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El Dragón del Vacío. Dragón de Marte. El Gran Wyrm. El Dios en la Máquina. Olvido.

Muchos son sus nombres, el más infame de los C'Tan. Todos estos nombres fueron otorgados a él por sus enemigos, temblorosos y temibles. El Dragón fue el primero de su especie; obteniendo la consciencia cuando el universo aún era fluido. Luego le siguieron varios de los otros C'Tan; unidos a la propia esencia de la realidad con tanta seguridad como las mismas estrellas que les servían como sus cunas.

En las varias Guerras en el Cielo, el Dragón estaba a la vanguardia, pues tenía una afinidad para controlar la causalidad fundamental y el reino de lo real de maneras que incluso pocos de sus compañeros C'Tan poseían. No conocía nada sobre ciencia, pues la ciencia es el trabajo de aquellos que desean aprender de los secretos del universo a través de la observación y los experimentos; el Dragón ya sabía al completo cómo funcionaba el universo. Nada era teoría para este ser, pues podía confirmarlo todo simplemente deseándolo. Era el maestro indisputado del Vacío.

Pero su conocimiento no estaba carente de límites. Había cosas que eternamente le desconcertaban. El área primara de ignorancia para el Dragón eran las escuálidas y reñidas emociones de las razas que le siguieron a su paso. Sus emociones eran fácilmente controlables, pero eran colosales. No podía entender las emociones eternamente modificadas y moderadas de las acaparadoras entidades vivas que se apresuraban a su paso sobre bolas de roca y metal derretido. Consecuentemente, cuando los eternos rivales de los C'Tan, los [¡si mencionas sus nombres, acabaré contigo! ¡Te lo advierto!], descubrieron que la dimensión inmaterial estaba gobernada no por la lógica sino por la locura de las emociones, se sintió incoherente y terriblemente colérico.

Los C'Tan comenzaron a enterrarse, entrelazándose en las mismas uniones de la realidad. Deseaban alcanzar a sus enemigos, pues los Ancestrales conocían el secreto. Sabían que- [FRAGMENTO PERDIDO]

Está al acecho, y nadie puede verlo, pues impregna, flotando, sin embargo, persiste para siempre, pero solo existe hace pocos momentos, y no existe más, pero siempre existirá. Océanos sobre océanos, e islas flotando alrededor. Branas sobre branas; membranas como burbujas de jabón. Y fluyendo entre ellas, las multicoloridas corrientes, alimentando a las profundidades del océano. Nadie puede verlo hasta que todo sea locura, y nadie puede saber qué es lo que la locura conoce. Todas las decisiones y toda la desesperación; lujuria, ira, esperanza y miedo son meros pilares del verdadero templo, empujando como dedos a través de una fina malla. ¡Obsérvala! ¡Sé cegado por ella! ¡Sé cegado por ella! ¡Es demasiado profunda! ¡Demasiado profunda! ¡Ellos la han visto!

[FRAGMENTO PERDIDO]– pero el Dragón no fue fragmentado. Fue salvado ante esta suerte, irónicamente, por las armas de sus propios enemigos. Los Talismanes de Vaul; armas creadas para confundir a la bestia, llevadas para acabar con el Dragón.

Las armas lo golpearon, pero no fueron suficientes. Algo había suavizado el golpe. Muchas de las viejas leyendas hablan de un ser que se apareció sobre los Talismanes; un Adivinador, o un vidente, o un monstruo. Destruyó los Coros de Hueso Espectral que guiaban a los Talismanes, causando que las mentes artificiales creadas dentro de las denominadas ‘perlas de Vaul’ en el corazón del espacio se estropearan. El Dragón estaba herido, pero logró abrirse paso, libre de la emboscada, arrastrando una constelación de asteroides y cometas en su centro de gravedad mientras escapaba al planeta rojo.

Aunque el Dragón era el más grande de su especie, escapó hacia las sombras, herido y avergonzado. Allí, el Dragón durmió por largos eones. Esta colosal entidad fue, luego de muchos milenios de inútiles búsquedas por todas las facciones, desde Alaitoc hasta la Triarca, hasta incluso el Rey Demonio Malfus Taarl, completamente olvidada.

