FANDOM


[Crónica Pausada]

[Crónica Reanudada]

[Archivos colapsando. ¡Emergencia! ¡Emergencia!]

[Señal de vídeo: Estantes y bóvedas de Hueso Espectral cayéndose a polvo, mientras se retuercen luces blancas y anomalías multicoloridas entre ellas. Criaturas de múltiples extremidades atacan a tropas de choque de Revelación (ref. cruz.: Fenryka/Adeptus/Legio Custodes/Caballeros Grises. Incluye múltiples composiciones desconocidas)]

[Audio: Distorsión de audio no identificada en todo el espectro. Sonidos de disparos y descargas de Cañón de Distorsión ocurriendo entre la grabación]

[Señal de vídeo: Figuras doradas y grises se arrastran hacia el dispositivo de la Crónica. Acompañados por tropas de Revelación, que proveen de fuego de cobertura contra criaturas no identificadas (¡Monstruosas! ¡Criaturas imposibles! ERROR ERROR=====), entidades xenos esbeltas y guerreros humanos anómalos]

[Audio: Sujeto 1: “¡Reviéntenlos! ¡Manténganlos lejos de mí! ¡Tengo que recuperarla!”. Sujeto 2: “¿Por qué? ¡Ella está muerta! ¡No es bueno para Revelación incompleto! ¡Vámonos de aquí! ¡Tenemos que retirarnos!”. Sujeto 1: “¡No!” (disparos sibilantes) “Ella la terminó. ¡Dejó los documentos en su cámara, maldita sea! Lo muestran todo. Estaba grabando eventos pasados, presentes y futuros. Ella sabía qué iba a pasar… cómo iba a terminar todo…” (Ruidos imposibles. Distorsión pesada. Escudos de vacío aguantando. Bajando al 34%). Sujeto 2: “¡No tenemos tiempo! Llévate eso si quieres, pero no voy a morir por las palabras de una vidente enloquecida”. Sujeto 1: “No era una vidente. Era una cronista, pero tenía acceso a todos los registros. Esta biblioteca… existe fuera del tiempo, es-” Sujeto 2: “¡Suficiente! ¡Tómalo!”]

[Señal de vídeo: Astartes (Sujeto 2) llevando el cuerpo del Sujeto 1. La crónica se mueve con ellos. Corredores de colores giratorios a medida que los portales mueren. El Sujeto 1 y la crónica son arrojados. Aerotransportado aproximadamente diez segundos antes de impactar sobre la superficie sólida]

[La imagen se invierte 90 grados. Última vista de un portal cerrándose detrás del Sujeto 1. El Sujeto 2 se gira del Sujeto 1 mientras el portal se cierra, tomando su arma némesis con ambas manos, antes de cargar dentro de la biblioteca colapsando]

[Audio: Sujeto 1: “¡Hermano Athun!”. Sujeto 2: “Carga sus archivos, y vete. Sigue al Hombre de Hierro. Conoce la ruta al santuario”. Sujeto 1: “¡Athun! ¡Maldita sea, Athun! Athu-” (Ruido de desgarro fuerte, mientras el portal se sella)]

[Crónica Pausada]

[Crónica Reanudada]

No sé a quiénes me dirijo. Su cronista parece haber escrito su historia asumiendo que conocía a sus lectores. Supongo que he de continuar con esa tradición.

Supongo también que no importa cuál sea el contexto del precipitado prólogo que estoy escribiendo en este mismo momento, porque ‘este mismo momento’ podría estar siglos en vuestro pasado. pero mientras escribo, cosas terribles han sucedido, pero también cosas hermosas. Aunque la profundidad se está alzando, no estamos sin nuestros propios aliados. La galaxia parece descolorida ahora, pues hay muchas grietas en el Espacio Real ahora, todas derramando su veneno en el Materium.

La heroica alianza se fue en algún momento hace un año. Si mirara en las secciones restantes de la historia podría saber de su destino, pero temo hacerlo. Si lo hago, y su destino es terrible, ¿perderé mi mente ante la desesperación? No puedo imaginar que esta historia tenga un final dichoso, pero mi imaginación ya es una cosa débil y pútrida estos días.

Vuestra cronista está muerta. Siento decirles esto; se suicidó tan pronto completara las últimas partes de su historia. Mientras moría, sangrando en mis brazos, me rogó por que cargara sus últimas secciones en su máquina de grabaciones, completas y sin que las haya leído. Entonces, me dijo que las escondiera de ojos predadores, en un lugar donde aguantaría por incontables eones sin cambios. Y eso hice.

Desconozco quién leerá esta cuenta, pero sin importar eso os presentaré las secciones restantes, en el orden que estaba especificado en las notas de Vasiri la Vigilante.

Si estás leyendo esto, mi tarea ha sido completada.

Últimos saludos,

Lord Volsanius Greal, el Escriba del León.


