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Romerae es el Capitán de la Cuarta Compañía de los Martillos de Wikia y el Señor de la Flota del Capítulo.

Romerae es un hombre joven, sobre todo comparado con el estándar de un Capitán. Es un hombre de ojos verdes y voz grave, que junto a su piel morena le puede conferir un aire más serio de lo que es en realidad, aunque es una persona muy cercana y animada.

Como Capitán, tiene acceso al arsenal mejor guardado del Capítulo. En la batalla, porta una Armadura Artesanal, que complementa con un retrorreactor con el que poder ir a cualquier parte del campo de batalla rápidamente. En combate, usa un Hacha de Energía de doble hoja de su época en los Guardianes de la Muerte, por la que siente especial afinidad, y ha conseguido hazañas tales como la de acabar con un Señor del Caos de los Amos de la Noche de un solo golpe. Para poder tener eficacia a larga distancia, siempre lleva un Bólter modificado para poder usar munición más mortal que un proyectil Bólter estándar, también de su estancia entre los Guardianes el cual, gracias a muchos años de entrenamiento, puede manejar como si de una pistola se tratara. Cuando está en medio de una batalla, su carácter cambia completamente. En contraste con su serenidad habitual, se vuelve una persona muy impulsiva, hasta el punto de poner en peligro su propia vida para poder llegar al centro de la batalla.

HistoriaEditar

OrígenesEditar

Romerae nació en una familia de ganaderos de montaña nuavik. En la cordillera Ultyus cada familia tiene un rebaño de ovejas y dos viviendas: Una choza en las praderas para vivir allí con el ganado durante el invierno; y otra en la montaña para subir con el rebaño en verano, puesto que en las praderas pasan meses sin llover y el pasto queda inservible.

Un día de tantos otros, en la época de vivir en la montaña, Romerae llevó el rebaño a pastar por la mañana para volver al anochecer. Tenía ya 12 años, y desde hacía tiempo era bien capaz de pasar el día fuera y de dormir al raso. Así, su familia tenía la posibilidad de quedarse en la choza para hacer reparaciones o preparar conservas.

Pero a la noche, al volver, la choza estaba en llamas y todos estaban muertos. Salteadores. Romerae nunca pudo saber quién había sido. No le quedó otro remedio que esperar al invierno, entre lágrimas, para volver a las praderas y contactar con sus parientes.

Una vez allí sus tíos le ofrecieron acogerlo quedándose con todo el rebaño familiar. Quizá Romerae sospechó que lo hacían por codicia, porque decidió quedarse con el rebaño y guiarlo solo hasta que tuviera edad de buscar esposa y formar familia. Reconstruiría la choza de las montañas y viviría de lo que dieran los animales hasta entonces. No le faltarían pretendientas: Presentar un buen rebaño era garantía de futuro seguro.

Pasaron un par de años y, estando en las montañas, el verano fue anormalmente largo y seco. Romerae dejó pasar las fechas habituales en las que se solía bajar por el duro paso de montaña que separa las praderas de la meseta superior. Con ese calor, el prado seguiría amarillo y el paso sería aún accesible unas semanas más.

Pero el tiempo cambió de golpe: De un día para otro, pasó de hacer calor y sol a hacer frío y a llover a cántaros. Y a helar. Un cambio demasiado brusco de estación. Romerae se apresuró en ir al paso de montaña con el ganado… pero lo que no estaba embarrado estaba ya cubierto de placas de hielo. El paso, ya duro de por sí para los animales, se cobraría de esta forma a una buena parte de su rebaño en forma de reses despeñadas, patas rotas y corderos muertos a la intemperie.

Ante la difícil decisión de pagarle su tributo a un invierno en las montañas o a un cruce del paso en malas condiciones, Romerae apostó por lo primero. Si la estación no era muy severa podía salir indemne, y aún tenía tiempo para prepararse.

Pero se equivocó en su apuesta.

