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Aunque el más poderoso de todos los C'Tan, el Dragón del Vacío, fue despertado y atrapado dentro del Sistema Solar, debido a la astucia diabólica de Abaddón (como ya se ha cubierto), esto estaba lejos de restringir la amenaza de los Dioses Estelares, y sus bestias de plata.

Durante las postimetrías del cuadragésimo primer milenio, la gran mayoría de la humanidad era ignorante de estas temibles legiones. Eran apenas mitos, rumores, leyendas contadas por aventureros cautelosos a los ingenuos o a los necios. Incluso aquellos de los más altos poderes, los Altos Señores de Terra, el Adeptus Mechanicus, y la Inquisición, solo tenían la mera sospecha de que los ataques aparentemente al azar orquestados por androides alienígenas metálicos, eran en realidad parte de una amenaza más grande y más terrible.

Mientras el Nuevo Devorador barría a través de la galaxia como una vil enfermedad cancerosa, los Necrones purgaron sus Mundos necrópolis de toda vida, eludiendo astutamente a las depredaciones de la nueva amenaza, mientras aguantaban, como siempre lo han hecho contra la tormenta. Luego, el Astronomicón, al cabo de varias décadas, se desmoronó y desapareció de la existencia, siendo el heraldo de la perdición del Emperador, y la desintegración de cualquier apariencia de orden galáctico unificado, aparentemente para siempre.

Dentro de este universo tumultuoso, los Necrones estaban en una posición fuerte. Sus flotas y fuerzas eran independientes de la Disformidad, y podían abarcar la galaxia en cuestión de días. A pesar de esto, los desperdigados mundos Necrones, sin importar su terrible poder, eran casi autómatas, reaccionando simplemente a los eventos mientras se llevaban a cabo, utilizando respuestas pre-programadas. Algunos de los Líderes Necrones más ilusos o enloquecidos, totalmente psicóticos ante la pérdida de su forma física, crearon grandiosos cuerpos de Necrodermis para sí mismos. Estos Necrones invalidarían los sistemas de auto-defensa nodales de sus Mundos Funerarios, y desatarían a sus temibles legiones mecánicas contra sectores enteros, matando a billones y billones de inocentes.

Aunque estas fuerzas eran esporádicas y raras, los rumores comenzaron a difundirse entre los Imperios Secundarios de la humanidad. Los espectros argénteos estaban alzándose, exterminando a todos los que se toparan en su camino. La paranoia, ya tensa al punto de quiebre por las varias tensiones y amenazas eran la norma durante la Segunda Era de los Conflictos, convertida en una locura absoluta, mientras los rumores y las supersticiones sobrepasaron a la razón y la obediencia. Al menos una docena de mundos estallaron en disturbios relacionados con los 'Demonios Espejados', como los llamaban, durante todo el período.

Por ejemplo, en el 215.M44, el mundo de Illiros, en el Imperio de Null-Quenta, destruyó a todos sus Servidores y maquinarias en tan solo un mes, durante los destructivos 'disturbios del alma' en ese año. Los aterrorizados ciudadanos asesinaron Tecnosacerdotes e Ingenieros también, temiendo que el Adeptus Mechanicus fuera la fuente de estos "demonios monstruosos de metal". Desafortunadamente, el planeta pronto caería desesperado ante la hambruna y la pobreza, pues el mundo ahora libre de máquinas ya no era capaz de soportar a los tres mil millones de ciudadanos, los cuales morían de hambre y realizaban disturbios en las calles. La guerra brotó entre bandas y ejércitos rivales de gente sumida en la hambruna, quienes saqueaban las fábricas de procesamiento y puertos estelares, desesperados por encontrar algo de sustento. Inevitablemente, el canibalismo fue común, y las 'orgías de carne' surgieron en todo el planeta, donde carnavales de degenerados asesinaban personas en las calles, para luego inmolarlas en inmensas hogueras. El Imperio de Null-Quenta, siendo un pequeño y empobrecido Imperio de tan solo siete mundos, poseía muy pocas naves para ayudar al planeta, y pronto, todo el mundo murió.

