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Aunque fueron innumerables las guerras y campañas de conquista conducidas por el régimen de Vulkan, tal constante antagonismo sería inútil si él no deseara unir y hacer próspero a su nuevo Imperio. Transmitido desde Vulkan, él y sus Salamandras conocían muy bien de los valores y limitaciones de la empatía, y eran casi tan reacios en forjar alianzas y tratados con esos imperios divergentes con los que se encontraban, así como en derrotarlos y conquistarlos. Algunos, como Gran Sicarium y la unión de Ophelia-Tallarn, no deseaban unirse al proyecto de Vulkan, mientras otros, como los monstruosos Imperios del Caos, o el vil Contingente Tenabriano, eran demasiado repelentes y malignos para conversar con ellos, y solo podían ser enemigos. Sin embargo, no todos los poderes rivales eran así.

En medio de las décadas del M53, el Imperio de Vulkan era vasto y glorioso; quizá se encontraba en una era dorada. Las Logias Prometeanas sobre Armageddón colectaban y descifraban más y más tecnologías capturadas desde Mundos Colonizados. Los astilleros del Imperio de quince mil mundos eran usados constantemente, así como los mundos de las Comandancias. El arte y la arquitectura estaban en auge, y cada ciudad en cada mundo eran lugares fuertes y sombríamente bellos; tan gloriosos como solo el Primarca-Artesano podía hacerlos. Cada año, los mundos alcanbazan los interiores de la civilización o a nuevos miembros del Imperio, y hubo regocijo. El viaje disforme permanecía laborioso en la continua ausencia del Astronomicón, pero Vulkan había ya comenzado un proyecto sobre el mundo de Venlaik para intentar crear una forma de baliza psíquica. Aunque el proyecto terminó en fracaso y en el Año de las Pesadillas siete años más tarde, el hecho es que estaba lo suficientemente confiado como para intentar este proyecto que, aún estando en guerra, demostraba lo seguro y atrincherado que se había vuelto el Imperio de Vulkan.

Hubo varios imperios destacables que fueron traídos al redil de forma relativamente pacífica. Los autodenominados ‘Mundos Pacto’ de Ryza-Catachán eran un conglomerado de seis docenas de sistemas en el sector local directamente alrededor de los dos mundos principales. Fueron relativamente fáciles de sobornar y coercer al redil. A los Tecnosacerdotes ryzanos se les sobornó con Arqueotecnología y la promesa de permitir a las Noosferas de sus Mundos Forja enlazarse con las de otros mundos liberados, permitiéndoles compartir datos. El lado de Catachán de la alianza se unió solo porque vieron poca diferencia entre trabajar con los Tecnosacerdotes, o junto al gran gigante negro de los mitos. Simplemente les gustaba el conflicto.

La Confederación de Justicia fue un poco más difícil de convencer. Eran los remanentes de las Tropas de Desembarco Elysianas, Harakonianas y Varseenias, que a lo largo de los milenios se habían fusionado en una banda de élite de matones pacificadores en la región sur del Segmentum Solar; atacando mundos y navegando aleatoriamente bajo la presunción de que habían elementos ‘subversivos’ entre su población. Cuando los soldados de Vulkan se encontraron a estos hombres en batalla, fue a través de una emboscada. El mundo de Kaniir estaba en el proceso de ser traído al Imperio a través de la firma de un tratado en su capital. Emisarios de uno de los muchos Consejos de Armageddón habían llegado al azotado mundo, resguardados por dos compañías de la Comandancia de los Renacidos de Dorn, ataviados en sus pulidas servoarmaduras.

A mitad de los procedimientos, las barcazas de guerra de los Confederados llegaron y declararon a los Vulkanianos como traidores al original Imperio de Terra, y atacaron a la flota Renacida. Los Confederados estaban superados en número y sus naves estaban poco armadas, y las tropas de Vulkan rápidamente se encaminaron hacia la flota. No obstante, sus naves fueron convertidas a instalaciones de transporte de tropas, y rápidamente desplegaron escuadrones de desembarco sobre el mundo antes de retirarse. La batalla bramó por semanas, y los habilidosos soldados mortales, pese a ser atacados por las FDPs de Kaniir y la fuerza de los Astartes Mark II, resistieron. Kowl, el Comandante de los Renacidos de Dorn, fue citado diciendo:

“Determinados como Puños. ¡Malditos sean, pero no se puede hacer más que admirar su convicción!”