Las temperaturas siguieron cayendo cada día más. Los pastos estaban congelados, las ovejas apenas podían alimentarse. Los corderos murieron de frío y el resto se quedó muy delgado. Romerae, para sobrevivir, tuvo que comerse a algunas de ellas. La nieve era mucha y a menudo hundía el techo endeble del cobertizo, que era reparado para volver a caerse.

Y llegaron los lobos.

Los lobos habitaban los niveles más altos de la cordillera Ultyus; no atreviéndose a bajar en verano por miedo a los pastores y por no poder aguantar lo que para ellos era un calor tórrido. Cuando bajaban en invierno los rebaños ya se habían ido.

Aquel invierno tan duro bajaron lobos en una cantidad muy superior a la habitual. Y tenían hambre. Mucha.

La primera vez Romerae no pudo llegar a tiempo de evitar que tres lobos entrasen en el cobertizo y matasen a cinco ovejas. Cuando sacaba al ganado a pastar tenía que vigilarlo de cerca… pero cuando volvía era lo peor, porque el cobertizo no era ninguna protección y Romerae no podía estar fuera vigilando a los animales siempre.

La situación siguió extremándose, y hasta los lobos morían de hambre. Tanta hambre tenían que una manada de siete se atrevió a cercar a Romerae y al rebaño contra un acantilado. Romerae y su hacha de leñador se interpusieron entre su medio de vida y los lobos. El lobo más grande, el jefe de la manada, encaraba a Romerae mientras que los otros seis le rodeaban, tratando de lanzarle dentelladas en cuanto el pastor no estaba atento a sus puntos ciegos.

Cada lobo trataba de aprovechar la espalda del pastor, buscando al instante su oportunidad… pero Romerae siempre se giraba a tiempo para descargar un tajo.

La jugada les salió mal. Romerae era muy capaz de prestar toda su atención a su combate contra el mayor lobo, y no bajar la guardia ante los ataques de los otros seis por la espalda. Frío como la nieve que le rodeaba, Romerae fue matando uno por uno a los lobos. Si hubiera matado primero al grande, los demás hubieran huido… pero el pastor quería sus pieles… y su carne.

Y así, Romerae desolló a los siete lobos, se hizo una larga capa con sus pieles y se los comió asados. Al menos no necesitaría comerse a más de sus pobres ovejas.

El invierno al fin pasó y finalmente otros pastores cruzaron el paso como habitualmente, para encontrarse a un joven pastor al que solo le quedaban cinco ovejas y dos carneros, todos demasiado escuálidos y enfermos como para criar ese año.

Romerae, derrotado, era consciente de la situación. Era imposible regenerar ese triste rebaño. No tenía ni para comer con él. Ningún pastor daría su hija a nadie con tan pocas posibilidades de salir adelante.

Pero los pastores le trajeron una noticia desde las praderas. Ese verano habría pruebas para ingresar en los Martillos de Wikia. A ellas se presentaban jóvenes cultos y fornidos, nada que ver con el escuálido pastor que solo tenía un viejo libro llamado Vida y Obras de Crissos el Viejo. Pero era eso o morir. Sus tíos ya no eran tan altruistas como hacía dos años.

Romerae bajó a las praderas tras malvender los restos de su ganado, y siguió andando hacia el lugar habitual de las pruebas en la región. Los candidatos eran en algunos casos de la Federación de Colmenas, hijos de los nobles afincados más al este. Jóvenes con mentes entrenadas en academias y cuerpos esculpidos en gimnasios.

Incluso los jóvenes nuavik de zonas más benignas tenían mejor aspecto que Romerae, no recuperado aún de los rigores del invierno. Las costillas podían contársele bajo la piel con facilidad. Nada que ver con la gloria y el físico de los Astartes que llegaron al lugar. Hubo risas sobre aquel zaparrastroso joven con capa de pieles de lobo.

Sin embargo, la primera prueba impuesta por el Sargento Reclutador llenó de terror a los risueños candidatos: Tendrían que llegar en menos de tres semanas, a pie y con solo un arma y un mapa, a un punto señalado al otro lado de las montañas de Tur-Ban.

