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Tyresias siempre fue un bicho raro. Y no sólo por ser psíquico.

Ya en Nyumba no se relacionaba con otros jóvenes de su edad; por lo que asombró bastante que se presentase a las pruebas para ser candidato a Martillo de Wikia. Los otros aspirantes lo consideraban una persona marginal, y se sorprendieron al descubrir, en sus propias carnes, que llevaba muchos años entrenándose sistemáticamente para las pruebas.

Resultó ser un candidato prometedor… que no era capaz siquiera de mantener el contacto visual con sus interlocutores.

Sin embargo no había razón para no aceptar a alguien tan válido como neófito. Fue declarado ligeramente deficiente en la prueba de El Vacío, pues se puso rápidamente uno de los trajes protectores sin preocuparse siquiera de que uno de sus compañeros se quedaría sin él. Éste gesto le ganó la antipatía de muchos de sus compañeros y de parte de los instructores, pero aun así hizo el Juramento.

Durante muchos años fue instruido como hermano de batalla y como Bibliotecario, resultando brillante y muy concienzudo en sus prácticas pero manteniéndose apartado del resto de sus hermanos, muchos de los cuales le veían como un punto “disonante” en medio de la camaradería habitual de la época del Señor del Capítulo Crissos. Su especial carácter sumado a su condición de bibliotecario, que ya de por sí genera distancia respecto al resto de Astartes, lo convirtió en una persona sumamente hermética, inaccesible. Fue considerado raro, e incluso “sospechoso”, por algunos de sus hermanos.

Sólo Masum, el Bibliotecario Jefe entones, se preocupó honestamente por comprender a Tyresias. Dedicando días a investigar en los tomos de Wikia, descubrió que Tyresias parecía encajar en lo que milenios antes se denominaba “Síndrome de Asperger”, una condición psicológica que hacía que el afectado, alguien cuerdo y de inteligencia normal, careciera de capacidades empáticas y sociales, pero que le dotaba de la capacidad de ser sumamente concienzudo en el objeto de su interés.

Sin embargo Tyresias era un genio en toda regla, con la manía de comentar qué probabilidades tenía de ocurrir tal o cual cosa. Durante el Cisma de Wikia Masum lo nombró Epistolario, pese a las calladas voces de protesta que se alzaron desde algunos corrillos.

Nada de esto tuvo la mayor importancia hasta la Batalla por Corinthia VII, tras la Reunificación. Masum, Tyresias y unas cuantas escuadras de Martillos habían descendido al planeta para estudiar unos artefactos arcanos; pero Krispekh, Phaeron de la Dinastía Nihilakh, se levantó sin previo aviso al mando de sus fuerzas en Corinthia y consiguió asesinar a Masum y acorralar al resto de Martillos, que se vieron sorprendidos.

Krispekh no era uno de los Phaeron más poderosos, pero su forma de luchar era muy parecida a la del famoso Imotekh, que dirige sus tropas mediante un minucioso análisis de probabilidades y lógica, usando el engaño, el contraataque y las fintas; yendo varios pasos por delante de sus oponentes.

Pese a que los veteranos mejor conocedores de la mentalidad necrona aconsejaron evacuar cuanto antes a viva voz, pues sabían que era un suicidio enfrentarse a una forma de luchar así si no se contaba con la sorpresa o con franca superioridad, Tyresias los desoyó a todos.

Respondió que Masum de ningún modo se quedaría sin venganza, y que él era el Martillo de más alta graduación presente, por lo que debían acatar su mando.

Tyresias empezó a lanzar órdenes cuya lógica nadie comprendía; pero, a regañadientes, todos empezaron a acatarlas, pensando que se dirigían al suicidio. Jamás se había visto hablar tanto a Tyresias, ni se le había visto nunca ese gesto de odio y determinación.

Cuando empezó el combate, resultó que cada hombre estaba situado no sólo exactamente donde debía; sino que hasta aquellos que parecían ocupar posiciones en medio de ninguna parte se encontraron rápidamente en una situación ventajosa con el transcurrir de la batalla. Con cada engaño, Krispekh resultaba ser el engañado. Cada vez que predecía la estrategia de los Martillos, resultaba que éstos a su vez habían previsto su previsión.

