3ª Compañía de la Legión de los Ángeles Oscuros en los tiempos de la Gran Cruzada y la Herejía de Horus, que se hizo seguidor del Caos Absoluto, se convirtió en uno de los Ángeles Caídos y fue artífice de la corrupción del Sargento Abdaziel Magron.

Historia Editar

Dentro del Ojo del TerrorEditar

Tras la caída de Caliban y ser expulsado a la disformidad, Abaddas deambuló por todo el Ojo del Terror, siempre solo, siendo testigo de innumerables maravillas y ofreciendo sus servicios a un Príncipe Demonio tras otro.

Finalmente, se asentó en el sistema de La Rosa, un sistema donde los planetas tenían forma de pétalos y cuya disposición asemejaba una rosa gigantesca. El Ángel Caído estableció su base permanente en el pétalo planetario Rhodonius 428571429 y decidió luchar por el Dios del Caos Tzeentch al considerar una cortesía oponerse a los invasores de Khorne.

Su alojamiento era una cabaña excavada en el tronco de un rosal gigante, lugar donde meditaba todas las mañanas sin tener puesta la armadura.

Le había resultado fácil intimidar a los habitantes y labrarse un territorio propio y creía firmemente que un guerrero de verdad siempre debía poseer esclavos. Tenía bajo su mando a más de dos mil hombres, varios cientos eran aventureros y el resto reclutas locales. Su guardia personal se había acomodado en el bosque de rosas situado un poco apartado, en el espacio comprendido entre el pétalo planetario en el que él estaba y el pétalo superior.

La propiedad del Ángel Caído —es decir, el territorio en el que todos lo temían y obedecían— consistía en estos dos pétalos y los pétalos situados a ambos lados, aunque podía ejercer su poder sobre una parte mayor del planeta cuando lo deseara, y de vez en cuando lo hacía.

La llegada de Magron Editar

Tras repeler una nueva invasión de seguidores de Khorne fue avisado por sus esclavos que habían hallado a un Marine Espacial. Este era el sargento Abdaziel Magron el cual había estado flotando a la deriva en el espacio durante diez mil años y finalmente, había llegado al Ojo del Terror y aterrizado en Rodonius 428571429. Abaddas estaba convencido de que había sido su voluntad y su necesidad de contar con la compañía de otro Ángel Oscuro lo que había llevado allí al sargento.

Abaddas le pidió un informe y Magron le explicó todo lo que había pasado: que había sido enviado a capturar y destruir una base interestelar de los Devoradores de Mundos y que esta había explotado acabando con el enemigo y con las fuerzas de ataque leales que habían sido enviadas para neutralizarlos. Que luego se había perdido en el espacio y había puesto en marcha la Membrana An-sus. Sabía que habían pasado casi cien años imperiales estándar desde entonces, es decir, desde que el temporizador de su traje había dejado de funcionar, pero eso era todo, ni siquiera sabía cómo había llegado a este mundo que tenía un aspecto tan atractivo.

La mayor preocupación de Zheddek tenía que ser la salvación de su hermano Ángel Oscuro, llevarlo al camino recto y apartarlo de su poco afortunada lealtad al Imperio. Esto iba a ser difícil. Mientras el sargento Magron estaba combatiendo a los renegados Devoradores de Mundos, el capitán Abaddas había estado en Caliban, escuchando las inspiradoras palabras de Luther, oyendo cómo el Primarca Lion El'Jonson los había traicionado y se había atribuido toda la gloria.

Abaddas no era Luther. No tenía su capacidad para convencer a los hombres de abandonar sus convicciones más profundas. Debía valerse de alguna argucia. Al fin y al cabo, ¿qué era verdad y qué mentira? En el dominio del Caos no siempre era posible saber qué era una cosa y cúal otra. Y por lo que respecta al tiempo, ¿Qué tiempo debía usar como respuesta, el suyo o el de Magron?