A Romerae se le escapó la risilla floja: No entendía qué desafío suponía andar en verano por unas colinas que no tenían nada que ver con la cordillera Ultyus. Era poco más que un paseo primaveral.

Los chicos de ciudad y los de climas bondadosos rápidamente se fueron desfondando. Los que no padecieron diarreas o vómitos por comer lo que no debían enfermaban por beber agua estancada. Todos tenían los pies destrozados de tanto andar. Por la noche, el rocío los helaba. No sabían ni cazar ni encender un fuego. Y se perdían sin saber orientarse. Los más listos de entre ellos se dieron cuenta de que o viajaban con Romerae, cuyo aspecto mejoraba a ojos vista, o caerían uno tras otro.

Romerae aceptó, pero impuso sus condiciones. Tendría favores que cobrar cuando los llevase a destino. Y así pasaron los días, con cinco jóvenes arrastrando los pies por las colinas siguiendo a otro que silbaba una alegre tonadilla.

Una semana antes de lo necesario el grupito de Romerae llegó al destino. Los Astartes se reían por lo bajo viendo a los cinco reclutas delgados y ojerosos, y al lozano Romerae.

Hubo más pruebas; de fuerza, de intelecto. Pero Romerae se cobró los favores que le debían. Acabó las pruebas como uno de los candidatos más prometedores, siendo aceptado.

El primer neófito con el que Romerae hizo amistad mientras viajaban al Sello fue con Erik Truenosangre, reclutado en Surdia. En su región el lobo era un animal emblemático, y por eso le llamó tanto la atención la capa de pieles de Romerae.

El antiguo pastor le contó la historia de los lobos, a la que Erik contestó: "No sabía que en Nuavik se contasen historias tan tiernas sobre cachorrillos." Ambos se miraron fijamente un instante, y prorrumpieron en ruidosas carcajadas.

Romerae superó las pruebas y progresó como Marine Espacial. Pasó por las Escuadras de Devastadores, las de Asalto y las Tácticas, pero donde sobresalió fue luchando cuerpo a cuerpo con retrorreactores.

Lo más característico de Romerae era su estilo de lucha, diametralmente distinto del de Erik: Mientras que el súrdico concebía el combate cuerpo a cuerpo como el arte del duelo personal, y ensayaba cada movimiento con la fuerza de un oso y la precisión de un cirujano, Romerae veía tal cosa como algo poco práctico.

Era muy raro que en el furor de una batalla uno luchase contra un enemigo sin interferencia de nadie más. Casi parecía un cuento, eso de los duelos honorables. Lo real era verse rodeado por todas partes de enemigos; enemigos más débiles que el propio Marine Espacial, pero mucho más numerosos. Lo que más contaba, según Romerae, no era la técnica; sino los reflejos y la rapidez necesarios para luchar contra varios enemigos a la vez y vencerlos a todos sin que consiguieran rebasar su defensa.

Por eso, la forma de entrenar de ambos era muy diferente: Mientras que Erik retaba en combate singular a los Marines más fuertes que encontraba, Romerae solía entrenar con compañeros Astartes de menor nivel que él… pero luchando contra tres o cuatro a la vez.

Finalmente ambos fueron ascendidos a Sargentos de Asalto, y acabaron siendo los mejores luchadores cuerpo a cuerpo de la Cuarta Compañía. Y años después se unió al grupito de Sargentos el recién ascendido Eledan.

Era un tipo al que solían saludar, un Marine Táctico de la Escuadra Águila Carmesí con una puntería decente. Su Sargento había muerto y, según el proceso habitual, los miembros de la escuadra habían solicitado al Capitán Demetrius que Eledan fuera el siguiente Sargento. Lo más llamativo de la Águila Carmesí era que se llevaban de lujo. Romerae se reía diciendo que seguramente iban juntos hasta al baño.

