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Mis recuerdos; ya no son míos. No, lo he sobre-simplificado; lo son, pero además poseo los recuerdos de otros como si fueran míos. Mientras leía estos archivos, estas historias fluyeron hacia mí como un terrible torrente. Recuerdo cosas que la historia no conoce, sin embargo las recuerdo junto a las cuentas históricas; soy tanto un participante como un observador.
¿Acaso esta retorcida guarida de huesos vivos fue tomada por la cordura finalmente? ¿O mi mente nunca fue mía para comenzar? No recuerdo por qué comencé esta crónica; no recuerdo cómo es que llegué aquí, asediado y rodeado por cosas que no puedo desentrañar. Recuerdo a mis aliados, ¿pero por qué los conozco? ¿Acaso todos mis recuerdos fueron arrancados entre estas páginas y repositorios etéreos?
Había otra voz en mi cabeza. ¿Es esa mi verdadera voz? Estos pensamientos me perturban; pero debo continuar. El conocimiento y la reiteración de la historia calmarán mi temor. Asurmen lo prometió...
Dulce conocimiento; acaríciame...

El Período de Contracción fue una política controvertida puesta en marcha por varios poderes galácticos durante el rampante conflicto traído a la galaxia por las Oleadas del Dragón. Las fuerzas del Imperio de Vulkan concentraron sus fuerzas muy densamente alrededor de cada uno de los mundos del imperio, combinando poderosas flotas de patrulla y un regimiento tras otro de soldados. Esto permitió que cada mundo en el imperio pudiera aguantar efectivamente a las Oleadas. Esta política fue retomada por algunos de los imperios vecinos al Imperio de Vulkan.

Pero, a cambio de seguridad, el Imperio de Vulkan se detuvo en su expansión metódica y gradual. Los eruditos contemporáneos compararon esta acción a la de un oso hibernando (o una cucaracha siendo congelada, de acuerdo a historiadores menos empáticos). El tráfico interplanetario fue reducido a un mínimo; cualquier nave que tuviera permitido viajar entre mundos debían permanecer dentro de la Disformidad por grandes espacios de tiempo con el fin de alcanzar sus destinos sin arriesgarse a entrar en el Espacio Real y sufrir incursiones ya sea de las Oleadas del Dragón, o las flotas dementes del Señor de la Tormenta, los cuales crepitaban con extrañas energías tanto en el Espacio Real como en el Inmaterium (debido a la presencia de sus aliados Ángeles a bordo de estas naves Necronas corruptas). Esto era, obviamente, muy arriesgado, e implicaba que solo se podían llevar a cabo las misiones más esenciales e importantes, pues de otro modo podría representar un desperdicio de recursos si las flotas de comercio tenían que arriesgarse constantemente ante amenazas disformes cada vez que abandonaban sus sistemas.

Afortunadamente, una fracción significativa de los mundos apaciguados y administrados por el gobierno de Armageddón eran mundos autosuficientes, cada uno bien suministrado para siglos de aislamiento. Una expansión a ritmo lento había sido un acierto por parte del astuto Primarca. Por cien años dentro del M56, hubo paranoia e intranquilidad subconsciente dentro de la población del Imperio de Vulkan, pero hubo relativamente pocas guerras. Irónicamente, la amenaza de destrucción arbitraria fomentó una paz cautelosa (Oh, cómo corre la historia en sus pequeños ciclos...).

En este clima de campañas militares reducidas, aquellos pocos eventos mayores habían ganado mayor prominencia, y los héroes de este tiempo se volvieron legendarios. Allí estaba Temestor Braiva, el elegante General de las fuerzas de contra-incursión rápida de la Confederación de Justicia; cuentos de gallardo heroísmo y bravura que aún agitan la sangre. Darnal Taq fue otra figura legendaria, pero su fama era mayor a causa de sus políticas (y su defensa personal de la ahora famosa figura de Iacob) así como cualquier dote de armas personal. Estaba la notoria y temeraria Señora de la Guerra de los Comandos-Plasma de Ryza-Catachán; era famosa por su poco atractivo, pero fenomenalmente formidable en combate (un legado de su mítico ancestro, Dientepétreo Harker). Y por supuesto la Hermandad de la Voluntad bajo Imogen, quien ya era casi completamente biónica a este punto debido a su avanzada edad (Algunos especulaban que el mismo Vulkan diseñó un método para mantenerla viva, pues ella era una de las sirvientes más útiles, además de amiga del Primarca), y los limitados Equipos de Eliminación Astartes que operaban a través del período. Las hazañas de estos personajes famosos están intrínsecamente ligados a los acontecimientos más importantes que afectaron al Imperio durante este siglo de tensiones.

