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Introducción general.

Nos encontramos en un período temporal actual e inconcreto en la lejana Franja Este, donde la frontera del Imperio de la Humanidad se confunde con el Imperio Tau. Los alienígenas están en plena expansión en un momento en el que el Imperio del Hombre ha de resguardarse y recuperarse de amenazas más apremiantes que los Tau. Así que, instigado por el sabio Aun'va, la famosa O'Shasherra, máxima representante de las fuerzas armadas del Imperio Tau, dirige una ofensiva general contra el hombre dispuesto a arrebatarle tantos planetas como sea posible, a fin de iluminarles y darles a conocer las ganancias de compartir el Bien Supremo. Sea por las palabras, sea por la fuerza.


Una parcela de éste movimiento, más local y menos poderoso, se extiende hacia el norte de las fronteras del Imperio Tau. Allí, Dal'yth se conforma como el principal enclave, desde donde han partido la mayoría de las expediciones. Junto a los aliados Kroot y fuerzas del Clan Menor Fi'rios, los Tau en el norte han consolidado su posición con autoridad.


Aclaración.

La división en cuatro artículos está hecha para mayor organización. Aún en ambientes separados, los acontecimientos serán literalmente simultáneos.


El conflicto se divide en: Narsla Prime , Thal , Loraleon (Éste artículo) y Shi'or .


Loraleon.

Loraleon tuvo que ser arrebatado a los orkos, aunque se tuvo la suerte de que no fue una guerra ni duradera ni tan dura como cabía de esperar. Los Orkos, una gran mayoría de ellos, abandonaron el planeta con sus piedroz y destartalada flota en un waaagh lejano que facilito la conquista y limpieza.

Ahora se ha ganado a pulso el titulo de Clan Menor: El planeta es totalmente autónomo, altamente poblado y urbanizado. Las condiciones planetarias, poca agua y abundantes desiertos, está creando un Clan arisco y severo, pero equilibrado y con gran futuro.

Se considera hijo de Dal'yht.


Empieza la historia.

Día uno. Hora planetaria: 23:00.

+++++++++++++++++++ Transmisión de Emergencia. ++++++++++++++++++++++

+++++++++++ Origen: Mujer sin identificar. ++++++++++++


¡Han roto el perímetro, el perímetro está roto, ya no hay defensas, los cazadores están muertos! ¡Ya vienen!

¡Ya vieeeenen! ¡No nos quedan armas, no hay otro perímetro que aguante esto! ¡Necesitamos evacuación, requerimos evacuación o moriremos todos!


Los niños y los que no pueden luchar están en el edificio V-8, dos Equipos de cazadores aún lo defienden. No resistirán más de una hora, ayuda. Por todo lo sagrado ¡ayuda!

Ayuda, por favor, ayuda. No vamos a aguantar, no hay perímetro, las bestias no tienen fin. Hemos perdido sin saber cómo ni por qué, pero aún quedamos vivos ¡Evacuadnos!

++++++++++++++++ Fin de transmisión. +++++++++++++++++++

Informe técnico:

Retransmitido en Loraleon, Shi'or y Dal'yht.


Anexo informativo:

La población Ais'kan ha sucumbido al enjambre tiránido desconocido. La Casta del Fuego fue superada por el gran número de alienígenas y por las sorpresivas tácticas empleadas. {C}Sin supervivientes. La evacuación nunca se produjo.

Información relacionada:

El ataque alienígena empezó a las 11:30 del mismo día. Sin previo aviso. Desembarco y asalto, Ais'Kan, dos fuertes, dos puestos mineros y otras dos ciudades no pudieron ser defendidas hasta el despliegue efectivo de la Casta del Fuego.

Se esperan más informes.


Día 2. Hora Planetaria: 11:40.

Había que resistir.

Del Equipo de Cazadores ya solamente restaban con vida unos pocos, cuatro de un total de doce; El resto de Equipos, colocados en una larga linea a lo largo de la cordillera presentaba el mismo estado.


Sin Shas'ui, los cuatro Shas'la seguían disparando. Hacía rato que tenían que utilizar las municiones de los que antes habían caido, reptando entre restos y cadáveres para hacerse con ellas a tiempo para repeler la siguiente oleada de horrores.

- ¡¿Tienes un cargador?! - Uno de los Shas'la seguía agitando el rifle como si así pudiera recargarse solo, totalmente descargado.

