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Necron sin fondo

Gygabi'tha, cronista de las Dinastías, ha despertado tras eones de sueño para rescatar sus arcanos archivos. Pulsa sobre ella y te guiará por la laberíntica historia de los Necrones.

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Aquel que lee su propio artículo puede evitar su propia perdición. Aquel que lee los artículos de otros puede provocársela.


Amanecer de los C'tan
Traducción de varios ciclos míticos Eldars pertinentes

No se sabe mucho sobre los Necrones o los divinos C'tan. Lo que se sabe ha sido recogido de la mitología Eldar, transcrito y archivado por nuestros escribas-servidores imperiales del Ordo Xenos.

IntroducciónEditar

+++Enviado a: Registros Imperiales+++

+++EST 03/8567 Inquisidor 8353/1453+++

+++Referencia: Alienígenas/Segmentum Ultima+++

+++Xenos/texto: Eldars+++

+++Recibido: 998.M41+++

+++Acreditación: Inquisidor Malachai+++

+++Autores: MUNG, Ralamine, LANGSTRI, Obelius+++

+++Pensamiento del día: Benditos son los Ignorantes+++

Mis señores,

En primer lugar, quisiera disculparme por el inevitable retraso de estos textos. Además del infame vocorregistro de una conversación entre Su Reverenciada Alteza el Inquisidor Horst y el Tecnosacerdote Alagos, he incluido una transcripción de un testigo de una danza de los Arlequines que creo que puede ser relevante. También he considerado adecuado incluir una traducción aproximada de un fragmento de los Siete Rollos de H'sann, una colección de antiguos textos descubiertos y traducidos por mi mentor Obelius Mung a lo largo de los últimos treinta años. Su valor reside en que es una prueba de que los Eldars tienen un conocimiento detallado de la amenaza Necrona. Sin embargo, a la vista de la aparición de poderosas entidades xenos al frente de las incursiones Necronas creo que su contenido merece un examen más profundo.

Como todos los historiadores saben, más de una verdad oscura se oculta en las leyendas.

Vuestro servidor en la vida y en la muerte,

Ralamine Mung

El Nacimiento del MiedoEditar

Hubo una tiempo en que los Eldars no sentían miedo, y no vivían sus vidas con una aprensión mortal hacia el oscuro destino que les aguardaba al morir. Un guerrero podía enfrentarse a su enemigo sin pensar en su forma mortal, pues su alma seguiría viviendo, renacida como un fénix de las llamas.

De esta forma los Eldars se unieron a sus dioses para librar la guerra contra los Yngir, los engendros estelares inmortales que infestaban el universo con su sed eterna y sus guerreros inmortales. Sus esbirros, la hueste plateada1, se partieron como un mar ante la ira de Khaine, y sus seguidores, los más curtidos en combate de todos, abrieron un camino ardiente a través de la galaxia.

Ulthanash y Eldanesh, nobles reyes de sus casas, lucharon al lado de Khaine. Lanthrilaq el Veloz y Jaeriela la Tres Veces Bendita dirigían a sus pueblos, y nadie podía alzarse contra ellos.

Entonces llegó Kaelis Ra2, el Portador de la Muerte. Sus matanzas mancharon las estrellas de sangre, y nadie podía oponérsele, pues blandía el poder de la misma muerte. Poblaciones enteras cayeron ante su guadaña, y su mera mirada mataba incluso a los mayores héroes Eldars. Aquellos que morían lo perdían todo, incluso sus almas.

Pero los dioses de los Eldars contaban con más recursos que la fuerza de las armas. El mayor de los Bailarines de las Almas3 había empezado a convencer a los C'tan para que volviesen su hambre contra sí mismos, devorando a sus hermanos en profanos festines de carne estelar. Kaelis Ra pasó a sus parientes a cuchillo, masacrándolos sin piedad igual que había hecho con los hijos de Isha4.