Mientras la Contracción se llevaba a cabo, el Imperio de Vulkan comenzó a perder contacto con los imperios vecinos y socios comerciales con una regularidad alarmante. Algunos simplemente se atrincheraron como los demás, mientras otros simplemente se desvanecieron. Mayores depredadores consumieron a esos reinos. Los Imperios Occidentales y Orientales del Caos consumieron miles de mundos. Los rumores vencieron a la verdad en estos casos. Algunos afirmaban que Abaddón había unido a los dos reinos y había comenzado una contraofensiva, otros afirmaban que había sido usurpado y que había fuerzas aún más oscuras detrás.

Un nuevo poder estaba creciendo dentro del cadáver de la Unión Teológica; un reino de titanes inmortales vestidos con armaduras rúnicas conquistaban mundos y esclavizaban a sus poblaciones. Fuegos disformes parpadeantes ardían multicoloridos en sus antiguos hornos de brujas. Los cazadores fueron cazados, por las mismas brujas que habían destruido en el pasado. Estos psíquicos y brujas disformes liberados portaban los sigiles de Ahzek Ahriman, el Fabricador de Dioses. El Rey Hechicero seguía aumentando sus poderes y ningún reino humano se atrevía a desafiarle, pues poseía el Cubo de Obsidiana; su gran fortaleza de conocimiento prohibido saqueado desde la misma Terra. Todos los Equipos de Eliminación Astartes eran rápidamente humillados por su Rúbrica; añadiéndose a su creciente poder. Se estaba volviendo algo nuevo; algo terrible. Deseaba ver lo que Magnus había visto, y evitar los errores de su antiguo maestro. Se convertiría en omnisciente (o eso es lo que deseaba). La única lo suficientemente valiente para enfrentarlo, Crolemere la Sensei Gris, había sido echada de su vista. Se presumió que estaba perdida por varios años, pero esto no era cierto.

Todos estos grandes enemigos estaban más allá del alcance del contraído imperio. Sin embargo, el Imperio de Vulkan tenía problemas dentro de sus propias fronteras. Sería fácil trivializar este tipo de conflictos, pero significaban la vida o la muerte para miles de millones, y las pequeñas fuerzas de ataque enviadas para lidiar con estos problemas eran increíblemente valientes, pues sabían que ningún refuerzo vendría a ayudarles si fallaban.

Primero, debemos hablar del Culto Olvidado. Este culto eran tan antiguo como secreto. El Templo Vanus había sido destruido hace varios milenios, pero sus agentes permanecían; disueltos en la sociedad. Eran cortadores y cirujanos de información y medios. Originalmente, habían sido creados para eliminar enemigos políticos completamente; no solo matándolos, sino borrando toda su existencia de todos los documentos, registros e incluso los recuerdos de sus amigos más cercanos. Sería como si jamás hubieran existido. Y los Vanus habían hecho esto de forma tan discreta, que muchos miembros del Viejo Imperio nunca los conocieron; eran gules de datos, fantasmas en la máquina, errores en la computación y la cogitación.

Pero eran reales, y habían sobrevivido. El culto estaba formado bajo la idea de que el conocimiento era la ruta para el mal; bajo el Dios-Emperador, la población era ignorante y estaba relativamente segura. La herejía sería imposible para una mente hecha pequeña por la ignorancia y el miedo. El Culto Olvidado se desperdigó como una plaga; destruyeron bibliotecas que siquiera mencionaran a los C'Tan. Mataban a los eruditos y eliminaban sus enseñanzas sobre panteones caóticos o formas manifestadas de los xenos.

