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El Adeptus Mechanicus, a diferencia de las otras ramas del esporádico Imperio, no colapsó debido a la pérdida del Astronomicón. Ellos se derrumbaron debido a otra razón, mucho más vergonzosa.

La rama de Mechanicus siempre había estado aparte de la propiedad del Imperio, desde la Herejía de Horus, y la fundación inicial de Marte. Los Mundos Forja siempre fueron, desde la Primera Era de los Conflictos, poderes independientes en sí mismos, cada uno vinculado con flotas infrecuentes de Exploradores y flotas de defensa de Arcas Mechanicus.

Cuando la Segunda Era de los Conflictos aniquiló al Imperio y dispersó a su gente, el Adeptus Mechanicus continuó igual que antes, aunque los contactos eran menos frecuente entre los Mundos Forja, debido a la pérdida de la mayor parte de las flotas de exploración de Arcas Mechanicus. Aún así, el Mechanicum (o el Imperius Mechanicum, como se renombraron en algunos Mundos Forja, creyéndose los herederos del ahora extinto Imperio) no pudo capitalizar esta ventajosa posición. Para empezar, permanecieron masivamente descentralizados, como siempre, y por tanto, no pudieron llevar sus enormes recursos para darles un uso significativo a un nivel galáctico. Segundo, los brutales y crueles Imperios Secundarios pronto se volverían enemigos antagónicos del Mechanicum. Aquellos Tecnosacerdotes estacionados en mundos y naves no-Mechanicus, serían casi instantáneamente usados como instrumentos por sus empleadores, quienes forzaron a los Cultos a la Máquina aislados declarar nuevos pactos de servidumbre a los magnates de poder locales, como al infame Almirante Kenshaw, o al Imperio del Inquisidor Delphian.

Estos Imperios (sin contar las incontables bandas de piratas y cultos heréticos adoradores de demonios que fueron predominantes en la Segunda Era de los Conflictos), se dieron cuenta que requerían desesperadamente pericia Mechanicum para mantener el funcionamiento de sus variadas piezas capturadas de tecnología Imperial. Así comenzó una generalizada y lucrativa trata de esclavos Tecnosacerdotes. Naves del Mechanicum eran emboscadas cuando re-emergían desde tránsitos disformes, y sus líderes eran atacados y esclavizados. Los Mundos Forja eran asediados en algunos casos extremos, a menudo asaltados por alianzas efímeras entre varios Imperios, quienes acordaban cesar con las hostilidades por un momento, con el fin de saquear estos mundos por sus recursos, tanto en personal como en tecnología.

Desde entonces, los Mundos Forja endurecieron sus ya fríos corazones, y decidieron, de forma casi unánime, llevar a cabo una política de expansión de sus fuerzas militares. Los Skitarii tendrían que defender los Mundos Forja sin apoyo Imperial. De esa manera, tuvieron que expandirse y desarrollarse. Los Mundos Agrícolas y colonias mineras directamente subordinadas por los Mundos Forja fueron ocupados por un número cada vez mayor de personal del Mechanicum, mientras grandes estaciones de defensa se edificaban alrededor de esos mundos. Por ejemplo, alrededor de Ryza, se decía que no había mundo que no tuviera un denso bosque de plataformas de armas y estaciones espaciales. Incluso los Mundos Agrícola alrededor de Ryza se hicieron conocidos como los 'Guerreros de los Pastos', pues por cada plataforma de cultivo, un batallón de Skitarii y, a veces, una división de Caballeros Titanes estaba presente.

Por supuesto, cada mundo tenía una situación única. Muchos siguieron esta política, pero otros poseían diversas demografías de variados Cultos a la Máquina. Algunos fueron notoriamente influenciados por los temidos Cultos Innovadores, y contemplaron la peor herejía posible: Algunos Tecnosacerdotes desarrollaron nueva Tecnología y armamento. El Mundo Forja de Griminnar fue la principal forja en poner esta política en práctica. Las ruinas muertas de Griminnar aún aúllan con los gritos mecánicos de monstruos huérfanos, y tecnologías que no se deberían tomar a la ligera.

