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Sería una negligencia en esta historia ignorar uno de los principales motores a lo largo de la Guerra Eterna. Para el cierre de la Segunda Era de los Conflictos, para un observador externo, la raza Eldar habría parecido completamente extinta, salvo por las últimas brasas ardientes. De hecho, muchos de los gigantescos Mundos Astronave no eran más que naves fantasma, retumbando en silencio con las almas de los innumerables Eldar muertos, asesinados en la tarea imposible de despertar a su Dios de los Muertos, mientras otros eran víctimas de los grandes Imperios del Caos y levantamientos Necrones en el ascenso a lo largo de los tiempos más oscuros. De los Eldar de Mundos Astronave, solo Biel-Tan permanecía activo y desafiante, atrayendo a aquellos pocos proscritos y renegados de su raza hacia ellos, y forjando un imperio moderado de mundos (aunque éstos estaban dispersos por toda la galaxia, haciendo así a su imperio imposiblemente difuso y muy complicado de notar).

Sin embargo, éste no era más que un fragmento de la raza Eldar en total. Pues, corriendo a través de las venas de la Telaraña como alquitrán negro yacía un reino que nunca se detuvo, y nunca se arrepintió de sus acciones.

Commorragh. La Segunda Era de los Conflictos tenía un nombre diferente en la Ciudad Oscura del Pecado. Había sido considerada una era dorada. Con la caída del Imperio, todo el orden se desvaneció y colapsó. Mundos una vez seguros en la galaxia estaban ahora desamparados ante la Raza Oscura y sus ladrones de almas. Los mundos eran repetidamente desbaratados por las Cábalas de Eldars Oscuros. Almas esclavas y gritos torturados llenaban la Ciudad Oscura en un gran tumulto. Pero a pesar de toda su prosperidad, la fuga en sus propias almas gangrenosas creció demasiado. Sus incursiones eran cada vez más frecuentes mientras el arrollador abrazo de Slaanesh los presionaba, mientras su poder crecía en la anarquía de toda la galaxia.

Los Eldars Oscuros continuaron haciendo lo que siempre habían hecho, conducidos por la locura, la malicia y una maldad absoluta. Continuaron conspirando unos contra otros, y los pozos de lucha siempre estaban llenos con los alaridos de los malditos y los moribundos. Y en el centro de todo esto, estaba Vect. El Líder de Commorragh, quien no obstante, estaba totalmente loco. Uno de los seres más antiguos vivos, la vida del Señor Oscuro estaba más allá de su habilidad para rejuvenecer su alma; millones y millones de esclavos y secuaces debían perecer cada día para evitar que su alma fuera desecada como bilis bajo la lluvia. Se volvía desesperado e incluso más peligroso mientras su cordura lo abandonaba. Al principio, esta manía era solo un engaño; un cebo para atraer a conspiradores contra su posición. Pero luego de miles de años, el engaño se hizo verdad, y Asdrúbael Vect se volvía algo mucho peor que un monstruo y un Tirano para los Eldars Oscuros; se convirtió en una obligación y una amenaza para todos los Arcontes.

Las Cábalas que no le llevaban suficientes almas eran destruidas cuando entraban al Puerto de las Almas Perdidas, y sus ruinas eran recogidas por los Arcontes, resecos y rivales por igual. Sus castigos por ofensas o amenazas percibidas hacia él eran brutales incluso para sus propios estándares. Algunos Arcontes eran descuartizados en mil piezas, vueltos a crecer a través de los océanos de agonía generados por los Hemónculos, y cada uno era entonces masacrado y torturado, antes de ser depositados sobre Mundos Demoníacos de Slaanesh.

No obstante, había una Arconte que podía esperar impugnar la atrincherada posición de Vect: Lady Aurelia Malys. Cábalas contrariadas acudieron a su estandarte en secreto, y las antiguas Casas Nobles se arrastraron a su trono con tributos de gritos enjaulados de miles de millones de infantes lamentosos y los corazones de toda una raza extinguida en su nombre. Y no eran sólo ellos los que tenían sus oídos. Se rumorea que los Arlequines iban secretamente a sus cámaras, y realizaban sus danzas secretas que nadie más conocía. Secretos y profecías y palabras pronunciadas sólo una vez y nunca más pronunciadas en todas las incontables eones de existencia antes ni después. (Los rumores de sombras con espadas que descendían sobre mundos asaltados por las fuerzas del Portador de la Noche durante las campañas orientales quizás no eran tan implausibles como se creía, pero eso es otra historia…).