- No, pregunta a los de Dal'yth.

- Esto es muy malo. - Y efectivamente, agachado, se deslizó hacia el equipo de cazadores contiguo, mejor parado que ellos y con casi menos municiones. No pudó arañar nada.



- ¡Blancos delante! ¡Un enjambre de los pequeños y seis de los grandes! ¿El marcador sigue funcionando?

- Debería.

- ¡Si no tienes munición cógelo y apunta a uno de ésos! Aún tiene que haber un Mont'ka cerca.

El Shas'la sin munición apoyó su rifle a un lado y se agachó junto a su antiguo lider. Murmurando una disculpa, se hizo con su arma; También la liberaron del cargador, pero en éste caso lo importante era su complemento telemétrico: Apuntó a un guerrero tiránido. A esa distancia no podía verse, pero el Shas'la juraría que el punto rojo del láser estaba justo en el pecho.

- ¡El comunicador de Shas'ui está activo!

- ¡Cógelo!

Uno de los Shas'la dejo de disparar sus escuetos proyectiles y agarró el casco del Shas'ui para escuchar. Debía de ser una llamada general o directa para su cuerpo.

- ¿Qué dice?

- El Shas'o quiere saber qué estamos marcando y cuantos efectivos quedamos.

- Pues díselo ¿no?

- ¡Mierda, mirad! ¡Están llegando, los de las cuchillas! ¡Van a asaltarnos!

- ¡Pide un misil, pide un misil, maldita sea!

El Shas'la del comunicador empujó su propio rifle hacia su compañero desarmado, quien no tardó en estar disparando con el resto mientras se las apañaba para mantener con el codo el marcador telemétrico apuntando a la masa. Efectivamente un grupo de hormagantes no tardarían en alcanzarlos, adelantados al resto de tiránidos.

Tuvieron suerte, cuando los tiránidos estaban ya a distancia suficiente como para pensarse saltar contra ellos, el Shas'la del Equipo de Dal'yth arrojó una granada fotónica, cuyo potente haz de luz hizo perder impetú a los hormagantes, y dos de ellos tropezaron cegados.

- ¡Ya está, Shas'o informado! ¡Viene relevo, nos sacan de aquí!


El Shas'la del marcador devolvió el rifle de inducción a su dueño y agarró con las dos manos el marcador telemétrico del Shas'ui: Lo mantuvo firmemente, devuelta al guerrero tiránido.

Los hormagantes no tardarían en retomar el asalto, no les faltaba mucho. Un oportuno misil buscador, guiado por IA dron siguiendo el punto marcado por el Shas'la, pasó por encima de las lineas Tau e impactó en mitad del grupo principal Tiránido: La explosión zarandeó al grupo de guerreros, volatizando dos de los grandes tiránidos y esparciendo restos y cuerpos de gantes aquí y allá. Una gran nube de polvo y fuerte viento fruto de la onda expansiva cubrió a los Tau, interrumpiendo sus disparos momentaneamente.

Pero eso no les dió tregua inmediata; Los hormagantes saltaron la trinchera y causaron destrozos entre los guerreros del fuego, como ya había ocurrido otras veces.

La ágil habilidad de los gantes y sus afiladas cuchillas no encontraban rival entre los culatazos y quiebros de los Shas'la: Estos basaban su lucha y defensa en esquivar las garras, dientes y el resto del mácabro armamento de su enemigo para ganar una posición de disparo y abatirlos a quemarropa.

{C}Cuando un aerotransporte Orca pasó por encima de la zona crítica, una segunda oleada tiránida empezaba a surgir para reunirse con los restos de la primera y terminar de superar las lineas de los valerosos Shas'la: Varias escuadras de drones, que virtualmente les cayeron encima, les retrasaron. Finalmente, un despliegue de Armaduras de Combate XV8, las Crisis, y nuevos equipos de Guerreros del Fuego permitieron que el avance tiránido siguiera estancado en esa hondonada maldita.


Aunque uno de los Shas'la dejo en esa trinchera un brazo cercenado a la altura del hombro, vivió. Dos Shas'la del equipo original de doce sobrevivieron a tres horas de crudo combate, un espacio de combate apenas comprendido desde el amanecer hasta ahora.


Durante toda la noche, otros Equipos habían luchado y sangrado para asegurar esa linea y detener el avance tiránido. Éste era un buen punto: Si la Casta del Fuego se rompía, dos ciudades más quedarían expuestas a los devoradores de mundos, a los horrores alienígenas.