Algunos Mundos Forja, como la temida Caltar, se aislaron mucho más que antes, sellando sus mundos del universo exterior. Los Magi de Caltar enviaron a las pocas naves restantes a cada mundo dentro de su alcance. Aquellos que no habían sido ya dejados desiertos por el Nuevo Devorador, fueron rehechos a punta de varias capas de virus bombardeados, antes de que las cenizas restantes dejadas por el posterior Exterminatus fueran cubiertas de químicos tóxicos, impidiendo que pudieran volver a ser terraformados. De este modo, rodeados por una red de Mundos Muertos, sus forjas se sellaron a cal y canto, y muchos de los Magi de más alto rango se retiraron a las profundidades de la superficie. Para sobrevivir, la fuerza de trabajo se redujo, durante el transcurso de miles de años, rendida a sustancias carnosas, rehechos como servidores, o alimentados a los pocos Magi restantes, a través de tubos de alimentación y cámaras de ósmosis. Estos mundos se convirtieron en paisajes infernales subterráneos, llenos de zombis cibernéticos, y gobernados por hambrientos y caníbales Tecnosacerdotes, quienes eran virtualmente no más que máquinas ocultas y arácnidas, cubiertas de estructuras retorcidas, que apenas mantuvieron su desperdiciada carne podrida para morir.

Por supuesto, algunos Mundos Forja fueron subvertidos por un culto previamente débil, siguiendo sus respectivos períodos de aislamiento; el Culto del Dragón. Estos Mundos Forja parecían producir tecnología mucho más allá de sus habilidades, y esta tecnología se difundía en todos los estratos de su jerarquía. Siervos y Trabajadores Esclavos comenzaron a usar sus sofisticadas herramientas de corte traídas por ellos, rayos espesos y verdes mucho más avanzados que cualquier cosa vista antes. Adeptos de rango medio comenzaron a utilizar unas tecnologías extrañas, que datan aparentemente de la Era Oscura de la Tecnología, con las cuales podían teleportarse entre las forjas de manera segura, sin miedo a ataques demoníacos, pues dichos dispositivos de teleportación no interactuaban con la Disformidad. Y en el nivel más alto, el Fabricador General y sus Magi comenzaron a usar sofisticadas aleaciones semi-metálicas, las cuales, aparentemente, resistían completamente el proceso de envejecimiento. Por supuesto, día a día, centímetro a centímetro, el mundo era subvertido.

Cuando las grandes naves argénteas llegaron por ellos, y se vieron obligados a atacarles, vieron que sus armas eran inútiles, como si la misma tecnología se rebelara contra sus maestros. Sus extrañas armas de energía verde no disparaban, los desafortunados teleportadores reaparecían dentro de muros de ferroconcreto o simplemente en el vacío. Las grandes flotas de plata llegaron, y esclavizaron mundos al cabo de horas, mientras los pequeños Cultos del Dragón en los mundos armaban acuerdos con sus señores de plata. Los complejos centrales de estos Mundos Forja eran desmantelados y convertidos, volviéndose grandes puertas luminiscentes de un resplandor verde, las cuales pulsaban vilmente su no-vida. Las poblaciones de esos mundos eran llevadas ante las grandes puertas, donde eran desgarrados en sus átomos constituyentes, y enviados a alguna parte. Aquellos Cultistas que lealmente observaban, mientras sus hermanos eran destruidos, se les recompensaba con el regalo de la inmortalidad. Sus cuerpos eran quebrados dolorosamente, y se tallaban añadidos metálicos en sus cuerpos aún vivos. Sus mentes fueron derrubiadas. Aquellos que mostraban señales de nulidad eran rehechos como máquinas Paria altas y de extremidades fuertes, mientras a los demás se les quitaba todo pensamiento consciente, y eran enviados a los mecanismos de las mismas máquinas, por las arañas mecánicas que rondaban estos fríos y metálicos Mundos Forja.

A través de la colapsada galaxia, cientos de Mundos Forja cayeron de esta forma, con las almas de su población alimentadas al núcleo central de una gigantesca red de horror etéreo, todos canalizados al mundo cuyo nombre vivió en la infamia por incontables milenios: Marte.

