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Relato publicado por Aresius King en la ezine Goblin Panzudo nº 9. El uso de términos ingleses en determinadas secciones es intencionado y pretende ser una crítica a la política de traducción de Codex de Games Workshop.


El garrapato mamut sacudió su enorme cabeza, intentando sin éxito atrapar a alguno de los insectos voladores del tamaño de palomas que le acosaban desde que lo habían hecho caer con su pocilga metálica a medida desde miles de metros de altura hasta aquel yermo en el que no crecía nada lo bastante grande para ser de interés. Bueno, ahora también había un montón de orkos ahí, pero los Doktorez Zerdo le habían enseñado (a la fuerza, porque como todo el mundo sabe, “la letra kon zangre entra, y zi no a tortazo limpio te vaz a enterar”) que era mejor no comérselos a ellos sino a los kanijoz y snotlings, más que nada porque no tenían nada con lo que defenderse de él. Pero no tenían mucha sustancia, así que estaba impaciente por probar otra vez un montón de esa carne rosadita que de vez en cuando le dejaban zamparse mientras los chikoz disparaban desde el castillete de su lomo. Podía sentir instintivamente que esos mismos chikoz, los de su espalda y los del suelo, también estaban impacientes por pelear y matar y destrozar.

Justo cuando estaba empezando a salivar con expectación por verse rodeado de tanta algarabía y ansia de lucha, un calambrazo en su nuca le hizo bramar de dolor, y no pataleó porque los arneses del castillete fueron apretados de un modo preciso para sujetarlo. Una escalera de metal oxidado fue apoyada en su costado derecho, y al girar su cabeza vio cómo su dueño entraba en escena montado en una malhumorada bestia porcina que tenía más de máquina que de animal, y tras descabalgar subía con paso firme por la escalera hasta el castillete.


El Gran Jefazo Warzuz se recolocó los garrapatos peluca que le mordían el cuero cabelludo para proporcionarle una esplendorosa melena de una docena de colores chillones distintos y contempló el resultado general en una plancha de metal abrillantado que sostenía uno de sus asistentes gretchin. Este fue a soltar un comentario adulador, pero Warzuz no quería perder tiempo con peloteos y se lo hizo notar mediante un chute directo con su bota de piel de garrapato escamoso que le hizo salir volando por el balcón frontal del castillete del garrapato mamut.

- ¡Warzuz! ¡Warzuz! ¡Warzuz! – le aclamaron sus chikoz cuando se asomó a ver cómo de lejos lo había mandado. Recordando inmediatamente lo que había venido a hacer, pulsó el gran botón rojo que soltaba descargas en el cuello de su montura y alzó triunfante los brazos mientras el animal bramaba de dolor y furia.

- ¡Chikoz, por fin hemoz llegao! – más aclamaciones –. ¡Hoy vamoz a arramblar kon ezte planeta! – los gritos ya eran ensordecedores –. ¡Viva la Tribu del Bokao Envenenao! ¡Viva el Klan Mordizko de Víbora!

La multitud de piel verde se volvió prácticamente loca de ganas de rebanar y acribillar, y muchos abrieron fuego al aire (alguno más avispado aprovechó para cargarse a algún rival en medio del fervor guerrero del momento) mientras agitaban los estandartes verdes con glifos de colmillos rojos que representaban a la tribu. Algunos Eztrambótikoz no pudieron soportarlo y estallaron como fuegos artificiales verdes para gran diversión de los que estaban a bastante distancia para no sufrir daño alguno.

Sin embargo, algo iba raro por el fondo norte. Ahí había gritos y disparos también, pero parecía que hubiera empezado una pelea de verdad. Satisfecho de ver el entusiasmo de sus chikoz, pero harto de tener que decirles que solo había que disparar a los que no eran verdes, el Gran Jefazo se giró hacia allá y trató de enterarse de quién era el cerebro de snotling que había provocado tal revuelo. Allí se encontró con la visión más extraña de toda su vida.


El Kaptin Bigdikk arengó a sus Flash Gitz con su power klaw articulada desde lo alto de su Gorkanaut, exquisitamente decorado con una capa de pintura amarilla fosforescente y con diseños molones de llamas negras como el humo que vomitaba su motor. Tenía prisa por llegar hasta el Boss de aquellos orks rústicos y hablar de negocios, y aquel atasco de palurdos cubiertos de pintura de guerra y warboars no parecía que fuera a despejarse por las buenas, así que hizo señas al Nob conductor de que abriese fuego.

Los seis akribilladores triples del Deffstorm Mega-shoota abrieron un sangriento camino inundado de migas de carne de greenskin, y por él los Flash Gitz pudieron avanzar pomposamente rematando a cualquiera que aún se atreviese a interponerse en el camino de los Bad Moonz recién llegados.