Durante las últimas semanas del quincuagésimo quinto milenio, en la misma cúspide del quincuagésimo sexto milenio, se decía que el imperecedero Eldar ataviado en el traje del Segador guió al Lobo y al Cuervo dentro de Commorragh. Podemos ser inusualmente precisos en esta fecha, pues este evento generó un extraño contragolpe psíquico mientras Maugan Ra forzaba una de las viejas puertas selladas hacia Commorragh. Billones de contemporáneos afirmaban haber sufrido de pesadillas en esas semanas; sueños sobre un lobo y un cuervo que buscaban entre un interminable remanso de zarzas negras, arrancando pedazos de carne de las espinas, mientras un segador los pastoreaba a través del laberinto, evitando las gotas de sangre oscura y venenosa que se rezumaban de un gran corazón de ébano que lloraba sobre todos ellos.

Los dos Primarcas requerían la ayuda del Señor Fénix debido a su habilidad para navegar el Laberinto. No está claro por qué Ra lideró a alienígenas contra su propia raza, aunque era bastante evidente que los parásitos Eldar Oscuros no podían ser reconciliados con los objetivos últimos y desinteresados de los Eldar de Mundos Astronave y aquellos que buscaban ayudarles.

Sin embargo, Ra logró romper fácilmente las defensas de Commorragh, y Leman Russ llevó a su hermano y al resto de abominaciones que llamaba sus hijos, dentro del Bajo Commorragh. Tenían un único objetivo; encontrar a su hermano perdido, y liberarlo de las sombras de vuelta a la luz.

Por supuesto, entrar en Commorragh siempre fue la parte más sencilla. Dejar la ciudad sería la verdadera prueba de sus habilidades. Y con toda seguridad las pondrían a prueba. Pues, sin que ellos lo supieran, los dos Primarcas se habían vuelto contra una de las mayores mentes en toda la galaxia; Asdrúbael Vect, Arconte de la Cábala del Corazón Negro, Señor Supremo de Commorragh y arquitecto de los Trece Principios de Venganza.

Tan pronto como los dos Primarcas y sus aliados entraron a Commorragh, y sintieron la débil luz de los soles robados sobre sus cuerpos, fueron atacados. Bandas de Infernales muertos de hambre se abalanzaron sobre ellos, gritando de manera maníaca mientras cortaban y golpeaban al ejército formado de bestias que habían llegado a las eternas ruinas del Bajo Commorragh. Con ellos vinieron cientos de Commorritas, adornados con una profusión salvaje de armas y armamentos, desde rifles cristalinos a catapultas shuriken, desde fusiles de proyectiles humanos convertidos usando balas y cartuchos impregnados con toxinas. Estos salvajes se escabulleron a través del laberinto de ruinas con gran velocidad y ferocidad, organizándose en escuadras y formaciones con una competencia sorprendente.

Pero lucharon contra enemigos muy superiores. Leman Russ y sus cohortes de feroces guerreros dominaron la batalla instantáneamente, sobremaniobrando a la multitud; contrarrestando su hambre basal con potencia brutal al completo. Los Commorritas fueron asesinados rápidamente, pero unos pocos Infernales casi hacen bien en escapar. Tomó las precisas ráfagas de Maugan Ra y sus Segadores Siniestros para asegurarse que ninguno de sus enemigos pudieran escapar y advertir a alguna de las fuerzas que pudieran estar en las cercanías.

“¿Cómo pudieron reaccionar tan rápido? ¿Sabían que vendríamos?”, preguntó Russ ferozmente, con un tono acusatorio en su voz.

Ra explicó que todo el mundo es atacado en el Bajo Commorragh como algo normal. Cuando preguntó por qué, él simplemente respondió: “Porque estaban ahí”.

Había catacumbas y espiras de Cábalas menores apuñalando entre los interminables cadáveres decrépitos de antiguas ciudades portuarias y cubiertas saqueadas, y esta desolación se propagaba tan lejos como la vista alcanzaba, y parecía curvarse hacia arriba y entretejerse de forma imposible sobre las cabezas de las bestias y alienígenas que componían este variopinto ejército. El aire estaba vivo con gritos distantes y tiroteos de cada variedad; con sus sentidos amplificados, Russ y Corax podían distinguir la luz de las fortalezas en llamas y torres colapsadas, y las diminutas formas de bandadas arremolinadas de Infernales, abatiendo guerreros en ambos lados de cada conflicto, sin tener en cuenta alianzas o lealtades.

“Esta es una guarida para los desquiciados”, dijo Corax tenuemente, sus palabras casi un susurro.

“Es más bien una suerte de prisión”, replicó Ra sin emoción. “A través de su propia malicia y crueldad, los monstruos que aquí viven atrapan a sus abominaciones compañeras en ciclos infinitos de violencia, recriminación y tormento. Nadie escapa de la Ciudad Oscura. Bienvenidos a Commorragh”.

