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Me desperté de sueños intermitentes en los pasillos de cristal, para encontrar que había escrito... esto. El lápiz estaba en mi mano, la línea de contacto sumergida en mis venas. Escribí esto con sangre, pero la interfaz pareciera haberla transcrito de igual forma dentro de la crónica. ¿Acaso estoy yo escribiéndola, o la crónica se está escribiendo a sí misma, usándome como su títere? No lo sé, y los sueños sobre los Draziin-matas aún plagan mi dormir. ¿Alguna vez cesará su implacable avance?

No es un dios, pero deambula por donde están los dioses. Él es un susurro silencioso entre leyendas rimbombantes; se determinó a serlo. Si no estuviera guiando la mano de este erudito, quizás nunca habría mencionado a esta figura en absoluto. Su título fue mencionado primero en las crónicas de los Caballeros Grises, como una figura referida alegremente por las Gemelas Apex, quienes parecían ser sus aliadas. Hay otras cuentas, como las de las febriles misiones de ensueño del Sacerdote Fenrisiano Karnos; el ‘padre-primo’ quien deambulaba por la vagante red, atrapando a héroes en sus horas desesperadas de necesidad. Salvó a la Hermandad de las Espadas Elusivas de cierta destrucción por el enjambre de la Marea de Sangre, mientras aplacaba al Sistema del Velo lejano, y bebió a toda la civilización. Sus secuaces fueron clave para cambiar el curso en Vaxenhide, la cual parecía como si los Eldars Oscuros hubieran ido a torturar y asesinar a toda la población.

Fue él quien estrelló la basílica flotante de Ceylán hacia Sirio B, matando a un futuro tirano durante su infancia. Él era el rumoreado ‘confidente Primus’ de la diligente secuaz de Vulkan, Imogen, quien reunía información y trataba de corregir los errores de una galaxia asesina.

Su historia y la de los Custodios y los Caballeros Grises también parecen entrecruzarse eternamente a través de las esporádicas y gargantuescas narrativas de esta historia. Como se ha mencionado en anterioridad, los Custodes y los Caballeros siguieron a las Gemelas Apex a la Telaraña, escapando de Titán con el cadáver desecado del Emperador consigo.

Las Gemelas Apex hablaban entre ellas y con los Caballeros Grises con alegría exaltada. Se desconoce cómo es que sabían su camino a través de la Telaraña, pero se decía que seguían un ‘rastro de migajas psíquicas, dejadas por una entidad amigable’. Los Custodes y los Caballeros Grises se habrían perdido irremediablemente sin su guía, así que les dejaron que les guiaran.

En algún momento, las Gemelas detuvieron a los Caballeros en su camino, pidiéndoles que se quedaran quietos y se detuvieran. Cuando inquirieron, simplemente respondieron:

“No es su tiempo aún. Su destino es el pasado. No tenemos permitido fisgonear; el Pariente podría enfadarse si lo hacemos”.

Mientras decían esto, los Caballeros Grises miraron el hilo de la Telaraña delante. Un ejército entero de Orkos tropezaba por la Telaraña, mientras sus Kamiones eructaban humos que se apagaban contra las defensas rúnicas de la Telaraña.

“De akuerdo kamaradaz, no token nada, ¿bien?”, les gruñó su comandante. Éste era el infame Thraka el Kabezota; azote de Armageddón. Varios Caballeros Grises debieron retraerse de acabar con el Kaudillo mientras pasaba. Los pendencieros Orkos no los notaron, y se aventuraron hacia otra intersección, en otro tiempo. Pues la dimensión laberíntica era una red tanto del espacio como del tiempo, los cuales se retorcían en patrones indeterminables.

Siguieron emigrando, y pronto parecía que habían salido de la realidad para siempre. Su antigua armadura aún estaba andrajosa; sus espadas rotas, sus cuerpos desgastados y cansados, y solo sus relucientes poderes permanecían sin tacha a lo largo de los milenios. ¿Quién necesitaba la ayuda de estas almas antiguas y cansadas? Se preguntaban.

