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El Visarca, también llamado la Espada de Ynnead, es el campeón escogido por Yvraine.

Historia[]

El Visarca

El Visarca, en el pasado llamado Laarian, fue antaño un Exarca de considerable posición en Biel-Tan, e incluso había sido mentor de Yvraine en su anterior vida de Guerrero Especialista, pero desde que se unió a la Hija de las Sombras se ha vuelto más extraño e inquietante que uno de los guardianes de los santuarios de Khaine.

Vio un gran potencial en sus habilidades acrobáticas, y le entristeció la noticia de que había abandonado el santuario. No aceptaba que hubiese dado la espalda al camino del Vengador Implacable en favor de la senda de la Bruja , pero se le quebró el espíritu cuando ella se decantó por el camino del Proscrito, y finalmente por una vida de asesinato y decrepitud moral. Aunque no podía admitirlo, los profundos sentimientos que albergaba por ella cambiaron de rumbo.

En una decisión sin precedentes, el Visarca dejó su santuario en manos de sus principales discípulos, faltando a la fe de la tradición Exarca para seguir a Yvraine por el oscuro hilo del destino que ella se tejía. Fingiéndose Íncubo, luchó para alcanzar una posición prominente en la Ciudad Siniestra y vigilar así de cerca a su pupila.

En el santuario de la Hoja Enroscada se unió a los asesinos llamados Íncubos Escarlata. Laarian acabó con el Klaiverx tras un cruento duelo y adoptó su papel por derecho de conquista. Quizá fue este hecho lo que lo acercó a personificar a los antiguos Aeldari. Tal vez fue su estudio incesante de las artes de la muerte lo que lo acercaron a Ynnead. Puede que sólo fuese cosa del destino. Pero a partir de ese momento, Laarian halló un vínculo hondo y espiritual con el Dios que Susurra, al que sirve desde entonces y, debido a ello,ha visto cómo de nuevo su camino se unía al emprendido por Yvraine.

Sus títulos proclaman su identidad: Campeón de Yvraine, Filo de los Renacidos, Espada de Ynnead. Él es el maestro espadachín de los Renacidos, de cuyo antiguo nombre ha renegado, sacrificado para servir a la Emisaria del Dios Susurrante.

Al ser uno de los Renacidos, está atado a las sombras de sus ancestros, y es capaz de escuchar sus susurros proféticos y sus fantasmales canciones. Sus espíritus fluyen a través de él, compartiendo sus mortíferos talentos cuando los necesita, y poseyendo su carne en armonía a cada segundo. Gracias a estas benévolas posesiones, el Visarca libra guerras con la gracia y el poderío de campeones largo tiempo muertos, de una época en la que el imperio Eldar estaba en su glorioso cénit.

En la batalla, porta a Asu-var, la Espada de los Gritos Silenciosos, tomada de las arrasadas ruinas óseas de Biel-Tan. Esta letal hoja es una de las cinco espadas ancestrales, y le fue concedida por Yvraine cuando ascendió a su lado. Cada muerte que causa acelera su sangre, y cada vida que destruye refuerza su alma, convirtiéndole en el epítome de los Renacidos.

Armamento[]

El Visarca viste una barroca armadura decorada según el antiguo estilo de Bel-Anshoc, y canaliza las almas perdidas que ha acumulado para convertirse en un oponente cada vez más letal. Va armado con la espada ancestral Asu-var, la Espada de los Gritos Silenciosos.

Miniatura[]

Fuentes[]

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