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Roboute Guilliman, Primarca de los Ultramarines

"Serán puros sus corazones y fuertes sus cuerpos, libres de la duda y de la mácula de la soberbia. Serán luceros en el firmamento de la batalla, Ángeles de Muerte que con brillantes alas traerán la pronta aniquilación a los enemigos del hombre. Así será durante mil veces mil años, hasta el mismo fin de la eternidad y la extinción de la carne mortal"

Codex Astartes

Roboute Guilliman es el Primarca de los Ultramarines.

Además de las hazañas de su Legión durante la Gran Cruzada, Guilliman obtuvo mayor renombre tras la Herejía de Horus por sus esfuerzos para preservar el Imperio. Entre sus logros más destacables está la creación del Codex Astartes. El Primarca es uno de los héroes y guerreros más poderosos de la época de la Gran Cruzada. Sus facciones indicaban un gran valor y una gran fortaleza.

La vida de Guilliman había sido sesgada antes de tiempo por la hoja envenenada del Primarca de los Hijos del Emperador, el traidor Fulgrim, y fue preservado en un campo de estasis en el momento de su fallecimiento, donde se podía ver la herida reluciente y escarlata que tenía. Su tarea había quedado inacabada, su legado incumplido.

En la actualidad su cuerpo, que descansaba en el trono del Templo de la Corrección en Macragge, planeta natal de los Ultramarines, fué resucitado por Yvraine, y tras proclamarse Lord Comandante del Imperio de la humanidad, se encuentra dirigiendo a la humanidad contra las fuerzas del caos.

Orígenes[]

Al igual que los demás Primarcas, Roboute Guilliman fue uno de los veinte "hijos" genéticamente modificados del Emperador. Y al igual que sus hermanos, cuando no era más que un bebé, fue tomado por los Poderes del Caos, y lanzado a través de la Disformidad, hasta acabar en un lejano planeta en un esfuerzo para evitar una posible hegemonía del Imperio en la Galaxia.

La cápsula del pequeño Guilliman fue a parar al planeta Macragge, donde fue descubierta por un grupo de nobles que se hallaban de caza en el bosque. Dentro de esta encontraron a un niño rodeado de un aura resplandeciente. Entonces fue llevado hasta Konor (uno de los dos Cónsules que gobernaban Macragge), quien adoptó al niño como su hijo.

La llegada de Roboute a Macragge fue un hecho portentoso, y mucha gente informó de sucesos extraños. El más notable fue que cuando Konor dormía, tuvo sueños en los que vio al Emperador, y en algún momento se encontró al lado de las Cataratas de Hera, en el Valle de Laponis. Al despertar, se colocó su armadura y se dirigió a las Cataratas de Hera, y allí encontraron al niño. Y considerándolo una premonición, fue entonces cuando Konor dio nombre al niño, llamándolo Roboute, significa "El Grande".

Roboute era un prodigio, creciendo rápido tanto física como intelectualmente. A los diez años, ya dominaba todos los temas que los mayores eruditos de Macragge podían enseñarle, y sus ideas sobre historia, filosofía y ciencia a menudo sorprendían a sus mayores. Sin embargo, su mayor talento era como líder militar. Tal era su habilidad que en un momento dado su padre le dio el mando de una fuerza expedicionaria a Illyrium. Se trataba de una región montañosa en el extremo norte de Macragge, cuyos salvajes habitantes había aterrorizado a regiones civilizadas durante años, además de resistir con éxito todas las campañas militares llevadas a cabo contra ellos.

Roboute no solo fue capaz de librar una campaña brillante, sino que también se ganó el respeto de los hombres salvajes haciendo que nunca volvieran a amenazar los territorios más civilizadas de Macragge. Sin embargo, al regresar a la capital, se encontró la ciudad sumida en el desorden. Gallan, el co-Cónsul de su padre, había intentado un golpe de estado. Gallan utilizó a una parte de la nobleza de Macragge, la cual se encontraba en un confortable estado de poder, riqueza y posición social a expensas de incontables cantidades de esclavos, por lo que eran reacios a las legislaciones promulgadas por Konor, las cuales favorecían a la gente común entre las que era inmensamente popular.

Al aproximarse a la ciudad, Roboute y sus soldados la vieron sumida en el caos, siendo saqueada por una multitud de los hombres de Gallan, mientras la casa de el cónsul se hallaba sitiada. Roboute dejó a sus hombres para restaurar el orden en la ciudad mientras él se apresuraba hacia a la casa del Cónsul. Al final consiguió levantar el sitio, solo para encontrar a su padre cerca de la muerte rodeado de sus guardaespaldas leales. Había sido mortalmente herido por un asesino a sueldo de Gallan. No obstante, con su último aliento le dijo a Roboute quién fue el responsable. Roboute aplastó la rebelión rápidamente, y en medio de una ola de satisfacción popular, asumió el título de Cónsul único de Macragge. Se dedicó a castigar la traición y a la realización de la visión de su padre. Gallan y sus co-conspiradores fueron ejecutados en un promontorio que desde entonces se denominaría la "Roca de Gallan" y sus tierras y riquezas se redistribuyeron entre el pueblo. Con una energía sobrehumana, Roboute reorganizó toda la estructura social de Macragge, creando una meritocracia donde los ministerios y honores fueron entregados al trabajador, en lugar de al rico e influyente. Bajo su liderazgo, Macragge prosperó como nunca antes lo había hecho.

La Llegada del Emperador[]

Mientras Roboute proseguía con su guerra contra los rebeldes de Illyrium, el Emperador de la Humanidad y sus ejércitos habían llegado al planeta vecino de Espandor. Fue allí donde el Emperador oyó historias sobre el extraordinario hijo del Cónsul Konor, y se dio cuenta de que había encontrado en uno de los Primarcas perdidos. Sin embargo, debido a una inesperada tormenta de Disformidad, su nave fue llevada lejos de su rumbo; y para cuando llegó a Macragge, Roboute llevaba gobernando casi cinco años. Cuando el Emperador llegó a Macragge, se encontró con un mundo autosuficiente, próspero, con un ejército fuerte y bien equipado, y con lazos comerciales con Sistemas cercanos. Impresionado, el Emperador asignó el mando de la Legión de los Ultramarines a Guilliman, y se trasladó la base avanzada de la Legión a Macragge.