Darnal Taq (recordado con cariño en muchas historias simplemente como ‘el Escriba Wyvern’) y sus discípulos políticos habían decidido que el Imperio de Vulkan podía servir mejor a su gente si hacía que ésta conociera la naturaleza de las amenazas que enfrentaban. La ignorancia causaba miedo, y ésta había sido vista como una infección en el Viejo Imperio. El Culto Olvidado debía ser desafiado. De esta forma, a través de retransmisiones psíquicas y delegaciones urgentes de escribas y eruditos, comenzaron a viajar por el Imperio, arriesgando su vida y su integridad física para recuperar el conocimiento perdido.

Mientras esto ocurría, la Hermandad de la Voluntad comenzaba a buscar a este culto escondido. Junto con la Orden de Heracles, se involucraron en una guerra secreta de espionaje y asesinatos discretos. Los Vanus eran astutos y tortuosos. A veces sus cazadores olvidaban que los habían visto alguna vez, o fueron reprogramados sutilmente para perseguir a otros asesinos en favor del Culto Olvidado. Sin embargo, lentamente, los Vanus fueron cazados y destruidos. El último oficial Vanus fue asesinado por el mismo séquito del Escriba Wyvern, luego de saber que una de sus amigas más cercanas fue una Gran Maestre Vanus. Aunque casi muere en el intento, el mismo Darnal le puso una bala de bólter entre sus ojos, pero no antes que ella provocara a la mitad de su escolta personal comas paralíticos de los cuales jamás se recuperaron.

Se decía que el Imperio de Vulkan era un reino de camaradería valiente y buena naturaleza. Pero había elementos de su población que eran sórdidos, codiciosos y crueles como siempre lo habían sido. Había algunas personas que siempre fueron las más bajas, figuras básicas de la historia; Los cobardes, los que apuñalan por la espalda y los ladrones que manchan los libros de historia con cuentos miserables de criminalidad y violencia pueril. Este era el feo submundo de la semi-utopía de Vulkan. Esta fuerza amorfa fue conocida más tarde como la Alianza Necromundana.

Comenzó con los Perros Químicos de Savlar de vuelta en la Segunda Era de los Conflictos. Su mundo natal había sido destruido, pero lograron diseminarse a través de la galaxia como viejos regimientos de la Guardia. Los Perros Químicos eran narcotraficantes y criminales que se aventajaban de cualquier periodo de debilidad e infortunios. Formaron barahúndas de protección en innumerables remansos y en las hediondas tierras inferiores de mundos más civilizados. Contrabandeaban especias ilícitas y narcóticos, todo mientras se la pasaban intimidando y brutalizando a los débiles. Los Perros Químicos se convirtieron en una dinastía suelta de vagabundos y sucios señores del crimen, eclipsando incluso a las más infames familias de la mafia.

Cuando Vulkan emprendió su nueva cruzada de unidad, los Savlares resintieron sus conceptos de ayudar a sus hombres comunes y construir un nuevo mundo de justicia y dignidad para la raza humana. Como cucarachas, su imperio se escondió del escrutinio de los justos; Infestando los lugares oscuros donde la ley era un recuerdo. Su influencia enferma se extendió por todo el nuevo Imperio, expandiéndose luego de aliarse con las Arañas de Necromunda, una cultura igualmente brutal nacida del linaje de la ex-Guardia.

No obstante, no fue hasta la Contracción que estos ladrones y villanos resurgieron. Por alguna razón, sus ambiciones habían crecido enormemente. Ellos no solo sumergieron sus hocicos en la delincuencia planetaria menor, sino que comenzaron a robar de los Mundos Forja y a asaltar las extensas unidades de almacenaje de las organizaciones y de los clientes más importantes del Imperio. Eso era especialmente horripilante, pues nadie podía explicar cómo es que llevaban a cabo estos crímenes. Cada escena del crimen lucía como una horrenda zona de guerra; con guardias hechos trizas, despulpados por bólter y hojas zumbantes. Los investigadores de estos crímenes sabían que solo una fuerza era capaz de una destrucción tan rápida y brutal. Aún debía existir alguna Compañía Libre de Marines Espaciales (a pesar de que, en este momento, se creía que estas compañías estaban extintas). El Consejo Prometeano despachó un Equipo de Eliminación Astartes para localizar a esta organización de criminales Astartes renegados. El equipo consistía de diez Marines seleccionados entre las Comandancias por su conocimiento sobre tradiciones de Astartes Mk I y sus tácticas de infiltración. Su investigación los llevó de mundo en mundo por el Imperio.