Estas eran consecuencias imprevisibles del aumento de la actividad Necrona. Sin embargo, los temores de la población en general estaban fuera de lugar. Los Necrones no eran más que los sirvientes de un mal invisible mucho mayor, dirigiendo a la mayoría de la raza Necrona. Como un titiritero tirando las cuerdas de sus cargas.

Los C'Tan. Los oscuros Dioses Estelares. Cada raza tenía sus propias leyendas relacionadas con ellos, pero pocos creían en su existencia, y entonces, cuando los Necrones comenzaron a movilizarse totalmente bajo sus frías y descorazonadas miradas, la gran mayoría de la galaxia no estaba preparada para sus acometidas.

De los tres C'Tan activos, la oscura fuerza conocida como el Segador, o el Portador de la Noche, era por lejos la más abierta y flagrante de las amenazas. Aunque su gran arremetida llegó tarde en la Segunda Era de los Conflictos, ocurriendo durante el M47, no fue menos destructiva por esto.

Durante milenios, los desalmados sirvientes del Segador habrían estado capturando y reuniendo seres de potencial psíquico descaradamente, y llevándolos al mundo de Tovanis, en el Ultima Segmentum. Aunque el Segador no hacía secretos sus ataques, no había ninguna fuerza que pudiera prevenirlos potencialmente, pues los auto-interesados y cobardes Imperios Secundarios buscaban protegerse a sí mismos y luchar contra sus rivales, mientras la mayoría de los Imperios Xenos luchaban entre ellos de igual forma, o ignoraban a esta creciente amenaza en el este a favor de expandir sus activos coloniales en el trascendental vacío de poder creado tras la muerte del Emperador.

De esta manera, sin obstáculos en su desconcertante trabajo, los Líderes Necrones reunieron a estos psíquicos, arreándolos hacia el mundo en naves nocturnas, bajo la constante guardia de cientos de Parias. Sobre este mundo, cientos de Tecnosacerdotes capturados, y Cultistas del Dragón se dejaron engañar creyendo que el Segador era, de hecho, el Dragón del Vacío, comenzando a trabajar sobre una gran máquina. Con una fusión impía de tecnología psíquica, y artificios Necrontyr, creados usando el conocimiento del C'Tan sobre lo físico, con el conocimiento domesticado de los psíquicos sobre la Disformidad (y el trabajo interminable de billones de esclavos sin mente azotados al trabajo por Parias descuidados), se estaba construyendo un gran edificio.

Conocido como el Dómfir, este dispositivo era colosal, cubriendo fácilmente la superficie de todo el planeta, y estrechándose a una alta torre de mil kilómetros, el ápice y foco para la gran máquina. Es una ironía suprema que el motor disforme más grande jamás construido, haya sido ideado por un C'Tan, ya que éstos detestaban al reino en el que intentó hacer una brecha.

En el M46, el Dómfir fue activado. Como una vasta y cegadora antorcha de energía psíquica, empujó a través del reino de no-realidad. El inmenso rayo de nada conceptual surgió entre el mar de almas como una lanza, enganchándose en algo, escondido en lo profundo de un doblez disforme, antes de arrastrarlo violentamente fuera de la Disformidad. Emergiendo lentamente desde el portal de locura, se extrajo la Guadaña de Kaelis-Ra, la gran nave insignia de la flota del Segador. Aún así, toda la fuerza Necrona fue forzada a retirarse, pues la Disformidad se derramó hacia afuera como una avalancha de sensaciones y locura. El C'Tan no tenía conocimiento sobre cómo controlarla, y el Segador se retiró con odio y aversión, temiendo el horrible peligro que poseía para sus fuerzas y para sí mismo. Tovanis fue consumida, mientras la flota Necrona rodeando al planeta se desvanecían con un parpadeo, arrastrando a su premio consigo.

Respecto a Tovanis, estaba condenado. El Dómfir se sobrecargó, derramando material disforme a través del mundo, y pulsando energías viles y etéreas en el mismo núcleo del planeta. Los acobardados Tecnosacerdotes y esclavos fueron destruidos por los demonios conformados de la locura y la aflicción. Los psíquicos fueron poseídos y destrozados, allanando el camino para incluso la engendración de mayores demonios y monstruos. Al cabo de algunos años, la Disformidad consumió al planeta, y al final, su núcleo se disgregó, colapsando sobre sí mismo. No hubo sobrevivientes.

