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Bulldog El Sargento Guillermito, mascota de los Marines Espaciales, tiene el honor de patrocinar este espacio por orden del Capellán Cassius de los Ultramarines. ¡Pulsa sobre él y te acompañará a una Cruzada épica!

¡Lee más! ¡Sin piedad, sin remordimientos, sin miedo!

—Ceden terreno —dijo Olwere Espada Rota, con un tono de satisfacción maliciosa—. ¡Es demasiado fácil derrotar a estos brujos!

—Presta atención —replicó el líder de su manada, Allajorn Garra de Hierro—. Se están reagrupando, gañán.

—Entonces, ¡sigamos atacando! —Sin acabar la frase, Espada Rota ya estaba saltando sobre los restos de una moto a reacción Scimitar al tiempo que acribillaba con su bólter la fachada de la contaduría que tenía enfrente. Garra de Hierro hizo un mohín e inició el fuego de cobertura mientras gesticulaba para que el resto de la manada avanzase hasta situarse en cobertura. Las cartas estaban sobre la mesa. Si Allajorn estaba en lo cierto, los Mil Hijos aún estarían desorientados por el bombardeo orbital que había incendiado su preciada ciudad. Estarían tan desesperados que morderían el anzuelo.

Una lengua de fuego rosa rugió en el callejón y, al tiempo, el fuego de combibólter tumbaba a Espada Rota. El joven rodó para evitar las llamas de aspecto malsano, pero una segunda ola rozó su antebrazo. Las llamitas danzantes convirtieron ceramita y carne en un montón de escarabajos. Más proyectiles de bólter alcanzaron al joven guerrero, haciéndolo pedazos, y los insectos sobrenaturales se escabulleron por las cloacas. Garra de Hierro arrugó la nariz asqueado, pero controló la repulsa que sentía. Maleficarum. Con razón habían sido enviados para exterminar hasta el último de estos traidores.

—Tres garras separadas —dijo, y sus guerreros obedecieron al punto—. Legionarios Tácticos en las ruinas, una escuadra Tartaros de élite tras aquella estatua. Svell, ¿estás en posición?

Hubo un estruendo metálico cuando el Contemptor de la compañía, Svell Espalda de Granito, atravesó las paredes del edificio. Penetró por la fachada y dispersó a los Mil Hijos por las calles. Los proyectiles estallaban sobre su caparazón blindado, dejando una serie de marcas hundidas en su enorme torso gris. Ni siquiera le frenaban. El Dreadnought abrió fuego a quemarropa con el cañón de asalto Kheres, destrozando a dos traidores y aplastando a un tercero con su enorme puño mecánico.

—Lo tomaré como un ‘afirmativo’ —dijo Garra de Hierro—. ¡Vamos, cachorros! ¡Cerremos la trampa!

Fuentes Editar

  • White Dwarf Noviembre 2016.
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