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Durante las primeras oscuras décadas de los diez mil años de dolor, antes que la esperanza feneciera por completo, las fuerzas del Saqueador hicieron su jugada. Mientras toda la galaxia convulsionaba ante el terror y el sufrimiento, Abaddón y su 20° Cruzada Negra, final e irrevocablemente, derrotaban al bloqueo imperial alrededor del Ojo del Terror. Finalmente, Cadia caía ante sus fuerzas. Bestias, demonios, hombres enloquecidos y monstruosos Astartes se esparcían sobre cada mundo en los sistemas que rodeaban la grieta en la realidad. Aunque algunos puntos focalizados de resistencia se mantuvieron firmes mucho más de lo esperado, cada bastión Imperial, Fortaleza Inquisitorial y Capítulo de Marines Espaciales fue superado en esos siglos de aflicción.

El Imperio se había extralimitado a sí mismo, y Abaddón lo castigó por su laxitud, tallando un dominio que se extendería por casi todo un Segmentum. Sin embargo, de toda la miríada de mundos que Abaddón conquistó, ninguno era más preciado para él que el mismo gran bastión: Cadia.

Cadia fue un símbolo de su último triunfo sobre los Altos Señores de Terra, y su desafío a sus débiles intentos de contenerlo. Aunque el mundo había ardido ante la barbarie y la matanza, Abaddón, posteriormente, reforjó el planeta en algo completamente distinto. Reparó las Kasrs desmanteladas; formidables fortificaciones admiradas por Abaddón. Él había aprendido a respetar sombríamente a Cadia, pues le había repelido una y otra vez en los milenios pasados. Él rehizo a Cadia a un oscuro y retorcido reflejo de su antigua gloria. El Saqueador deseaba mostrar a todos que, aunque el Caos era un destructor y deshacedor de cosas, podía representar también la gloria y la creación.

Se construyeron enormes estandartes y arcos triunfales por incontables esclavos, laboriosos y quebrados. Estatuas de grandes Príncipes Demonio y Marines Espaciales del Caos se alineaban en los bulevares y las avenidas. La Imperial Aquila permaneció a vista de todos, pero cada una fue cuidadosamente decapitada, tallando la estrella de ocho puntas del Caos en lugar de sus cabezas gemelas.

Aunque muchos cadianos habían sido asesinados durante las primeras semanas de la invasión, algunos habían sobrevivido. Los Kasrkin caídos y soldados traidores, numerados en solo un puñado de cientos, fueron dejados vivos por Abaddón. Él les prometió regalos maravillosos y poder, pero exigió que crearan para él una fuerza como los viejos regimientos cadianos. Así, los deformados habitantes de la Nueva Cadia se vieron forzados a aprender el arte de la guerra, desde los antiguos remanentes de los cadianos traidores originales. Estos nuevos 'Cadianos Oscuros' fueron llamados simplemente como los Despojados. Eran de élite, brutales y totalmente leales a Abaddón, a quien veneraban como portavoz de los mismísimos dioses del Caos.

Inevitablemente, luego de la derrota de los imperiales, la caótica alianza se fracturó, pues cada una de las Legiones y bandas de guerra luchaban entre ellas, con cada Señor del Caos o Príncipe Demonio deseando la dominación sobre los demás, igualmente arrogantes y egoístas, líderes de las partidas de guerra rivales. Abaddón no era diferente, y se unió a la lucha, buscando consolidar su reino de locura caótica en un nuevo Imperio Oscuro. Muchos de sus rivales, en particular los Primarcas Demonio Angron y Perturabo, estaban disgustados con Abaddón pues él buscaba traer el orden al sagrado caos de su situación actual. Forjaron una alianza, y le declararon la guerra al Imperio Oscuro de Abaddón. Esta declaración de guerra fue un error de cálculo por parte de los dos Primarcas. Esto obligaría a las demás partidas de guerra del Caos a escoger bandos.

