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La Disformidad se agitó como nunca antes, cuando el Emperador finalmente expiró. Su presencia recorrió la Disformidad, y el reino de la locura luchó y se retorció en la eternidad, furioso. Su sello sobre la Telaraña se rompió, y los demonios expectoraban desde ambos lados. La Telaraña se flexionó y amordazó, mientras los demonios surcaban los pasillos con velocidad etérea.

Las parpadeantes formas de los Arlequines lucharon como leyendas, batallando contra demonios desde cada ángulo y acceso. La Telaraña era su aliada en este conflicto. Mientras La Máscara de Slaanesh guiaba a la horda demoníaca a través de la compleja dimensión laberíntica, los mismos pasajes de la Telaraña se distorsionaban y alteraban, constantemente en flujo. Incluso los demonios de Tzeentch, la locura encarnada, no podían hacer su camino a través de este complejo reino. Hordas de enemigos fueron acanalados hacia emboscadas, lideradas por Arlequines, y grandes fuerzas de demonios, que de otro modo hubieran condenado a todos los Eldar, se encontraron y se volvieron unos contra otros; el inherente odio dentro de cada naturaleza demoníaca usada contra sí mismos. Los Eldars Oscuros, deseosos de mantener sus sombríos reinos seguros, ayudaban a los Arlequines donde podían. Los aullidos de enloquecidos Infernales, y los gruñidos y bramidos de numerosos demonios desde más allá de las pesadillas, hacían eco por el espacio y el tiempo, a través de la red de la Telaraña. En el nexo central, donde el tiempo era irrelevante, los Solitarios luchaban contra sus diabólicos enemigos durante miles de millones de años, antes que formas puntiagudas y filosas de Commorragh vinieran en su ayuda, y juntos, los bufones y carniceros empujaran a los demonios fuera de la Telaraña. Por supuesto, este acto era solo de interés egoísta por parte de los Eldars Oscuros.

Mientras los Arlequines estaban en apuros en derrotar a los demonios, Ahzek Ahriman tomó ventaja de sus posiciones sobre-expandidas, dejando un espacio para sí mismo, dentro de la misma Telaraña. Su Cábala de Hechiceros usaba oscuros artefactos para atravesar la Telaraña, de un modo similar a las Arañas de Disformidad, permitiéndoles viajar desde mundo en mundo, sembrando la discordia, y reuniendo conocimiento para su retorcido maestro. Pues Ahriman determinó que tomaría los secretos de la Biblioteca Negra por cualquier medio necesario. Previamente, antes de la caída del Emperador, los guardianes eran demasiado poderosos para sobrepasarlos. Ahora, Ahriman tenía reino libre, en toda la galaxia, para encontrar y aprovecharse de planetas enteros, solo para encontrar artefactos de poder arcano, lo suficientemente poderosos para soltar sobre los guardias, y hacer una brecha en las defensas de la Biblioteca Negra, para entonces develar todos los secretos del Caos.

Durante este período de aflicción, la alianza Biel-Tan de los Eldar de Mundos Astronave hizo un extenso uso de la Telaraña, con el fin de llevar a cabo sus guerras de conquista, a menudo haciendo caso omiso de los deseos de los guardianes rientes del reino. En su beligerancia, Biel-Tan se consideraba el gobernante desenfrenado de los Eldar. Sus guerras contra los Mil Hijos y los Eldars Oscuros duraron hasta bien entrado el quincuagésimo milenio. Asdrúbal Vect y Asitar lucharon una guerra de fintas y movimientos discretos, sus fuerzas merodeando hacia las demás en medio de los pasillos serpenteantes de la red interestelar, mientras que los autómatas de los Mil Hijos de Ahriman tropezaban en todo el camino por la Telaraña, causando estragos y caos por dondequiera que pasaran. Las Arañas de Disformidad y Mandrágoras se cazaban y mataban con júbilo nacido de antiguas rivalidades (y en el caso de las Mandrágoras, hambre literal). Sobre el mundo de Kastir, un mundo semi-sumergido en la Disformidad, donde la Telaraña se entrecruzaba enloquecedoramente, una enorme fuerza de Íncubos, liderada por el Padre Oscuro, se enfrentaban contra otra fuerza de Escorpiones Asesinos, liderados por su Señor Fénix. Nadie sabe el resultado de este conflicto, pero muchos creen que aún está sin resolver. Pues, como dicen las leyendas, la batalla final de los Señores Fénix los vería a todos muertos. Esto aún tenía que ocurrir (y quizás nunca ocurra, pues los caminos del futuro son hilos volubles de seda rota. Nada es seguro).