Mientras vagaban, se encontraron con una figura misteriosa, armada con dos pistolas. Él los saludó a la manera de un vasallo a un rey, lo cual dejó perplejos a los Caballeros Grises. Las Gemelas Apex se veían sospechosas ante esta figura, pero estaba con los colores de los Ángeles Oscuros, así que los leales le aceptaron, y le permitieron acompañarlos por un rato. Mientras caminaban, la figura les contaba cuentos sobre lo que había pasado en el universo mientras ellos estaban atrapados sobre Titán. Él hablaba en medias-verdades y con respuestas vagas. Incluso cuando le preguntaron su nombre, él respondió: ‘Mi nombre es solo una parte del mayor cifrado que debe resolver’.

“¿El Pariente?”, preguntaron las Gemelas expectantes. La figura (la cual conocemos como Cypher, así que supongo que sus respuestas crípticas traen consigo algo de verdad...) no les respondió. Cuando intentaron pescar la respuesta desde su mente, fueron bombardeados con más preguntas. Él nunca se resistió a sus poderes (si es que alguien puede hacerlo), pero su mente estaba codificada y encerrada entre acertijos y misterios. Las Gemelas se aburrieron de los puzzles, y pronto volvieron su atención nuevamente en guiar a los Caballeros hacia el Pariente.

Ocasionalmente, el grupo atravesaba Portales a la Telaraña, invisibles ante los observadores exteriores. Observaron guerras interminables a través de cientos de períodos de tiempo, a través de muchas eras. Muchas de ellas eran entre criaturas y gente que los Caballeros nunca habían visto; jamás conocido.

Sin embargo, en un punto, atravesaron una terrible batalla, donde vieron a sus viejos enemigos, los Necrones, rodeando y lentamente asesinando a una valiente escuadra de Lobos Espaciales, liderados por un gran gigante con un poderoso úrsido gris que pendía desde su Armadura de Exterminador, mientras portaba una poderosa hacha; la famosa Morkai. Los lobos estaban igual de agotados por la batalla que los Caballeros Grises, y el Maestre exigió que ayudaran a los lobos. Cypher se rehusó, afirmando que estaban destinados a morir. Las Gemelas, petulantemente, estamparon sus pies, diciendo: ‘¡Vamos tarde! ¡Queremos ir a casa ahora!’; solo los formidables poderes psíquicos de los Caballeros previnieron que su berrinche disolviera los cuerpos de todos en el túnel. Los Caballeros se rehusaban a irse; no darían ningún otro paso ya sea con marines o Apex a menos que pudieran ayudar a los Lobos.

Con un suspiro de cansancio, Cypher talló su camino hacia el Materium, guiando a los Lobos sobrevivientes a la Telaraña, también.

Los Lobos Espaciales siguieron a Cypher a regañadientes, pero confiaron más en su curso de acción una vez vieron a los Caballeros Grises, quienes saludaron solemnemente a los Astartes. Su líder, Logan Grimnar, no estaba entre los sobrevivientes. Morkai estaba ahora en manos del Colmillo Largo conocido como Brynisson.

Juntos, el extraño grupo de figuras heridas se movían a través de los capilares de la Telaraña como peregrinos hambrientos, siguiendo los brincos de las Gemelas Apex.

Los Caballeros Grises sobrevivientes y sus confundidos aliados Fenryka atravesaron la Telaraña por varios siglos, marcando el regreso de los años como un reloj de arena en la hilatura de su fulcro, hasta que llegaron a una cámara, inesperada entre las extrañas geometrías alienígenas de la dimensión laberíntica; una pequeña capilla desgreñada, flotando lentamente a través de los capilares del sistema. Estaba llena de toda clase de eruditos extraños; alienígenas y hombres, jóvenes y viejos. Algunos hombres portaban los uniformes plateados de aquellos que provenían desde antes de la Primera Era de los Conflictos, mientras otros se veían como veteranos de batalla horrendamente marcados ataviados con equipamiento de minería modificado con taladros y picos.

