FANDOM


La voz fuerte y arrogante de Érebo resonó en el pequeño valle.

- De nuevo nuestros caminos convergen, hermano.

Makius se giró hacía donde provenía el sonido, sintiendo como la sangre bullía de ira en sus venas.

- Perdiste el derecho a llamarme así hace años.

Érebo sonrió bajo su casco. Una sonrisa malévola y confiada que sería capaz de hacer estremecerse al mismísimo Erik Truenosangre. Makius apretó los dientes y gruñó para sí mismo, aquella situación estaba crispando sus nervios.

- Debería haberte matado cuando tuve oportunidad. Ahora será más complicado -Érebo hizo aparecer su espada demoníaca, Ragnarok, y la apoyó sobre su hombro derecho-. Pero también más divertido.

Aquella siniestra espada, de forma extraña y arcaica, despedía un aura de miedo a su alrededor. Curvada hacia atrás al final de su oscura hoja, terminaba en una especie de pico donde se formaban caras demoníacas en el acero,que gesticulaban y desaparecían continuamente. Un gran ojo rojo similar al de una serpiente parpadeaba y desplazaba su pupila de un lado a otro en la base de la hoja, justo delante de la casi inexistente guarda.

-No entiendo por qué estás del lado de esas marionetas del Falso Emperador -Exclamó Érebo con una mueca despectiva-. Siempre fuiste el listo, creí que sabrías lo que te convenía.

Ambos andaban alrededor del otro, en un caracoleo lento y tenso.

- Sirvo a quien debo servir -la voz de Makius, ronca pero firme, reflejó el desprecio que sentía por aquel al que una vez llamó "hermano".

Desenfundó su mandoble psíquica, Dainsleif, que como un relámpago azulado salió de su vaina en la mochila del Codiciario. Agarró el mango de su arma con ambas manos, con fuerza, con odio y con fe en el Emperador.

Érebo negó con la cabeza con un falso aire apesadumbrado mientras chasqueaba con la lengua.

- Tu voz, hermano. Antes éramos iguales. Nuestras voces,nuestros cuerpos...

- ¡Pero ahí se acaban nuestras similitudes! -cortó Makius, preso de la ira- ¡Siempre fuiste impetuoso y agresivo! ¡Te dejaste llevar por esos bastardos! ¡Tu ansia de poder y tu resentimiento han sellado tu destino!

- Puede que así sea -dijo Érebo torciendo el gesto-. ¡Pero yo hice la elección adecuada! ¡Tú estás destinado a arder en los siete infiernos! ¡Todo el que se opone a nuestra causa será aniquilado!

Érebo enarboló su arma con ambas manos y destrozó una enorme roca que sobresalía de las paredes del valle con un tremendo golpe. La lluvia de chispas y cascotes roció la armadura de ambos. Se habían detenido, habían dejado de andar. Ahora se quitaban los cascos para mirar su reflejo del otro bando. El rostro de Makius se mantenía como años atrás, firme y decidido, aunque cubierto de furia en aquel momento. Conservaba aquella cicatriz en su ojo. Érebo, por su parte, tenía tatuajes blasfemos en su cara y cicatrices en su cuello y mejillas. Sin embargo los ojos de ambos permanecían milimétricamente idénticos a excepción del color; Naranja ígneo en Makius, morado brillante en Érebo.

- Separados por unos minutos. Y por mucho más -masculló Érebo.

- ¡No me trates como a un hermano! -Makius clavó a Dansleif en el suelo con hercúlea fuerza. La hoja psíquica de la espada creó una grieta en el suelo de varios centímetros de ancho- ¡Resolvamos esto de una vez por todas!

Ambos blandieron con ambas manos sus armas. Los rostros impregnados de Ira y odio mutuo. El ambiente cargado de tensión y energía psíquica.

50 Años antes...

El Sargento Veterano Idecaus posó una mano enfundada en ceramita sobre el hombro del joven Sargento, que miraba ensimismado por la trampilla del Rhino. 

