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Durante los años de apertura de la Segunda Era de los Conflictos, los Orkos como raza lucharon contra su némesis, el Nuevo Devorador, y al hacerlo fueron destruidos en esta titánica lucha la cual se desencadenó en cientos de sectores. A pesar de que no habían sido conscientes de ello, sus acciones habían salvado inadvertidamente a la galaxia entera del Nuevo Devorador. Aunque su guerra había sido inútil, había retrasado a la amenaza híbrida Orko-Tiránida, la cual eventualmente se encontró dirigiéndose lejos de la galaxia para luchar contra alguna fuerza invisible más allá. En medio de los horrores de esta era de lucha, la gente se atrevió a esperar que tal vez los Orkos se habían extinguido a sí mismos en esta gran conflagración.

La audacia de la esperanza fue fácilmente aplastada, pues los Orkos sobrevivieron.

Diminutas esporas y hélices fúngicas fueron dejadas atrás sobre los millones de Mundos Orkos abandonados. No obstante, tomaría varios miles de años antes que las esporas pudieran recuperarse totalmente, y esparcirse como una plaga bacteriana a través de la espesura y la materia orgánica que floreció en sus antiguos mundos. Uno de estos planetas era el mundo de Lexin Fidorich. Los humanos allí habían llegado desde la Tecnocracia Feudal cercana conocida como Shunter-beerne, quien había capturado con impaciencia este mundo cercano, el cual era imposiblemente fecundo y fértil. Para el M52, Lexin era un mundo floreciente de diversos ambientes dominados por la estéril ciencia de cultivos de los humanos cibernéticos quienes tendían este verdadero jardín. Sin embargo, pronto los Altos Señores Feudales de Shunter-beerne encontrarían sus bosques y arboledas infestadas con extrañas bestias rojas con colmillos feos y una actitud beligerante. Esto era intolerable, y varios constructos guardabosques de largas extremidades limpiaron los biomas de estas bestias con armas de fuego y llamas.

Esto era un error. Pequeñas criaturas verdes comenzaron a aparecer entre los árboles. Observaban y se escurrían por el bosque. Ocasionalmente, secuestraban niños o causaban incendios, y robaban cantidades inmensas de láminas de metal y cortaban secciones de madera. Otra vez, las grandes máquinas mataron a la gran mayoría; no a todos. Aquellos que nacían posteriormente llenaban el vacío de los caídos, y comenzaron la construcción de sus crudos asentamientos.

Al cabo de una década, bandas de guerra salvajes vagaban por todo el planeta. Las tranquilas ciudades de vidrio eran destrozadas por el paso de cientas de bestias Garrapatos, y las toscas armas de fuego de sus jinetes. A través de los ahora infestados bosques, un antiguo grito no oído en milenios resonaba; ¡Waaagh!

Se desplegaron construcciones más y más poderosas sobre la superficie por los Shunters, con armas mucho más mortíferas, pero esto solo aceleraba el avance de sus enemigos. Pronto, tuvieron que abandonar el planeta. No poseían armamento para realizar algo parecido a un Exterminatus, por lo que no fueron capaces de prevenir la propagación de los Orkos Zalvajes.

Esta historia se repitió en docenas de sectores a través de la galaxia, seguido de cientos sobre cientos luego de esto. En particular, los Orkos Zalvajes tendían a prosperar solo en la cúspide de las diversas luchas interinas que estaban en curso a través de la galaxia; había una cantidad considerable de Orkos Zalvajes en la frontera de Gran Sicarium y los Kasars, así como en el espacio no litigado entre los Thexianos y los T'au, y en las fronteras del espacio del Torbellino. Una de las hermandades de Demiurgos (El Colectivo de Hashut) incluso comenzó a esclavizar Orkos Zalvajes para usarlos en su cisma contra las Hermandades rivales. Como una galaxia destrozada no tenía alguna autoridad singular que reconociera esta fuerza constituyente, cada facción menor asumía que eran amenazas localizadas y apenas las contenían.