Fue Romerae, junto a Erik Truenosangre, quien instruyó a Eledan en el combate cuerpo a cuerpo; cosa que el recién ascendido Sargento apenas manejaba en condiciones. Romerae sintió que, de alguna manera, podía contribuir a mejorar el Capítulo si uno de sus Sargentos luchaba mejor.

Cisma de WikiaEditar

Meses después llegó la noticia de la muerte del Señor del Capítulo Crissos el Viejo, y los acontecimientos se precipitaron: la 4ª Compañía acudió al Sello, Demetrius se reunió con el resto de Capitanes, pasaron las semanas, no se pusieron de acuerdo y finalmente el Sello Eterno se llenó de crispación.

La situación estalló cuando corrió la voz de que la 2ª Compañía había huido con las reliquias más valiosas del Capítulo. Y lo peor, con la colaboración del Arsenal. Demetrius fue uno de los pocos Capitanes que se atrevió a llevar a su Compañía armada contra sus criptas, pero se encontraron con las sólidas compuertas de adamantio cerradas y a los Tecnomarines parapetados detrás. A regañadientes, Demetrius tuvo que dar media vuelta e irse.

Romerae fue testigo de cómo los Martillos de Wikia estuvieron, en varias ocasiones, a punto de matarse entre sí. Y muchas veces por situaciones generadas por Demetrius. Sin embargo, el Capitán de la 4ª Compañía no encontraba apoyos suficientes ni en otras Compañías ni en la suya propia, harta de tanta bajeza; y rebotado por no poder forzar más los acontecimientos ordenó al Crucero de Asalto de la 4ª Compañía, el Ira Justa, salir del Sello Eterno.

Fue cuando Romerae abandonaba su Fortaleza-Monasterio por la puerta de atrás, convirtiéndose ya en un exiliado o quizá en algo peor, cuando recibió la invitación de los Guardianes de la Muerte. El clima de hostilidad en la nave era asfixiante, y Romerae decidió escapar de ello antes de cometer alguna locura.

Así, con un permiso que Demetrius no podía negarle, Romerae se encontró con una nave de la Ordo Xenos en el punto pactado, se despidió de Erik y de Eledan y les deseó suerte. Quizá a su regreso la 4ª Compañía ni siquiera existiese.

Romerae pasó muchas décadas sirviendo a la Ordo Xenos, ganando cicatrices y méritos, aprendiendo sobre los xenos e impresionando a sus mandos. Y siempre mantuvo su juramento de no narrar lo que le sucedió en aquel tiempo.

Al cabo de setenta años Romerae volvió al Sello Eterno, encontrándolo abandonado a cargo de un comité temporal de Tecnomarines, Apotecarios, Bibliotecarios y Capellanes. Era inútil salir a buscar el Ira Justa, así que durante años ayudó al comité hasta que su nave volvió al Sello Eterno a abastecerse. El alegre abrazo con Erik y con Eledan no ocultó la angustia que Romerae veía en sus rostros. Ellos a su vez preguntaron por la hermosa Hacha de Energía a una mano que Romerae había traído de su servicio a la Ordo Xenos, algo increíble teniendo en cuenta lo reacios que eran los Guardianes de la Muerte a que quienes se licenciaban se llevasen armas de su arsenal.

Enseguida sus amigos pusieron a Romerae al día. Desde que se había ido, el ambiente en la 4ª Compañía se había ido crispando cada vez más. Demetrius, como todos los Capitanes, era un táctico competente… pero su carácter mermaba día a día la unidad de la Compañía. Era muy susceptible, y hacía toda clase de desprecios a quienes no eran totalmente de su agrado. Además, muchos Hermanos de Batalla sabían qué papel había jugado Demetrius en las reuniones tras la muerte de Crissos... y muchos dedos le apuntaban a él como uno de los causantes de la situación actual.

Eledan, diplomático y cortés como solía ser, no tragaba a Demetrius de forma alguna… y Demetrius, valiéndose de su rango, la había tomado especialmente con él. La Compañía se había dividido entre quienes detestaban a Demetrius, considerándole una lacra para la Compañía, y los que le hacían de séquito de matones a cambio de privilegios.