- ¿Disfrutando de las vistas, Heimdal?

El aludido alzó la cabeza con rapidez, avergonzado.

- ¡Hermano!-comentó con cierta irritación-Sólo estaba evaluando la situación táctica...

-Como no podía ser de otra forma...-Respondió el sargento veterano contemplando él también el paisaje-Disfrúatlo mientras puedas.El Caos está pudriendo este mundo.

Aquello era verdad. La exhuberante flora de aquel planeta estaba muriendo poco a poco.Cada vez eran más las zonas que quedaban desérticas,libres de toda vida. Heimdal gruñó,aquello no le gustaba. Apreciaba los sitios hermosos como aquel planeta,aunque lo que de verdad le hacía enfurecer era la presencia del Caos.

-Así que...sólo tenemos que investigar una capilla junto a esos Guardias imperiales ¿Cierto?-Preguntó Heimdal señalando con la barbilla los tres Chimeras que seguían al Rhino.

Idecaus asintió.

-Así es-Y añadió con cierto tono de burla-Lamento que no sea una misión del agrado de alguien tan...directo como tú.

-No soy quién para rechazar órdenes- Gruñó Heimdal,visiblemente irritado.

-Escucha- El sargento veterano obligó a Heimdal a mirarle a los ojos- No quiero que pase como en Juhr,así que refrena ese impetú.

Heimdal torció el gesto,recordaba perfectamente que había pasado Juhr. Durante un asalto a una fortaleza Orka se dejó llevar por la arrogancia y el orgullo y llevó a la mitad de su escuadra a la muerte. Juró que no se volvería a repetir.

-Soy consciente de mi error-Masculló el joven-No se volverá a repetir,hermano.

Aunque tampoco había muchas vidas Astartes que sacrificar,apenas eran nueve en el Rhino,contándoles a él, a Idecaus y al piloto y el artillero del transporte.

-Espero que así sea,hermano-El sargento veterano volvió sobre sus pasos para sentarse en su asiento-¡Cinco minutos! ¡Preparaos,hermanos! 

Tras los cinco minutos ya anuciados el Rhino y su comitiva llegaron a la capilla,un edificio decrépito y medio derruido en medio de la nada. Apenas tres muros con un tejado desvencijado,el resto de la construcción estaba esparcida por todos lados. Rocas,cascotes,placas de acero...todo esparcido por el suelo. 

-Deprimente-Pensó Heimdal con una mueca de desprecio- No deberíamos estar de recaderos,deberíamos estar en la primera línea,como corresponde a guerreros de nuestra magnitud.

Salieron pues,los siete Astartes de su vehículo,en dirección a la capilla. Los soldados de la Gloriosa habían desembarcado con rapidez de sus Chimeras y se dirigieron hacia sus camaradas que defendían aquel desvencijado conjunto de piedras sin valor aparente. Heimdal se fijó en la cantidad de cadáveres que cubrían el suelo.

-Una alfombra de muerte-Pensó.

La mayoría,una treintena,eran cultistas del Caos. Cubiertos con armaduras improvisadas de kevlar y cota de malla recubiertas de cuero endurecido. Aquello quizá los defendiera de balas de pistola y la metralla,pero no podían parar los disparos de los rifles láser. La mayoría tenían agujeros y quemaduras de láser,otros estaban irreconocibles,partidos en mil pedazos y esparcidos por todos lados. Al parecer los cultistas habían utilizado los muros derruidos y las pilas de roca y ladrillos como parapeto,que ahora estaban manchadas de hollín y sangre y plagados de agujeros por los disparos láser. El resto de los cadáveres eran Guardias Imperiales,apenas media docena y acribillados por las balas de 7.62 de los rifles automáticos de los heréticos. Una granada había hecho saltar por los aires una pequeña montaña de ladrillos y ésta había dejado una mancha de hollín y sangre allí dónde había estallado.

Uno de los Guardias supervivientes se acercó a ellos.