A pesar de esto, el Segador obtuvo su premio, al menos. Luego de un siglo purgando y reestructurando, la nave de guerra insignia del C'Tan había sido purgada de cualquier elemento disforme persistente, y estaba lista.

En el 536.M47, el Segador hizo sentir su presencia con gran estilo. Expandiéndose rápidamente desde los sectores del noreste lejano de la galaxia, la flota de guerra del Segador purgó sistemas y destruyó poblaciones enteras, mientras esclavizaba al resto para ser alimentados luego al monstruoso Dios Estelar. Se levantarían civilizaciones xenos para desafiar a sus flotas, solo para ser destrozadas por las letales y bestialmente rápidas naves de los Necrones, cuyos terribles arcos de rayos arcanos destruían naves con un mero parpadeo de sus sobrenaturales energías. Los mundos natales xenos eran simultáneamente asaltados. Mientras sus flotas morían en el vacío, sus capitales eran asediadas repentinamente por miles de imponentes Monolitos. Se decía que algunos de los más grandes edificios flotantes eran del tamaño de montañas, emitiendo resoplidos sonoros y triunfantes, los cuales resonaban a través de continentes enteros, mientras liberaban a millones de inmortales Necrones desde sus portales etéreos.

Estas ya no eran las escasas y misteriosas fuerzas incursoras Necronas del 41° Milenio. Eran las huestes guerreras completas de los Necrones. Columnas de miles de kilómetros de largo de muerte plateada marchaban sin emitir palabra alguna sobre los devastados planetas, disparando sus letales armas Gauss aparentemente al unísono hacia objetivos predeterminados. En varias andanadas de arcos Gauss combinados, ciudades-fortaleza enteras fueron excoriadas, ejércitos enteros reducidos a cenizas, o a esqueletos humeantes. Espectros Canópticos pululaban los cielos y las calles como nubes argénteas de perdición incorpórea. Escarabajos, como una alfombra viva, destruían todo lo que se moviera o respirara. Los Monolitos más pequeños seguían a estas grandes falanges, sus armas igual de devastadoras, y sus cargas útiles igualmente aterradoras.

Huelga decir, estos mundos eran rápidamente dominados por los Necrones. El 80% de toda la vida sobre estos mundos era masacrada en las primeras semanas de ocupación. El resto eran esclavizadas. Aunque la hueste principal salía de fase de los mundos, para reunirse con la flota Necrona principal, muchos quedaban sobre ellos, forzando a la población a construir inmensas estatuas en el nombre del Segador, y masivas máquinas relucientes, reminiscentes a los arcanos dispositivos sobre Fobos, alimentando humanos dentro de ellas, por lo tanto descomponiéndolos en energía, y pulsando ésta directamente hacia la Guadaña de Kaelis-Ra, enriqueciendo al Segador con estas energías.

Se afirmó que al cabo de tres años, seis sectores fueron limpiados de toda resistencia, y toda su vida había sido virtualmente exterminada. Al cabo de una década, esta área de devastación pronto bordeaba al Imperio Comercial Thexiano, el cual retiró a miles de sus naves, y millones sobre millones de sus tropas mercenarias, soldados-esclavos, y soldadesca profesional Tarelliana del frente T'au, en un intento de frenar el implacable y sistemático avance del Segador.

La maquinaria de guerra Thexiana, endurecida luego de largas y amargas guerras, y financiada por la dúplice Élite Thexiana, era una fuerza formidable. Los Oseófagos Ulthianos emplearon Torpedos de Fase Transitiva, los cuales usaban vórtices disformes en miniatura, teleportándose al interior de las naves enemigas, y detonando dentro. Éstos eran efectivos incluso contra las semi-divinas naves Necronas Clase-Cairn, impactándolas desde dentro. Los Colosos Ellicinos, enormes gigantes grises construidos por los Grongolem, también cargaron contra los inmortales, usando sus poderosos Cañones de Antimateria y tecnología capturada de Lanzas Oscuras con un gran efecto.

