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Maugan Ra

Maugan Ra se atrincheró en el corazón de la zona occidental de la galaxia durante este tiempo de conflictos y terror. De igual forma que el Segador, él era la muerte en forma física. Cualquiera lo suficientemente necio para entrar en los sistemas que bordeaban al antiguo Mundo Muerto de Stormvald nunca era visto de nuevo; Ra los destruía, y su melancólica grandeza traía a más Segadores Siniestros a su causa. El planeta de Stormvald era un mundo de cielos sin aire, y restos osificados, tan lejos como la vista alcanzaba. Algunos cuerpos eran de hombres y alienígenas asesinados en años recientes. Muchos eran los huesos de monstruos hace mucho muertos, algunos más grandes que titanes incluso en su reposo sepulcral. Algunos afirmaban que eran los huesos del vuelo de dragones destruidos por el maestro de la muerte. En varias formas, estaban en lo cierto, supongo. Aún así, él no era el único Eldar luchando en las retorcidas muestras de la galaxia. Flotando en las pesadillescas orillas del Ojo del Terror, permanecía el sitiado Mundo Astronave Altansar. Mirarlo era observar un sitio trágico. Era un mundo astronave en ruinas; sus torres destrozadas en varios lugares, mientras el fuego y la destrucción contaminaban muchos de sus jardines y fortalezas dentro. Altansar había vuelto a la realidad durante el M41. Pero desde que escapó del Ojo, su gente era como parias para los otros Eldar de Mundos Astronave, y no fueron incluidos en la gran visión conciliada del resplandeciente Ynnead; a sus ojos, los Eldar de Altansar estaban contaminados por siempre.

Pero, irónicamente, había sido este Mundo Astronave el que había luchado las acciones de guarnición más desesperadas e interminables en la historia de su raza. Los Eldar de Biel-Tan los llamaban ‘mon-keighyana’ debido a su terquedad casi humana. Habían enfrentando a Legiones de demonios, naves de guerra mutadas y monstruos viles y retorcidos. La ballena del vacío del caos Caribdis había desgarrado casi quince kilómetros de casco de su flanco izquierdo, matando a un millón de Eldar en una tarde de infierno congelado. Los pocos Imperios Secundarios aún no alineados con algunos de los grandes poderes imperiales lanzarían flotas de mercenarios y charlatanes contra Altansar, con la vana esperanza de robar alguna tecnología valiosa que pudiera darles una ventaja. Los Merodeadores Rak'Gol hacían incursiones dentro del Mundo Astronave solo para asesinar y polucionar el suelo de la ciudad Eldar. Incluso los casi míticos K'nib eran conocidos por ocasionalmente afilar sus garras sobre la metafórica piedra de afilar de Altansar. Solo un puñado de Portales a la Telaraña permanecían viables para el transporte, e incluso entonces eran solo los pasajes más grandes; los demás eran constantemente asediados por corsarios oportunistas, locos Comorritas y no-vida demoníaca que se arrastraba desde al oscuridad entre la Telaraña y la realidad.

Las pocas sendas no-marciales aún seguidas por los Eldar de Altansar eran figuras mórbidas; escultores que solo creaban trabajos de desesperación enloquecida, con dedos angustiosos y facciones cetrinas. Los pocos parques y jardines preservados fueron requisados por los más influyentes de los líderes Eldar, para sus propias necesidades. Los niveles de Exarcas estaban en niveles peligrosamente altos en el Mundo Astronave, y el hedor de Khaine contaminaba los valles, las calles y el interior de las ciudades. La mayoría de los Guerreros Especialistas eran Arañas de Disformidad y Segadores Siniestros; pues estos dos reflejaban la animosidad grupal de este Mundo Astronave bajo asedio.

Aún había Videntes, pero el ‘Parlamento de las Potencialidades’ era una cábala de psíquicos quienes habían sido sobrecargados de trabajo al punto de la manía. Sin embargo, sus visiones guías habían permitido que flotas desesperadas de Altansar atacaran y debilitaran a sus enemigos justo antes que ellos arremetieran. Ningún invasor era lo suficientemente poderoso para derrotar completamente a Altansar, y cada enemigo que lo intentaba siempre regresaba ensangrentado y maltratado. Cada año, Abaddón enviaría a sus más nuevos generales a ganar experiencia sobre Altansar. Muchos morían, pero aquellos que no, aprendían rápido, y pronto hacían sufrir a otros mundos.

Aún así, los Eldar de Altansar en mayor parte no eran monstruos, como las viejas civilizaciones de Mundos Astronave los hubieran descrito. Muchos aún adoraban a dioses viejos, y buscaban a Khaine para que les defendiera contra el Aniquilador. En los niveles más altos del liderazgo de Altansar, habían grupos escondidos, había grupos escondidos, que se rumorea estaban liderados por el Vidente Malytaes, que poseían contactos con viejas Casas Nobles de la vieja Commorragh (y portales secretos que llevaban a la Ciudad Oscura), y posibles enlaces con el temido ‘Concilio de las Viejas Perturbaciones’ (habrá más de estos terribles seres en una sección posterior, cuando tenga el coraje de describirlos). Sin embargo, eran una minoría silenciosa, entre una raza de guerreros fornidos.