-¡Sargento Dill informando,señor!-Exclamó mientras saludaba al estilo militar al teniente que iba con los Astartes.

El individuo,pese a parecer terriblemente cansado, se cuadró con firmeza y rapidez. Tenía la cara manchada de sangre ajena y hollín y algún que otro corte. Llevaba su casco atado al cinturón,probablemente para descansar tras tan arduo combate, y un rifle láser sujeto a la espalda mediante su correa.

-Da tu informe,sargento- Ordenó el teniente con un ademán.

El teniente miraba a los cadáveres que cubrían el suelo. Llevaba una gorra de oficial y una armadura antifrag reforzada,además de una pistola bólter y un sable de energía.

-Hemos acabado con la presencia herética en esta zona,señor. Hemos perdido algunos hombres y tenemos varios heridos...pero la zona está asegurada-Tomó aire y prosiguió-No hay ningún contacto enemigo en los sectores cercanos.

-Excelente,sargento.Descanse.

El teniente hizo un gesto con su mano derecha y tres médicos se dirigieron hacia los heridos,que se hallaban recostados contra los muros. Algunos se llevaban las manos al vientre,otros simplemente tenían disparos en los brazos o las piernas. El extenuado sargento bajó los brazos con alivio y se sentó junto a sus camaradas heridos.

-Apenas una decena de Guardias contra el triple de su número en cultistas. Quizá me esté equivocando con ellos-Admitió en un susurro Barge,uno de los hermanos de armas de la escuadra de Heimdal.

-Son dignos de defender el Imperio,hermano. Lo han probado infinidad de veces- Comentó con aire distraído Garo,otro miembro de su escuadra,mientras examinaba con sumo cuidado las ruinas de aquella capilla.

-¡Silencio!-Ordenó con autoridad Heimdal.Odiaba aquellas conversaciones en los que no se elogiaba a alguien que no era él- Hemos venido a escoltar al teniente y sus hombre y a recopliar información sobre esta capilla.

-Si, mi señor-Musitaron sumisamente los Astartes.

El sargento veterano hizo una mueca de desaprobación ante la conducta del líder de escuadra. Heimdal le parecía demasiado inmaduro e impetuoso. Hubiera dado el mando de la escuadra a cualquier otro menos a él,pese a todas esas alabanzas y menciones a su habilidad en combate. No merecía la pena.

-Eh...¡Sargento!-Llamó Garo- Mire esto...

Garo pasaba la mano sobre unos signos de aspecto extraño,casi acariciándolos. Estaban tallados en la roca que conformaba la base de la capilla.

Aquellos signos le recordaron a su hermano. Era uno de los traductores más expertos en lenguaje rúnico e indígena. Heimdal no estaba orgulloso de ello,pues lo consideraba una cualidad inútil, pero sí estaba orgulloso de su hermano, mayor por escasos minutos. Heimdal aprendió a respetarlo a raíz de verle combatir cuerpo a cuerpo.

Si bien lo envidiaba con todo su ser.

-Y si ves escrituras similare a ésta-Recordó a Makius enseñándole un pergamino con runas- Traémelas,será interesante traducirlas.

Heimdal pasó las manos sobre la roca fría y cubierta de sangre. Un susurro inundó su mente.

- El reflejo del Piromante se alzará en contra del Cadáver Reinante.

La voz era rasposa,siniestra,susurrante y le creó un escalofrío que recorrió toda su espalda.

-¿Pero qué?-Comentó el joven sargento en voz baja.

Pasó la mano por los signos que venían a continuación. El susurro volvió a llenar su cabeza de nuevas palabras.

-A una hueste de disidentes el reflejo unirá,y con furia redomada miles de estrellas de sangre teñirá.

