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Introducción general.Editar

Nos encontramos en un período temporal actual e inconcreto en la lejana Franja Este, donde la frontera del Imperio de la Humanidad se confunde con el Imperio Tau. Los alienígenas están en plena expansión en un momento en el que el Imperio del Hombre ha de resguardarse y recuperarse de amenazas más apremiantes que los Tau. Así que, instigada por el sabio Aun'va, la famosa O'Shaserra, máxima representante de las fuerzas armadas del Imperio Tau, dirige una ofensiva general contra el hombre dispuesto a arrebatarle tantos planetas como sea posible, a fin de iluminarles y darles a conocer las ganancias de compartir el Bien Supremo.

Sea por las palabras, sea por la fuerza.


Una parcela de éste movimiento, más local y menos poderoso, se extiende hacia el norte de las fronteras del Imperio Tau. Allí, Dal'yth se conforma como el principal enclave, desde donde han partido la mayoría de las expediciones. Junto a los aliados Kroot y fuerzas del Clan Menor Fi'rios, los Tau en el norte han consolidado su posición con autoridad.

Aclaración.Editar

La división en cuatro artículos está hecha para mayor organización. Aún en ambientes separados, los acontecimientos serán literalmente simultáneos.


El conflicto se divide en : Narsla Prime, Thal (Éste artículo), Loraleon y Shi'or .


Thal.Editar

Thal es un planeta vital y natural, de aspecto parecido a la Tierra; Pequeño y que no tenía pobladores inteligentes. El Clan Fi'rios lo tomó bajo su responsabilidad aún procediendo la mayoria de la expedición de Dal'yth.

Como mundo virgen, se está intentando no moldear, respetando gran parte de su territorio, salpicándolo de pequeños asentamientos intercomunicados; Unos rurales, otros mineros, y unos pocos residenciales. Thal se convertirá en un mundo agrícola, pues es fértil y tiene mucho potencial.

Actualmente se está estudiando la posibilidad de explotar minas en él. Aquí la Casta de la Tierra está muy por encima de las demás, pues casi toda actividad planetaria que se está llevando a cabo pasa por su filtro.

Empieza la historia.Editar

Día uno. Hora planetaria: 9:15.Editar

- Estamos de acuerdo.

- Pasemos al siguiente asunto.

El fuerte olor a incienso aromático acompañaba el denso ambiente de la estancia círcular.

Las ventanas eran pequeñas, colándose poca luz por ellas. Aquello daba una sensación de penumbra que había convenido el consejo, resultaba más impactante para los visitantes.


- El siguiente punto del día es... La epidemia.

- Tenemos suerte que a ninguno de nosotros nos ha afectado.

- Así es. La situación requiere de toda nuestra atención, no seria bueno que una de estos asientos estuviera vacante.

Una ágil mano manipuló un teclado, cuyos clics resonaron excesivamente ante el silencio. Un holograma central se materializó para que todos pudieran ver el alcance calculado de la enfermedad.

Afectaba a dos tercios del planeta. Un progresivo avance que ya estaba en un punto que podría considerarse crítico. Las cuarentenas regionales no habían funcionado.

- ¿En qué punto está la investigación?

- Avanzado. Pronto deberíamos poder presentar un tratamiento eficaz que retarde los síntomas.

- ¿Sólo eso?

- Es el primer paso.

Otro hábil tecleo y la imagen de los asentamientos retrocedió hasta mostrar un esquema general del planeta completo. A un lado de la escena se inscribieron los números y características a tener en cuenta.

- Aun'vre Dal'yht Shovah'Ro tiene una propuesta.


Uno se alzó.

- Amado consejo, es hora de actuar conforme a la gravedad de la situación. Hasta que podamos responder con eficiencia, este contratiempo se quedará en Thal. No podemos arriesgar a otros mundos, propongo ampliar la cuarentena a todo el planeta.


- Hablas con sabiduria, pero necesitamos los materiales que nos llegan de Fi'rios.

- Aun'vre Dal'yht Shovah'Ro tiene razón. Si la Casta de la Tierra está en lo cierto, pronto se podrá tratar este mal. Podemos continuar con nuestros propios suministros durante un tiempo.

- ¿Durante cuánto tiempo?


Otro tecleo.

- La estimación nos dicta dos kai'rotaa. Redondeados a la baja.

- En ése caso, mantengamos una cuarentena planetaría durante ése tiempo. Si no se cumple el plazo, estaremos obligados a derogarla.

Estamos de acuerdo. - Señorías, votad.


Siete tecleos simultáneos, acostumbrados a guiar y controlar el progreso de todo Thal, respondieron.

- Bien, propuesta aprobada. Pasemos al siguiente asunto.

Día dos. Hora planetaria: 11:45.Editar

Las calles del principal asentamiento de Thal eran limpias, uniformes, brillantes y decoradas. Colores vivos y dibujos distendidos envolvían las mármoleas fachadas. La Casta de la Tierra estaba muy complacida con el resultado.


Era un buen lugar. Ya había artesanos trabajando, dignatarios descansando de sus tareas mundanas. Pronto habrá niños, y la prosperidad bañará la colonia.


Dos obreros de la Casta de la Tierra se sorprendieron de quien se acercaba a ellos y se inclinaron apresuradamente, dejando los sacos de material que cargaban en el suelo.

Incluso los cinco drones que les acompañaban parecían humillarse.

- Alzaos, hijos. - El Etéreo les bendijo con una caricia en la mejilla a cada uno. - Seguid con vuestros quehaceres, pues nos son necesarios a todos.

- Gracias, gran Aun, su presencia nos alivia el trabajo.

Aun'ui Fi'rios siguió su camino con un asentimiento. A ella, más que a los otros seis del consejo de etéreos del planeta, le gustaba pasearse por las calles, ser testigo de los cambios y del avance de las construcciones. Era joven y quería experimentar, aprender. En una biblioteca no se haría sabio.

Tras él, una nutrida escolta de seis guerreros de la casta del fuego y un kroot estaban empeñados a seguirlo a todas partes.

- Bhogark, acércate, por favor.

El kroot respondió con un silbido y trotó a su lado. Llevaba al hombro su rifle, en cuyos extremos sobresalían peligrosamente las afiladas hojas con las que combatía. Uno de los guerreros del fuego se agachó temeroso de llevarse un corte, se quejó y mantuvó la formación.

- ¿Si, maestra Aun?

- Háblame de los tuyos.

- ¿Los míos? Mi Estirpe no tiene intención de moverse, está descansando en éste plácido planeta.

- ¿Y no os reclaman con O'Shaserra?

- Puede ser, pero ya hay muchas otras Estirpes con sus ejércitos. Con permiso, creo que nuestro Gran Kroot decidirá volver a Pech.

- Me gustaria ver Pech...

- Estáis invitado, maestra Aun.

- En el futuro. Mi presencia se requiere aquí. Mira a tu alrededor, esta población necesita guía. Son capaces de hacer grandes cosas, pero yo veo su auténtica grandeza. Sé que si lo comparto poco a poco con ellos, llegarán mucho más lejos que sin mí. Éste planeta será grande, será un orgulloso ejemplo del Tau'va.

- Que tus palabras sean escuchadas, maestra Aun. - Respondió prudentemente el kroot.

Giraron a una de las avenidas. Esa parte de la nueva ciudad estaba aún en construcción: Gruas levantaban grandes bloques, drones pulían las fachadas o las cubrían de partículas aislantes. Un grupo de ingenieros discutía los planos, más adelante un nútrido grupo de comerciantes estudiaba lo que seria un nuevo mercado.

Bullía la actividad.

Uno de los Shas'ui se acercó cuando el Aun le requirió.

No llegó a formular ninguna pregunta porque un disparó impactó en el kroot, que cayo; Un segundo hirió a un Shas'ui y un tercero golpeó el pectoral de otro guerrero de la casta del fuego, que si no se hubiera adelantado habría herido a Aun'ui Fi'rios.

No hubo palabras, los Shas'ui no tenían lider y reaccionaron con la veteranía que se les exige. Dos de ellos arrinconaron a su protegido contra un portal, mientras el resto se desplegó temerariamente por la calle; su seguridad no importaba, si eran blanco sería más fácil localizar al tirador.

Fueron impactos de inducción, un francotirador poco hábil o un tirador desafortunado.


- ¡Honorables Shas'ui, hemos visto a alguien allí arriba! - El mayor de los mercaderes les señaló una torre a medio construir, destinada a una especie de campanario o observatorio.


Con un rugido agudo Bhogark se alzó con la furia de algún dios olvidado de Pech y se lanzó contra el edificio, penetrándole por una ventana. Dejando un rastro de sangre tras de si y su rifle, el kroot precedió a tres Shas'ui, que significativamente más lentos también se lanzaron a la persecución del tirador.

Otro de los Shas'ui seguía en el suelo, con una mano en el pecho; Donde su blindaje no había podido protegerlo. Moriría en las instalaciones médicas, horas después, pero sí había salvado a Aun'ui.


No se ocasionaron más incidentes el resto del día, ni se encontró rastro del asesino por muy exhausto que fue el rastreo de la Casta del Fuego.

Día dos. Hora Planetaria: 11:50.Editar

El Shas'el levantó la vista con curiosidad, no esperaba ningún tipo de interrupción a una hora tan temprana. Hará apenas treinta minutos que está realmente en activo en su despacho:

No había empezado a trabajar, a leer los informes sobre la actividad nocturna. No seria gran cosa, pero era una exigencia de oficial estar atento a cualquier dato: Shas'el Dal'yth Bra'dos está a cargo de toda la seguridad de Thal. O lo que es lo mismo: Dedicado a prácticamente no hacer nada más que leer informes y reverenciar a siete etéreos diferentes cada día.


Pero era parte de su vida, de su aportación. Debía hacerse.


Dos Shas'la uniformados fueron los que interrumpieron su mañana. Habían entrado tras llamar, se colocaron ante la mesa del Shas'el en silencio y le miraron con gesto adusto. Era extraño que dentro de las instalaciones militares, apenas un pequeño cuartel con hángar y puntos de prácticas, portaran la armadura; Aún con las prácticas programadas para áquel día, no era corriente. El destacamento está realmente relajado, aún no tienen noticia del ataque al Etéreo, pues está sucediendo en este mismo instante



Eso despertó el interés del responsable, debía de tratarse de algo importante. Amén de que uno de los dos llevaba una caja sujeta con las dos manos.

Entre ambos colocaron el recipiente de plástico endurecido sobre la mesa, y lo abrieron con presteza y coordinación: El Shas'el vio demasiado tarde el cúmulo de granadas, conectadas entre si, del interior. Sin dudarlo, uno de las Shas'la las activó.

La tremenda explosión apenas dejo rastro de los tres protagonistas, y derrumbó toda esa sección del cuartel.



[...]


En el patio de tiro, a unos seis cientos metros del complejo militar, prácticaba un grupo de Guerreros del Fuego bajo la supervisión de uno de los grandes veteranos del planeta, un Shas'vre de Dal'yth. Había dos más, uno encargado de la protección de los Etéreos y otro supervisando la otra mitad del planeta. Allí no había ningún alto oficial de la Casta del Fuego, no eran necesarios. Era un planeta pacifico, que estaba quedando atrás en las guerras de conquista.


Aún así, estaba programada inminente llegada de un Shas'o del Clan T'au, un anciano recientemente jubilado y que pasará a la vida pública. Eligió pasar sus últimos años de vida en la tranquilidad de Thal, en vez de volver a T'au.


Uno de los Equipos disparaba con carabinas de inducción contra un número igual de objetivos estáticos. Otros dos grupos combatían entre sí con marcadores láseres en vez de rifles de verdad; Prácticaban asalto y defensa alternativamente, muy cerca del cuerpo a cuerpo.


La explosión sorprendió a los tres Equipos de cazadores.

Todos se giraron hacia el edificio principal, sorprendiéndose de la columna de humo ¿Qué había podido pasar? Fuera lo que fuera, allí ocurrió otra desgracia, similar en gravedad.


El Shas'vre murió. Carente de protección al no participar activamente en el entramiento, nada impidió que los proyectiles de la carabina de uno de los soldados destrozaran sus entrañas. Murió antes de desplomarse.