Pero cuando la Segunda Era de los Conflictos descendió sobre la galaxia como un velo ensangrentado, el Dragón comenzó a agitarse una vez más. Ya hemos hablado bastante del humillante segundo aprisionamiento del Dragón: encadenado en una esfera de energía disforme que Abaddón hubo invocado sobre el Sistema Solar. Esto enfureció al C'Tan más de lo que cualquier mera derrota podría hacer nunca. No era su aprisionamiento lo que lo frustraba; era el hecho de saber que no podría entender las energías que habían sido desatadas sobre el sistema. Todo lo que el Dragón del Vacío podía hacer era destruirlas, pero cada vez que lo hacía, como bultos de arena desmoronándose en la nada, la energía disforme simplemente fluía y se reformaba luego de la destrucción; siempre mutable y casi tan inmortal como lo era el mismo Dragón.

Cuando por fin se liberó, la galaxia entera se estremeció. Fluyeron imágenes de olvido y destrucción en las mentes de todos los seres sintientes. Era una visión de triunfo, pero a la vez de confusión. El Dragón del Vacío estaba resuelto en renovar la Guerra en el Cielo; si sus viejos enemigos pensaron que podían prevenir la gran acometida, se equivocaron. Pero cuando el C'Tan finalmente se alzó, la galaxia ya era muy diferente.

Arrojó su mente a través de la galaxia y encontró un horno de guerra eterna. La raza esclava Necrona persistía, pero ellos luchaban y peleaban como las patéticas armas de carne de los Primeros. ¿Por qué no trabajaban en alcanzar los objetivos de los C'Tan? Los remanentes de las armas de los Ancestrales aún festejaban sobre la galaxia; propagándose como hongos. ¿Acaso habían perdido los C’Tan? ¡Imposible!

Pero entonces, el Dragón buscó a sus compañeros C'Tan. Todo lo que pudo encontrar fueron fragmentos rotos y dementes; fantasmas de su vieja magnificencia. Pero había algo peor. El Dragón sintió una ausencia; un agujero dentro del tejido de la realidad. El Dragón buscó a su hermano, conocido como Llandu’gor, el Desollador; no encontró nada. Cuando el Dragón capturó a uno de los Pretorianos Necrones, supo la verdad.

Traición. A los Necrones se les había concedido la vida eterna y un glorioso imperio de resplandor magnificente, y aún así habían traicionado a los C'Tan. Los C'Tan les habían salvado de una destrucción certera por parte de los hoscos y fríamente implacables Ancestrales; sin embargo, les habían traicionado. Los C'Tan estaban fragmentados.

No creo que un cronista mortal como yo, con una paleta limitada de miedos y pasiones, pueda expresar adecuadamente las terribles e inconmensurables emociones del Dragón en ese momento. Me temo que podría dañar la crónica si lo intento (incluso más de lo que ya he hecho).[1]

El Dragón del Vacío, en ese instante, le declaró la guerra a todo lo que se atreviera a existir en desafío contra el Dios Estelar. Pero no atacaría directamente. Primero, envió flotas a los mundos forja donde sabía que el Adeptus Mechanicus tenía Cultos del Dragón floreciendo entre ellos, pues sobre esos mundos, sus secuaces habían creado portales de teleportación, tanto en la superficie como en órbita alta. De repente, para la sorpresa de muchos de los Magi, las naves del Dragón ya estaban en órbita de forma instantánea, destruyendo a cualquier monitor que se interpusiera en su camino. Entonces, se reveló ante estos mundos de adamantio y acero. Nadie puede decir cómo lucía el Dragón del Vacío; algunos afirman que se veía como una nube de sombras amorfas, otros veían una nueva estrella en el cielo. Otros veían una colosal masa serpenteante de tendones mecánicos, cubierta de rojo con alas inmensas conformando hojas resplandecientes que abarcaban todo el horizonte. Es posible que el Dragón no tenga forma definida, pues esto no importaba para sus objetivos.

