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Khorne medio sin fondo

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Tzaangor en Sortiarius

Tzaangor del Planeta de los Hechiceros.

"Cada abominación es una creación de Tzeentch. Cada retorcida monstruosidad, un hijo de El Que Cambia los Caminos. Si pudiera, devoraría los pensamientos de todos ellos, para así poder conocer el horror de su existencia. Pero para mí hay un destino diferente"

Hasophet, Magíster de los Devoradores de Mentes

Los Tzaangors son una raza de Hombres Bestia que adoran al Dios del Caos Tzeentch.

DescripciónEditar

Los Tzaangors son los mutados portadores de las bendiciones de Tzeentch, abominaciones antinaturales que sirven como tropas de choque para los Mil Hijos. Sus cuerpos aunque horriblemente deformados por el poder transmutador del Arquitecto del Destino, son ideales para la guerra. Las largas extremidades se fusionan con musculosas fibras, y espinosas protuberancias en forma de púa crecen sobre pechos y hombros. La mayoría de los Tzaangors son una amalgama de hombre, bestia y ave, aunque algunos tienen una forma aún más aberrante, con las cabezas partidas por la mitad o los cuerpos rasgados por fluctuantes hoyuelos.  Los orígenes de los Tzaangors son tan variados como su apariencia. Se levantan allí donde Tzeentch quiere y son creados por sus benditas transmutaciones.  Algunos han surgido fruto de sombríos experimentos realizados sobre los esclavos llevados al Planeta de los Hechiceros. Otros cobran forma a partir de las tripulaciones de naves dañadas y atrapadas en tormentas de disformidad, siendo sus cuerpos transmutados a través de la exposición al poder puro de la disformidad. Quizás los más horrendos son los Tzaangors nacidos de madres humanas en mundos envueltos por la Gran Fisura. Generaciones enteras de estas criaturas de pesadilla emergen rápidamente devorando vorazmente a los defensores de su planeta de origen.  No obstante, los Tzaangors son considerados originarios del Planeta de los Hechiceros, aunque ese mundo demoníaco estuviese deshabitado hasta la llegada de la Legión Traidora de los Mil Hijos. Se sabe que, a lo largo de los milenios, el Planeta de los Hechiceros ha sido poblado por un considerable número de humanos, tanto al servicio de los Mil Hijos como viviendo como salvajes más allá de sus torres, como consecuencia del hábito de la Legión de secuestrar mortales. Aquellos que han escapado a lo largo de los siglos de la esclavitud de los Hechiceros del Caos de los Mil Hijos han creado la población "libre" del planeta, aunque todos ellos siguen siendo esclavos de los planes de Tzeentch.

Entre estos grupos liberados están los Tzaangors. Se desconoce si descienden de Hombres Bestia trasplantados al planeta como los humanos normales, o si son el resultado de las mutaciones tan favorecidas por el patrón del planeta. En cualquier caso, son lo bastante numerosos como para que los Mil Hijos los utilicen como fuente de reclutas para guardar sus torres. Los Mil Hijos parecen apreciar el uso de los Hombres Bestia en esta tarea y los tratan bien, y por ello pocos intentan escapar y regresar a las partidas guerreras en las que nacieron.

Los Tzaangors tienen la piel de color brillante y un intelecto afilado. Sus aquilinos picos chasquean cuando cantan blasfemos estribillos en su lengua oscura que aumentan en intensidad a medida que se acercan a su presa, mientras sus leguas multicolores se agitan en sus picos lamiendo ansiosamente el sabor del miedo y la confusión, y sus penetrantes ojos iridiscentes brillan con salvajismo inhumano en sus cráneos aquilinos. Cruelmente retorcidos cuernos brotan de sus cráneos, chocando entre sí mientras compiten por ser los primeros en llegar a la refriega. Con sus cuchillas dentadas cortan a sus víctimas antes de pisotear a los moribundos bajo sus patas. Los Tzaangors son impulsados a la disformidad para buscar el conocimiento arcano de todas sus formas, pues creen que mediante tal búsqueda recibiran más bendiciones de Tzeentch,  y para masacrar a todos aquellos que se interponen en su camino, movidos por un increible deseo de poder, e incluso en combate tratan de superar sus vulgares existencias buscando artefactos arcanos y reliquias inestimables. Al servir a sus amos Hechiceros, pueden ganarse la oportunidad de elevarse por encima de sus posiciones terrenales, pero en realidad tales ocasiones son escasas, pues una vena de crueldad acecha en la belicosa alma de cada Tzaangor. Cuando se les da la oportunidad, descargan su ira sobre aquellos que se les oponen con imaginativos espectáculos de esgrima o, cuando dejan a un lado sus pretensiones artísticas en favor de la gratificación de la pura brutalidad, una sangrienta exhibición de violencia.

