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Los Eldar, una raza ya moribunda para el M41, sufrieron incluso mayores miserias durante la Segunda Era de los Conflictos. Los Mundos Astronave, lentos y pesados como siempre fueron, eran difíciles de defender contra el Nuevo Devorador. Muchos Mundos Astronave, aunque lucharon valientemente por meses, eventualmente cayeron ante el Nuevo Devorador. Los Mundos Astronave fueron destripados, sus torres derrumbadas, su gente asesinada y devorada. A menudo, todo lo que quedaba de un Mundo Astronave era su inmenso caparazón de Hueso Espectral, su Circuito Infinito pulsante, y las desperdigadas e innumerables Joyas Espirituales, las cuales brillaban con la vida que sus cuerpos asesinados habían perdido.

Estos Mundos Astronave fantasmas quedaron a la deriva, silenciosos y solos, mientras la raza Eldar era lenta y gradualmente asesinada. Con una población mucho más reducida, los Eldar restantes encontraron que era mucho más difícil defender los pequeños asentamientos coloniales que aún conservaban. A menudo, los Exoditas, confinados a sus mundos paradisíacos, fueron dejados defenderse por su cuenta. Algunas colonias Exoditas fueron atacadas por imperios alienígenas oportunistas, como el Hax Paterinius, una raza de xenos de múltiples extremidades, quienes viajaban usando sus Unam, naves creadas a partir de energía pura. Se piensa que los Hax destruyeron inintencionadamente más de una docena de Mundos Exoditas, pues los Hax se dirigían hacia ellos y los terraformaban a su ambiente predilecto. Desafortunadamente, los Hax eran nativos de mundos llenos de vapor de ácido sulfúrico, y temperaturas lo suficientemente calientes para derretir el plomo, de tal forma que su terraformación a menudo mataba a la población nativa. Los Hax eran una raza pacífica, y solo atacan para auto-defenderse. Sin importar esto, mataron a millones de Eldar durante esos primeros días.

Algunas colonias Exoditas fueron mucho más perspicaces. Cuando el Astronomicón se resquebrajó y murió, la repentina anarquía que destrozó al Imperio llevó a los magnates de poder sobrevivientes y señores de la guerra oportunistas a un frenesí de acaparamiento de tierras, y muchos Mundos Vírgenes fueron apropiados de esta forma. Algunos Mundos Exoditas, como aquél liderado por Alessair Hurom, desmantelaron la evidencia física de su cultura, incluyendo sus construcciones e incluso sus campos de cultivos, antes de esconderse. Así, las fuerzas Post-Imperiales llegaron para encontrar mundos vacíos y prístinos, y colonizarlos ansiosamente. Sin embargo, lentamente, los Exoditas, bajo falsos aspectos y usando el engaño, el encanto y el subterfugio, se infiltraron en todos los altos cargos de los varios Imperios Secundarios, convirtiéndose en los extraños y siniestros señores de esos reinos, quienes, extrañamente, nunca parecían morir por envejecimiento. Es probable que varios de los Imperios más septentrionales, esos Imperios pequeños que bordean el espacio Thexiano y Oriental del Caos, estén liderados, en secreto, por Exoditas, como el Imperio de Hurom.

Con la muerte del Emperador, un gran grito lamentoso estalló en toda la Disformidad, mientras Slaanesh gemía. El Padre Estelar, en sus primeros momentos de despertar, atacó a Slaanesh primero, tambaleando al perverso príncipe, al menos al principio. Este estremecimiento de lascivia frustrada y orgullo se estrelló contra los Circuitos Infinitos de cada uno de los Mundos Astronave como un huracán. Aunque la conflagración fue resistida fácilmente por los Mundos Astronave, los Videntes fueron capaces de vislumbrar de forma repentina nuevos posibles futuros manifestándose en la existencia. No importaba cuánto analizaran todos los futuros posibles, el predominante era siempre el mismo: Un gran puño blanco, aplastando a toda la galaxia, dejándola silente, fría e inhumana. Al principio, los Videntes temían que este futuro representaba la victoria final de los Yngir, devoradores de estrellas. Sin embargo, esta perdición no vendría desde las estériles dimensiones de los C'Tan, sino de la Disformidad en todos los lugares. Retirándose de sus visiones, como niños que quitan sus manos del fuego, se dieron cuenta que tenían que actuar.

El repentino recrudecimiento de muertes Eldar, debido al Nuevo Devorador, abrió una nueva avenida a los habitantes de los Mundos Astronave. Todos pudieron sentirlo, moviéndose a través de la superficie de cada Mundo Astronave. Su nombre era muerte, pero también era esperanza. Ynnead, el dios de los muertos. Estaba creciendo, y lo sabían.