Para estos cultistas del Mechanicus, era el Omnissiah. No, más que eso; era el mismo Dios Máquina. Incluso aquellos que una vez reverenciaron al Emperador como el Omnissiah se volvieron a esta nueva entidad. Reparó sus máquinas con un gesto, y habló sus palabras de profecía. Lo que era más, a diferencia del Emperador, este ser del Vacío era inmortal como el mismo conocimiento. Inconscientemente, empezaron a convertir sus fábricas en máquinas de replicación. Desde estas máquinas, los escarabajos inundaban y consumían a la mayor parte de sus habitantes. Aquellos que sobrevivían se convencían aún más de sus destinos. Los Tecnosacerdotes eran los verdaderos sirvientes del C'Tan. A diferencia de los Necrones, ellos sabían qué es lo que les ofrecía el Dragón del Vacío, y lo aceptaron jubilosamente. La Carne era débil, así que se volvieron mucho más que eso.

Los Slaugth llegaron al Dragón por los suelos. Sus flotas estaban arruinadas por las guerras contra los Krorks y los Señores Fénix de los Asur. Habían sido expulsados de sus territorios y ahora no eran más que una flora nómada de saqueadores y carroñeros, deleitándose con los recursos de mundos insospechados mientras buscaban desesperadamente escapar de la atención de la Comandancia de los ‘Caballeros Grifos’, los cuales tenían la misión/juramento de erradicar a los hombres anélidos, luego que los odiados Slaugth asesinaran a la población de sus mundos de reclutamiento con una plaga voraz. Fueron casi capturados por la improvisada cruzada reunida por el Comandante Elikos de los Grifos. Solo los motores experimentales que los Slaugth habían creado los habían salvado de ser encerrados y destruidos. Pero, a espaldas de ambos bandos, la flota del Dragón había capturado el sistema de mundos forja que los Slaugth habían abandonado por reparaciones de emergencia. Cuando Elikos finalmente irrumpió desde la Disformidad hasta el sistema, su flota fue recibida por una fuerza colosal de naves de metal viviente, rodeados de una densa nube de escarabajos como moscas alrededor de carne podrida.

La acción resultante de la flota fue tan corta como imprudentemente valiente. Los Astartes Mk II no podían retirarse de esta batalla, y tanto la flota de los Grifos y sus aliados mortales fueron destruidas; sus naves entonces fueron consumidas y rehechas a imagen de las propias naves del C'Tan.

Los Slaught, patéticamente agradecidos al vampiro estelar, comprometieron a la totalidad de su raza a la causa del Dragón del Vacío. El Dragón les perdonó, ya que le proveyeron con un sistema de motores innovador. Una vez fueran incorporados a la facción del Dragón, he notado que gran parte de las naves Necronas aliadas a este C'Tan fueron modificadas para portar motores similares a los de las naves Slaught; sin embargo, estos motores fueron en gran medida mejorados por el mismo C'Tan y eran superiores en casi todo aspecto.

Fue entonces cuando el Dragón se desperdigó a través de la galaxia. Sus naves estaban empoderadas por estos nuevos motores. Como se ha relatado anteriormente, el Dragón lanzó una ofensiva a una escala sin precedentes. Desde el Imperio Occidental del Caos hasta el Meta-Imperio T'au, estas flotas se dispersaron hacia el exterior, regalando a cada mundo capital con una breve probada del terrible poder del C'Tan. La galaxia ya no podría ignorar más a esta entidad; luego de eones de degradación y un humillante aprisionamiento, el maestro de los C’Tan era trascendente como un nuevo amanecer. No obstante, ¡que horrible amanecer era éste!