Ellos enfrentaron horribles viajes disformes a través de animación suspendida, y se enfrentaron a los submundos del Imperio con un gusto especial. Su líder, Broxon Timbor, era un Wolverine de Hierro, una Comandancia que detestaba particularmente a aquellos que se atrevían a levantar armas contra ciudadanos. Sus hombres eran brutales e implacables en sus interrogatorios y en sus búsquedas por las cabezas de esta amorfa entidad criminal. Pero aunque su trabajo era efectivo, también era ruidoso. De alguna manera, los traficantes y villanos pasaron la noticia a sus amos sobre una banda de (asumieron) Astartes renegados que aparentemente iban tras su sangre. Aunque la Alianza Criminal sabía que estos superhumanos los perseguían, no sospechaban que fueran hombres enviados por el propio gobierno de Vulkan.

Luego de años de romper cráneos y examinar escenas del crimen, era claro que el corazón de esta empresa criminal era el Mundo Colmena de Necromunda. Necromunda había sido declarado un planeta fallido siglos atrás. Los Nobles al mando habían sido derrocados por facciones pandillescas, tirando abajo a los Altos Ejecutores e incluso a las familias de las altas espiras. Necromunda se volvió un campo de batalla de insurgencias y contrainsurgencias, mientras las bandas de Goliath se enfrentaban con las bandas de Van Saar, e incluso la población mutante se abrió paso entre los levantamientos. Algunos sugerían que el mundo fuera simplemente bombardeado, pero otros argumentaban que sin importes de comida, el mundo colapsaría sobre sí mismo. Sin embargo, el planeta, inexplicablemente, había sobrevivido; se contrabandeaban cargamentos dentro y a través del sistema, y más allá. El Equipo de Eliminación se dio cuenta que los Perros Químicos de Savlar y sus aliados eran los que traían dichos cargamentos. Este era el rancio corazón de su corrupción. El Equipo de Eliminación se escondió dentro de uno de estos cargamentos y se preparó para acabar con sus enemigos.

Incluso entre otras espiras infernales, Necromunda era una clase de horror especial, pues las desagradables entrañas de las espiras inferiores ya no estaban confinadas al pozo; se habían alzado para infestar a todo el planeta. La pobreza y la enfermedad abundaban por doquier, y ningún edificio quedaba intacto. Las aguas residuales se desbordaban en las calles y cada hombre, mujer y niño se miraban unos a otros con sospecha y odio. El equipo se abrió camino a través de estos interminables barrios de tugurios, pues la única manera de obtener nueva información era arrancarla de las bandas de guerra derrotadas. Lentamente, comenzaban a aprender de las familias Savlar. Ninguna banda podría derrocarles porque sus pesos pesados eran invencibles, o eso se decía. Incluso los Goliath admitían que esos tipos eran más duros que ellos mismos.

Cada pandilla llevó al Equipo de Eliminación hacia su bastión, ubicado en lo alto de la torre de la colmena. Había sido una vez la opulenta casa de la nobleza y el señor gobernador; un palacio glorioso de muebles finos y decoración lujosa. Pero ya no lo era más.

El palacio se había convertido en una fortaleza siniestra, reforzada con macrocañones robados y blásteres de titanes forrajeados por la galaxia. Picas de hierro y almenas de adamantio remachado estaban adheridas de forma espeluznante a la oscura arquitectura. El Equipo de Eliminación escogió atacar a la fortaleza al mismo tiempo que se llevaba a acabo un asalto mayor liderado por los Goliath. Mientras los emplazamientos de Savlar masacraban a sus rivales, el Equipo de Eliminación irrumpió violentamente contra el bloqueo, perdiendo a Broxon con una ronda de bólter pesada que pulverizó su cuerpo completamente. Callan, el Bestia de Fuego, tomó la posición de líder de equipo, y se abalanzó hacia la fortaleza con maldiciones en sus labios, azotando con las cuchillas de su armadura y su propio bólter consagrado. Los Perros Químicos y los guardias con los tatuajes de araña no podían esperar detener a los Astartes a tan cortas distancias. Aunque Braman de los Tauros Penitentes cayera durante la batalla, continuaron presionando a través de la masa de soldados, hasta que alcanzaron el corazón podrido de la fortaleza. Los hermosos tapices estaban arrancados, los cofres de tesoros estaban destrozados e incluso las finas alfombras habían sido destrozadas y empañadas inceremoniosamente por matones y gamberros. Fue entonces cuando los Astartes conocieron a sus enemigos.