Mientras el Portador de la Muerte buscaba formas cada vez más oscuras de saciar su sed inextinguible, Khaine no se quedó de brazos cruzados. Hizo un trato con Vaul el Dios Herrero: a cambio de la liberación de Kurnous e Isha de las mazmorras de Khaine, Vaul forjaría cien espadas para la guerra de Khaine contra los Yngir. Así nacieron las Espadas de Vaul, los Espectros-Espada5.

Khaine llevó a su pueblo a la guerra una vez más con rabia incandescente, y en los restos de su ejército había prendido la llama de la venganza. Un centenar de Eldars, cada uno armado con un Espectro-Espada, se enfrentó a una horda de Necrontyr plateados tan vasta que el horizonte brillaba con cuerpos metálicos en todas direcciones. Pero no conocieron el temor.

Los Eldars lucharon en un gran círculo, con las Espadas de Vaul brillando, y los Necrontyr no pudieron penetrar en sus defensas. El poder espiritual6 contenido en las espadas revigorizaba a sus portadores y cada golpe destrozaba a un impuro enemigo. Khaine era imparable, y sus guerreros luchaban sabiendo que su dios estaba complacido.

La batalla duró siete días y siete noches antes de que los Eldars empezasen a caer. Los sirvientes de los Yngir habían encontrado un punto débil en el círculo: Lanthrilaq el Veloz se estaba agotando y su cara palidecía, ya que su espada imperfecta había perdido el brillo y el filo. El anillo de guerreros cedió y se rompió, y el suelo tembló cuando Khaine aulló su furia. Vaul le había engañado: una de las espadas no tenía vida.

Del suelo bajo ellos surgió Kaelis Ra, el Portador de la Noche, y los Eldars retrocedieron pues sabían que su perdición se acercaba. Con un gesto, Kaelis Ra mató a todos los que se encontraban cerca. Con una mirada, condenó las almas de grandes guerreros a una eternidad de polvo. Con un gran rugido, Khaine bajó su lanza y cargó.

Guadaña y lanza chocaron sobre un montículo de cadáveres en un combate que rasgó los cielos. La rapidez y habilidad de Khaine eran sobrecogedoras, pero el Portador de la Noche era un ser de sombras y la Lanza de Khaine no podía encontrar su objetivo. Kaelis Ra dejó que su enemigo agotase su rabia con la paciencia de la muerte.

Sin previo aviso, el Portador de la Noche blandió su guadaña con fuerza, apuntando a la garganta de Khaine. Pero Khaine había escuchado el consejo del Dios que Ríe con atención. Cuando la forma del Portador de la Noche se hizo sólida para descargar su golpe, Khaine se lanzó, atravesando el pecho del Yngir con la punta de su lanza.

Kaelis Ra estalló en una explosión de fragmentos plateados que casi partió a Khaine en dos cuando la esencia del Yngir se liberó de su forma física. Los guerreros plateados que le rodeaban cayeron a tierra ante la expansión de la onda de impacto, regresando a la tierra de la que procedían. Pronto, solo quedó Khaine, aullando su victoria.

Pero la victoria se cobró un precio. Algunos fragmentos de la carne del Yngir, clavados profundamente en el cuerpo de Khaine por la cataclísmica destrucción de su enemigo, se fundieron en las llamas de la ira del Dios de la Guerra. El veneno plateado fluyó por su corriente sanguínea, contaminando para siempre su encarnación física con el aspecto del Segador7.

Kaelis Ra no puede morir realmente, pues es la muerte encarnada. Rabiando por su derrota, su quintaesencia aulló por el espacio, penetrando en cada uno de los miembros de la raza Eldar y maldiciéndoles con el terror a la tumba. Así fue como quedó sembrada la semilla de la perdición de los Eldars, y les fue cerrada la senda de la reencarnación para siempre.

1Probablemente una forma temprana, y presumiblemente avanzada, de los Necrones.

2Kaelis - La noción de la Muerte, el Destructor. Ra - Posiblemente alma, espíritu, o fantasma.