Irónicamente, el constante conflicto era una ventaja para los Astartes invasores, pues sus violentas escapadas eran enmascaradas entre el ruido de fondo de asesinatos constantes. A través de la vacilante luz de estrellas grises envenenadas, y a través de los inmensos y sombríos calabozos, donde jamás hubo alcanzado la luz, los Primarcas luchaban. Estaban siendo guiados por el Señor Fénix, pues solo alguien que hubiera visitado la ciudad incontables veces podía aprender de sus rutas y pasajes siempre cambiantes con algún grado de precisión. No solo habían Eldar merodeando al interior de las ruinas; cosas retorcidas desde La Caída escurriendo a través de las ciudadelas derrumbadas y naciones-estado olvidadas de la Desolación. No solo ellos, sino seres aún más antiguos, sobrevivientes de tiempos antes que hubieran hombres, que hacían de ahí sus guaridas. Los dos hermanos fueron forzados a emplear todo su poder para vencer a los monstruos que se batían a duelo en estos terribles lugares, y perdieron a muchos de los Weregeld en esas brutales confrontaciones.

Cada vez que luchaban, tomaban cualquier armadura o armas que encontraran, reutilizándolas y usándolas contra futuros enemigos. Mientras luchaban, reunían con ellos a los contrariados y vagabundos; criaturas sin esperanzas, atrapadas en la ciudad sin culpa propia. Odiaban a los Eldar Oscuros más de lo que cualquier mente podría contemplar, y deseaban venganza. Russ, al armarlos y liderarles, les daba esta oportunidad. Pronto, estarían completamente armados y reforzados. Leman Russ estaba listo.

Bajo la sombra de un titán Eldar caído, Corvus Corax y Leman Russ se daban un abrazo de guerreros, mirándose profundamente a los ojos. Russ sabía lo que Corax planeaba antes que su hermano siquiera hablara.

“Encuentra a nuestro hermano. Siempre fuiste el más sutil de nosotros, Corvus. Ve, penetra en el negro corazón de este reino. Cuando regreses, habremos recuperado a Jaghatai de una vez por todas”.

Corax asintió solemnemente. “¿Qué planeas hacer tú?”

Russ sonrió su usual sonrisa salvaje. “Soy el Ejecutor del Emperador. Busco seguir mi llamado. ¿No puedes oler su hedor? Los restos congelados de tal maleficarum que apenas puedo concebir. Aquí hay criaturas que han sobrevivido con la miseria de la galaxia por incontables milenios, han festejado sobre los débiles mientras permanecían seguros e inatacables. ¡Esto no va a perdurar, no lo permitiré!”, siseó Russ. Corax le devolvió la sonrisa, pero el Cuervo sabía que la sonrisa bárbara de Russ no era más que una máscara para el destructor de sangre fría que yacía detrás. Russ siempre había sido así. Corax nunca quiso mencionarlo, pero había visto una fracción de la mente del Emperador hace mucho tiempo y había visto mucho... quizás demasiado. Él sabía que el Emperador nunca había considerado a los Fenryka como sus ejecutores. Russ había creado su propio rol en el Imperio; él conocía su rol en los eventos próximos en la galaxia, incluso si nadie más le hubiera marcado para esto. Pero Corax contuvo su lengua, dejó ir tales mórbidos pensamientos, y simplemente dejó que su hermano le abrazara. Ambos sabían que el esfuerzo que habían emprendido podría muy bien suponer la muerte de ambos. Podrían no volverse a ver nunca más.

Entonces, se separaron, y la guerra comenzó en serio. Corax se ocultó y desapareció dentro de las ruinas de Commorragh. Mientras tanto, Ra guió a las fuerzas de Leman Russ a través de laberintos de cavernas y pasadizos, hacia las propiedades de la Cábala de la Espada Escondida. Estos sitios fortificados eran completamente invisibles al ojo en ciertos ángulos, y solo podían ser vistos aproximándose desde avenidas muy específicas, las cuales estaban resguardadas por emplazamientos pesados y montones de barracas hambrientas por desperdigar violencia. Sus fortalezas asimétricas eran el hogar de un vasto ejército de soldados Cabalitas, con apoyo aéreo completo en la forma de alas y alas de Bombarderos Cuervo y Cazas Estilete. Estas aeronaves sobrevolaban constantemente desde las defensas atacando a través de la Desolación, destruyendo asentamientos aleatoriamente y cazando a cualquier Infernal que se atreviera a entrar en su espacio aéreo. Grupos de caza de guerreros cabalitas rondaban también por las ruinas, matando y capturando a cualquier desafortunado que se acercara demasiado, antes de arrastrarlos de vuelta a sus ciudadelas para ser torturados. Esto mantenía alimentadas a las guarniciones y además entretenían al Arconte de la Espada Escondida, Olbridesh Suul.