La Gran Cruzada[]

Roboute Guilliman

Con la excepción de los Lobos Lunares, ninguna Legión conquistó tantos mundos, o tan rápido, o dejándolos en tan buen estado, como los Ultramarines durante la Gran Cruzada. Siempre que Guilliman liberaba un mundo, no se iba hasta que había establecido un sistema de defensa autosuficiente y dejado atrás asesores para aumentar la industria, establecer el comercio con el resto del Imperio, y formar un gobierno cuya primera preocupación sería siempre el bienestar de la gente.

Con su base principal reubicada en Macragge, a Guilliman se le otorgó el mando independiente de la Cruzada para la región, y rápidamente emprendió una serie de nuevas conquistas. Su ahora duodécima flota expedicionaria se reformó bajo su mando y se suministró con buques de guerra de los últimos diseños de Marte como una bendición del Emperador. Las nuevas conquistas fueron inmediatas, ya que los Ultramarines recientemente nombrados expandieron rápidamente su alcance desde Macragge, identificando objetivos adecuados para el Cumplimiento y ,posteriormente, seleccionando descubiertas razas xenos para su erradicación. Interrumpida solo cuando la voluntad del Emperador la convoca a unirse a campañas más grandes, durante casi un siglo la Flota Expedicionaria XII se extendió hasta el norte galáctico donde terminó abruptamente ante las zonas muertas que delimitan la galaxia, hasta el este y el sur galácticos. Como el punto de Ultima Thule, donde las estrellas palidecieron y se vaciaron en la oscuridad ilimitada del vacío exo-galáctico.

Durante este período, los Ultramarines, según algunos registros, lograron liberar más mundos que cualquier otra fuerza del Primarca, y los planetas que Roboute Guilliman trajo al Imperio siempre se beneficiaron de su intensa pasión por un gobierno eficiente y ordenado. Cada vez que Guilliman y los Ultramarines conquistaban un mundo, sus fuerzas gastaban tanto esfuerzo en establecerlo de nuevo, establecer defensas autosuficientes y asegurarse de que, a su paso, los agentes de la Verdad Imperial y la industria sellaran firmemente el lugar del mundo en el tejido del Imperio. Esta expansión de la civilización cohesiva en el camino de la Legión sirvió tanto para solidificar como para expandir las líneas de suministro para su avance, facilitando en gran parte la gran velocidad y alcance de las conquistas de los Ultramarines.

Roboute Guilliman durante la Gran Cruzada

Al mismo tiempo, con la ayuda de sus nuevos asesores, Guilliman creó una maquinaria militar sumamente eficiente en Macragge y sus mundos circundantes, lo que proporcionó a los Ultramarines un flujo constante de nuevos reclutas. Este factor, combinado con las bajas mínimas que sufrieron gracias a la habilidad táctica de Guilliman, permitió a los Ultramarines convertirse en la más grande de todas las Legiones de Marines Espaciales. Para cuando Horus fue nombrado Señor de la Guerra, los Ultramarines eran, según cualquier evaluación oficial, la Legión de Marines Espaciales más grande por número de Legionarios con un margen considerable. Debido a esta expansión, la 12ª Flota Expedicionaria ahora masiva se subdividió en una veintena de flotas expedicionarias y de persecución más pequeñas, lo que permitió a la Legión llegar más lejos, cada una de las cuales todavía sumaba decenas de naves y miles y, a veces, decenas de miles de legionarios. La fuerza numérica de la Legión de los Ultramarines, en exceso de 250,000 Astartes, sería un logro que no se superaría, aunque en secreto la expansión tardía de Portadores de la Palabra, que originalmente contaba con aproximadamente 100,000 Astartes, llegaría a rivalizar. según algunas evaluaciones, mientras que las afirmaciones más salvajes sobre la fuerza de la Legión Alfa también los hacen correr más cerca de lo que indicarían los registros oficiales.

Esta escala de fuerza militar y el estatus de "imperio dentro de un imperio" casi autónomo que lo mantuvo, Ultramar habiendo alcanzado un dominio popularmente atribuido como los Quinientos Mundos antes del estallido de la guerra, tendría consecuencias nefastas e imprevistas para los Ultramarines. y su Primarca. Separados e inviolables en el este, y con un gran poder por derecho propio, la propia existencia de la Legión los convirtió en una amenaza para la conspiración del Traidor que no podía ser ignorada, aunque en Calth verían el plan del Señor de la Guerra y el deseo de venganza del Portador de la Palabra destruida

Cuando Horus fue nombrado Señor de la Guerra por el Emperador, la reacción entre los Primarcas fue dispar. Algunos apoyaron el nombramiento por afecto a Horus, algunos se opusieron, y otros lo aceptaron cínicamente. Sin embargo, Guilliman, Rogal Dorn, y Jaghatai Khan apoyaron el nombramiento, creyendo en su juicio frío y racional que Horus era realmente el más digno de ellos. Por esta razón, y debido a su genio militar, Horus valoraba a Guilliman y Dorn como sus asesores más cercanos.

En privado, Guilliman tenía a cuatro de sus hermanos en la mayor estima: Dorn, Sanguinius, Leman Russ y Ferrus Manus. Se refería a ellos como Los Intrépidos, y declaró que él podría ganar cualquier guerra, sin dudar, si los tenía a los cuatro y a sus Legiones a su lado.

La Herejía de Horus[]

Ultramarines combatiendo contra Portadores de la Palabra en la órbita de Calth.

Artículo principal: Batalla de Calth.

Cuando estalló la Herejía de Horus, Guilliman y los Ultramarines fueron engañados por Horus, quien los envió al Sistema Veridian mientras llevaba a cabo su conspiración traidora. Cuando la traición fue revelada, los Ultramarines estaban mal situados para reaccionar.

Mientras los Ultramarines reagrupaban sus fuerzas en Calth, en Ultramar, fueron atacados por los Portadores de la Palabra. Sin embargo, estos habían pasado por alto dos puntos principales: el espíritu de lucha inquebrantable de los Ultramarines, y el brillante liderazgo de Guilliman. Por último, tras la derrota de los Portadores de la Palabra y conocer el engaño de Horus, Guilliman puso rumbo inmediatamente a la Sagrada Terra. Viajando a la máxima velocidad, la Legión estaba a solo horas de distancia, junto con varias otras Legiones.

En última instancia, aquello fue lo que decidió la suerte del Imperio cuando Horus se vio obligado a apostar por dejar que el Emperador se teleportase a su Barcaza de Batalla.

Tras la Herejía[]

Primarca Roboute Guilliman guantelete.jpg

A consecuencia de la Gran Traición, el Emperador estaba incapacitado, y el número de Marines Espaciales había sido diezmado por las deserciones al Caos y las pérdidas en combate. Los Ultramarines se convirtieron en la principal Legión Leal, y Guilliman asumió el título de Lord Comandante del Imperio. Durante los años siguientes, con Guilliman al mando y llevando a los Ultramarines por toda la galaxia, se fueron recuperando mundos perdidos por el Caos, evitando a la par la caída de otros por rebelión o invasión desde fuera del Imperio.