Una contraofensiva aún era imposible ¿De dónde habían surgido tantos? El asalto inicial tiránido estuvo a punto de rebasar las defensas planetarias. Y ahora en el segundo día, volvían a presionarles con renovada fuerza.


Día tres. Hora Planetaria: 12:35.

Cuando el reducido equipo de Guerreros del Fuego retomó el puesto de tiro, dominante en la cordillera ya familiar, no eran más que siete Shas'la sin Shas'ui. Todos procedentes de Fi'rios, unidos desde diferentes Equipos disueltos por las cuantiosas bajas.


- Solo morimos los de Fi'rios o qué, debemos de tener mejor sabor que el resto. - Ssh, déjate de tonterías y mira al frente. Hace una hora que no hay actividad, no tardarán.


Los Shas'la acomodaron su equipo y una caja de municiones en la trinchera círcular. A izquierda y derecha otros Equipos hacían lo mismo, con algunas Armaduras de Combate entre ellos. Una Apocalipsis se posó cerca de los de Fi'rios, imponente, activando sus sistemas con calma.

- Joder, aquí hay una pierna.

- Entiérrala.

El Mantarraya informó que volvía al hángar.

- Ya podía quedarse, su armamento vendría muy bien.

- ¿Tienes ganas de volver a pie?

- ¿Volveremos?

Una ola de calor los rodeó y acalló: Por encima de ellos disparó la Apocalipsis, ladeada; Su impacto, lejano, destruyó algo. Un alarido tardío informó de que el Shas'vre había eliminado un enemigo.

Una voz, con evidente ampliación de megafóno, invadió la escena.

{C}- HONORABLES SHAS'LA Y SHAS'UI, SOIS EL MURO QUE IMPIDE A ESA HORDA IMPÍA ANIQUILAR TODO LO QUE CONOCEMOS, LO QUE AMAMOS, EL FUTURO DEL UNIVERSO. ESTÁIS ASENTADOS SOBRE LA SANGRE DE NUESTROS CAMARADAS Y AMIGOS. HACEDLES PAGAR LO DERRAMADA, DESTRUIDLOS A TODOS.

{C}Tres Armaduras de Combate descendieron de los cielos. Dos XV8 y un prototipo experimental, pintado en un tono rojo chillón, variante muy cercana a la propia Crisis.

- ¡El Shas'o!

- Se va a manchar la armadura.

- Ssssh.

- Atentos, joder, ya vienen.


Infinidad de los acostumbrados gantes empezó a surgir de nuevo. También enjambres voladores, gárgolas, dispuestos a acosarlos mientras que por tierra las criaturas se amontonaban entorno a sus líderes, sustancialmente más grandes y temibles. Todo el avance con una única razón: Pasar por encima de todos ellos.

- CONCENTRAD EL FUEGO EN LOS CIELOS, LAS MINAS RETENDRÁN AL RESTO.

- ¿Por qué no usa la comunicación corriente? Apenas le entiendo.

- Cuando llegues a Shas'el se lo podrás cuestionar ¡Dispara de una vez, deja de mirar esas cosas embobado!

Los rifles apuntaron al cielo, y en ordenadas andanas por Equipos, las gárgolas empezaron a sufrir los proyectiles de inducción y el fuego de las Armaduras de Combate. Pronto los seres voladores se retiraron, indecisos ante tal represalía y sin la guía de un engendro volador que les diera más impetú. Pronto los disparos, misiles y aceleradores lineales se centraron en la tierra.

- Disparad más rápido, tenemos el Shas'o cerca. Matad, que recuerde que los de Fi'rios son los mejores cazadores.

- No malgastes tus municiones así ¿Te has olvidado de la instrucción?

La Armadura Prototipo del Shas'o era una variante que desplegaba un armamento demencial: Con cuatro cañones de inducción y un sistema de misiles guiados, cada vez que disparaba causaba gran devastación entre los gantes, abriendo grandes brechas en sus formaciones.

Entre el teñido de rojo, la gran cadencia de disparo y que la voz magnificada del Shas'o también reproducia sus reacciones... Parecía un Dios de la Guerra personificado. Cada vez que mantenía por un tiempo prolongado su brutal armamento en activo, empezaba a reír.