Un día llegaron a un mundo montañoso llamado Ghamedon como respuesta a una solicitud de ayuda contra los restos de un ¡Waaagh! Orko que costaba eliminar. No había un Kaudillo claro y los Noblez manejaban sus pequeñas partidas de guerra sin orden ni concierto, luchando entre sí pero hostigando mientras a los defensores humanos.

La operación apenas comportaba riesgo: Demetrius repartió las escuadras en puntos clave sobre riscos, por Cápsulas de Desembarco o en Thunderhawks. Otros, sobre motocicletas, harían de cebo. La idea era atraer a los Orkos hacia cuellos de botella para eliminarlos con emboscadas de forma segura.

La operación fue sencilla, y tras terminar recogieron a Romerae en una Thunderhawk para volver al Ira Justa, donde se encontró con Erik y con el resto de participantes... salvo con Eledan. Preocupados por la ausencia de la Escuadra Águila Carmesí, preguntaron en el centro de mando. No habían sido recogidos. Demetrius dijo que habían sido desplegados para cubrir a las motocicletas-señuelo, que se les recogería los últimos. Pero algo no encajaba.

Pasaron las horas, los ánimos se caldearon ante las explicaciones de Demetrius y, finalmente un furioso Romerae obligó al asistente de despliegue a decir cuáles eran las coordenadas donde fue lanzada la cápsula de Águila Carmesí. El asustado asistente pulsó una tecla y apareció un punto sobre el mapa de superficie.

Romerae tragó saliva: Habían caído en pleno centro de una de las zonas más conflictivas, aún llena de los pocos Orkos restantes.

Demetrius dijo que habría sido un error de despliegue, pero que podían estar ocultos y una recogida desvelaría su posición. Que durante las siguientes horas se comunicaría con ellos. Pero Romerae y Erik ya no se creían nada. Todo les sonaba a excusas. Querían comunicarse con Eledan personalmente para saber su situación. El corrillo de simpatizantes de Demetrius cerró filas en torno a su jefe mientras los demás se enfurecían temiéndose lo peor.

Romerae insistia en contactar con Eledan inmediatamente, cosa a la que Demetrius se negaba. Hubo empujones e insultos, y cuando un Astartes hizo ademán de abalanzarse sobre el comunicador, Demetrius encendió su Cuchilla Relámpago.

- ¡NADIE tocará ese comunicador! ¡Ésta es MI nave! –gruñó entre dientes el Capitán– ¡Cualquiera que se salte mi autoridad será inmediatamente degradado y enviado al calabozo de insubordinados!

Hubo gritos de indignación, y varias armas salieron de sus fundas y se encendieron. La tensión de la sala se podía cortar con un cuchillo. Pero fue el afable Apotecario Uriel Antares el que dio un paso al frente con firmeza.

- Hace mucho hice el juramento de sanar al hermano herido y de recoger la semilla del caído. Y ese juramento lo hice ante el Maestro del Apothecarion, no ante este Capitán. Voy a bajar a por el Águila Carmesí solo, la responsabilidad es mía. Solo mi Señor puede tomar acciones contra mí, y, Demetrius, eres libre de enviarle tu informe la próxima vez que volvamos al Sello.

Uriel avanzó hacia el comunicador, y el tiempo pareció detenerse. Romerae y Erik, armas en mano, estaban listos para saltar como un resorte si el Capitán hacía ademán de atacar al Apotecario. Pero, con un bufido, Demetrius consintió.

- Aquí el Apotecario Uriel Antares. Sargento Eledan, conteste.

- …

- Aquí el Apotecario Uriel Antares. Sargento Eledan, conteste.

- ¡Uriel! –la comunicación estaba llena de estática, y la respiración del Sargento estaba agitada- ¡Estamos en medio de la nada! ¡Éstas no eran nuestras coordenadas! ¡Tengo dos heridos, uno muy grave! ¡Llevamos horas huyendo por los riscos y disparando! ¡Nos siguen! ¡¡Sacadnos de aquí!! –Y acto seguido transmitió su posición.