Cada golpe necrón resulto ser conveniente para los Martillos. Cada ardid, un desastre. Los Martillos, atónitos pero siguiendo al pie de la letra las instrucciones de un hiperactivo Tyresias, descubrían asombrados que siempre se encontraban en el lugar idóneo en el momento idóneo. Cada enemigo era destruido antes de que llegase a posición de ser peligroso.

Acorralado a su vez Krispekh y desesperado por el giro de los acontecimientos, retó a gritos a Tyresias, solo para encontrarse con que el Bibliotecario ya estaba allí. Tras un gran combate, Tyresias derrotó al Phaeron destrozándole la cabeza contra el suelo, y ordenó acto seguido la evacuación tras depositar bombas de fusión en varios puntos estratégicos.

No hubo quien pudiera explicar la victoria de Corinthia; y tras rescatar el cadáver de Masum, Tyresias volvió a su mutismo habitual. Sin embargo, el tema fue ampliamente comentado entre los Martillos, y todos los dedos apuntaban hacia el inaccesible Epistolario.

Eledan, tras pedir relatos de lo sucedido a un testigo tras otro, se decidió a hablar con Tyresias.

Aunque respetuoso, el Epistolario fue ante el Señor del Capítulo igual de frío que con el resto. Apenas conseguía mirar a Eledan a los ojos, hablaba lo mínimo y era muy difícil mantener una conversación con él. Sin embargo, Eledan persistió. Busco formas de ganarse su confianza, de entenderlo, de ser capaz de comunicarse con él.

Al cabo de bastantes meses, Eledan y Tyresias llegaron a ser amigos. No quizá de ésos que hablan constantemente, pero sí de los que saben que el otro siempre va a estar ahí para echarle una mano.

Fue entonces cuando Tyresias reveló su sorprendente habilidad: Por una parte, una combinación entre su increíble inteligencia, su carácter especial y su entrenamiento como Bibliotecario le hacían posible calcular inconscientemente y en décimas de segundo, con muy poco margen de error, que probabilidades tenía, por ejemplo, un disparo de bólter de un caótico de alcanzar su objetivo; basándose en factores tan pequeños como la experiencia del tirador, el mantenimiento del arma y las condiciones climáticas.

Era capaz de hacer docenas de éstos cálculos a la vez, actualizándolos según conseguía más información, y combinándolos para acertar a decir cuál sería el mejor objetivo al que disparar, la mejor posición para una escuadra o el previsible resultado de una acción. Y además, sus poderes de premonición que le indicaban si la acción con más probabilidades de éxito era efectivamente la mejor.

Por otra, podía de alguna manera separar su mente de su cuerpo y pasear su visión por todos los rincones del campo de batalla aún a kilómetros de su cuerpo; como si se moviese por ellos con libertad. Podía ver la disposición de las fuerzas enemigas, sus armas, lo que comentaban entre sí…

Esta capacidad inaudita de conseguir información, realizar cálculos precisos con ella y predecir su resultado dejó boquiabierto a Eledan, que por fin lo comprendía todo. Las implicaciones de un talento tal eran increíbles, una verdadera bendición del Emperador.

Inmediatamente, Eledan explicó a Tyresias como su don podría salvar la vida de docenas de hermanos de batalla, y le invitó a formar parte de su Guardia de Honor. Tyresias se hubiera negado a una petición así en cualquier otro caso; pero por fin confiaba en alguien.

Desde ése día Tyresias se convirtió en un consejero esencial para Eledan. En la batalla, el Señor del Capítulo le consultaba las probabilidades de éxito de tal o cual movimiento, con espectaculares resultados. En la paz, Tyresias era capaz de consultar los datos y avisar de en qué planeta era más probable encontrar tecnología o conocimiento interesante.

Cualquier habilidad a la hora de decidir que hubiera podido tener Eledan se ha multiplicado enormemente para beneficio de todo el Capítulo; gracias a la ayuda de Tyresias, ése Epistolario con el que nadie había querido estar.

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