3Probablemente un cf512/Arlequín, véase también cf/512.2Dios-Arlequín.

4Los eruditos mantienen que Isha es la Diosa de la Tierra Eldar, progenitora mítica de su raza. Thurmann rechaza esa versión, pero sus teorías están claramente obsoletas.

5Posible metáfora. Mi predecesor Ralamine Mung se refiere a la Lanza de Khaine (Senda de los Guerreros Lanceros) y a las Espadas en el Viento (Mundo Astronave de Biel-Tan) en su interpretación de esta estrofa. No todas las respuestas están ocultas más allá de lo creíble.

6Cf112/Espada de energía, cf 571.1 Espada Vampiro Eldar.

7cf564/Avatar, cf551/Guerrero Segador.

La Muerte de la LuzEditar

R.M.: El registro de este relato ha sido atribuida al difunto Rafaellus Kneg, Hierosabio del Templo Callidus y autoproclamado experto en infiltración en sociedades marginales xenos. Es la transcripción de una historia contada por la Proscrita Eldar Yvraelle, exiliada hace mucho del Mundo Astronave de Iyanden.

Los salones del Mundo Astronave estaban electrizados por la promesa de la venida de la Troupe de Arlequines. Solo los Videntes más ancianos podían recordar la última visita de una Troupe y no podían faltar al respeto a nuestros invitados hablándonos de ella. Pero sí nos revelaron una cosa: los Arlequines iban a realizar una de las Grandes Danzas, la más infrecuente y compleja de su género. Cuando escuché el impulso mental que indicaba que la Troupe estaba lista, abandoné mis deberes y me apresuré al talaclu. Sentí cómo mis amigos y parientes, muertos hace mucho ya, corrían a través del hueso espectral del Circuito Infinito de Iyanden junto a mí hacia él.

El auditorio estaba lleno de susurros y murmullos: en nuestra excitación, no podíamos sentarnos en silencio durante mucho tiempo. No obstante, cuando los primeros bailarines se alzaron de entre nosotros, haciendo estallar sus dathedi en un centenar de millares de puntos de pura luz estelar, el salón quedó tan callado como una tumba. Cinco, diez, quince más se revelaron mientras una música inquietante, suave como el aliento de un niño, alcanzaba un crescendo similar a un dolor físico. La espeluznante melodía se detuvo abruptamente y el anfiteatro quedó hundido en la oscuridad. Los Arlequines, cuyos trajes dathedi centelleaban igual que el gran dosel del cielo nocturno, orbitaban en torno al centro de la antigua cúpula de hueso espectral en arcos tan antiguos como los mismos planetas.

Contuve un grito cuando una delgada figura metálica apareció de repente en el centro del anfiteatro, donde no había nada un momento antes. Se me heló la sangre al darme cuenta de lo que era. Sin rostro, estaba envuelta en harapos que se movían lentamente, y extendía sus frágiles brazos al frente. Los bailarines astrales que giraban lentamente en el aire en torno al anfiteatro unieron sus voces en un coro de susurros que se entrecruzaban y superponían con urgencia entre sí: Yngir, Yngir. La figura exudaba un aura palpable de desesperación y odio, girando con lentitud y mirando con su larga cabeza sin rasgos a cada uno de nosotros por turnos. Juro que sentí mi alma retroceder aterrorizada cuando fijó su atención en mí, y tuve que reprimir el ansia de huir cuando descendió hacia mí. No hay palabras adecuadas para expresar el miedo que sentí.

La aparición estiró lentamente sus brazos y sus largos y sinuosos dedos hasta colocar sus manos suavemente en la cabeza de una de las figuras estelares. El bailarín quedó flácido, su traje dathedi parpadeó y se oscureció hasta apagarse por completo, y pronto quedó colgado e inmóvil como un cadáver. El Yngir se deslizó sobre nosotros con la lentitud y certeza de la muerte, extendiendo sus sinuosas manos para extinguir las figuras estelares una tras otra. Sus cuerpos quietos colgaban suspendidos del aire, y el coro de suaves voces se oía cada vez más bajo cada vez que la luz de una de las figuras estelares era extinguida. En el resto de la arena, cuatro Yngir menores, representados por Bufones de Muerte cubiertos de harapos, imitaban su lenta y letal danza. Pronto todo el anfiteatro quedó casi completamente a oscuras.