Russ se desplazó cuidadosamente en esta región, pues deseaba evitar se detectado por los vehículos aulladores aéroes que patrullaban los cielos como buitres hambrientos. Comenzó su campaña utilizando a sus hombres para sacar a los grupos de caza de sus guaridas. Los Eldar Oscuros vieron a los Wulfen y a los Weregeld como meros esclavos escapados, o posiblemente como bestias del pozo renegadas de las arenas de los Cultos de Brujas, persiguiéndoles con facilidad a donde quiera que fueran. Russ los atrajo hacia emboscadas cuidadosamente construidas, matándolos y arrojando sus cuerpos quebrados entre las ruinas. Durante meses, continuó esta campaña de emboscadas y retiradas. La Espada Escondida desató el infierno sobre la región circundante, pulverizando grandes franjas de la ciudad con sus minas de vacío y bombardeos de misiles flageladores. Suul y sus Dracontes habían percibido un patrón en los asaltos; eran más que meras revueltas de esclavos. Era un ejército insurgente. En su destrucción indiscriminada, la Cábala menor hizo algunos pocos amigos entre los corsarios y Commorritas desalineados que vivían en la Desolación.

Pero incluso cuando aumentaron el poder y la frecuencia de sus salidas, dejaron su guarnición con cada vez menos defensores. Finalmente, Russ lideró un asalto sorpresa a los bastiones. Segadores Siniestros y ex esclavos armados con Desintegradores capturados y lanzas de calor lucharon contra las torres del perímetro, mientras Russ rompía las puertas de los fuertes con ataques masivos. Una vez un fuerte era capturado, las armas montadas dentro eran usadas para bombardear a sus vecinos, desatando la confusión y la furia entre los cabalitas. Suul se retiró de vuelta a la Espada Escondida tan rápido como pudo, asaltando a los invasores con su flota de cazas, destrozando fortalezas a cada lado. A medida que avanzaba la batalla, parecía que el enemigo se estaba debilitando; Suul ordenó que descendiera su barcaza, para poder darse un festín con sus miserables esencias de vida. Tan pronto como lo hizo, Leman lanzó su ataque final. Sus hombres más fuertes arrojaron garfios contra el casco de la barcaza, arrastrándola hacia abajo. Estos hombres solo lograron desacelerar la barcaza por un segundo antes de que sus guadañas cortaran las cadenas, pero un segundo fue suficiente. Russ saltó a bordo del barco, rugiendo con odio demente. Suul y sus guardaespaldas fueron asesinados por el Primarca, y el propio Suul fue destrozado mientras hería a Russ en el hombro con una venenosa lanza alienígena.

Con el Arconte asesinado, Russ ordenó a su ejército que se retirara; era inútil mantener la posición cuando el enemigo te superaba en número. Pero sin su Arconte, y con sus fortalezas arruinadas, la Cábala de la Espada Escondida fue presa fácil para aquellos Commorritas que esperaban en las sombras por una oportunidad de robar sus tierras. La Espada Escondida cayó luego de dos semanas, mientras las Cábalas cercanas de la Lengua Envenenada y la Consciencia Robada destrozaban y sometían a sus derrotados miembros.

Russ continuó esta guerra en expansión a través de las Extensiones de Puerto Carmine y Sec Maegra, sin embargo Corvus Corax tenía otros planes. Pasó al centro mismo de la civilización de los Eldars Oscuros. Podía moverse entre las negras calles sin ser visto, incluso a plena vista. Esto le permitía espiar a los mensajeros flageladores y a los otros espías y políticos calculadores del Alto Commorragh y los reinos satelitales más afluentes. Fue testigo de visiones y horrores que harían llorar a un hombre inferior, pero se mantuvo estoico e indiferente; su mente estaba completamente enfocada en su objetivo. Podía moverse casi como quisiera dentro de la Ciudad; ninguna puerta o vista fue impedimento. Esto es, salvo por la Ciudad Estado de Aelindrach, y los reinos de la Cábala de los Espectros. Allí, las sombras vivían y se enroscaban como serpientes, protegiendo a todos de la vista física y psíquica. Cuando Corax intentó acercarse, sintió la presencia de los Mandrágoras. Estos monstruos medio demoníacos merodeaban entre la luz y Corax estaba seguro de que, de alguna manera, podrían rastrearlo si lo veían. Pero el resto de Commorragh no estaba tan oculto psíquicamente.

En medio de imágenes de horrible depravación y exceso, Corax se enteró de rumores que hablaban de las “Agonías Disecadas"; artefactos de valor sin precedentes para algunos de los Arcontes más altos. El maestro de la Guardia del Cuervo comenzó a tramar. Si él y Russ pudieran robar estos artefactos, los Arcontes y los inmortales Aquelarres de Hemónculos pagarían un alto precio para recuperarlos; Corax había oído hablar de sub-reinos enteros siendo intercambiados por una sola Agonía Disecada.

La guerra de Russ contra el Bajo Commorragh continuó, pero pronto quedó claro, después de varios meses, que había llegado a un callejón sin salida. Sus ejércitos armados se habían vuelto lo suficientemente poderosos como para reunir a mercenarios y seguidores alienígenas de Sec Maegra, la Ciudad Nula y formar un ejército completo con armas pesadas y apoyo blindado; incluso había logrado liberar a bandas armadas de Astartes de corrales de esclavos, que se dieron cuenta que era uno de sus padres desaparecidos después de que su cegadora presencia psíquica les tocara la mente. Los ejércitos de Russ estaban creciendo, pero el mismo Russ estaba sufriendo. Su herida supurante no se estaba curando; incluso su físico perfecto luchaba por repeler el veneno Lhamaeano. Pero ocultó la herida debajo de las capas de armadura pesada que había construido mientras estaba en campaña.

