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Maestro Administratum 3 El Archiescriba Primuscriptor, mascota del Imperio de la Humanidad, ha marcado este artículo como propiedad del Adeptus Terra. Pulsa sobre él para aprender más sobre los dominios del Emperador.

El conocimiento es poder. Guárdalo bien.

Jaramshaela avanzó decidida hacia los guardias del Gobernador Takis, segura de su disfraz de polimorfina y de los papeles robados. En cinco años, el Gobernador se había convertido en una creciente irritación. Ahora no solo estaba ocultando diezmos, sino que, además, daba cobijo a herejes condenados. Hoy conocería la justicia del Emperador.

El Gobernador Takis permanecía en la explanada a unos veinte metros frente a ella, cambiando impresiones con dos de sus generales. Levantó la vista y la vio.

—¡Barón Víctor, qué alegría verle! Esperaba su informe hoy; por favor, acérquese. Perdonen, caballeros.

El Barón Salos Víctor había sido Ministro de Producción de Takis. Esa misma mañana, temprano, su nueva amante resultó ser Jaramshaela, discípula del Templo Callidus, que puso fin a su carrera. Asintiendo y sonriendo, Jaramshaela siguió a Takis a través de una puerta doble que conducía a la cámara de recepción y Takis cerró la puerta mientras se volvía en su dirección. Era casi demasiado fácil. Observó los ojos de Takis cuando lo golpeó. Cubriendo en tan solo un instante la distancia que los separaba, su letal espada fásica C'tan describió un amplio arco ante su figura atravesando sin el menor esfuerzo cualquier protección que pudiese llevar el Gobernador bajo su abultada túnica. A través de sus ojos, el Gobernador permanecía impasible: en su rostro no había el mínimo rastro de sorpresa o dolor: nada. Jaramshaela bajó la mirada: no había sangre, ni siquiera un desgarrón en el lugar donde se suponía que le había asestado el golpe. En sus casi trescientos asesinatos previos, su arma xenos nunca había fallado. Le golpeó de nuevo; esta vez, asió el arma con las dos manos e incrustó su hoja en el corazón del Gobernador. La hoja penetró hasta la empuñadura e hizo que Takis se doblara. Lentamente, volvió a erguirse para encontrarse de nuevo con la mirada de Jaramshaela mientras una sonrisa irónica surgía de sus labios.

—Me preguntaba cuán corrupto podría llegar a ser el pobre y viejo Takis antes de ser condenado a una muerte rápida. Tus Altos Señores son demasiado blandos. Eso tendrá que cambiar.

Una luz estalló en sus ojos, la luz de un sol cegador y abrasador que, al ser tan repentina como un viento fantasmal, la elevó por el aire y la estrelló contra la pared. Sus reflejos la salvaron. Rodando como una bola, evitó el impacto y, tras aterrizar con suavidad, intentó alcanzar su desestabilizador neural. Un golpe semejante a un cachiporrazo la hizo girar mientras una garra de hierro le aprisionó la garganta y la elevó por los aires. El Gobernador estaba rodeado por un halo de fuego y mantenido en alto por un viento que parecía tocarle sólo a él. Juntos, y en espiral ascendente, subieron hasta alcanzar el techo arqueado. Con su mano libre, retiró la espada fásica. La sostuvo en alto y, en un idioma que no reconoció pero que entendía, le dijo:

—Cuánto me alegro cuando mis hijos regresan a casa.

La espada que sostenía se disolvió en un líquido que se deslizó desde su puño hasta su mano como una serpiente de mercurio que su piel iba a absorber.

—Y qué maravilla si además me traen regalos. Quizá no lo sepas, pero la polimorfina es una droga que, si se metaboliza a menudo, proporciona a la esencia humana un sabor muy delicado.

FuentesEditar

  • Codex: Necrones (3ª Edición).
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