Al llegar al espacio central sin más oposición, Bigdikk pateó el techo de la cabina del Gorkanaut para que lo parasen delante del corpulento Squiggoth en el que se encontraba el Warboss. La bodega abrió sus puertas y su escolta de Meganobz bajó con las armas en ristre para formar una barrera frente al andador mientras los Flash Gitz cubrían los flancos.

Tras un breve silencio intenso en el que los locales midieron las fuerzas de los recién llegados y viceversa, el Kaptin de los Freebooterz se descubrió su calva cabeza e hizo una especie de reverencia con su estrafalario sombrero decorado con plumas y variados adornos de oro. Mostrando una ancha sonrisa totalmente bañada en ese mismo metal precioso, Bigdikk se dirigió a su futuro cliente desde la elevada posición que le proporcionaba su flamante vehículo, aún goteante de sangre:

- ¡Zaludoz! ¡Zoy el Kaptin Bigdikk, el terror de loz ziete Zegmentumz, y ezta ez mi banda, loz Zroatkutterz! ¡Komo podéiz ver, zomoz loz Gitz máz Flashy, y zi keréiz ke luchemoz kon vozotroz zolo tenéiz ke darnoz la mitad del botín de la kampaña!


El Gran Jefazo Warzuz se rascó confundido la cabellera, encontró un pequeño garrapato desparasitador y se lo comió mientras intentaba sacar el menor sentido a lo que acababa de ver y oír. Aquel korzario y sus Tipejoz Vazilonez habían atravesado las filas de su tribu machacando cualquier estorbo gracias a los cañones de aquel contenedor chillón con patas, ¡y encima venían a ofrecerle sus servicios a un precio carísimo! Pero lo que más dolor de cabeza le daba era esa palabrería extraña que no había oído en su vida, y eso que había participado en un buen puñado de ¡Waaagh!s.

- ¿De dónde haz salido, korzario? ¡No entiendo ni repajolera de lo ke dizez!

- ¿Tienez algún problema kon mi elegante azento de Gunz Ork-chop? – fue la beligerante respuesta del orko subido encima del humeante trasto. Sus chikoz, aparentemente también ofendidos, aprestaron sus armas y enseñaron los piñoz, lo que hizo que fueran rápidamente imitados por los demás pielesverdes presentes.

Azí ke ez ezo, pensó Warzuz. Gunz Ork-chop, el nido de Mekánikoz y Chapuzaz más infame a ese lado del Torbellino, donde inventaban los cacharros más absurdos y grandes imaginables y luego los vendían a precios aún más descabellados. Al menos aquel cacharro disparaba bien, como habían podido comprobar los pobres pardillos que ahora servían de alfombra roja para aquellos fardones, aunque estaba claro que le faltaba la agilidad y presencia de un buen garrapato o jabalí de guerra. Bueno, quizás fuera útil tener más potencia de fuego en la próxima batalla, pero desde luego no iba a aflojar tantos piñoz por tan pocos refuerzos.

- ¡Ninguno, ninguno! ¡Hablemoz de negozioz!

- ¡Te ezkucho!

- ¡Yo zoy el Gran Jefazo Warzuz, y voy a ir a darle una paliza a loz humanejoz de ezte planeta! ¡Zi te apuntaz, te daré la mitad de la mitad de la mitad de mi botín!

- ¡Ezo ez muy poko! ¡Traemoz armaz high-quality y ezte poderozo Gorkanaut! ¿A kuántoz boyz máz kierez ke mate para ke veaz que nozotroz lo valemoz?

- ¡Eztá bien, la mitad de la mitad y eztoy ziendo generozo! ¡Pero tienez ke enzeñar trukoz nuevoz de Gunz Ork-chop a miz Mekánikoz!

- ¡It’z a deal!


El Kaptin Bigdikk sonrió complacido con las condiciones del trato. Si todo iba según el plan, él y sus boyz se llevarían toda la rapiña de la próxima batalla, ¡y además tendrían la ocasión de reclutar nuevos Mekboyz para ponerlos a trabajar en Gunz Ork-chop! Su señor, el poderoso Arch-overpowerer, estaría complacido. Anotó mentalmente que debía llevarse también unos cuantos filetes de ese Squiggoth, pues a su Warlord le gustaba darse banquetazos a costa de sus víctimas.


Aquel bicho raro mostraba su sonrisa dorada de nuevo, así que Warzuz supuso que habían cerrado el trato. También supuso que debería quitarle toda esa parafernalia de chapas y plumas antes de echar su cadáver y el de sus garrulos compañeros a las letrinas, no fuera que sus garrapatos de combate sufrieran una indigestión.