De repente, una brillante flecha de colores abrasadores saltó al centro del anfiteatro, con una miríada de colores girando enloquecidos por el aire a su alrededor. Era el Gran Avatar, cuyo agaith mostraba el rostro sonriente del Dios que Ríe en persona. Su risa resonó por la cúpula, escandalosamente sonora y clara en medio de los fantasmales susurros. El Yngir detuvo su lenta danza, fijando su mirada ciega en este intruso en su festín celestial. Solo con su postura la figura irradiaba puro desprecio. Empezó a deslizarse hacia el Dios que Ríe, extendiendo sus brazos plateados. Se acercó, y cada uno de los espectadores contuvo el aliento, deseando que el Gran Arlequín huyese, atacase, que hiciese algo.

Los sinuosos dedos de la aparición se cerraron en torno a la cabeza del Dios que Ríe, que empezó a temblar. Las sacudidas se volvieron más y más violentas, y uno por uno los brillantes colores y las arremolinadas caras risueñas desaparecieron hasta que el Gran Arlequín se volvió incoloro y silencioso. Su lánguida forma cayó del aire como una piedra, arrebatándome el aliento con su impacto en el suelo del anfiteatro.

La risa resonó de nuevo por la cúpula, y cuando volví a mirar la figura caída al suelo del anfiteatro era uno de los Bufones de Muerte envueltos en vendas. Otra de las cosas-Yngir de la cúpula estalló en luces multicolores, revelándose como el Dios que Ríe. Hizo una profunda reverencia, y la flotante aparición metálica se giró de nuevo hacia él. Una vez más, avanzó con los brazos extendidos, y una vez más, se dio un festín con uno de sus propios parientes, creyendo que era el Gran Arlequín. Una y otra vez el Dios que Ríe engañó a la fantasmal figura, llevándole con su compleja danza hasta cada uno de sus horribles hermanos. Las proyecciones en torno a su forma metálica se quebraron por las silenciosas caras aullantes de sus congéneres asesinados, y sus movimientos suaves y mesurados degeneraron hasta volverse erráticos e irregulares. Su larga cabeza alienígena se giraba rápidamente intentando encontrar al Dios que Ríe, y las energías impuras que había absorbido de los cadáveres de los otros Yngir flotaban en torno a su cabeza en un halo de luz oscura. Se había vuelto significativamente más grande, y el poder que exudaba llenaba el auditorio de chisporroteante estática. Saboreé un fuerte regusto a alucinógenos a medida que, sobre nosotros, el Yngir se volvía cada vez más desesperado por encontrar al Dios que Ríe, y la risa de su divina némesis parecía venir de todas direcciones a la vez. Los rostros de calavera que se agitaban por su forma metálica, prueba de su vil fratricidio, aullaban, empujando en todas direcciones. Su locura era tan potente que podía sentirla en el aire, y la presión en el anfiteatro parecía haber crecido hasta lo intolerable.

En un parpadeo, el Dios que Ríe apareció tras él, delante de él, sobre él, y bajo él en una arremolinada danza multicolor de confusión. El Yngir lanzó sus garras al aire en vano durante unos segundos, atravesando con sus largos dedos las ilusiones proyectadas por el Gran Arlequín. Entonces, con un penetrante alarido de rabia y derrota, se aferró la cabeza, sufriendo espasmos mientras se volvía más y más pequeño, encogiéndose sobre sí mismo y apagándose.