Pero el Señor Oscuro no estaba sin sus propios aliados; sus sicofantes y aquellos Eldar que realmente deseaban ver que el mundo enfermara y la miseria reinara, simplemente para ver qué pasaba, y cómo podía ser reconstruido de una vil forma a su propia elección. En cada nivel de la retorica Jerarquía de Commorragh, una nueva división se estaba gestando, en medio de los diversos y polifacéticos feudos y la ambición que era normal e incluso incentivada a través del retorcido reino.

Por supuesto, para la galaxia exterior, esta era una guerra invisible, pero no imperceptible. Los Eldars Oscuros estaban reproduciéndose a una escala sin precedentes, y los Hemónculos se regocijaban en que podrían poseer más forraje para sus laboratorios. Se liberaron millones de Atormentados por toda la galaxia, y nadie podía comprender qué eran estas cosas malformadas, o por qué torturaban, violaban y se destruían tan desesperadamente. Las incursiones se volvieron más frecuentes, mientras el material crudo que creaba la roca madre de Commorragh estaba en mayor demanda.

Mientras la ambición se gestaba dentro de la Ciudad Oscura, el resto de la raza Eldar no estaba inactiva. Biel-Tan se enfrascaba en una guerra contra el Imperio Oriental del Caos. El reino de renegados y bandidos era enorme, bordeando tanto el Imperio de Vulkan como los dominios occidentales del mismo Abaddón. Sin embargo, era una bestia engorrosa, con poco orden más allá de las grandes flotas de Huron Blackheart, el corazón podrido del Imperio. Esta guerra era, predominantemente, un conflicto naval, mientras los Eldar sopesaban su inferioridad numérica utilizando sus Joyas Espirituales para guiar y controlar la inmensa cantidad de flotas huérfanas de Mundos Astronave, reforzando considerablemente a los números disponibles para Yriel. Él era un genio en la guerra en el vacío, sin embargo, Huron, a pesar de su edad y su creciente corrupción caótica, era también un maestro de las flotas.

Hubo demasiadas acciones navales, dispersas en siglos sobre siglos, para documentarlas aquí completamente. Pero Yriel era una amenaza persistente y una molestia para Huron. Sus naves eran rápidas como una flecha y solo luchaban en batallas cuando no tenían otra opción. La mayor parte de las veces, evitaba a las grandes armadas Corsarias. Cuando atacaba, era mientras las fuerzas de Huron estaban ocupadas en otras guerras contra Imperios Secundarios o contra Abaddón y sus Legiones, o contra las Comandancias de Vulkan. Allí donde Huron era más débil, Yriel golpeaba. Es testimonio de la habilidad de Huron y sus tenientes que estas batallas eran raramente unilaterales; siempre tenían medios para responder a los Eldar. De hecho, el susurro familiar de Huron le advertía de amenazas entrantes antes que llegaran.