Hubo gritos de alegría entre los asistentes, pero la situación era crítica. Uriel corrió al embarcadero, cogió la primera Stormraven que encontró y bajó al planeta.

Dos horas después, los cinco miembros de la Escuadra Águila Carmesí llegaron en la Stormraven bajo la mirada de toda la Compañía. Hubo más gritos de alegría... hasta que los vieron salir. El hermano Arteas iba lleno de sangre y parecía a punto de desmoronarse. Pero estaba bien. El siguiente en bajar fue Eledan, sosteniendo por un brazo a Herpo, que se apoyaba en él trabajosamente. Cuando terminó de salir, todos vieron que Herpo tenía el brazo derecho arrancado de cuajo, y estaba muy pálido. Pero sobreviviría.

Los últimos que bajaron fueron Tinias, Uriel y Germio. A Uriel le faltaba un ojo, arrancado… pero Germio iba tumbado en una camilla y los otros dos le llevaban.

Estaba muerto.

La triste procesión subió hasta donde se encontraba el resto de la Compañía. No se alzó voz alguna. Erik y Romerae abrazaron a Eledan, condoliéndose por su pérdida, y el resto de hermanos se ocupó de los heridos.

Pero Eledan se detuvo ante Demetrius con el rostro pétreo. Se mantuvieron la mirada. Eledan agarró su Espada Sierra y la arrojó con rabia a los pies del Capitán, que no se inmutó.

Hubo quienes aseguraron que el grito de rabia de Eledan en su camarote se oyó por toda la cubierta.

Desde ese día la situación cambió drásticamente. Romerae amenazó al asistente hasta que éste confesó que, pocos segundos antes del despegue de la cápsula, Demetrius había dado orden de cambiar sus coordenadas. Las pruebas de ello estaban almacenadas en el cogitador de a bordo, y sometidas a juicio de un Señor del Capítulo podrían haber llevado a Demetrius a la ejecución. Pero no había Señor del Capítulo.

Los pocos hermanos que estaban indecisos entre la lealtad hacia su Capitán y la realidad terminaron de decidirse. Romerae, Erik, Uriel, Eledan y varios simpatizantes más no volvieron a dirigirle la palabra a Demetrius ni a tratarle por su rango. El Capitán se vio aislado y desatendió todas sus obligaciones, solo saliendo de su sección bien acompañado de sus incondicionales para insultar y despreciar al resto de la Compañía aún más que de costumbre. Sin embargo, la nave tenía asuntos cotidianos que atender, y la situación empezó a degenerar sin la coordinación de nadie. Fue Eledan quien, de manera informal y sin usar ninguna autoridad, fue ayudando a quienes tenían cuestiones que arreglar con la ayuda de Romerae y Erik. Pese a la reticencia inicial, muchos después se dieron cuenta de que solía tener buen criterio y que era fácil tratar con él. La influencia de Eledan creció entre la tripulación.

Pasadas varias semanas, Demetrius salió de su sección perfectamente armado y rodeado de toda su gente. Se dirigió con paso firme a la atestada zona de entrenamiento, señaló a Eledan y le retó a una “bimaquia” a muerte. Todos los presentes se quedaron helados.

La bimaquia era un duelo no amistoso que se usaba tradicionalmente cuando un problema entre dos Astartes era tan grave que no se había podido solucionar de ninguna otra manera, y que, para que no se enquistase y amenazase la unidad de la Compañía, se solucionaba en un duelo de una vez por todas, como último recurso. Por supuesto, en las bimaquias solo se luchaba a primera sangre. Ningún Capitán en su sano juicio permitiría una bimaquia a muerte, y cualquier Señor del Capítulo la prohibiría.