Eventualmente, sus fuerzas fueron rodeadas y capturadas. Se rindieron honorablemente, y felicitaron a los Renacidos por su victoria bien ganada (lo cual, como era de esperarse, descolocó de alguna forma a los Astartes, pues muy raramente habían sido felicitados por sus enemigos). Después de ser interrogados, los detenidos no renunciarían a su mundo natal, afirmando que ‘todos los mundos que nos necesiten serán nuestro mundo, pues el hogar está donde está el honor’.

Como se puede suponer, los cultos Prometheanos en la flota lograron rastrear las estelas disformes de la flota en su retirada (aunque las enmascararon muy bien), y encontraron la ubicación de su base de operaciones; una gran Fortaleza Estelar clase Ramilies, la cual estaba equipada con cuartos adicionales y bio-domos ampollosos que hacían ver a la estación espacial como una gran ciudad de chabolas. Kowl y sus negociantes lograron tener una audiencia con el Lord-Reunitor de las Fuerzas de Desembarco Confederadas, quienes escucharon sus propuestas, y leyeron detenidamente los archivos que probaban que el Imperio de Vulkan era un digno sucesor del Imperio de Terra, el cual había caído hace mucho tiempo.

El Lord-Reunitor escuchó y aceptó todo en paciencia y buen humor, antes de indicar calmadamente que sus hombres se habían infiltrado discretamente en las naves de Vulkan, y que había tomado el control de las baterías de armas y las secciones de ingeniería. Equipos de abordaje y asalto de élite habían entrado en las naves, y los prisioneros dentro habían activado artefactos explosivos dentro de sus celdas, liberándose, antes de ir en la ayuda de los Equipos de Ataque. El Lord-Reunitor, luego de informar a Kowl de esto, pidió a los Renacidos que se rindieran. Kowl gruñó, explicando que sus hombres podían destrozar a sus miserables fuerzas de embarque y retomar las naves en media hora. El Lord Confederado entonces respondió explicando de forma simple:

“Eso es media hora sin poder motivacional o armas, mientras están dentro del alcance de una Fortaleza Estelar totalmente armada. Espero que sus hombres puedan recapturar las naves en menos de media hora; de otro modo sus naves no serán más que basura. Solicito humildemente, en consecuencia, que se rindan, para que no tengamos que asesinar a valientes Astartes.

Kowl no tenía más opción que rendirse ante el General mortal. Se informó a Vulkan de este revés, y desplegó dos flotas de batalla en el área, para localizar y liberar a sus hombres, antes de destruir a su enemigo. En el año que le tomó a esta fuerza ser reunida y desplegada, Kowl y sus hombres estaban apresados, y aprendieron de la cultura de sus enemigos. No eran degenerados o villanos, solo eran soldados quebrados, desesperados por un mando central y una razón para luchar. A donde quiera que hayan mirado en los milenios pasados solo había horror y guerra; los Ophelianos eran asesinos y maníacos, y sus mundos ardían con odio y miseria. Los Marines Espaciales arremetían y reían mientras incendiaban mundos aleatoriamente. Demonios y bestias xenos retorcidas corcoveaban y esparcían su malicia en incontables mundos. Los Confederados habían observado al Imperio de Vulkan, y ellos se rehusaron a creer que un reino así pudiera existir en una galaxia llena de horror. Kowl les explico que sí existía, pero no fue sino hasta que sus hombres se liberaron de sus prisiones y habían tomado el control eficientemente de la Fortaleza Estelar por la fuerza, que el Lord-Reunitor, a regañadientes, hizo caso a sus palabras.

Cuando las flotas gemelas de Vulkan localizaron a la fortaleza entre los remolinos disformes, encontraron que los hombres de Kowl se habían aliado con las Tropas, quienes ávidamente realizaban juramentos al nuevo Imperio, y enviaban delegados a Armageddón para un entrenamiento formal y establecimiento de sus Regimientos Oficiales. A cambio, los empleados y administradores eran enviados a las flotas de las Tropas de Desembarco, para ayudarles a organizar sus nuevos territorios. Los planetas que protegieron pasmosamente de todos los contendientes por siglos, se volvieron su dominio oficial.