El resto tardó en comprender qué había pasado.

Se tomó como un accidente desafortunado, muy desafortunado, pues de un momento a otro la Casta del Fuego del planeta se había quedado sin liderazgo efectivo en una juristicción que abarcaba más allá de la mitad del planeta.


[...]


Aún para cerrar el día debía de ocurrir un incidente más, del cual no se tendrá conocimiento hasta el día siguiente.


Día tres. Hora Planetaria: 20:30.Editar

Localización: Habitación habilitada como celda en la casa del Por'vre.


- ¿Y dices que no recuerda nada?

- No, buena señora ¿Quiere verlo?

- Sí, claro... No creo que le refresque nada. Pero al menos podré ver si miente.

Kla'Vash constituia lo que nosotros conoceriamos como una gobernante, la máximo responsable de todo el planeta. Una venerada miembro de la Casta del Agua, con el rango de Por'vre. La colonia, formada mayormente por investigadores de la Casta de la Tierra y por terraformistas; Con un clima agradable y una colonización fácil, se han instalado varias comunidades salpicando los pocos continentes. Sin grandes ciudades, era todo maravillosamente funcional y práctico: Un lugar tranquilo donde se podía recopilar la información planetaria sin estragos.

Los mayores proyectos a cargo de Kla'Vash eran la construcción de una ciudad orbital para estacionar una flota perenne de la Casta del Aire y el catálogo de todas las especies autoctonas y terminar de subdividir el territorio fértil para cultivar. En ambos casos era el responsable de nombre, el tipo al que iría a quejarse un superior si alguno de los dos proyectos sufriera un retraso o un accidente.

Era una administradora, no una dirigente; Para liderar las Castas, motivarlos y recordarles por qué están allí ya hay un consejo de etéreos jóvenes, con ganas de ver mundo más allá de T'au.

¿Por qué tenía que ir tantas cosas mal ahora? Un planeta pacífico, casi sin presencia de la Casta del Fuego, medio virgen, cuyos anteriores pobladores habían desaparecido sin saberse por qué, hará milenios como poco.

Kla'Vash tenía sobre su mesa una pila, a cada hora creciente, de informes sobre trabajadores y mineros incapacitados. Enfermos. Les salían extrañas costras y les subía una fiebre delirante de díficil trato y fácil contagio: Pronto los médicos se vieron saturados, las pocas factorias con pocos trabajadores y la mitad de las minas cerradas. Un tema del que se debía uno preocupar, y ése uno era ella. Un fastidio, una interrupción a una vida cómoda. Pero había que hacerse.

Pero si eso fuera todo, no habría estado tan mal. Había otra pila de informes: Un Shas'vre había muerto en unas prácticas de tiro. Dos Shas'la se encontraron muertos después de una ronda ¡Se habían disparado mutuamente! Una mina había sido derrumbada por negligencia, pereciendo seis trabajadores. La muerte del Shas'el... Y, pobre diablo, un anónimo ha atentado recientemente contra la vida de uno de los Etéreos ¡...Intentar matar un Aun! ¡Era inconcebible! ¿Quién podía haberlo intentado?

Y ahora estaba el hombre recluido en la celda contigua. Habían encontrado al ayudante de Kla'Vash intentando sabotear el generador de energía conectado a los diferentes sistemas de comunicación ¡Con un martillo, a golpes! Y al resultar ineficaz, con sus propias manos y dientes; Como un roedor lo encontraron. Desde entonces, las llamadas eran intermitentes, inestables, pero aún funcionales: Si ése generador (que ahora hay que cambiar, otro fastidio más) hubiera cedido, la colonia habría quedado aislada a nivel externo e interno, teniendo que usar drones para llevar los mensajes de un lado a otro.

¿Por qué? ¿Por qué iba a hacer eso? ¡Y no se acuerda! Ella lo dudaba ¡Nárices, cómo no iba a acordarse! Era un acto premeditado, era imposible que no supiera qué hacía. Tenía que estar mintiendo, no hay otra salida. Pero eso era irrelevante, seguía lo mismo: ¿Por qué? ¿Qué interés iba a tener su ayudante en dejarles mudos? ¿Un robo? ¿Relación con el intento de asesinato? ¡¿Él había intentado asesinar a Aun'ui Fi'rios?!

Un Shas'la llegó corriendo, interrumpiendo la entrada de Kla'Vash.

- ¡Por'vre, está ocurriendo un altercado en las Instalaciones Médicas!

- No serán...

- Las Instalaciones P-53. Están acudiendo dos Equipos ahora mismo.

- Esto no puede estar pasando. - Kla'Vash sabía de sobra que dónde se estaba tratando de erradicar la epidemia era justamente en ese laboratorio. - Está bien. Vuelvo a mi oficina, quedaos conmigo, tengo miedo y me sentiré mejor si hay dos guerreros conmigo. Por el camino podrás contarme quién dirige la intervención y qué sabéis.



Localización: Dichas instalaciones médicas.


- ¡Moveos, moveos, daos prisa! Dos equipos completos de guerreros del fuego entraron dispuestos a barrer el edificio. Les quedaban sólo dos pisos. Éste era un módulo anexado a otro: Ambos instalaciones médicas, la mayor parte un hospital dramáticamente abarrotado.


- ¡Despejado!

- ¡Aquí limpio!

Carabinas por delante, los Shas'la se desplegaron en orden y presteza, controlando las diferentes habitaciones una por una; La alerta era clara.

- ¡Despejado!

- ¡A la izquierda!

- ¡Aquí hay una puerta sellada!


El Shas'la que ha alertado de la puerta bloqueada es miembro del equipo de Vior'la. Parte de uno de los Cuerpos que acompañó a los terraformistas, se habían quedado para formar una guarnición mientras esperaban otro destino.

A estas alturas, él y el resto de su equipo parecía tener bastante claro que allí estaba pasando algo grave. Esta operación no era normal. Ni todo lo que estaba sucediendo.

Un Shas'ui, del otro equipo, no tardó en llegar, escanner portatil en mano y la carabina colgando desde el hombro.

- Dos lecturas al otro lado. De acuerdo, vamos a entrar. Shas'la atentos, hay que asaltar.

El de Vior'la se se tomó un instante para revisar su arma mientras esperaba al resto; Le rodearon dos hombres de Fi'rios y el Shas'ui de éstos.

- ¿Qué hay dentro, Shas'ui?

- Lo veremos ahora. Se mueven, debe de haber una puerta al otro lado: ¡Somos suficientes, revienta la cerradura!

Unos certeros disparos y la puerta dejo de estar bloqueada; Tras deslizarla a un lado y arrojar al interior dos granadas fotónicas, entraron; Dos soldados más de Fi'rios y uno de Vior'la se unieron a ellos una vez dentro.

Era un laboratorio, solitario; Al otro lado una puerta también cerrada.

- ¡Despejado!

- ¡Preparaos para tomar la siguiente! No tiene que haber salida.


Varias mesas desordenadas presentaban todo tipo de instrumental y productos. No había casi nada intacto, era como si un huracán hubiera pasado por allí; La mitad de los objetos estaban en el suelo, tablillas de datos rotas esparcidas por todos lados. La maquinaría de investigación aún humeaba, destruida.

La otra puerta reventó igual, y los Shas'la entraron después de la explosión lumínica de la granada.

- ¡Hay dos!

- ¡Deteneos!

Dos individuos de la Casta de la Tierra, aún aturdidos por las granadas cegadoras, estaban en el otro extremo. Era una especie de sala anexa, pequeña, seguramente destinada a la refrigeración y conservación de más productos. Si allí debía hacer frío, la refrigeración estaba rota o parada; Estantes con diferentes y variados envases terminaban de dar una sensación caustrofóbica. Más tarde sabrían que prácticamente todo lo allí almacenado se había echado a perder al desaperecer el intenso frío que lo protegía.

- ¿Qué hacéis aquí?

Cabían tres Shas'la apelotonados, apuntando sin mucho ánimo a los otros dos Tau. Aunque estaban preparados ante una sublevación de otra Casta, a la mayoría les resultaba impensable. Esos dos serían victimas, sabrían qué había pasado allí. O para qué les habían llamado.

"Asegurad las instalaciones e informad." Esa era la escueta directriz que seguían ambos Shas'ui.

- ¡Arma!

Uno de los dos operarios del laboratorio, pues debían serlo, efectivamente tenía una pistola de inducción hasta ahora desapercibida. Abrió fuego contra los guerreros del fuego antes de morir con varios proyectiles homólogos en el cuerpo.

Uno de los soldados recibió el impacto en pleno pecho, echándole hacía atrás. Aturdido, tardó unos segundos en comprender que el blindaje había absorvido el impacto, salvándole la vida.

- Esto es muy malo. - El Shas'ui estaba agazapado junto al presunto herido de Fi'rios, observando como dos Shas'la acababan de confirmar que habían matado los dos únicos testigos con las descontroladas ráfagas en respuesta.

- Estoy bien, impacto superficial.

- Hay que informar a Shas'ui Vior'la de esto. Que alguien le comunique se reuna con nosotros en el cuadrante verde cuando termine la inspección del piso superior. Sea lo que sea que haya ocurrido hoy aquí, hemos fracasado.


Día seis. Hora Planetaria: 9:50.Editar

La Estirpe de Kroots se había instalado junto a un cristalino lago, relativamente alejado de las urbes y con pesca abundante. Allí habían construido toscas chozas y corrales, donde los mastines correteaban y peleaban entre ellos, una especie autóctona parecida a los ovinos les proporciona leche y carne y poco más.

Aunque no tenían grandes problemas en compartir su estancia con los Tau en sus sofisticados asentamientos, les era inevitable preferir su actual destino, más parecido a su lugar de origen. Aunque la naturaleza que hoy les rodea no tiene ni punto de comparación con el hostil ambiente de Pech, los kroots se sienten a gusto; Y los más jóvenes disfrutan de lo lindo de los bosques o del agua.


Ahora que nadie les requería, el Gran Kroot Balrag decidió unilateralmente instalarse en el planeta y pasar una temporada de descanso, de paz. A nadie le importó demasiado, Pech siempre tenía jóvenes kroot que aportar y se sobreentendia que era temporal. Un tiempo dedicados a sí mismos, a la asimilación de nuevo material, procreación con dicho material y volver con buenos resultados a su mundo natal para compartir los avances.


A ellos no les afectó la epidemia. Su complejo material genético parecía hacerles poco sensibles a caer en las enfermedades. Así pues, nada perturbó la tranquilidad de la Estirpe, aislada en su apacible retiro.


Pero no por ello el Gran Kroot se volvió complaciente, distraido. Era tenido por alguien sabio, un anciano nacido de la guerra. Escuchó, y atento, empezó a estar intranquilo cuando Thal empezó a hundirse en su crisis actual.

Al principio no entendió exactamente por qué, pero pronto empezó a centrar su desasosiego en noticias concretas. Un Shas'vre muerto en un accidente. Intento de asesinato de un Aun. Un Barracuda estrellado.

No era habitual dentro de la precisión de los Tau. Los Kroot comenzaron a contagiarse de la preocupación creciente de su líder, hasta el extremo en que ni los más incautos se desplazaban lejos de su asentamiento a solas. No había motivos para ser tan precavidos ni para temer nada, pero el instinto de una raza combatiente es algo que no puede pasarse por alto.

El campamento kroot dejo de parecer un inofensivo patio de recreo para volver a presentarse como un enclave militar. Los carnívoros empezaron a afilar las hojas de sus rifles de motu proprio, a restaurar las municiones perdidas, terminar de amaestrar con la dureza necesaria los mastines y los krootox. Si la preocupación de Balrag se convertía en una amenaza real, estarían preparados.

[...]

En el mismo día, sobre las siete.


Kla'Vash olfateó con disgusto. Gustaba de presentar un aspecto impecable, de perfumarse y decorarse con joyas delicadas. En consecuencia, su despacho personal representaba su estilo y en cierta medida una opulencia arrogante.

Y ni ella ni la ambientación podían tolerar la poca estética de Balrag, oliendo a barro y suciedad, vestido con simples tiras de cuero endurecido y vainas vacías para armas. Los negros y pequeños ojos de ave no dejaban de escrutarla. Era astuto, y Kla'Vash casi se atrevía a afirmar que taimado.