Sin embargo, estas bandas salvajes de bárbaros no era más que pequeños copos de nieve antes de una avalancha. Al término del 52° Milenio, habían señales a través de la galaxia. Los Orkos Zalvajes eran dirigidos en un ataque de locura profética, y los Eztrambótikoz cantaban y balbuceaban enloquecidos. Algo revolvía a la Disformidad, y los poderes se realineaban, pues ellos podían sentir qué es lo que regresaba.

Los Orkos estaban regresando. Pero no eran simples Orkos…

Comenzó en el planeta de Galgoroth, un rico Mundo Minero que contaba con la protección de una coalición de xenos menores y enclaves humanos. El año era 999.M52, y el mundo informó de tormentas disformes temerarias: las mayores vistas desde sus registros en el M50 (en la práctica, sus registros no habían comenzado hasta el M50, durante su fundación). Fue entonces cuando detectaron que un pecio espacial se había transportado al sistema, un Pecio conocido como Ruina de San Jollepur.

Su Administrador, el Gobernador-Director no estaba contento. Los pecios eran guaridas donde xenos menores (¿quizás incluso una banda aislada u Orkos Zalvajes que lograron sobrevivir en la Disformidad sobre el pecio?) y piratas infestaban las repulsivas amalgamas de naves y asteroides. Él había experimentado pecios a la deriva mientras estaba en otro mundo central hace siglos, y no le gustaba lo que prometían. Las FDPs del mundo, así como los sistemas de naves tendrían que ser desviados de guardar a su planeta de amenazas reales, para limpiar la escoria degenerada que seguramente estaba agazapada dentro de sus embrujadas profundidades.

Así que, de mala gana, desató a su gran flota para combatir con el casco de su breve incursión en área local de su planeta. Su flota estaba compuesta de viejos cruceros T'au producidos en masa, re-arreglados para uso humano, naves Vulkanianas comerciadas con ese Imperio humano, y algunos antiguos Cruceros de Marte entre su diversa y letal armada. A bordo de las naves de transporte. apoyaban Soldados-Siervos de Krieg, Kroot y mercenarios Fremen contratados por la Corporación de Galgoroth, además de una Compañía Libre de Astartes de los Halcones de Obsidiana, así como mucha de la FDP local que pudo permitirse para enviar.

Eventualmente, su flota alcanzó al pecio. Los escáneres iniciales e inteligencia reunida por la flota mostraron que el pecio no era como ninguno que hubieran visto antes. No era una masa de ruinas con armamento a la deriva en el espacio; era una nave de guerra. Una armadura robusta y uniforme cubría sus colosales flancos, además de miles de filas de enormes baterías de armas y emplazamientos de fuego. Y sobresaliendo de sus aletas laterales selacimorfas, habían grandes espolones y torres, desde donde parecía que una flota entera estuviera en el muelle. Allí fue donde los disparos comenzaron, y se perdió la comunicación con Galgoroth. Los cielos estaban en llamas mientras la batalla se volvía furiosa por casi tres días. Varias naves fueron voladas en pedazos, o tiradas por rayos tractores y proyectiles altamente explosivos, así como armamento más arcano y extraño desplegado por este nuevo enemigo. Los soldados enemigos fueron teleportados directamente en naves enemigas, y procedieron a masacrar a todos con eficiencia extrema, con apenas un gruñido sonoro escapando de los labios de sus verdugos mientras mataban.

Solo un puñado de naves regresó al mundo minero, incluyendo al totalmente despedazado Crucero de Ataque de los Halcones de Obsidiana. Su líder, el Capitán Eregious, inmediatamente desplegó a una de sus escuadras sobre la superficie de Galgoroth. El Gobernador exigió saber qué les había atacado. ¿Eran xenos? ¿Piratas? ¿Marines enemigos? ¿Orkos?

Eregious respondió con una simple frase: “Esos no son Orkos...”

