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Durante diez mil años, el Saqueador se había extendido a través de todo el Segmentum Obscurus, destrozando a cada sistema sucesivamente con sus enormes flotas de bestias caóticas y secuaces leales. Interminables regimientos de Cadianos Oscuros conocidos como los Despojados marchaban bajo los estandartes oscuros de la Aquila Trozada, y mataban a todo aquel que se opusiera al Emperador del Caos sin piedad alguna. Liderando a estos grandes ejércitos estaba la Legión Negra, la cual conformaba un centro duro como un diamante para el gran régimen del Saqueador.

Abaddón forjó un nuevo imperio desde la médula astillada de los dominios Imperiales y reinos xenos en ruinas, aplastando a cada uno y forzando a sus poblaciones quebradas a arrodillarse ante él y sus diabólicas fuerzas. Muchos lo hacían a voluntad, pues aunque el Saqueador era un loco y un carnicero, deseaba gobernar un Imperio poderoso y unificado de oscuridad, en lugar de una ruina destrozada de bandas de guerra errabundas y engendros disformes. Los Mundos Agrícolas eran mejorados con contagios disformes que infestaban sus cultivos y sus bosques, formando grandes masas enmarañadas de manglares come-hombres sobre miles y miles de kilómetros. Los Mundos Forja capturados y Mundos Colmena esclavizados se agitaban produciendo Ingenios Demoníacos de cada vez más insanos y grandiosos diseños, inventados por el Mechanicum Oscuro en los pútridos y envenenados mundos de Lathe y sus forjas vasallas. En algunas de las más ruines y odiosas colmenas, aquellos que trabajaban en las fábricas apenas se dieron cuenta que el viejo Imperio se había ido.

Aún así, mantener al gran Imperio Occidental requería guerras constantes y crueles represalias, pues muchos y poderosos eran los supuestos Vasallos del Saqueador. Khârn el Traidor era una irritación constante para el Señor Oscuro; destrozando mundos aleatoriamente mientras aullaba frustrado al vacío. Abaddón y sus fuerzas aliadas se enfrentaron con partidas de guerra asociadas con Khârn más de cien veces entre el 273.M52, y durante el gran levantamiento del M55, Lord Ulvenial de los Aulladores (una partida de guerra de Caballeros de Hierro caídos quienes debían obligación feudal al Señor Oscuro) estaba casi constantemente en persecución de la Barcaza-Osario del Traidor y sus enloquecidas naves llenas de locos que les perseguían como sabuesos hambrientos lamiendo la sangre derramada dejada como rastro. Ulvenial fue al final brutalmente masacrado durante el Asedio de Mordia, por el mismo Khârn, quién empleó su nave de bronce como ariete, directamente hacia el Gran Crucero de Ulvenial.

Los Portadores de la Palabra, quienes se habían aliado al principio con el Saqueador, habían ganado mucha influencia y poder durante los milenios pasados, y sus Mundos Demoníacos eran los más grandes y más temidos en el Ojo del Terror, según se afirma. Los Portadores de la Palabra eran útiles para Abaddón como oradores y ejecutores de los credos profanos de las dispares facciones del Imperio del Caos. Nunca se pudo alcanzar ningún consenso entre todos los diversos demagogos locos y monstruos babeantes que habitaban dentro de los pozos profundos de estos mundos, o gobernaban desde tronos de obsidiana como Heraldos Oscuros, pero sin importar esto, los Portadores se aseguraban que los disturbios y la insurrección permanecieran como un problema local; Abaddón alentaba los golpes de estado y los levantamientos sangrientos, siempre que no fueran en contra de él. Naves-Altar llenas de Apóstoles Oscuros y sus familiares rondaban por el vacío entre los mundos esclavizados del Imperio del Caos, predicando e invocando demonios en la realidad mientras pasaban. Abaddón prohibía expresamente a las naves con forma de estrella de los Portadores entrar en sistemas donde estuviera cualquiera de sus bases mayores, por miedo a que se deshicieran como con el gran corazón arremolinado de Barbaritan. Barbaritan era una nave demoníaca que colisionó con una estrella y la envenenó, volviéndola de un vil color verde. Todo lo que cayera en ese vórtice de plasma disforme era totalmente destruido: cuerpo, esencia, y alma.

