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Bulldog El Sargento Guillermito, mascota de los Marines Espaciales, tiene el honor de patrocinar este espacio por orden del Capellán Cassius de los Ultramarines. ¡Pulsa sobre él y te acompañará a una Cruzada épica!

¡Lee más! ¡Sin piedad, sin remordimientos, sin miedo!

Rittman tomó un último sorbo de aquavit e inmediatamente deseó no haberlo hecho. Escupió la bebida en el frasco y se giró hacia el panel de mando. Este se conectó: las posiciones enemigas estaban marcadas en rojo y sus propias fuerzas en azul.

Seleccionó su objetivo primario. Una estrella azul pálido se desplazó por encima del holograma hasta detenerse sobre un edificio alto sin nombre, sólo con un indicativo: Torre 103. El búnker de mando rebelde en este sector se suponía que estaba situado en el sótano del edificio. El indicador secundario se colocó en posición, flotando por encima de una línea de edificios bajos que recorrían la orilla del río cien metros más allá de la torre. Los iconos cambiaron uno tras otro. Los informes del reconocimiento entraron en el sistema, y un gran símbolo rojo destelló junto al objetivo. Un Titán, pero sólo uno. Un Rondador Nocturno. Pequeños triángulos rojos marcaban las posibles posiciones de la infantería. En total, menos de un grupo de combate. Tal vez tuvieran una oportunidad después de todo.

A medida que cada comandante de vehículo completaba la rutina de comprobación, sus iconos centelleaban y pasaban a color blanco, con un pequeño número junto a ellos. Espada Siete, la máquina más vieja de la Compañía, fue el último en informar, como ya era habitual. Los tecnoadeptos habían invertido mucho tiempo durante la noche reparando la transmisión. La red de comunicaciones susurró a medida que todas las tripulaciones fueron uniéndose a la plegaria al Emperador. La Compañía Espada estaba preparada para el combate.

Rittman repasó su situación. Detrás de él, otras unidades estaban colocándose en línea. Un puñado de triángulos blancos indicaban las posiciones de la infantería detrás de él. Esta vez deberían seguir el avance de los Land Raiders, en vez de montar en ellos, para reducir las bolsas de resistencia que pudieran quedar. Pero iba a ser la Compañía de Rittman la que llevaría el peso de la operación, actuando de punto. Sus vehículos, todavía ocultos entre las ruinas del complejo de almacenes, deberían atacar y destruir al Rondador Nocturno. Eso significaba que deberían cruzar un terreno despejado totalmente expuestos al fuego de la gigantesca máquina. Rittman esperaba que quedara suficiente de su Compañía para conseguir su objetivo. No iba a ganar nada con seguir mirando la pantalla, así que habló por el comunicador:

—Aquí Espada Líder. ¡Compañía, seguidme!

Las orugas chirriaron al salir de los almacenes. El óxido que tembló a causa del aullar de los motores cayó sobre los vehículos, cubriéndolos. Rittman observó la pantalla táctica mientras los Land Raiders se colocaban en posición. Avanzaban entre los edificios en ruinas, levantando grandes nubes de polvo al moverse. Atravesaron una plaza en la que en los puestos de su abandonado mercado aguardaban unos clientes que hacía mucho tiempo que habían muerto. Los Land Raiders los atravesaron, arrastrando telas de colores brillantes con sus tubos de escape, orugas y cañones.

Rittman comprobó el movimiento de la compañía en el holoproyector. Los Land Raiders estaban avanzando paralelamente a los rebeldes, ocultos a su visión por los edificios en ruinas. La carretera que seguían los acercaría al enemigo, pero más adelante las ruinas se convirtieron en un amasijo impasable para los pesados vehículos blindados. No podían avanzar más, por lo que tenían que abandonar su cobertura.

Rittman habló por el comunicador:

—Compañía, giro a la izquierda. ¡Síganme!

Lahoon, el conductor de Rittman, hizo girar la máquina y se dirigió directamente hacia el edificio. El plastiacero crujió en cuanto el habitáculo blindado atravesó las ventanas rotas de la fachada principal; y, a continuación, el muro se colapsó al ser atravesado por el vehículo. El Land Raider se giró rápidamente en cuanto las orugas encontraron una viga, y Rittman fue arrojado sobre su asiento.