Su escuadra atacó e irrumpió hacia las bóvedas de tesoros del mundo, asegurando su pago antes de regresar a su Crucero. Eregious se rehusó a quedarse y defender el mundo, pues deseaba preservar a sus hermanos. Pues el enemigo ante ellos era demasiado poderoso y numeroso para derrotar; no con los recursos agotados.

Así, los Galgorothanenses esperaron y fortificaron su planeta mientras las abultadas y bien construidas naves de guerra del enemigo se lanzaban sobre ellos. Sus Cruceros Asesinos y enormes barcazas de guerra del enemigo despacharon con facilidad a las Naves de Defensa del sistema, y desplegaron sus fuerzas de tierra luego de un bombardeo sobre todos los centros de resistencia militar. Fábricas del tamaño de ciudades fueron desplegadas directamente sobre el planeta, y comenzaron a trabajar tan pronto como impactaban con el suelo con un resonar tormentoso que hacía eco en las mismas montañas. Los pocos focos de resistencia restantes lidiaron con figuras pesadamente armadas que se lanzaban justo en el corazón de sus líneas de batalla, avanzando desde portales disformes con facilidad. Portaban armas como bólteres, pero mucho más destructivas, junto con armas más extrañas, como un dispositivo que no teleportaba gretchins, sino ojivas de plasma en miniatura dentro de los cuerpos de sus oponentes. Luego de apenas dos días, el planeta estaba conquistado, y aquellos humanos no asesinados en los bombardeos fueron detenidos y utilizados como mano de obra esclava en los distritos mineros, los cuales fueron ampliados y mejorados por el misterioso enemigo, quien desplegaba excavadoras del tamaño de titanes y máquinas caminantes para extraer y cargar grandes cantidades de materia prima para las cientas de fábricas desplegadas por las bestias orbitales.

Esta fue la primera probada de la galaxia de esta nueva raza pielverde. Al menos diez Pecios fueron reportados con modificaciones similares, pero este primero permanece como el más grande de este nuevo fenómeno. Estas criaturas no se denominan a sí mismas como Orkos, sino que en su lugar se hacen llamar ‘Guerra’, o como máximo ‘la Guerra de los Krork. Pocas personas han podido atravesar los escondites armados de los Pecios-Guerreros, pero se afirma que los Krorks son de hecho los comandantes y fuerza directora detrás de esta nueva raza de Orko de élite. Se teoriza que estas nuevas criaturas son, de hecho, Gretchins modificados, alterados para ser tácticos y maquinadores más allá del alcance de las razas más grandes; debe señalarse que no se han avistado pielesverdes más pequeños dentro de las huestes guerreras de ‘la Guerra’. El quién manipuló o rehizo a estas criaturas inteligentes ha permanecido como un misterio por varios milenios, durante la era de los destinos entrecruzados, pero vamos a llegar a eso en su momento...

Los guerreros de los Krork son una destilación y perfeccionamiento de conceptos orkoides previos y habilidades naturales. Cada guerrero porta una servoarmadura flexible, la cual captura las esporas liberadas por ellos y las sella en frascos ignífugos dentro de las armaduras. Estos frascos son recolectados luego de la batalla, y son llevados a los centros de manufactura o a sus pecios, y docenas de nuevos Orkos son engendrados, o las esporas son cuidadosamente cultivadas y esparcidas sobre mundos consideraros perfectos para la formación de Orkos. Sus servoarmaduras además mejoran en gran medida la fuerza de los Orkos, y son lo suficientemente flexibles para expandirse a igual proporción que el Orko que la lleva.

Cada soldado Orko es primero forzado a pelear contra cientos de sus camaradas dentro de los Pecios Guerreros, y esto hacía crecer a cada bestia a una gran escala. Muchos eran incluso más altos que un guerrero Astartes cuando ya eran capaces de construir su propia armadura y armamento, con cada Orko conociendo instintivamente cómo construir, inconscientemente fabricando sus equipos de acuerdo a las especificaciones exactas de la autoridad mayor, adaptando su armamento para ser optimizado ante cualquier campo de batalla en el que puedan encontrarse.