Con unas carcajadas desquiciadas, febriles, inundaba el campo de batalla. Llegó un momento en que los Shas'la sólo entendian dos cosas: La mácabra risa de su líder, quien debía pasárselo en grande disparando a la masa, y los propios disparos.

- Está loco...

- Pero estamos ganando ¡Se retiran, se retiran! ¡Ni siquiera han llegado a subir!

Era extraño, pero el Shas'o resultaba realmente inspirador. Nadie dudaba que era un experto cazador y un gran táctico, pero verle repartir destrucción y muerte en persona era contagioso. Ése día los Shas'la lucharon mejor que nunca. La primera oleada desde el relevo de las anteriores fuerzas se había saldado con una victoria absoluta, ningún tiránido llegó a las trincheras. Pero ya había pocas minas - Que de vez en cuando alguna aeronave derramaba por la zona baja de la cordillera -, y siempre había más enemigos. Y en esa oleada no había aparecido ningun ser... destacable, sólo unos pocos Guerreros.

- ¡Mejor un loco aquí, sufriendo la misma mierda que nosotros, que leyendo lo que decimos desde T'au!

- Atención a la comunicación interna. Se acerca otra oleada, y algo realmente grande.

- Esperad ¿Lo notáis?

- Yo sí. El suelo tiembla.

- El suelo tiembla... ¿Por qué?


Día cuatro. Hora Planetaria: 7:20.

{C}Oscuridad.

Tierra.

Oscuridad y tierra: A eso había quedado reducida la realidad.


Para la sensible monstruosidad, aunque podía percibir tenuemente las vibraciones de los movimientos de la superficie, no había nada más. Tierra, que apartaba mecánicamente, con destreza innata ¿No había nacido para eso? Y oscuridad. Allí no había ni un resquicio de luz, la obertura inicial quedó atrás hacía mucho.

Finalmente, la realidad se amplío.

Oscuridad.

Tierra.

Un rayo de luz.


Era el momento: El Trigón ya no necesitaba excavar. Apoyó su gran corpachón contra la débil techidumbre y empujó, empujó hasta ampliar la grieta.

El exterior inundó al trigón, quién no tardó en abandonar el tunel totalmente, desplazando su gran corpachón serpentino para dejar paso todo el enjambre de gantes que le precedía.


Nadie sabría nunca como los tiránidos habían procedido con tanta precisión, pero el gran agujero se abrió entre dos grandes módulos prefabricados: Ambos servían como hospitales de campaña. Cerca de dichas instalaciones, un hángar improvisado, al descubierto, se usaba para la puesta apunto de los vehículos y su reparación, así como estacionamiento mientras no estaban operando.

En conclusión: El Trigón llevó a los suyos a pleno campamento Tau, desde donde operaba gran parte de los Cuerpos que mantenían a raya al Gran Devorador. Había tres campamentos más cómo ese, pero de no tan dedicados a los tanques como áquel.


- ¡ALARMA! ¡ENEMIGO!

Los siguientes gritos del mecánico fueron de horror, dolor y finalmente de agonía; Tres hormagantes se le habían echado encima. El resto se desplegó con un orden y una eficacia que no dejaba duda que los tiránidos no estaban allí por casualidad: Pronto ambos hospitales acogieron nuevos visitantes, y pronto no quedó nadie para vendar, operar o respirar.

La mayoría de miembros de la Casta de la Tierra, ocupados de la logística y del mantenimiento de las fuerzas acorazadas, no tenían armas. No fueron rivales para los tiránidos, y su huida no les llevó muy lejos. Los pocos soldados que allí restaban no pudieron eliminar a suficientes asaltantes; Todas las fuerzas estaban concentradas en las lineas u en otros puntos.


La mayor resistencia la ofrecieron drones de combate, unos apostados como defensas y otros en reserva o reparación. Eran escurridizos, con buen armamento y díficiles de destruir a golpe de garra o con los proyectiles tiránidos. Pero, como el resto de ocasinales defensas, no eran suficientes. Y menos cuando la Serpiente de Loraleon, inmune a la mayoría de proyectiles, sólo necesitaba un manotazo para convertirlos en chatarra.




La ciudad de Blo'N era un asentamiento importante, de población densa y cuidadas y limpias calles ordenadamente distribuidas. Había sido evacuada en gran parte, pero aún quedaba gente allí: El espaciopuerto estaba siendo intensamente utilizado, por lo que necesitaba operarios y energia; También se había quedado todo miembro de la Casta de la Tierra dedicado a la medicina, pues podían ser útiles, y gran parte de los capacitados para la mecánica.