Abaddas le dijo en tono mesurado que lo que deb´´ia revelarle le resultará difícil de aceptar e incluso de comprender. Le explicó que la rebelión encabezada por el Señor de la Guerra Horus consiguió triunfar, que el Emperador había muerto a manos del propio Horus en combate singular, aunque también este murió a causa de las heridas recibidas. Le dijo que Lion El'Jonson también había muerto y que la galaxia se encontraba gobernada por los poderes del Caos.

Cuando el sargento Abdaziel Magron oyó estas palabras, el mundo se oscureció ante sus ojos y se hubiera desplomado sin sentido si el capitán Abaddas, cuyas fibras de energía emitieron un leve zumbido, no se hubiera adelantado para sostenerlo con sus enormes guanteletes.

Abaddas estaba usando su don del Caos perceptor de emociones para observar atentamente a su hermano Ángel Oscuro. Las emociones pre-herejía de un Marine Espacial estaban siendo desmenuzadas y analizadas. En esencia, sólo eran dos: determinación y lealtad. Determinación de vencer a todos los enemigos, y lealtad al Emperador y a su Imperio. El culto al Emperador había sido inculcado más profundamente en los Ángeles Oscuros que en cualquier otra legión. Abaddas podía ver, con tanta claridad como el prado de cuarzo salpicado de rosas que lo rodeaba, la negra desesperación que se adueñaba de Magron al enterarse de la muerte del Emperador y de la destrucción de su causa y que recorría todo su cuerpo como una nube oscura y ardiente.

Era inevitable que en algún momento Magron descubriera que su capitán le había mentido. El objetivo de Abaddas era asegurarse de que para entonces hubiera aprobado las intenciones que subyacían tras esas mentiras. Era preciso reorientar la devoción de Magron. Necesitaba poderosas razones para llegar a odiar y repudiar al Emperador del Trono Dorado. Era preciso atraerlo al servicio de uno de los Poderes Ruinosos y Magron no aceptaría a ningún otro que Khorne, el dios del combate, el dios del honor, el dios de la sangre.

Abaddas llevó a Magron a otro planeta del sistema donde se enzarzaron en una escaramuza contra Marines de la Legión Alfa. Durante la pelea Abaddas le instó a Magron que dejara de nombrar al Emperador y que invocara a Tzeentch. Tras la batalla llevó al sargento hasta un Apóstol Oscuro de Los Portadores de la Palabra para que lo consagre a Khorne.

La ceremonia es interrumpida por Pelor Calliden y Maynard Rugolo los cuales cuentan la verdad a Magron. Al ver su expresión, Abaddas supo que la ilusión que tan minuciosamente había urdido para el sargento se había desvanecido y que ya nada podía ayudar al Ángel Oscuro. En el momento en que el capitán Abaddas apuntó al sargento Magron con el bóolter, acabó la lucha por su alma.

Magron se abalanzó sobre Abaddas y los dos cayeron al suelo rodando, quedando Magron encima de Abaddas. Magron disparó su Bólter entre los empalmes de las placas de la servoarmadura de Abaddas y seccionó los cables de energía de la Mk.III infligiendo graves heridas a Abaddas y dejándolo inmóvil.

A Magron le disgustaba tratar de aquella manera a un hermano Ángel Oscuro, pero no era la primera vez que mataba a Marines Espaciales y estaba dispuesto a volver a hacerlo si se rebelaban contra el Emperador. Abrió y retiró el casco cuneiforme del otro. El capitán Abaddas no intentó mirarlo. Su rostro estaba tan inexpresivo y frío como siempre en medio de su dolor y su impotencia.

El guantelete de energía del sargento Magron arrancó el cráneo del capitán Abaddas. Luego se inclinó sobre él, estirando su cuello y mordió la parte posterior del cerebro ensangrentado y vivo del capitán que había quedado al descubierto. El sargento Magron quería obtener información rápidamente, y para eso necesitaban comer ese tejido mientras el otro todavía estaba vivo, para que su omofágea extrajera memoria a gran velocidad por cruel e inhumana que pareciera esa medida.