Una de estas batallas fue en el sistema de Maniforge, donde Yriel estuvo a punto de ser destruido. El mundo era un Mundo Forja del Mechanicum Oscuro; un mundo infestado con la plaga del Arrasador hasta su mismo núcleo. Las naves de Huron, cojeando de vuelta a un puerto aliado después de una fallida campaña contra el Bastión de Plomo, uno de los mundos centrales de Gran Sicarium, fueron atacadas por Acechadores de Vacío escondidos de Yriel, cruceros y naves de Hueso Espectral mientras emergían en la realidad. Como dagas a través de la seda, los Eldar entablaron combate contra las caóticas naves al cabo de algunas horas. Pero Huron había escogido a Maniforge por una razón muy particular. Había hecho un pacto con la Entidad Profunda conocida como Valchocht el Creador, el Devastador de Terra, Señor del contagio de Arrasador. A este Gran Demonio se le concedió toda Maniforge, así como los sacrificios santificados de doscientos Corsarios Rojos traicionados. Pero lo que realmente había sellado el pacto era la promesa de brillantes almas Eldar para devorar. Los Eldar ya eran muy raros, y esto complacería a Valchocht al denegarle al joven y advenedizo Slaanesh algunas de sus delicias de premio. Cuando Yriel destruyó a la primera oleada de naves caóticas, Huron selló el trato, y Maniforge se abrió. Valchocht y su calaña eran demonios de la Disformidad Abisal, antiguos y enormes más allá de la imaginación. Cuando renació sobre el plano de la carne, poseyó corporalmente a todos los casos de las naves a la vez. Enredaderas de carne demoníaca sulfurosa y tecnologías agitadas fluyeron entre las ruinas, entrelazándose dentro de un behemoth tan colosal como un fuerte estelar. Huron llegó horas después, y la batalla de Maniforge comenzó de nuevo. Ambos bandos estaban embrutecidos y agotados, y ninguna nave había escapado indemne. La nave insignia de Yriel fue casi consumida por una fauce de un Gran Destructor de largo que se impulsó desde la carne y acero robados de Valchocht, pero un pilotaje hábil y la Lanza del Crepúsculo le salvaron de este final.

Otro enfrentamiento en esta larga guerra llevó a los dos enemigos a ser casi destruidos por una tercera fuerza, cuando fueron encalmados en la Disformidad Muerta alrededor del Mundo Angélico de Zone. Sus motores fallaron y sus tripulaciones se volvían flemáticas y debilitadas, pues la fría influencia del perfectamente simétrico mundo del orden y la obediencia se propagaba como un vil halo. Afortunadamente, lograron reparar sus naves justo cuando sus sensores detectaron a los grandes piñones plateados de Ángeles del Padre Estelar, quienes llegaban para tomar sus espíritus y esclavizar sus mentes. Biel-Tan nunca se inclinaría.

Las tumbas que fueron una vez los Mundos Astronave hacían eco con los sonidos de escaramuzas y violencia. Bandas de saqueadores y piratas intentaban desbaratar estas antiguas naves por sus tecnologías escondidas y los secretos que yacían dentro de ellas. A menudo aprendían demasiado tarde que los Arlequines en sus capas multicoloridas todavía defendían los sepulcros de su estirpe. Aún así, un Mundo Astronave tras otro fue saqueado por una gran fuerza, la cual pudo evadir fácilmente a los defensores. No causaron ningún daño, y solo se llevaron una cosa; cada Mundo Astronave encontraba que sus Avatares desaparecían. Solo quedaban sangrientos ofrecimientos y Joyas Espirituales rotas marcando sus pasos.

Cuando la guerra de Commorragh finalmente comenzó, fue una carnicería (la cual será cubierta posteriormente). Sin embargo, ambos rivales encontrarían que una guerra mucho mayor había llegado a la galaxia, y por primera vez, no podrían esconderse, pues venía por ellos. El alcance total de esta guerra se pondrá de manifiesto en las secciones posteriores, pero los Eldars Oscuros experimentaron la primera muestra real de este conflicto cuando el gran Dios Chacal comenzara en serio, su guerra sobre la Telaraña. Aunque el Embaucador tenía poco poder aquí, esta mayor guerra comenzaría a despertar a sus aliados más... esotéricos de su inactividad/prisión/destierro. El Ophilim-Kiasoz, aquel gran terror desconocido, tenía dimensiones que bisecaban la Telaraña en algunos sectores. Lo que es más, tenía aliados entre los mismos Eldars Oscuros; criaturas que se habían unido a sí mismos a la anomalía a través de medios que los mortales no están hechos para saber.

La Raza Oscura lucharía en la guerra por la existencia, en la negrura de la Trampa de la Mandrágora, o ellos también perecerían.

Y por supuesto, todos los Eldar comenzaron a temer y despreciar a aquello que se alzaba desde los Mundos Ancestrales, liderados por el mestizo rechazado, cuyo nombre era dos veces antagonista: Ysgar Oppugnant. Aquellos Eldar que eran los favoritos de la Disformidad Abisal, y regresaban para beber de la caída de la carne y el ascenso del exceso. Los Eldar del Caos, quienes intentarían traer a la galaxia de rodillas, a la cabeza de los imposibles Draziin-matas, quienes se reunieron para el Fin.

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