Astartes irrumpieron desde posiciones escondidas de emboscada para asaltarles. El bólter se midió con el bólter, y la espada chocó contra la espada en los cercanos confines de tal manchado lugar. Estos Astartes estaban ataviados con una servoarmadura juntada a trozos, pintada crudamente de un amarillo vistoso y franjas negras, mientras algunas secciones de armadura nueva aún estaban grises y sin pintar; frescas desde una forja liberada. Asimismo, sus armas saqueadas eran tan diversas como mortales. Dos más del Equipo de Eliminación cayeron, pero no sin causar bajas masivas entre los Mk I que les atacaron. Luego de una corta escaramuza, los otros seis supersoldados del equipo fueron sometidos e incapacitados, antes de ser arrastrados al salón del trono del Gobernador.

Sus asaltantes fueron los Marines Malevolentes. Estos guerreros posthumanos habían rechazado la regencia de Vulkan por todo el tiempo que han existido. No se someterían ante humanitarios débiles. Fueron ellos los que apoyaron la causa de los Savlar, a cambio de dominio sobre las patéticas bestias mortales. Sin embargo, no era ningún Marine Malevolente quien miraba atento a los capturados Astartes Mk II. Ciertamente era un Marine Espacial, pero su armadura era del color de la medianoche, rayada con relámpagos y sangre seca. No llevaba casco, y sus pálidos rasgos dejaban ver venas negras, tan oscuras como sus ojos negros. El trono en el que se sentó había sido aplastado sobre su costado, y él simplemente se alzaba sobre él como un buitre.

Ante sus órdenes, los Marines Malevolentes comenzaron a tallar a cada uno de los indefensos Astartes ante él. Sus órganos de semilla genética fueron desvalijados uno a uno. El guerrero de medianoche reía mientras se realizaba este acto. Codar, Hijo del Trueno fue uno de los últimos marines dejados vivos, el cual escupió maldiciones al Amo de la Noche. El villano apenas prestó atención mientras inspeccionaba su reino de corrupción desde sus grandes ventanas panorámicas.

La terrible figura murmuró sobre Nostramo renacido” y de “los reinos del Caos cayendo ante la Disolución; un terrible destino para tal gloriosa empresa”. Codar sabía que el Marine Espacial estaba profundamente demente. El Amo de la Noche habló sobre aplacar al sol de Necromunda, eventualmente.

“¡Entonces!”, siseó. “¡Entonces, esta gente conocerá el miedo!”.

Pero el Equipo de Eliminación había sido astuto. Su propósito era simplemente provocar a la amenaza invisible a campo abierto. Mientras el Amo de la Noche observaba, los cielos colmados de humo de Necromunda comenzaron a brillar. Entonces, como ángeles vengadores, las Valquirias descendieron; descargando sus cargas en movimiento. Los semiorugas y los buggies cayeron en la espira con paracaídas gravíticos, junto a los equipos de ataque de la confederación de Temestor Braiva.

Codar aprovechó este momento de distracción para detonar la mochila de su propia servoarmadura. La explosión derribó a sus agresores más cercanos, pero él se levantó del fuego antes. Arrancando un bólter y una espada sierra, se lanzó sobre los Marines Malevolentes. Fue una batalla desigual, pero sabía que tenía que actuar rápido; si la Alianza Necromundana no era degollada con rapidez, los necromundanos atrincherados repelerían a este equipo de ataque. En el espacio, el crucero de batalla de Braiva jugó al gato y al ratón contra la enorme y decrépita barcaza de batalla Malevolente en órbita alrededor del mundo.