El capitán Abaddas sabía lo que estaba ocurriendo, aunque, como el cerebro humano carece de nervios sensores, no recibía ninguna sensación. Sin embargo, no formuló la menor protesta mientras el sargento Magron devoraba su cerebelo. Pronto ya no estuvo en condiciones de formar una sola palabra. Bocado tras bocado, el sargento Magron masticó y tragó. A cada mordisco, Abaddas sentía que su personalidad se iba vaciando, hasta que sólo fue una vaga presencia sin memoria, un susurro furtivo del espacio disforme.

Y luego nada.

Equipo Editar

Armadura Editar

Los forjadores de armaduras del Adeptus Mechanicus que la habían creado apenas la reconocerían ahora como trabajo suyo. Todos los antiguos símbolos habían sido reemplazados, pero eso era lo de menos. El traje de energía, con una forma voluminosa y cuadrada, el tipo de armadura de Marine Espacial más aparatosa de su época, parecía haber estado sumergida durante siglos en algún baño químico y haber desarrollado excrecencias cristalinas de colores, transformando las antes limpias líneas de ceramita en retorcidas líneas curvas.

Era como si el caparazón exterior se hubiera convertido en algo orgánico y le hubieran empezado a crecer tumores, en forma de excrecencias de colores. Una estructura en forma de ciervo coronaba el casco. El águila Imperial había desaparecido del peto, así como la insignia del regimiento del revestimiento del hombro derecho. Ambos habían sido reemplazados por curiosos diseños, desconocidos para él. Aún podía verse la insignia del Capítulo, pero había sido distorsionada y elaborada de forma extraña, así como la insignia que indicaba el rango de Abaddas.

Dos grandes cuernos salían de su casco, y espiras y extraños artilugios cubrían el resto de la coraza.

El traje de energía tenía diez mil años de antigüedad, aunque considerado desde otro punto de vista tan sólo tenía cien años, ya que el tiempo no transcurría linealmente en el reino del Caos.

Realmente había sufrido una mutación como si fuera algo vivo, la armadura y su portador crecían juntos, cambiaban juntos, dirigiéndose hacia el punto en que al fin se convertirían en un solo ser. El capitán Abaddas sabía que llegaría un día en que ya no tendría voluntad para quitársela.

Armamento y dones Editar

  • Bólter
  • Espada sierra
  • Pistola de Rayos: un arma del Caos que no funcionaba fuera del Ojo del Terror, regalo de un príncipe demonio en agradecimiento por haber tomado parte en una campaña. No se parecía en nada a otras pistolas. La boca era una ranura cuya anchura era cinco veces superior a su altura, y estaba envuelta en una serpiente decorativa de brillante electrum. Tan pronto como cogía la empuñadura, sentía cómo la pistola se conectaba con su mente. Como muchas otras cosas fabricadas en el reino del Caos — sobre todo las armas— era en parte física y en parte psíquica. Sólo quienes tenían una gran fuerza de voluntad podían usar la pistola de rayos. Su empuñadura era capaz de hundir a un usuario de voluntad débil junto con el objetivo. La pistola de rayos era un arma terrible. No atacaba los cuerpos de los hombres, sino sus almas, obligándolos a recordar en un instante cada momento de su vida, haciendo al mismo tiempo que se odiaran a sí mismos. El alma huía del cuerpo horrorizada, para encontrarse de pronto en la disformidad y ser devorada por un demonio u otro ser en función de las necesidades.
  • El capitán Abaddas casi no había sido alterado por los regalos del Caos, ya que no adoraba a ningún poder concreto del Caos. La señal del Caos era perceptible, sobre todo, en su fuerza de voluntad. También sabía hechizos curativos que había aprendido durante su estancia en el Ojo del Terror.

Fuentes Editar

  • El Ojo del Terror, por Barrington J. Bayley.
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