Aún así, con todos sus recursos y mano de obra, el Imperio Comercial Thexiano solo podía retrasar a las implacables fuerzas del Segador. Cada vez que había un estancamiento prolongado entre las flotas, la Guadaña de Kaelis-Ra llegaba para romper el punto muerto; la nave era inmensa y terrible más allá de la comprensión. Sobre los planetas, incluso las diversas y mortales fuerzas del Imperio Comercial no podían vencer a las legiones de Necrones, quienes barrían todo a su paso. Sobre el mundo de Tatisan, se decía que un Batallón Siervo de Krieg completo marchó directamente a entablar combate abierto con la hueste Necrona. Los azotadores arcos verdes de malevolente energía Gauss recorrían el campo de batalla, destruyéndolos en minutos. A pesar de esto, ni siquiera una vez los Soldados de Krieg claudicaron. Marcharon sin miedo hacia su condenación, disparando sus Rifles Láser, mientras cantaban antiguos himnos de guerra de Krieg a través de sus oscuras máscaras de respiración.

Varias de las colonias menos importantes fueron evacuadas en masa. El Imperio Thexiano necesitaba trabajadores para su monstruosa sociedad basada en capital, y no podía permitir que las Legiones Necronas los empobrecieran de esta manera. En muchas ocasiones, las evacuaciones ocurrían justo antes que llegaran los Necrones. Incluso, en algunos casos, como en el mundo de Horosa, eran demasiado lentos. A medida que el puerto espacial de la única ciudad en el mundo se inundó con ciudadanos huyendo desesperados, las oscuras y crecientes sombras de las Naves Necronas se cernían sobre los oscurecidos y descoloridos cielos.

Un gran gemido surgió desde la población predominante de siervos humanos, mientras forcejeaban para conseguir el último transporte, inactivo en la bahía de atraque del puerto. La gente empujó, golpeó y desgarró, mientras todos al mismo tiempo, desesperadamente, se dirigían hacia su última esperanza de salvación. Con un arrepentimiento sepulcral, el piloto Actoriano inició los sistemas de arranque, y la nave lentamente se levantó del puerto estelar, con la ignición de sus motores hirviendo a cientos de civiles, demasiado lentos o débiles para luchar su camino a bordo. En ese momento, sobre el horizonte, lanzas puntiagudas de energía luminiscente apuñalaron los cielos, dando la señal de la teleportación de cuatro Monolitos sobre la superficie, a apenas metros de distancia del puerto. Efectivamente, las máquinas imponentes rondaban a la vista. Sus armas de arco fueron dirigidas a lo largo de la masa de humanos del planeta, segándoles como una máquina de cosecha sobre un campo de trigo. En momentos, los Monolitos habían acabado con los humanos rezagados, y estaban apuntando ahora al transporte, el cual se elevaba agonizantemente lento en el cielo.

Justo entonces, surgiendo de su escondite en medio de los escombros de la ciudad en ruinas, surgió la forma voluminosa de la Venganza, un Baneblade de Krieg, representando a la última de las fuerzas militares sobre Horosa. Sus cañones ardieron, mientras el super-pesado se dirigía hacia los monolitos. En su primera salva, un disparo afortunado golpeó a un Monolito en su nexo de cristal, detonando a la alienígena máquina de la muerte con un rugido gutural. Los arcos Gauss y proyectores de partículas se dispararon sobre el tanque, volando los paneles, quemando a su tripulación, y pulverizando sus zumbantes interiores. Aún así, el Espíritu Máquina, indignado por la mera existencia de los diabólicos Necrones, continuó, empujando al vehículo a una velocidad aún mayor. Comenzaron a emerger Necrones del Monolito más cercano, mientras el Baneblade reducía la separación entre ellos. Las pesadillas esqueléticas fueron arrolladas sobre la pista, mientras el vehículo, finalmente, embistió contra la máquina, disparando simultáneamente su Cañón Demoledor, directamente hacia la alienígena máquina. Los dos vehículos explotaron espectacularmente. Con el sacrificio del tanque, el transporte escapó, y todo el resto del mundo dejado atrás fue totalmente aniquilado.

Situaciones desesperanzadas similares se repitieron, a través de docenas de mundos, en cientos de campos de batalla.