La más notable de sus invasiones fue también una de las últimas (la última antes del espectacular último año del M55, cuando los hombres caminaron sobre piel plateada y nada en la galaxia volvería a ser lo mismo otra vez...). El último gran asedio de Altansar no fue precipitado por un demonio temido o alguna entidad blasfema, sino por dos figuras mucho más mortíferas que ambas. El Lobo y el Cuervo; los dos Primarcas de los yermos atacaron Altansar, con todo el poder y la astucia que pudieron reunir.

Precedieron su ataque con docenas de pequeños asaltos y escaramuzas a través de una vasta región espacial. Los sobreabrumados Videntes luchaban para definir cuál ataque era esencial en el conflicto venidero. Corax lideró a sus Weregeld en incursiones contra Señores de la Guerra del Caos, quienes a la vez se derramaban a través de las defensas Eldar, mientras Leman Russ atraía enemigos hacia sí mismo, y hacía que sus ataques se vieran como el trabajo de incursores aleatorios, no las maniobras coordinadas de un maestro general.

Lentas pero seguras, las bandas errantes de bestias lograron acercarse a Altansar con sus naves robadas, y Altansar estaba casi desprevenido para el eventual ataque que saldría de la nada.

Comenzó con naves de reabastecimiento de combustible entrando al sistema en masa. El armamento defensivo las reventó en explosiones flamantes, pero estas explosiones ocultaron la forma de daga de la barcaza de batalla del ya muerto Tychellus, mientras se abría paso entre la herida abierta que era el costado de babor del Mundo Astronave. La nave colisionó con uno de los jardines de cenizas de los niveles superiores, y como lluvia, los Wulfen descendieron desde este punto alto dentro de las entrañas de Altansar.

Sin embargo, Altansar tenía la respuesta perfecta para aterrar a oponentes cuerpo a cuerpo; lucharon contra ellos a gran distancia. Millones de misiles segadores chirriaban sobre los Wulfen y los humanos semi-salvajes aliados de Russ y Corax, y una vez más Altansar ardía con la guerra.

Sorpresivamente, las fuerzas humanas poseían vehículos y armas nunca antes vistos por Eldar o posiblemente por el mismo Viejo Imperio: los Primarcas, sin importar su estilo de vida casi salvaje, aún poseían la habilidad y el conocimiento de crear armas y máquinas de guerra de calidad tales que eran solo ligeramente más débiles que verdaderos vehículos imperiales. Aunque esto fue realmente impresionante, sus armas eran todavía bastante destartaladas, y los curtidos de Altansar cazaban a sus blindados a través de las arboledas de huesos con un júbilo salvaje. La Senda del Jinete Alabardero (una Senda única de Altansar, basada sobre el arte de la guerra en Tanques Gravitatorios Falcon) lideraba estas cazas desde sus monturas bellamente creadas, destruyendo a cada humano y blindado de tropas con ejecución perfecta.

Russ y Corax no estaban interesados en conquistar Altansar. Ambos convergieron sobre el Domo de Zafiro del Autarca. Allí era donde estaban los líderes de Altansar, y donde se encontraban la mayoría de sus cámaras portales y bóvedas de Joyas Espirituales. Mientras los Primarcas se aproximaban, Señores Espectrales y Titanes planeadores se desdoblaban en su camino, mientras el Autarca Arius el Canto Punzante alteraba su fluido plan de batalla para acomodarlo a la terrible fuerza de los Primarcas. Todos los guerreros o vehículos que se atravesaban en su camino eran destruidos con una facilidad casi casual, y solo cuando aparecieron los Cañones de Distorsión, los Primarcas fueron forzados a la defensiva. Tenían que esquivar y evitar a las azotadoras armas disformes, no fuera que destruyeran completamente sus cuerpos. Al final fue Russ quien venció a estos enemigos, al dirigirlos dentro de la Cúpula de los Videntes de Cristal. Los titanes se rehusaban a disparar dentro de la cámara, al igual que los Señores Espectrales. Russ los flanqueó dentro, y escaló a uno de los titanes, sacando a sus pilotos mientras aullaba enloquecidamente. Su Espada Ósea capturada ardía con el fuego de su alma, y consumía los cuerpos de quienes asesinaba. Eventualmente, se levantó sobre una pila de Hueso Espectral roto y carne Eldar arruinada. Fue entonces cuando oyó las atronadoras pisadas del Avatar que hicieron desvanecer su sonrisa, y donde pasó a enfrentarse a un verdadero enemigo.