No lo entendió,Heimdal no tenía poder psíquico como su hermano. Lo envidiaba por ello,siempre lo había hecho. Si no tenía poderes psíquicos ¿Como podía haber oído eso? El resto de su escuadra había tocado también esas ruinas y no parecían haber notado nada. Retrocedió un paso al ver en rápida sucesión imágenes de colgantes con el emblema de los Martillos de Wikia aplastados bajo botas de Astartes, estandartes imperiales en llamas y un campo plagado de cadáveres. Su rostro perdió el color y su cara reflejó el horror que nunca había sentido. Mas rápidamente volvió a la normalidad. No,aquello debían ser alucinaciones. Otro rápido vistazo le permitió ver el fulgor verde esmeralda de una pequeña piedra incrustada en una de las runas, al tocarla un pequeño rayo de energía estática le recorrió toda la mano. La retiró de golpe, sorprendido.

-¿Ocurre algo,hermano?- Preguntó Garo.

-Nada en absoluto, no te preocupes- Respondió Heimdal mientras sustraía de la roca la pequeña piedra.

Esta vez no lanzó ninguna descarga, pero Heimdal sintió una embriagadora sensación al tocarla de nuevo, antes de guardarla en el compartimento de munición.

- Tengo que llevármela-Pensó- para examinarla tranquilo más adelante. Aquí hay demasiada gente.

Sin embargo el aquel entonces inocente Heimdal no podía imaginar que aquella piedra sería el inicio de su caída en el Caos.

Su ascenso al poder.


De vuelta en el valle... Érebo torció el gesto al recordar su nombre original y el tiempo en el que luchó por un puñado de huesos putrefactos a los que los leales llamaban ``Emperador``.  Recordó como se escapó de la base avanzada en la que estuvo destacado tres años después, masacrando a todo el que se interpuso en su camino. Incluso había atacado a su propio hermano al intentar éste matarlo. Cuando se enteró que Heimdal había abrazado el caos intentó acabar con él, sin embargo lo único que consiguió fue un corte en la garganta que casi lo había desangrado y le había causado el estado de voz que tenía ahora. Érebo recordó con satisfacción la cara llena de cortes y la garganta ensagrentada de su hermano, tirado en el suelo, extendiendo una mano intentando alcanzarlo mientras el huía perseguido por una escuadra de exploradores.

Ninguno había regresado

-¿Se puede saber porqué Raum te ha mandado solo aquí,hermano?-Inquirió Makius mientras ambos se ponían los cascos y se colocaban en guardia.

-No creo que una mente leal pueda comprenderlo,hermanito-contestó un sonriente Érebo.

Ambos sabían que solamente uno de los dos iba a sobrevivir a el combate que se avecinaba. Y ambos sabían que no iban a morir. Ninguno tenía en mente dar el primer paso. Durante tres sempiternos minutos se miraron a los ojos,a través de sus respectivos cascos.

El de Makius,un modelo vagamente similar al casco Ferrum que encontró en las Ruinas de la Luna de Bastet casi quince años atrás. De líneas y aspecto más estilizado y elegantes,incorporaba el ojo del Adeptus Astra Telephatica en la frente, aunque esto era engañosamente inofensivo. El casco tenía un sistema de ataque láser que disparaba ráfagas a velocidades desorbitadas. La desventaja era que tenía el alcance,precisión y potencia de una pistola láser y tras una ráfaga,normalmente de hasta tres segundos, el sistema tardaba en recargarse unos cuantos segundos,dependiendo de la energía psíquica que había consumido. No le importaba,no dependía exclusivamente de tal arma,solamente lo usaba como una ventaja en combate cuerpo a cuerpo.

El yelmo de Érebo, liso, sin cuernos, con un visor en forma de estrella de ocho puntas que ocupaba toda la superficie frontal del yelmo y de color carmesí al igual que gran parte de su armadura.

Ni siquiera la pieza más resistente del arsenal del Adepus Custodes hubiera podido evitar que ambos se perforasen con la mirada. Érebo,de naturaleza impaciente e impulsiva se dispuso a dar el primer golpe,flexionando sus rodillas y preparando un salto. Súbitamente un enorme foco iluminó la zona en la que ambos combatientes se preparaban para medrar sus habilidades.