La dignataria de la Casta del Agua se imaginó qué pensaba de ella, qué estaba viendo en ése profundo escrutinio. Siempre supuso que para liderar a los kroots hacía falta un líder fuerte y carismático que supiera mantener la cohesión y la disciplina: El Gran Kroot que tenía ante sí estaba cubierto de cicatrices y varios implantes biónicos reforzaban lo que de otro modo sería una pierna laxa y coja.


- Me temo que no ha venido sólo para contemplarme. Se me ocurren pocas razones para tenerle aquí.

El Gran Kroot Balrag creyo adecuado que un rudo gruñido era suficiente respuesta. La representante de la Casta del Agua no lo creyo así e insistió en hacerle hablar.

- Así que... Tiene toda mi atención, Gran Kroot.

- He venido a expresar mis sospechas. El aire huele mal.

- ¿El aire huele mal...? - La mujer supusó que sería algún tipo de expresión propia. No conocía muy bien a los Kroot. - ¿Sospechas? Yo soy una burócatra ¿Por qué a mí?

- Porque he decidido confiar en ti.

- ¿Y los Shas'vre? ¿La Casta del Fuego?

- Huelen mal.

- ¿Desconfias de ellos?

- Sí.


Para la funcionaria fue un choque demasiado fuerte ¿Cómo que el Gran Kroot tenía sospechas sobre la Casta del Fuego? No atinó a preguntar por qué, pero era una idea espeluznante. Sin embargo, teniendo en cuenta lo inestable de los mandos de la Casta del Fuego, los incidentes, el atentado contra uno de los Etéreos...


El Kroot añadió, interrumpiendo los pensamientos de la mujer.

- He sabido del incidente de las instalaciones médicas. Inusual.

- Eh... Sí... Se está investigando aún.

- Y tú tienes acceso a esa investigación.

- Es cosa de Shas'vre Vior'la.

- No había ningún Shas'vre de Vior'la hace una semana.

- Ha sido ascendido.

- Él no puede ayudarme, pero tú sí. Puedes llevarme ante los traidores.

- ¡Habla con Shas'vre Vior'la!

- No, hablo contigo. Llévame allí.

- No puedo hacer eso.

- Puedes.

- Pero... ¿Por qué?

- Ahorraremos tiempo.


Kla'Vash se lo pensó durante un momento. Era cierto que podía pedir favores o utilizar cierta autoridad, pero Shas'vre Vior'la lo vería como una inmistuación en sus asuntos y se quejaría, y eso la pondría en una situación comprometida. Tendría que consultar al consejo de Etéreos - Ellos sabrían qué debía hacerse -, pero estaba convencida de que el Kroot no contemplaba esa opción.


- Me arriesgo mucho confiando en ti.

El gruñido en esta ocasión fue de impaciencia. Si bien está vez le añadió palabras. - En ocasiones hay que apostar.

- Está bien. Tú ganas, te llevaré cuando el sol de éste planeta se haya puesto.


Había algo en el kroot que la intimidaba, pero eso era normal. Él era un guerrero de una raza audaz, un hombre que ha llegado a anciano a pesar de no evitar lo más crudo de las refriegas. Y a ella se le encogía el estómago sólo de pensar en sangre.

Si el Gran Kroot estaba tan decidido... Quizás valiera la pena, quizás había descubierto algo. Después de todo, nadie había conseguido sonsacar nada a su ayudante tras el intento de sabojate, ni tampoco a los dos recientes soldados encerrados; Al parecer tenían intencior de substraer un Cabezamartillo ¡Robar un tanque, irse con él nadie sabe dónde! ¿Qué sentido tenía eso?


¿La epidemia también les estaba volviendo locos?


Día seis. Hora Planetaria: 23:20.Editar

La celda era amplía y bien iluminada. En Thal nadie había pensado en construir una prisión, por lo que en realidad donde estaban era una despensa en los pisos inferiores del gran edificio gubernamental.

Allí habían colocado una camilla de quirófano, y en ella estaba estirado el prisionero. No estaba atado, no se esperara que escapara. Simplemente estaba ahí, dejándose observar. No iba a huir, nadie esperaba que lo hiciera.

El tintineo de las joyas de Kla'Vash contrastaba con el silencioso caminar del Gran Kroot.


- Éste era mi ayudante. - La mujer aún estaba nerviosa respecto a la actuación. Eran el tercer prisionero que visitaban, y en esta ocasión el Shas'la que guardaba la estancia le había puesto demasiadas pegas. Quizás avisaría a alguien. Se metería en problemas; A Balrag, el kroot, parecía darle igual pero ella se sentía como si estuviera inflingiendo las leyes más básicas.

El Gran Kroot se inclinó hacia el hombre. Gruño una petición de identificarse.


- Por'la T'au... - Era joven y titubeó al responder. - ¿Por qué me visita un kroot? - Hasta ahora, los interrogadores habían sido algunos miembros de la Casta del Agua y de la Casta del Fuego. No habían sacado nada en claro, él afirmaba no recordar nada... Pero que había intentado sabotear las fuentes enérgicas no podía ser pasado por alto. Era culpable, era evidente ¿Por qué lo había hecho?


Naturalmente Kla'Vash había impuesto al kroot desarmarse completamente, y por ello se alarmó cuando apareció un tosco cuchillo en su mano ¿Cómo se lo había hecho para que los Shas'la lo pasaran por alto?

- ¡Señor, qué está haciendo, guarde eso! ¡Alto!

El Gran Kroot miró a la mujer y meneó la cabeza, vibrándole intensamente lo que podría considerarse pelo, emitiendo un zumbido curioso. Debía de ser algún tipo de señal para su gente que la magistrada no pudó interpretar.

El Shas'la estaba fuera; Nadie pudó impedir que el kroot apuñalara al Por'la en el pecho, un tajo rápido, calculado y mortal; Murió rápido. Ocurrió rápido. Kla'Vash se lanzó encima de él demasiado tarde. Cayo rechazada por un codazo que la dejo sin aliento, enclenque como podía ser una existencia destinada a las oficinas y la poca exigencia física.


- ¡Ayuda, ayuda! ¡Se ha vuelto loco!

Cuando el Guerrero entró le sorprendió tanto la imagen que apenas atinó a descolgarse el rifle; La mujer gritaba desde el suelo y el kroot... Bueno, estaba encima del Tau muerto ¡Estaba comiéndoselo! Con el poderoso pico, herencia más clara de su antepasado ave, arrancaba trozos de carne que engullía totalmente, desde donde el cuchillo en hábiles tajos permitía hacerlo con facilidad. Era una técnica feroz y cruenta, donde el kroot mostraba una habilidad práctica escalofriante.


Y como si la situación no fuera suficiente insostenible, gritos y pasos llamaron la atención del Shas'la aún más que el macabro espectaculo; Ni Kla'Vash ni el Kroot podían oír el intercomunicador del soldado, pero él retrocedió hasta la puerta con una mano sobre el casco, en seña de atención. Le llegaban órdenes.


- ¡Shas'la, qué ocurre! - Kla'Vash se arrastró y se pusó en pie junto al guerrero, tirándole del brazo cuando entendió que iba a irse. Apenas podía presentar una imagen digna, le había aterrado la violenta reacción de Balrag y su repulsivo impulso carnívoro; ¡Además parecía que ocurria algo!

- Ha habido un accidente, Por'vre, en la sala del Consejo de los Aun. Debo acudir. Suélteme y retírese a sus estancias, vamos a estar en alerta amarilla en unos instantes.

- ¡Pero tiene que arrestarlo! ¡Está loco!

- Lo siento ¡Esto es más importante, obedezca y no entorpezca a la Casta del Fuego! - El Shas'la se marchó a la carrera ¿Un accidente con los Aun?


Kla'Vash se frotó los brazos a si misma, como intentando abrazarse. Cuando se giró hacia el kroot de nuevo, se encontró al Gran Kroot mirándola fijamente con esos ojos pequeños, que ahora se le antojaban crueles. Le chorreaba sangre; escupió algo, se limpió con el dorso de la mano y habló.

- Está infecto. Está muerto por dentro, podrido. - El Kroot metió la mano en el abdomen abierto del Por'la y la mostró en alto. - La sangre está sucia. Corrupta.

La mujer no entendió nada, pero sí entendió que la sangre tenía una tonalidad muy oscura, casi negra; No era normal, no hacía falta dedicarse a la medicina para darse cuenta.

- Pe-pero eso qué quiere decir... Eso no es parte de la epidemia, nunca ha pasado... en otros pacientes ni él estaba enfermo...


El Gran Kroot se encogió de hombros. Señaló la puerta. - El soldado. Qué ocurre.

- ¡El Shas'la! - Kla'Vash se abrumó de repente, llevándose una mano a la frente y lanzándose hacia la puerta: Salió al pasillo y lo recorrió a la carrera. El kroot la siguió ágilmente. - ¡Ha dicho que ha ocurrido algo en el Consejo de Aun!

Estaba corriendo hacia allí, en un acto irracional fruto de la más intima preocupación personal por la seguridad de los etéreos ¿Pero qué iba a hacer ella? No era una soldado, ni sabía utilizar armas. Demonios, ella era de carácter pacifista hasta rozar una visión idílica de la actividad diplomática... Cuando titubeó y se detuvó, pero un severo empujón la hizo avanzar otra vez; El Kroot sí podía intervenir. No conocía el camino, pero ella sí... El razonamiento de guiarlo le dio motivos más serios para seguir corriendo.


...

Disparos ¡¿Allí?! Era terrible, pero inequívocamente eran disparos. El sonido característico de los proyectiles de plasma inducido y sus consecuentes impactos contra superficies varias inundaron los sentidos de los dos corredores. Estaban muy cerca de su destino, y lo que estuviera ocurriendo al otro lado de la última puerta no debía de estar sucediendo:

- Hembra, retrocede. Es cerca. - El Gran Kroot Balrag se pusó a la cabeza. No parecía siquiera alterado tras la larga carrera, mientras que Kla'Vash apenas podía respirar. Que sólo estuviera armado con un cuchillo no parecía inconveniente para el Gran Kroot.

- No debería de haber disparos aquí, no, no, aquí no, aquí no... ¡Es de locos! ¡Es fatal! - Para ella era demasiado. El kroot no le hizo caso, quizás la considerara un simple lastre ahora que habían llegado.


Una última puerta debía separarles de la presunta batalla. Cuando, mediante el control manual, ésta se desplazó la dantesca escena que presenciaron abrumó a ambos, a civil y curtido guerrero.


La antesala del Consejo de los Etéreos era un salón amplío, decorado con tapices y butacones distribuidos a modo de sala de espera. Tenía dos accesos más aparte del que utilizaron Kla'Vash y el kroot, además de una sólida puerta doble que daba paso al consejo; Cada una coincidia con un punto cardinal.


- Agachese, hembra, no van a hacer distinciones por unas joyas.

Era una maldita batalla; Un grupo de Shas'la y Shas'ui se había atrincherado entre la puerta del consejo utilizando pilares y butacas como cobertura. Combatían contra otros Tau; Algunos eran Shas, otros Fio, incluso Por... No tenía sentido. Estaban claramente asediando la sala del consejo, intentando llegar a ella; Había signos de combate por todos lados, cadáveres y la terrible certeza de que dos de los muertos eran etéreos.


Una veloz silueta se coló junto a los dos observadores; El Gran Kroot no se molestó en coger una actitud defensiva, Kla'Vash cayó hacia atrás y se tapó con los brazos como una niña.

Era otro kroot. Bhogark, acompañante de Aun'ui Fi'rios. Tendió su rifle al Gran Kroot con reverencia, y resumió la situación.

- Insurrección. Hay cuatro etéreos en la Sala del Consejo. Las comunicaciones no funcionan, no podemos poner la colonia en alerta roja ni pedir ayuda. Son más, no sabemos de dónde vienen. Esa puerta está atrancada, al otro lado hay una docena más intentando abrirla.

- Sólo he visto dos Aun muertos. - Para cualquier Tau, era un trauma terrible, pero para un kroot no representaba un gran un shock emocional. Faltaba uno, que no estaba ni tendido ni en la sala.


