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Khorne medio sin fondo

Cerberus el Rebañacráneos, mascota de los Poderes Ruinosos, patrocina este espacio para honrar a sus demoníacos señores. Pulsa sobre él y te introducirá en los misterios del Caos.

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Typhus nurgle

Sistema de Cadia, 2675999.M41

La cámara de teleportación de la Terminus Est parecía latir poseída de vida impía. Las paredes que antaño contuvieron paneles con los circuitos más avanzados rezumaban ahora babosidades y se revolvían con las contorsiones de los condenados. En el centro de la sala se encontraba Typhus.

Agachado en el suelo, el único cuerno que sobresalía de su casco fue asintiendo ante cada una de las cinco velas verdes y deformes que ardían en las puntas de un pentagrama, haciendo que cada una se consumiera y emitiera un humo grueso y grasiento. A medida que el humo se elevaba por la sala, la nube de millones de moscas que lo rodeaba se introdujo en su cuerpo colándose por las rendijas y conductos de ventilación de su armadura. Una masa de Nurgletes berreantes se fue reuniendo a sus pies en torno a él. El humo de las velas había formado un círculo a su alrededor y cada una de sus volutas iba girando cada vez a mayor velocidad.

Typhus dio un golpe seco contra el suelo con el mango de su gran guadaña y las volutas de humo se fundieron entre sí. Tras dar un segundo golpe, la cámara se quedó vacía, con el Heraldo de Nurgle en algún otro lugar.

Era una noche sin luna. La lluvia reducía aún más la visibilidad y el rugido de la artillería era ensordecedor. Typhus se alzó en una trinchera de comunicaciones muy bien construida. A ambos lados, los soldados cadianos lo observaron con los ojos muy abiertos, sorprendidos y aterrorizados.

La plaga se revolvió en su interior y salió disparada hacia afuera en forma de una nube negra de moscas con la marca de Nurgle que se fueron arremolinando en torno a los desgraciados cadianos. Algunos de ellos murieron bajo los efectos de las plaga antes incluso de que el bramido de ira de Typhus los envolviera y provocara que su carne hirviera hasta convertirse en grumos de materia gangrenosa. Typhus avanzó corriendo a través de la miasma blandiendo su terrible guadaña ante él y formando ochos con los que iba segando hombres con una facilidad aterradora. Sus Nurgletes, que iban haciendo cabriolas delante de él, atacaban los rostros expuestos de los muertos y se aferraban a las piernas de los que trataban de escapar.

Los cadianos resistieron lo mejor que pudieron, pero los disparos de sus Rifles Láser rebotaban contra la descomunal Armadura de Exterminador de Typhus sin causar daño y no había bayoneta capaz de perforar la red de muerte que tejía la Sacatripas. A medida que atravesaba la trinchera, fue cosechando las almas de todos los cadianos que encontró. Los oficiales se lanzaron contra él con sus Espadas de Energía finamente forjadas en alto, pero fueron descuartizados uno tras otro. Al cabo de un rato solo quedaban la lluvia, las moscas, los chillidos de los Demonios y aquella personificación de la muerte enorme y de un solo cuerno acechando entre las trincheras. Como si del leviatán de la leyenda se tratara, el Heraldo acabó con la vida de docenas de hombres y más tarde con la de cientos. A su paso, los muertos y los heridos se iban hinchando repletos de pústulas hasta que acababan por explotar y soltar todavía más moscas de la plaga. Aquel campo de batalla se había transformado en un lugar de muerte en multitud de formas. Las enfermedades que había desatado se propagarían y aquel lugar, que había sido una gran fortificación defensiva, no sería más que una herida infectada.

Asintió satisfecho. Los soldados de Cadia eran veteranos valientes y tenaces. No podrían decir que su derrota se había debido a las "incontables hordas del Caos". Quizá así lo hicieran, pero en su interior sabrían que uno solo de los capitanes de Nurgle había arrasado a una Compañía entera y el terror se apoderaría de ellos. Ese hecho los carcomería por dentro, la historia se exageraría y muchos se rebelarían o se debilitarían. La caída de Cadia se encontraba un paso más cerca y, con ella, el estado divino que Typhus ansiaba.

FuentesEditar

  • Codex: Marines Espaciales del Caos (4ª Edición).
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