Dejando de prestarle atención, volvió al interior del castillete y se sentó en su trono hecho de grandes piños de garrapatos y bestias cazadas personalmente por él. Desde ahí empezó a ladrar órdenes para poner en marcha a la tribu en dirección a la primera gran ciudad de los humanejoz, donde pondría a prueba la letalidad y lealtad de los recién llegados.


Zampataponez, que era como los chikoz llamaban cariñosamente al garrapato mamut, estaba pasándolo en grande haciendo honor a su mote (debido entre otras cosas a que por su inmenso tamaño casi todas sus presas eran enanas en comparación con él). La carne rosada de aquel planeta tenía una cáscara crujiente que hacía muy divertido masticarla ruidosamente, y el hecho de que sus propietarios supieran rehuir a tiempo sus ataques y contraatacar con fuego y cuchillas solo aumentaba su ansia por matarlos y mascarlos.

Sin embargo, su disfrute se veía menguado porque podía sentir cómo su amo, encerrado en el castillete de su lomo, destilaba mal humor por los cuatro costados. No percibía cerca el tufo concreto de su zuperjabalí favorito, y parecía que los demás pielesverdes tenían problemas para romper la cáscara de sus presas a golpe de piztola y rebanadora.

Decidido a poner contento a su dueño, Zampataponez buscó un buen trofeo que poner a sus pies mientras las balas y los rayos de energía volaban a su alrededor, chocaban con su blindaje o hacían insignificantes heridas en su duro pellejo. Allí enfrente, algo grande y brillante. Había mucha carne alrededor, y también el grupo de chikoz de aspecto llamativo y olor extraño que habían llegado el día anterior se dirigía a toda prisa hacia esa cosa. Bien, pues no dejaría que se llevaran ellos el premio: la cosa brillante la cogería él para su amo Warzuz, y nadie más.


El Kaptin Bigdikk estaba francamente contento dadas las circunstancias. Sí, el maldito Warboss de aquellos estúpidos Snakebites había sido lo bastante listo como para poner a su banda en el punto más candente de la línea del frente, supuestamente para que su Gorkanaut y sus Flash Gitz dieran buena cuenta de los enemigos más duros con sus armas kustom, pero evidentemente también para quitarse de en medio cuantos más competidores mejor. Asimismo, aquellos ‘umies de cara fina, pelo blanco y protuberancias pectorales no hacían nada por desfavorecer los planes de aquel paleto aborigen, con sus duras corazas con flores y sus potentes armas pesadas a medida permitiéndoles atreverse a plantarle cara ¡a él, el gran Bigdikk!

No obstante, había descubierto el mejor trofeo del campo de batalla, y su alma de Bad Moon le hizo incapaz de resistirse a abandonar su posición y lanzar a su banda de cabeza a través de las filas enemigas para alcanzarlo: una imponente estatua de oro del God-Emperor de los ‘umies se alzaba al otro lado de las puertas de la ciudad, defendida por filas y filas de más de esas “Battle-Sisters”. Si se hacía con ella, no solo podría cumplir su sueño de bañar en oro todas sus armas y las de toda su banda, sino que ganaría el prestigio suficiente como para poder atraer a su causa a toda la tribu y quitar de en medio a aquel inútil anticuado de Warzuz.

Encaramado una vez más en lo alto de su Gorkanaut amarillo, se disponía a dar la orden de dar el avance definitivo hacia la estatua cuando una sombra enorme lo cubrió desde atrás e impidió que la luz del atardecer siguiera reflejándose en la efigie dorada. Sorprendido, se giró a tiempo de ver cómo el jadeante Squiggoth se lanzaba por encima de él para derribar de un solo y tremendo cabezazo el arco de la puerta fortificada.


Warzuz sacudió la cabeza para despejarse y salió de debajo del montón de chatarra bajo el que había quedado sepultado. Estaba de un humor tan negro que aprovechó el movimiento para aplastar a un puñado de kanijoz que venían a despejar los escombros bajo las planchas que se acababa de quitar de encima. Pestañeó. Brillaba el sol, la batalla aún rugía. Su trono de piñoz estaba hecho pedazos, al igual que la mayor parte del castillete y de sus ocupantes. Su pobre y tontorrón Zampataponez ya no se movía; se había abierto la cabeza al cargar contra el arco del portón.