Los Eldar sabían que, mientras vivieran, no podrían salvar al universo del antiguo enemigo, y sus almas no estarían seguras nunca, no realmente. Eventualmente, los Mundos Astronave se hicieron menos y menos frecuentes. Las historias sobre los Eldar se volvieron mitos, luego leyendas, luego mentiras, para el resto de la galaxia, mientras los Mundos Astronave hacían un llamamiento a sus fuerzas activas en combate. Los Videntes no explicarían lo que planeaban, mientras todos sus hijos volvían a sus naves. Les ofrecieron a todos una rígida posibilidad: Podían quedarse en su Mundo Astronave, y ayudar a salvar a la galaxia y a los Eldar, o podían irse, para nunca volver, desconectando sus Joyas Espirituales del Circuito Infinito, y perdiéndose en la Senda del Proscrito. Tan solo setenta mil Eldar escogieron lo segundo. Los demás eran, o demasiado optimistas, o demasiado ingenuos. Una vez se fueron los proscritos, los Videntes, en su misericordia, soltaron una neurotoxina en sus Mundos Astronave, matando a miles de millones de Eldar en esos momentos, en un acto de traición que pocos podían comprender, incluso mientras se ahogaban en sus últimos suspiros. Los Brujos y Videntes recolectaban todas las Joyas Espirituales, y las "vaciaban" directamente en los Circuitos Infinitos, antes que se sacrificaran de forma ritual con sus espadas, y sus almas se transmitieran también al creciente circuito.

El gran espíritu combinado se alzó, hinchado con tal gran sacrificio. Latió, se arremolinó y... no hizo nada. El inmenso e inimaginable poder de Ynnead estaba atrapado dentro del Circuito Infinito. Pues, aunque muchos Mundos Astronave siguieron la ruta del sacrificio, hubo una notable excepción. Biel-Tan se rehusó a aceptar tal mórbida visión de la situación. Cuando se acercó a los otros Videntes de los demás Mundos Astronave, Asitar Bladesong, la Autarca líder de la Bahzhakh, la Tempestad de Espadas, respondió:

“¿Sacrificio? ¿Muerte? ¿Qué se han vuelto locos? ¡Somos los Asur! ¡Los Eldar! Nuestro reino está invadido por bárbaros Mon-keigh, y patéticos usurpadores, ¿y quieren entregarles nuestro imperio sin siquiera resistencia? ¡Esta es nuestra galaxia, no la de ellos! ¡Estamos cerca de la victoria, no nos defrauden ahora!”.

Los delirantes líderes de Biel-Tan no podían aceptar la derrota. Consideraban que su Mundo Astronave estaba a punto de arrebatarle la galaxia al sucio Imperio de la Humanidad. Cuando el Imperio colapsó, lo tomaron como una señal, y se movilizaron completamente, dejando a sus compañeros Mundos Astronave supurando, como lo deseaban.

Muchos de los Proscritos de los otros Mundos Astronave, horrorizados por las acciones de los Videntes, se unieron a Biel-Tan, tomando nuevos pactos de lealtad. Jinetes Salvajes desde Saim-Hann, Brujos y el legendario Yriel, desde Iyanden, un gran número de Exploradores de Alaitoc, e incluso unos cuantos disidentes de Ulthwé, estaban entre los muchos Eldar, leales al esfuerzo de guerra. Usando sus tácticas de armas combinadas perfectamente afinadas, y utilizando su sistema de Viaje Superlumínico mejorado, los ejércitos de la Tempestad de Espadas eran devastadoramente efectivos. Desde el 488.M45, hasta el 333.M46, los guerreros de Biel-Tan combatieron y derrotaron a tres Imperios Secundarios, sus patéticos, lentos e inexpertos ejércitos de grupos de humanos insuficientes en gran medida contra la fina máquina de matar que era la hueste guerrera Eldar.

A través de toda la galaxia, Biel-Tan instalaba avanzadas coloniales discretas, desde donde podían comenzar incursiones virtualmente en cualquier lugar. Solo las áreas que nunca tuvieron acceso a la Telaraña estaban libres de potenciales asaltos Biel-Tan. La astucia militar combinada de Asitar e Yriel eran invaluables en las guerras de Biel-Tan, y fueron instrumentales en muchas de las victorias del período.