Los chispeantes clones del Dios que Ríe saltaron los unos hacia los otros con asombrosa gracia acrobática hasta solidificarse en una sola figura, majestuosa y victoriosa. Su enemigo, enloquecido por su propia avaricia, menguó hasta ser una diminuta esfera crepitante. El gozo que sentí en ese momento fue sublime, y cuando las figuras estelares volvieron a iluminarse una tras otra, dejé escapar un grito exultante que fue imitado por todos los Eldars en la sala.

Pero la actuación aún no había acabado. Toda la Troupe de Arlequines emergió en el interior de la cúpula, flotando en un gran círculo con el orbe oscuro en su centro. Durante largos minutos flotaron allí en silenciosa observación. Entonces, al unísono, las máscaras de vigilancia se convirtieron en gestos de horror, pues la esfera había empezado a agrietarse, surgiendo chorros de luz roja de su núcleo.

Y ahí acabó la actuación. Cuál era la naturaleza de la criatura-Yngir, nunca lo sabré, aunque he buscado largo tiempo la respuesta. Pero de una cosa estoy segura: los Arlequines temen profundamente la venganza de la sanguijuela estelar, pues no puede morir, y nunca descansará hasta que haya extinguido toda la vida en su infinita sed de oscuridad.

El Tullido y el DragónEditar

R.M.: Lo que sigue es una vocograbación de una conversación entre Su Reverenciada Alteza el Inquisidor Horst y el Tecnosacerdote Alagos.

– COMIENZA LA VOCOGRABACIÓN –

—Esfuérzate por explicarme por qué debería proporcionarte un conocimiento que me ha costado la mayor parte de mi vida adquirir, Tecnosacerdote Alagos.

+++NO TODAS LAS FORTALEZAS FUERON DESTRUIDAS, COMO SABÉIS, MI SEÑOR INQUISIDOR+++

—Por supuesto, idiota. No pretendas decirme lo que está grabado en mi memoria. En lugar de eso, empieza por decirme lo que crees que esto tiene que ver con los recientes ataques Necrones.

+++MIS DISCULPAS, INQUISIDOR HORST. MUCHOS EN MI ORDEN CREEN QUE LAS FORTALEZAS FUERON CREADAS POR UNA RAZA XENOS, PARA ESTA MISMA EVENTUALIDAD. SI FUÉRAMOS CAPACES DE RECUPERAR LA POSESIÓN DE UNA DE LAS FORTALEZAS Y DESVELAR SUS SECRETOS CON LA AYUDA DE VUESTRAS INVESTIGACIONES, CREEMOS QUE LA AMENAZA XENOS PODRÍA SER ANULADA+++

—¡Ja! No busques obtener respuestas mediante la adulación. ¡Ni siquiera el trabajo de toda mi vida podría servir apenas como pista sobre la compleja y arcana tecnología de los Talismanes de Vaul!

+++¿TALISMANES DE VAUL, MI SEÑOR? NO HE ESCUCHADO NUNCA ESTE TÉRMINO+++

—Por supuesto que no. Muy pocos lo han hecho. Es el verdadero nombre de lo que llamamos las Fortalezas. Fueron creadas por los Eldars, por uno de sus dioses, o por ambos.

+++SIN DUDA... LOS DIOSES ELDARS... SOLO EXISTEN EN LAS LEYENDAS DE LOS XENOS, ¿NO ES CIERTO?+++

—Hmm. Recuerdo claramente que tus predecesores poseían, como mínimo, una inteligencia rudimentaria. ¿Cómo puedes pretender luchar contra los dioses de los Necrontyr sin reconocer el hecho de que seres de un poder tan increíble existen?

+++ASÍ QUE TENÉIS CONOCIMIENTOS SOBRE ELLOS+++

—Por supuesto. A pesar de tu insolencia y falta de respeto, tu respuesta me consuela un poco. Hmm. Confío en que tus engramas de memoria estén activos. Si voy a contar esta historia más te vale asegurarte de que la vas a grabar bien.