Allí quedaba un Etéreo, una guarnición de la Casta del Fuego y una base de la Casta del Aire: Desde donde operaban por toda la zona. El Aun debía de estar allí como observador y supervisor, pues la tarea que debían realizar las cuatro Castas era grande, y se temía que sin el refuerzo de un auténtico dirigente la negligencia les pasara factura, la más mínima.

Todos y cada uno de los habitantes y trabajadores de la ciudad han soportado tres duras horas de trabajos forzados a contrareloj: Terminar de suministrar armamento y combustible a los Barracudas y Cabezamartillos, fortificar y establecer un perímetro defensivo, despertar cuantos drones de combate se pudieran: Los Tiránidos se les echaban encima, un nútrido grupo de ataque que había cogido a todos por sorpresa. Se habían saltado las lineas, engullido los suministros, heridos y apoyos de la linea de batalla y desaparecido en la nada. Pero hasta el más necio sabía que pronto reaparecerían.


Y lo hicieron cerca de Blo'N, por un segundo tunel. Por la facilidad y la rápidez, los defensores habían llegado a la conclusión de que ya estaba preparado. Pudieron interceptarlos, tres Barracudas sacudieron su avance y les obligaron a retroceder, dispersarse. El intenso bombardeo causó grandes destrozos entre las lineas tiránidas.

Pero la aviación no podía aniquilarlos por completo, ya les estaba escaseando la munición y no pudieron ofrecer un bombardeo totalmente eficaz; Además las criaturas, después de un primer ataque por parte de las aeronaves, dejaron de exponerse. En la segunda pasada, la mayoría había vuelto al tunel o se había escabullido entre las rocas con tal habilidad que pocos pudieron convertirse en blancos de los avezados pilotos.

No, Blo'N iba a tener que defenderse a ultranza mediante sus soldados, drones y tenacidad.




Una considerable fuerza había logrado atravesar las defensas, a pesar del intenso fuego y la fanática resistencia de la Casta del Fuego. Pero pocos se habían imaginado qué había conseguido entrar en la ciudad de Blo'N.


Dos Guerreros Tiránidos rodeados de una hueste de gantes, conformando una fuerza compacta de algo más de sesenta individuos, avanzó trotando rápidamente.

Sus negras intenciones les estaban dirigiendo directamente hacia el espaciopuerto, atajando por las calles y evitando la mayoría de los Equipos de Cazadores destinados a protegerlos. En consecuencia, un Shas'el al mando tuvo que desviar fuerzas para interceptarlos: Cuando las Crisis asomaron entre los tejados y las esquinas, los Guerreros Tiránidos retrocedieron y se escabulleron por otra travesía.

Pero los gantes se quedaron, y pronto la ausencia de sus líderes los enloqueció: Entre el acoso de las Armaduras y que su primitiva inteligencia empezó a predominar, provocó que unos se lanzaran aún con más ferocidad al combate, y otros se escabulleran a esconderse, buscando sobrevivir.

Ambos casos complicaron la tarea de las Crisis: Tuvieron que derrotar a un enemigo feroz para encontrarse con que al menos una veintena de esas asquerosas criaturas se habían dispersado por la ciudad. Sabían que podían reproducirse, crear nidos. Sabían que no podían dejar ni una sola viva. Les retrasaría, apartaria del frente un numeroso y necesario equipo de Armaduras de Combate... Pero tenía que hacerse.



- Están por aquí.

- Atento. Cojo altura.


Dos Crisis se habían destacado para rastrear ambos guerreros huídos. Una de ellas se posicionó en un tejado bajo para descubrir la desagradable sorpresa que allí se ocultó una de las dos criaturas:

El Tiránido se le echó encima, derribando la Armadura de Combate, cayendo ambos desde dos pisos de altura en mitad de la calle. Aún con el blindaje adicional y el aislamiento de la cabina, El Shas'ui se resintió tanto que apenas atinó a disparar; Demasiado desviado. Pronto las garras del guerrero terminaron de inmovilizar la Crisis y lograron alcanzar al piloto, matándolo al atravesarle fortuitamente el vientre. Fue vengado rápidamente cuando un proyectil de plasma le volatilizó por completo el costado.