- Uno sigue en sus habitaciones. No sabemos su situación; Cuatro Shas'ui han ido a protegerlo.


El Gran Kroot recogió a Kla'Vash y la obligó a alzarse. La empujó hacia el pasillo por el que habían venido. - Lárguese. Bhogark, escoltala hasta la Estirpe. Ella sabe lo que yo. Buscaré al etéreo que no está aquí y lo sacaré de la ciudad. No sabemos quién tiene la sangre sucia, si significa algo. No sabemos quién es enemigo, sólo confiaremos en la Estirpe, en los nuestros.

El Kroot asintió. Podía considerarse el segundo al mando de los kroots de Thal, razón por la que permanecía cerca de uno de los etéreos. Empujó a la traumatizada Kla'Vash para sacarla de allí. El Gran Kroot Balrag se quedó agazapado donde estaba, aún calculando su actuación. La batalla seguía; el salón estaba aún más destrozado y cubierto de cadáveres que antes. En una sección de él al menos cinco individuos luchaban cuerpo a cuerpo a culatazos y puñetazos en un violento enfrentamiento donde unos defendían su puesto y otros intentaban superarlos a cualquier precio. La puerta que coincidía con el sur era su objetivo, no estaba muy cuidada.

Había cuatro individuos entre él y la puerta. Enemigos.


Cuando el Gran Kroot interrumpió en el tiroteo abatió a disparos a un manipulado miembro de la Casta de la Tierra y siguió con la ráfaga hasta que sus proyectiles se estamparon contra el blindaje de un Guerrero del Fuego traidor. Éste se giro hacía él a tiempo para defenderse de la cuchillada del asaltante kroot; Con el rifle de inducción en horizontal impidió que la hoja afilada colocada a la culata del arma de Balrag hiciera blanco, pero la otra cuchilla le entró por la axila en un potente revés. Tras desclavarla y dar un giro, degolló al traidor y con vía libre pudó saltar en dirección a la otra puerta entre otros dos soldados traidores.

Ocupados con el tiroteó, no le cortaron el paso. Y aunque alguien le disparó, errando por poco, Balrag se escabulló de la refriega y entró al pasillo precedente a la sala; Éste era amplío, también muy decorado, con numerosas antesalas a ambos lados y estancias funcionales.

Allí había más muertos, y una granada había destrozado una de las puertas. Pero estaba vacío y nadie salía tras él.

Era demasiado caótico para los Tau, una masacre así no tenía sentido; Mucho menos matar a los etéreos.


Razonó que las estancias privadas solían estar en los pisos superiores, y comenzó a ascender escaleras. Cuando subió dos pisos, se desvió para buscar a alguien; Allí no había rastros de combate. Pronto se encontró con un asustado Por'saal que lo miró aparecer con ojos desorbitados e intentó huir.


- Dónde duermen los etéreos. - Gruñó directamente el Gran Kroot; El agarrarle de la pechera e impedir sus movimientos al poco más que un adolescente ayudó a terminar de amedrentarlo. El balbuceo consecuente fue suficiente para él: Lo soltó y siguió corriendo. Un piso más arriba, en una estancia que reconocería rápido.


Cuando llegó a los pasillos del piso superior, recobró la cautela. Cuatro cadáveres de Por y Fio rodeaban un quinto de la Casta del Fuego. Era un Shas'ui, y que le faltaran las armas indicaba que había más enemigos, mejor armados. Metros adelante encontró un segundo cadáver de Shas'ui. No había ningún muerto más; Cuando giró una esquina encontró seis cadáveres y razonó que uno de ellos debía de ser otro escolta, pues había al menos tres Shas.


Detrás, en el espacio inmediato... Ahí estaba la estancia del etéreo que buscaba, uno de los jóvenes por la placa de identificación. Se acercó a la entrada sorteando los cadáveres; Sellada, claro, pero no estaba bloqueada. Podía abrir la puerta con el interruptor, era simple.


El Gran Kroot apoyó el rifle contra la pared y se preparó. Cuando abrió la puerta varios proyectiles restallaron cerca; Le arrancó una sonrisa al Gran Kroot, quien sólo asomó una mano.


- Está despejado. Hay que salir de aquí.

- Identificate. - Una voz grave resonó desde el interior de la estancia. La distorsión de un casco era evidente.

- Gran Kroot Balrag de Pech. Mi Estirpe espera, ofrecerá protección suficiente hasta que sepamos qué ocurre.

- ¿Cómo sé que no eres uno de los locos?

- No tienes más remedio que confiar en mi lucidez. Abajo van a perder la batalla, es posible que el único Aun vivo de Thal esté contigo. Vámonos.

- Muéstrate.


El Gran Kroot se mostró completamente poniéndose en mitad de la puerta. Gruñó algo y cabeceo hacia el pasillo para indicar la marcha. Se encontró con una carabina de inducción apuntándole, el visor de un Shas'ui clavado en él y dos asustadizos ojos pertenecientes a un etéreo demasiado joven como para sobreponerse fácilmente a una situación así ¡Debía de haber dejado de ser un niño hacía bien poco!

- ¿Nos vamos ya? - Inquirió Balrag con impaciencia.


Día seis. Hora Planetaria: 1:10.Editar

No había mucho a decidir. Etéreo, Shas'ui y Gran Kroot abandonaron los salones gubernamentales para huir por las calles de la principal colonia de Thal.

Thal'sia ya no se parecía al colorido y vivo asentamiento que habían visto el día anterior; Con la noche estaba llena de amenazas, tétrica. Pulcra y ordenada, aunque aún en proceso de construcción y ampliación, Thal'sia reunía ya todo tipo de magistrados, funcionarios y administradores. Es decir, La Casta del Agua dominaba el sitio y compartía su espacio con los operadores de la Casta de la Tierra.

Por lo que no debería de haber ninguna gran amenaza. No debía de haber apenas cazadores, traidores o no.


Era noche cerrada. La iluminación artificial ya no alumbraba, la energía se había cortado hacía como una hora, poblándolo todo de sombras y penumbra. El generador principal debía de haber sido apagado, destruido.


El Shas'ui abría la marcha. En algún momento había perdido el casco, por lo que no podía beneficiarse de la tecnologia del visor. Pertenecía a Fi'rios, y era evidente que su responsabilidad era la seguridad del Etéreo. El kroot, aunque tenía mejor vista, se preocupaba más de que alguien les sorprendiera por detrás.


- Es extraño que no hayamos topado con nadie hasta ahora. - Señaló el joven etéreo. Aun'la Fi'rios debía de haber dejado atrás la adolescencia hacia muy poco.


- No hay combates, nadie fuera de sus casas. Nadie se ha hecho eco de lo ocurrido aún. - Respondió Shas'ui, señalando un punto de la calle antes de avanzar cautamente hacia él. Un edificio en construcción, le pareció un buen sitio para hacer un alto. Trepó ágilmente el trecho bajo de andamio que le separa el interior y tras un breve registro ayudó al Etéreo a entrar.


Balrag se reunió con ellos con un gruñido agudo de inconformidad.

- No debemos parar.

- Aun'la no puede seguir este ritmo sin hacer ninguna pausa. Vigila mientras vuelvo a intentar contactar con Shas'vre Vior'la.


La Casta del Fuego estaba en silencio. O la comunicación - ¡incluso la interna! - no funcionaba por algún oscuro motivo o no había nadie con quien comunicar, y esto último no podía ser. No podía estar implicada toda la Casta en el asesinato de los etéreos.


¿Qué habría pasado con el resto de Shas'ui, y sobretodo, los Aun que protegían? ¿Sería Aun'la el último etéreo de Thal? No tenían modo de saber el desenlace de la sala del consejo. Quizás, a pesar de las pesimistas observaciones de Balrag, habían resistido los Shas'ui.


- Ni la traición ni la violencia entra en... en nuestras doctrinas, es inconcebible, esto es imposible. - Murmuró el etéreo, mirando alrededor con nerviosismo. Apenas entendía que había ocurrido.


El kroot se alejó de él para ocultar el gorgojeo de la risa provocada por él y asomó de nuevo a la calle. Silbó prolongadamente, en un tono agudo difícil de captar por otros oídos. Esperó respuesta después, no la hubo. Tenía su propio comunicador, pero temía utilizarlo; También era un método para informar de su posición, y su protegido era demasiado importante como para arriesgarse.

No sabían si había alguien atento para interceptar cualquier mensaje.


- ¿Has hecho algún avance, Shas'ui? - Preguntó el kroot.

- Silencio, no hay... señal ¿Alguna idea?

- Para descabezar un gobierno hay que aislarlo, no basta con matar los líderes. Es intencionado, no podremos contactar con nadie hasta que mi Estirpe nos rodee.

- Pero ¿Quién?

- Eso no importa, sino que él viva.


Ambos callaron a la vez y recogieron las armas; Habían oído lo mismo, el etéreo hasta advertir su tensión no se dio cuenta del posible peligro.


- ¿Por dónde?

- Ahí.


Pasos, numerosos; En poco tiempo entró en su radio de visión una formación de Guerreros del Fuego, a paso ligero en fila de dos. Era un Equipo de Thal, naturalmente, pero tanto kroot como Shas'ui se cubrieron aún más con las sombras de la obra. Podían ser enemigos a pesar de todo.

Sus uniformes los identificaba como un Equipo de Cazadores de Tau'n, con todos los pertrechos de batalla.

Pasaron de largo.


- Deben ir al centro.

- ¿A investigar o reforzar? Se nos acaba el tiempo, si son traidores también puede ser una patrulla. En ése caso estarán las salidas vigiladas.

- Sígamos. - Intervinó el Etéreo, y su autoridad, aún juvenil, fue suficiente para ponerlos en marcha de nuevo.




Hubieran preferido no encontrar a nadie en la ciudad, pero poco después los disparos eran evidentes. Habían cogido refugio tras unos futuros puestos comerciales: Delante de ellos, en una plaza-jardín, dos Equipos completos de Guerreros del Fuego combatían entre sí. Era un sinsentido.


- ¡¿A quién ayudamos?!

- Maestro Aun'la, debemos esquivarlos. No podemos intervenir.


El Kroot bufó y se giró, también alertándolos a ellos; Alguien se acercaba, pero no tuvieron tiempo más que para apuntar con las armas:


Dos Shas'la de Fi'rios asomaron y les encañonaron con sus carabinas.


- ¡En nombre de todos los Shas'o de Vior'la, un etéreo!


Ambos lo miraron con incredulidad e inmediatamente bajaron las armas.

Shas'ui Fi'rios hizo uso de su autoridad, al comprender que pertenecían al mismo Clan. Aunque el Gran Kroot no lo hizo, también bajo las armas - Informen, soldados.


- Somos del Equipo Estela de Fuego, destinados al Cuerpo de instrucción y vigilancia de Thal'shia. Cuando perdimos el contacto con la Casta del Fuego, nuestro Shas'ui decidió abandonar el recinto militar y venir a ver qué ocurría. Otros Equipos lo imitaron, pero la mayoría sigue allí esperando a recibir instrucciones de Shas'vre Vior'la o de la Casta de los Etéreos.

- ¿No están enterados de nada? - Intervino el Gran Kroot Balrag.

- No... o no del todo, no sé qué quiere decir. A nosotros nos atacó un equipo de drones francotiradores y al abandonar su rango de disparo encontramos oposición por varios Equipos de Guerreros del Fuego, nos diezmaron. No... No sabemos qué ocurre. No pudimos comunicar, así que lo hicimos manualmente con un corredor y proseguimos nuestra misión.


Aun'la negó con un cabeceo. - Han atacado el Consejo de los Etéreos. Es posible que sólo yo haya sobrevivido.


El mismo trauma que sufrió Kla'Vash se repitió en los dos hombres. Los cascos del uniforme impedían ver sus expresiones, pero tanto el Kroot como el Shas'ui podían imaginarlos.

El etéreo prosiguió. - Abandonaremos la ciudad, pero vuestra misión, Shas'la, no debe ser alterada a pesar de mi seguridad. Prosigan, descubran si hay alguien con vida. No tenemos medios para comunicarnos con la Casta del Fuego... leal, ni con el resto del planeta. La primera prioridad es garantizar un puesto de mando seguro, después recuperar las comunicaciones. En cuanto sea posible, recibirán nuevas órdenes. Sólo les pido que no pierdan la vida, les necesitamos; Prosigan.