Mientras tanto, Corax entró en el Domo de Zafiro sin ser detectado: su forma sombría deslizándose entre las patrullas guardias sin esfuerzo. Cuando finalmente se reveló, fue únicamente para despedazar al Autarca, antes de matar a todos sus discípulos. Los Videntes, sin importar sus naturalezas etéreas y hurañas, se asustaron mientras Corax avanzaba hacia ellos. Solo Malytaes parecía totalmente imperturbable ante el bestial Primarca. Simplemente sonrió a Corax, antes de escapar de la cámara.

Rayos y fuerza psíquica florecieron a través de Corax, pero él no sería detenido. La magia de los Videntes fallaba en detener a este semidiós posthumano. Entonces, una ráfaga de misiles segadores golpeó su flanco en un impacto catastrófico, arrojando lejos al Primarca con un chirrido. Del humo levantado emergieron diez Segadores Siniestros, empuñando sus humeantes armas con firmeza sombría.

Russ cruzó espadas con el gigante ardiente, inflamándose para coincidir con la altura del señor de la guerra de metal a medida que crecía más hinchado de poder disforme. Los dos seres chocaron como dioses en un duelo, destruyendo todo al alcance de su lucha. La aullante lanza del Avatar se encontró con la Espada Ósea, y las dos armas lucharon por la supremacía de la misma forma en que sus portadores lo hacían.

El Avatar de Altansar era un verdadero monstruo; alimentado en una dieta interminable de muerte y destrucción, hasta que era un reflejo genuino de Khaine como la pesadilla demente que siempre hubo sido antes que Slaanesh fuera siquiera un sueño. La Condenación Aullante se movía más rápido de lo que una mente humana podía seguir, y casi más rápido que la de un Primarca. De repente, mientras la espada de Russ era arrojada lejos, el Avatar elevó su mano hacia adelante, y agarró al Rey Lobo por la garganta. Russ gruñó de dolor mientras el fragmento de Khaine convertía su sangre en vapor hervido en sus venas, y cocinaba la carne alrededor de su cuello.

Lentamente, la fuerza de Russ parecía menguar, y fue lentamente izado en el aire, antes de ser azotado sin contemplaciones contra el suelo con suficiente fuerza como para astillar el piso debajo en casi cuarenta metros en todas direcciones. Russ intentó ponerse de pie, pero una bota ardiente golpeó su cabeza y lo arrojó al piso una vez más. Brevemente aturdido, la abominación de Khaine se giró, sintiendo a Corax.

Corax se había recuperado del asalto de misiles casi instantáneamente, con su látigo arrancando las cabezas de muchos de los Segadores con solo un chasquido de sus enroscaduras. El Avatar lo vio, a través de todos los muros y mamparos que los separaban, y a través de casi medio kilómetro de espacio entre ellos. Con un aullido inhumano, arrojó su lanza hacia Corax. La hoja atravesó una docena de muros y riostras de Hueso Espectral, antes de apuñalar a Corax en el hombro. El gigante estaba más sorprendido que herido, pero su sorpresa se convirtió en alarma cuando el Avatar llamó a su lanza de vuelta a su mano. El arma se retrajo instantáneamente, arrastrando a Corax de vuelta con ella. Cuando finalmente regresó al puño del Avatar, acomodó la hoja hacia arriba, y golpeó a Corax desde la punta. Fue azotado contra el suelo con una fuerza similar a la que Russ fue víctima. El acero fundido fluía de sus mandíbulas abiertas como saliva demoníaca, como si estuviera hambriento de más combate.

Se había vuelto demasiado poderoso. Las almas de los moribundos y los muertos lo estaban potenciando, alimentando sus acometidas. El Hueso Espectral del Mundo Astronave brillaba de un rojo apagado, como si estuviera conduciendo su locura dentro de su propio corazón. Los Eldar de todo el Mundo Astronave dejaron caer sus armas, arrancando sus ojos y los de sus compañeros, mientras gruñían maldiciones de odio asesino. Su sangre tronó a través de sus venas, hasta que escucharon nada más que el murmullo de él, y no vieron nada más que el rojo de vasos sanguíneos rotos en sus ojos.

Corax y Russ se dieron cuenta que había algo mal con el Avatar. Debían destruirlo ahora. Juntos, lo asaltaron desde múltiples ángulos. Pero la criatura era demasiado poderosa; estaba encendida con algo más, algo poderoso. En sus mentes, Russ y Corax vieron imágenes de un cuerpo desmembrado, uniéndose de vuelta. Vísceras e intestinos juntándose en un solo cuerpo. Una corona de acero y una mano roja.