Russ pudo participar en batallas con las Cábalas menores de la Desolación; ambos lados constantemente en movimiento para no ser inmovilizados y asesinados en un asedio castigador. Ambos bandos fueron seguidos por miles y miles de los Desecados, Eldars Oscuros cadavéricos, marchitos por falta de sustento. Se alimentaban de las oleadas de dolor causadas por las continuas batallas y era una fuente de irritación casi constante para Russ (y comida para los implacables Cabalitas). Sin embargo, esto era un mero acontecimiento secundario dentro de Commorragh; la guerra se daba como un hecho en el Bajo Commorragh y poco les importaba a aquellos que yacían en el Alto Commorragh en sus imposiblemente vastas torres que simultáneamente se alzaban arriba y abajo. Siempre se avecinaban sobre el horizonte, sin importar dónde te encontraras en el Bajo Commorragh. Russ no tenía forma de atravesar los portales que llevaban al Alto Commorragh; los pocos que Maugan Ra había encontrado estaban sellados herméticamente.[1] Si iba a atravesarlos, los Nobles de Corespur tendrían que bajar al Bajo Commorragh ellos mismos.

Pero, ¿cómo iban a incurrir en su ira? ¿Cómo obligaría a las grandes Cábalas a participar? Russ tenía un plan; un plan cruel e inmisericorde que demostró cuán despiadado podría ser el Gran Lobo.

Cada pocas semanas, convoyes de elegantes barcazas esclavas regresaban a Commorragh, y se dirigían hacia las arenas del Culto del Conflicto, cargando con esclavos y forraje para sus juegos de gladiadores. Inevitablemente, algunos esclavos y bestias escapaban de estas barcazas, solo para ser recapturados por equipos de maestros de bestias y escuadrones de recuperación de Brujas armadas con sus filoredes y agonizadores. Una vez, la recuperación tomó un poco más de tiempo que antes; parecía que los esclavos habían encontrado mejores lugares para esconderse, pero aún así no pudieron eludir a los implacables gladiadores cacareando.

Desconocido para los esclavistas, Leman Russ había llegado primero a estos esclavos. Los esclavos fueron arrastrados a través de las Ciénagas Óseas, a través de los portales, y directamente hacia la mayor de las magníficas arenas-zigurat del Culto del Conflicto. Una vez que las multitudes se habían reunido por completo para el próximo espectáculo, y el primero de los grandes espectáculos de esa noche estuviera en marcha, los esclavos comenzaron a explotar. Municiones de Vacío, incrustadas en sus mismos cuerpos, que detonaron en enormes conflagraciones que desgarraron las fundaciones de la arena. Toda la estructura comenzó a tambalearse, mientras miles de esclavos y Eldars Oscuros eran asesinados en colosales explosiones. Pero el último esclavo tenía un último regalo para los Eldar. Russ había localizado una nave imperial destrozada en las ruinas del Bajo Commorragh, y había liberado una sola arma de ella; una bomba vírica. Específicamente, el Devorador de Vida. Esta detonación final desató una nube negra que consumió toda la vida dentro de las cien millas de la arena. Los seguros a prueba de fallos de la Telaraña sellaron la nube en expansión con un campo de fuerza, antes de descargarla en el corazón de un Ilmaea. Sin embargo, el daño estaba hecho. Millones de personas murieron, y lo que es peor, toda una Ciudad Estado resultó horrendamente dañada.

Decir que los terribles Arcontes del Alto Commorragh estaban llenos de rabia, sería una gran subestimación. Las arenas de las Brujas eran el alma de Commorragh, donde los Eldar Oscuros comunes podían ser saciados. La pérdida de una tan grande fue un golpe terrible para las Cábalas, y uno que nunca podrían haber ignorado. Los más poderosos de los Señores se unieron en una tregua incómoda, intermediada por los Arcontes del Corazón Negro; bajo las Trece Estatuas de la Aflicción, y juraron venganza duradera sobre quien fuera tan tonto como para atravesárseles.

Salieron de sus portales rúnicos en olas de millones y millones. Ponzoñas e Incursores llenaban los cielos oscuros como ondulantes bandadas de estorninos, junto a incontables gritos infernales y flagelos, y una verdadera marea de Brujas que brincaban. Parecía como si el nido de un gran avispón hubiera sido perforado por una flecha; tal era la exhibición grotesca.

El espectáculo fue tan espectacular como terrible. Russ sonrió con ironía desde su escondite. “Tantos... ¿no que tu raza estaba moribunda?”

“Están muriendo, simplemente de una manera diferente”, respondió Ra, fríamente.