Codar rápidamente se dirigió hacia Callan, liberándolo de sus ataduras. Los dos Marines Espaciales lucharon desesperadamente contra los Astartes Malevolentes que se les oponían. El Capitán de los Marines Malevolentes estaba armado con un mazo, trémulo con energías etéreas. Junto al ahora delirante Amo de la Noche con sus garras, comenzaron a sobrepasar a los dos Marines imperiales sobrevivientes. La garganta de Callan fue arrancada, pero él escupió bilis ácido desde la herida, el cual destruyó los visores del yelmo del Malevolente. Codar fue golpeado con el mazo en el pecho, arrojando el cuerpo a través de la ventana del salón del trono, estrepitándose contra el balcón barrido por el viento más allá. Él observó con un disgusto entumecido cuando el Amo de la Noche levantó a Callan por encima de su cabeza, y rompió su columna vertebral sobre su rodilla.

Antes que Codar pudiera seguir a su líder al olvido, una Valquiria se cernió a la vista tras de él. Los dos líderes enemigos y sus compañeros de escuadra restantes cayeron al suelo, antes que una andanada repentina de fuego destrozada a toda la cámara del trono con rondas de bólter y haces cortantes de cañones láser. Antes que pudieran recuperarse, los Varseenios se desplegaron directamente desde la Valquiria; saltando desde la nave hacia el balcón a través de cables de alta tensión adosados a sus cinturones. A la cabeza, cargó Temestor Braiva, levantando sus guanteletes láser durante la carga. Los soldados humanos procedieron con una precisión calma y fresca, incluso mientras muchos de ellos eran brutalmente asesinados. El combate fue corto y brutal. Braiva se enfrentó al Amo de la Noche, ya que ambas comitivas yacían muertas sobre ellos. El Astartes era imposiblemente rápido y el héroe humano luchó solo para evitar las garras del monstruo. Sus guanteletes apenas provocaban líneas carbonizadas sobre la placa del Astartes. Sintiendo la victoria, el Amo de la Noche se acercó para asegurar la muerte. Pero Temestor Braiva tenía un plan. Mientras el Astartes lo recogía, se lanzó hacia adelante e insertó una granada en la boca abierta del bruto. La granada detonó; apenas una carga cegadora. Pero tuvo el efecto deseado. El Amo de la Noche retrocedió, con arcadas y brotando sangre negra desde cada orificio en su rostro. Momentáneamente distraído, Braiva soltó su arnés, y ancló el cable a su enemigo, antes de hacerse a un lado.

El piloto del Valquiria tiró del cable, arrastrando al Amo de la Noche violentamente desde la cámara. Mientras su enemigo colgaba impotente del cable, tomó uno de las sobredimensionadas armas de los Marines Espaciales tiradas en el piso y le disparó al villano con tres ensordecedoras ráfagas.

La muerte del Amo de la Noche arrancó el corazón de las cobardes pandillas, quienes fueron conducidos ante la élite sin igual de la soldadesca mortal del Imperio. Las tropas de desembarco de Braiva debieron ser extraídas pronto debido al abrumador número del enemigo. Sin embargo, el daño ya estaba hecho. Se dice que por primera vez en milenios, las bandas de Necromunda se levantaron como una sola; sintieron las debilidad de los Savlar luego de su apabullante derrota. En la década que le siguió, los Savlar fueron cazados como los perros que siempre clamaron ser.

Los Marines Malevolentes no eran necios; cuando supieron que Necromunda estaba perdida, arrancaron hacia su barcaza de batalla tan rápido como pudieron, luego de bombardear la espira principal de Necromunda con fuego nuclear. Luego se unieron a la flota del exilio de Abaddón, participando en la legendaria batalla de Palanium.

Sobre Codar, Braiva lo llevó a de vuelta a Armageddón. Mientras tanto, Temestor Braiva permaneció activo a través del período, luchando junto a sus fuerzas de asalto de élite. Sus atrevidos actos llenan una biblioteca por sí mismos.

En la siguiente sección, veremos qué otros actos notables definieron al Tiempo de la Contracción como un período conspicuo de heroísmo entre una galaxia que se oscurecía rápidamente con el mal en todos sus rincones.

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