Contrariamente a lo que pueda parecer, los Tzaangors no solo se guían por sus instintos depredadores, sino que tienen un nivel de astucia e inteligencia que contrasta con su monstruosa forma. Los Tzaangors son más que capaces de formular  complejos planes de batalla, comunicándose entre sus filas a través de sonidos duros y estridentes chasquidos. Trabajando juntos en bandadas, pueden llevar a la ruina a una desprevenida civilización o a un enemigo atrincherado.

El armamento de los Tzaangors consiste en cuchillos enormes hechos de metal o hueso, mientras otros usan zumbantes espadas sierra y toscas pistolas automáticas. A menudo, un miembro de la bandada porta un instrumento demoniaco, cuyas penetrantes explosiones llevan a otros Tzaangors cerca de un frenesí bestial. El miembro más salvaje de la bandada se conoce como Retorcedor, y por lo general lleva en su cuerpo los regalos más retoricidos de su Dios Creador. 

Tzaangors iluminadosEditar

Los Tzaangor cuya búsqueda de conocimiento ha llamado la atención de su dios pueden llegar a recibir una de las bendiciones de Tzeentch. A menudo, esto da como resultado que la criatura se convierte en una abominación aún más grotesca: un Engendro del Caos. Sin embargo, los pocos afortunados que se llenan con tal poder disforme se elevan por encima de sus retorcidos hermanos física, mental y espiritualmente. Permanecen en un estado de constante comunión con Tzeentch, y a través de él ven como los hilos cambiantes del destino convergen y se separan.

Los Tzaangors ven a los Iluminados como modelos de guerrero, y como el destino hacia el cual todos deben dirigirse. Los Iluminados se elevan por encima del campo de batalla sobre Discos de Tzeentch, cabalgando sobre las corrientes del destino como un ave rapaz cabalga sobre las corrientes de aire. Incluso los Hechiceros de los Mil Hijos respetan a estas criaturas, ya que su salvajismo es visto como una de las muchas herramientas esotéricas de Tzeentch. Siendo conscientes del flujo de causalidades, los Iluminados pueden ver dónde y cuándo sus ataques causarán mayor daño. Las lanzas de adivinación que algunos llevan están sintonizadas con víctimas predeterminadas, emitiendo zumbantes vibraciones que se hacen más fuertes a medida que se acercan a sus objetivos. Otros Iluminados empuñan grandes arcos lanzadores de destino, encordados con cuerdas ectoplásmicas, que lanzan flechas embrujadas en trayectorias mortíferas. Por último, algunos llevan espadas sierra y pistolas automáticas que usaban en sus vidas pasadas como herejes humanos, con las que obtuvieron gloria antes de que Tzeentch los transformara.

Chamanes TzaangorsEditar

Los chamanes Tzaangors son las criaturas más exaltadas de su mutado grupo. Son oráculos y profetas que predican a los de su clase desde lo alto de un Disco de Tzeentch. Su maestría psíquica nace no del estudio sin fin, sino de su singular devoción hacia su dios, y se desata sobre sus enemigos entre cantos rituales del insondable lenguaje de los Tzaangors. Es con los Chamanes que los Hechiceros de los Mil Hijos hacen sus pactos, aunque estos Hechiceros siempre desconfían de los tratos que hacen: los Chamanes sirven a la voluble voluntad de Tzeentch por encima de todo.

En el Planeta de los Hechiceros, los Chamanes dirigen manadas de sus parientes en largas peregrinaciones a través de los cambiantes desechos de la Disformidad. Estas masivas migraciones siguen líneas de poder que serpentean a través de la corteza del planeta, convergiendo en sitios donde la etérea energía es agitada hasta su punto más espeso. En estos lugares levantan grandes monolitos de piedra, megalitos inscritos con glifos y runas con las formas sagradas de Tzeentch, que sirven como depósitos de conocimiento arcano robado y despojado por las tribus de Tzaangors. Los Chamanes los usan para canalizar el poder de Tzeentch a través del espacio real al erigir duplicados de estos monolitos en las junglas y desiertos de otros mundos. Mientras más tiempo permanezca cada megalito en su lugar, más influencia de la disformidad penetra en el planeta en el que se encuentra, transformando el mundo y preparándolo para una invasión a gran escala.

ArmamentoEditar

Los Tzaangors forman unidades de entre 10 y 30 Hombres Bestia liderados por un Retorcedor, y van armados con dos cuchillos de combate o una combinación de pistola automática y espada sierra.

MiniaturasEditar

  • 7ª Edición.

GaleríaEditar

FuentesEditar

  • Realm of Chaos: The Lost and the Damned (1ª Edición).
  • Warzone Fenris: Wrath of Magnus (7ª Edición).
  • Codex: Mil Hijos (8ª Edición).
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