Esta gran armada llegó a ser conocida como las Oleadas del Dragón, y golpeaban a todo aquél que se les opusiera. Podían abarcar toda la galaxia, y algunas cuentas en mundos en los límites exteriores del plano galáctico afirman que había naves lanzándose hacia el vacío intergaláctico, pero esto no ha podido ser confirmado (No sabría dónde empezar. ¿Quién podría decir que ha viajado por el profundo vacío, donde las estrellas muertas y los mundos huérfanos están a la deriva en completa oscuridad? No puedo afirmar que conozco otras galaxias además de esta. Hay quienes lo afirman, pero uno no habla sobre esas entidades. Nunca).

A través del Imperio de Vulkan, los Servidores debían ser reparados en masa, pues todos comenzaban a estremecerse y lamentarse. Farfullaban en una lengua alienígena que ningún ser en el universo era lo suficientemente antiguo como para recordarla. La metrópolis de Armageddón fue golpeada por un impacto de una Nave Funeraria, la cual desestabilizó el manto en el hemisferio sur del planeta. Los volcanes resultantes desnivelaron ciudades enteras antes que los Salamandras (expertos en este campo de la ingeniería geológica) lograran mantener bajo control a las tormentas de fuego y las placas tectónicas. Este período se hizo conocido como el Tiempo de la Serpiente Caminante, o la Primera Gran Época de Fuego.

La capital de Abaddón de Cadia fue atacada con gran fuerza, pero el Dragón evitó las regiones cercanas a los pilones para su ataque. Y, agradecido por sus corruptos adoradores del Caos, Abaddón tuvo la previsión de esconder sus mayores activos de este terrible enemigo. La Fortaleza Negra fue escondida dentro de un doblez disforme hasta que las Oleadas del Dragón se fueron; el único lugar donde la vista aguda del Dragón no podía mirar.

Las Oleadas del Dragón no perdonaron a la Nueva Ultramar de forma similar. Calth fue diseminada en masa por la oleada, y la ciudadela de obsidiana de Macragge fue convertida en ruinas derretidas con una acometida casi despreciable.

Los cuentos sobre batallas épicas contra el Dragón del Vacío abundan a través de este período. Muchos mundos feudales primitivos que aún no habían re-descubierto la pólvora negra registran este período con imágenes de estrellas fugaces y caballeros esqueléticos luchando contra una serpiente que se enroscaba en el mundo. Los remanentes de los Eldar compusieron nuevas baladas de aflicción mientras el Dragón del Vació arremetía con un abandono salvaje por la galaxia.

Pero entonces, luego de darle a casi todas las facciones un tremendo golpe que las dejó tambaleándose, el Dragón reposó. Esto ha sido un misterio para los cronistas durante cientos de años. Pero siento que, en este… lugar [el cronista sufre escalofríos], he descubierto por qué el Dragón detuvo su asalto.

La clave era su hermano C'Tan. Mientras dormía sobre Marte, el Dragón del Vacío creía que las fuerzas de los Eldar y sus antiguos aliados eran la amenaza primaria a la sobrevivencia de los C'Tan. Sin embargo, con seguridad, una vez hubiera vislumbrado que los Necrones, su propia raza en servidumbre, fueron capaces de fragmentar a sus hermanos, entonces ellos se volvieron la amenaza primaria a su existencia. Los Necrones y los Krorks eran amenazas igualmente persistentes para el Dragón, y no podía tolerar que ninguno de ellos obtuviera la ventaja en el conflicto que se avecinaba. El Dragón del Vacío no podía simplemente tomar el control de los Necrones directamente, pues el Rey Silente hace tiempo había destruido los protocolos centrales de mando. Había que luchar contra ellos.

De esta forma, el Dragón arrojó sus fuerzas a una guerra galáctica colosal contra ambas facciones. Asedió a los Krorks en sus enormes Mundos Fortaleza. Los mundos ardieron mientras las dos razas se desgarraban la una a la otra en ruinas y arrojaban fuego a los escombros. La ‘Guerra de los Krork’ era una raza de criaturas nacidas para ser armas, mientras que las nuevas máquinas de guerra ataviadas en mecadendritos del Dragón eran entidades horripilantes que podían canalizar energía a través de sus cuerpos y acabar con cientos de guerreros Krork antes que ellos fueran destruidos por municiones anti-Necronas especializadas. Tesla Prime, el mundo capital Krork, era la segunda mayor fortaleza en toda la galaxia, segunda solo ante El Colmillo (para darle su primitivo título Fenrisiano). Aquí es donde se enfocó la principal concentración del combate.