Los Portadores de la Palabra, en mayor parte, se unieron a Abaddón casi instantáneamente, pues sus visiones de un Imperio Oscuro coincidían con las suyas en cierta medida. Esto trajo un considerable número de Marines bajo control de Abaddón, y los Portadores de la Palabra trajeron consigo además una cantidad verdaderamente impresionante de soldados-esclavos y adoradores. La Legión Negra, por supuesto, se alió con Abaddón, pues serían los más beneficiados ante su ascendencia a gobernar este reino del Caos. Las demás Legiones, completamente descentralizadas por miles de años de desconfianza y guerra civil, formaron partidas de guerra, no adjuntándose a ningún líder en particular. Cambiaban de bando entre la alianza de Angron y Perturabo y el reino de Abaddón casi anualmente durante el combate, aunque la gran mayoría de partidas de guerra siguieron a Abaddón en algún momento. Además, donde la mayoría de las fuerzas de vasallos humanos controlados por la alianza de Angron y Perturabo eran simplemente turbas de mutantes y milicia cultista, Abaddón había creado la gran fuerza de 'los Despojados', cuyos números aumentaban intensivamente mientras reclutaba más y más Soldados de la Guardia traidores, desde la misma Cadia o desde otros planetas, desesperados una vez más por algo de disciplina militar.

En términos navales, las fuerzas de los Primarcas se vieron aventajadas una vez más. La flota de Abaddón era un tercio mayor a las de Perturabo y Angron, quienes aún dependían del Ojo del Terror para sustentarlas. Abaddón era libre de apoderarse y comandar más de las naves Imperiales más allá del Ojo. Además, el Saqueador aún tenía al Aniquilador Planetario y los Talismanes de Vaul restantes bajo su control.

Esta guerra fue muy larga y sangrienta, como lo eran siempre las guerras del Caos. Las fuerzas de Abaddón se retiraron del violento asalto de las furiosas fuerzas de los dos Primarcas. Intentando imitar el asalto relámpago de Horus sobre Terra, Angron envió sus fuerzas directamente hacia Nueva Cadia, embistiendo bloqueos y desbaratando mundos en su camino. Abaddón, por cierto, no era tonto. Él había ayudado a Horus a formular esa misma estrategia, y predijo que Angron sería lo suficientemente necio como para intentarla. Su flota estaba aparentemente ausente cuando las fuerzas de Angron hicieron su desembarco orbital sobre Nueva Cadia. Sin embargo, lo estaba esperando. Su enorme flota atacó las naves de suministro del bersérker Primarca. Sin darse cuenta del repentino peligro hasta que fue muy tarde, fueron diezmados. A pesar de estar atrapado sobre Nueva Cadia, Angron se cobró una cantidad enorme de vidas sobre el planeta. Aún así, debilitado por los pilones y las persistentes oleadas de humanos que Abaddón se vio forzado a cargar ante el bersérker, sucumbió finalmente, derrotado por un grupo de Escogidos de más alto rango de la Legión Negra que, combinándose a la perfección con un ataque orbital, expulsaron a Angron de Cadia.

La aparentemente mala estrategia de Angron de cargar en la guarida de Abaddón era, sin embargo, una mera distracción para darle tiempo a Perturabo de completar su gran trabajo. Con la ayuda de varios clanes de Mechanicus Oscuros, y el sacrificio de un billón de almas a la Forja de las Almas, el Primarca Demonio había completado el Motor Goliath.

Una inmensa construcción de hierro demoníaco, maquinaria enroscada semi-orgánica, runas malditas, inyecciones de virus de Arrasador y otros nefastos dispositivos y tecnologías que se combinaron perfectamente en esta titánica nave. Superando incluso al Aniquilador Planetario en tamaño, esta máquina demoníaca pronto se disparó de los muelles de la forja de Perturabo, a la cabeza de la mayor flota que pudo reunir a su alrededor. Tales eran los oscuros poderes dentro de la nave, que le permitía a Perturabo comandar a su flota personalmente, incluso más allá de la sustentadora anarquía del Ojo. Sobre el ruinoso Mundo Demoníaco de Nurgle de Thrashing Puxshar, ambos despliegues, uno sirviendo a la anarquía y la desintegración, el otro, meramente, al Caos, cargaron por la supremacía. Sin importar el tamaño de la flota de Abaddón, Perturabo era un Primarca, y sus habilidades navales eran formidables. Una de sus Fortalezas Negras sucumbió ante las masivas armas del Motor Goliath y se estrepitó sobre el estancado Mundo Demoníaco entre ellos.