Sobre el combate de la plaza, los Shas'la resultaron estar igual de perplejos que ellos. Nadie se atrevió a quedarse a ver el desenlace, así que con el corazón en un puño los dos grupos se separaron y evitaron la zona del conflicto para proseguir caminos contrarios.




Ya estaban cerca de los limites de la ciudad. Esa parte estaba totalmente en construcción, puesto que Thal'sia se estaba expandiendo hacia el Este. Una nueva avenida les guiaba directamente, y los numerosos sacos de construcción, materiales, plataformas y módulos les dotaban de cobertura fácil.

Tampoco allí había nadie, tan solo algunos drones constructores funcionando en automático o totalmente apagados.

Cuando el Gran Kroot Balrag silbó esta vez obtuvó respuesta; Un silbido similar. Esto atrajo la atención tanto de Aun'la como de Shas'ui, que le miraron con expectación.

- Mi Estirpe está cerca. No toda, pero sí una escolta y guías. - Explicó Balrag con un escalofriante intento de sonrisa.


Prosiguieron. Era lo único que podían hacer; Seguir avanzando intentando ignorar los demonios interiores que seguían azotándoles ¿Cómo había podido pasar todo aquello? ¿Qué Tau en su sano juicio podía matar otro Tau? ¿Cómo habían perdido la cordura así? ¿Era cosa de la enfermedad? ¿La sangre sucia y negra que habia explicado Balrag realmente distinguía los locos de los normales?


El Shas'ui advirtió primero la aparición de la bestia. Apartó de un empujón a Aun'la, quien se tambaleó hasta el Gran Kroot; Balrag lo apartó más y acudió junto al guerrero; Sobre un tejado próximo había una silueta, algo se había movido allí.

Lo que fuera, entendió que había sido descubierto y saltó al pavimento con pesadez.


- ¡Un monstruo!


Era una criatura horrenda, desproporcionada; De un gran abdómen surgían tres extremidades, garras, mientras que otras cuatro la sostenían. Una gruesa cola se bamboleaba tras el imponente cuerpo deforme. Una oscura epidermis parecia segregar algo viscoso y maloliente. Con las grandes fauces abiertas y unos crueles ojos rojos clavados en ellos, la bestia calculaba su ataque.


Tardaba en hacerlo, pero ambos veteranos temían que no podrían con ella.


- Distráelo. - Graznó el kroot.


Balrag saltó a un lado mientras el Shas'ui empezaba a disparar y a intentar atraer la atención del monstruo; quien cargó contra él al sufrir por el ataque.

Mientras la criatura embestía al Shas'ui, quien pudo apartarse por poco del demoledor placaje, el kroot rodeó rápidamente la escena para ponerse detrás del monstruo. Mientras el Tau lidiaba con el frontal, esquivando las garras que se lanzaban contra él para trocearle, Balrag hacia lo mismo con la poderosa cola hasta que finalmente pudo saltar al asqueroso cuerpo de la bestia y, usando su rifle, intentó inutilizar una de las extremidades clavando una de las hojas del arma en lo que podría considerarse un hombro.


El monstruo no exaló ningún sonido cuando recibió la herida; Simplemente forcejeó para sacarse al kroot de encima y finalmente apoyó la gran cola contra el suelo y la usó para impulsarse en un tremendo saltó que hizo caer a Balrag y la llevó a posarse de nuevo en un tejado.

Desapareció de vista rápidamente.

- ¿Qué era eso? - Aun'la se levantó magullado allá donde Balrag le había hecho caer. El kroot no se disculpó, pero Shas'ui Fi'rios acudió rápidamente a ver si se había lastimado.

- Nada bueno... Y sigue cerca, seguro. Hemos de movernos.

Balrag sacudió el rifle con asco. Allí donde la hoja había penetrado en la carne de la criatura, el metal se estaba desprendiendo, fundido. Había perdido una parte importante del arma. Habló mientras observaba el fenómeno.

- Shas'ui, allí está mi Estirpe. Los huelo, están muy cerca. Esperemos aquí, se guiarán por mi última llamada.

- ¡Pero eso aún nos rondará!

- Lo mataremos entre todos. Apartémonos de los edificios, le dan muchos escondrijos.


{C}En ése momento de tensión, todo parecía una amenaza; Kroot y Shas'ui envolvían al Etéreo en el centro de la calle, esperando el ataque de la criatura. Un ataque que no se produjo aunque pasaron diez minutos largos. Un silbido atrajo la atención del trio, y de una calle surgió algo grande.

La mole del krootox asomó y se posicionó bufando; Encima de él, montado y sujetando el gran cañón, un kroot de ojos especialmente entrecerrados examinó la calle y la situación. Les separaban veinte metros.

El Shas'ui empezó a avanzar acuclillado hacia allá, controlando ambos lados de la calle con rápidos vistazos, siempre con el arma por delante. Aun'la lo siguió con porte más inseguro, pero Balrag se quedo allí, mirando. Los Tau se dieron cuenta, y el guerrero se giró para preguntar.

- ¿Qué ocurre?

- Algo está mal. No importa, démonos prisa. - Y los siguió sin esclarecer nada.


El krootox se removía con nerviosismo, apaciguado solamente por las indicaciones a modo de patadón que le proporcionaba el kroot. El cañón era un arma prodigiosa que proporcionaba una potencia de fuego sorprendente; Balrag apenas concebía una escolta mejor.

Cuando se reunieron, el kroot se presentó.

- Soy Asj. Pronuncienlo como les sea más fácil: Les guiaré.

- ¿Llegó Bhogark?

- Así es, gran y sabio Gran Kroot Balrag. Estamos al corriente. El resto de mi partida se nos unirá según avancemos.


Como el krootox giró y echó a andar sobre sus poderosas extremidades, la conversación terminó ahí. Pero Aun'la agarró del brazo a Balrag para preguntarle.

- ¿Por qué no vienen juntos?

- Porque han encontrado problemas. Un grupo unido es también un cebo importante; Separándose, llevan el combate nocturno a varias escaramuzas inconexas que desorientan al atacante. Nos podemos comunicar por el aire y por los silbidos, por lo que siempre sabemos dónde está el resto. Son el cebo, distraen al enemigo de su objetivo verdadero. Cuando pase el peligro, volverán.

- Gracias por todo, Gran Kroot.

Éste no hizo más caso y siguió caminando, vigilante. Ya queda poco, muy poco.




Día siete. Hora Planetaria: 13:14.Editar

- ¿Temperatura del agua?

- Quince grados.

- Súbela dos.


El segundo operario tecleó las órdenes en la computadora controladora de drones, para que éstos procedieran. Era un aparato grande y pesado, que siempre estorbaba en los traslados y almácenes, pero con una enorme capacidad para organizar y manejar casi dos centenares de drones al unísono.

La Casta de la Tierra avanzaba rápidamente en la terraformación allá dónde era necesaria. Thal era todo un experimento, un mundo que estaba siendo modelado a gusto de los Tau. Allí podían probarse teorías, contrastar datos y mejorar la experiencia comunitaria.


Un lago de no mucho tamaño y de aspecto entrañable estaba siendo sujeto a las pruebas de los terraformistas de nueva generación. Adyacente a dicho paisaje, un asentamiento consistente en una docena de casas modulares servía como cobijo para los trabajadores y como inicio de la nueva población que nacería allí.

Veinticuatro miembros de la Casta de la Tierra recopilaban datos, retocaban el entorno, enseñaban y aprendían allí hasta la sorprendente llegada del tanque.


- ¡Fio'ui, ven a ver esto! - Los trabajadores empezaron a reunirse ante la visita, sorprendidos. Incluso los enfermos no quisieron quedarse en sus camas. Muchos de ellos esperaban respuestas ¿Qué había pasado con las comunicaciones? ¿Ya había cura para la epidemia? ¿El planeta ya no estaba aislado, podían pedir más equipo, enviar sus cartas a los familiares?

El tanque Cabezamartillo, con colores de camuflaje verdosos propios de Fi'rios, se imponía en la entrada del asentamiento. La tripulación estaba en el interior, por lo que más allá del casco no se distinguía nada. Sus gemelos cañones de inducción se movían de un lado a otro con lentitud.


Uno de los operarios se dió cuenta de éste último detalle. Alzó la voz entre los comentarios de sus camaradas.

- ¡¿Por qué tienen los sistemas de armamento encendidos?!

Porque los Shas'la de la tripulación abrieron fuego, masacrando a la pequeña masa de la Casta de la Tierra. El acelerador lineal de su torreta se iluminó y descargó una contundente salva de energía que hizo tambalear los módulos y que aniquiló drones y a quien intentara escapar de los cañones. Para un blindado de combate como áquel, matar a veintitres civiles fue una tarea muy fácil.


Allí no quedaron más que cenizas, cadáveres y drones desorientados.




Bhogark arrugó el hocico con desagrado cuando distinguió su choza volar en pedazos. Del asentamiento Kroot de Thal apenas quedaba un cúmulo de maderas quebradas y calcinadas donde aún un tanque Cabezamartillo seguía abriendo fuego contra las pocas estructuras que quedaban. Había venido del oeste, sin avisar. Los Kroot tuvieron la prudencia de refugiarse en los alrededores, a esperar qué hacia allí. Podía ser tanto enemigo como amigo. No tardó en mostrarse enemigo: Nada más llegar a los lindes de la villa.


No había habido más victimas que un Krootox que no quiso irse. Una vez evidenciada la intención del tanque los Kroot empezaron a trazar un plan de acción.

Los pocos niños, prácticamente nacidos en Thal, se alejaban del sitio con un grupo de adultos para protegerlos. Respecto a la población del asentamiento, se dividía en dos grupos; La mayoría estaban en la ciudad de Thal'sia y alrededores para apoyar la acción del Gran Kroot Balrag. Solo una veintena de cazadores Kroot estaban ocultos entre las hierbas y la poca vegetación que salpicaba alrededor de la antigua aldea.


Sólo veinte iban a encararse al Cabezamartillo.


Bhogark era quién dirigía a este grupo de cazadores, dispuestos a encontrar una forma de neutralizar ése maldito tanque.

- ¿Cómo lo vamos a hacer? No tenemos armamento pesado. - Murmuró una voz a su lado. Era Zhâr, una hembra. Su compañera.

- Tendremos que abordarlo.

- ¡Pero si nos movemos sus sensores nos detectarán y se girará hacia nosotros! Estamos demasiado lejos, Bhogark.


Era verdad. El Cabezamartillo, que flotaba a poco más de un metro del suelo, estaría dotado de la mayoría de sistemas que podía permitirse la tecnología Tau. No sería fácil.


Pronto se iría y causaría la misma destrucción en otro asentamiento o encontraría a los niños.


- ¡Asaltadlo, matad a la tripulación, no podemos atravesar ése blindaje! - Gritó el Kroot.


Bhogark se alzó y disparó su rifle al aire. A continuación echo a correr a grandes zancadas, disparando a intervalos irregulares sin ningún objetivo. Naturalmente, el Cabezamartillo no tardó en pivotar hacia él: Los cañones de inducción dispararon. Todo alrededor de Bhogark se volvió un infierno, la tierra saltaba con los impactos, las rocas se resquebrajaron y los árboles estallaron en mil astillas; El Kroot saltó, mendigó cobertura y finalmente desapareció tras un fortuito desnivel del terreno.

El resto de los cazadores no desaprovecharon la distracción y saltaron de su escondite en dirección al Cabezamartillo. La torreta viró y el acelerador lineal brilló intensamente al recorrerle la poderosa energía que una vez desplegada no dejo nada del Kroot que alcanzó. La muerte de un compañero no redujo el impetú de la carga, pero el Cabezamartillo debió de comprender el peligro.

El elegante tanque pivotó de nuevo para encarar a los cazadores. Lo hizo rápidamente, poniéndoles dentro del radio de acción de su terrible armamento del casco; Una vez conseguida la maniobra, la tripulación utilizó sus esfuerzos en retroceder, echándose rápidamente hacia atrás para poner distancia ante el asalto Kroot.