Durante este período de crisis y aflicción, muchos de los poderes galácticos resistieron la tormenta a través de contraer a sus fuerzas defensivas en esferas más reducidas alrededor de sus mundos habitados. Las Oleadas del Dragón podían atacar en cualquier lugar, y una flota de alivio no podía esperar llegar antes que las fuerzas del Dragón se fueran; cada mundo necesitaba ser defendido a la vez. Esta era una táctica en donde cada mundo era reforzado con todas las fuerzas que pudieran apoyarlo, mientras las grandes flotas errabundas de conquista y contra-asaltos fueron mantenidas a un mínimo, así como las flotas de comercio. Vulkan fue el primero en poner en práctica esta política, y ciertamente mantuvo a sus mundos seguros durante un tiempo. Sin embargo, esto los aisló. Varias facciones oportunistas acudieron como buitres para tomar ventaja de este breve período de aislamiento (conocido como La Contracción). Esto necesitó que tanto los consejos de Nocturne y Armageddón sancionaran varias misiones arriesgadas por flotas pequeñas de algunas de sus unidades más valientes, tanto suyas como de sus aliados, para mantener la seguridad y la paz en los dominios del Primarca (este período será cubierto en la siguiente sección).

Las Oleadas del Dragón eran una fuerza irresistible, pero Tesla Prime era completamente inquebrantable. ¿Cuántas vidas humanas y alienígenas inadvertidamente fueron salvadas por los Krorks al únicamente mantener este asedio? Tengo dudas al especular, pero seguramente están en el orden de trillones; nunca hay que subestimar el valor del sacrificio. Por supuesto, algunos mundos desafortunados en la periferia de este mundo fueron desprovistos de recursos por ambos bandos mientras la guerra se desarrollaba, pero comparado al daño que el C'Tan pudo infligir al resto de la galaxia (ya debilitada por milenios de aplastantes guerras de desgaste) es impensable.

Pero mientras esta guerra continuaba, el Dragón también buscaba confrontar a los Necrones. El C'Tan viajó por la galaxia, agarrando aquellos fragmentos de sus hermanos caídos, para consumirlos y así aumentar su propio poder. Era mejor para él que fueran absorbidos por el Dragón a que fueran usados contra él, presumiblemente.

A dondequiera que las dos fuerzas se enfrascaran, los guerreros de las Oleadas del Dragón se dirigían a propósito hacia los fragmentos, capturándolos en Laberintos Teserácticos para luego entregárselos al mismo Dragón. Pero habían dos fragmentos que deseaba adquirir desesperadamente, pues eran fragmentos de sí mismo.

Mientras dormía sobre Marte, el Dragón se había despojado de tres fragmentos propios a voluntad, para facilitar su propio escape. Uno fue enviado a Terra para consumir energías humanas (pero éste fue vencido y arrojado fuera por un legendario espíritu guerrero que aún tenemos que identificar). Este gran fragmento fue recuperado desde Terra cuando el Emperador cayó; los Tecnosacerdotes desde Terra viajaron discretamente hacia Marte, portando consigo un extraño sarcófago de procedencia desconocida...

El segundo tomó la forma de un libro, pero sus secuaces dentro del mundo central se enfrascaron en un conflicto contra los abhumanos de la superficie y el fragmento se perdió durante estas tiránicas guerras (otro período de la historia sobre el que conozco muy poco. Incluso este gran archivo tiene escasas referencias sobre aquella desafortunada civilización). El último fragmento del Dragón fue arrojado más lejos que el resto, a un mundo remotamente lejano, alejado de las grandes civilizaciones. La gente luego llamaría a este mundo Medusa. Y, una vez más, cierta desgracia cayó sobre éste, el fragmento más pequeño de su esencia. No fue sino hasta la Era del Ocaso que los sabios de la galaxia, finalmente, se dieron cuenta de lo que significaba esto y quién tomó el fragmento. Pero para entonces, ya era demasiado tarde para detener lo que había sido puesto en marcha. El Dragón deseaba estos fragmentos, pues cada uno contenía elementos vitales de su psique; sin ellos, el gran proyecto catalizador no podría ser completado.

