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El mar de almas no es un lugar con forma o estructura. Miramos hacia él a través de una lente distorsionada de cordura y analogía que nos conjura las falsas imágenes de vistas alienígenas y edificios gigantescos; mitología y metáfora se vuelven rígidas y reales en nuestras mentes, pues esta es la única forma en que podemos percibirlas. Este... repositorio de información donde me encuentro, asimismo, registra eventos “dentro de la Disformidad” en este mismo estilo legendario y un tanto barroco. Por ello, utilizaré un estilo similar para explicar los efectos de gran alcance de la Disformidad expandida entre Panteones que habían estado construyéndose desde el nacimiento del Padre Estelar, el maestro paradójico del orden dentro de la locura.

Viejas cuentas describen cómo luchó él contra los Dioses del Caos hasta un punto muerto, y se volvió parte del Gran Juego, pero su legado llegó más allá. A través del reino del Caos, los bosques decadentes cambiaban y crujían constantemente mientras el poder de Nurgle crecía y menguaba. Del mismo modo, las vistas sensoriales de delirio conjuradas por Slaanesh fácilmente se difuminaban o florecían dependiendo de qué dios era el maestro en ese momento. Lo mismo ocurría para los laberintos Tzeentchitas que se destrozaban y realineaban constantemente, así también con las industrias de guerra de Khorne.

La gran ironía del Juego del Caos era que, en mayor parte, entre los reinos, había un desierto aullador totalmente informe; solo las más encarnizadas Furias podían mantener sus formas dentro de las fluidas regiones fronterizas; ningún dios iba a reclamarlas, pues ninguno podía. Así, cuando las almas de los mortales eran arrojadas fuera de la realidad hacia el torcido mar de almas, eran disueltas; sus partes constituyentes eran entonces recogidas y parceladas dentro de los estómagos de demonios oportunistas, o eventualmente se fundían en la gran forma de los Reinos del Caos; rabia incorpórea lavada sobre las sangrientas costas de los reinos de Khorne, y conformando los cimientos de sus fábricas de aniquilación, por ejemplo.

Pero el Señor del Orden irrumpió este desbalance. Tenía grandes torres, que nunca cambiaban, sino que se cernían sobre todo, como torres de acero pesado sobre un río que fluye rápido. Grandes puentes rígidos los unían como una red cuadrada, inmutable y horriblemente trastornada como cualquier paisaje infernal conjurado por sus rivales. Sobre estos puentes, estaban atrapadas las almas; nunca se movían, ni podían mientras gritaban atormentados. Ellos gemían y murmuraban alabanzas sin sentido a la encarnación viva de la Dominación. El Padre Estelar gritaba ‘¡OBEDEZCAN!’ y ellos aprobarían, mientras los Ángeles revoloteaban entre ellos, drenándolos lentamente y alimentándolos al Padre Estelar. Esto les negaba sustento a los Dioses del Caos. No era más que una gota insignificante en la gran ingesta de las almas sobre la cual los Dioses del Caos se atiborraban (y, contrario a la creencia de algunos, incluso si toda la vida desapareciera de la existencia, los Dioses del Caos aún vivirían, pues las almas que ya consumieron los sustentarían indefinidamente. No puedo decir cómo es que conozco esta metafísica disforme. Me temo que podrías tratar de emularme cuando llegue el momento, cosa que no debería suceder...)

En el Materium, el efecto era por mucho, más horrendo. Algunos mortales, cuando morían, permanecían conscientes, pues sus almas estaban atrapadas y fijadas en posición; encalmadas en la Disformidad. De esta forma, cuando sus cuerpos morían, decaían y eran enterrados, sus almas y mentes permanecían, gritando en silencio en la peor clase de horror imaginable.

Sin embargo, esta negación de almas a los otros dioses no pasó inadvertida para los poderes rivales. Slaanesh creció petulante por habérsele negado incluso más bocados acaramelados, y persiguió a sus concubinas demonio en su palacio, antes de exigir respuestas desde los demonios ofidios más antiguos; Shaimesh, Lhiemeth, Fulgrim y otros, demasiado numerosos y profanos para nombrar. Reunió a la más bella de sus creaciones, la diablilla Illuria, y la infestó con un terrible veneno creado por Shaimesh. El Príncipe Oscuro la envió al bastión del Padre Estelar, en un intento de seducir al monolítico Rey-Dios. Aunque era un Dios de la Opresión y el Control, su carne dorada y derretida llevaba grietas emocionales, demasiado pequeñas para que cualquiera excepto el Señor de la Perversión las detectara. Illuria alegremente se sometió al Padre Estelar, rogando ser atada y dominada, mientras escondía una daga venenosa bajo su carne. Mientras él la sometía y la arrastraba ante sí, ella atacó. Aunque ella fue inmediatamente destruida por su inmisericorde poder, el veneno surtió efecto y distrajo al Padre Estelar lo suficiente para reunir a los demás Dioses del Caos contra él.

Tzeentch los reunió para decidir un método para robar las almas sedadas del Padre Estelar, pero el mismo Tzeentch era poco útil; sus planes eran demasiado complejos, contradictorios y variados para tener efectos a largo plazo. Khorne favoreció un asalto frontal, pero él solo deseaba una guerra si podía enfrentar a toda la fuerza del Padre Estelar, con todos sus Ángeles a su lado; deseaba enviar al pozo a su Heraldo Demoníaco Despojacráneos contra el Heraldo Angélico Kaldor Draigo, el campeón sin rostro de la gran Puerta Estelar. Sin embargo, Draigo no estaba presente, pues él estaba en el Materium como un errante para su maestro al cual casi no desobedecía (su historia será relatada posteriormente).

Sin embargo, fue el aliado más inusual el que ideó el plan más astuto. Malal, el Dios Forastero, se aproximó a la esposa de Nurgle, Isha la Madre, en la forma de un cuervo negro con las alas atadas, y le susurró muchos secretos oscuros y terribles. Isha, a instancias secretas de Malal, propuso la forma más radical de negarle al Padre Estelar sus premios capturados. Ella, amante de la vida, rogó a Nurgle desatar una infección disforme en el Materium la cual levantara a las indefensas almas de su muerte en vida. No morirían, vivirían. Y Nurgle así lo hizo, a través de sus agentes mortales. En el Materium, la década de la decimoquinta plaga zombi fue el resultado; billones y billones de criaturas mortales que habían muerto mas no desaparecido se alzaron desde sus tumbas y piras funerarias en una sola gran epidemia que se extendía por años luz. En la Disformidad, el Padre Estelar aullaba frustrado al ver sus puentes colapsar al ya no ser soportados por la masa de almas bajo ellos. Esta frustración hizo a Khorne hincharse de poder, y lideró su gran guerra contra el Padre Estelar, o eso dicen. Khorne podría haber ganado esta guerra si Malal no hubiera robado su gran mandoble negra, la cual arrojó hacia el desierto.

La razón de la ausencia del rostro en blanco de Draigo en esta calamitosa guerra podría parecer extraña, hasta que accedemos a otra de las cuentas que persisten en este gran lugar.

Debemos mirar en las Crónicas de Telion, y los ciclos mitológicos que rodean a esta cuenta. Particularmente, debemos mirar las secciones más importantes de sus Crónicas; aquellas que describen la caída de Gran Sicarium y su trastornado Rey Astartes.

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