Al mismo tiempo, Guilliman reorganizó las Legiones de Marines Espaciales como Capítulos y escribió el Codex Astartes, el tomo que los Ultramarines (y muchos otros Capítulos) seguirían estrictamente.

Guilliman dirigió el asalto contra la Legión Alfa en la Batalla de Eskrador, y debido a la vanidad de Alpharius, utilizó un ataque por sorpresa en el corazón de los traidores y mató a Alpharius en un duelo. Sin embargo, él y los Ultramarines se equivocaron mucho en su creencia de que la serpiente moriría sin su cabeza; puesto que de hecho el símbolo de la Legión Alfa es una hidra, una serpiente de múltiples cabezas. Los Ultramarines fueron rechazados una y otra vez por los Marines Traidores, impávidos ante la pérdida de su Primarca. Guilliman finalmente retiró sus fuerzas de nuevo a órbita y bombardeó el planeta desde arriba.

Muerte del Hijo Vengador[]

Roboute Guilliman continuó sirviendo con el Capítulo de Ultramarines, liderándolos durante cien años después de la Segunda Fundación. Se dijo que durante esos años, Guilliman dirigió varias incursiones, junto con sus hermanos Primarcas supervivientes, contra los restantes Marines Espaciales del Caos. Guilliman finalmente alcanzaría su destino final durante la Batalla de Thessala en 121.M31, cuando el Traidor Primarca Fulgrim de los Hijos del Emperador, que se había convertido en un Príncipe Demonio de Slaanesh, lo derrotó. Mientras que Alpharius no había abrazado en gran medida los Poderes del Caos, y era esencialmente el Primarca original sin cambios cuando fue asesinado, Fulgrim había estado en el Ojo del Terror, cosechando terribles poderes, y había sido convertido por Slaanesh en un poderoso Príncipe Demonio; sin apariencia humana, pero con su pureza original corrompida y aumentada por los Poderes Ruinosos. Fulgrim ahora era una criatura serpentina de inmensa estatura, y con múltiples brazos. Cada miembro blandía una espada envenenada, y en el choque apuñaló Guilliman en el cuello. Ante la imposibilidad de salvarlo, los Apotecarios enterraron a Guilliman dentro de un campo de estasis, donde permanecería congelado en el instante de su muerte, mientras que Fulgrim y los suyos escaparon de vuelta al Ojo del Terror.

Templo de la Correción, en la Fortaleza de Hera, en Macragge

Durante nueve milenios, su cuerpo mortal permaneció en estasis, en lo profundo del Santuario de Guilliman; dentro del Templo de la Corrección, uno de los lugares más sagrados de todo el Imperio. Algunos peregrinos afirmaban que las heridas del Primarca se curan lentamente, una hazaña que acredita el poder del Emperador. Otros negaban el fenómeno, y señalaban la total imposibilidad de cambio dentro de un campo de estasis. Sin embargo, bastaba creer las historias para ir a presenciar por uno mismo el milagro del Primarca.

Resurrección[]

"Guilliman pensó en su reunión con su padre, no le gustaba visitar la memoria era como si la memoria lo forzara a él, aquel ser entre máquinas antiguas, alimentadas con tecnología repugnante y luego la luz dorada y el dolor. Frialdad, esa fue la sensación definitoria de su encuentro con el Emperador, infinita y terrible frialdad, se había acercado a la reunión con temor temiendo lo que encontraría ¿estaría muerto su padre? ¿estaría loco? ¿podrían hablar?

Entre el momento de la ascensión del Emperador al trono y la muerte de Guilliman, el Emperador no había hablado con nadie. ¿Cómo podría persistir por diez mil años? Su cadáver marchito estaba rodeado por bancos de maquinaria gimiente. El sacrificio requerido para mantener vivo al Emperador enfermó al Primarca. Al verlo parecía muerto. Guilliman no esperaba nada, sin embargo, él habló, con palabras de luz y fuego. Fue como hablar con una estrella. Sus palabras quemaron al Primarca. El Señor de la Humanidad había hablado con su Primarca retornado."

- Encuentro entre Roboute Guilliman y el Emperador, 999.M41

Durante 10,000 años estándar, el Emperador de la Humanidad ha permanecido inmóvil en el Trono Dorado de Terra, su cuerpo marchito, poco más que una cáscara del gran hombre que fue. Su gran visión, el Imperio del Hombre, perdura, pero no prospera, ya que permanece bajo un manto de miseria y persecución, sospecha y desconfianza. Es atacado por todos lados y desde dentro por herejes, brujas y alienígenas, y solo por el sacrificio sin fin de innumerables ciudadanos sigue existiendo el Imperio. Sin embargo, ahora, al final del 41º Milenio, la gente del Imperio enfrenta su mayor prueba. Los Orkos causan estragos en toda la galaxia, el joven Imperio Tau se expande en la Franja Oriental, los Tiránidos envían enormes enjambres alienígenas desde más allá de las estrellas para consumir todo en su camino, y los Necrones se despiertan para reclamar lo que una vez fue suyo. Y, sobre todo, más mortal que cualquier otro enemigo, las Fuerzas del Caos eligen este momento para comenzar su invasión más concertada del Imperio. Bajo la mirada de Abaddon el Saqueador y su 13ª Cruzada Negra, innumerables mundos ya han caído. La locura y la herejía abundan y las violentas tormentas de Disformidad destruyen grandes alquileres en la galaxia. Ciegos en su ignorancia, los Altos Señores de Terra envían miles de millones a sus muertes en un intento por salvar el Imperio. Sin embargo, los eldar, una raza más visionaria, se dieron cuenta de que lo que el Imperio necesita ahora es un héroe, un símbolo de la voluntad del Emperador que se manifiesta. El Imperio necesita un Primarca.


