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La Franja Este. Alguna vez un reino apenas tocado por la influencia Imperial, fue inicialmente el menos afectado por la caída del Imperio (Ningún Imperio Secundario se formó de las cenizas del gobierno Imperial en la Franja Este). El área solo se volvió, marginalmente, más barbárica y anárquica. Sin embargo, la devastación de la Flota Enjambre Kraken, y posteriormente, la Flota Enjambre Talos, desbarataron horriblemente la Franja. Pronto, el Nuevo Devorador surgiría desde el oeste, matando miles de mundos. Cientos de civilizaciones fueron exterminadas, y cuando las varias hordas de monstruos abandonaron la Franja, quedó totalmente fragmentada. Incontables mundos fueron dejados nada más como meras rocas.

Por supuesto, como ocurre con muchos genocidios y desastres, la historia y la vida no desaparecieron. Algunas razas, e incluso imperios, se las arreglaron para soslayar la destrucción ya sea a través de la astucia, la suerte, o puro empecinamiento. El mayor de estos imperios sobrevivientes fue el Imperio T'au. De hecho, ya que los T'au no confiaban en la Disformidad "profunda" para viajar, las debilitantes tormentas disformes en la galaxia hicieron poco perjuicio. Con poca oposición, los T'au se embarcaron en múltiples expansiones, en múltiples frentes. Su optimismo y esperanza parecían surreales ante las inválidas y agónicas civilizaciones a su alrededor. Pero pronto, este idealismo y esta esperanza se desvanecerían, como todo lo demás. Todo aquello a lo que intentaban llevar el Bien Supremo estaba muerto. Los T'au se expandieron sobre su herencia. Sin embargo, ellos estaban heredando una galaxia de cenizas. Cenizas y fría miseria.

En algún momento del M43, durante la decimoctava y decimonovena esferas de expansión, la política T'au comenzó a cambiar sutilmente. Los Etéreos ya no recomendaban ofrecer a las demás civilizaciones la oportunidad de unirse al Bien Supremo. Se había decidido, durante el Consejo Aun del 234.M43 (presidido por el mismo Aun'Va), que las demás razas de la galaxia eran irremediablemente barbáricas. Las demás razas permitieron que sus mundos murieran, e hicieron la guerra unas y otras, incluso cuando su unidad pudo haber sido la mejor opción ante el despertar de semejante atrocidad. En definitiva, deben ser forzados a la sumisión, y su gente gobernados por los únicos seres capaces de tener un pensamiento lógico y espiritual: los Etéreos.

Para el 003.M44, varias décadas dentro de la 100° Esfera de Expansión, el Imperio T'au se extendía desde los mundos muertos de Ichar hasta los mundos desolados de Alsanta. En total, abarcaba aproximadamente dos docenas de sectores y comprendían casi un millar de mundos. Quizás, el 55% de esos mundos estaba muerto. Y durante los lentos y agonizantes procesos de terraformación (involucrando bombardeos constantes con algas bio-ingenieriles y varios aceleradores plantáceos de Pech, con los cuales aún así tomo milenios convertir mundos en lugares completamente habitables) los T'au se volvieron ligeramente más xenofóbicos. Por ejemplo, sus razas afiliadas tenían prohibido elegir líderes en varios sistemas Sept y fueron confinados a las viviendas más pobres sobre los mundos. Este era el Imperio T'au, y los T'au querían que todos entendieran eso. Las otras razas eran inferiores, pues habían arruinado el paraíso con sus guerras.

La comunicación era lenta pero frecuente en este Imperio T'au expandido. Sin Astrópatas, ellos confiaban en los miles de millones de drones de comunicación y naves mensajeras que pulsaban casi constantemente entre Septs, solo dejando la Disformidad 'superficial' cuando entregaban mensajes. Así como las fronteras del Imperio avanzaban, también lo hacía su tecnología. Sus naves se volvieron más protegidas y armadas que nunca antes. La tecnología genética y una clonación limitada permitieron más cuidados médicos, pues cada T'au tenía acceso a múltiples muestras de sangre clonada, extremidades y hasta ojos. La tecnología de drones obtuvo más y más sofisticación, y el primer ordenador de batalla controlado por drones fue liberado en el 103.M44. Las armas de inducción se hicieron más confiables y efectivas, y se inventaron Armaduras de Combate y naves de calidad sin precedentes durante este período. En el Segmentum Tempestus, los T'au estaban en el centro del poder.