Uno a uno, el resto de la Compañía lo siguió. La información empezó a llegar en cuanto los Land Raiders atravesaron el edificio. Delante de los vehículos se abría una zona de terreno despejado, una zona de muerte que se extendía hasta las posiciones rebeldes. Una zona de muerte que debían atravesar rápidamente.

El Princeps del Rondador Nocturno parecía que, finalmente, los había detectado. La imagen del proyector táctico de Rittman indicaba que el reactor de plasma del Rondador Nocturno estaba activándose. Levantó sus escudos mientras el reactor de plasma todavía no había acabado de calentarse. Toda la Compañía avanzaba hacia él cuando el Titán se puso en movimiento, con su gigantesco cañón preparado y apuntándoles. Ignoraron las armas de mano de las tropas rebeldes que se habían puesto en movimiento; a esa distancia, su potencia de fuego no era suficiente. El Titán era lo único que importaba. Rittman cambió a modo general. La Compañía Espada al completo, trece vehículos en total, se extendía de forma más o menos irregular, avanzando a máxima velocidad hacia el Titán.

Por el auricular podía oír a Lahoon repitiendo una y otra vez una plegaria al Emperador. La distancia disminuía rápidamente. El Titán disparó y uno de los Land Raiders, Espada Diez, se detuvo en seco. Su casco estaba ennegrecido y achicharrado; y su lado izquierdo había desaparecido a causa de la explosión. Rittman observó cómo el icono de Espada Diez se volvía negro en la pantalla.

—A todas las Espadas. Atención. Pares, avancen; impares, fuego de supresión —Rittman seleccionó los sistemas de disparo automático de su propio cañón láser y dejó que el espíritu máquina hiciera el resto. La pequeña máquina pensante disparaba mucho mejor de lo que jamás él podría hacerlo.

Espada Nueve, ignore a la infantería —El Titán era el único enemigo a considerar. Disparó otra vez. Espada Nueve no tuvo tiempo de obedecer las órdenes de Rittman, pues recibió un impacto directo y se disolvió en una brillante nube en forma de hongo. Otro icono se volvió negro en la pantalla táctica.

—Impares, avancen; pares, fuego de supresión. Por parejas —Los cañones láser del Land Raider de Mando de Rittman dispararon otra vez. El icono del Rondador Nocturno se tornó anaranjado al desactivarse algunas pantallas de vacío.

Los Land Raiders se movían por parejas: uno disparaba desde cualquier cobertura que pudiera encontrar, mientras el otro avanzaba a toda velocidad. El icono del Titán se hizo más anaranjado al caer otra pantalla de vacío. Espada Doce se fundió por un impacto directo enviando fragmentos de metal por los aires. El icono de Espada Doce desapareció unos segundos, mientras los sensores quedaban confundidos por la nube de restos metálicos. Cuando volvió, era del color negro de elemento destruido. Espada Siete quedó fuera de línea y se detuvo, de lado al Titán. La transmisión había vuelto a fallar. El comandante del vehículo consiguió salir mientras el Rondador Nocturno apuntaba, pero su conductor no fue tan afortunado y el Land Raider se convirtió en su tumba. En Espada Líder, Rittman maldijo.

El Titán estaba retrocediendo: su Princeps intentaba abrirse paso a través de las posiciones rebeldes. Estaba moviendo la máquina hacia atrás, consiguiendo milagrosamente no aplastar a ninguna de sus fuerzas de apoyo. Incluso en medio de la batalla, Rittman podía admirar al hombre que accionaba los controles del Titán. Iba a morir un hombre con gran talento, pero no podía permitir que un hereje utilizara sus extraordinarias habilidades contra el Emperador.

—Pares, sigan disparando al Titán. Impares, disparen a los objetivos rebeldes de tierra —Ya estaban suficientemente cerca como para que la infantería representara un peligro.

La pantalla táctica de Rittman parpadeó cuando se desactivó la última pantalla de vacío del Titán. El Rondador Nocturno dejó de moverse hacia atrás; su Princeps se había dado cuenta de que era inútil. Rittman estaba eufórico.

—Fuego a discreción. ¡Ya lo tenemos!

