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(Capítulo 33: La reunión más esperada de esta historia /alternativa/)
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Revisión de 04:52 5 jun 2018

Nota: Esta serie es una secuela de La Forma de la Pesadilla que está por venir, ambientada entre el M42 y el M51. Si no la has leído, recomendaría que la leyeras antes de pasar aquí, pues hay una gran cantidad de referencias desde esa serie (y así te evitas spoilers).

Introducción

Es el 61° Milenio.

La galaxia ha estado moviéndose a una tasa abrasadora. Antiguas profecías se están cumpliendo; grandes motores están moliendo en un movimiento gradual e imparable, finalmente libres. En todas partes a través de la galaxia, las fuerzas y las facciones se movilizan. Algunas son antiguas más allá de la comprensión, y otras son tan jóvenes que el temor de la Segunda Era de los Conflictos son solo sueños primordiales y preocupantes.

Poco saben ellos de que esos sueños eran terriblemente verdaderos, y aquellas cosas que han estado sedientas y en ayunas por tanto tiempo ven finalmente su oportunidad de imponerse una vez más ante una generación de seres apenas recuperándose del trauma de una galaxia enloquecida. Pues las viejas leyendas estaban equivocadas; la caída de la humanidad dentro del pozo no era el heraldo del Fin de los Tiempos. Era apenas el comienzo de un juego mayor.

Sobre un mundo llamado como un lugar del Apocalipsis, Armageddón, uno de los Hijos Perdidos ha regresado. Vulkan, el padre de los Salamandras y uno de los Primarcas de los mitos hace tiempo olvidados, se apareció ante la quebrada gente de ese mundo, y comenzó a forjar una vez más al Imperio de la Humanidad, de igual forma como un herrero puede reforjar una espada, fundando un nuevo Imperio basándolo en sus humildes y fervorosos ideales. Su Imperio ha re-encendido una celosa cruzada de reunificación a través de las estrellas, aunque su progreso es lento. Desprovisto del Astronomicón, y determinado a asegurar cada mundo capturado en un bastión seguro para su nuevo orden, el avance milenario de Vulkan aún tiene que ampliar su reino para abarcar más que una escasa fracción de los mundos que el antiguo Imperio solía dominar. Su contribución más importante, por cierto, no es el reino que ha creado, sino su propio legado genético. Ha comenzado una nueva Fundación de Astartes. ¡Los Marines Espaciales se alzan de nuevo! Una nueva cepa de Marines Espaciales, para barrer con las pútridas y corruptas 'Compañías Libres' mientras portan la palabra de Vulkan por la galaxia.

Otros bastiones humanos, con el paso de incontables siglos, también comienzan a consolidarse, mientras los cientos de Imperios Secundarios se devoran unos a otros en colosales guerras de canibalismo. Los Imperios de Tallarn y Ophelia se fusionaron luego de cientos de años de amargo conflicto, formando un vasto reino humano, fundado sobre la obediencia irreflexiva y la manía religiosa, y con una forma única de viaje disforme desarrollada a través de incineraciones de brujas en masa; sus gritos de agonía propulsando naves aún más que en viajes normales sin Navegantes. Ellos adoran a "El Emperador de las Tierras Devastadas", una creencia bastarda basada en el Emperador que nunca conocieron. El retorcido reino de Gran Sicarium, guerra tras guerra, ha sido templado a una serie de sistemas duros como un diamante, cada planeta una fortaleza impermeable, poblada con humanos enloquecidos con una mentalidad cerrada y casi psicótica arraigada en sus almas. Liderados por los despreciables restos de los una vez nobles Astartes fundados antes de la caída del Imperio, este reino es uno de maldad y opresión. Los Astartes son adorados como dioses, y en su arrogancia creen en sus idólatras. Cato Sicarius, el antiguo villano en el trono, ha mirado hacia el Imperio de Vulkan; lo ha considerado una estratagema, y ha comenzado a planificar contra ésta. El demonio de carne negra no es el Primarca. No puede ser...

Tanto el Imperio Oriental del Caos, bajo el megalomaníaco Huron Blackheart, y el Imperio Occidental del Caos, bajo el eterno traidor Abaddón el Saqueador, han estado en constante crecimiento. Su influencia crece, y más y más mundos caen ante la veneración de los poderes trascendentales de la Disformidad. Aún así, el Caos es lo que el Caos hace, y estos reinos están constantemente en flujo. Los dos poderes se detestan el uno al otro, y han participado en constantes y mordaces guerras. No solo esto, sino que cada uno de estos Imperios también ha sufrido conflictos internos en todo momento, pues los Señores de la Guerra del Caos, inherentemente individualistas, compiten para asegurar sus propios dominios. El mandato de Abaddón es constantemente opuesto por los litigantes Primarcas Demonio. Sin embargo, a medida que expande su influencia al exterior, permanece contenido dentro de sus propias tierras infernales, luchando como los hermanos que son. Aún así, más informes preocupantes han comenzado a alcanzar a Abaddón sobre su oscura Capital de Cadia: los antiguos Wulfen están a bordo una vez más, liderados por la mayor y más temible de su raza aún por surgir. Algunos afirman que se trata del mismo Leman Russ, habiendo regresado al reino de la carne para algún conflicto venidero, tan inmenso que es demasiado para que los mortales lo perciban llegar. No solo esto, además, Abaddón tiene mayores preocupaciones sobre el enemigo que dejó atado dentro del Sistema Solar. Los dispositivos creados para contener la innatural potencia del Dragón del Vacío están finalmente empezando a desmoronarse. Incluso ahora, antiguos Mundos Funerarios huérfanos y Mundos motores están estremeciéndose a la vida una vez más, con ojos vacíos echando un vistazo sobre el mundo de la carne con desdén y odio inconmensurables.

