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Khorne medio sin fondo

Cerberus el Rebañacráneos, mascota de los Poderes Ruinosos, patrocina este espacio para honrar a sus demoníacos señores. Pulsa sobre él y te introducirá en los misterios del Caos.

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Mascota Tau guitarra sin fondo Este artículo está bajo los auspicios del Imperio T'au. Ui'Pa'kyr Ri'n, músico de la Casta del Agua, ameniza el ambiente con sus más famosos temas. Pulsa sobre él para que te lleve a la fraternidad de los T'au mientras interpreta "Ay, como la Casta del Agua" de O'Camar'on.

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—No… no puede estar bien. ¿Puede reproducirlo de nuevo, por favor?

El puente de la nave de guerra T’au Glimmerstar estaba apenas iluminada. La mayor parte de la tripulación estaba fuera de servicio y sólo dos T’au se acurrucaban alrededor del proyector holográfico, discretamente integrado en un panel blanco. Uno de ellos era O’yeldi’nar, conocido por sus subordinados como Silverwing. El otro T’au era su oficial de comunicaciones Por’ui’vas’ka. Miró a su Comandante durante un momento y asintió, manejando los mandos del panel para re-iniciar el mensaje que acababan de recuperar de un apaleado y solitario dron interestelar.

Una vez más, la comandante Shadowsun apareció como un holograma transparente, que parecía dirigir sus palabras a los dos T’au que la observaban hablar con el dron mensajero. Parecía cansada y su voz carecía de la usual confianza.

—Al habla O’Shaserra. Espero que este mensaje os llegue a tiempo de servir como aviso. A tiempo de que actuéis. Hemos viajado con éxito a través del Nexo Startide y establecido contacto con nuestros hermanos y hermanas perdidos de la 4ª Esfera. Como sospechábamos, han sufrido un fallo en sus módulos AL-38 Slipstream pero… aún no entendemos exactamente qué ha ocurrido. He adjuntado los registros de sus drones de vigilancia como referencia. La mayor parte del material estaba demasiado corrompido para proporcionar información útil. Las partes que no… bueno, vedlos por vosotros mismos.

Mientras O’yeldi’nar y Ui’vas’ka observaban, el holograma cambió para mostrar imágenes del interior de una nave T’au. A pesar de haber visto ya el mensaje completo, O’yeldi’nar tragó con dificultad y desvió la vista por un momento. No quería ver de nuevo los cuerpos despedazados y devastados de los colonos, la sangre salpicada en las paredes, el terror en sus ojos muertos…

—Estos valientes colonos entraron al agujero de gusano del Nexo Startide en busca de nuevos mundos para esparcir las enseñanzas del Bien Supremo —continuó la voz de Shadowsun mientras el holograma volvía a ella— pero encontraron sólo muerte. Los escasos supervivientes… han cambiado. Tan pronto como posaron su mirada en nuestras tropas auxiliares, reaccionaron con abierta animosidad. No hay rastros de las suyas. Las pesquisas aún están en marcha, pero ninguno de la 4ª Esfera está dispuesto a hablar de lo ocurrido antes de nuestra llegada.

Shadowsun hizo una pausa, escuchando palabras pronunciadas desde fuera del campo de visión del holograma. Asintió antes de continuar.

—He de abreviar. A pesar de los traumáticos eventos sufridos por nuestros hermanos y hermanas de la 4ª Esfera, en cuanto nos reunimos comenzamos la Expansión de la 5ª Esfera. Rápidamente establecimos colonias en mundo arrebatados a los Be’guel, Gue’la y Yh’e. Sin embargo, cada vez que encontramos a los Gue’la en combate, los miembros de la 4ª Esfera cometieron atrocidades más allá de cualquier necesidad impuesta por la guerra. Fue… problemático. Desgraciadamente, sucesivas investigaciones sobre las causas de estas preocupantes acciones tendrán que esperar. Recientemente hemos sufrido los ataques de un nuevo enemigo.

La cara de la famosa Comandante T’au mostró turbación por un momento.

—Se hacen llamar la Guardia de la Muerte, y hemos aprendido que lo hacen con razón.

El holograma pasó a mostrar un grupo de guerreros enfundados en armadura pesada y avanzando a través de una espesa niebla. Se parecían a los Gue’ron’sha, los Marines Espaciales, pero abotargados y repulsivos. Mientras O’yeldi’nar y Ui’vas’ka observan, abren fuego con sus primitivos bólteres, abatiendo a un grupo de Gue’vesa. Cada disparo explosivo suena, de alguna manera… húmedo. Inexorablemente, los guerreros avanzan aplastando rocas y cuerpos bajo sus pies mutados.

—Puede que el Imperio rehúya las enseñanzas del Bien Supremo, y puede que sean primitivos y bárbaros —continuó Shadowsun— pero estos humanos no son parte del Imperio. Son peores. Debido al ansia congénita por el poder que plaga toda su especie, han formado una alianza terrible.