Pero el otro cazador no pudó hallar el segundo guerrero. Pérdido en la ciudad, finalmente tuvo que desistir y acudir a otro escenario de la batalla.


Blo'N aún ofrecía una linea de combate, una defensa aún sólida, frente a un enemigo incansable. No llegaban refuerzos, y varios sectores estaban empezando a flaquear.


Día cinco. Hora Planetaria: 18:14.

El cadáver del gran carnífex recordaba lo terrible que era la bestia en vida. Ahora servía de cobertura.

Pegado a él, la armadura mimética matenía su camuflaje óptico por costumbre, pues su equipo había descubierto que ante la amenaza tiránida resultó inútil: Esas criaturas debían olerlos o presentirlos de algún modo. Del Equipo de cuatro armaduras de combate, sólo quedaba él. Líder del especial equipo, no tenía tiempo de lamentarse o sentirse responsable de su fracaso y de la muerte de sus hombres.

Estaba en un terreno que el enemigo había ganado. Aunque las trincheras no estaban muy lejos, allí ya no había Guerreros del Fuego. Se había retirado el frente, roto por varios ataques subterráneos y la continuada presión de los organismos tiránidos. Blo'N estaba cayendo y otra ciudad, Ashari, pronto lo haría.


Un hormagante sobrepasó el cuerpo del carnífex y localizó al Shas'ui, quien dirigió hacia él el cañón de inducción. Aún se estaba enfriando, pues corría riesgo de colapsar el arma si abusaba de ella, lo que en traducción era una mala situación.

El hormagante cargó, garras por delante, en un tremendo salto para terminar arañando el aire y la tierra: El Shas'ui activó sus retroactores, volando; Pasó por encima, se posó inestablemente sobre el carnífex y evaluó la situación. Aún no habían más tiránidos, pero esa criatura inevitablemente atraería a más.


Un parpadeo dentro de la pantalla de estados de la armadura le dio la alegría que necesitaba: La Armadura de Combate disparó contra el gante cuando este empezaba a ascender por el cadáver del ser mayor, destrozándola bajo las ráfagas del cañón. Era un arma poderosa y de gran cadencia; El Equipo de Armaduras Sombra podía desplegar una cantidad y potencia de fuego asombrosas, pero no fue suficiente.


Su imprecisa misión había fracaso, debía reagruparse con las fuerzas de la Coalición, no importaba el Cuerpo; Mientras siguieran vivos y fueran Tau. Activó de nuevo los retroactores y echo a volar, trasladándose a saltos para ahorrar una energía que necesitaría. Debía de darse prisa si quería dar esquinazo a las criaturas que lo rastrearian a partir de la muerte del hormagante.


Tenía que informar de lo que había visto.




El Guerrero Tiránido no dejo más que una pulpa sangrante que recordaba vagamente a un Guerrero del Fuego cuando se alzó y saltó hacia otro oponente, quién tuvo la misma suerte.


- ¡Atrás!

- No podemos salir de aquí, matad al horror.

- ¡Yaaaargh!

Un tercer Shas'ui perdió un brazo, y la fuerza del golpe le hizo chocar contra la cristalera, quedando aturdido. Seguramente ya no se reincorporaría a la lucha más.

Quiénes estaban sufriendo la ira del Guerrero Tiránido era la escolta de Aun'el Tau'n Ra'os. En la estancia superior, el Etéreo seguía guardado por dos Shas'ui más. La Casta del Fuego de Blo'N ahora luchaba en las calles, en mitad de una desenfrenada retirada en dirección al espaciopuerto: El Etéreo había pedido que lo defendieran y resistieran allí. Un Manta no debería tardar en ir a recogerles, en intentar salvar las vidas que se pudieran. Pero los cielos eran peligrosos, también había horrores alados y la Casta del Aire tenía problemas propios.


- ¡No podemos dejarlo pasar!

En esta ocasión el cuarto Shas'ui pudó evitar las garras del monstruo y dispararle a quemarropa en el costado; Pareció que le heria de gravedad, pero el tiránido se revolvió y desarmó al guerrero. Sólo quedaban tres en pie.

- ¡Id arriba, protegedle, así acabará con todos! - El Shas'ui desarmado blandió en la derecha la pistola de inducción y en la izquierda recogió, amenazante, el mismísimo cuchillo de la Ta'lissera. No era un arma, y era ridiculamente pequeño en comparación con las garras del tiránido; Pero si iba a luchar contra algo así, sería mejor hacerlo con todo lo que pudiera dañarle.