El mismo Vulkan parló con el líder del mundo de Secae; un mundo de smog sombrío y canales de lava ardiente y pozos de plasma que alimentaban a su escasa industria. El mundo era casi inservible en casi todo aspecto. Sin embargo, este mundo era un centro de actividad y control conocido de la Orden de Heracles. Esta Orden era un grupo de asesinos temerarios y competentes y espías que portaban la herencia del una vez infame Officio Assassinorum. Vulkan se reunió con asociados velados de la Orden allí, y acordaron no tener como blancos a oficiales de Vulkan a cambio de dejar Secae como su dominio personal, y propiedades sin marcar sobre Armageddón. Vulkan aceptó, pero esto era una tregua incómoda. Las torres sin marcar de los Asesinos eran discretamente espiadas por operativos Imperiales y Salamandras diariamente, pues Secae es una zona prohibida para diplomáticos y cronistas del Gran Periódico (un mega-proyecto periodístico diseñado por expertos del sistema Gathanar para documentar toda la historia del Imperio de Vulkan). Solo pocas personas conocen qué están tramando los agentes de Heracles, y será cubierto en una sección posterior.

Un Imperio humano de casi un Sector de extensión conocido como el ‘Reino de los Patriarcas’ [traducción aproximada] fue encontrado por el Imperio de Vulkan en sus fronteras, cerca del área de influencia Opheliana, pero más allá de su control. Este reino estaba lleno de cientos sobre cientos de mundos productivos, pacíficos y eficientes, repletos de trabajadores y ciudadanos pacíficos y diligentes. No había disturbios, y todos parecían estar felices y contentos; aunque raramente se les veía hablar unos con otros. Cuando los ejércitos de Vulkan llegaron, fueron bienvenidos por la Corte de los Regentes, y al cabo de unos pocos meses después de su llegada, habían firmado tratados y sellado juramentos en sangre y piedra. Sus fábricas y patios de producción eran tan eficientes que siempre poseían un excedente de materiales, con los cuales comerciaban con el Imperio de Vulkan, y proveían de una cantidad masiva de bienes al Imperio en expansión. Incluso pagaban el doble de los Tributos estándar solicitados.

Sin embargo, el Reino de los Patriarcas escondía un terrible secreto. Pues ellos llevaban un legado de corrupción en su misma sangre; todos los hombres eran cultistas Genestealer. Con el abandono de los Genestealers por las Flotas Enjambre hace miles de años, los Cultos simplemente continuaron haciendo aquello para lo que habían nacido; sobrevivir y reproducirse. Todas las demás guaridas de Genestealers fueron eventualmente destruidas con el paso de los años por varios poderes. Pero un culto había sobrevivido. Y, sorprendentemente, sin las Flotas Enjambre, permitieron a los Genestealers florecer. Nadie había visto hasta qué punto una infestación Genestealer podía desarrollarse, hasta entonces.

Habían cientos de Patriarcas gobernando el Imperio dentro de bastiones bien protegidos en el corazón de los Mundos Capitales principales del Imperio. Cada humano era híbrido en cierto grado, incluso las grandes multitudes eran apenas autómatas sonrientes, infestados al nacer con el amor de las bestias bulbosas que gobernaban desde la profundidad de sus mundos. Cada mente estaba enlazada con la temible telepatía de progenie del Patriarca Primal y sus hermanos e hijos. No había disensión u odio entre la gente, pues cada uno se conocía tan bien a sí mismo como a los demás, y todos amaban a los Patriarcas. Como cada mente estaba conectada, creaban mega-proyectos y producían enormes cantidades de material con una rapidez amedrentadora. Aunque nadie había visto ni una vez al Patriarca Primal, se dice que se extendía a una escala increíblemente vasta, hinchado con poder psíquico hasta que su magnífico potencial hizo su presencia visible para el mismo Vulkan.