Décimotercera Cruzada Negra[]

Guerra por Cadia[]

Dirigidos por la Santa en vida, Santa Celestina, los regimientos de la Guardia Imperial de Tropas de Choque de Cadia defienden la fortaleza de Kasr Kraf en el Mundo Fortaleza de Cadia de las Fuerzas del Caos

El poder total de la 13ª Cruzada Negra asaltó el Mundo Fortaleza de Cadia, que se erigió como el único centinela de la Puerta de Cadia, la única salida previsiblemente estable de la Tormenta de Disformidad conocida como el Ojo del Terror. Aunque severamente superados en número y asaltados por todos lados, los defensores imperiales se mantuvieron firmes, montando una valiente defensa bajo el liderazgo superlativo del Lord Castellano de Cadia, Ursarkar E. Creed. A medida que el conflicto se volvía cada vez más desesperado, muchos héroes del Imperio se reunieron en Cadia. Los Marines Espaciales de múltiples Capítulos prestaron su fuerza a la defensa, incluidos los Templarios Negros del Gran Mariscal Amalrich, y los Puños Imperiales del Capitán Tor Garadon, quien trajo la Fortaleza Estelar Falange a la guerra. Santa Celestine cayó sobre Cadia en su hora más oscura, sus milagros infundieron fe en sus harapientos protectores. La inquisidora Katarinya Greyfax, prisionera del Señor Necrón Trazyn el Infinito, fue liberada del cautiverio para prestar su prodigiosa voluntad y talento a la causa. Sin embargo, la clave de la victoria sobre Cadia fue descubierta por el antiguo sacerdote tecnológico marciano, el Archimagos Dominus Belisarius Cawl del Adeptus Mechanicus. Instado por el Arlequin Sylandri Caminavelos, y ayudado por Trazyn el Infinito, había desbloqueado los secretos de los pilones negros construidos por los Necrones que tachonaban la superficie de Cadia y otros mundos en todo el Sistema Cadia. Abaddon había buscado durante mucho tiempo estas estructuras antiguas y misteriosas para destruirlas durante sus muchas Cruzadas Negras, que debilitaron el velo entre la realidad y el Inmaterio. En verdad, Cawl había estado en camino para honrar un antiguo pacto hecho con el Señor de Ultramar hace muchos milenios, pero en Cadia vio la oportunidad de revertir el trabajo del Saqueador y tal vez cerrar el Ojo del Terror para siempre.

Pero eso no iba a suceder.

Huida de Cadia[]

Aunque los sirvientes del Emperador lucharon con determinación y coraje, los esfuerzos de Cawl se deshicieron cuando los pilones fueron destruidos y Cadia recibió un golpe mortal final. Los pocos defensores imperiales que quedaron vivos se vieron obligados a huir ante la inundación de las Fuerzas del Caos que asaltaron el mundo condenado. Mientras lo hacían, una terrible grieta de disformidad bostezó a su paso cuando el Ojo del Terror comenzó a expandirse. Sin embargo, aún quedaba una posibilidad de salvación: el antiguo pacto de Cawl le instaba a proteger el misterioso artefacto que transportaba dentro de un auto-relicario blindado. Los guerreros sobrevivientes del Imperio se declararon a sí mismos como la Cruzada Celestina en honor de la Santa Viviente que aún se abría paso en la oscuridad, y se dirigieron al Sistema Macragge dentro del Reino de Ultramar, con las fuerzas del Saqueador pisándole los talones.

Al mismo tiempo, la raza Eldar había sido sacudida hasta sus cimientos por una agitación cósmica de gran importancia. Ynnead, el Dios Eldar de los Muertos, se había despertado en el æther y había elegido a un antiguo Eldar del Mundo Astronave Biel-Tan como su profeta. Yvraine, la Hija de las Sombras, había recorrido muchos caminos durante su larga vida. Eventualmente se había convertido en una famosa líder Corsaria hasta que un motín la obligó a huir a la Telaraña, donde terminó en la Ciudad Oscura de Commorragh, el hogar principal de los Eldar Oscuros. Luchando como una gladiatriz en la infame arena Crucibael de la oscura ciudad, derrotó a muchos enemigos antes de caer ante una sacerdotisa de Morai-Heg, sin embargo, mientras descansaba entre la vida y la muerte, fue resucitada por Ynnead y elegida para actuar como su profeta en el reino material. Su renacimiento causó una gran disyunción dentro de Commorragh, y la Ciudad Oscura fue asediada por los sirvientes demoníacos de Slaanesh. Huyendo de las fuerzas Eldar Oscuras del Supremo Soberano de la Ciudad Oscura, Asdrubael Vect, Yvraine, ayudado por un misterioso guerrero conocido como el Visarca, y seguido por algunos de los Eldar Oscuros que creían en su causa, llevaron con éxito la noticia del despertar del Dios Susurrante al Mundo Astronave Biel-Tan. Mientras estuvo allí, el Mundo Astronave experimentó un rápido y terrible ciclo de muerte y renacimiento que dio vida al Yncarne, avatar de Ynnead. Algunos de los Eldar abrazaron la creencia de Yvraine de que el ciclo de muerte y renacimiento sería su salvación, y se convirtieron en sus seguidores, conocidos como los Ynnari, los Renacidos. Otros rechazaron las enseñanzas de este advenedizo como arrogancia y peligrosamente extremas. Pero Yvraine siguió adelante sin importar nada, y partió de Biel-Tan en busca de los artefactos perdidos en el tiempo conocidos como Croneswords y formuló un plan desesperado para revertir las mareas del Caos.

Fue esta misión la que llevó a Yvraine a través de la Telaraña a la luna congelada de Klaisus en órbita del Mundo Fortaleza de Kasr Holn en el Sistema Cadia, liderando un ejército de Eldar de cada facción que una vez más reclamó el antiguo nombre de Aeldari. Salieron de la puerta de la Telaraña de la luna justo a tiempo para rescatar a la Cruzada Celestina de sus perseguidores. Alejándose de los Astartes Herejes de la Legión Negra, los Ynnari negociaron una causa común con los cruzados, acordando ayudarlos a llegar al Reino de Ultramar. Por lo tanto, cuando las Tormentas de Disformidad se hincharon y se extendieron por la galaxia, los peregrinos reunidos se apresuraron a través de la Telaraña, llevando una fina capa de esperanza entre ellos.

La invasión de Ultramar[]

En los últimos años del 41º Milenio, el reino estelar de Ultramar sufrió ataques sostenidos de innumerables enemigos. Las formas amenazadoras se agitaron en el vacío intergaláctico, los tiránidos de la flota enjambre Leviatán flotando inexorablemente hacia el reino de Guilliman. El Archiarsonista de Charadon, uno de los más grandes señores de la guerra de los Orkos en la galaxia, Dirigió un monstruoso Waaagh! de su dominio anárquico con la intención de invadir las defensas orientales de los Ultramarines. Sin embargo, la mayor amenaza de todos ellos era la que representaban los oscuros sirvientes del Caos.

