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Ultramar, durante la tempestad que envolvió a la galaxia, llegó a ser, al menos al principio, un bastión de cordura y seguridad para los temerosos y amontonados sirvientes del Imperio. Mientras su imperio colapsaba a su alrededor, Ultramar era vista por muchos como la única opción restante para la gente del Emperador.

Los Sucesores de los Ultramarines hicieron el mejor de sus esfuerzos para volver a Ultramar, su hogar ancestral. Algunos no pudieron abandonar sus mundos, debido a que sus fortalezas genéticas se ubicaban allí. Sin embargo, muchos se las arreglaron para convertir sus Capítulos y basarlos en flotas. Esta era la única forma de evitar al Nuevo Devorador relativamente intacto, y la única forma de viajar hacia Ultramar. En los oscuros primeros días del M42, el pequeño Imperio-dentro-de-un-Imperio expandió su área de influencias, mientras mundos post-Imperiales sin líderes e indefensos ansiosamente se unían a los Ultramarines y sus sucesores. Esta expansión no fue solo cuestión humanitaria, pues el repentino influjo de Capítulos Sucesores necesitaban un inmenso incremento en Mundos de Reclutamiento y Entrenamiento, además de una mayor infraestructura para acomodar a los recién llegados. Para las postimetrías del M42, casi tres mil Astartes habían llegado a Ultramar, y continuaron ayudando desesperadamente a luchar contra los demoníacos invasores xenos y monstruos heréticos, que se derramaban desde todas direcciones casi constantemente. Los remanentes de los Capítulos Génesis y Guerreros Águila, en particular, fueron instrumentales en defender los sistemas cercanos alrededor y dentro de las fronteras de Ultramar.

Mientras los primeros mil años de la Segunda Era de los Conflictos comenzaban, los sucesores de los Ultramarines se convirtieron en una masa casi homogénea, pues los refuerzos a las Compañías que estaban en un bajo nivel de fuerzas venían de cualquier lugar donde se pudieran encontrar, sean Capítulos padres o sucesores. En general, los ejércitos Astartes de Ultramar de este período parecían ser extraños grupos multicolor, con cada Compañía estando compuesta por marines de hasta seis Capítulos distintos. Se usó la semilla genética en los reclutas Ultramarines, y ese mismo suministro se usó también para otros Capítulos. Durante este período, todo Soldado de la Guardia de las FDPs dejado dentro de Ultramar, fueron requisados en servicio en estos fortuitos asuntos.

Marneus Calgar intentó mantener el Codex Astartes de su padre, pero, inevitablemente, había que hacer compromisos. Nunca se habían encontrado en esta situación antes. Cualquier conjunto de tropas que pudiera reunir era enviada a las múltiples batallas en curso por todo el sub-sector. La organización de los mundos vendría después; él tenía que asegurar aquellos que ya controlaba.

La calidad de vida en los mundos de Ultramar bajo muchísimo respecto a las confortables condiciones del M41. La sobrecongestión y la sobrepoblación debido a los refugiados hizo que los recursos escasearan, y se impusieron altas tasas de racionamiento e impuestos a la población general. Mientras el recuerdo del Emperador se hizo más distante, y se comenzaban a esparcir rumores sobre su muerte, la devoción y la oración con el tiempo comenzaron a desplazarse hacia los protectores del reino: los Ángeles Astartes. Los cultos de personalidad comenzaron a extenderse a través de los diversos mundos de Ultramar, y los Marines se convirtieron en figuras de juicio y temor divino. Ningún Tributo fue jamás rechazado por estos ignorantes ciudadanos. Incluso aunque murieran en las calles, la devoción ciega se incrementó en intensidad. Algunos lo dirían vilmente: ninguno de los Marines desalentaban esto. Muchos creían secretamente que eran superiores que los mortales, y la confirmación de esto por los laicos debió haber inflado su importancia propia a niveles monstruosos. Aunque ninguno más que al famoso Cato Sicarius.

Anteriormente de la Segunda Compañía de Ultramarines, Sicarius se convirtió en Centurion Maximal del esfuerzo de defensa, un rango creado por Calgar, quien para entonces ya era un hombre muy anciano. Sicarius comandó el esfuerzo de guerra ofensivo, para mantener a los herejes, a los horribles xenos y a los Imperios rivales lejos de destrozar lo que habían ganado, mientras Calgar instruía a Severus Agemman, Regente de Ultramar (y rival de Sicarius) para vigilar la administración y regulación del reino, en co-operación con el mismo Calgar.