Despojadores miraron con desprecio a los guerreros Grises que pasaban, pero se mantuvieron calmados mientras afilaban hojas o leían furiosamente a través de tomos negros. Legionarios malditos de los Halcones de Fuego, permanecían tan inescrutables como etéreos, entrando y saliendo de la corporalidad incluso mientras los recién llegados les observaban. Guerreros Trueno pre-Unificación discutían en salas de verde azulado y marfil tallado y pulido. Mechanicus y pequeños hombres extraños en capas blancas (cultistas casi místicos conocidos como los ‘cientistas’, si mis traducciones son precisas) debatían furiosamente tras campos de fuerza, pues de otro modo los Cultistas de la Máquina habrían matado a estas figuras Logicianas. La capilla era pequeña desde dentro, pero parecía ramificarse a nuevas cámaras, más allá de la vista de la fachada interior. Los planos de la Telaraña se intersectaban para remover la cronología, haciendo de este reino uno sin tiempo; un punto singular desde donde toda la existencia se abarcaba a su alrededor como un trompo. Los Custodes y los Caballeros Grises les siguieron. Por primera vez, su destino les era desconocido.

El trono estaba apilado hasta lo alto con libros desde todos lados, como un monumento al conocimiento práctico. A la derecha, una figura peligrosamente esbelta estaba de pie, con orbes azules brillantes en su cabeza. A la izquierda del trono, un hombre arlequín con una sonrisa cansada estaba sentado virtiéndose sobre los textos, mientras que un hombre de edad avanzada dirigía una escopeta corta a los recién llegados. Sobre el mismo trono estaba sentado un hombre; parpadeaba en existencia, como si fuera una mera proyección hololítica.

“Lord Cypher, ¿qué te trae aquí? No eras parte de mi esquema”, le preguntó amablemente la extraña aparición, como un anciano cándido. Las Gemelas Apex corrieron hacia los pies del trono y se sentaron sobre las pilas de tomos, mirando a la imagen parpadeante por aprobación. Les sonrió de vuelta y esto les hizo carcajear.

Cypher respondió con una sonrisa de auto-satisfacción. “Un mero capricho del viaje. Tus protegidos no habrían llegado hasta ti si no me hubiera traído conmigo a estos lobos. Nos debes una, por si acaso”.

“¿Y dónde está tu espada? ¿La Espada del León, la que fue reforjada? ¿La espada con la que mataste al Dios-Emperador en Terra?”, respondió la figura. Su voz era perfectamente encantadora y completamente inofensiva.

Los Custodios se crisparon al escuchar esto. Solo el Jefe Custodio parecía imperturbable ante este nuevo conocimiento. Los Lobos Espaciales y los Caballeros Grises no estaban escuchando; solo podían mirar con incredulidad a la parpadeante figura.

La sonrisa de Cypher se esfumó. “Robada, por desgracia. Los Criptecnólogos conocen ciencias poderosas. No pudo evitarse. Pero la espada sirvió a su propósito. ha desencadenado una serie de eventos que verá a los Demonios Espejados alzarse, a los Yngir, también. Entonces, se destruirán el uno al otro. La acuidad de estas visiones son impecables en este sentido”.

En respuesta, la imagen parpadeante simplemente sacudió la cabeza, decepcionado. “Como siempre, tus visiones están estrechas por tu ignorancia. Hay profecías que compiten, batiéndose a duelo a través de las estrellas ahora. Has sido sumergido en los dos engañadores y sus juegos. Los dos mentirosos han estado jugando sus papeles por más tiempo del que sospechas. Aunque suene apocalíptico, esto es solo el comienzo. Tu maestro está errado al asumir que su rol ha terminado ahora”.

Cypher respondió con un insulto de la vieja Caliban, antes de desvanecerse en una franja de sombras conjuradas.

Luego de varios minutos de asombro mudo, los Caballeros y los Lobos finalmente encontraron sus voces una vez más.

“¿Qué... qué eres tú? ¿Maleficarum? ¿Cómo puedes existir?”, inquirió Brynisson.

La figura habló suavemente: “En cierto modo, no existo... aún. Pero este lugar; este lugar en específico, me lo permite. honorables Caballeros Grises, ¿parecen preocupados?”, hizo un gesto con manos irreales hacia el Maestro de los Caballeros, quien se quitó su casco.

“¡Esto es imposible! ¡Imposible! ¿Qué eres?”, gruñó el Maestro, en un ademán molesto.

La figura se rió. “El qué y quién soy sería excesivamente complicado de explicar. Pero al juzgar por sus expresiones, pueden llamarme Revelación. Ahora; creo que dejé una caja bajo su cuidado, cazadores de demonios. Una gran cantidad de vidas dependen de la información que ella contiene”, respondió la figura, de manera casual.

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