En el 173.M53, los Despojados, junto con una verdadera ola de mercenarios, mutantes y Astartes caídos, conquistaron a la Hermandad del Enjambre Q’orl. El último asedio de sus Mundos Panal natales fue realizado por el gran Rey Demonio arácnido Xexes, otro de los demonios de la Disformidad Abisal (hermano de Valchocht el Creador). La titánica figura arácnida y armada se hundió en los imponentes embudos de la Hermandad Enjambre al suelo, y los demonios y humanos enloquecidos que inundaban el mundo a su paso sobrepasaron al imperio insectoide luego de una amarga campaña de destrucción, que costó billones de vidas en ambos bandos. Terminó cuando su reina fue capturada, e infectada con sangre disforme. Esta plaga inundó sus sistemas y jugos internos, y el hedor feromonal que le permitía controlar a sus zánganos volvió a todo su reino como un vehemente aliado del Imperio Occidental del Caos.

Sobre la luna de Threnbane, una fraternidad de psíquicos había hilado un tapiz en todo el mundo a partir de hilos psíquicos. Sin el Imperio, habían florecido, y sus videntes habían construido este gran edificio empoderado por la Disformidad, el cual usaban para adivinar los futuros capítulos de la historia como una gran orquesta murmurante. Estas olas ondulantes de energía psíquica pronto atrajeron la atención del Saqueador y sus cohortes, pues Abaddón deseaba sobremanera aprender de su propia suerte en el destino del universo. Sin embargo, una gran flota de Guerreros de Hierro cayó sobre el mundo, en alianza con las Bestias de Aniquilación; criaturas unidas a Angron. Los Guerreros de Hierro se determinaron a negarle a Abaddón sus deseos, en venganza por la derrota de su Primarca hace varios miles de años. Cayeron sobre el mundo brujo como oscuros mecanismos de hierro y odio, quemando y disparándole a todo lo que encontraran con una crueldad inmisericorde. Arrancaron hilos, y derrumbaron asentamientos convirtiéndolos en cráteres ennegrecidos. Su Herrero de Guerra, un villano conocido como Kadvein, sonrió sin humor mientras él destruía el nuevo juguete de Abaddón.

Para el momento en que Abaddón llegó con su flota, casi cada hilo del mundo-tejido había sido destruido, y los Guerreros de Hierro estaban totalmente atrincherados en sus grandes bastiones; impermeables a asaltos por tierra u orbitales, y patrullados por los espumantes sabuesos de guerra mestizos de Angron. El asedio, sin importar esto, solo duró unos días. Esto era porque Abaddón, en su sabia paranoia, había instalado a numerosas asesinas Callidus e infiltrados de la Legión Alfa entre la población de Threnbane. En su mando, ellos liberaron cápsulas de virus Devorador de Vida dentro de los bastiones blindados de los Guerreros de Hierro. Contenido dentro de los Escudos de vacío, el virus no dañó a las fuerzas de tierra de Abaddón. Sin embargo, la batalla pronto comenzó en tierra cuando las Bestias de Aniquilación cargaron a la refriega con furia infinita, sus Marines Poseídos ignorando tempestades de fuego y espadas para llegar a las líneas de los Despojados. El Señor Oscuro personalmente talló su camino a través de masas de semi-demonios y Astartes torcidamente mutados mientras pasaba a través del denso follaje de hilos caídos. Finalmente, alcanzó el último enclave de los monjes-psíquicos, y su último Telar Vidente funcional. Antes de destruirlos, exigió conocer su futuro. Nadie sabe qué profecía le habrán impartido al Emperador del Caos, pero pronto él los masacraría a todos, y bombardearía su mundo reduciéndolo a polvo, antes que el Aniquilador Planetario lo destruyera totalmente.

Abaddón empleó agentes demoníacos, topos, bestias Callidus y otros agentes encubiertos para limpiar al Imperio del Caos de ‘hombres buenos y honestos’, quienes eran eliminados con máxima miseria y dolor infligido a ellos. Algunos afirman que los monjes le dijeron a Abaddón sobre quién era quien le mataría finalmente, mientras otros afirman que simplemente le revelaron la pieza final en el gran motor del destino que estaría guiando a la galaxia a un gran clímax. Sea lo que sea, Abaddón se obsesionó con la idea de alterar el resultado predicho en las leyendas.