-¡¿Qué diantres es esto,hermano?!-Bramó Érebo,enfurecido por la intromisión.

Makius se giró en dirección al foco. En seguida el visor de su casco se polarizó y pudo ver lo que se ocultaba tras el foco.Una cañonera Thunderhawk descendía,levantando el polvo de las rocas y el suelo a su alrededor. La puerta se abrió y trece siluetas descendieron de ella. Una de ellas era algo más de la mitad del resto.

-¡Thania!-Exclamó Makius para sí,entre sorprendido e irritado.

El codiciario se fijó en el las otras figuras. Reconoció entre ellas al apotecario Iskorpion y al poderoso Bibliotecario jefe,Aresius Keltar,que sostenía su martillo de energía con una sola mano con la misma facilidad con la que un niño sostiente un palo. El resto eran Marines Tácticos. Habían estado combatiendo contra los Orkos antes de que Makius percibiese a su hermano y se lanzase tras él,ignorando las órdenes de Keltar. El resto de Marines debía haber vuelto a su base.

-Te ordené que volvieses-Makius oyó la voz de Aresius dentro de su mente. 

-Lo lamento,señor-Se excusó Makius con enfado disfrazado de humildad-Me empujó una razón más poderosa.

-Ve pues.Termina lo que has venido a hacer,ya resolveremos esto más tarde.

Keltar posó la cabeza de su enorme martillos sobre el suelo y cruzó las manos sobre su pomo.

-¿Has pedido refuerzos? ¡Creí que aguantarías más!-Se burló Érebo,sin bajar la guardia.

-Han venido a recoger tus pedazos-Y añadió con tono de desprecio-Hermano.

Con un salto digno de un Espectro Aullante,Érebo se lanzó sobre Makius y descargó un tremendo golpe sobre él. El codiciario bloqueó con rapidez el golpe colocando la hoja de Dainsleif en paralelo con su antebrazo. Con celeridad recolocó la hoja a su posición habitual y ejecutó con habilidad curtida en mil batallas un golpe descendente que hubiera partido a Érebo por la mitad si no hubiese desaprecido en una nube de humo negro. Makius apretó los dientes y dejó escapar un gruñido. Odiaba cuando los enemigos se teletransportaban justo antes de ser secionados por la mitad.

-Cobarde-Masculló.

Se dio la vuelta rápidamente al escucharlo. El sonido de mil almas gritando de agonía, y delante de él se abrió de golpe una brecha en la disformidad. Érebo saltó de ella, sin espada, con el antebrazo y mano derechos convertidos en un colmillo óseo. El sorprendido Makius alzó las manos justo a tiempo para crear una barrera ígnea delante de él, en el mismo instante en el  Érebo se disponía a atravesarlo con su arma improvisada. Las llamas aguantaron el impacto como si de un escudo se tratase. Cerrando los puños y lanzándolos hacia delante, Makius canalizó el poder psíquico que estaba concentrando el su muralla de llamas y lo transformó en un abrasador chorro de llamas psíquicas que hicieron retroceder varios metros a Érebo,obligándolo a cubrirse con sus poderes caóticos. Una barrera psíquica de un color entre gris y morado bloqueó la llamarada de Makius. Por supuesto el codiciario sabía que no podía matar a Érebo con esa técnica estando su objetivo a plenas fuerzas, pero así conseguiría tiempo suficiente para contraatacar con fuerza, y con suerte despistarlo o debilitarlo un poco. Érebo había retrocedido dos metros y estaba demasiado ocupado protegiéndose de las llamas, ese era el momento. Drenó la concentración de la llamarada hacia su espada,Dansleif,que comenzó a brillar con un tono anaranjado,ígneo, y terminó prendiéndose su hoja por completo.

¡Arde!-Gritó Makius mientras se lanzaba con un brutal golpe sobre Érebo.