Si Vulkan sabía de la naturaleza de su nuevo aliado, no deseó mencionarlo a su propio Consejo, quienes solo supieron de ella luego que un lanzamiento orbital estrellara accidentalmente a uno de sus oficiales dentro de los pozos alimenticios subterráneos para los Purasangres. Hubo indignación y un furioso debate entre los gobernadores del Imperio. Las Comandancias estaban divididas en dos opiniones sobre el asunto: algunos deseaban invadir de una vez, otros querían esperar al decreto de Vulkan. Algunos de los gobernadores mortales debatían sobre el asunto con más minuciosidad; se habían convertido en dependientes sobre las exportaciones y los diezmos de este nuevo territorio aliado, para bien o para mal. La humanidad tenía una larga historia de odio por los xenos, pero los Genestealer no tenían una consideración particularmente aterradora entre los consejos de Armageddón; muchos eran demasiado jóvenes para recordar a los Tiránidos como otra de esas razas míticas y monstruosas de los tiempos primordiales (desde su perspectiva); criaturas tan distantes e irrelevantes como los dinosaurios del hace ya tiempo olvidado mundo natal de Terra. De hecho, había huesos de Cárnifexes en varios museos a lo largo de los mundos centrales del Imperio de Vulkan.

Al final, fue Vulkan quien decidió lo que pasaría después; llegó sin previo aviso en las salas del consejo de la Torre de Gobierno sobre el reconstruido Palacio de Hades, flanqueado por sus tunicados Custodios Salamandras, interrumpiendo una reunión política de los Grandes Señores sin cuidado. Les pidió que mostraran indulgencia para con los Cultistas; pues nunca habían hecho la guerra contra él, y su industria era requerida si el Imperio anhelaba enfrentar a los ‘problemas de afuera’ efectivamente. No solo esto, sino que una guerra con el culto dejaría malherido a su naciente Imperio, incluso si ganaban; el culto poseía una gran maquinaria militar de luchadores de élite y equipamiento abundante, apoyados por legiones de Tropas de Choque Purasangre para servir como sus Pretorianos. Vulkan pidió esto a sus consejos, pero nunca emitió una orden. Quería desesperadamente que sus mortales gobernaran su propio Imperio; él no era más que el agente de su supervivencia.

Los Consejos estuvieron de acuerdo. Los cultistas debían permanecer sobre sus mundos, sin embargo; no se cruzarían y/o subvertirían a ningún humano en comunidades no voluntarias. Cada mundo y cada nave mercante que comerciara con el reino debía ejecutar escáneres genéticos para detectar cualquier posible infección. Además, su estatus como híbridos xenos debía ser suprimido y clasificado; los ciudadanos normales no necesitaban saber que eran alienígenas los que suministraban muchos de sus productos. Además, ¿no solían ser los herreros Jokaero quienes fabricaban muchos de los artículos esotéricos del Viejo Imperio?

El por qué de Vulkan defendiendo a los cultistas sigue siendo un tema controvertido. Se cree que él vislumbró la Era de la Alineación, a comienzos del M55, la cual lanzaría a la galaxia en el conflicto más grande en todos los eones de su historia, y vio lo valioso que sería el culto en esta Gran Guerra. Otros afirman que hubo una razón más personal. Se cuenta que Vulkan viajó al corazón del sector del culto, directo al corazón de la Guarida Quitinosa, la ciudad-trono del Patriarca. Se dice que miró directamente a los ojos reptilianos y dorados del Patriarca, y le confrontó, ignorando a los océanos de Genestealers que lo rodeaban silenciosamente. El Patriarca, dicen, prometió a Vulkan un poderoso premio a cambio de una unión. Se dice (a través de su apoderado Magus, quien le permitía hablar como hablan los hombres) que tenía una visión de un mundo de roca pulverizada, y un trono vacío, resguardado por ángeles taciturnos. Había visto que una gran fuerza entró y tomó al inamovible Rey. Había vislumbrado al juggernaut de obsidiana, al mismo Vulkan, ir allí y encontrar la tumba vacía. El Patriarca sabía qué es lo que Vulkan buscaba tan desesperadamente, pero no podía encontrar. Algo que solo el Patriarca conocía.

Pues él sabía quién había robado al León de Calibán desde su sueño inmortal. Y lo que era más, el Patriarca sabía, con toda su potencia psíquica, a dónde lo habían llevado...

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