Los tripulantes de los Land Raiders no necesitaban que los animaran, pues no les sobraba el tiempo. Los generadores de los escudos del Rondador Nocturno podían volver a activarse en cualquier momento, y entonces volvería a ser invulnerable. Tenían una oportunidad de destruirlo, pero tan sólo mientras sus pantallas de vacío estuvieran desactivadas.

Por las piernas y el pecho del Titán empezó a resbalar metal fundido a medida que era impactado por más y más disparos de los cañones láser de los Land Raiders. Rittman pudo ver en la pantalla cómo se fundía el hombro del Rondador Nocturno; su macrocañón estaba trabado en una posición totalmente inútil, apuntando hacia el cielo. El blindaje de su pecho fue destruido; y un disparo de cañón láser penetró en sus mecanismos internos. La máquina estaba herida, o tal vez moribunda, pero aún podía luchar. Un buen Princeps podía aprovechar el tamaño y la velocidad de su Titán para aplastar la Compañía Espada entera.

—¡Al pecho! ¡Al pecho! ¡Disparad al pecho! —el Rondador Nocturno ya no era una máquina para Rittman. Estaba matando a un gigante, arrancándole el corazón, partiéndole los huesos, arrancándole la vida a un monstruo.

Entonces otro disparo impactó al Rondador Nocturno en la rodilla. La articulación estalló y el Titán se desplomó al doblarse la pierna bajo su propio peso. El Titán cayó de espaldas, con su puño sierra moviéndose convulsivamente mientras el Princeps intentaba desesperadamente mantener el equilibrio. Rittman esperaba que la cabeza saliera disparada poniendo a salvo a la tripulación del Rondador Nocturno, pero no lo hizo. El pecho, ya muy debilitado, gimió y se rompió a causa de la tensión, apareciendo chorros de luz blanca y vapor a presión que aumentaron al acercarse el reactor de plasma a su punto crítico. El Rondador Nocturno se estrelló contra el suelo; y el plasma liberado, más caliente que el núcleo de una estrella, hizo el resto. Explotó en medio de una intensa luz blanca, disolviendo las posiciones rebeldes que había alrededor de la carcasa. Los sensores de la pantalla táctica de Rittman se sobresaturaron y desconectaron.

Se produjeron unos instantes de silencio en todos los Land Raiders, el único sonido fue el mudo rugir de los motores. Entonces la red de comunicaciones se saturó con las felicitaciones de una tripulación a otra.

—En escalón izquierdo. Distancia doscientos. Fuego rápido.

Rittman no dejó que sus tripulaciones disfrutaran del triunfo. Estaba decidido a conseguir una gran victoria. Cambió la posición de la pantalla a visión general. Podía ver unas pequeñas figuras huyendo. Algunos rebeldes intentaban abandonar el campo de batalla. Las pérdidas catastróficas causadas por el moribundo Rondador Nocturno habían sido más de lo que podían soportar. En algunos puntos, pudo ver que los Marines Traidores resistían, pero incluso ellos habían quedado conmocionados por la pérdida de su único Titán.

—Avancen. Impares hacia adelante. Pares en fuego de supresión —Las palabras de Rittman hicieron reaccionar hasta al último comandante de vehículo.

Espada Líder se estremeció, como si hubiera sido golpeado con un martillo gigante. El jadeo de Lahoon ensordeció a Rittman, que empezó a leer los informes de daños: sin novedad. Rebobinó la grabación de lo sucedido y vio cómo un Dreadnought disparaba un misil contra su Land Raider. Venía directamente hacia él: un disparo perfectamente dirigido hacia su sistema de transmisión. Parpadeó involuntariamente cuando la grabación llegó al punto del impacto, esperando una explosión que jamás llegó. ¡Había fallado el sistema de detonación! Seguro que era un buen presagio. ¡La suerte del Emperador estaba con ellos!

Volvió al tiempo real. El Dreadnought no dispuso de una segunda oportunidad. Espada Tres chocó contra él, arrancando del suelo al metálico hereje rebelde, y luego lo aplastó bajo sus orugas.