Así como la fuerza de la disipación y la entropía aumenta su poder, su paradoja opuesta establece su influencia. El Padre Estelar, el temido Señor de la Obediencia y la Fe Ciega, es ahora un gran titán galáctico. Cada mortal, no importa qué tan corrompido esté, tiene un deseo persistente, enterrado en sus cerebros primitivos, de arrodillarse ante las Fuerzas del Orden. Las Huestes Angélicas y sus Mundos Angélicos brotan en todas partes. Aún así, se cree que el Padre Estelar está buscando a alguien. Un ser, un avatar capaz de canalizar una porción significativa de su poder. De esta forma, él podrá manifestarse sobre el mundo material, y de esa forma dominar las dimensiones materiales e inmateriales. Un destino que ningún ser en su sano juicio desearía.

Al este de la galaxia, gran parte del Ultima Segmentum es ahora Espacio T'au. Los T'au han terraformado a una escala impensable a través del quincuagésimo primer milenio, y han cosechado los frutos de su labor. El concilio de Aun'Va ahora reclama a incontables billones de T'au, Gue’Vesa y otras razas vasallas. Aún así, su gobierno no es el paraíso idealista que una vez prometieron. Es un gobierno de unidad forzada bajo los T'au, quienes buscan, según dicen, eliminar todo pensamiento que no esté en concordancia con sus filosofías proscritas del Bien Supremo, y destruir a los disidentes de la libertad. Ni el Imperio T'au es ahora un reino pacífico. Invisibles para las Potencias Occidentales de la galaxia, los T'au están lidiando con algo inmenso e impío. Septs-Guarnición de sus flancos occidentales están siendo retirados para reforzar a los Septs del este. Los T'au y el inflado Imperio Comercial Thexiano han incluso firmado treguas con el fin de proveer un frente unido contra este nuevo enemigo. Los mundos están muriendo, los soles farfullan y disminuyen, mientras las interminables y eternas Hordas Argénteas se movilizan a una guerra a escala total, por primera vez en millones de años.

Los C’Tan han tirado la fachada. Ya no se esconden más. La Guerra en el Cielo se ha renovado. El Chacal Dorado no es la única maquinaria Necrona inmortal a su disposición, sino además sus otros innombrables aliados. El Ophilim-Kiasoz está moviéndose, y los sistemas simplemente terminan a su paso. Las disidentes entidades de este no-lugar transdimensional ya no están atadas a su exilio, y los efectos del holocausto temporal han inutilizado cronológicamente planetoides enteros a instancias del Dios Estelar Embaucador. El Señor de la Muerte también está a bordo, una sombra ennegrecida que acaba con la vida porque él es el mismo asesinato encarnado.

Incluso los pielesverdes, hace tiempo pensados extintos y consignados a leyendas y fábulas infantiles, regresan inevitablemente ante el gran conflicto que está por venir. Las diminutas esporas, dejadas en mundos por toda la galaxia, lentamente se desperdigaron y desarrollaron a través de los milenios. Gradualmente, tribus de Orkos Zalvajes comenzaron a brotar en incluso Mundos Civilizados. Los oficiales, desestimando a estos seres salvajes como meras bestias incivilizadas, simplemente comenzaron a entresacar estos nidos Orkos con fuerza militar. De esta forma, los Orkos Zalvajes crecieron y se esparcieron, conducidos por la guerra una vez más. Por primera vez en veinte mil años, la galaxia resuena ante el sonido de un ¡Waaagh!. Sin embargo, no todos los Orkos parecen ser salvajes. Algunos son completamente distintos. Una nueva raza de Orko ha emergido. Totalmente acorazados en armaduras pesadas de alta calidad, con potentes armas y disciplina perfecta, estas bandas de élite de Orkos emergen desde extraños portales o desde naves de guerra bien mantenidas, capturando y manteniendo mundos con una eficiencia horripilante, convirtiendo mundos en fortalezas al cabo de días. Estos Orkos no son como ninguno de su especie alguna vez visto. Se afirma que eran Orkos exiliados quienes encontraron a sus Zezudoz. Otros afirman que están cautivos de una poderosa entidad disforme. Otros dicen que quizá se dieron cuenta de cómo 'pilotar' a los Dioses Orkos por su cuenta, esgrimiendo a toda la raza Orkoide como si fuera una única gran arma. De cualquier manera, los Orkos se están amasando para algún propósito, aunque aún se desconoce cuál.

No solo esto, además, los Eldar también se reúnen, regresando desde las sombras con nuevas revelaciones. Algunos intensifican sus rencorosas guerras contra la galaxia, mientras que otros toman la visión a largo plazo. El Mundo Astronave muerto de Malant'ai está agitándose. Algo está construyéndose dentro de su nexo. Algo vengativo...

El destino está tejiendo a estos nacientes imperios hacia un gran y mortal abrazo. Mientras cada uno madura, la inevitabilidad del conflicto venidero crece y se establece. No podemos escapar de él, ni oponernos. Solo podemos intentarlo y sobrevivir, esperanza contra esperanza, pues cuando el Fin llegue, arrastrará al sufrimiento y al dolor a sus brasas ardientes.

Es el 61° Milenio, y la Era del Ocaso se cierne sobre nosotros. Que el alba de la esperanza irrumpa sobre un nuevo universo. Pues esperanza es todo lo que tenemos, gritando contra la tormenta.


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