La gran alianza de Cabalitas actuó rápidamente, destruyendo grandes áreas de territorio con una precisión despiadada y un vigor implacable; una cacareada risita que los monstruos sádicos llevaban durante innumerables millones de kilómetros a través de la demente ciudad imposible. Las aeronaves convirtieron a generaciones enteras de bajocommorritas en angustiadas estatuas de vidrio. Algunos irremediablemente se arrojaron al ácido y verde río Khaides para escapar de la terrible horda.

Mientras tanto, Russ aprovechó la oportunidad de entrar a través de los portales abriéndose para abrirse paso a la fuerza. Sus hombres asediados lucharon una retaguardia desesperada para permitir que el Primarca atravesara las altas torres de Corespur. Él memorizó los rostros de cada hombre que cayó en su servicio, ya fuera bestia, xeno u hombre; los aliados eran aliados, y apenas olvidaría sus sacrificios así como no olvidaría la traición y la cobardía base de sus enemigos. Maugan Ra desapareció durante esta batalla, derritiéndose en las sombras como el fantasma de un susurro en el viento.[2]

Febril y enfermizo por el veneno en su sangre, Leman Russ, sin embargo, luchó para liberarse de los guardias del portal, y descendió a los estrechos callejones y pozos sin fondo que se extendían entre las torres negras infinitamente amenazantes de las ciudades estado. Este era el núcleo vil de la Ciudad Oscura. Si él fuera a encontrar a su hermano, sería dentro de este terrible reino.

Fue Corax quien encontró a Russ primero. Le habló de las Agonías Disecadas y de su plan para chantajear a los Arcontes del Alto Commorragh con ellas. Los dos enfrentaron a la ciudad juntos, luchando a través de la escoria degenerada que se aferraba a los distritos de la torre como algas a la piel de un gigante. Se contrataron cazarrecompensas y asesinos xenos de todas las variedades para rastrear a los Primarcas. Cada enemigo moriría, pero cada vez las peleas se volvían más difíciles y los superhumanos perdían gradualmente a sus aliados ante las depredaciones de Commorragh.

Los Hemónculos, en particular, se divirtieron con las acciones cada vez más infames de los gigantes humanos. Urien Rakarth creó abominaciones grotescas para olfatearlas y batirse en duelo con los Primarcas. Russ fue casi estrangulado hasta la muerte por un gran demonio de carne serpenteante en las orillas de la Avenida de Espadas, y Corax apenas sobrevivió a un encuentro con los motores trituradores de la Cábala de la Espiral Eterna. Pero a medida que sufrieron, los hijos del Emperador fueron implacables en su misión. Sistemáticamente, localizaron cada una de las Agonías Disecadas; irrumpieron en las propiedades privadas de sus celosos dueños Arcontes, matando a cualquiera que se interpusiera en su camino. En vano, los ejércitos e incluso las Cábalas los buscaban, pero cada incursión arruinaba las propiedades de sus víctimas, sin hallar rastros de los culpables. Los arcontes de Cábalas rivales se culparon mutuamente por dirigir a los Primarcas hacia ellos, mientras que otros simplemente usaron la situación para anotar puntos políticos contra enemigos odiados.

Varias veces, una figura sombría intentó contactarlos. Dijo que había visto su destino 'en los huesos'. Él les advirtió que estaban siendo tontos crédulos. Los Primarcas ignoraron a este enigmático ser, conocido como Sathonyx, el Padre Infernal, tratando infructuosamente de matar al llamado Barón. Otro embaucador era justo lo que no necesitaban en una ciudad de mentirosos y tramposos.

Cada Agonía Disecada era un cofre sellado, atado con horribles runas de maldad palpitante. Leman Russ y el Señor de Deliverance abrieron cada una con inquietud. Su repulsión y horror está más allá de mi capacidad de transmitir adecuadamente. Cada cofre llevaba parte de un ser vivo. Pero estos no eran meros miembros muertos; todavía se retorcían en una horrible burla de la vida. Sin embargo, esto no fue lo peor. Leman y Corvus conocían estas partes del cuerpo; ellos sabían las marcas talladas en su carne. Reconocieron las cicatrices rituales, pintadas de blanco...

Desesperadamente, trataron de averiguar cuánto de su hermano aún permanecía. Para su horror, les faltaba la parte final; la cabeza del gran Khan había desaparecido. De alguna manera, sabían qué Eldar Oscuro tenía la última pieza del rompecabezas. El Señor Supremo Vect se convirtió en su objetivo.

Russ, ahora casi pútrido de enfermedad, decidió penetrar las bóvedas de las grandes posesiones del maestro Cabalita. Corax deseaba ir con él, pero Russ necesitaba a Corax para una tarea diferente. Solo Corax tenía el conocimiento para intentar reparar al Khan. Russ hizo prometer a su hermano que lo sanaría. Corax solo pudo estar de acuerdo. Corax tomó las Agonías Disecadas y desapareció en las sombras. Él prometió que lo haría. “No dejaré que otro hermano caiga. ¡Ni uno más! ¡Ninguno más morirá este día! ¡Te lo prometo, Leman! ¡Ni uno más!”.