Así que no disparó, aún. Eso les dio tiempo a los atacantes y la oportunidad de desperdigarse rápidamente para no ser blancos tan fáciles; No tenían prácticamente ninguna cobertura, y el Cabezamartillo poseía suficiente armamento para aniquilarlos a todos.


Pero ya era tarde, no les quedaba otra que intentarlo.


El acelerador lineal volvió a brillar a raíz de la relampagueante energía que estaba reuniéndose.




El Gran Kroot Balrag tenía la sensación de que el hedor de la extraña criatura que les asaltó no les iba a abandonar nunca. Pero como en ningún momento reapareció, se tomó la licencia de relajarse al respecto ¿Era una sensación suya o que siguiera sintiendo su olor quería decir que les había seguido?

Lo relevante era que habían dejado atrás la ciudad y aunque hicieron una pausa relativamente prolongada para descansar, habían avanzado mucho. Pronto llegarían a reunirse con el resto de Kroots.


Desde que habían dejado atrás Thal'sia se sentían más seguros, no por la nútrida escolta Kroot si no por considerarse fuera del alcance de los traidores y enloquecidos que han protagonizado la... revuelta. Una calzada secundaria, destinada a vehículos de transporte de la Casta de la Tierra, les llevaría cómodamente hasta las próximidades de la aldea Kroot.


La escolta de Aun'la Fi'rios había aumentado a unos cuarenta Kroots, con una decena de Mastines de Guerra y el Krootox de Asj, quién se empeñaba en abrir la marcha.


Shas'ui Fi'rios sacó la lengua para recoger las partículas olfativas, como una serpiente, y gruño más para si que para el resto. - Huele a quemado.

Balrag lo escuchó y meneó ruidosamente la cabeza. - Malo. - Añadió únicamente. Con señas, indicó a dos Kroot adelantarse y éstos echaron a corrar camino hacia delante.


Estaban cerca de su destino. Ése olor, y pronto el humo que podían distinguir, era muy malo. El Etéreo empezó a preocuparse, los Kroots se inquietaron y hasta los Mastines comenzaron a ponerse nerviosos, sólo controlados por la presencia del Gran Kroot.


La avanzadilla volvió e informó rápidamente.


- Han atacado nuestro asentamiento, Gran Kroot Balrag. No queda nada en pie. Hay cadáveres Kroot, pero no suficiente numerosos como para ser todos.

- Démonos prisa.


El Krootox de Asj vociferó algo ininteligible y éste agarró con fuerza el cañón montado; El Krootox volvió a abrir la marcha, casi a la carrera, para llegar rápidamente al lugar de los hechos. Todos los Kroots, incluido su líder, menos media decena les imitaron.


Aun'la miró a su protector, el Shas'ui. - ¿Qué ha pasado?

- Lo sabremos pronto. Sígamosles, pero dejemos tiempo para que puedan registrar y asegurarse de que no hay peligro para ti, venerado Aun'la.


No tardó en producirse el altercado.


El veterano soldado volvía a mostrarse alerta. Revisó el cargador de su carabina, lamentó en silencio la poca munición restante y comenzó a caminar despacio. Los seis Kroots que les seguían acompañando lo hacian sin disimular su impaciencia y su disgusto; También querían saber, lo más pronto posible, qué había ocurrido.

- ¿A qué huele? - Preguntó Aun'la, con cierto aire inocentón muy impropio de su condición.


Pero la pregunta valía la pena hacerse. El olor a quemado se mezcló con otro mucho más intenso, amargo y hediendo; Los Kroots no podían reconocerlo aunque debieron de captarlo mucho antes, pero el Shas'ui sí pudó darse cuenta.


- ¡NOS ATACAN! - Gritó sin más, obligando a agacharse al Etéreo y escudriñando el alrededor a través de la mira de su arma. Los Kroots lo imitaron sin entender la naturaleza del ataque, hasta que un graznido de éstos ayudó a localizar la gran masa de apestosa carne que trotaba hacia ellos, surgida desde la misma calzada.

Era la misma criatura que les había asaltado en Thal'shia, era evidente. Trotaba pesadamente en su dirección, llevando su amorfa existencia a una poderosa carga. Los disparos de los Kroot y los controlados del Shas'ui apenas arañaron un duro caparazón durante el trayecto.


- ¡Dispersaos! ¡Aun'la, huya! ¡CORRA!


La bestial forma se estrelló contra los Kroots, quiénes se adelantaron a su encuentro. Varios salieron despedidos, uno consiguió hincar profundamente una de sus cuchillas en un lateral del monstruo y el resto no consiguió nada importante; Ninguno resultó herido de importancia a pesar de las múltiples garras y las fauces.


Simplemente, la bestia siguió hacia delante, superando con facilidad al Shas'ui al impulsarse con un poderoso golpe de cola. Su gran peso y la contundencia del avance tumbaron al veterano Tau, y nada impidió que todo ese tonelaje acabara encima de Aun'la; Quien si no murió aplastado el brutal desgarre que le dedicó la criatura con las fauces lo confirmó.

Una vez el joven Etéreo expiró, el hediendo monstruo se quedó inmóvil, soportando estoicamente los disparos y las cuchilladas. Hasta que uno de los Kroot consiguió arrebatarle la vida a la, sorprendentemente, indefensa criatura.

Cuando el monstruo quedó ladeado en el suelo, sangrando por las múltiples heridas y con la vida fuera de su cuerpo, el Shas'ui de Fi'rios cayó de rodillas.


El último etéreo había muerto. No había esperanza para Thal, caerían todos ante la locura y la enfermedad.



Día siete. Hora Planetaria: 21:35.Editar

- ¡Atentos!


Los Guerreros del Fuego alzaron la vista hacia el espacio vacío ante ellos, hacia donde señalaba Shas'ui, dejando de lado lo que estaban haciendo.


- ¿Qué estamos mirando, señor?

- Allí, en la colina. Fijaos bien.


Una figura se destacó, moviendo los brazos exageradamente. Empezó a acercarse bajo la atenta mirada de los Guerreros del Fuego.


Eran una treintena, la mayoría apostados en el muro exterior de la estructura que ocupaban. Las instalaciones consistian en un gran edificio central rodeado de construcciones sin terminar.


Poco a poco Kla'Vash se hizo más fácil de distinguir. Tropezó con la maleza más de una vez por culpa de su larga túnica, pero no dejo de correr en su dirección. Pronto su estridente voz se hizo audible.


- ¡No disparéis, no disparéis!

- Shas'ui ¿Disparamos?

- No, idiota. Dejad que se acerque.


Algunos de ellos aún así con los rifles. Sólo había un Shas'ui, y ni siquiera eran del mismo Clan. Muchos de ellos hasta hacía una semana no eran más que aprendices, nuevos soldados; Un sólo Shas'ui, su instructor debía controlar a todo aquel conjunto de impetuosos soldados que aún no habían disparado una sola vez. El veterano era de Dal'yth, mientras que el resto eran de Tau'n y Fi'rios.


A Ui'Va le pareció que de no ser por él incluso habrían disparado a lo que era ya claramente una mensajera de la Casta del Agua.


- ¡Soy Por'vre Dal'yth Kla'Vash! ¡Vengo de Thal'shia! - Informó a gritos la mujer, aún meneaba los brazos. - ¡Necesitamos ayuda!

- Vosotros dos, traedla aquí. Los que estáis aquí de Fi'rios, comprobad el perímetro y apostaos. El resto al patio, esperad órdenes allí.


Dos Guerreros del Fuego saltaron el murete y alcanzaron a Kla'Vash. La escoltaron hasta el acceso más próximo, sobrepasando las construcciones interrumpidas. No escucharon su insesante parloteo, pero Ui'Va sí; El Shas'ui les interceptó en la misma entrada. Una vez reunidos, La Por'vre calló y Ui'Va inclinó la cabeza levemente y empezó a hablar con aire marcial y directo.


- Hemos recibido transmisiones muy extrañas y el canal de la Casta del Fuego está inutilizado. Nuestra última orden fue esperar la reasignación de los nuevos Shas'la, de eso hace una semana y no hemos tenido ninguna otra noticia. Si es verdad que vienes de Thal'Shia, tienes que explicarnos algunas cosas.


Kla'Vash se encogió y respondió nerviosa. - Thal'shia ha... ha caído, Shas'ui. Cuando la abandonamos era una locura, estaban... estaban asaltando el consejo de etéreos.

- ¿Caído? ¡Pero quién la ha tomado, aquí no hay más que Tau! ¡¿Qué ha pasado con el consejo de Etéreos, y Shas'o?! ¿Es por eso que no responde nadie? ¿Hemos sido atacados por los Gue'la?

- No... No lo sé... Yo... Yo vi Tau... Fio, Shas y Por... asaltando... no sé... explicarlo... atacaron al consejo de los etéreos... vi... vi... varios Aun muertos...


La conmoción reflejada en el rostro del Shas'ui era evidente, pero el rostro de la emisaria era aún peor. Un disparo le habría herido menos ¡Atacado el Consejo! ¡Miembros de él muertos!

- La seguridad de éste sector esta a cargo de Shas'Vre Vior'la, el recién ascendido ¿Lo has visto en Thal'shia?

- No-no... No sé dónde está, creo que intentó contener el ataque... Debió enterarse a tiempo para intentarlo... pero no le vimos conseguirlo...

- Es la segunda vez que hablas en plural. Hablemos a solas, explícamelo todo, sin demora. Shas'la, reuníos con el resto. Estamos en alerta de combate, actuad en consecuencia.



Un relato y media hora después.


- ¡Atención, Shas'ui Dal'yth Va! - Anunció un Shas'la, que se cuadró al dar entrada al superior. El resto dejó lo que estaba haciendo y reaccionó de forma similar.


Ui'Va entró con aire solemne y se colocó en el atril. Ésa era (Más bien seria) una sala de conferencias. Como aún no había graderío, los Shas'la estaban apilados y en pie, espectantes. El veterano soldado que dominaba la estancia era de expresión severa, acentuándolo una cicatriz en la mejilla.

La mano que se aferraba a la madera sintética del atril era metálica, una extremidad biónica que reemplazaba la que había perdido combatiendo contra los Ultramarines. Su voz era la de un Shas'la que había combatido cara a cara contra Marines Espaciales, había sobrevivido y aún derrotado había sido capaz de volver para compartir su experiencia y darles los instrumentos necesarios a los siguientes Shas'la para no repetir la derrota de su Cuerpo.


- Ninguno de vosotros ha disparado una sola vez contra ningún enemigo del Imperio Tau, ni los conocéis. La mayoría sois impetuosos, demasiado impacientes para la caza. Dais por hecho que el enemigo se pondrá a tiro, que caerá en vuestras emboscadas y que no os fallará el pulso a la hora de abatirlo. La mayoría aún sois necios e indignos de las enseñas que representáis.


El Ui'Va no dudó en desenfundar la pistola y disparar al techo para acallar los murmuros de protesta. Una represalía desmedida, que produjo un silencio sepulcral.


- COMPORTAOS COMO SHAS'LA, YA VA SIENDO HORA. Os voy a resumir la situación: La epidemia va a peor, no hay cura, no tenemos comunicaciones ni con otros clanes ni con la Orden de la Casta del Fuego de Thal. Estamos solos. ESCUCHADME. Estamos solos. Ni siquiera estamos seguros de si tenemos teniendo la guia de la Casta Etérea. Rebeldes y traidores al Imperio Tau, TAMBIÉN DE NUESTRA PROPIA CASTA, han atacado el Consejo de Etéreos. Es posible que estén todos muertos.

No esperó a que terminaran de asimilarlo.

- Por lo que sabemos, somos los únicos Shas leales y sanos de todo Thal. Y actuaremos en consecuencia: No muy lejos de aquí tenemos el campamento de la Estirpe Kroot que se quedó. Vamos a organizar una expedición y nos uniremos a ellos. No han enfermado y Kla'Vash nos ha asegurado que los etéreos supervivientes estarán con ellos.

Ui'Va señaló con un gesto a la cabizbaja figura de la Por'vre, cerca de la puerta de la futura sala de conferencias. Al percibir el escrutinio general, Kla'Vash se amedrentó y se encogió más, como intentando fundirse con sus anchos ropajes para pasar más desapercibida.

