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Bulldog El Sargento Guillermito, mascota de los Marines Espaciales, tiene el honor de patrocinar este espacio por orden del Capellán Cassius de los Ultramarines. ¡Pulsa sobre él y te acompañará a una Cruzada épica!

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Los cascotes atravesaban las Galerías del Celestium y arrancaba las pasarelas. Los Wulfen aullaban enloquecidos y saltaban de las galerías a las plataformas y de ahí a las estatuas, sirviéndose de la lluvia de escombros para alcanzar el suelo. La mayoría de ellos sobrevivió.

Dos Stormravens de color plateado descendieron a través de la cúpula destrozada. Los motores de las cañoneras aullaban durante su descenso sobre el campo de batalla, hasta que tomaron tierra.

El Devorador de Almas lanzó a las naves una mirada furibunda, pues reconoció a quienes le habían desterrado antaño. Herido pero decidido, Grimnar aprovechó la ocasión. Con un rugido el Gran Lobo asestó un hachazo que cercenó el brazo del látigo al Devorador de Almas. Un enemigo mortal habría sucumbido en el acto. El Devorador de Almas apenas se inmutó.

Grimnar y el Demonio intercambiaron un aluvión de golpes, y las hojas de sus hachas tintineaban como la fragua de un herrero. Tras encajar un poderoso golpe sin pestañear, el enorme Devorador de Almas alzó una pezuña y pateó a Grimnar en el pecho tan fuerte que resquebrajó la ceramita y partió el caparazón negro alojado bajo ésta. El Demonio bramó triunfante al ver a Grimnar perder la guardia, pero cuando su hacha descendió para asesta el golpe mortal, la detuvo una espada crepitante.

El Gran Lobo miró a su izquierda y entornó los ojos al ver a los Exterminadores de armadura argéntea que habían llegado hasta él.

—¿Qué...?

Los instintos de Grimnar le alertaron y se hizo a un lado ante el ataque del Devorador de Almas. El hacha destrozó los adoquines sobre los que el Gran Lobo había estado un momento antes. El arma volvió a hender el aire y acabó con tres Paladines de un solo golpe. el Líder de los Caballeros Grises contraatacó y obligó al Devorador de Almas a retroceder con potentes espadazos de su arma santificada.

—¡Lord Grimnar! —gritó el esgrimista por encima del fragor de la batalla—. ¡Soy Stern de los Caballeros Grises. Exijo vuestra rendición inmediata!

Grimnar ignoró el dolor extremo de sus heridas, se puso en pie con todos los servos de su armadura chirriando y, tras apartar de un empujón a un Caballero Gris, le clavó el hacha en el pecho al Devorador de Almas. El icor manó a chorros de la herida y el Demonio dobló al fin las rodillas.

—No sois bienvenidos aquí, matarifes santurrones —masculló Grimnar mientras arrancaba el Hacha de Morkai del pecho de su enemigo—. Esta es nuestra saga —El siguiente hachazo de Grimnar se llevó el otro brazo del Devorador de Almas—. Nuestra guerra —El Hacha de Morkai cortó la cabeza del Demonio—. Nuestros asuntos.

Al tiempo que el cadáver del Demonio caía de lado, el Gran Lobo se giró furioso para encarar a Stern. Tenía la cara salpicada de sangre y aferraba su hacha ensangrentada.

—Hablo con la voz del Emperador, Grimnar. Y acuso a vuestro Capítulo de dar cobijo a mutantes. Además, creo que vuestros guerreros han penetrado en demasiadas zonas de guerra y posteriormente han apresurado su retirada, con gran coste para el Imperio.

Grimnar miró a Stern con el ceño fruncido, sin hacer concesiones.

—¿Así que no negáis nada de esto? —prosiguió Stern—. Os confieso, Gran Lobo, que había oído muchas cosas acerca de los Lobos Espaciales, más no os creía cobardes que huyen de guerras sin acabarlas —Grimnar gruñó y dio un paso adelante, haciendo chocar su resquebrajada coraza con la de Stern.

—Cuidado, cazador de demonios. Vas demasiado lejos.

Hubo un largo momento de tensión entre ambos guerreros. Grimnar fue el primero en alejarse, pues su deber para con los Lobos Espaciales superaba su desdén por los recién llegados. Asintió satisfecho al observar que, si bien la lucha de sus Campeones de Fenris había sido igual de desesperada que la suya, habían estado a la altura.

La horda demoníaca había sido aniquilada, mas el coste en vidas fue elevado. La mayor parte de los Wulfen habían sido rescatados con vida y ahora estaban reunidos tras una recia muralla de Guardias del Rey. La enorme figura de Arjac Puñoroca se acercó al hombro de Logan Grimnar, pero este rehusó la ayuda de su campeón. No mostraría debilidad frente a los Caballeros Grises sin importar la gravedad de sus heridas, así que permaneció en pie, tambaleante, pero sin ayuda, mientras se dirigía a Stern.

—¿Nos acusabas de algo, Hermano-Capitán?

El Caballero Gris frunció el ceño mirando a los bestiales Wulfen, que resollaban y gruñían, agotados por la lucha. Se arremolinaban en torno a la forma blindada de Murderfang. El gran Dreadnought permanecía en silencio por primera vez, en una suerte de conexión sin palabras con los guerreros salvajes.

—Estas criaturas —dijo Stern mientras los Caballeros Grises tomaban posiciones detrás de él—. Son mutantes, ¿no es así?

—Son hermanos —contestó Grimnar con la voz tan fría como el invierno fenrisiano—. No hay mancha alguna en ellos. Es... complicado.

—No, Lord Grimnar, es sumamente sencillo—replicó el Caballero Gris—. Esas cosas han salido de la Disformidad y solo nos compete a mis hermanos y a mi juzgar si estos hermanos vuestros están corruptos. Debéis entregárnoslos de inmediato, junto con cualesquiera otros que hayáis rescatado. Nos aseguraremos de que lleguen a Titán sanos y salvos.

Grimnar escrutó el rostro de Stern durante un momento. Su expresión no revelaba nada. Entonces el Gran Lobo soltó una carcajada que le hizo toser a causa del dolor.

—Stern, estoy seguro que crees que eso es muy reconfortante, pero que te lleves a los Wulfen es tan probable como que yo le dé mi corona a una foca sebosa. Prefiero que nuestros hermanos mueran antes de entregarlos para que los rajen y los estudien.

Stern asintió lentamente, analizando el ejército de Lobos Espaciales que ahora rodeaba a su pequeña fuerza.

—En vista de la tesitura, obligaros a cooperar supondría un elevado coste.

El Gran Lobo sacudió la cabeza coreado por risas dispersas entre la Guardia del Rey.

—Oh, no, no perderíamos tantos hombres, Hermano-Capitán.

—Aun así —dijo Stern ignorando el insulto—, creía que, dada la situación actual en torno a Fenris, querríais todos los aliados con que pudierais contar, Gran Lobo.

Un murmullo airado recorrió las filas de los Lobos Espaciales y la expresión de Grimnar se volvió torva.

—¿Que situación?

Fuente Editar

  • Warzone Fenris: Curse of the Wulfen (7ª Edición).
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