La situación llegó a ser tan desesperada que los Thexianos comenzaron a hacer gestiones con los imperios y los conglomerados cercanos. Algunos, como la Liga Nihilista, asesinaron abiertamente a sus representantes para mostrarles lo poco que les importaban los engañosos Thexianos. Sorprendentemente, los T'au (la facción local más poderosa en la Franja Este) acordó enviar tropas y suministros a sus viejos enemigos. A cambio, los Thexianos debían estar de acuerdo en unirse al Bien Supremo. De mala gana, los Thexianos aceptaron (en años posteriores, se secesionaron del Imperio T'au, y comenzó la Segunda Guerra Thexiana-T'au, pero eso está más allá del alcance de esta sección de antecedentes). Naves y materiales T'au inundaron las fronteras neutrales entre los dos Imperios locales. Aunque desconfiados, las dos fuerzas trabajaron bien juntas, unidas por el profesionalismo de las fuerzas mercenarias Thexianas, y la potencia tecnológica del Imperio T'au.

Incluso, para mayor suerte a los aliados, los T'au habían descubierto una forma avanzada de tecnología de Cañón de Distorsión, sobre el Mundo Muerto de Janis, unos pocos años antes de la invasión del Segador. Algunos dicen que misteriosos y coloridos alienígenas dejaron las armas allí, y este cronista bien podría creer esto a la luz de las actividades de los Arlequines a través de la galaxia en ese momento.

Incluso el relativamente intacto Capítulo de Marines Espaciales de los Señores de Hierro, por lo general tan distantes y desdeñosos de los alienígenas, ayudaron al esfuerzo de guerra xeno, dirigiendo a los Barghesi, su enemigo principal, contra los Necrones. Esto no era por amabilidad o camaradería para con los Thexianos, sin embargo. El Maestro Ho'Taa de los Señores de Hierro esperaba, secretamente, que los Barghesi y los Necrones se destruyeran entre ellos. Al final resultó que los Barghesi fueron capaces de desafiar profundamente a los Necrones en el campo de batalla, debido a su biología hiper-violenta y destructiva, pero aún así eran incapaces de abrumar a las inmortales fuerzas del Dios Estelar.

Con el uso de estos nuevos aliados, armas y la enorme mano de obra de los Imperios Thexiano y T'au combinados, los Necrones fueron detenidos, y el Segador fue obligado a consolidar sus fuerzas.

La primera incursión C'Tan fue frenada, pero a un terrible costo.

Por supuesto, a través de los miles de años de preparativos del Segador para la guerra a escala épica, el Dios de las Mentiras estuvo fuera y activo por mucho más tiempo, y de forma mucho más encubierta.

A través de la galaxia, desde el M44 al M49, casi setenta Imperios Secundarios, colonias de humanos secesionistas independientes, y enclaves xenos, fueron abordados por misteriosos emisarios, proviniendo del autodenominado Conglomerado Rigny (los lectores más vigilantes podrán ver las obvias implicaciones del título, estoy seguro...). Estos sonrientes oradores humanos, en sus sencillos atuendos de plata, ofrecieron asesoramiento y/o asistencia militar y social para los gobiernos de estos diversos imperios.

Sin embargo, esto era veneno disfrazado como sabiduría. Estos mensajeros alimentaban de información falsa a los líderes crédulos de estos Imperios Secundarios. Algunos eran guiados para atacar Mundos Exoditas, matando a miles de Eldar inocentes en el proceso. Algunos engañaban a los Imperios a entablar conflictos unos con otros, o volviéndolos contra antiguas razas guerreras. Secretamente, los mensajeros enviaban Necrones escondidos en lo profundo de territorios enemigos, esparciendo mentiras, desinformación y rumores, así como arrebatando seres sintientes considerados dignos de conversión para la siguiente fase de construcciones guerreras del C'Tan; los Cyborgs Parias. En algunos casos, células de Necrones encubiertas, entrarían en conflicto con otras organizaciones centradas en el espionaje. En las oscuras calles, Legionarios Alfa, espías, bandidos, asesinos y bestias plateadas, se enfrentaron silenciosa y brutalmente.