Los Guerreros del Fuego empezaron a hablar todos a la vez. En esta ocasión hicieron falta tres disparos.


- EQUIPO THAL'RA, EQUIPO ARS'KHA, PONEOS EL EQUIPO DE CAMPAÑA Y REUNÍOS CONMIGO EN EL PATIO INMEDIATAMENTE. EL RESTO, FORTIFICAD ESTA POSICIÓN CON LO QUE PODÁIS. EN MARCHA TODO EL MUNDO, COMPORTAOS COMO SHAS'LA QUE SOIS.



Cerca del anochecer, en las afueras...


- ¡Thal'ra, al suelo, al suelo!


Los Guerreros del Fuego se echaron a tierra y apartaron la hierba con las manos para ver delante; Apuntaron ordenadamente, controlando las figuras que al poco aparecieron dentro de su radio de visión. Dos Kroots salieron de entre las rocas. Uno de ellos graznó, el otro habló.


- ¡Disparadnos o salid a la vista!


Ui'Va se alzó y levantó el rifle con un único brazo.


- Somos Shas de Tau'n. Por'vre Dal'yth Kla'Vash nos ha indicado vuestra posición y situación.


Al oirlo, uno de los kroot se retiró mientras el otro, el que había hablado, se acercó.

- Vienen con nosotros niños. Necesitan cobijo, os lo pedimos.

- Lo tenéis. Os escoltaremos ¡Equipo Thal'ra, levantaos! Ayudemos a nuestros invitados a llegar a casa.




- ¿Son ellos?

- ¿Quiénes van a ser si no? Avisa a Shas'ui.


Uno de los tres centinelas se marchó a la carrera mientras los restantes vigilaban el avance de los kroot, que descendian la colina. Traían heridos, mastines y un Krootox. Éstos no eran los niños, dos horas antes los habían traído. Los recién llegados debían de ser la escolta de Aun'la.


Pero no había ningún Tau con ellos.


Ui'Va no tardó en asomar entre los centinelas. - ¡Apartad la barricada, dejadlos entrar! - Gritó a todo pulmón, asomándose temerariamente por el tejado. Habían reforzado las endebles estructuras exteriores, moldeando las construcciones para obstaculizar el avance de cualquier enemigo en caso de ataque.


Pronto varios Kroot abandonaron el improvisado centro de operaciones para reunirse con los recién llegados, incapaces de contener sus ansías de saber qué había pasado con su poblado y sus defensores.


Tanto el Shas'ui como varios Tau los observaron con atención. Los Kroot eran una raza curiosa; Se movían nerviosamente y reaccionaban con fuertes meneos de sus cabelleras y grandes aspavientos. A algunos les pareció que el primer grupo recibía malas noticias de los últimos en llegar.


Mientras el resto entraba, un Kroot se detuvo cerca de la entrada y alzó la vista. Levantó un brazo y llamó.


- ¿Shas'ui?

- Ui'Va de Dal'yth. ¿Quiénes son?

- Soy el Gran Kroot Balrag y ésta es mi Estirpe. Nuestro poblado ha sido atacado por un tanque Cabezamartillo.

- ¡¿Un cabezamartillo?!

- Tengo peores noticias que unos simples pilotos traidores.

- Instalemos su Estirpe y hablemos, voy abajo. Llévelos al patio.


Poco después, en una estancia despejada dos Shas'la miraban curiosiamente el largo y detallado escrutinio que llevaban tanto Ui'Va como Balrag dedicándose unos eternos minutos. El Kroot hablo primero tras un fuerte chasquido con el pico.

- Cuando me dí cuenta que algo iba mal en Thal, investigué. Use a la mujer para acceder a un traidor. Tenía la sangre oscura, negra, y había algo diferente en él.

- ¿Diferente?

- Era un Tau, joven. Eso es lo que veían mis ojos, pero el resto no lo sentía así. Había algo más con él.

- Eso no tiene ningún sentido, Kroot.

- Para ti no. A mi también me desconcierta, pero debe haber relación. Necesito otro traidor, investigarlo más.

- ¡Pero como vamos a saber quién es... quién está sano y quién no!

- Si nos disparan, son traidores.

- ...

- Tengo noticias, Ui'Va.

- Ah, sí. Explícame por qué traes heridos contigo.

- El ataque del Cabezamartillo. Mientras no estaba, mi segundo organizó la defensa. Contuvó el tanque mientras los niños y unos pocos protectores huían; Lo atacaron y muy pocos kroot sobrevivieron. El Cabezamartillo se marchó y temo que es una amenaza para todos nosotros y para cualquier Tau sano de Thal con quien pueda cruzarse.

- No tenemos armamento para algo así.

- Pues tendremos que conseguirlo. Hay más. Estuve en el edificio del gobierno cuando los Etéreos fueron atacados. Vi qué pasó.

- ¡¿Y no hiciste nada?!

- Me encontré con un Shas'ui y un joven etéreo, un Aun'la. Me los llevé y traje a mi Estirpe para escoltarlos hasta nuestro poblado.

El Gran Kroot desenvolvió algo de un fardo y se lo tendió a Ui'Va.

- ¡Esto es un cuchillo de Ta'lissera!

- Un monstruo nos atacó por la retaguardia cuando me adelanté al ver mi asentamiento destruido. Mató a Aun'la. El guerrero Tau no pudó soportarlo y se suicidó. No sabemos de ningún otro etéreo que haya sobrevivido, el Consejo de Etéreos estaba pérdido cuando me fui.

- Entonces estamos solos y matándonos entre nosotros.

- No si podemos reestablecer las comunicaciones.

- Pero Thal'shia debe ser demasiado peligrosa. Y es posible que haya caído. Podríamos ir a Bhak o Fi'lan, pero están muy lejos y necesitaremos transporte. Y tampoco sabemos qué situación tienen allí.

- Hay una alternativa mejor.

- ¿Cuála?

- La Casta del Fuego. Sus instalaciones no están lejos de Thal'shia. Donde se mató el Shas'el. Donde Shas'el fue asesinado. Desde esas instalaciones podemos enviar una señal de emergencia; Si alguien la recoge, podremos establecer comunicación con otro Clan.


Día ocho. Hora Planteria: 17:45.Editar

El Gran Kroot Balrag limpió la sangre oscura del cuchillo e hizo una seña a los Guerreros del Fuego para que avanzaran. Éstos, evidentemente reacios, se desplazaron rápidamente hasta el interior del barracón. No había nadie dentro, y más de uno suspiro de alivio.


- Esto está despejado, Gran Kroot.

- Entonces vayámos directamente al hángar, aquí hemos terminado.


El Equipo Ars'Kha volvió al amplío pasillo y avanzaron en filas de dos, seis pegados a la pared izquierda y otros seis a la derecha. Se detenían a cada bifurcación para asegurarse de que no había nadie; Una vez seguro, cruzaban rápidamente. Una transmisión arrancó un gruñido al kroot y éste atendió al comunicador, sujeto en su hombro izquierdo.




- Gran Kroot, ala este despejada.

- ¿Resistencia?

- Cuatro centinelas. Hemos capturado uno.

- ¿Qué van a hacer?

- Nos lo llevamos, nos vemos en el punto de extracción. Cierro transmisión.


El primer equipo bajó las escaleras que les acercarían a su objetivo. Toparon con un nuevo pasillo, también despejado y lo recorrieron aprisa hasta la gran puerta doble que les daría acceso al hángar. Pronto se dieron cuenta de que estaba sellada y uno de los Shas'la se dedicó a examinar y manipular el panel electrónico.


- ¡No funciona ninguna clave y tampoco consigo forzarlo!


Balrag atrajo hacia el Shas'la que llevaba el plano del sitio y le indicó con señas abrirlo. El apárato desplegó un pequeño holográma que representó completamente el edificio, las grandes instalaciones de la Casta del Fuego. El kroot pasó por alto los patios y las zonas que no le interesaban para buscar una ruta alternativa al hángar.


La incursión era arriesgada, pero necesaria.

- ¡Demos la vuelta, por aquí!




El segundo equipo, Thal'ra de Fi'rios, permanecía agazapado entre la maleza y la vegetación, a la espera. Parte del tercer equipo y último equipo acababa de pasar a través de su posición cargando con un prisionero. Ui'Va deseaba ir con ellos, pero aún tenía que esperar a Balrag y cubrir su retirada si había problemas.

Desde allí podían ver la gran estructura principal, una de sus paredes. Allí se alojarían dos Cuerpos enteros de la Casta del Fuego... Más allá, al otro lado, un edificio mucho más pequeño, pero más alto, contenía el emisor y receptor de las comunicaciones que necesitaban. El sistema principal y más potente estaba en Thal'shia, pero por motivos de seguridad la Casta del Fuego tenía su propio emisor.


En situaciones como la que vivían, allí se habría organizado una alerta eficiente y todo Thal estaría preparado para cualquier eventualidad. Pero eso no ocurrió.

El transmisor personal de Ui'Va sonó.

- ¿Frecuencia libre? - Inquirió prudentemente el Gran Kroot.

- Aquí Ui'Va.

- Hángar despejado, dentro tengo un regalo para ti.

- Esto no es un juego, kroot.

- Moveos, no sabemos cuánto tiempo estará esto vacio.

Ui'Va se encontró hablándo solo. Gruñó y empezó a desplazar ordenadamente a su equipo hacia el acceso abierto de las instalaciones, rezando interiormente como el resto de los Tau que no hubiera ninguna oposición.



El arma disparó y el cañón se iluminó cuando el proyectil de plasma inducido salió disparado y perforó limpiamente el cráneo del despistado centinela. El Tau se desplomó junto a la puerta del hángar dejando caer su arma; El segundo equipo permaneció en silencio, atentos. El rifle de inducción no era un arma silenciosa, pero nadie apareció.

Cruzaron rápidamente el patio y se agazaparon junto a la gran puerta del hángar. Mientras accedían al sistema de obertura, Ui'Va aprovecho para corroborar la situación del tercer equipo.

- Aquí Ui'Va a Equipo Fugaz. Situación.

- Descriptando seguridad en la torre de comunicaciones. Estamos dentro y apostados. Poca resistencia.

- Estén alerta. Prosigan.


La puerta se abrió con un estrépito metálico que disgustó a todos. Pero de nuevo, los pocos centinelas del sitio hicieron caso omiso. El Equipo Thal'ra entró en el amplío y vacio hángar para encontrarse con Balrag en su centro. El Kroot azló exageradamente los brazos para recibirles, chasqueando el pico.


- ¡Esta despejado, entrad, mirad esta maravilla!

- ¡Te dije que esto no es un jueg...! - Incluso Ui'Va se asombró de lo que señalaba el Gran Kroot. El hángar estaba vacío, pero uno de los espacios habilitados para Armaduras de Combate estaba aún ocupado. Una XV88 Apocalipsis permanecía allí, impoluta, pintada con los tonos emblemáticos de T'au.


Los Guerreros del Fuego se aproximaron, sin cautela. Ui'Va pronto lo solucionó.

- ¡Me da igual que un kroot no huela nada! ¡Vosotros dos, apostaos en la entrada! ¡El resto, dispersaos y registrad éste maldito hángar! Balrag ¿Dónde está tu equipo?

- Cumpliendo su misión.


Tanto el Kroot como el Shas'ui se quedaron ante la Apocalipsis, solos.


- Puedo manejarla. Es lo que quieres ¿no? Que nos la llevemos.

- Tenemos un Cabezamartillo rondando. No lo tumbaremos con piedras.

- Nunca imaginé que una XV88 podría usarse para eso.

- ¿No es esa su función?

- No, nadie pudó imaginar nunca que la usaríamos contra otros Tau.

- Voy con el primer equipo. Será mejor que pongas a punto esta Armadura lo más pronto posible para llevárnosla cuando terminemos, creo que ninguno queremos quedarnos más de la cuenta aquí.

- Está bien, ve. Estaremos en contacto por el comunicador.




El Shas'la centró su atención en el panel holográfico.

- ¡Eh, eh, eh! ¡Esto es malo! - Alertó al resto, y el tercer equipo (Tau y kroots en éste caso) se agolparon a su alrededor.