El holograma cambió para mostrar un asqueroso montículo de carne pútrida con una cara sonriente y cuernos astillados. Inmediatamente la calidad de la imagen cayó ostensiblemente. La criatura blandió una hoja oxidada y partió una armadura Crisis por la mitad. Otro Shas’ui la atacó con sus cañones rotatorios. La purulenta piel de la monstruosa figura quedó agujereada, sólo para mostrar una horda de bestias menores, que se abalanzaron carcajeándose y enterrando al T’au bajo su masa. El Shas’ui gritó, pero su voz no venía de los altavoces. Pareció resonar en todo el puente de la Glimmerstar a la vez. Las luces parpadearon y el holograma se desvaneció abruptamente.

El grito pareció resonar durante un momento más.

O’yeldi’nar y Ui’vas’ka se miraron un momento sin decir nada. Algo similar había ocurrido la primera vez que vieron el mensaje, pero los agónicos gritos sonaron diferentes. Casi parecía como si esta vez estuvieran… más cerca. Ninguno de ellos lo entendió y ninguno se atrevió a intentarlo.

Momentos después el holograma volvió a la vida como si nada hubiera ocurrido. Ahora mostraba nítidamente una nebulosa rojiza entre brillantes estrellas.

Cuando O’yeldi’nar miró hacia arriba, pudo ver una nebulosa similar, apagada, fuera del campo de iones de la Glimmerstar. Similar, pero muy lejana al punto en que se grabó el mensaje. Era el Nexo Startide, el comandante Silverwing y su flota eran parte de la guarnición intensamente armada de este lado, la Zona de Silencio. El mensaje había venido del otro lado. Por lo que sabía del Nexo, O’yeldi’nar se asombró de que el dron hubiera sobrevivido al peligroso viaje.

El holograma mostraba ahora una flota T’au entrando en cuadro. Por su aspecto, las naves habían tenido numerosos combates, mostraban impactos y reparaciones improvisadas.

—No se puede razonar o negociar con estos Gue’la —volvió la voz de Shadowsun— Aún menos que con el resto de su especie. De la misma forma que los Gue’la del Imperium obedecen a su Emperador, estos monstruosos alienígenas adoran a un ser que llaman Nurg’hel. Parece que han caído víctimas de una multitud de enfermedades al tiempo que han desarrollado una resistencia a ellas, convirtiéndose en peligrosos vectores de propagación que deben ser detenidos a toda costa.

—Nurg’hel...—murmuró Ui’vas’ka. De nuevo, las luces del puente parpadearon ominosamente. O’yeldi’nar trató de ignorarlo.

—En los últimos tres vek’tar, nuestras tropas se han enfrentado a este peligroso enemigo en numerosos encuentros —continuó el holograma de Shadowsun— Los guerreros de la Guardia de la Muerte nos han atacado en múltiples frentes. Son extremadamente resistentes. Estamos en inferioridad numérica. Estamos en inferioridad de armamento.

O’yeldi’nar sacudió la cabeza en silencio mientras veía el mensaje. Imposible. Esto parecía el reconocimiento desesperado de la superioridad de un enemigo. Espero que este mensaje os llegue a tiempo de servir como advertencia… esas fueron las palabras con las que Shadowsun empezó.

Un aviso.

—Por consiguiente —continuó la comandante Shadowsun— he tomado una decisión. No podemos detener a la Guardia de la Muerte en este lado del Nexo. Tras docenas de batallas, nuestras flotas están demasiado dañadas. Nuestra fuerza ha disminuido a un punto en que ya no podemos detener esta incursión, si queremos asegurar la expansión en el atolón Nem’yar. Nos vemos forzados a elegir, y hemos elegido lo segundo. Confiamos en vosotros, nuestros camaradas más allá del Nexo, para contrarrestar la amenaza de la Guardia de la Muerte.

Con estas palabras, el holograma cambió para mostrar de nuevo una vista exterior. Frente a la profunda herida en la galaxia que es el Nexo Startide la flota T’au se aproximaba a una armada de naves burdas. Incluso para los estándares humanos, estas naves le parecieron primitivas y obsoletas a O’yeldi’nar, pero eso no era lo más inquietante de ellas. Lo eran mucho más los recrecimientos carnosos que las cubrían de una forma perversa y anti-natural. Pústulas carnosas supuraban en el vacío una materia parecida al pus. Desagradables ojos oculares, del tamaño de una cañonera Orca, parpadeaban perezosamente ante la flota T’au que se aproximaba y enormes tentáculos se agitaban como las algas marinas. Lo más aterrador era, sin embargo, el tamaño de la flota, que superaba a la T’au de lejos.

