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El Hermano de Batalla Kynus de la Guardia del Cuervo cayó en cuclillas, dolorosamente consciente de que estaba repentinamente solo en la oscuridad antinatural que lo había consumido.

Hubo un siseo, un destello de dientes en la oscuridad, y supo que ya no estaba solo.

—¡Muere, abominación! —gritó Kynus, lanzándose hacia adelante para atacar con su espada sierra seis centímetros por debajo de la brillante sonrisa. Hubo una risa extraña, pero la sonrisa no cambió. Kynus conectó un codo en el lugar donde debía estar el pecho de la cosa, tambaleándose ligeramente cuando no encontró nada.

—Oh, querido —rió una voz meliflua, cuya traducción del gótico clásico quedó superpuesta sobre las rítmicas sílabas de la lengua Eldar—. No hay necesidad de tales vulgaridades, Hermano Kynus. Tú y yo seremos muy buenos amigos pronto. Deberíamos conocernos por dentro y por fuera.

Kynus realizó otro barrido con la espada sierra una vez más, disparando un proyectil de su pistola bólter por instinto. Este detonó casi de inmediato, silueteando a un desalmado marchito, con un agujero irregular y chorreante directamente en su caja torácica.

—Ay —dijo el Hemónculo, pasando un dedo alrededor del borde de la herida y llevándolo a sus labios de color grisáceo.

Después cayó la oscuridad, y comenzó el castigo de Kynus.

FuentesEditar

  • Suplemento Eldars Oscuros: Hemónculos (7ª Edición).
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