Pero en este caso la había propuesto el miembro de mayor rango al que era posible acudir. Eledan no podía simplemente retirarse: se suponía que si dos Astartes habían dejado que su problema llevase a hacer necesaria una bimaquia era porque se trataba de algo imposible de solucionar por otros medios. Si un Astartes se retiraba de una bimaquia significaba que había sido tan estúpido de crear un problema que no tenía valor de terminar de arreglar, y era degradado con deshonor en todos los casos.

Sin esperar respuesta, Demetrius encendió su Cuchilla Relámpago. Eledan no tenía otro arma que su espada sierra, del todo ineficaz contra servoarmaduras. El mensaje estaba claro: O ser degradado… o morir.

La gélida mirada del Sargento habló por sí misma. Demetrius no solo había tratado de matarle a él y a sus hombres rastreramente, sino que ahora lo condenaba a una muerte segura que se veía obligado a aceptar. No se retiraría ante el asesino de Germio.

Demetrius, impaciente, se subió a la arena de duelos entre las protestas airadas de los presentes, que no deseaban ver la muerte de un hermano en su nave.

Erik se acercó a Eledan:

- Ese tipo es un mierda. Ten cuidado de no chocar los dientes de la Espada Sierra contra sus cuchillas, o te la partirá. Recuerda que el cable de alimentación de su arma pasa por debajo del hombro. ¡Machácalo!

Romerae fue el siguiente que se acercó:

- El especialista en estas cosas es Erik… -dijo-. Así que por mi parte solo te puedo ayudar prestándote mi Hacha de Energía. Es una buena arma. Aprovéchala.

Eledan asintió, agradecido. Ahora al menos tenía una posibilidad. Abrazó a ambos amigos y subió a la arena esgrimiendo la Espada Sierra con la mano izquierda y el Hacha de Energía con la derecha. Cerró los ojos y musitó una plegaria breve en silencio.

- ¿A quién rezas, idiota? –Se mofó Demetrius al verle mover los labios- ¿Estás diciéndole a Nurgle que avise a tu amiguito de que ya vas para allá?

Eledan abrió los ojos, pero ya no era el mismo. Las venas de su cuello estaban claramente marcadas y apretaba la mandíbula con fuerza. En un instante se abalanzó sobre Demetrius y empezó a golpearlo sin pausa.

Romerae observó, mientras intercambiaban golpes, que Eledan normalmente no luchaba así. Solía ser bastante defensivo en sus duelos, esperando a que el rival cometiera un despiste para contraatacar. Pero esta vez era él quien tomaba la iniciativa con rabia, sin separarse. Romerae miraba con preocupación cada movimiento de las Cuchillas Relámpago. Un solo golpe de lleno y la servoarmadura de Eledan no serviría de nada.

“Maldición Erik", pensó Romerae mordiéndose el labio. "Si no enseñaste nada a este Sargento acabaré contigo."

Eledan se las veía y se las deseaba en cada arremetida para esquivar las Cuchillas Relámpago o para desviarlas golpeando el guantelete con su Espada Sierra. Efectivamente, si la chocaba contra las hojas de energía se quedaría sin ella. Con el Hacha de Energía no tenía mucha más suerte: en el brazo izquierdo Demetrius llevaba un Escudo de Combate con el que desviaba los golpes.

Más marines llegaron al lugar del enfrentamiento a toda prisa.

Demetrius hizo un golpe descendente en diagonal y Eledan clavó los dientes de la Espada Sierra contra el guantelete, justo por debajo de las hojas centelleantes. En ese momento aprovechó el impulso y, sin ceder con la Espada Sierra, usó el hacha de la derecha para asestar un tremendo tajo a la parte baja del hombro derecho de Demetrius, donde empezaban sus Cuchillas Relámpago.

Una salpicadura de sangre salió despedida hacia atrás, y Demetrius retrocedió. La energía de las cuchillas comenzó a entrecortarse. El mecanismo del avambrazo derecho de Demetrius hizo un extraño, pero la hemorragia se cortó pronto. Más furioso aún, Demetrius cargó contra Eledan. El Capitán era muy rápido y muy hábil; pero Eledan, sorprendentemente, era capaz de seguirle el ritmo, aunque a duras penas. Pese a lo que Romerae y Erik le habían enseñado, un solo despiste y estaría muerto.

