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Bulldog El Sargento Guillermito, mascota de los Marines Espaciales, tiene el honor de patrocinar este espacio por orden del Capellán Cassius de los Ultramarines. ¡Pulsa sobre él y te acompañará a una Cruzada épica!

¡Lee más! ¡Sin piedad, sin remordimientos, sin miedo!

¿Quién puede decir lo que es el Ángel de la Muerte o de dónde viene? Sólo una cosa es sabida con seguridad por el Imperio: Ese siniestro ser tan sólo deja un rastro de destrucción en su alzamiento contra los enemigos de los Ángeles Oscuros. Va y viene a voluntad, aparece sin avisar, su presencia se ha observado tanto en pequeñas escaramuzas como en batallas épicas. Lo único que siempre se relaciona siempre con su aparición es la presencia de los Astartes de un capítulo en particular, el primero y más siniestro entre los Capítulos, los Ángeles Oscuros.

Cuando aparece en el campo de batalla, los que le presencian ven una imponente figura cubierta por una túnica, con una capucha tapándole la cabeza, manos esqueléticas empuñando dos espadas gemelas, la espada de venganza y la espada de redención. Representaciones de esta figura con la túnica adornan los estandartes y armaduras de los Ángeles Oscuros. Para ellos, él es su salvador, su Avatar; El Ángel Oscuro; El León.

¿Es esta criatura espectral la encarnación física de la suma perseverancia y testarudez de los Ángeles Oscuros? ¿O ese espectral ser es la manifestación física de la voluntad de Lion que ha regresado? ¿O es un aspecto del Emperador vengador, su luz brille por siempre? ¿O está conectado de alguna manera a los enigmáticos Vigilantes en la Oscuridad? Baste decir, que sólo el Emperador en su Trono Dorado lo sabe. La inconsistencia de sus avistamientos y la misteriosa naturaleza de sus orígenes es la fuente de muchos debates teológicos entre los capellanes y bibliotecarios de los Ángeles Oscuros.

++ Testimonio del Hermano del Ala de Muerte Amael ++

+++ Comienzo del mensaje trascrito +++

++ Astrópata Terminus Duch: Miel Shan

++ Transmitido desde Lienad VII 3343625.35

++ Vinimos al Sistema Lienad para ocuparnos de una incursión de los viles eldars del mundo astronave de Indayen, pero nos encontramos luchando codo con codo con ellos contra una infestación tiránida masiva. Sólo una escuadra de exterminadores fue enviada para ayudar, mientras el resto del Ala de Muerte permanecía a bordo del navío para observar. En el lugar de las batallas más sangrientas, la escuadra de exterminadores sufrió varias bajas manteniendo un punto defensivo frente a cerca de veinte mil seres tiránidos.

Durante varios días mantuvimos la posición contra todos los invasores, los cañones y bolters de asalto nunca cesaban de disparar, hasta que los cuerpos de los tiránidos se apilaron bajo el risco. Cuando los tiránidos se preparaban para un asalto final, yo, entre los seis últimos exterminadores, me preparé para afrontar la escoria tiránida por última vez. Preparamos nuestros puños de combate y empuñamos nuestras espadas ceremoniales, dejando los ahora vacíos bolters atrás, y manteniéndonos firmes para recibir la inevitable carga.

Mientras los tiránidos escalaban sobre los cuerpos de sus camaradas caídos, una fantasmal niebla rodeó la colina entera. El repentino silencio en que se sumió el campo de batalla era escalofriante. Y de aquel sudario, ¡quién habría de salir era el propio Lion! Pasó como un Ángel de la Muerte, haciendo brillar las espadas. Los tiránidos, inconscientes del peligro que afrontaban, se lanzaron contra el nuevo objetivo. Estaba sobre ellos en un movimiento de sus alas de acero, y rompió la oleada de genestealers despedazándolos en una tormenta de acero. En un segundo estaba sobre ellos y en un sobrenatural tornado de espadas destellantes atravesó las fila tiránidas como un torbellino.

Cabezas cercenadas, icor púrpura y cuerpos muertos eran lanzados en todas direcciones. Juro que ese día ví tres cárnifexes, esos tremendos seres alienígenas capaces de soportar varios impactos directos de cañón láser, cortados por la mitad en un solo movimiento de su mano. Continuó destripando la horda tiránida completa. Finalmente se lanzó cara a cara a frente a cuatro Tiranos de Enjambre que habían coordinado la campaña tiránida en este planeta. Desde la lejanía ví, cautivado, como los afrontaba solo, rodeado por los asesinos guerreros tiránidos que formaban sus escoltas. Cada uno le superaba en una cabeza, pero se enfrentó a ellos fría y calmadamente. Con una sacudida, cortó a uno en trozos con una lluvia de plumas. Girando para esquivar un golpe del segundo, lo golpeó con una estocada atravesando el tirano entero, quitina, armadura y todo lo demás.

Los dos tiranos trataron de alcanzarlo con un movimiento en pinza, pero con un simple movimiento, extendió sus alas hasta su máxima extensión, lanzó a uno contra el otro y acabó con ellos con una sola espada. Tomando las cuatro cabezas en una de sus esqueléticas manos, se levó grácilmente y se posó frente a nosotros. Mi escuadra completa cayó sobre sus rodillas, llenos de reverencia hacia el gran Primarca. Nos dio una orden con una sola palabra, “levantaos”. Contemplamos el interior de su capucha mientras ponía las cuatro cabezas en el suelo como trofeos. Con esa tarea final hecha, desapareció tan repentinamente como había aparecido en la niebla. En la frente de las feroces cabezas, un solo signo estaba grabado con intrincada precisión, precisión que ni siquiera nuestros más habilidoso tecnomarines pudieron imitar. El símbolo de la espada rota. El símbolo del Ala de Muerte.

+++ Hasta que la espada sea reforjada +++

+++ Fin de la trascripción del mensaje +++

FuentesEditar

Extraído y traducido de Codex Unforgiven.

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