Las principales ciudadelas de la Cábala del Corazón Negro fueron las fortificaciones más grandes y elaboradas de todo Commorragh; torreones sin límites, almenas retorcidas y galerías interminables y cámaras llenas de todo tipo de horrores que podrían incendiar la mente con inquietud. Además de los horrores más obvios, estaban las defensas sutiles; campos de fuerza de potencia silenciosa y pasillos laberínticos que conducían a la nada, o transportaban a los incautos a través de oscuras puertas más allá del velo.

Pero Russ era tan astuto como formidable, y parecía progresar rápidamente a través de las tortuosas torres. Evitó trampas y artimañas que se habían cobrado generaciones de asesinos y revolucionarios. Derrotó a la fuerza esquelética de los defensores a través de una furia desafiante. Los defensores se hicieron fuertes con su dolor, y no murieron fácilmente, pero murieron.

Usó su capacidad psíquica para olfatear a su hermano a través de capas de camuflaje de feromonas e innumerables muros de bóvedas. Siguió sus sentidos, lanzándose hacia arriba a través de una torre que colgaba arriba y abajo de Commorragh. Ninguna geometría retorcida podría detenerlo. Finalmente llegó a la cámara final y arrancó las puertas de sus goznes con toda su fuerza.

En el interior, un Eldar esbelto y corriente, revestido de una espinosa armadura de fantasma, descansaba sobre un grandioso trono. Incluso Russ no fue lo suficientemente rápido como para detener a las sacerdotisas Lhamaeanas que corrieron hacia él desde la oscuridad. Incluso mientras las mataba con sus propias manos, sus hojas envenenadas y sangre contaminada infestaban sus heridas, aumentando la agonía que estaba experimentando. Jadeando por aire, Russ cayó de rodillas.

Desde ambos lados del trono del Eldar, los serpentinos guerreros Sslyth se deslizaron a la vista. Alrededor del Primarca, los Cabalitas comenzaron a emerger, riéndose cruelmente del destino de Russ. Atormentados silenciosos pronto se pusieron al lado de los Hemónculos, que se desplazaban inquietos justo por encima del suelo, como brujas terribles de algún cuento de hadas. El Eldar sobre el trono levantó su mano en busca de silencio, y al instante lo consiguió. Russ fijó su mirada llena de odio en este Señor Oscuro. Mientras trataba de levantarse, varios Legítimos lo apuñalaron con agonizadores, entumeciendo sus extremidades a través del terrible dolor.

El líder se inclinó hacia adelante fraccionalmente, revelando un rostro impecable, sin marcas, ni siquiera una sola cicatriz.

“¿Sabes quién soy?”, preguntó simplemente. Russ asintió.

“Vect...”

Vect sonrió en respuesta. “Bastante bien. Has sido bastante entretenido, tengo que admitirlo. Sin embargo, siento que esta farsa debe llegar a su fin ahora. Pero realmente es un placer ver al Rey Lobo ... en persona”.

Russ se dio cuenta de que había sido una trampa. Había sido demasiado fácil penetrar en Corespur. Vect había concedido las Agonías Disecadas específicamente a sus enemigos; aquellos que sirvieron a Sathonyx en particular.

“Sin embargo, ibas bastante bien. El truco de la arena fue inspirador”, continuó Vect. Mientras hablaba, toda la cámara se elevó desde las entrañas de la torre, y en la luz fallida de un amanecer robado. La cámara era una cúpula de cristal, que reveló la totalidad de Commorragh desde sus ventanas. Una flota estelar estaba anclada en espuelas opuestas a la torre, rodeada de bancos de naves de apoyo y barcazas esclavas que transportaban a los condenados desde sus bodegas. Russ vio las enormes pantallas de visión y proyectores llenando las plazas y espacios abiertos debajo de la flota también. Multitudes de Eldars, contados en millones, vitoreaban y abucheaban mientras veían a Russ masacrar y mutilar a innumerables enemigos. Fue una grabación de casi toda su campaña.

“Hemos engordado con tus hazañas con los videos robados. ¡Tu brutalidad es una alegría para contemplar y consumir! Debería durarnos hasta ... la próxima semana, probablemente. Casi compensa la ruina del Culto del Conflicto. Casi”.

Vect se levantó de su trono, sostenido por su alto cetro, aunque Russ podía ver que el antiguo demonio simulaba ser mucho más débil de lo que realmente era. “Sé por qué viniste aquí, mon-keigh. Desea rescatar a tu compañero”.

“¡Mi hermano, canalla!”, Russ gruñó, su odio era algo físico, oscureciendo el piso bajo sus pies.

Vect asintió. “En efecto. Entretuve tu incursión por dos razones. En primer lugar, tenía curiosidad; ¿Qué impulsa a un ser como tú? Pero más que fantasías tan fugaces, puedo ver tu lugar en esta saga. Sé que sabes de lo que hablo”.