"Arriba" era un espacio habilitado para las comunicaciones, allí el Aun'el transmitía palabras tranquilizadoras y antiguos salmos para quien pudiera oirle aún. El triunfo del Guerrero Tiránido significaría la muerte del dirigente, un duro golpe díficil de suavizar.

Los dos Shas'ui ascendieron a reunirse con el Etéreo y sus dos últimos compañeros, sellando la entrada tras ellos. Improvisaron una barricada, intentando bloquear la entrada al habítaculo de comunicaciones: Allí estaban encerrados, pero vivos.

 No tardó mucho en sufrir la puerta las embestidas del Guerrero Tiránido. Allí donde la sangre de éste salpicaba la gruesa puerta metálica, la corrosión desplegaba vapor y fundía el mismo metal abriendo zurcos en la entrada. No duraría mucho.  Cuatro rifles de inducción estaban esperando que la obertura cayera. Aun'el Tau'n Ra'os seguía transmitiendo. - ¡Recordad, hijos míos, que por larga y densa que sea la oscuridad que hoy sufrimos nunca será comparable al horror que tuvo que vivirse para que nuestro resplandor pudiera iluminar el universo! ¡No estamos viviendo más que un leve resquicio, una farsa, de lo que superamos en Mont'au! ¡No os dejéis llevar por el miedo ni por la desesperación, puesto que aún seguimos unidos, y unidos nunca podremos ser vencidos totalmente! La puerta, tras veinte minutos de acoso, cayo pesadamente, desencajada. El Guerrero Tiránido se encogió ante los disparos de los cuatro guerreros, pero aún así irrumpió poderosamente en la estancia.  - ¡Matad a la bestia, proteged a Aun'el!   El Etéreo tomó silencio y se giró para contemplar la escena. El horror tiránido estaba ya malherido, debía de estar débil porque falló al intentar lanzarse contra uno de los guerreros; Éste tuvo tiempo de esquivarle, aunque una de las garras le hizo perder trozos de la armadura de protección.  - ¡Su lado izquierdo está descubierto, ahí!   Es verdad que el blindaje natural del guerrero flaqueaba en ése costado, pero seguía siendo veloz y con otro salto pudó evitar recibir cualquier daño mortal aprovechándose de su debilidad al tiempo que ahora sí que alcanzaba un Shas'ui, quien murió inevitablemente cuantro dos pares de garras le destrozaron el cuerpo macabramente.   Ahora el Etéreo intervinó adelantándose, sobrepasando a los Guerreros del Fuego. Su reacción sobresaltó y alarmó a los escoltas, quiénes vieron espectantes como con un hábil mandoble con la Lanza de los Desafíos Aun'el cortaba limpiamente una de las extremidades del Guerrero Tiránido; La peligrosa sangre le salpicó parte de la túnica y un gran chorro cayo encima de uno de los cazadores Tau.  Mientras el veterano soldado moría agonicamente a causa de las graves e impactantes quemaduras producidas por las sangre ácida, los otros dos atinaron a seguir disparando y esta vez uno de los proyectiles tuvo que acertar en algo importante del Tiránido, puesto que se estremeció y finalmente se desplomó.  Una vez la criatura expiró, los tres Tau restantes no perdieron el tiempo y echaron a correr en dirección a las escaleras. - Llegaremos al espaciopuerto. - Aseveró uno de los Shas'ui. No sabían que encontrarían en las calles, pero aún deberían de ser seguras.- Cueste lo que cueste. - Añadió el otro. Ya había sido sacrificado casi todo el Equipo para mantener con vida al Etéreo. Era un sacrificio honorable, una de las mejores muertes que uno de éstos guerreros puede tener.  Éste no respondió. Puede ser que la masacre de la planta baja le haya dejado sin habla. Si bien, en vez de dirigirse hacia la salida, Aun'el Tau'n Ra'os se acercó a uno de los cadáveres y se arrodilló ante él. - ¡Venerable, debemos irnos!  Dejándole sin respuesta, el Etéreo aflojo los dedos del muerto para recuperar un objeto, que en breve tendió a uno de los dos escoltas. - No deben irse sin esto. - El cuchillo de la Ta'lissera. Simbólico de la unión entre los dos soldados y los que ya no estaban en el mundo de los vivos. - Es-está bien, venerable Aun, pero marchémonos ya.
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