Una gran horda de traidores, renegados, mutantes y locos cayó sobre Ultramar bajo el liderazgo del asqueroso Príncipe Demonio M'kar el Renacido. Esa invasión sumió a docenas de mundos en una sangrienta batalla, la guerra se extendió desde los mundos de Espandor y Tarentus hasta el oceánico Talassar. Sin embargo, eventualmente, después de largos meses de tristeza, derramamiento de sangre y pérdida, prevalecieron los Ultramarines. M'kar fue derrotado y sus ejércitos expulsados, perseguidos al vacío estelar más allá de los límites de Ultramar.

Entonces comenzó un período de reconstrucción y consolidación en Ultramar, mientras Marneus Calgar y su Capítulo dirigían los esfuerzos de su pueblo para apuntalar las defensas maltratadas de su reino. Fue un período de reposo y recuperación que se terminó demasiado rápidamente.

Actuando sobre las revelaciones proféticas del Hechicero Zaraphiston, Abaddon el Saqueador lanzó una nueva coalición de bandas de guerra del Caos contra las defensas de Ultramar. Aunque el mismo Saqueador estaba involucrado en la lucha en curso de la 13ª Cruzada Negra alrededor de la Puerta de Cadia recientemente destrozada, su influencia como Archicampeón y Señor de la Guerra de los Dioses Oscuros se extendió mucho. Entonces fue capaz de reunir una fuerza considerable de guerreros de la Legión Negra, los Guerreros de Hierro, los Amos de la Noche y una serie de otras facciones de Traidores, y lanzarlos contra los mundos de Ultramar. Mientras que algunas bandas de guerra atacaron los sistemas estelares externos en un esfuerzo por atar posibles refuerzos Leales, la horda traidora principal montó las corrientes tempestuosas de la Disformidad directamente en el Sistema Macragge. Entonces comenzó una invasión desesperada y sangrienta...

​La realidad de la guerra[]

Los Ultramarines defienden valientemente el Mundo Santuario de Laphis en el Sistema Macragge de las fuerzas invasoras del Caos.

En lo alto de las Montañas Atheron del Santuario Mundo de Laphis en el Sistema Macragge, se agitaron energías sobrenaturales. Fluían en corrientes apenas perceptibles, levantando polvo y cenizas mientras atravesaban una meseta dispersa en cadáveres. Poco a poco se aceleraron, las fuerzas invisibles tiraban de las llamas que lamían los tanques de batalla principales destrozados y provocaban que el humo ondulante se convirtiera en vórtices lentos. Un puñado de guerreros vivos permaneció en esa árida cima de la montaña, los Marines Espaciales del Caos vestidos con la brutal armadura de la Legión Negra. Estaban en medio de los muertos de la batalla reciente, algunos de sus propios caídos dispersos entre los montones de Auxiliares de Defensa Ultramar. Los Traidores revisaron los dispositivos portátiles de búsqueda y levantaron Bólters con púas, moviendo sus armas mientras buscaban la fuente de la acumulación etérea. Voces ásperas ladraron desafíos a través de parrillas Vox con colmillos, mientras que los sensores barrieron el cielo azul cobalto y las enormes formas de montañas que se alzaban más allá del borde de la meseta. Todavía no se reveló ningún enemigo.

Con furia repentina, las energías del edificio rugieron, arrojando a los Astartes traidores al suelo. El creciente poder fue arrastrado hacia adentro hasta un punto apretado, y allí se fusionó en una estructura imponente. Alto y elegante, el edificio curvado brillaba a la vista como si hubiera estado en la cima de la montaña durante mil años estándar. El aire nadaba a su alrededor, y desde adentro escupió una lluvia de poder de fuego. Rugidos de ira y dolor surgieron de los Traidores cuando los discos monomoleculares atravesaron la armadura y los lentes rotos. La sangre roció oscura sobre la piedra blanqueada por el sol. Las extremidades cortadas envueltas en servoarmadura negra resonaron en el suelo cuando los antiguos herejes se hicieron pedazos por la repentina tormenta de fuego.

Cuando los Marines Espaciales del Caos se tambalearon, los Ynnari y los Celestinos salieron de la entrada de la Telaraña. Yvraine y el Visarca lideraron una fuerza muy reducida; Al considerar que no era prudente aparecer repentinamente en los límites de Ultramar a la cabeza de todo una partida de guerra, muchos de sus seguidores, guiados por el Vidente Eldrad Ulthran y el Autarca Meliniel, habían partido en otras misiones cruciales. Los dos líderes Eldar restantes corrieron por la meseta con una velocidad impresionante, fortalecidos por la muerte de sus enemigos y tejiendo como bailarines alrededor de los proyectiles que rugían en su dirección. El Visarca se deslizó bajo, deslizándose bajo una ráfaga de fuego para golpear su espada a través del peto de un Traidor. Mientras tanto, Yvraine saltó ágilmente sobre una lluvia de disparos, plantó un pie sobre el Bólter del Legionario Negro y saltó sobre su cabeza. La Sacerdotisa de Ynnead barrió su espada en un arco intermitente, y el yelmo de su víctima dejó su cuello un instante antes de que su forma se desmoronara en cenizas brillantes.

Más guerreros surgieron de la nada para unirse a la carga Ynnari. Los Vengadores Dire de pies veloces y los Incubi atacaron junto a los Marines Espaciales de los Templarios Negros, dejando de lado su odio arraigado. El Gran Mariscal Marius Amalrich y la inquisidora Katarinya Greyfax salieron furiosos de la Telaraña lado a lado, las cuchillas arremetieron para derramar sangre herética una vez más. La figura alada de Santa Celestine se elevó sobre ellos, su Geminae Superia saltando a su lado con las Pistolas de Pernos encendidas. Las Hermanas de Batalla de la Orden de Nuestra Señora Mártir los siguieron a la batalla, con las armas encendidas mientras escupían fuego al enemigo traidor. Detrás de todos ellos vino el Magos Belisarius Cawl, deslizándose sobre sus muchas piernas mecánicas mientras su precioso auto-relicario avanzaba detrás de él. Skitarii y Servidores de Batalla avanzaron con él, y el suelo tembló al pisar un par de imponentes Caballeros de la Casa Taranis que subieron por la retaguardia.

Los Astartes Herejes de la Legión Negra no entraron en pánico ante este asalto repentino, como podrían haber hecho los guerreros menores. Sin embargo, sus números eran pocos y sus atacantes tenían la ventaja de la sorpresa total. Los rayos reactivos en masa volaron un puñado de Skitarii, y dos de los Incubi del Visarca fueron golpeados y asesinados a golpes de cerca. Sin embargo, entre las espadas centelleantes de los celestinos y los Ynnari, que parecían moverse con mayor velocidad y habilidad por el momento, todos menos unos pocos Legionarios Negros fueron rápidamente eliminados.