Vect, en repetidas ocasiones, envió asesinos para matar a los líderes de Biel-Tan, de varias maneras únicas, pero no tuvieron éxito. Sin importar eso, los Eldars Oscuros continuaron en sus viejas formas, pillajes, matanzas y captura de esclavos, sin importarles lo que ocurría allá en el mundo real. En ocasiones, las Cábalas luchaban entre sí, tanto dentro de Commorragh, y en los extensos ambientes de la Telaraña. En ocasiones, algunos Arcontes ambiciosos asaltaban los Mundos Astronave fantasmas, para establecer bases por su cuenta. La guerra comenzó a derramarse dentro de esos reinos fríos y muertos también, mientras las fuerzas de Biel-Tan y los Arlequines, luchaban contra los degenerados hijos de la Ciudadela Oscura, luchando entre los fríos bosques de árboles de cristal, rompiendo los antiguos monumentos a la locura de los Videntes.

Algunos de los asentamientos dentro de la red enviaban señales de alerta a sus varios aliados, afirmando de bestias verdes rampantes, pero nadie excepto el Maestro de la Telaraña puede verificar estas extrañas afirmaciones. Incluso las retorcidas abominaciones de los Mundos Ancestrales hicieron intentos de ingresar una vez más a la Telaraña. Nadie puede decir cómo es que sobrevivieron estas hórridas criaturas a La Caída. Todo lo que se conoce es que buscan echar abajo la Telaraña, y abrirla para Slaanesh. Los ágiles y perversos seres, que una vez pudieron haber sido Eldar, retozaban como Diablillas lujuriosas, a través de las arterias y los capilares de la red de la Telaraña, asesinando y fornicando como monstruosidades básicas a su paso.

Cegorach y sus Arlequines observaban esta masacre desde lejos, orquestando la forma de los pasajes en la Telaraña de tal forma que dirigían a sus diversos enemigos uno contra el otro, de la forma que deseaban. Aunque, no obstante, no pudieron expulsar a Ahriman, pues su ciudad estaba protegida por custodias demoníacas y maleficios. Sin embargo, en el Materium, sus emisarios bufones manipulaban a varios Reinos e Imperios Secundarios de la galaxia, a menudo engañándolos para que atacaran y destruyeran planetas donde hubieran Portales controlados por los seguidores de Ahriman, con el fin de impedirle recibir apoyo. Por supuesto, Ahriman hizo sus propias jugadas, capturando en ocasiones especies xenos belicosas o tiránicas, e informándoles de la Telaraña, dirigiéndolos hacia los Portales más cercanos. Así, los Arlequines encontraban a sus Portales siendo sitiados por Imperios humanos o xenos, deseosos de aprovecharse de la red secreta. A pesar de que no podían entrar directamente en la Telaraña, hacían difícil el salir de ella para los Arlequines.

Aún más preocupante (para los Arlequines), en el M49, comenzaron a llegarles rumores desde mundos en toda la galaxia, sobre un carismático inmortal, quien había estado usando subterfugio y mentiras, en el intento de atrapar a Ahriman y a sus seguidores, por alguna razón. Todo apunta a que este extraño (conocido normalmente como la Voz de la Honestidad, o en ocasiones simplemente como El Mensajero) desea hacer una brecha en la Telaraña, de la misma forma que el Hechicero del Caos. Quizás coincidentemente, los incursores Necrones han estado particularmente activos durante la Segunda Era de los Conflictos, a la caza de los antiguos Inquisidores del viejo Imperio. Algunos afirman que están buscando a un Inquisidor en particular...

El Embaucador, a pesar de su odio hacia lo inmaterial, parece estar tratando de entrar, de alguna forma, a la Telaraña. Quizás para buscar una ventaja contra su rival C'Tan, ¿o quizás simplemente por el deseo de matar a Cegorach? Nadie lo sabe, y predecir los actos de tales seres antiguos es invitar a la locura. En cualquier caso, este era solo una de los muchas maquinaciones del Embaucador, y palidecían en comparación con el Ophilim-Kiasoz, y los eventos dentro de las Puertas de Varl. En comparación con la horrenda edificación del Kiasoz, ¿por qué importaba entrar en la Telaraña?

De esta manera, la Telaraña se había hecho más peligrosa que nunca antes. Invadida en algunos lugares, y asediada en muchos otros, la guerra en la Telaraña provocó que muchos mundos Eldar y de otras razas tuvieran que aislarse de la red, pues, en general, la Telaraña ya no era la ruta segura que solía ser.

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