Marte estaba cerca del centro de la Caída del Emperador. Los Tecnosacerdotes cedieron completamente a la locura al darse cuenta repentinamente que su Omnissiah ya no existía. Algunos intentaban en vano afirmar que Él solo se había vuelto nada más que información, el Dios Máquina puro, pero sus voces fueron acalladas por los cada vez más enloquecidos desvaríos de los diversos cultos rivales a través del planeta. Avivando las llamas de esta locura, las nauseabundas olas de psicosis disforme ondularon a través del vacío, y condujeron sus almas a la locura. El Culto del Dragón creció marginalmente en número, pero muchos se retiraron al Laberinto de Noctis, donde la contaminación de la Disformidad se extinguía en poderosos y misteriosos pabellones. Allí, esperaba el despertar de su verdadero maestro, el verdadero Dios Máquina encarnado (en su opinión, por supuesto): el Dragón del Vacío.

Durante el 41° Milenio, cinco de las naves argénteas del Dragón lograron aterrizar sobre Marte, depositando un artefacto de extrema importancia para los oscuros planes del Dios Estelar. El artefacto era un gran bloque monolítico de metal. Se retorcía con un poder invisible, y parecía existir en una forma rectangular por elección, más que por necesidad física. Era la Necrodermis del Dragón, su carne metálica. Sin embargo, no fue sino hasta la Caída del Emperador, cuando la esencia del Dragón del Vacío estuvo finalmente libre de sus ataduras. A diferencia del resto de los Dioses Estelares, no se desató para atacar. No era tan necio y arrebatado, como el Portador de la Noche. En vez de eso, esperó, mientras se convertían los Mundos Forja alrededor de la galaxia, se alimentaba dentro de su cámara, llenándose de energía deliciosa y revitalizante.

Una vez se alzó, era tan poderoso como lo solía ser antes de ser abatido por los Talismanes de Vaul. Con una fría furia, el Dragón del Vacío conquistó Marte, venciendo fácilmente a los esporádicos y farfullantes ejércitos marcianos. Las bóvedas fueron saqueadas. Todas las letales tecnologías prohibidas fueron arregladas y se perfeccionaron, y esas armas mantenidas solo por estúpida ignorancia, fueron descartadas. El Sistema Solar, en este momento, no estaba equipado para enfrentar la repentina acometida del Dragón, y cayó mundo tras mundo, y cada flota fue combatida y derrotada. Solo Titán aguantó contra el Dios Estelar, pero la valerosa e intrépida defensa de Titán, por los Custodes-en-exilio y los Caballeros Grises, será discutida posteriormente.

Así, con el Sistema Solar asegurado, el Dragón del Vacío volvió su mirada al exterior, codiciando el reino de la vida y la consciencia, negada por tanto tiempo. Afortunadamente para la Galaxia, un salvador improbable intervino en ese mismo año.

Gritando a través del vacío, transmitiéndose a través del Ojo del Terror como un vil esputo de vómito y pus, Abaddón el Saqueador, el oscuro líder del Imperio Occidental del Caos, se expandía más allá de sus ya extensas fronteras. Con sus Legiones de monstruosos Astartes, sus incontables billones de Despojados, su armada Cadiana cadía, respaldados por incontables Ingenios Demoníacos y horribles naves demoníacas semi-orgánicas, y naves Imperiales renegadas, el Señor del Caos prometía que finalmente se apoderaría del Sistema Solar, y haría completa su última victoria. Como se supo, fue expulsado de él por el gran C'Tan.

La Guerra de las Dos Esferas comenzó en serio, cuando sus primeras flotas de vanguardia surgieron de la Disformidad, y fueron instantáneamente interceptadas y destruidas por grandes naves plateadas, trémulas con poder arcano. El Saqueador, furioso, desplegó más y más naves, esperando entablar combate y destruir a quienes se interponían. No les negarían su premio.

