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Veneris es un Mundo santuario del Imperio de la Humanidad.

HistoriaEditar

Veneris es el último de una cadena de mundos santuarios a través de las devotas Marchas de Drusus pero carece de una conexión definida con las obras del divino San Drusus. De hecho carece de conexión con cualquiera de los santos  menores de la historia apócrifa.

Por este motivo debería ser, hablando de las grandes rutas de peregrinación calixianas, un remanso utilizado solamente para escalas temporales después visitar los sagrados planetas Maccabeus Quintus o el Centinela. Pero sin embargo, a pesar de su desfavorable bagaje, Veneris es uno de los lugares de peregrinación más populares de todo el sector y se debe enteramente a las vastas estatuas talladas en las cordilleras que recorren el planeta.

Veneris es un gris, seco y desértico planeta que posee un puñado de desarbolados villorrios encogidos a lo largo del borde de pequeños lagos salados, únicos restos de lo que en su tiempo fueron vastos mares. Escasamente poblado desde los días de la Cruzada de Angevin, Veneris nunca fue un planeta rico ni tuvo importancia estratégica importante. De hecho, solo recavó importancia unos quinientos años después de la muerte de San Drusus. Inspirados por la devoción de sus vecinos, los habitantes de Veneris usaron antiguas armas atómicas para remodelar docenas de las vastas cordilleras del planeta a semejanza de grandes santos imperiales como por ejemplo Thor, Drusus, Vidicus o Perditar el Olvidado. Ahora Veneris es reconocido en todo el Sector Calixis y más allá a causa de sus estatuas de escala sin precedentes fuera del Segmentum Solar.

Durante un breve periodo de trescientos años, los habitantes del planeta participaron en el colosal proyecto para reformar literalmente su mundo. Utilizando explosivos atómicos convencionales y millones de devotos escultores esclavos, los habitantes de Veneris tallaron titánicas imágenes religiosas de hasta veinte kilómetros de largo, utilizando montañas enteras como bloques de construcción. Las esculturas más grandes retratan a los santos imperiales tumbados, como si estuvieran durmiendo esperando ser convocados por el Dios-Emperador. Los colosos más pequeños ponen a prueba los límites de la habilidad de la ingeniería humana, representando el propio Emperador, con una altura de hasta tres kilómetros y mirando a las estrellas como si estuviera hambriento de nuevas conquistas. Siglos después, el proyecto escultórico mundial llegó a un punto muerto a causa de masivas tormentas de polvo, despoblación e inanición.

Pero ahora, el solitario y sucio puerto estelar del planeta vomita peregrinos a millones, destinados a viajar en macro-transportes a través de páramos de mármol sumidos en un callado y asombrado silencio ante los colosales desechos esculpidos: rostros erosionados pero nobles de un peso de miles de toneladas, enormes piernas de piedra que no sostienen ningún cuerpo o manos petrificadas que si estuvieran vivas podrían aplastar un titán de batalla.

InsurrecciónEditar

Imperio mundo santuario veneris estatua

Estatua colosal del Emperador en Veneris

"Mi milicia de fieles, puede que no estéis arropados por la bendita armadura de la Guardia Imperial. Puede que no podáis llevar la justa ira del Emperador mediante el cañón de del rifle láser. Lo que adolecéis de las bendecidas armas de guerra del Imperio las substituís por fervor y fe. Ningún ejército podrá resistir ante el poder del juicio del Emperador ejecutado por nuestras manos."

Abbot Von Schteil en el levantamiento de la cantera de Veneris

Las colosales estatuas del planeta necesitan un mantenimiento y unas reparaciones constantes para defenderse de los erosivos elementos del orbe. Por ese motivo la cantera, cerca del polo sur, es una de las más importantes ubicaciones del planeta.

Cuando la cantera fue infectada por recidivistas que creían que su labor era demasiado importante para el trato que recibían, las tareas de minería se detuvieron y sus exigencias fueron enviadas a las autoridades eclesiarcales  locales. El Confesor Von Schteil reunió una fuerza de tamaño ingente con los peregrinos que visitaban Veneris. Con sus sermones sobre la herejía de la pereza provocó el frenesí de la Militia Frateris alimentando el odio por aquellos que podían dejar que los monumentos murieran en lugar de realizar su deber sagrado.

En el corto lapso de tres sangrientos días la Militia Frateris asesinó a casi la mitad de los trabajadores de la cantera. El Confesor Von Schteil aceptó la confesión de sus líderes y estos fueron ejecutados ante un océano de peregrinos en oración.

FuentesEditar

  • Dark Heresy: Blood of Martyrs (juego de rol)
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