Pero a pesar de toda su unidad y promesa, el Imperio T'au no pudo mantener un Imperio completamente centralizado, sin importar sus mejores esfuerzos. El espacio es demasiado vasto, y sus naves demasiado lentas. Algunos Septs eran raramente visitados por las autoridades centrales, mientras otros tenían un gran control Aun sobre ellos. Sin embargo, la mayoría continuó siguiendo el Bien Supremo de acuerdo a Aun'Va y el consejo ortodoxo de Etéreos. No obstante, hubo dos excepciones mayores:

Los Enclaves, colonias T'au aisladas del Imperio por anomalías disformes durante el final del M41, estuvieron completamente desconectadas en el M42 cuando dicha anomalía se convirtió en una furiosa tormenta disforme. No fue sino hasta el M43 cuando se oyeron noticias de los Enclaves, y cómo habían cambiado notablemente. Sin los Etéreos, los Enclaves se volvieron un reino dominado por la Casta del Fuego. El Bien Supremo, como concepto, había sido rechazado por esos Tau. Solo una severa determinación y un brazo fuerte permite la supervivencia en una galaxia hostil. El sistema de Castas fue virtualmente abolido, y ya no era ilegal el mestizaje entre castas. Solo la Casta del Fuego, la nueva élite militar, permanecía al margen de este mestizaje. Sin embargo, aunque no forzado, el sistema de castas permaneció espiritualmente, pues cada casta desconfiaba intrínsecamente de la otra.

Más extraño aún, los Enclaves Farsight ahora operaban bajo cierto tipo de sistema descentralizado de vasallaje. Los territorios sobre los mundos Enclave fueron repartidos entre la nueva Casta-dentro-de-una-Casta, los Shas'Kasar. Cada uno de estos poderosos guerreros había adquirido armaduras de combate, y cada Kasar mantenía su propio feudo. Mantenían varios soldados de la Casta del Fuego como sus vasallos. Cada uno de estos feudos refugiaba a miembros de las otras Castas, bajo la presunción de que debían pagarle impuestos a sus señores, a cambio de protección. El Shas'Kasar, a su vez, debía lealtad al Shas'O'Shovah'Kasar, el gran Kasar de los Enclaves. Por varios siglos, este rango era ostentado por el mismo Farsight. Pero, luego de su muerte, este rango pasó a sus hijos, y se volvió, en efecto, hereditario (Aunque a través de los siglos, la posición de Gran Kasar ha sido disputada y su línea de sucesión es una red enmarañada, demasiado compleja para entrar en detalles aquí). Luego de la selección de un nuevo Gran Kasar, se le entrega la armadura ceremonial de Farsight, y es ungido como Gran Kasar, besando la empuñadura del Filo del Alba, el símbolo de la libertad de los Enclaves (Una espada ya no usada por los T'au de los Enclaves, en su lugar consagrada dentro de la tumba de Farsight sobre el mundo de Fio-Mon'Tarra).

Para sobrevivir, los Enclaves abandonaron el concepto de refinar su tecnología. En vez de ello, se dedican a comerciar entre imperios rivales, mercaderes y así por el estilo. Así, los Enclaves se convirtieron en un crisol de varias tecnologías, todas utilizadas por los Kasar para sobrevivir. Aunque no son tan avanzados tecnológicamente como sus vecinos T'au, los Enclaves tienen un gran número de guerreros de la Casta del Fuego y una voluntad de usar equipamiento xeno si aflora la necesidad. Por ejemplo, en muchas ocasiones se ha visto a tropas de Enclave empuñando Rifles Láser Imperiales y Armadura de Caparazón, armadura nano-cristalina Dracólica, Armas Digitales y otros equipos. Esto, junto a su tecnología T'au en una extraña hibridación tecnológica. Hasta ahora, se han mantenido relativamente poderosos y han resistido a asaltos esporádicos del Imperio T'au.