+++TODAS LAS COMUNICACIONES DEL ADEPTUS MECHANICUS SON GRABADAS, MI SEÑOR+++

—Entonces escucha, y entrega este mensaje al Fabricador General Vilvoi. No lo sabes, por supuesto, pero será él quien te haya enviado aquí. Si debes preguntar algo, intenta hacerlo de forma breve y al grano. ¿Entendido?

+++SÍ, LORD INQUISIDOR HORST+++

—Hmm. Se cree que Vaul es el dios Eldar de la forja, tullido físicamente, pero poderoso en artificio y habilidad. No era el mayor de su panteón, sino el hermano de Asuryan, el Rey Fénix. Se dice que era igual de hábil creando objetos bellos que fabricando armas de guerra, y era capaz de forjar las almas de los difuntos en las cosas que creaba. De esta forma derrotó a los Necrones que acosaban a su pueblo.

+++¿CREÉIS QUE FORJÓ LAS FORTALEZAS CON ESTE PROPÓSITO?+++

—¡Paciencia! Esto se revela en el conocimiento que estoy a punto de impartirte. Hubo un tiempo, antes incluso del nacimiento de la Humanidad, en que los Eldars lucharon duramente para detener las obras de los dioses Necrones, a los que llamaban Yngir. Uno de ellos, el más poderoso de su especie, estaba exterminando a los Eldars. Lo llamaron el Dragón del Vacío, el mismo Olvido, y en su mitología es una figura de destrucción caprichosa y devastación. Tenía tal dominio sobre el espacio real que sus guerreros eran prácticamente invencibles. Uno solo de sus sirvientes podía masacrar a centenares de Eldars antes de caer, solo para alzarse de nuevo. Podían dirigir relámpagos contra sus enemigos, y se dice que los campos de batalla de aquel tiempo estaban cubiertos por una gruesa capa de restos carbonizados de aquellos que se atrevían a oponérseles.

+++SE HAN ENCONTRADO NECRONES CON LA CAPACIDAD DE DESCARGAR ELECTRICIDAD CERCA DEL BUCLE DE METLEC+++

—Ciertamente. Aunque ten en cuenta que los Necrones de aquel tiempo, o quizás los que eran de esa facción, eran mucho más poderosos que los que están emergiendo en los últimos años. Los Eldars simplemente no podían derrotarlos. Pero Vaul era ingenioso, y sin duda la necesidad le empujó al logro que mantuvo a raya la invasión Necrona.

+++LA TECNOLOGÍA DE PLASMA HA DEMOSTRADO SER EFECTIVA CONTRA LOS NECRONES MODELO ESTÁNDAR. ¿CONOCÍAN LOS ELDARS UNA MANERA MEJOR?+++

—Nunca dejas de maravillarme con tu falta de comprensión, Tecnosacerdote Alagos. Vilvoi, cuando recibas esto te aconsejo que emplees un emisario con algún resto de imaginación. Hablamos de dioses y almas, ¿y este asume que el regalo del Dios Herrero para los Eldars fueron armas de plasma? ¡Ja! Estos sucesos ocurrieron eones antes de que los Eldars dominasen tales cosas. Luchaban con espadas, lanzas y su propia versión retorcida de la fe. Y resultaron insuficientes. Así que Vaul tomó las almas de los difuntos, y les forjó nuevos cuerpos. Colocó sus esencias en los pechos de un ejército de caballeros de hierro, animados por las almas de los muertos Eldars. Pretendía luchar contra los Necrones con sus mismos métodos. De esta forma marcharon de nuevo a la guerra.