Lucharon contra el Avatar con toda su fuerza, y eventualmente lo forzaron a retirarse hacia su Santuario. Pero con una llamarada final de poder, el Avatar les hizo retroceder. Empuñó su lanza incluso más fuertemente, como si gruñera en un odio nacido de una terrible verdad. Entonces gritó. Una línea ardiente de luz cegadora corrió por su torso, desde su entrepierna hasta la parte superior de su cabeza. La línea era la punta de una espada, erupcionando desde su carne derretida. Con un último y hórrido rugido de frustración, el Avatar cayó, bisecado perfectamente. Las dos mitades de la estatua golpearon el piso con tañidos duales, inertes y sin vida. Todo el Mundo Astronave parecía estremecerse, y enfriarse.

De pie detrás del Avatar caído había una figura sombría en una armadura de resina y huesos, empuñando firmemente una guadaña reluciente. El Señor Fénix Maugan Ra estaba ante ellos ahora. Estaba silencioso, y simplemente los miró con su máscara calavera desapasionada. Era apenas más alto que un humano, sin embargo su presencia igualmente se medía con la de un Primarca. El verdadero objetivo y propósito de Russ y Corax sobre Altansar se había aparecido.

“Pensé que un ataque a tu hogar natal te traería hasta aquí. Antaño, habría arrancado los ojos de cualquier idiota que intentara profanar a Fenris. Piensas como un hombre de honor”, sonrió Russ, y soltó sus uniones como si se preparara para un combate de espadas. Corax solo miró a Ra desde detrás de su desarreglado cabello negro.

Russ lazó lejos su Espada Ósea, y desenfundó la espada Ulfskarl; una espada que creó para sí mismo durante su exilio.

“Veamos si las sagas sobre tus actos están tan justificadas como las mías”, dijo Russ, antes de cargar contra Maugan Ra.

Maugan Ra le disparó. Docenas de shuriken perfectamente lanzados, que se ensartaron en cada una de las heridas aún sanando de la pelea contra el Avatar. Russ tropezó sin aliento, cayendo de rodillas a través de las escaleras que daban al Santuario. Corax se acercó más rápido que Russ, pero Ra lo atrapó con una descarga de la Maugetar, la cual cayó sobre la herida en su hombro, haciéndole estremecerse y fallando por poco a Maugan Ra cuando su carga alcanzó al Señor Fénix. Ra se hizo a un lado, y desvió el látigo de energía del Cuervo con un chasqueo de su guadaña. Con un tronido descargado, las dos armas rebotaron una de la otra. A quemarropa, la Maugetar disparó directamente hacia Corax cien veces. Esto era suficiente para hacer tambalearse incluso al Señor de la Guardia del Cuervo, quien se replegó levemente.

“Me agrada”, rió Russ, mientras azotaba su puño en el casco del Mundo Astronave con la fuerza de un Titán vengativo. La fuerza de la onda de choque desestabilizó a Ra por un momento, y eso era todo lo que necesitaba. Se abalanzó sobre el Señor Fénix, y golpeó su hombro contra él mientras arrastró su espada a punto de finalizar la lucha.

Ra se trepó sobre el hombro, y se balanceó a un lado para evitar el toque congelado de la Espada Gélida. Su propia hoja se enganchó detrás de la rodilla de Russ, y cortó los tendones de allí. Russ golpeó con el revés de la mano a Ra en el rostro, y el Señor Fénix fue lanzado lejos. Maugan rodó a sus pies, sus piernas acomodadas mientras se levantaba. Ignorando la inmovilidad que un hombre normal hubiera experimentado, Russ se levantó también.

Russ levantó su espada apuntando a Ra. Ra a su vez, tenía su arma apuntando directamente al cuello de Russ. Russ sabía que si arremetía, sería asesinado instantáneamente; decapitado por una descarga de shuriken aulladores. Pero Ra no disparó, pues Corax se levantó a su lado, con su propia arma corta presionada contra la sien del Señor Fénix. Corax lo superó, pues el Cuervo era perfectamente adecuado para ello.

Un punto muerto.

Leman Russ levantó sus manos de forma aplacadora.

“Esto no lleva a ninguna parte. Sabes a qué hemos venido, Segador”, explicó Russ, y Ra supo entonces que Russ decía la verdad. Sabía por qué habían venido a Altansar, únicamente para tener una audiencia con él.

Ra bajó su cañón, y Corax le siguió. Maugan Ra bajó las escaleras del Santuario, haciendo señas a los Primarcas para que le siguieran. Fue entonces cuando Corax notó que su arma corta tenía un shuriken empotrado en su mecanismo de disparo. Maugan Ra ya lo había desarmado, antes que siquiera pudiera desenfundar su pistola. Russ calmó la ira de su hermano, y le dijo que lo siguiera detrás del guerrero Eldar.

Pues solo Maugan Ra podía ayudarles a entrar en Commorragh. Solo Ra podía ayudarles a salvar al último miembro sobreviviente de su quebrada familia...

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