Las naves Necronas del Dragón, sin embargo, eran demasiado poderosas y, sobre todo, maniobrables. Solo las más corruptas y demoníacas naves podían contener efectivamente a las Naves Necronas. Lentamente, parecía que las fuerzas del Dragón Trascendente cargaban contra Abaddón, y quizás incluso iniciaban una contra-invasión. Las batallas en esta guerra podrían llenar una biblioteca entera, así fueron las oscuras leyendas nacidas de esta guerra cataclísmica. Desde el infierno licuescente de Venus, donde constructos Necrones derretidos especialmente creados luchaban contra demonios infernales, hasta las imperdonables expansiones frías de Europa, donde poderosos Titanes Necrones y criaturas arácnidas de metal de antiguos mitos, luchaban contra pesadillas tentaculares de Tzeentch, y monstruos arrastraban a todos por debajo de la corteza helada, a su perdición; todo parecía volverse en contra de Abaddón. No importaba la furia infernal de sus construcciones, Legiones de fanáticos o demonios, no podía igualar la horrible majestuosidad de las fuerzas del Dragón del Vacío. Era un maestro del Vacío, y todo lo que había dentro de él. En la misma superficie del Sol, se estrangulaba la vida de un Skarbrand invocado. Se aniquiló a todo el ejército de Fellshan Torben, un oscuro Príncipe Demonio que era viejo cuando la humanidad era joven.

Abaddón se desesperó. A través de la Nube de Oort, la región esférica de cometas que orbitan el Sistema Solar, el Saqueador dejó a sus Engendros. Todos los billones de Engendros nacidos de ascensiones abortadas fueron dejados sobre los congelados cometas. Usando hechicería macabra, estos engendros fueron llenados del temible virus Arrasador, haciendo que sus cuerpos se expandieran y retorcieran mucho más que antes, mientras miles de millones de toneladas de maquinarias y armas eran escupidas por monstruos caóticos, fusionándose en construcciones horriblemente entremezcladas que no se asemejaban a nada existente en la realidad. Con los pulmones arruinados, y a través de innumerables bocas de vox, los sirvientes del Mechanicum Oscuro de Abaddón bombeaban trozos de código y demonios lógicos, distorsionando la realidad misma en minutos luz en todas direcciones.

Incluso aunque el Dragón del Vacío asesinó hasta la última de las fuerzas de Abaddón dentro del Sistema Solar, él y la mayoría de sus fuerzas estaban fuera, más allá de la Nube de Oort, sellando la trampa. Los inmensos Engendros Arrasadores escupían energías anti-máquina, directo de la Disformidad, en una esfera perfecta alrededor de todo el Sistema Solar. El Dragón del Vacío intentó enviar a sus fuerzas más allá de la nube. Sin embargo, tan pronto como intentaran emerger de ella, sus máquinas caían y se auto-destruían, no permitiendo al Caos contaminar la Red Nodal Necrona.

El aullido del Dragón en ese momento, cuenta la leyenda, reverberó por toda la galaxia. Había escapado de una trampa, solo para ser atraído hacia otra.

Abaddón había sellado al Dragón en el Sistema Solar a través de mero odio y despecho; sin embargo, sin él saberlo, había salvado posiblemente a toda la galaxia, ya que cortó el despertar de las Fuerzas Necronas de su amo, y así forzarlas a regresar a su modo inactivo por toda la galaxia, a nada más que asegurar el área local alrededor de sus Mundos Funerarios, en preparación para el próximo llamamiento a las armas.

Por supuesto, salvar la galaxia es un término relativo. Durante miles de años luego de este período, las cosas fueron de mal en peor para cada habitante de la Vía Láctea. Se alzaron falsos dioses, tiranos masacraron a millones, los Mundos Forja se volvieron incluso más violentos y aislados, y la humanidad se fragmentó a facciones aún más brutales e ignorantes, mientras un nuevo y por mucho peor poder se levantaba en los corazones de los ilusos. Además, los Necrones solo tendrían que esperar unos cuantos miles de años, antes de regresar a su destino original. Pues, así como la galaxia estaría a punto de darse cuenta, el Dragón del Vacío solo era uno de los C'Tan

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