+++CREO QUE LOS ELDARS AÚN PRACTICAN LA NIGROMANCIA DE ESTA FORMA+++

—Sin duda, una práctica odiosa e inexcusable. No obstante, los Caballeros de Hierro se alzaban por encima de sus enemigos Necrones, y los chorros de relámpagos que habrían destrozado a un guerrero Eldar no tenían más efecto en ellos que una ligera brisa. Eran liderados por gigantes-espectro, habitados por las almas de los mayores héroes Eldars, tres veces más altos que un Necrón y prácticamente indestructibles. Los Caballeros a los que dirigían portaban armas arcanas que podían canalizar y proyectar fuego espiritual, destrozando a sus enemigos en una fracción de segundo. Oleada tras oleada de Necrones, cada una más letal que la anterior, fue enviada desde las forjas-necrópolis contra los infatigables guerreros que Vaul había creado. Ninguno pudo derrotarlos. De esta forma, Vaul ganó tiempo suficiente para construir los Talismanes.

+++NUESTRA INFORMACIÓN SOSTIENE QUE HABÍA SEIS FORTALEZAS ANTES DE LA GUERRA GÓTICA+++

—Cierto, pero su verdadero potencial nunca fue descubierto por el Imperio, ni aun por Abaddon el Saqueador. Los Talismanes de Vaul estaban controlados por los espíritus de los Videntes Eldars muertos durante la invasión Necrona. En el corazón de cada Talismán se encontraba uno de los Ojos de la Bruja. Estos fueron regalados a Vaul por Morai-Heg, la diosa anciana de los Eldars cuyo dominio es el conocimiento secreto. Permitían a los espíritus de los muertos enviar vastas cantidades de energía directamente desde el Inmaterium al espacio real. De esta forma Vaul pretendía acabar con el Dragón para siempre.

+++¿PERO CÓMO PUDO LOCALIZAR AL DIOS NECRÓN?+++

—El Dragón del Vacío, al ver sus sueños de conquista frenados en seco, había decidido dirigir personalmente a sus esbirros en el campo de batalla. Nadie podía enfrentarse a un dios completamente manifestado, ni siquiera los artefactos espectrales Eldars. Para asegurarse de disponer del máximo de su poder, el Dragón del Vacío empezó a absorber las energías de una estrella binaria. Adoptó la forma de una nube de luz oscura, rodeando la anomalía estelar y sorbiendo su energía hasta saciarse. Vaul conocía las estrellas tan bien como su forja, y cuando los soles gemelos empezaron a apagarse, partió a la lucha.

+++¿Y CÓMO SE RESOLVIÓ EL CONFLICTO?+++

—No lo hizo. El mito acaba aquí. Es un error asumir que las leyendas Eldars siguen los mismos patrones que las nuestras. Por si sirve de algo mi opinión, creo que Vaul fracasó en su propósito. Ciertamente, la metódica matanza del Dragón del Vacío fue detenida, pues aún quedan Eldars en la galaxia. Pero no soy un idiota ciego, y creo que está dormido, aguardando el momento correcto para reaparecer.

+++¿CONOCÉIS LA LOCALIZACIÓN DE SU REFUGIO?+++

—No seas absurdo. Nadie tiene ese conocimiento.

+++POR SUPUESTO. MIS DISCULPAS, LORD INQUISIDOR. ADIÓS+++

—¿Qué? Había asumido que querrías averiguar más.

+++HEMOS REUNIDO LA INFORMACIÓN REQUERIDA+++

—Adiós entonces, Tecnosacerdote Alagos.

– ACABA LA VOCOGRABACIÓN –

ConclusiónEditar

Mis Señores,

Confío en que la mera escala y las perturbadoras implicaciones probadas en estos textos os hayan convencido de que cualquier tardanza perceptible fue solamente el retraso que uno debe tolerar cuando exhuma la verdad de fuentes tan diversas y arcanas. Asuntos tan insignificantes deben sin duda palidecer ante las inferencias que contienen. No obstante, espero que la información os llegue antes de que sea demasiado tarde para actuar.

Solicito no ser recordado como el conservador de tales objetos, ni como la voz que dio a conocer sus contenidos, pues los riesgos asociados sin duda pondrían en riesgo mi vida.

Que el Emperador guíe vuestra mano.

Ralamine Mung

FuentesEditar

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