Russ eligió guardar silencio. Vect continuó hablando, condescendientemente, de las fuerzas que se congregaban en el Espacio Real mientras simultáneamente despreciaba al Primarca y exponía lo que él concebía del inminente armageddón. Los demonios de la Disformidad Abisal tienen que ser detenidos; Vect sobre todo desea vivir. El [ELIMINADO] haría que toda la vida caiga en el abismo. Russ no estaba convencido, hasta que Vect señaló que en más de veinticuatro mil años, Asdrúbael Vect nunca había intentado invadir o destruir al Imperio o a cualquier otro imperio estelar a una escala significativa. Eventualmente, él cogió un ataúd y se lo presentó a Russ. Mostró a Russ la cabeza dentro, que parpadeó y gritó en silencio.

Leman exigió la cabeza. “Si lo haces, es posible que solo te corte”, sonrió.

Vect sin embargo, nunca podría ser confundido por tal amenaza. Él era la ruina de todas las razas.

“Si te doy la última de mis Agonías, habré perdido mi juguete. Eso no tiene interés para mí. Voy a requerir una compensación. Un Primarca por un Primarca. Lo liberaré y sanaré todas sus heridas. Todo lo que pido es que te entregues a mí. No es un buen negocio preguntar”.

Russ miró a Vect a los ojos; estuvo cerca de la desesperación por primera vez en muchos años. Pero luego su mirada atrapó algo más, más allá de la cúpula.

Afuera, la flota se estaba moviendo. Una de las naves daba vueltas, desgarrándose de sus amarras. Abrió fuego en sus soportes de atraque, pulverizando las torres que lo encadenaban, antes de encender sus armas en la ciudad de abajo. Corax había cumplido su promesa. Sus hermanos no morirían ese día.

Russ levantó de su aparente posición prona. Los Legítimos trataron de derribarlo de nuevo, pero la luz de la Disformidad brilló en sus ojos, y comenzó a hincharse con poder. Una explosión golpeó la cúpula, haciéndola añicos y sometiendo a la Corte de Vect a vientos huracanados. Russ se inclinó sobre los Eldar Oscuros con garras y colmillos, canalizando todo su poder psíquico en su cuerpo. Aunque el veneno todavía le revolvía el cuerpo de dolor, Russ luchó contra el dolor, arrancándole la garganta y estrellándolo contra la tierra. Los Sslyth lo interceptaron mientras se lanzaba hacia Vect. Él los partió por los aires. Buscó a Vect, pero el Señor Oscuro lo golpeó con un orbe de obsidiana. La esfera negra envió a Russ tambaleándose por un momento, lo que permitió a los Atormentados lanzarse sobre él. Con un último golpe de fuerza, los encogió de hombros y arrebató el último fragmento del Khan del alcance de Vect. Vect cortó la mano izquierda de Russ, mientras Russ pasaba una garra por el rostro de Vect.

El Señor Supremo cayó de nuevo en su trono, mientras Russ saltaba desde la cúpula rota hacia el casco de la nave estelar. Las defensas de Commorragh ya se estaban conectando. Los Primarcas tuvieron que ser rápidos. Russ se aferró al casco de la nave, mientras golpeaba directamente a través de un portal sellándose a toda velocidad. Aunque su carne se incendió, Russ se negó a soltarla mientras la nave huía hacia la Telaraña.

Vect se levantó lentamente de su trono. Su cara estaba rasgada; su rostro impecable estaba manchado por heridas irregulares.

Su séquito se apartó de él con terror abyecto. Vieron la construcción de emociones en sus ojos oscuros e insondables.

Vect rugió entonces; un ruido sonoro y funesto que parecía llevar y hacer eco en todo Commorragh. Todos los seres vivos en Commorragh se encogieron instintivamente. Vect los castigaría a todos ahora, por pura maldad maliciosa.

Vect, por primera vez en toda su vida, fue superado.

  1. Ningún registro indica cómo es que Corax los atravesó. Sospecho que esperó a que un Legítimo Cabalita pasara a través de uno de ellos camino a Puerto Carmine.
  2. Parece que el Señor Fénix se desprendió de los Primarcas para seguir su propia agenda. A medida que la batalla de ingenios y la carnicería de los Primarcas traían un caos bienvenido a Commorragh, las investigaciones de Ra revelarían el lugar de nacimiento de la conspiración que había producido el Nex.- [locura ininteligible. Vasiri eliminó la mayor parte de esto antes de que causara una brecha disforme dentro de la Biblioteca]. Los Señores del Crepúsculo escucharon durante demasiado tiempo a aquellos que habitaban en las sombras. Pensaron que sabían el nombre del ser que los llamaba desde más allá del universo, pero fueron engañados. La historia completa del ascenso de los Draziin-matas y sus amos se contará en la siguiente sección de antecedentes.
El contenido de la comunidad está disponible bajo CC-BY-SA a menos que se indique lo contrario.