El último de los traidores retrocedió en buen orden, decidido a dar a conocer lo que habían visto a sus amos. Eso no iba a suceder; ninguno escapó de la tormenta de fuego aullante cuando los Caballeros se afianzaron y dejaron fluir los cañones gatling y misiles perforantes. El fuego se hinchó, la metralla voló y los marines traidores que huyeron quedaron reducidos a jirones de sangre.

Tan rápido como había comenzado, la batalla unilateral había terminado. Los celestinos e Ynnari quedaron parados entre los muertos recién caídos con sus armas humeando en sus manos. Se dieron órdenes breves, los guerreros trotaban para establecer un perímetro erizado de armas alrededor del portal de la Telaraña. Los Eldar y los humanos habían luchado juntos, sin embargo, se mantuvieron recelosos entre sí, dejando brechas tácitas entre sus formaciones a medida que se desplegaban.

Ahora protegidos, los líderes de los Ynnari y los Celestinos se reunieron bajo el duro cielo azul. Se deben hacer preguntas y se deben establecer los hechos. Se descubrió que los canales de Vox Imperiales estaban llenos de intercambios recortados entre oficiales de los Marines Espaciales, regimientos de Auxiliares de Defensa de Ultramar, capitanes de naves espaciales y muchos otros. Todos estaban claramente involucrados en una feroz batalla contra las fuerzas del Caos, con nombres temibles como la Legión Negra, la Legión Alfa, los Guerreros de Hierro y los Hijos del Emperador resonando a través de los canales Vox. Las nubes de humo se elevaban de horizonte a horizonte, mientras que los cielos de arriba estaban entrecruzados con estelas. Al parecer, Ultramar era un reino sumido en una guerra desesperada por la supervivencia.

Los vientos cálidos silbaron a través de la meseta árida, llevando el lejano traqueteo de disparos y golpes de explosiones a los oídos de Katarinya Greyfax.

"Macragge está invadido", dijo con tristeza.

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"Esa es una suposición incorrecta", dijo Cawl. Indicando, a continuación, que no se encontraban en Macragge La Inquisidora Katarinya Greyfax exige saber donde estan, rodeando a la alta sacerdotisa xenos que estaba cerca. Yvraine se volvió hacia Greyfax con una mirada fría e imperiosa. La líder Ynnari bajó su espada con lenta deliberación, ladeó la cabeza hacia un lado como si escuchara algo que solo ella podía oír. Cuando habló, su voz era fría como la tumba, y Greyfax sintió un escalofrío ante el débil susurro de insecto que rascaba las palabras del alienígena. Yvraine comenta que no les alegraria a los Ultramarines saber que que los Aeldari mantenian un camino oculto en la superficie de uno de los planetas más preciado de los Mon-Keigh. El Gran Mariscal Almarich afirma que no. El Templario Negro había sido más sombrío que nunca desde la batalla en Klaisus. Greyfax sabía que había tomado la caída de Cadia, y la posterior alianza de los Celestinos con los Xenos, muy mal.

"El mariscal tiene razón", dijo Santa Celestina. Aludiendo que tal conocimiento les habría inquietado, aunque afirmando que les habría facilitado el camino. Nadie sabe que hacer ni como llegar a Macragge, todos miraron a Yvraine. La Hija de las Sombras hizo una demostración de mirar hacia el lejano horizonte, su Gyrinx girando alrededor del tren de su vestido, retumbando con un gruñido leonino.

Yvraine explica que el mundo en el que estan se llama Laphis en el sistema estelar de Macragge, su voz a la deriva como niebla fría. Para continuar necesitan localizar representantes de los Ultramarines presente en ese mundo.

Una de las Hermanas de la Geminae Superia de Celestine duda, pues caminan con xenos a su lado y llegaron sin invitación a su mando. "¿No les gusta dispararnos como para darnos la bienvenida?"

Yvraine pregunta si no son los agentes del Emperador lo suficientemente inteligentes como para diferenciar entre aliados y enemigos. Almarich responde con agresividad.

"Los peregrinos los convenceremos de que nuestra causa es sagrada y justa", dijo Celestine con fuerza, lanzando una mirada severa al ceñudo Mariscal. "Y que nuestra alianza es honesta. Pero no de pie aquí y discutiendo. Debemos movernos de inmediato, porque la oscuridad se acerca y el tiempo se acorta".

A través de las llamas[]

A instancias de Santa Celestine, las fuerzas de la Cruzada y sus aliados Ynnari se alejaron a través de las montañas de Atheron. Los eventos se estaban moviendo rápidamente ahora, acelerando como un río en marea de inundación completa, y los peregrinos no tenían el lujo del tiempo. Cadia había caído, pero peor, a juzgar por la ferocidad con la que había perseguido a sus enemigos rotos y su conocimiento de su destino previsto, Abaddon el Saqueador sabía la naturaleza de su misión.

Desde las alturas de la meseta, un camino ancho y lleno de tierra conducía por la ladera de la montaña. Suficientemente ancho para que varias Baneblades pasen una al lado de la otra, la carretera se inclinaba constantemente hacia abajo entre los picos más altos de las montañas, y toda su longitud estaba revestida con antiguos soportes de piedra. Encima de estas se alzaban sombrías estatuas de figuras vestidas con las características inconfundiblemente grandes de los Marines Espaciales. Los braseros encendidos en las manos de las estatuas arrastraban serpentinas de incienso, y los aliados vieron montones de ofrendas devocionales y papeles de oración amontonados a los pies de las efigies.

Mientras viajaban, los Celestinos e Ynnari tenían sus armas listas y sus ojos fijos en el horizonte. Se abrieron paso entre tanques ocasionalmente destrozados y cadáveres dispersos, tanto de Auxiliares de Defensa como de Cultistas del Caos traidores. Los cuerpos parecían haber caído en cuestión de horas estándar antes, su sangre aún se congelaba a su alrededor y los insectos locales apenas comenzaban a asentarse, pero los peregrinos no vieron señales de seres vivos a lo largo de su camino, ya sea amigo o enemigo.

El Archimagos Cawl aseguró a sus camaradas que viajaban en una dirección favorable, su camino los llevaba hacia un gran centro urbano y, si sus interceptores Vox y las cargas de cartografía local eran precisas, la fortificación Ultramarines que lo vigilaba. Los aliados extraordinarios hablaron poco mientras avanzaban. En cambio, escucharon el suspiro del viento a través de los lugares altos, el crujido de sus pisadas en la tierra seca y el lejano sonido de la batalla que les llegaba a través del aire de la montaña.