Para el 455.M42, Calgar se había inquietado. Él deseaba la expansión de Ultramar, para traer la cordura de vuelta a la galaxia, y rehacer al Imperio. Se veía a sí mismo parecido a Roboute Guilliman, quien arrastró al Imperio desde el caos de vuelta al Orden, luego de la Herejía de Horus. Estaba muy enfadado con Sicarius debido a que no se estaba expandiendo, y le exigió una explicación. Sicarius intentó explicarle que estaba muy enfocado en, simplemente, mantener al reino seguro, y que la expansión implicaría dejar vulnerables a otros mundos.

No obstante, Calgar comenzó a acompañar a Sicarius, y lideró algunas expediciones por su cuenta. Sin embargo, en las mentes de la gente, Sicarius era el verdadero héroe, y muchos comenzaron a alabarlo abiertamente. Los partidarios de Sicarius comenzaron a volver sus puntos sobre seguridad, hacia otros sobre pureza racial. Ultramar para los Ultramarianos se comenzó a oír en las sucias y sobrecongestionadas ciudades a través del Reino.

Fue en el 553.M42, en que esta engastada desconfianza entre los tres hombres llegó a su punto. Un gran Señor de la Guerra del Caos llamado Vashnaraman, había reunido un vasto ejército de secuaces insanos e ilusos, respaldados por Ingenios Demoníacos y una enorme flota de naves, y ya habían desmantelado al Imperio Goldian, y al Imperio de los Thorianos. Calgar solicitó una gran fuerza de Ultramar, para dirigirse fuera de su reino y entablar combate con esta fuerza, por gloria y por el Emperador. Sicarius, sorprendentemente, discrepó abiertamente, afirmando que esto era una insensatez; las fuerzas de Vashnaraman no estaban de camino a Ultramar. ¿Para qué arriesgarse a una guerra que no podían ganar, pudiendo dejar vulnerable al reino?

Sicarius no estaba solo en esto, y varios Señores de Capítulo-Vasallos presionaron a Calgar a reconsiderarlo.

No lo hizo. Así, una fuerza de 500 marines, con sus concomitantes naves de flota y auxiliares humanos, emergió para luchar contra el Señor de la Guerra. Notablemente, Sicarius permaneció dentro de las fronteras de Ultramar, mientras Agemman, deseoso de congraciarse con Calgar, se unió a la cruzada (la segunda mayor fuerza de Marines desde la Caída del Imperio) mientras se hundían en la oscura y desconocida región más allá de los mundos fronterizos de Ultramar.

Fue sobre el mundo de Thracis, donde Calgar combatió contra el Señor de la Guerra y sus fuerzas. Un contingente de siete millones de locos espumantes y mercenarios despiadados, enfrentados con los 3000 de las fuerzas de Calgar, de los cuales, solo 500 eran Astartes. La batalla sobre la planicie de Canthor fue legendaria. Calgar usó cada truco y táctica enseñada en el Codex, e incluso algunas improvisaciones sugeridas por Torias Telion y el Dreadnought Uriel Ventris. La guerra fue gamberra, brutal y corta. Calgar simplemente no podría derrotar a la inmensa fuerza que lo asaltaba. Fue un triste testimonio de hasta qué punto incluso Ultramar había caído, que ya no podían derrotar a una fuerza como esta. Calgar decidió que él sería quien terminaría la guerra de una vez por todas. Luchó en su camino contra infectos cuerpos caóticos, con Agemman y la Guardia de Honor siguiendo su paso. El Señor del Capítulo estaba a menos de cinco metros de Vashnaraman y su yelmo de cráneo. Sin embargo, trágicamente, un dardo venenoso, disparado por un depravado mercenario Eldar, golpeó al gran hombre en la garganta. Se dice que el Eldar dijo a Calgar, mientras caía al suelo, que el virote había venido de un prominente señor del Reino de Sombras. La vil cosa no logró decirle de quién se trataba, pues Agemman le arrancó la cabeza desde sus hombros, y arrastró a Calgar fuera de la lucha.