Miles de naves cargaron unas contra otras en la expandida contienda en el vacío. Naves de guerra demoníacas lucharon contra naves ex-Imperiales multicapa, y cruceros de la Legión se estrellaron contra otros igualmente caóticos. El espacio dentro de la ondeante locura del Ojo se llenó de una variedad de intercambios de potencia de fuego devastadores que fluían entre las dispares naves. En un punto culmine de la batalla, el Aniquilador Planetario y el Motor Goliath se encontraron. Fuego de andanada, torpedos, llamas demoníacas, tendones pútridos disformes; todo fue arrojado contra el contrario en ese brutal y mordaz combate. La nave insignia de Abaddón incluso se las arregló para disparar sus armas más mortíferas al Motor Goliath, pero en vano. En el Ojo, la nave era inmortal; la maquinaria viva de la nave se recomponía tras cada golpe.

Aparentemente vencido, el Aniquilador Planetario arrancó del poderío del Motor Goliath. Perturabo, confiado en su victoria final, persiguió a la nave. Encontró al Aniquilador Planetario, severamente dañado, flotando en el vacío entre mundos, en el Sistema Illirax. Confidente en su victoria, el Primarca entabló combate con la nave y el puñado de vehículos de escolta que llevó Abaddón. Sin embargo, cuando parecía que la victoria estaba en sus manos, las tornas se voltearon una vez más. Habiendo emergido de la Disformidad hace un mes, la Terminus Est y su flota de desagradables naves de Nurgle habían permanecido en el Sistema Illirax, a petición de Abaddón. Luego de re-emerger de la Disformidad, el Motor Goliath pronto se vio bajo ataque desde su cuadrante este mientras una flota entera descendía sobre sí. En la posteriormente conocida como Batalla de Bilis y Acero, el Motor Goliath de Perturabo fue superado. Abaddón logró hábilmente alejarlo del sustento demoníaco del Ojo, y eso debilitó a la nave. Ya no era invulnerable. Sin embargo, aún era formidable, y Typhus perdió muchas naves en la batalla resultante.

Mientras el motor ardía y colapsaba a su alrededor, Perturabo se enfureció, y se determinó a acabar con esto de una vez por todas. La muerte de Abaddón terminaría la guerra de forma instantánea. Ordenó a sus Guerreros de Hierro sobrevivientes a teleportarse con él, dentro del Aniquilador Planetario, y enfrentarse a Abaddón en combate singular. Pero, a diferencia de Horus, Abaddón no era necio. La teleportación falló miserablemente, pues los escudos de Abaddón permanecieron firmes. Perturabo fue enviado de vuelta dentro del Motor Goliath, a tiempo para vislumbrar al Aniquilador Planetario disparar su Cañón del Día del Juicio Final. El cañón disforme golpeó a la dañada nave, y detonó su corazón demoníaco. Gritando en impotente rabia, Perturabo fue enviado de vuelta a la Disformidad. Luego de la batalla, Typhus se retiró al Ojo, llevándose a su flota consigo. Cuando se preguntó a Typhus por qué había ayudado a Abaddón, él respondió crípticamente: "Las flores germinan y se marchitan. La podredumbre no es nada sin el orden que las decaiga".

Libre de ambos líderes, la alianza de Angron y Perturabo pronto colapsó, y las fuerzas más unificadas del Imperio Oscuro prevalecieron, llevando a sus enemigos de regreso a las profundidades del Ojo. Después de su victoria, Abaddón expandió su Imperio Oscuro a cientos y cientos de mundos alrededor de Nueva Cadia. Por extraño que parezca, muchos mundos se sometieron a su dominio al instante, incluso mundos que despreciaban al Caos y aún servían al Emperador. En estos tiempos de tal horrenda anarquía, cualquier orden es avalado por lo civilizado. Irónicamente, la única cosa que se parecía más al orden en el Segmentum Obscurus era el Imperio del Caos de Abaddón. Antiguos mundos imperiales escondieron sus señales de veneración al Emperador y dieron la bienvenida a los Despojados, quienes rápidamente controlaron los centros de las Fuerzas de Defensa Planetarias. A menudo, no había más oposición que esta. Ya no era un asunto religioso. Esto fue intensamente secular. Muchos gobernadores sabían que la única forma de sobrevivir en los milenios de dolor era ser parte de algo más grande.

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