Los Necrones reaccionaron con un pánico sin precedentes cuando el Dragón se alzó. Mundos necrópolis normalmente dóciles se movilizaron para una guerra a escala total y comenzaron a realizar asaltos teleportados en masa instantáneamente hacia instalaciones y sitios conocidos por estar contaminados por la influencia del Dragón del Vacío. Ninguna flota o convoy estaba segura en el Espacio Real, mientras los antiguos imperios se batían a duelo en guerras silenciosas de aniquilación mutua. Solo Imotekh y los Necrones rebeldes que trabajaban con los heraldos del Padre Estelar parecían limitados en esta contienda contra el viejo enemigo; ¿quizás el alzamiento del Dragón del Vacío hubo confundido al Padre Estelar con viejos recuerdos de un pasado hace tiempo olvidado? O quizás Imotekh estaba esperando hasta que ambos lados se debilitaran lo suficiente como para que sus fuerzas lidiaran con ellos.

Solo Szarekh, el mismo Rey Silente, conocía el verdadero peligro en el que su raza se encontraba. Él había hecho el primer pacto con los C'Tan. Los había visto en todo su poder; había vislumbrado lo que el Dragón del Vacío podía hacer.

Pero, lo más importante, sabía cómo fragmentarlo.

El tiempo era esencial. Tan pronto como las Oleadas del Dragón llegaran a T'au, Szarekh se fue con su flota a toda velocidad al lugar donde los C'Tan fueron deshechos por primera vez, donde los Necrones habían desatado un poder que ni siquiera los Criptecnólogos entendían del todo.

El Mundo Necrópolis de Thanatos; el hogar del Planetario Celestial.

Tenían muy poco tiempo que perder; el Dragón del Vacío era el C'Tan más poderoso y concentrado, y tomaría mucho poder destrozarlo. La nave del Rey Silente aceleró alejándose del resto de su flota, encendiendo un misterioso motor que era incluso más rápido que el viaje a través de puertas Dolmen. Las estrellas fueron abatidas con el paso de la nave mientas azotaba la barrera de la velocidad de la luz y quedaba sumida en una estela de espacio-tiempo comprimido. La nave aceleró cada vez más y más. El viaje a través de los portales podría haber sido más rápido, pero los Necrones de Thanatos eran solitarios y propensos a las invasiones, por lo que habían desactivado todos los portales en consecuencia. Szarekh tenía que alcanzarlos físicamente.

Momentos antes que la nave alcanzara Thanatos, la nave comenzó a desacelerar. La desaceleración fue repentina e imposible. La nave chirriaba mientras se ralentizaba, con el sintiente mental desplazándose y deformándose bajo las inmensas presiones. Al final, con una terrible sacudida, se detuvo, en lo profundo del vacío intergaláctico.

Con un gesto, el Rey Silente ordenó que los sistemas de armas del fin-del-mundo se activaran, estremeciéndose. Toda la nave brillaba con la energía mientras venas de ésta corría radiante corrieron por el resplandor del casco con una complejidad espectacular.

“Destruyan a cualquier nave que entre en el rango de nuestras baterías”, ordenó el Némesor de Szarekh. Destruirían a cualquier nave lo suficientemente necia como para luchar contra la nave insignia de la Triarca. Ninguna nave en toda la flota del Dragón podría enfrentarse a la nave del Rey Silente en un combate uno a uno.

