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Lorgar Aureliano boceto

Lorgar Aureliano, señor de la XVII Legión.

La Salvación de Melkeji fue una campaña de conquista de la Gran Cruzada, llevada a cabo por la Legión Astartes de los Portadores de la Palabra.

HistoriaEditar

Antes de la Gran Cruzada, la Humanidad era una raza rota dispersa por toda la galaxia a merced de sus propias debilidades y de los ataques de otras criaturas que acechaban entre las hostiles estrellas. Melkeji era uno de estos fragmentos de la Humanidad: un mundo en el borde exterior de los límites de la galaxia que había conservado muchas de las maravillas tecnológicas de la perdida Edad Dorada. Muelles estelares rodeaban su órbita y sus lunas, y la luz eléctrica bañaba sus ciudades levantadas con metal y piedra sobre llanuras, montañas y costas azules. Vehículos alados surcaban su atmósfera, mientras la artesanía genética y las tecnologías de biopurificación permitían a gran parte de su población vivir durante muchos siglos. En la superficie, Melkeji era una joya que aún brillaba en la noche, pero la oscuridad se enroscaba en el corazón de este reino perfecto.

Una raza alienígena parásita controlaba Melkeji. Los registros describen a estas criaturas como nubes de cristal negro pulverizado cuando no ocupaban el cuerpo de sus anfitriones. Incapaces de existir fuera de un ser inteligente orgánico, estas criaturas sin nombre gobernaban Melkeji a través de una clase de ciudadanos llamados los Ascendidos. Vistiendo los rostros de hombres y mujeres humanos, los Ascendidos dirigían su dominio con un único propósito guiando todas sus acciones: el mantenimiento de una reserva de futuros anfitriones. Los humanos en que se hospedaban los Ascendidos duraban poco más de un año antes de debilitarse y morir. Cuando esto ocurría, un nuevo anfitrión era escogido de entre la población al azar. El elegido veía cumplidos todos sus caprichos, hasta el momento en que una de las criaturas tomaba su cuerpo. Esto había sido así durante tanto tiempo que para los humanos de Melkeji se había convertido en un ritual sagrado, en el que ofrecían su carne para renovar a sus eternos gobernantes. Tan interiorizada estaba la devoción de los melkejianos a sus amos, que cuando la Gran Cruzada los encontró, se alzaron para resistir a los invasores que buscaban liberarlos.

El primer contacto con Melkeji lo estableció una pequeña Flota Expedicionaria bajo el mando del Gran Mariscal Kulth. Tras encontrar una enconada resistencia, la flota se retiró con un pequeño número de cautivos humanos. Al interrogarlos, se reveló la naturaleza de la esclavitud de Melkeji. Sabiendo que no podía capturar el planeta, Kulth envió un mensaje al Éter pidiendo ayuda. Cuando esta llegó, fue más de lo que Kulth había podido atreverse a esperar. El mismo Lorgar vino a Melkeji con ocho Capítulos completos de su Legión. Tras hablar en persona con los cautivos, se dice que el Lord Aureliano solo dio una orden: "Encended la primera llama."

Quizás por miedo a que sus rebaños se volvieran un día contra ellos, los Ascendidos habitaban una cadena de nueve ciudades orbitales muy por encima de la superficie planetaria. Cubiertas por enormes placas de metal pulido, las ciudades se alzaban en los cielos nocturnos del planeta como las estrellas más brillantes. La luz de los Ascendidos había contemplado Melkeji desde las alturas desde hacía más tiempo del que nadie podía recordar, eterna e inmutable. Los Portadores de la Palabra, siempre conscientes del poder del simbolismo, cambiaron ese cielo nocturno. Cuando la quinta ciudad de los Ascendidos se elevó por la cúpula negra de la noche, estalló con una luz tan brillante que durante varios segundos volvió a ser de día.

Aproximándose sin energía, la Barcaza de Batalla Castigador se había deslizado hacia Melkeji desde el borde de su Sistema. Invisible y silenciosa, había esperado hasta sobrepasar ampliamente la esfera defensiva del planeta. Entonces había disparado su letal carga, un proyectil nova y una nube de torpedos de plasma y de fusión sincronizados para impactar al mismo tiempo. Cuando los melkejianos se dieron cuenta de lo que ocurría, un segundo sol anunciaba ya un nuevo amanecer y la muerte de su pasado. Con su misión completa, la Castigador viró y se lanzó de vuelta al vacío. Mientras las naves de Melkeji se disponían a perseguirla, la flota de Lorgar cayó sobre ellas. La batalla espacial duró una sola hora, y al final de esta las astronaves melkejianas eran un montón de escombros dispersos.

Los Portadores de la Palabra pasaron de largo de las ciudades orbitales para aterrizar en la superficie planetaria. Cinco mil Portadores de la Palabra y 100.000 auxiliares cayeron sobre el planeta en un solo desembarco. Incluso ante semejante despliegue de poder, Melkeji resistió. Varios millones de soldados murieron en la primera hora de combates. Entonces, justo cuando los defensores empezaban a recurrir a sus últimas reservas de voluntad, Lorgar atacó las restantes ciudades de los Ascendidos. Las Compañías de Abordaje, montadas en cañoneras, atravesaron los disparos de sus torretas y las capas de blindaje, y empezaron a avanzar a través de las ciudades. Durante todo el asalto los Ascendidos animaron a sus fuerzas a resistir, proyectando sus voces por todo el planeta con ondas de radio. Lorgar no hizo nada por detener las señales hasta que sus Compañías de Abordaje hubieron alcanzado los reactores de las ciudades orbitales. Entonces, una tras otra, las voces de los Ascendidos fueron silenciadas y una cadena de explosiones rodeó el asediado mundo. Protegiéndose los ojos, el pueblo de Melkeji supo al instante que sus amos ya no existían y que se enfrentaban a un poder más grande y terrible de lo que jamás habían imaginado. La mayoría de los melkejianos se rindieron en ese momento, y el resto unos pocos días después. Una década después, Melkeji era un mundo fiel al Dios-Emperador. Medio siglo después, medio millón de sus hijos e hijas vinieron a Ultramar con los nombres de dioses alienígenas en sus labios.

FuentesEditar

  • The Horus Heresy II.
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