—En el momento de grabar este mensaje —dijo Shadowsun— realizamos la aproximación para un enfrentamiento final con la flota enemiga principal. —El holograma volvió a Shadowsun mientras hacía una pausa para comprobar varias pantallas y datos.— Las proyecciones son sombrías, pero haremos tanto daño como podamos antes de retirarnos. Esta es mi forma de ayudaros, pero no puedo permitir que mis fuerzas disminuyan hasta el punto de no poder seguir con mi propia campaña. Incluso ahora, temo que arriesgue demasiado, pero es por el Bien Supremo. Os he enseñado a lo que nos enfrentamos. Lo que tendréis que enfrentar. Puede que vaya contra las enseñanzas de Puretide que intervengamos una última vez pero es lo menos que….

Repentinamente, el holograma parpadeó y Shadowsun miró algo fuera de la imagen. “Informe de daños.”

“Generadores de escudo comprometidos”, sonó una voz de dron al fondo.

“Hemos perdido al Black Squall y al Ivory”, reportó otra voz desde otra dirección.

Shadowsun cerró sus ojos durante una fracción de segundo antes de dirigirse al dron de grabación de nuevo.

—Tengo menos tiempo del que creía, —dijo, más urgentemente que antes.— Estamos seguros de que la Guardia de la Muerte pretende cruzar el Nexo Startide. Trataremos de entretenerles todo lo posible, pero no podemos detenerles.

El Holograma parpadeó de nuevo cuando la nave de Shadowsun fue alcanzada. O’yeldi’nar se preguntó si la Comandante había sobrevivido al enfrentamiento, o si estaba siendo testigo de sus últimas palabras.

—Sólo puedo esperar que este dron llegue a la Zona de Silencio intacto —continuó Shadowsun— y que podamos retenerlos lo suficiente para que os preparéis para su llegada.

“El Tidestride y el Zephyr Bond informan de equipos de abordaje”, dijo alguien fuera del campo de visión. “El Moon’s Heart informa múltiples impactos de algún tipo de… repita Moon’s Heart… algún tipo de rayo energético-mucoso. Daños por corrosión en múltiples cubiertas”.

Shadowsun asintió. “Moon’s Heart, retírese. Toda la tripulación disponible, preparen contramedidas en el Tidestride y el Zephyr Bond. Todo el Kor’el, mantengan patrón de ataque”.

La imagen se agitó una vez más cuando el Clarity Blade, la propia nave insignia de Shadowsun, recibió un impacto pesado y la Comandante se tambaleó un segundo antes de afirmarse.

“¡Toda la energía prescindible a los generadores de las pantallas delanteras!”, ordenó Shadowsun. “Y atentos a ese… objeto no identificable en nuestro flanco”.

Miró al dron mensajero por última vez. El cansancio se había desvanecido de sus ojos, reemplazado por la determinación de un auténtico Comandante T’au.

—Finalizar grabación, —dijo. “Todas las naves, preparadas para una maniobra Kauyon y…”.

El holograma se cortó abruptamente.

A bordo del Glimmerstar, O’yeldi’nar y Ui’vas’ka se miraron mutuamente, y luego al vacío fuera de su nave. No había nada, salvo su propia flota y las estaciones espaciales fuertemente armadas del Imperio T’au que guardaban este lado del Nexo.

—¿Cuando fue grabado este mensaje?— preguntó O’yeldi’nar.

Ui’vas’ka señaló la marca de tiempo— No hay posibilidad de error, Comandante.

O’yeldi’nar sacudió la cabeza— Esto no puede ser correcto. Si lo fuera, la flota enemiga ya habría llegado.

—¿Quizás Shadowsun derrotó a los Gue’la después de todo? —sugirió Ui’vas’ka.

—Simplemente no hay manera de que pudiera derrotar a una flota de ese tamaño. Entretenerla, sí. ¿Derrotarla? Ni si quiera Shadowsun podría hacerlo. —O’yeldi’nar miró cautelosamente a las estrellas, como anticipando la aparición de una virulenta flota en cualquier momento.— Considera la inmensa extensión del Nexo Startide. Simplemente no tenía suficientes naves para evitar que algún enemigo se colara.

—Recientemente hemos detectado un incremento de distorsiones en el Nexo, Comandante. Quizás la flota enemigo ha sido destruida de camino a aquí —ofreció Ui’vas’ka— de la misma forma que la flota de expansión de la 4ª Esfera. O quizás la alianza de los Gue’la y sus asociados ha terminado y este… este Nurg’hel les ha atacado.

—Muy improbable —dijo el Comandante bruscamente.— ¿Y si hay algún tipo de distorsión temporal? ¿Y si la flota enemiga conoce una salida del Nexo que nosotros desconocemos?

Ui’vas’ka no podía responder a estas preguntas y permaneció en silencio.

—Debemos tener en cuenta el aviso de Shadowsun. Debemos estar preparados. Las flotas no se desvanecen sin más —dijo O’yeldi’nar.

Juntos, observaron el exterior, que permaneció inquietantemente vacío.

FuentesEditar

Extraído y adaptado de lavozdehorus : 

  • Despertar Psíquico
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