Si la profecía estaba, en efecto, relacionada con su muerte, tal vez tenía motivos para alarmarse, pues él por muy poco evitó la muerte en varias ocasiones. Lo más cerca que el Señor Oscuro ha estado de ser destruido fue durante el asedio de la Bóveda Némesis; una Fortaleza Inquisitorial ubicada en las fronteras de su expansivo Imperio. La fortaleza era una de las más formidables de su clase, y había sido mantenida en un campo de estasis planetario por casi 10,000 años cuando Abaddón finalmente perturbó a esta reliquia del Viejo Imperio. El mundo altamente avanzado desplegó una Legión Titánica completa, varios equipos de eliminación de los Guardianes de la Muerte, diez regimientos de Tropas de Choque Inquisitoriales, Conventos de Adepta Sororitas y una escuadra completa de Caballeros Grises (uno de los pocos contingentes de Caballeros Grises que no quedaron atrapados sobre la fortaleza inquebrantable de Titán, en el corazón de la prisión del Dragón del Vacío). El gran bastión contenía muchos artefactos oscuros y prohibidos bajo llave permanentemente. El Saqueador y sus aliados los deseaban, y logró persuadir a muchas cientas de facciones del Caos divergentes a aterrizar sobre el mundo. Bestias con cabeza de carnero y oleadas de mutantes de la Hermandad de los Infames, los inmensos Caballeros-Demonio de Securilan, cientos de Aquelarres de Vampiros de monstruos poseídos, una fuerza de un billón de zombis plagados, enviados al combate por la Guardia de la Muerte bajo la mirada silenciosa de Typhus, mutantes bárbaros mitad-escarabajo y enjambres escafílidos, máquinas de guerra y motores demoníacos de Lathe, Despojadores, Guerreros Dragón, Kol Badar y su ejército personal, y finalmente, el gran ejército Imperial de los Despojados y sus legiones subordinadas de soldados mortales retorcidos.

Los cielos ardían y los muros se derretían, y estas grandes fuerzas en conjunto bombardeaban e invadían como una sola masa discordante. Abaddón intentó forzar algo de orden sobre ellos, pero el Caos es lo que el Caos hace, y era anarquía total. Esto, irónicamente, jugaba a la ventaja de las fuerzas del Lord Inquisidor que comandaba las Bóvedas, pues las partidas de guerra luchaban unas contra otras, tanto como contra los defensores. En un esfuerzo de traer el orden a la locura, el Saqueador llevó al Espíritu Vengativo más cerca del mundo, como un símbolo visual de su continua presencia.

Esto fue un error. Tan pronto como su nave entró en órbita baja, los últimos de los láseres de defensa orbital dispararon simultáneamente a la nave, apagando sus escudos por cinco segundos, antes que se recargaran. Esto era todo lo que se necesitaba, pues en ese instante, los Caballeros Grises se teleportaron a bordo. Atacaron los reactores primero, y la Legión Negra destinada allí apenas pudo prevenir que dejaran a los motores en estado crítico. Sin importar esto, los generadores perdieron poder, para mucha furia de Abaddón. Reuniendo a sus más temerarios Escogidos a su alrededor, cargó para destrozar a los necios que pensaban en negarle su premio. Los Caballeros Grises estaban esperando. Diez vislumbrantes Exterminadores cayeron sobre los Escogidos y los Despojados que arremetieron para ayudarles. El líder de los Caballeros Grises era un ser de leyendas épicas; el Hermano-Capitán Stern, hace tiempo pensado perdido, se elevó ante Abaddón, dentro de una enorme máquina de batalla Servoterror Némesis. El campeón de Abaddón, el Príncipe Demonio Belpharoc, rebuznaba en odio y espanto mientras se lanzaba al combate contra la descomunal máquina de guerra y su sagrado ocupante. Dos gigantes colisionaron en la luz arrojada por un reactor de plasma moribundo; garras demoníacas contra Mandoble Némesis, Cañón Kai contra Psilenciador. La esgrima se convirtió en lucha, y luego en golpes frenéticos. Al final, Stern partió al demonio en dos con un único golpe de su mandoble, antes de obliterar al cuerpo con rondas de luz psíquica que emergían desde sus ojos como un faro sagrado.

Abaddón dio un paso atrás ante el gigantesco dios de la guerra plateado, quien bramó las 666 letanías mientras procedía a ayudar en el asesinato del resto de los Escogidos. Abaddón luchaba solo ahora, asesinando a cada Exterminador con cada vez mayor dificultad. Sus runas demoníacas ardían en protesta mientras su espada se agitaba con odio y terror mientras sentía al holocausto construirse.