Esos sonidos se hicieron repentinamente más fuertes a medida que la carretera giraba alrededor del imponente flanco de una montaña quemada por el sol. Más adelante, a menos de una milla de distancia, un bastión de ferrocemento se cernía sobre la carretera, construido en la ladera de la montaña. La estilizada U de los Ultramarines estaba grabada con orgullo en el flanco de la estructura, y las matrices gemelas de cañones Icarus giraban de un lado a otro sobre su almena, con los barriles golpeando mientras golpeaban el fuego hacia el cielo.

El aluvión de disparos estaba dirigido a una cría de Heldrake, un Ingenio Demoníaco. Las máquinas de guerra draconianas se lanzaron en círculos y cayeron en círculos, sumergiéndose para derramar llamas sobre las murallas del bastión antes de volar nuevamente con escalofríos rugientes.

Uno de los Heldrakes se separó en dirección a los peregrinos. El mariscal Amalrich fue el primero en reaccionar, gritando a todos que se extendieran y corrieran hacia la cubierta del bastión imperial.

Los Caballeros de la Casa Taranis los alcanzaron rápidamente a todos, sus pilotos Nobles impulsaron a sus corceles mecánicos a correr. Los enormes motores de guerra sacudieron el suelo a medida que avanzaban, las armas giraban hacia el cielo con una amenaza ominosa. Uno de los Caballeros portaba un conjunto de cañones automáticos Icarus sobre su amplio caparazón, y cuando el Heldrake se abalanzó a su alcance, la imponente construcción dejó volar. Los cañones Gatling y Heavy Stubbers se unieron a los cañones automaticos, llenando el aire con una tormenta de proyectiles que arrancó el ala del motor Demoníaco que se aproximaba y la envió girando hacia abajo para detonar contra la ladera de la montaña. Otro de los rugientes Heldrakes fue volado mientras se inclinaba para atacar a los peregrinos, mientras que el tercero interrumpió su ataque y se alejó por el duro cielo azul, disminuyendo hasta que no fue más que una mota.

Los Caballeros se detuvieron, descansaron las armas mientras se enfriaban, y el resto de los peregrinos los alcanzaron rápidamente. Momentos después, el portal blindado colocado en los pies del bastión siseó cuando sus cerraduras de presión se soltaron. La pesada puerta se abrió y apareció un trío de hermanos de batalla Ultramarines, con bolters levantados. Los Marines Espaciales avanzaron, avanzando cuidadosamente hacia adelante con sus armas enfocadas en los Ynnari.

Con la voz amplificada por su Vox, uno de ellos ladró un desafío a los recién llegados, preguntando quiénes eran, de dónde provenían y por qué viajaban en compañía de xenos.

La conversación que siguió fue tensa, pero la disciplina medida prevaleció. Quizás si los aliados hubieran llegado a un mundo de Capítulo menos racional o templado, las cosas podrían haberse intensificado hacia la violencia.

Para los Ultramarines, la presencia combinada de una Inquisidor y de la Santa Viviente, aunque pareciera poco cordial entre sí, fue suficiente para compensar la presencia de los Eldar a su lado. Santa Celestine explicó que su misión era una peregrinación divina ordenada por el Emperador mismo, y que el Archimagos Cawl y su autorelicario deben llegar al Señor de Ultramar con toda prisa.

La Santa Viviente sonrió en un gesto completamente inesperado cuando los Ultramarines revelaron que un vuelo de Stormravens estaba ahora en camino a su bastión. Se había pedido a las cañoneras que proporcionaran interdicción aérea contra los grupos de hostigamiento de Heldrakes en esta región. Sin embargo, podrían usarse las dos cañoneras para transportar a los líderes de los Ynnari y Celestinos al Crucero de ataque Espada de Honor, que a su vez podría llevarlos a Macragge. Los Ultramarines explicaron que el Señor de Ultramar había regresado a la Fortaleza de Hera solo unos días antes. Verían a Cawl y sus aliados allí a salvo.

Mientras esperaban las cañoneras entrantes, los peregrinos dividieron sus fuerzas. Todos los Ynnari, excepto Yvraine y el Visarca, regresarían al portal de la Telaraña, saliendo de este mundo para difundir la noticia del despertar de Ynnead entre su gente.

Como gesto de buena voluntad hacia sus anfitriones, Celestina pidió a las Hermanas de Batalla de Nuestra Señora Mártir que permanecieran en Laphis. Junto con los Caballeros de la Casa Taranis, se pondrían a disposición de los Ultramarines y ayudarían en la defensa en curso del planeta.

Así que, cuando las Stormravens ardieron con fuerza en órbita solo unos minutos más tarde, llevaron una compañía muy reducida hasta el Crucero de ataque. De los celestinos llegaron Greyfax, el mariscal Amalrich y un puñado de templarios negros, Celestine y su Geminae Superia, y Cawl, acompañados por Servidores Kataphron y Skitarii.

Las cañoneras atracaron en su buque de guerra principal y, una vez que se les presentó formalmente al capitán del crucero, los aliados fueron conducidos a cuartos de confinamiento bajo una fuerte guardia. El Eldar se erizó ante este tratamiento, al igual que el Mariscal Amalrich y sus Astartes, pero Santa Celestina pacificó a sus camaradas una vez más con firmes palabras de fe y aceptación.

Así comenzó un viaje sombrío y frustrante, atravesado en un conjunto espartano de cámaras y pasillos de acero cepillado, vigilado constantemente por silenciosos ilotas de Capítulo armados con pesadas escopetas navales.

Las horas estándar se convirtieron lentamente en días estándar. El omnipresente estruendo de los motores de la nave, y la lenta agitación de la gravedad artificial y el aire reciclado, se convirtieron en simples hechos de la existencia. El Visarca entrenó sin cesar, incluso se dignó a entrenar con el Mariscal Amalrich. La inquisidora Greyfax, mientras tanto, con la ayuda del Archimagos, fue purgada de los escarabajos necrones que habían forzado su cautiverio. Este proceso se llevó a cabo durante varios días estándar y sacudió a la Inquisidora con terribles agonías mientras los ciberparásitos invasores se filtraban de su torrente sanguíneo.