La hoja fulgurante de la mandoble psíquica atravesó el escudo del hechicero, que desapareció en una nube de fino humo,negro como el tizón. Sin embargo esta vez percibió por dónde iba a saltar de nuevo al espacio real y dio media vuelta, imulsado por el golpe horizontal que llevaba a cabo a la vez que giraba. El aire enfrente de Dainsleif comenzó a temblar y a rasgarse y una figura envuelta en las sombras saltó de repente portando una enorme espada de arcaica forma y tenebroso brillo. La hoja de Dainsleif cortó ceramita y carne y una nube de espesa sangre roció a ambos combatientes. Las gotas de sangre se evaporaron al contacto de la ardiente hoja psíquica y empaparon la armadura azul del codiciario. Érebo aulló de rabia y dolor.

- Se acabó, hermano- Sentenció Makius seriamente mientras alzaba su espada para acabar con el malherido Érebo,que estaba tirado en el suelo- Has perdido.

Las carcajas de Érebo resonaron por el valle y fueron perdiendo intensidad. Una patada de Makius le rompió parte del casco y el codiciario puedo ver la sonrisa sangrante del hechicero. Los dientes apretados estaban recubiertos de sangre y los colmillos habían sido limados para que se asemejasen a los de un lobo. La herida que Makius le había causado en el estómago sangraba copiosamente, a pesar de la extraodinaria capacidad de regeneración y los poderes oscuros con los que Érebo contaba. Tendió una mano y agarró la pierna enfundada en ceramita del codiciario.

- Ven conmigo, hermanito- La mueca de Érebo se transformó en una demente sonrisa- ¡Será divertido!

Makius retrocedió de golpe, pero fue demasiado tarde. Ambos habían sido transportados a algún lugar sabe el Emperador dónde. Y Érebo comenzaba a levantarse con la herida curándose a una velocidad vertiginosa.

-¿Crees que ya me tenías,hermano?- Preguntó Érebo mientras hacía aparecer a Ragnarok en su mano derecha y la apoyaba en el suelo- Pero aquí nadie podrá oír tus gritos de agonía cuando te destripe en medio de la nada.

-¿Dónde estamos?- Preguntó Makius,en guardia.

- En algún lugar en ninguna parte y en ninguna parte dentro de algún lugar- Respondió el hechicero,que se había quitado el destrozado casco y sonreía de la misma manera demente como aquel día de hace casi cincuenta años en el que le había estado a punto de degollar.

Makius frunció el ceño, odiaba que le tomasen el pelo con tales juegos de palabras.

- Digamos que...estamos en el valle pero sin estar en él- Respondió Érebo al advertir que el codiciario no tenía la respuesta- No te preocupes,aquí no podrán oirte gritar. Además, solo sadremos de aquí cuando uno de los dos muera o escape. Tú no puedes escapar y yo no lo haré hasta que tenga tu cabeza colgando de mi cinturón.

De nuevo aquella demente sonrisa, a Makius casi le dolía ver a su hermano de esa manera.

Casi.

Se lanzó hacia adelante  con un salto, enarbolando delante de él a Dainsleif, que fue rechazada por un golpe oblicuo de Ragnarok. Érebo se teletransportó de nuevo unos metros atrás tras parar el golpe.

- ¿De verdad esperas matarme aquí, hermano, en mi territorio?- Exclamó, con los brazos extendidos hacia los lados,abarcando todo el lugar- Me decepcionas. Huele, hermano, es el olor de millones de almas gritando de agonía. De millones de mortales que saben que van a morir en estos momentos- Érebo inhaló y expulsó el aire con aire satisfecho- Aaahhh...los mortales, su muerte provoca tanta satisfacción...- De repente su cara recobró la poca humanidad que le quedaba y, alzando una ceja preguntó- Supongo que te preguntarás como he llegado a hechicero sin ser psíquico.

Makius ni siquiera respondió.

-Pues bien- Se encogió de hombros como si nada- En aquella matanza me gané el favor de los Dioses Oscuros. Y Tzeentch me ofrecía la oportunidad de eclipsar tus poderes, hermano- Su cara se deformó de nuevo en aquella desquiciante sonrisa carente de toda cordura, vacía de humanidad- Y si acabo contigo no sólo cumpliré mi voluntad y mi destino de ser mejor que tú, si no que me quedaré también con ese bonito casco. Por cierto ¿Sabes a qué matanza me refiero?