Aunque los invisibles ‘Zezudoz’ de las numerosas huestes nunca eran vistos en el campo de batalla, poderosos Kaudillos dirigían los ejércitos de cada Pecio, y eran tácticos brillantes, pues su tamaño les hacía naturalmente más inteligentes, con cada guerra haciéndolos más eficientes y más inteligentes. Cada Pecio, aunque estuvieran separados por años luz, tenían ciertos medios de comunicación psíquica con los demás, debido ya sea al poder psíquico de sus Zezudoz, o su manipulación de Orkos psíquicos ubicados sobre tronos de lectura disforme modificados a modo de red telepática.

No hace falta decir que estas huestes Krork se esparcieron rápidamente, y crearon numerosos y enormes imperios. Los sedientos Caballeros Sangrientos de Baal lucharon hasta un punto muerto en torno a la puerta disforme Juerelliana por los Krork, negándoles su preciado mundo de mortales al cual contaminar y entonces secar de su sangre para calmar la Rabia Negra. Un destacamento compuesto de dos Comandancias completas debió ser desplegado para desviar a una Armada de Krork que había logrado dañar los suministros logísticos en docenas de sistemas de Vulkan. Esta guerra fue conocida como la Guerra de la Venganza Renovada, y eventualmente las fuerzas de Vulkan (solo luego del sacrificio del legendario héroe, el Lord Capitán Hexatrin de la Comandancia de las Panteras Silentes) prevalecieron, pero los Krork no pudieron ser derrotados finalmente, pues dividieron su flota y comenzaron una campaña de guerrillas la cual duró por quinientos años. Se lucharon numerosas batallas y guerras contra Krorks a través de los Imperios Occidental y Oriental del Caos, y ambas facciones perdieron docenas de mundos ante los disciplinados invasores. Abaddón logró derrotar a una fuerza Krork utilizando el impresionante poder de fuego del Aniquilador Planetario para destruir a un Pecio Guerrero, el cual parecía el único método para dañar permanentemente a una Armada Krork.

Los Krork, sorprendentemente, tenían un odio especial hacia sus hermanos Orkos Zalvajes, y a menudo aceleraban asteroides sobre planetas infestados por ellos, o realizaban un esfuerzo especial en exterminar a toda la población de pielesverdes salvajes en tierra, antes de quemar las montañas de cadáveres.

Los Krork eran una amenaza a todas las facciones, pues parecía que se declaraban a sí mismos una guerra contra todos los elementos de la galaxia. Desde los Mundos Angélicos del Padre Estelar, hasta las ruinas golpeadas de la Vigía Destrozada y sus oseófagos, los Krorks eran oponentes temerarios. En particular, parecían perder algo de su frío comportamiento al luchar contra Necrones. En algún nivel instintivo, sabían cuál era su arcana función, pues estaba codificada en cada fibra de su carne, verde y forjada por la guerra.

No fue sino hasta la infame Alianza de la Franja, que incluso la noción de concordancia con otros hijos de la galaxia les ocurrió a ellos.

Su fe era desconocida. Todo lo que el mundo a la larga pudo descifrar de su brutal y complejo lenguaje, hablaba de ‘la espera de los dos, las facetas del soporte de los dioses’. Algunos afirmaron, en aquellos años, que estaban refiriéndose a sus dioses ancestros primitivos, Gorko y Morko.

Desgraciadamente, no era tan simple. La verdadera relevancia de su credo no se volvería evidente hasta que fuera demasiado tarde para detener lo que había sido comenzado. Pero este conflicto será documentado en una sección posterior, una vez estas crónicas hayan sido adecuadamente reforzadas para soportar la narración de la historia del Nex- [ARCHIVO CORRUPTO. CARGANDO ARCHIVOS DE RESPALDO]

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