A pesar del dolor que soportó, la determinacion de Greyfax nunca flaqueó, ni mostró ningún signo externo de dolor, excepto el más leve. En cambio, se concentró en vigilar a Santa Celestina. En privado, Greyfax comenzaba a sospechar que la aparente divinidad de Celestina era más que una farsa. Había visto la batalla de la Santa Viviente contra los archiheréticos y los traidores retorcidos; ella la había visto predecir eventos sobre los cuales no podría haber sabido de antemano; ella había visto cómo la luz de la fe de Celestina repelía a los malvados y traía nuevas fuerzas a los justos.

Sin embargo, Greyfax era una Inquisidora del Ordo Hereticus, una Buscadora de Brujas cuyo primer deber era dudar y sospechar todo lo que parecía justo en caso de que ocultara la iniquidad en su corazón. En la larga experiencia de Greyfax, los verdaderos milagros eran pocos y distantes entre sí, y lo que parecía un regalo del Emperador era, la mayoría de las veces, una tentación manchada por los Dioses del Caos. Por lo tanto, incluso cuando las semillas de la esperanza crecieron en su corazón de que Celestine podría no estar corrupta, e incluso a través de sus propias agonías, Katarinya Greyfax vigilaba a la Santa Viviente, alerta por el menor indicio de duplicidad.

El asedio de Hera[]

Los Ultramarines durante el asedio de Hera.

Por fin, después de días estándar de tránsito en el espacio real, la Espada de Honor alcanzó la orbita de Macragge. Los celestinos y sus aliados fueron apresurados a través de los corredores de la nave espacial bajo una escolta armada. El Crucero de ataque se sacudió a su alrededor, el inconfundible estremecimiento de las baterías de las armas se descargó y los Escudos del Vacío absorbieron impactos cinéticos monumentales. Cuando abordaron sus cañoneras Stormraven una vez más, los peregrinos vieron a través de los brillantes Escudos del Vacío de la cubierta de embarque que su nave estaba bajo un fuerte ataque. Los pilotos de los Stormraven informaron que una considerable armada del Caos estaba ahora atacando a la Flota de Defensa Ultramar sobre Macragge, los pesados ​​acorazados y las escoltas veloces de las dos facciones llenando el vacío con haces de lanzas y torpedos. El ataque del Caos se centró principalmente en la Fortaleza de Hera, la fortificación titánica que cubre gran parte de Magna Macragge Civitas, capital del planeta Capítulo Ultramarines. De todos modos, los pilotos de la cañonera prometieron bajar sus cargas de manera segura y entregarlas a su audiencia con el Señor de Ultramar. Marneus Calgar había sido alertado de su llegada a través del comunicado Vox fuertemente encriptado, y esperaba con interés su llegada. Este último comentario fue entregado en un tono plano que sugería que tal vez el Señor de Ultramar sintió que tenía asuntos más urgentes que atender que su misteriosa y santa misión.

Los Stormravens despegaron con un grito de poderosos propulsores. Con sus pasajeros amarrados y el auto-relicario de Cawl firmemente asegurado, las bellas naves de combate dispararon sus ramjets y salieron disparados al vacío del espacio iluminado por el fuego. Macragge giró lentamente debajo de ellos, una vasta esfera de azul, blanco, verde y gris. Más cerca, el alboroto iluminaba la oscuridad. Las lanzas apuñalaron y chamuscaron. Naufragios rotos de naves de guerra cayeron por el vacío, trozos de metal y glóbulos de líquido se extendieron lentamente lejos de sus cuerpos en llamas. Las alas enteras de los Interceptores Stormhawk se precipitaron a través de tormentas de fuego antiaéreo para ejecutar audaces carreras de ametralladoras sobre los pesados ​​Cruceros del Caos.

Por lo que pudieron distinguir los peregrinos, parecía que Abaddon y su Legión Negra estaban atacando a Macragge en cantidades significativas. Tampoco estaban solos. Naves espaciales con los íconos de los Guerreros de Hierro, los Amos de la Noche y muchos más a través de la penumbra sobre el planeta. Brillantes motas llovían desde sus flancos, y naves de ataque blindadas que se arqueaban en trayectorias de invasión.

Acompañados por un escuadrón de escolta de Stormhawks, las naves de combate Ultramarines voltearon sus narices hacia abajo y se sumergieron en la locura de la batalla. Golpearon la atmósfera superior de Macragge viajando a velocidades inmensas, y las llamas se extendieron por sus cascos mientras se estremecían y temblaban con la violencia de la reentrada.

Mirando a través de emisores de imágenes externos, los celestinos e Ynnari vieron cómo las llamas se apagaban. Fueron reemplazados por una vertiginosa vista de imponentes montañas que crecieron rápidamente a medida que los Stormravens se precipitaban hacia abajo. En medio de los picos de las montañas se extendía un inmenso paisaje urbano fortificado, iluminado de punta a punta por el estallido de las baterías antiaéreas y los silos de misiles que arrojaban su ira al cielo. Las naves de combate Heldrakes pululaban por encima de la Fortaleza de Hera, tejiéndose a gran velocidad entre estatuas imponentes y edificios monolíticos para atacar a los defensores o arrojar toneladas de municiones sobre objetivos terrestres. Las explosiones derribaron los templos con columnas en todo Magna Macragge Civitas, mientras que el fulminante fuego de retorno de los Ultramarines vio a docenas de Dreadclow explotar con cada pase suicida que hicieron. Incluso cuando cayeron, los herejes se dirigieron hacia las defensas de los Ultramarines, derribando torres de armas y masacrando a guerreros.

Las Stormravens se apresuraron hacia abajo, creando las inmensas fortificaciones que dominaban el corazón de la ciudad. Las alas se apretaron a sus cuerpos metálicos, una manada de Heldrakes cayó detrás de ellos, y los Stormhawks escoltantes se separaron para interceptar mientras las bestias metálicas intentaban agarrarse a las naves de combate.

Rodeados por corrientes de fuego de cañones y caídas de cometas de metal y llamas, los Stormravens gritaron hacia adelante. Se lanzaron de cabeza a través de la cortina de fuego antiaéreo de sus camaradas, solo los reflejos sobrehumanos y la habilidad de los pilotos ultramarines impidieron que su nave fuera destrozada por las innumerables amenazas a través de las cuales volaron. Los peregrinos se aferraron a sus correas de sujeción para salvar su vida, ya que fueron sacudidos violentamente de un lado a otro mientras las naves de combate dirigían el guante de aproximación aérea a la Fortaleza de Hera. Luego, finalmente, las naves de combate desaceleraron, alzando la nariz y arqueándose con gracia en un hangar blindado ubicado en los flancos del edificio. Por fin, los celestinos y los Ynnari habían llegado a su destino.

Los peregrinos salieron