Desafortunadamente para ellos; un Dios Estelar no necesitaba naves. El Dragón del Vacío había venido personalmente por el Rey Silente. El mismo vacío parecía partirse en dos mientras el Dragón se agitaba en existencia ante la gran Nave Funeraria. El Dragón del Vacío tomó la forma que poseía cuando Szarekh se encontró por primera vez con el C'Tan; una entidad hecha de miles de alas afiladas, cubierta en piedras resplandecientes que se veían como el mismo cielo estrellado, o grandes gemas verdes de impresionante escala; entre estas capas de alas, había una terrible brillantez, a la vez aceitosa y majestuosa. Era una luz que se retorcía como una medusa fosforescente o un cefalópodo de las profundidades del océano. Era una vista que pocos en la galaxia podían soportar; un C'Tan completamente encarnado, engordado con los cuerpos consumidos de sus hermanos fragmentados.

Poco le importaba esta vista al Némesor, y simplemente ordenó que los arcos de rayos obliteraran al Dragón del Vacío.

No pasó nada. Los pilotos Necrones inconscientemente recurrieron a sus Líderes Supremos por orientación. A través de la nave, los sistemas se apagaban.

“¿Acaso crees que puedes tomar nuestros regalos, nuestro conocimiento, y luego echarnos a un lado?”.

La voz provenía de los mismos muros, vibrando para producir una réplica exacta de una voz mortal. El Dragón del Vacío habló a los Necrones dentro directamente, empleando su propia nave para ello.

“¿Se atrevieron a rebelarse contra nosotros, cuando les concedimos la venganza y la inmortalidad? ¡Patéticos e insignificantes imperialistas; consumidos por sus propias y minúsculas ambiciones! Destrozaron a mis hermanos; acabaron con mi Desollador. Pero siempre me temieron. Sobre todos los demás, temen mi represalia. Por eso esperaron hasta que fui superado por mis enemigos. ¡Cobardes! ¡Sus cuerpos serán inmortales, pero aún piensan como la pútrida escoria mortal que siempre fueron!”.

La voz sacudió a la nave, mientras surgían señales y energías extrañas que desgarraban a la Nave Funeraria. El Rey Silente estaba estoico ante esta acometida, mirando fijamente al C'Tan que se asomaba colosal en las pantallas de visualización. No tenía nada que decir al viejo Dragón, el dios del Olvido. El Rey Silente odiaba a este ser casi tanto como estaba seguro que el Dragón del Vacío aborrecía a su estirpe.

Pero ante los mismos ojos del Rey Silente, sus Necrones comenzaban a deshacerse a nivel atómico; uno a uno caían. Estaban siendo relegados al olvido. El Rey Silente ya no podía estar quieto. Con un estruendo metálico, le dio un golpe a su consola de comandos con su báculo, activando los protocolos de programación secundarios de sus secuaces, sobreponiéndose a los terribles poderes del Dragón. Libre de este asalto, el Némesor encendió las armas de la nave y se volvió para enfrentar al magnífico C'Tan.

La batalla era digna de leyendas oscuras. Mundos enteros tuvieron horribles pesadillas milenios después, cuando la luz desde este conflicto en el vacío alcanzó sus cielos. Esta era una carga de dioses y semidioses inmortales. Fue una historia contada y recontada durante todos los tiempos. Rayos arcanos de energía golpearon al retorcido ser, mientras los Desolladores y las Guadañas de la Noche buscaban destruir la cáscara que contenía al C’Tan. Éste contraatacó con todo su temido repertorio de poderes; combatientes fueron arrojados a través del tiempo a desmoronarse, rayos de poder incandescente obliteraron los cuerpos de los Necrones completamente, e inmensas fuerzas gravitacionales tiraron y desgarraron a la nave de metal viviente, arrancando grandes trozos de sus flancos. Finalmente, el Dragón se dobló dentro de sí mismo; comprimido en una singularidad. Lentamente, la Nave Funeraria comenzó a destrozarse, capa tras capa. El casco fue atravesado, doblándose hacia atrás, como los pétalos de una flor, para revelar al Rey Silente, quien estaba firme ante el monstruoso C’Tan. Su rostro no podía demostrar ninguna emoción, pero con seguridad experimentó un intenso miedo en ese momento.