Lo cierto es que no había salido tan mal: las defensas de la puerta habían caído, los humanejoz de pecho inflado de fuera ya no podían retroceder tras los muros, y todo parecía indicar que tenía vía libre para llegar hasta sus jefes y cargárselos bajo esa brillante figura de metal amarillo. Intentó despertar a patadas a sus Noblez de confianza, pero todos estaban demasiado descuartizados por las placas de metal caídas como para estar en condiciones de combatir en menos de una hora (y eso si venía ya mismo el Matazanoz y no decidía empezar a “arreglarloz” a su manera). ¿Y qué era aquello amarillo...? ¡Maldito korzario! ¡Bigdikk quería llevarse la gloria adelantándose! Enfurecido, agarró a otro kanijo y lo mandó a gritos a buscar a sus jinetez de jabalí para que los trajera hasta allí más rápido que un buggy rojo.


El líder de los Freebooterz consiguió salir de debajo de una pila de piedras, se sacudió el polvo de su magnificente gabán de Kaptin y recuperó su sombrero emplumado antes de reconocer su entorno. El cadáver de aquel estúpido Squiggoth ocupaba buena parte del vano de la puerta de la ciudad, y desde allí los pedazos del arco derrumbado se extendían en abanico hacia dentro. Él y su Gorkanaut habían salido volando varios metros hacia delante, con lo que el andador había quedado inutilizado y la mayoría de sus Flash Gitz habían muerto o desaparecido bajo los escombros, aunque los Meganobz, protegidos por su pesadísima mega-armour, estaban ayudándose unos a otros a salir de la chatarra del vehículo.

Al otro lado del gigantesco squig se oía rugir aún la batalla, y los Snakebites parecían estar mucho más cerca que antes, seguramente arrastrados por el entusiasmo de la carga del animal. Pero a su lado, las Battle Sisters también se habían lanzado al ataque para defender la brecha, así que se apresuró a ponerse cerca del potente armamento de sus Meganobz para hacerles frente. Con los paletos atascados fuera de la muralla y con sus boyz a su lado, ¡destrozaría a los ‘umies y llegaría antes que nadie a la estatua de oro!

- ¡’Ere we go, mis boyz! ¡Waaagh! – gritó enarbolando su power klaw y desenfundando su snazzgun antes de salir corriendo contra el ‘umie con la armadura más recargada y brillante. Él lo haría fosfatina y sus seguidores huirían más rápido que un grot corriendo delante de un Speed Freek cabreado. Él se llevaría todos los teef y podría comprar nuevas armas kustom en Gunz Ork-chop. Él... se encontró de repente en el suelo, pisoteado por numerosas pezuñas hendidas en medio de un atronador barullo de aullidos de ork y gruñidos de warboar.


Warzuz sonrió desde lo alto del lomo del ciberjabalí que le había “prestado amablemente” el Noble de los jinetez. Eso enseñaría a aquel fanfarrón a no competir con orkos más grandes y fuertes que él. Después se centró en el líder de los rozaditoz de pecho absurdo y lo ensartó con Klavadora, la gran lanza de hueso de garrapato mamut que había servido como cetro de mando de los Grandez Jefazoz de los Bokao Envenenao durante generaciones y que había rescatado de los restos del castillete de Zampataponez. Dándolo por muerto, aulló triunfante y sus guerreros respondieron de igual modo mientras arramblaban con la patética escolta de humanejoz.

Sin embargo, cuando sacó la lanza de entre las dos semiesferas con flores del pecho del muerto, algo extraño empezó a suceder. Como cuando a sus Eztrambótikoz se les iba la pinza, el cadáver empezó a brillar por la herida y por la cara y las piedras del suelo se sacudieron a su alrededor. Ante su intrigada mirada, aquel humano se volvió a levantar y, aún envuelto en un halo de luz, se volvió a lanzar contra él con una espada llameante y un grito de odio.

Agradecido por poder repetir su combate contra un enemigo más entretenido de lo esperado, Warzuz paró el golpe con su lanza y empezó a intercambiar golpes. A su alrededor, los rozadoz parecían haber recuperado los ánimos al ver cómo su jefe se levantaba de nuevo, así que los jinetez también se lo estaban pasando pipa en el cruento combate cuerpo a cuerpo. Pero justo cuando iba a atravesar de lado a lado con su lanza ósea a aquella bombilla con patas que no paraba de gritar, un disparo resonó a su espalda y la cabeza del humanejo reventó como un garrapato jugoso. Al girarse, Warzuz vio confirmadas sus sospechas: el maldito Bigdikk se había vuelto a poner en pie y su akribillador molón humeaba apuntándole.

- ¡Zeráz dezgraziado! ¡Me lo iba a kargar yo!

- I’m zorry, pero me he kanzado de obedezerte y de kompartir el botín, azí ke me lo voy a llevar tó.