Sangrando y resquebrados, luego de semanas de lucha, los pocos supervivientes de la malograda cruzada lograron volver a sus naves, y apresuradamente regresaron a Ultramar. No obstante, cuando Agemman y los pocos sobrevivientes regresaron, Ultramar ya no era como la recordaban.

Los estandartes que proclamaban la ascensión de Sicarius a Señor del Capítulo ondeaban en el viento, desde astas a través de cada mundo. Se comenzaba a trabajar en estatuas y memoriales a Sicarius. Como Agemman sabría, Cato había informado al Consejo de Señores del Capítulo que Calgar, luego de liderar la Cruzada, le había prometido a él el liderazgo de Ultramar, a sabiendas de que moriría en dicha cruzada. Sicarius había denunciado a Calgar como un quebrantador del Codex Astartes (lo cual se había vuelto la más grave de las herejías de acuerdo a Sicarius), y acusado a Agemman de corromper la mente de Calgar.

Las naves de guerra y monitores de defensa que consistían en la flota remanente tenían dos opciones: entregar a Agemman, y serían bienvenidos nuevamente al seno de Ultramar, o ser ejecutados como los mayores herejes que eran. Heroicamente, se negaron. Ellos fueron inmediatamente abordados por el sicofante y terrible Maestro Titus, del capítulo Génesis, quien era ahora Regente durante la ausencia de Agemman. Sus fuerzas sobrepasaron a los cruzados, y Agemman fue traído de vuelta a Macragge encadenado.

De Telion y su contingente, no se encontró ningún rastro. Algunos dicen que murieron en la Cruzada, aunque la teoría más aceptada es que, luego de contemplar en qué se habían convertido los Ultramarines, se quitaron las servoarmaduras y las arrojaron asqueados, maldiciendo: "¡Oh Imperio! ¿A qué te ha amoldado la Humanidad?", antes que él y sus acólitos más cercanos se ataviaran con nada más que simples capuchas, y desaparecieran en las inhóspitas regiones más allá de Ultramar.

Agemman fue ejecutado por la mismísima Espada Tormentosa Talassariana de Sicarius, ante millones de adoradores.

Durante los siguientes milenios, Ultramar se volvió más concentrada internamente, y el culto a la personalidad de Sicarius creció y creció, hasta que el Señor del Capítulo ahora exigía que se le adorada como el aparente Dios que era. Los Marines se volvieron Ángeles semi-divinos, y fueron venerados junto a él. Los Hijos de Orar estaban especialmente preocupados en asegurar que la adoración a Sicarius fuera regulada herméticamente. Se escribieron libros sagrados e historias sobre él, y el mito se hizo hecho, y el hecho se hizo mentiras, y todo el tiempo, Sicarius se iba volviendo más y más loco. Él era el descendiente del Dios-Emperador. Así, como el Emperador ya estaba muerto, él, Cato Sicarius, era Dios. Él tenía la Fortaleza de Obsidiana más grande construida sobre Macragge, una estructura titánica tendida en la espalda de la antigua fortaleza de defensa polar. Tapices que representan la lucha contra él y matando a Behemoth sin ayuda de nadie, o luchando contra el monstruoso e infestado de demonios Calgar, comenzaron a surgir en todo el interior de la monolítica fortaleza.

En el M43, Ultramar fue renombrada Gran Sicarium, en honor a su Dios. Él era el rey de todos los Marines Espaciales, y exigía que lo trataran como tal. Aunque poderoso más allá de lo medible, siempre estaba paranoico, y la fuerza especial, secreta y sin descanso de Siervos del Capítulo, conocidos como Ídolotradores, se movían entre las escuálidas sociedades de Gran Sicarium, desde los campos de cenizas de Tarsis, hasta las minas de Colchis. Todo aquel que fuera sorprendido emitiendo una queja sobre Sicarius era arrestado y torturado.

Se decía que su vasto trono dentro de la Fortaleza de Obsidiana, estaba pródigamente decorado, con toda clase de finas decoraciones y adornos. Sus guardias flanqueaban cada puerta, y no permitía que nadie entrara a su santuario. Todos los negocios de estado eran manejados por Titus, el miserable Regente base de Gran Sicarium.

Sobre largas picas a los lados de la ciudadela, las cabezas de Calgar y Agemman estaban clavadas. Era un duro recordatorio de que Ultramar, y toda la gloria que había traído, estaban muertas. Solo quedaban la locura y la abominación de Sicarius.

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