Ignorando el fuerte consejo de los Arlequines, Biel-Tan atacó a objetivos T'au, e incluso casi se enfrascan en una guerra directa con el Imperio T'au cuando descubrieron un Mundo Sept al alcance de un Mundo Virgen. La guerra duró varios años, concluyendo con Biel-Tan abandonando el mundo, sin antes fumigarlo con un hongo especial, el cual prevenía que los T'au pudieran hacer crecer cultivos en su superficie, esencialmente haciéndolo inútil para la colonización.

Una gran fuerza de Eldar luego atacaría espacio ocupado por Tallarn, diezmando varios mundos. Solo la inesperada (y corta) alianza de Ophelia y Tallarn contra los Eldar pudo repelerlos.

El Imperio Cossedus, una potencia industrial activa en el centro galáctico, fue atacado por la 1° Flota de Biel-Tan, la cual despojó al Imperio de su poderío naval en solo siete años, dejándolo expuesto a ser destrozado por Imperios rivales, aprovechándose sobre su debilidad.

El aumento en la actividad Necrona llevó a un mayor número de conflictos con sus antiguos enemigos. Al principio, tuvieron éxito. Por supuesto, una vez el Ophilim-Kiasoz fuera desatado, durante la batalla de Fornostia, Biel-Tan ya no pudo enfrentarse a los Necrones en sus dominios, temiendo que el Embaucador desatara ese terrible dispositivo una vez más. Aún así, los Eldar siguieron luchando contra los Necrones discretamente.

En el año 000.M47, un troupe de Arlequines llegó a Biel-Tan, para interpretar la Danza de La Caída. Sin embargo, estos supuestos Arlequines eran, de hecho, Brujas Eldar Oscuras disfrazadas, enviadas a una misión de asesinato. Cuando fueron llevadas a los tronos gemelos de Yriel y Asitar, las Brujas se quitaron sus disfraces, y dieron un repentino comienzo a la batalla. Estas Brujas provenían del Culto de Brujas del Conflicto, lideradas por la mismísima Lelith Hesperax. Los asustados civiles fueron asesinados por este grupo de forma repentina, mientras los Vengadores Implacables, los guardaespaldas de Yriel y Asitar, luchaban entre sí. La batalla en el Salón del Trono era de leyenda, con los superhumanos Eldar lanzándose increíblemente rápido, más rápido de lo que un ojo mortal podría seguir. Asitar, la autoridad de Biel-Tan y maestra Autarca, luchó contra los grupos de psicóticos Eldar Oscuros, cuyos látigos chocaban con espadas finas de Hueso Espectral y habilidad inmortal.

Lelith, su cuerpo casi desnudo inmaculado de cualquier cicatriz, tal era su agilidad, se batió a duelo contra Yriel, príncipe de Iyanden, y esposo de Asitar. Su batalla osciló entre las altas vigas abovedadas del Salón del Trono, hasta las cámaras personales del mismo Yriel; las espadas de ambos combatientes eran casi invisibles, mientras intercambiaban golpes y contragolpes con velocidad y habilidad inhumanas. Lelith logró hacer un corte tras otro a Yriel, de alguna forma atravesando su escudo personal. Sangrando y cansado, Yriel al final terminó con la batalla, dirigiendo la Lanza del Crepúsculo directo a través de la maldita bruja Eldar Oscura.

Lelith siseó perversamente, mientras Yriel la quitaba de su lanza de una patada. Antes de morir, dijo que había probado su propia sangre por primera vez, y ella se rió burlonamente, antes que Yriel la terminara de un golpe que la decapitó. Las Brujas fueron derrotadas.

Asitar, furiosa, envió a las Brujas sobrevivientes de vuelta a Commorragh, con cada orificio sellado, y sus cuerpo llenos con las viles Avispas Jindi, que las desgarraron desde dentro.

Al cabo de un año, los líderes de Biel-Tan recibieron otro regalo: un barril de vino Commorrita perfectamente mezclado (el cual estaba, sorprendentemente, sin envenenar), junto con un mensaje, escrito en sangre, pero con una caligrafía suprema. Felicitaba a Biel-Tan en escoger a una autoridad ‘exquisitamente brutal’ como líder, y le deseaba buena suerte en su guerra contra los Mon-keigh. Estaba escrita por el mismo Vect.

Aunque Biel-Tan había caído en desgracia con los Arlequines, y aún eran enemigos de los monstruosos Eldars Oscuros, siguieron siendo una formidable facción a través de este período, incluso hasta el M51. Nunca abandonaron su arrogante sentido de autoestima, y aún creían que podían reclamar su imperio, incluso aunque la galaxia se resquebrajara sobre sus oídos.

Tales eran las maneras del último de los pocos, los remanentes del gran cadáver Eldar.

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