Ui'Va era un militar precavido. Antes de la incursión, habían colocado sondas por todo el perimétro; La información recogida se mostraba en el hológrama.

No tardaron en echar mano del comunicador con desesperación.

- ¡Aquí el Equipo Fugaz! ¡Tenemos lecturas! Un grupo nútrido de infantes, díficil de precisar, y una correspondiente a un vehiculo por 0.614.

- Aquí Ui'Va, ¿Qué les falta para restaurar las comunicaciones?

- Hemos entrado en el sistema, pero hay que recalibrar y configurarlo prácticamente de nuevo, llevará tiempo.

- Quedaos allí los imprescindibles, el resto reuníos con Thal'ra en el patio. Cierro comunicación.






El Gran Kroot Balrag graznó de esfuerzo al poner toda su fuerza en el empeño de alzar la caja. Un Shas'la acudió a ayudarlo y entre los dos completaron la apresurada barricada en la puerta del hángar.


- ¡Esto ya está, Gran Kroot!

- ¡No aguantará mucho, pero es mejor que no tener nada delante!


Habían acumulado cajas y material mecánico del propio hángar, para obstruir la gran entrada y protegerse del ataque. Improvisado y débil como cobertura, pero Ui'Va estaba dispuesto a combatir allí con todos los soldados disponibles.

Balrag y el resto de su equipo había terminado de minar los accesos interiores al hángar, y ahora cualquiera que quisiera sorprenderlos tendría que hacerlo desde el frente.


- ¡Preparad los rifles y los cuchillos, la cena viene a nosotros! - Balrag trotó de un lado a otro de la barricada. Los pocos Kroots presentes corearon en su lengua, dos de ellos incluso se pusieron a bailar, pero los Tau permanecieron inquietos y prestos, comunicándose entre ellos con rápidas señas, recolocándose y pasándose municiones.

La principal misión era retener los refuerzos enemigos hasta que Ui'Va y el Shas'la que le atendía reactivaran la XV88.


- ¡Aquí torre de comunicaciones, están entrando!

- Aquí Gran Kroot Balrag, recibido. Daos prisa o os perderéis la fiesta.


Dos docenas de Guerreros del Fuego y ocho Kroot, contando al Gran Kroot, alzaron sus armas. El patio tenía varios accesos, pero desde el hángar controlaban todos; Los enemigos entraron por todos los agujeros y orificios posibles, escalando muros y atravesando las oberturas principales en una tromba imparable.


Una locura. Entraron alienígenas, no Tau.


Entraron hormagantes. Su presencia allí era absurda.


Los Tiránidos se lanzaron rápidamente hacia el hángar, y a pesar de la sorpresa los Tau respondieron con una lluvia de plasma, mientras que los Kroot gritaban y aborrecían más que disparaban. La lucha pronto sería encarnizada, y tardaría bien poco en concentrarse en la puerta del hángar.



Día ocho. Hora Planteria: 18:00.Editar

Le dolía la cabeza. Un agudo y terrible dolor le sacudía continuamente. Había aprendido a controlarlo, a evitarlo, pero no era moralmente aceptable, era contradictorio...

Gimió y se retorcíó cuando una ola de dolor, ahora más general, menos localizado e intenso. Duró interminables momentos, y no se permitió abrir los ojos hasta que remitió, volviendo a ser una molestía perenne en la cabeza.

Ahora sí se permitíó mirar, aunque poco pudo discernir en la penumbra de la estancia, difusas siluetas de personas.

- 'Maestra Aun, necesitamos su aprobación.'

Aun'ui Fi'rios miró a quien le había hablado, adelantado al resto de formas difusas de modo que quedaba suplicante justo en el centro de la sala de juntas.

- Recuérdeme el plan, valeroso Shas'vre.

El dolor volvió, pero luchó contra él y siguió mirando la forma del Shas'vre que le consultaba, fijamente, con sumo esfuerzo por no cerrar los ojos.

Por un momento creyó que lo que tenía delante no era un Tau, sino una criatura de pesadilla ¡Qué idea tan ridícula! La afirmación le tranquilizó y aplazó el dolor.

- 'Queremos utilizar la sistemática dron APX-30 y APX-47 para eliminar la amenaza rebelde, dénos los códigos de activación.'

Las preguntas acudieron a la Etéreo ¿La casta del fuego no tenía ya el dominio de los drones? ¿Por qué ése Shas'vre le pedía con tan poca fórmula, le estaba exigiendo...? El dolor volvió, más fuerte, un azote repentino que tardó otra eternidad en cambiar. Se dobló sobre si misma con las manos en el vientre.

- Ne...necesito el consenso del resto... - Aun'Ui Fi'rios tecleó en su panel para formalizar la votación, a pesar de los terribles dolores. No hubo respuestas en el panel, era extraña tanta demora.

- 'Maestro Aun, no tenemos tiempo.'

- Esperaré al resto... Vuelva más tarde, Shas'vre, y obtendrá su respuesta. - Consiguió terminar la frase antes de desplomarse a un lado, al retorcerse, doblándose sobre si misma a causa de la dolencia, ahora lo azotó con más ahinco que nunca.


Desde el suelo creyó ver algo extraño en el Shas'vre, en vez de la lúcida y espléndida armadura distinguió garras y una forma quitinosa; Parpadeó y volvió a ver con claridad al Tau.


¿Era esa la terrible epidemia de Thal, la estaba sufriendo? Aun'Ui terminó desmayándose.





Shas'vre Fi'rios estaba en pie con las manos unidas tras la espalda, mirando la pared. Allí un cuadro holográfico representaba su Fi'rios natal, un regalo de su comandante y hermano de Ta'lissera, un gesto de compasión por dejarle allí, atrás en la expedición, mientras llegaba alguna rata de biblioteca oficinista a reemplazarlo.

Odiaba su puesto y sentía rencor hacia su protegido Shas'el por dejarle atrás en un puesto sin gloria ni honor, lejos del verdadero conflicto. Pero era su deber, como habían recordado a menudo los siete etéreos de Thal'shia.


- Nadie recordará los momentos que pase aquí. - Musitó hablando solo, malhumorado. - Alabado sea el Bien Supremo. - Añadió con sarcasmo.


Un diligente y molesto pítido le recordó su tedioso deber y se volvió a la realidad inmediata, girándose tras su augusto escritorio. Tecleó en la mesa y un holograma apareció ante él, reducido, de uno de sus ayudantes.

- Shas'vre Fi'rios, dos Shas'la de Dal'yth están aquí y piden reunirse con usted. Aun'Ui Fi'rios ha confirmado su llegada y prioridad hace unos momentos.

- Páselos aquí de inmediato.

La oficina del Shas'vre no era nada especial, la tecnología Tau envolvía su rutina y su trabajo; Toda la pared derecha era una pantalla que representaba fielmente cualquier dato insertado en ella. Shas'vre Fi'rios había decidido que mientras no fuera necesario reproduciera exactamente lo debía ser: Una pared.


Apartó suavemente con un manotazo leve el dron que reboloteó entorno a él como una mascota. Su Dron de Defensa estaba personalizado, un capricho que se permitió a un veterano de probada valía. Estaba programado para acompañarle y actuar de forma imprecisa, improvisada; Un juego secreto era, simple y llanamente, jugar al escondite con él. Encontrarlo al despertarse o después de prolongar demasiado una reunión, pues el dron aunque permanecía cerca tendía a escabullirse y ocultarse a su vista.

Al poco dos Shas'la entraron, rifles colgados del hombro y cascos puestos; Se cuadraron ante él, formales y con especial brio.

Llevaban el equipo completo de Guerreros del Fuego. Él mismo estaba vestido con una armadura ceremonial del Clan Fi'rios, una auténtica obra de artesanía poco recomendable para la guerra auténtica. Por encima un tabardo cubría la mitad del pectoral.


- Descansen ¿Y bien, qué les trae aquí?


Shas'vre Fi'rios esperaba una explicación de por qué las comunicaciones de Thal no funcionaban, no podían comunicarse con los otros Clanes ni con la Casta del Aire del sector. Hasta Thal'shia se había silenciado.

Lo que nunca hubiera esperado es que uno de ellos desenfundara y alzara la pistola contra él; El disparo rebotó contra la superficie enérgica del escudo convocado por el Dron; Tres disparos más encontraron la misma suerte. Shas'vre Fi'rios estaba desarmado, pero se repusó rápidamente del pasmo inicial y saltó por encima del escritorio para caer encima del pistolero, agarrándole del brazo; El otro Tau descolgó el rifle e intentó ganar espacio para dispararlo a quemarropa, pero algo contundente golpeó el cañón. El dron se había lanzado contra él y le impidió momentaneamente disparar.

El traidor volvió a disparar, pero impactó y destrozó la pared holográfica; Saltaron chispas y los tres se cegaron y aturdieron con el estallido de la susceptible tecnología; La alarma saltó y varios pítidos complementaron la escena. Un puñetazo derribó a Shas'vre Fi'rios y se vio encañonado por el rifle, que se iluminó y disparó, pero él pudó rodar y acercarse al tirador lo suficiente como para que éste disparara por encima de él.

Se encaramó a éste y agarró su pistolera, desenfundando el arma; Recibió un disparo en la espalda y el calor y el dolor le subieron desde la lumbar; El Shas'vre apartó el rifle impidiendo que su operador lo usara de nuevo y disparó a ciegas detrás de si, cuatro proyectiles; Hasta que el otro se derrumbó; A continuación ejecutó al otro traidor disparándole en la sien tras un breve forcejeo.


Shas'vre Fi'rios se arrastró hasta su mesa y ocupó su asiento, sangrando y aturdido; El Dron se colocó a su lado de nuevo. Aporreó la mesa y tecleó rápidamente. En ello estaba cuando la puerta volvió a abrirse y apareció el encargado del mantenimiento de turno.

El pobre operario de la Casta de la Tierra venía a reparar una avería; Palideció y tartamudeó cuando se topo con la pequeña masacre.

El veterano no le dedicó tiempo, siguió reconfigurando y pronto el pitido de mantenimiento fue suplantado por una voz Dron.

'A todo áquel que escuche esta retransmisión: La Casta del Fuego está en alerta de nivel azul desde éste momento.'


- Joder cómo duele... - El Shas'vre se retorció quejumbroso antes de seguir tecleando. - Necesito atención médica. - Esta vez miró directamente al recién llegado, clavando en él tanto su ojo sano como el biónico que reemplazaba el que había perdido hace años, identificable por el iris dorado.

- Yo-yo...


Tampoco le dio tiempo a decir nada más; Un Shas'la le apartó de un empeñón y entró en reducida sala carabina de inducción por delante; Cuatro más se agolparon en la entrada.


- ¡No-no puede ser...! - Exclamó el primero.

- ¡Son Shas! - Añadió el último, el resto simplemente estaban mudos de asombro.

- Shas'la. - Llamó el Shas'vre, apoyando los codos sobre la mesa y el teclado. - Acaban de intentar asesinarme. Acabáis de ver quién.

- ¡Es imposible! - Los cinco Guerreros ya entraron y atendieron atónitos al superior. Eran todos de Dal'yth, como los dos cadáveres del suelo. - ¡Ningún Shas traicionaria su Casta, al Imperio, al Bien Supremo! - Objetaron varios.

Shas'vre Fi'rios volvió a teclear velozmente; A un lado de la mesa un holograma representó lo ocurrido en esa estancia, mientras que una segunda aparición volvió a dibujar la forma de su ayudante. Le habló mientras los horrorizados cazadores observaban la verdad.


- ¡Shas'vre! ¡La alarma...!

- Cállate. Los enviados de Aun'ui Fi'rios ¿Sólo han venido los dos Shas'la?

- No, señor. Shas'vre Viorla ha venido en un Cabezamartillo.

- ¿Por qué no se me ha informado? ¿Por qué ése vehículo?

- Él pidió pasar desapercibido hasta entrar el mensaje. El tanque... No lo hemos preguntado, señor. Iré a enterarme.

- ¡No, alto, no vayas, quédate en tu puesto! - Pero el servicial Shas ya se había levantado y desoyó las indicaciones del oficial.


Algo muy malo estaba ocurriendo en Thal.

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