El segundo elemento subversivo se consolidó mucho después. Para el M43, el Imperio estaba en operaciones de expansión completa. Sin embargo, pasaron muchos siglos antes que el proceso de colonización y organización de la administración de la Casta del Agua pudiera implementarse completamente en cada Sept y sistema. Una colonia Sept negada fue el Sept To'Kaan, ubicado en el borde septentrional de la expansión T'au a través de la Franja, y una de las colonias más distantes del Imperio. Aunque era un mundo frondoso, fue colonizada a última hora, pues los Aun solo fueron capaces de desplegar una única flota de exploración para habitarlo. Para reforzar los números en el ejército colonial, varias tropas auxiliares Gue'Vesa fueron utilizadas. To'Kaan fue sometida ante esta fuerza combinada, aunque la batalla fue dificultosa, debido a la resolución fanática de los guerreros nativos, los Hu'Sta, una cultura tribal humana que hizo excelente uso de equipo T'au capturado durante la invasión de un año de duración. Aun'Kais, el etéreo al mando de la expedición, estaba tan impresionado con las habilidades de los Hu'Sta que les ofreció roles dentro de las fuerzas de ocupación T'au. Aunque la Casta del Fuego se veía escéptica ante estos guerreros incivilizados, los Gue'Vesa se llevaron muy bien con ellos, instruyéndolos sobre las filosofías del Bien Supremo y entrenándolos en la utilización del equipo T'au (incluso aunque los Hu'Sta habían usado mucho ya del equipo T'au, durante la guerra). A cambio, los Hu'Sta explicaron cómo rendían tributo a la Gran Serpiente Blanca, y también enseñaron a los Gue'Vesa algunas de sus técnicas de emboscada y tácticas de batalla únicas.

Mientras la colonia era menos y menos visitada por la autoridad central T'au, Aun'Kais confiaba más en sus varios Gue'Vesa para defenderse de las amenazas a su colonia. Aunque la expedición estaba bien suministrada con miembros de las Castas de la Tierra, del Agua y del Aire, los miembros enviados de la Casta del Fuego eran un conjunto muy reducido para comenzar. Las guerras contra los Hu'Sta los agotaron y, con el paso de los siglos, los Guerreros del Fuego se volvieron menos viables como fuerza de batalla, pues sus números no se reponían tan bien como sus aliados Gue'Vesa y Hu'Sta. El Gue'O del contingente Hu'Sta, Baldan Rar, se hizo más cercano a Aun'Kais que cualquier otro comandante. Ambos se consultaban regularmente el uno al otro sobre tácticas y estratagemas. Aun'Kais a menudo obtenía el asesoramiento de Baldan sobre cómo mantener a la mayoría de la población humana de la colonia Sept apaciguada. Como resultado, Aun'Kais pudo confiarles más tareas a ellos. Los Hu'Sta se convirtieron a la filosofía del Bien Supremo muy bien, incorporando a su dios ofidio en la miríada de significados de ello.

Luego de la muerte de Aun'Kais, se quebró una disputa entre el resto de Etéreos subordinados. Varios de ellos se recomendaban a sí mismos para el rol de líder colonial. Hubo una distinción importante entre los dos principales grupos que se acumularon entre los Etéreos. Estaban los Tradicionalistas, quienes argumentaban que al volverse un Aun supremo, la Casta del Fuego debía ser puesta a cargo de la defensa una vez más. El otro grupo eran los pro-Gue, quienes creían que los Gue'Vesa habían realizado un trabajo perfecto defendiendo el reino. Al final, a través de duelos de honor, elecciones personales y públicas, y mucha intriga, el grupo pro-Gue obtuvo su deseo, y Baldan permaneció como comandante en jefe militar. De extrañeza para los Tradicionalistas, los grupos que apoyaban a Baldan no eran solo Gue'Vesa y la población humana en general, sino también la mayoría de las Castas de la Tierra y el Agua. El sucesor de la jefatura Aun cayó en Aun'J'Karra. Como suele suceder, este Etéreo fue bastante débil como líder y era prácticamente un títere para Baldan y sus sucesores.

Para el momento que se hizo un contacto más regular entre el Imperio T'au y To'Kaan, en el 335.M45, ya era poco reconocible como un Sept T'au. Los humanos y los T'au eran tratados casi como iguales, con los T'au llevando a cabo roles no militares, mientras la militante 'Casta Gue' se sentaba en el consejo de castas y luchaba al frente de muchos asaltos, a su vez que la Casta del Fuego restante pilotaba las Armaduras de Combate (Ajustadas como estaban, solo para los T'au). El Comandante en Jefe Moonheart de las fuerzas del Imperio T'au, incluso pidió permiso para invadir To'Kaan y 'limpiarla' de su percibida subversión al Bien Supremo. Aun'Va, al contrario, vetó su plan, y decidió reconocer el derecho de To'Kaan, denominada como 'la colonia humana', de ser parte del Imperio. Sus razones eran principalmente porque los Hu'Sta se habían convertido completamente al Bien Supremo, y solo quedaban sus brutales garrotes de guerra (llevados en combate por cada Hu'Sta Gue'Vesa) de su antigua cultura. El contingente Gue'Vesa estaba para quedarse, y se convertiría en un aliado clave para el Imperio T'au en la larga guerra contra la Élite Thexiana (la cual será documentada posteriormente).

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