—Avance General. Fuego a discreción. ¡Seleccionad objetivos! —Rittman sonrió como un lobo fenrisiano. El ataque se había convertido en una persecución. El cielo y la tierra alrededor de la Compañía Espada estaba en llamas. Rittman podía oír por el comunicador las indicaciones de comandantes y conductores identificando objetivos. Observó la pantalla táctica que marcaba la distancia que les separaba del objetivo principal; y, a continuación, calculó la distancia al objetivo secundario.

—¡Seguid avanzando, seguid avanzando! —Rittman aulló al resto de su Compañía. Podía notar cómo la furia berserker iba creciendo en su interior. La victoria estaba a su alcance—. Ya los tenemos. Endereza tu posición, Espada Cinco.

Espada Cinco salió volando por los aires cuando pasó por encima de un suicida rebelde bomba. El Land Raider de cabeza, Espada Dos, perdió una oruga e inmediatamente quedó cubierto de rebeldes. Se produjo una sorda explosión y el icono blanco de Espada Dos se volvió negro en la pantalla táctica. Rittman apuntó los cañones láser de su vehículo hacia los restos de Espada Dos y disparó. Los rebeldes se retiraron, dejando a sus cauterizados muertos como una grotesca decoración en el casco del Land Raider. Rittman gritó furioso:

—¿No saben esos imbéciles que han sido derrotados? ¡Matadlos a todos! ¡Venganza para los muertos! ¡Venganza en nombre del Emperador!

Y entonces, en un instante, Rittman pensó que el avance estaba a punto de convertirse en confusión. La Compañía Espada seguía avanzando, siguiendo sus órdenes al pie de la letra, pero ahora estaban moviéndose por encima de posiciones rebeldes. Si algún oficial enemigo conseguía reagrupar a sus tropas, la Compañía de Rittman quedaría en una posición muy vulnerable.

Pero no parecía que fuera a suceder nada de esto. El enemigo seguía corriendo. Espada Líder se detuvo en el exterior de la Torre 103. Su objetivo pasó a un color azul blanco sobre la pantalla: Objetivo Alcanzado. Su cumplimiento había sido confirmado por el cuartel general. En el exterior del vehículo, los rebeldes pasaban corriendo tirando sus armas, respiradores y demás equipo para poder escapar más deprisa. Corrían en dirección al río, su única esperanza de salvación.

Pero Rittman tenía que asegurarse de que la victoria fuese suya. Nadie iba a arrebatársela. Introdujo su código personal en el sistema de control del Land Raider. La escotilla superior se abrió y Rittman salió, sentándose en el asiento de mando. Apuntando con el bólter tormenta, recorrió los alrededores con la mirada, especialmente las humeantes ruinas, y disparó hacia los rebeldes que huían. Los rebeldes fueron barridos por una nube de pequeñas explosiones. Rittman siguió disparando hasta que el indicador del bólter brilló de color ambar y, finalmente, rojo. Se había quedado sin munición. Rittman oyó cómo el último casquillo de munición caía resbalando por la parte delantera del Land Raider hasta la carretera. Detrás suyo, Espada Cuatro estaba ardiendo; y más allá de sus restos, vio las familiares figuras de su apoyo de infantería avanzando a través del humo.

Un fuerte olor a carne quemada asaltó a Rittman cuando los lanzallamas dispararon contra un pozo de tirador tras otro y contra los restos de un Dreadnought. Sus tropas estaban incendiando todo lo que veían, celebrando la victoria. Se oyó un pequeño crujido y el lanzallamas alcanzó una granada, lo que provocó una reacción en cadena al explotar toda la munición almacenada.

Rittman arrancó el auricular de su oído y sacó las piernas por la escotilla. De repente, inconscientemente, se sentó y golpeteó con sus talones en el blindaje. Lahoon había apagado los motores, que crepitaban al enfriarse. Movió la cabeza como respuesta al saludo de un Sargento de la Guardia Imperial. El uniforme del hombre estaba impoluto. Mientras se giraba para ordenar a sus hombres que siguieran avanzando, Rittman tuvo que refrenar el impulso de preguntar al Sargento dónde había estado, de ensuciar su impecable uniforme; y, tal vez, incluso de dispararle, pero el bólter estaba vacío.

La urgencia pasó. La batalla había acabado, y Rittman estaba fatigado.

FuentesEditar

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