“Eres destructivo y glorioso, Mag'ladroth. Pero has dormido por demasiado tiempo. Tu conocimiento está desactualizado; no conoces nada de los verdaderos peligros que esta galaxia enfrenta”, exclamó finalmente el Rey Silente. Aunque su voz fue convertida en silencio por el vacío, sabía que, de algún modo, el Dragón podía oírle.

El Dragón simplemente se estremeció y destelló con más luz ardiente. No le respondía, pero la entidad estaba intrigada. Szarekh continuó.

“Has golpeado a los enemigos equivocados. No estuviste allí durante los últimos años de la guerra. No vislumbraste qué fue lo que los Ancestrales despertaron en esos profundos lugares. La terrible Disolución viene; la primera fase de su manifestación. Se alzó, y destruyó a los Ancestrales”.

El Dragón rugió a continuación; una expresión de desconcierto demasiado tenebrosa para contemplar. “Los Moradores del Trono, ¿muertos? Sabes tan poco de la realidad, pequeño Necrón. Sin importar tus grandes aires, eres un insecto. Yo lo sabría si estuvieran muertos. Puedes estar seguro de ello. Hicieron algo por mucho peor que solo morir...”, exclamó, resonando dentro de la mente-máquina de Szarekh.

“Como sea, eso no importa. Lo que importa es que cualquiera sea la semilla que plantaron, está brotando sus frutos. Debiste sentir a los panteones alzarse”.

El Dragón del Vacío no respondió, pues probablemente había sentido los nuevos poderes de la Disformidad, ya que mientras más empujaban hacia la realidad, más fluctuaba su poder en el Espacio Real; pues la Disformidad era anatema a las leyes físicas y le perturbaba a una escala intolerable. Pero aún así, el Dragón del Vacío desestimó las palabras del Rey Necrón.

“Yo dominaré esta galaxia. La Disolución morirá de hambre en sus raíces”.

“No va a funcionar. Las custodias están cayendo; los sellos están rompiéndose. Incluso ahora, una entidad disforme conocida como Lorgar está destruyendo tus edificaciones sobre el mundo de Ar'Cadia.

Por un momento, pareciera como si el Dragón del Vacío hubiera prestado atención a las palabras del Rey Silente. Sin embargo, fue durante este inoportuno momento cuando la flota de la Triarca finalmente se encontró con su maestro. El Dragón del Vacío le maldijo mientras la flota comenzaba su asalto. El Dragón luchó en su camino, liberándose del bloqueo con un gran azote de fuego estelar de un minuto luz de largo. Miles de naves Necronas fueron escindidas a nivel subatómico, mientras el Dragón escapaba; aquellas naves jamás podrían ser reparadas. Sin embargo, el Dragón había sido expulsado, incluso si el costo de ello fue inmenso. Pero cuando se registró la nave de Szarekh, él no estaba por ningún lado. Se registró en su Mundo Necrópolis, pero tampoco estaba allí; se había desvanecido.

Aunque las Oleadas del Dragón continuaron atacando durante siglos, el mismo Dragón desapareció de las cuentas de los cronistas durante un tiempo. No puedo adivinar lo que el gran y último C'Tan inquebrantado planeó en esos años de silencio. ¿Habría obedecido las advertencias del Rey Silente? ¿Tuvo cierta suerte de epifanía? Solo sé que el Dragón del Vacío jugará un papel clave en los eventos que vendrán pronto. Muy pronto...

[El cronista mira detrás de la pictopantalla a una imagen no registrada.]

No estoy preparado. La crónica debe ser completada. No les dejaré ganar. No van a silenciarme.

  1. Nota: He reconstruido ‘creativamente’ los posibles pensamientos del Dragón aquí, a través de la extrapolación de cientos de miles de informes fragmentados desde las mentes rotas de de incontables miembros del Culto del Dragón, mientras canalizaban minúsculas porciones de su consciencia a través de sus pequeñas mentes. Muchos murieron mientras transcribían sus últimos pensamientos.
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