“¡Tu mundo está muerto, bastardo caído de los lomos de mi padre! Tu Imperio fue derrocado al abismo. ¡Estás solo en la galaxia! ¡Ahora no eres nada!” Abaddón gritó desafiante, mientras se preparaba para luchar su última batalla. Un disparo de psilenciador golpeó su casco, y tiró su cabeza hacia atrás, desatando su extravagante moño de su trenza de púas en la parte superior de su cráneo. La sangre espumaba de su boca, y él cayó hacia atrás.

Stern avanzó, sonriendo sombríamente mientras se quitaba su yelmo. “Mis hermanos sobreviven en mí. ¡El Emperador está vengado por mí! ¡El bastardo de Horus está castigado por mí!” bramó, levantando su espada.

Un disparo láser golpeó su cabeza desprotegida. Y otro, seguido de otro. La cabeza de Stern fue quebrada por los mordaces disparos, y su concentración se perdió. En sus moribundos ademanes, un gran impacto de luz blanca erupcionó desde Stern mientras su Servoterror simplemente caía al piso. El contragolpe psíquico aturdió a los Exterminadores, y los demonios unidos dentro del Espíritu Vengativo aprovecharon la oportunidad de derrotar a sus odiados enemigos. Zarcillos y monstruosos esfínteres aceitosos se cerraron sobre los retadores, quienes murieron en la lucha, uno tras otro.

Abaddón se levantó del suelo, y observó atentamente al estremecido soldado Despojado, quien bajó su Rifle Láser humeante de forma vacilante. Abaddón, por primera vez en siglos, esbozó una sonrisa siniestra. Se dice que cuando está en el campo de batalla, Abaddón está ahora acompañado de un Servoterror gigantesco, atado y desacralizado por el mayor de los Mechanicum Oscuros, y pilotado por un hombre mortal, unido a la máquina por discípulos de Fabius Bilis de tal forma que cada muerte infligida por la máquina envía un escalofrío de placer puro a la espina dorsal del leal Cadiano Despojado; un grandioso y repugnante regalo por salvar la vida del Señor Oscuro.

La Bóveda Némesis fue atravesada luego de media década de furioso asedio. Los defensores fueron derrotados luego de morir de inanición, o ser envenenados por las plagas y elixires nauseabundos de Typhus, ‘limpiándolos’ y convirtiéndolos en monstruos rastreros. Los artefactos dentro fueron disputados por las fuerzas convocadas, y sobrevino un furioso combate naval. Algunos dicen que el mayor artefacto en la bóveda no era un artefacto del Caos, sino que una gran espada xeno, la cual se desvaneció tan pronto como el campo de estasis fuera desactivado. Otros dicen que fue robado por agentes del Culto Heracles o por los Hijos de Magnus. Nadie puede estar seguro.

El Imperio del Caos encontró enemigos tanto dentro como fuera, cuando los Mundos Angélicos comenzaron a brotar en algunas áreas, y entonces hombres especialmente creados, unidos con demonios y armas profanadas, eran enviados para limpiar a esos mundos y destruir a sus Arcángeles. Estas bandas de guerra poseídas de élite fueron conocidas como los Blasphematii, y se moldearon en una burla irónica de la casi extinta Orden de los Caballeros Grises. No solo esto, sino que el Imperio de Vulkan y los mestizos de Huron Blackheart presionaron contra sus regiones fronterizas. Y, con un progreso casi imperceptible, los sellos alrededor del Sistema Solar comenzaban a desmoronarse, como viejos hilos en una cuerda alquitranada...

El peor de los enemigos de Abaddón permanecería como un elemento elusivo por varios milenios, no obstante. El Wulfen-Alfa y sus frenéticos e inhumanos Fenryka que seguían a la bestia destruyeron ejércitos y masacraron mundos en el corazón del Ojo del Terror, y parecían expandir su influencia mientras Abaddón dejaba el Ojo, como si le estuvieran persiguiendo a él y a sus fuerzas. Todos los esfuerzos por cazar a esta bestia invisible terminaban en fracaso, y aquellos Acechadores Malatek y asesinos enviados ante el Rey-Wulfen nunca regresaban. Se cree que es cierto tipo de demonio-lobo del Ojo, invocado y unido por Lorgar para enervar a Abaddón.

Sin embargo, la verdad vendría algún tiempo después, cuando los hilos de la eternidad tiraran más fuerte unos con otros, y el verdadero conflicto se volviera perturbadoramente aparente.

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