Demetrius lanzó un tajo descendente con las cuchillas y Eledan las detuvo con la Espada Sierra.

Los dientes del arma chocaron contra las cuchillas... pero estaban apagadas. No tenían energía.

Demetrius, con cara de espanto, miró a Eledan solo para encontrarse con un rostro que le heló el gesto.

Eledan retrocedió el brazo derecho y descargó un furioso golpe con el hacha, tan potente como puede hacerlo un Astartes.

Demetrius se cubrió con el escudo… pero no era un Escudo Tormenta. Tenía poco más que adamantio y ceramita en su composición.

El hacha rasgó el escudo por la mitad y dejó medio partido el antebrazo de Demetrius, que quedó colgando en un ángulo extraño.

El Capitán cayó al suelo, indefenso.

- ¡Me rindo! ¡Me rindo!

Se hizo el silencio en la sala. Todos los ojos miraron a Eledan. Pero Eledan estaba fuera de sí, rojo por la furia.

- ¡BIMAQUIA A MUERTE! ¡TÚ LA QUISISTE!

Romerae solo llegó a tiempo de apartar a Eledan cuando golpeaba con saña lo que ya era un cadáver. Llevaron al Sargento vencedor a su camarote, de donde no quiso salir.

Romerae acudió a visitar a su amigo, ya calmado, días después. Se encontró con un Eledan comido por los remordimientos de haber matado a un hermano indefenso que se había rendido. Sin embargo, Romerae le convenció de que el procedimiento había sido legal: la bimaquia había sido ordenada por el mando más alto disponible y las condiciones las había fijado él.

Al día siguiente, Eledan salió del camarote. Por mucho tiempo cargó con el peso de creer que había sido el único Martillo de Wikia que había matado a un hermano durante el Cisma de Wikia… aunque tiempo después descubriría que no había sido exactamente así.

La Cuarta Compañía se reunió aquel día. Todos coincidieron en que el procedimiento de la bimaquia había sido legal, pero el hecho de que un Capitán de los Martillos de Wikia hubiera muerto en su propia nave a mano de uno de los suyos era una maldición para la Compañía, que el resto del Capítulo podría no entender llegado el momento. Por ello acordaron solemnemente guardar el secreto de lo que había ocurrido, para beneficio de todos.

Pasaron las semanas y los meses, y todos volvieron a sus funciones. Eledan encontró gusto en ayudar a coordinar los asuntos de la Compañía, y le volvió la sonrisa.

Llegó el momento de elegir un nuevo Capitán y Romerae tomó la iniciativa al hablar con Erik, pues los Sargentos tenían más peso en la decisión. Acordaron apoyar a Eledan como Capitán, principalmente porque a diferencia del propio Romerae, Eledan no era un líder de combate puro. Sus momentos cumbre no eran en medio de la batalla, sino en la planificación previa. Donde otros solo tenían ganas de pelea, y peleaban mejor que él; Eledan se aseguraba de haber estudiado todas las variables y de que todo estuviera listo. Conocía ya todas las necesidades de la nave y se aseguraba de que estuvieran satisfechas. Los hermanos acudían a él para arreglar asuntos con naturalidad.

Gracias a la buena fama de organizador que tenía y, sobre todo, al apoyo unánime de los influyentes Sargentos Romerae y Erik y del Apotecario Uriel, Eledan fue nombrado Capitán aquel día.

Romerae pasó los años siguientes apoyando a la Compañía; entrenando a los débiles, fortaleciendo a los indecisos y aplastando al enemigo. Se convirtió, de hecho, en uno de los líderes principales de la compañía. Desde entonces la Cuarta se transformó poco a poco en uno de los principales motores que hicieron posible que el Capítulo se reunificase muchas décadas después.

FuentesEditar

Escrito por Skarbrand,el exiliado; y por Eledan.

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