El Embaucador puso trampas e invenciones a través de la galaxia, buscando atrapar a Ahriman o a uno de su Aquelarre, deseoso de aprender los secretos de entrar en la Telaraña, y castigar a su antiguo némesis. No solo esto, sino que un misterioso hombre llamado simplemente como Ralei, recorrió la galaxia, preguntando a cada asentamiento a donde llegara dónde podía encontrar al Inquisidor Czevak.

Pero la peor de las maquinaciones del Embaucador ocurrió más tarde en el Período. Liderando una banda de Necrones a través del sombrío bloqueo alrededor de las Puertas de Varl, el Embaucador atravesó el incomprensible portal. Nadie puede decir con certeza lo que se formó en esa región oscura y terrible. Tal vez lo creó, o tal vez simplemente utilizó el poder que ofrecía el sol inverso en el centro de la galaxia para despertarlo. Sea como sea, había despertado y desatado al Ophilim-Kiasoz.

Puedo nombrar fácilmente a este terror, pero esto es porque mi Orden investigó las antiguas historias, aquellas leyendas que eran legendarias incluso entre los Eldar. Se contrataron mercenarios y cazarrecompensas para buscar en los embrujados Mundos Astronave muertos, para encontrar las escrituras, los manuscritos psíquicamente activos de los antiguos Eldar... de los mismos Primogénitos. Hablan de una guerra. Los Yngir, el gran Kaela Mensha Khaine, Asuryan, los Ancestrales, las hordas ciclópeas. Demonios espejados ahogando a los jardines del paraíso en silente muerte. Los Esclavizadores, filtrándose a través de las grietas de la cordura. Estas leyendas eran auto-contradictorias y metafóricas al extremo. Eran tan abstractas como terribles en sus implicaciones.

Un pasaje nos informa sobre lo que se propagó desde las Puertas. La gran red, proyectada por Kurnous el Cazador. Una red negra, forjada con los hechizos de Vaul, y el odio de Khaine. Subvertida, conducida a una nueva forma. Esta red negra era conocida como el Kiasoz. Sin embargo, cuando fue lanzada sobre el Yngir conocido como Avelor, el Quebrantador, el hambriento Dios Estelar se liberó, y arrojó a la red hacia el Yermo, al reino más allá del reino. El lugar donde los Ophilim, los sin dioses, residían. Tal era el artificio sombrío presente en el Kiasoz, que atrapó al más grande de los Ophilim, y lo volvió loco. Incluso Khaine tenía miedo de tocar la red negra, pues el horror desgarrador se retorció enloquecido. Cuando la guerra terminó, y los otros reinos finalmente sellaron al Reino Exterior, el reino no del éter ni de los otros reinos, fue sellado también. Igual que al Ophilim-Kiasoz.

Hasta la Segunda Era de los Conflictos, incontables millones de años después.

Los informes varían sobre la apariencia de esta horrible fuerza. Todo lo que se sabe es que, cuando el Ophilim entra a un sistema, todas las cosas mueren, y la estrella en su corazón se marchita como una fruta podrida. Las naves que escapan, afirman no ser capaces de ver nada, mientras otras dicen que puede ser visto solo por las estrellas en el cielo oscureciéndose. ¿Es una máquina, o está vivo? No podemos saberlo. Tampoco podemos saber cómo es que el Embaucador despertó y/o dominó esta cosa. Todo lo que sabemos es que está libre, y algo anda muy, muy mal.

Me temo que he dicho demasiado, pues este registro no tiene como intención mirar hacia el futuro de nuestro universo, sino documentar los horrores de estos diez mil años de infierno. Apenas he tocado el gran Orbe del Enloquecido, pero me temo que si continúo, me voy a volver loco. Basta decir, que por terrible y aborrecible que sea la Segunda Era de los Conflictos para nosotros, encogiéndose de los monstruos ante nuestra puerta, al menos estamos viviendo. No importa qué tan retorcida se vuelva la vida, sigue siendo vida. Larga puede continuar nuestra miseria, si significa que podremos sobrevivir a la sombra que está por venir, cayendo una vez más sobre nuestra galaxia.

[Un hombre entra, llevando un incensario. El autor le hace irse. Hay una discusión. El portador del incensario se va. El extracto termina]

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