El codiciario lanzó una bola de fuego con rapidez vertiginosa. La esfera ígnea estalló a unos metros de Érebo, que la había esquivado.

- Sí,hermano. Aquella noche en la que te dejé la voz como la tienes ahora- Adoptó una pose pensativa, con una mano en la barbilla- Pensé que te había degollado del todo.

- ¡Cambiemos entonces los papeles!- Makius se lanzó de nuevo hacia Érebo con una finta que hubiera creado problemas para bloquearla incluso al experto espadachín Bradmore Kialas.

-¡No puedes derrotarme aquí, te lo repito, hermano!- Gritó Érebo mientras ambos entrechocaban las espadas con rapidez y furia, haciendo saltar chispar y destellos de acero arrancado de su hoja por todos lados.

- Veremos si contabas con esto- Dijo para sí Makius mientras golpeaba con su hombro el pecho de Érebo, lo alzaba en el aire unos segundos y lo hacía caer con una patada.

El suelo de lo que parecía piedra se resquebrajó bajo el peso de Érebo y la potencia del golpe. Makius apareció a su lado rápidamente y alzó su espada listo para atravesar el cuello del hechicero.

- Te dije que aquí no podías. ¡Ya me he cansado de jueguecitos!- Érebo se hundió en el mismo suelo en el que estaba semi-incrustado y apareció otra vez tras Makius con la mano derecha trasformada de nuevo en un colmillo óseo- ¡Esto acaba aquí, hermano!

Ni siquiera la habilidad con las armas del maestro del Capítulo, Lord Eledan o incluso la aguda percepción del Bibliotecario jefe Aresius Keltar hubiera podido parar o prevenir de alguna manera el golpe que Érebo dirigió hacia la espalda de Makius. La cuchilla atravesó ceramita, carne y hueso y el codiciario cayó al suelo con un pulmón perforado y gran parte de sus costillas destrozadas. Sediento de sangre y con aquella enajenada sonrisa, Érebo alzó su mano transformada en cuchilla por encima de su cabeza y se preparó para demostrar por fin que era mejor que su hermano, que no se había equivocado, que era mejor en....

- Un momento- Érebo bajó el brazo y dio la vuelta al herido Makius con la bota- Te dejaré vivir hasta la próxima vez que nos veamos. Tendrás que vivir con esta humillación- Su demente sonrisa se amplió aún más- Y para que sepas que esto no ha sido una pesadilla....te dejaré un recuerdo.

Los ojos del codiciario se desorbitaron y pusieron casi en blanco al notar como la mano enfundada en ceramita del hechicero se abría paso a través de su caja torácica y arrancaba sin miramientos su segundo corazón. Érebo lo hizo estallar en su propia mano y lamió con pereza la sangre que se había quedado en sus dedos y goteaba sobre el casco de Makius.

- Nos veremos la próxima vez, hermanito- Érebo se alejaba, despidiéndose con una mano mientras aquel espacio de pesadilla se desgarraba y dejaba lugar al verdadero valle- Procura no morir hasta entonces.

Cuando Makius abrió los ojos de nuevo se encontraba en el Apothecarion.

- Así que...¿Me dejará vivir?- Pensó, aún aturdido por el dolor que todavía lo castigaba- La próxima vez seré yo el que le arranque el corazón.

Érebo le había dejado un tiempo precioso para prepararse y mejorar sus habilidades. Y lo iba a necesitar en vista de que no había conseguido vencerlo aún siendo el mejor Piromante vivo de los Martillos de Wikia. Makius iba a aprovechar el tiempo, y sabía que la próxima vez que se batieran en duelo él saldría victorioso.

El contenido de la comunidad está disponible bajo CC-BY-SA a menos que se indique lo contrario.