- ¿Tú y kuántoz máz, charlatán ke no zabez ni hablar komo Gorko y Morko mandan? – respondió burlón Warzuz.

- Todoz ezoz – replicó el Kapitán korzario señalando con su abollada garra al cielo. Decenas de Dakkajets, Bombarderoz y cañoneras pintados de amarillo y negro bajaban como cometas desde la órbita, acribillando a pielesverdes y pielesrosas por igual. Uno disparó a la base de la estatua de oro, haciéndola caer con gran estrépito de su pedestal y aplastando con ello a buena parte de los defensores del lugar.

- ¡Antez te mato! – gritó Warzuz y picó espuelas para arrollar otra vez al maldito Luna Malvada y acabar de una vez por todas con él. Con lo que no contaba era con que una de las placas de oro de la estatua había salido disparada justo en su dirección, y no pudo esquivar el tremendo golpe que le derribó a él y a su montura.

Intentó incorporarse, pero curiosamente no sentía nada de cintura para abajo. Miró y vio que la plancha le había cortado a él por la cintura y al ziberjabalí por el cuello. Ké faztidio, pensó mientras perdía la consciencia. En sus últimos segundos de lucidez, oyó cómo sus jinetez volvían, una aeronave descendía (a juzgar por los gritos de enfado de sus chikoz, para llevarse al traidor de Bigdikk) y alguien llamaba al Matazanoz y al Doktor Zerdo.

- Akí zolo eztá el Doktor Zerdo... - fueron las últimas palabras que escuchó antes de perder demasiada sangre para seguir despierto.


+++Mensaje entrante+++

+++Transmisor: Capitán Hel Vaal. Señor del Reclutamiento de los Martillos de Wikia+++

+++Destinatario: Capitán Gabian. Señor del Arsenal de los Martillos de Wikia+++

+++Fecha: 3213950.M41+++

+++Vía Telepática: Clasificada+++

+++Referencia: Wikia/458994291/HV+++

+++Pensamiento del día: “Conocer la posición del enemigo es condenar al enemigo”+++

+++Iniciando transcripción...+++

Saludos, hermano.

La situación de los Orkos en este sector ha tomado un cariz mucho más preocupante de lo que nos temíamos. Al contrario de lo que decían los informes de las escasas supervivientes de las Hermanas de Batalla de la Orden del Santo Icono, el Gran Jefazo Warzuz de los Bokao Envenenao no murió en el asalto a su ciudadela de Hagia Musae, sino que al parecer por intervención de un Doktor Zerdo bastante imaginativo su torso fue implantado en el lomo de su decapitado ziberjabalí, y ahora no solo se hace llamar Zuperzentauro en un alarde de saber mitológico, sino que ha proclamado un ¡Waaagh! para volver a todos los Mordizko de Víbora de la región en contra del Kapitán korzario Bigdikk el Traicionero y de su señor el Archikuloduro de Gunz Ork-chop.

Aunque esto pudiera parecer una buena noticia, es evidente que quien venza en esa guerra intestina será una amenaza mucho mayor para el resto del Segmentum. Además, un enfrentamiento de estas características no disminuye en absoluto el peligro de Gunz Ork-chop, cuyo amo no hace más que ingeniar nuevas tretas con más o menos lucidez para producir nuevas armas más grandes y venderlas a precios aún más altos a sus partidarios (es decir, el número cada vez mayor de Orkos que han preferido rendirse a las extravagancias y extorsiones del Archikuloduro con tal de poder desplegar sus inventos en combate). Si la noticia de las luchas se extiende, es seguro que miles de pielesverdes se sumarán a ambos bandos, inundando el Sector y haciendo imposible su purificación completa o siquiera parcial.

Mi recomendación es que transmitas a la Flota de Batalla y al Alto Mando locales instrucciones para que no se retiren sino que ataquen de forma rápida y contundente los bastiones clave de ambos bandos (con especial énfasis en acabar con el Archikuloduro o por lo menos con la base de su “ekonomía”) de forma que al acabar la guerra ningún Kaudillo suponga una amenaza terrible para esta zona ni las circundantes.

Entretanto, mis Escuadras de Exploradores y yo seguiremos cumpliendo con nuestra misión de reconocer y clasificar todas las nuevas amenazas que surjan en esta zona, por peligrosa que se vuelva la situación. Adjunto un fichero con todas las detectadas por ahora en el naciente ¡Waaagh! Warzuz, entre ellas el Pizataponez, un enorme Gargante de Vapor que el Zuperzentauro ha decorado con el cráneo roto de su difunto garrapato mamut mascota.

+++Fin del mensaje+++

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