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(escrito por Kelbor-Hal)

El despertarEditar

Abro los ojos. Lo primero que puedo percibir es la quietud de mi santuario personal, sí, tal y como lo dejé 60 millones de años atrás. Pero, espera, hay algo más, un olor...un olor a vida, a corrupción, a muerte.

No es posible, pienso mientras me levanto y me deshago de mis ataduras de éxtasis, yo mismo me encargué de limpiar este mundo de la vida antes del gran sueño, tal y como el Gran Rey nos ordenó.

Enfrascado en estos pensamientos, me dirijo a la entrada de mi santuario personal, donde, por supuesto, me espera Kaleb. Nunca hubo un necroguardia más dotado que Kaleb, me ha protegido en miles de batallas, aniquilando a asesinos, paladines y bersérkers por igual. Nunca nadie me ha llegado a dañar, gracias a mi Guardia personal. Con un pensamiento reinicio sus sistemas, y le despierto de su largo sueño, que solo se hubiera visto modificado si alguien hubiera entrado en mis aposentos.

-Salve, Gran señor- me responde a la vez que alarga su mano para alcanzar su dáculus personal-, nadie ha profanado sus estancias, tal y como me ordenó.

-Sí, lo sé. Sin embargo hay una presencia que no deja de inquietarme, un olor que no percibía desde la Gran Guerra. Los vivos han vuelto, Kaleb.

-Pero, señor, nos encargamos a conciencia de eliminar todo rastro de vida en este planeta, y sin duda las defensas de los demás planetas habrían evitado un contacto enemigo en el principal planeta de su dinastía.

- No lo dudo, y es eso lo que me preocupa. Si han llegado hasta aquí eso significa que o han derrotado todas nuestras defensas o no se han percatado de ellas. Supongo que será lo segundo, por que si no habríamos tenido noticias del despertar de mis legiones.

Estabamos teniendo esta conversación cuando derrepente un gran estruendo hizo estremecerse el techo de mi santuario personal. Una columna se derribó, y por poco no dió a Kaleb, que pudo esquivarla a tiempo.

Sí, pensé, eso es fuego de artillería, pero era un proyectil sólido, por lo que no había sido un ataque deliberado, ya que despues de todo, ninguno de nuestros enemigos utiliza una tecnología tan arcaica. Decidí comprovar que había disparado ese proyectil, y me dirigí a mi mesa de hologramas. Una imagen tridimensional de la parte superior del reino de éstasis me sirvió para ver que se estaba desarrollando una batalla en la superficie:

Puños imperiales, relato

Los guerreros de armadura amarillenta, utilizando la cobertura que mi mundo tumba ofrecía.

Unos alienígenas de piel azul-grisácea que utilizaban una tecnología relativamente avanzada luchaban contra contra otra raza distinta, cuyos guerreros estaban enfundados en unas armaduras amarillentas y que disparaban sus armas con verdadero ahínco, armas que si bien destrozaban a sus objetivos, eran de proyectiles sólidos. Detrás de estos guerreros se encontraba una especie de tanque prehistórico, que ni siquiera utilizaba un medio de propulsión aéreo, y que disparaba munición de gran calibre como si se tratara de misiles de largo alcance.

Como estos guerreros estaban masacrando a los otros, me decidí por darles mi enhorabuena por librar de tan abominable presencia mi complejo de tumbas. Despues de todo, también era una raza de máquinas, aunque arcaicas.

Acompañado por Kaleb y por mi más fiel escuadra de Necroguardias, me dispuse a salir a la superficie, tras 60 millones de años durmiendo.


En la superficieEditar

Nada más abandonar el complejo, un aire completamente diferente a cualquier otra cosa que recordara sacudió mi cara. Por supuesto no podía olerlo, pero si analizar su composición, que era totalmente diferente a la del aire que había antes. El cielo estaba lleno de nubes y naves destrozadas, y no había ya ni rastro del escudo planetario que yo recodaba.

La galaxia no ha perdido el tiempo pensé. Todo ha cambiado por aquí.

Nos dirigimos a un grupo de esos androides amarillos que estaban limpiando sus prehistóricas armas, y, antes de que nos vieran, y por consiguiente, dispararan (era una zona de guerra), desconecté mentalmente sus armas.

- ¡Salve, gloriosos guerreros!, dije. - Os agradezco de veras vuestra ayuda, no se de que habrían sido capaces esas formas de vida.

Ovbiamente, tras el sobresalto inicial, se dispusieron a acribillarnos, pero dado que sus armas no funcionaban, uno de ellos se adelantó. Sorprendentemente, se llevó las manos a la cabeza, y se la quitó, dejando ver una cabeza rosácea. Maldición, no son máquinas pensé. Bueno, continuemos con esta farsa, igual sacamos algo en limpio.

- En nombre del Emperador, no sé quien eres, ni como has desconectado nuestros bólteres, pero preparaté para ser purificado, alienígena. Dijo mientras desenfundaba una gran espada dentada.

- Guarda tus armas, soldado. Soy el Gran e Ilustre Phaeron de la dinastía Vozhok, cuyo mundo corona estás pisando. Sólo obedezco al Rey Silente, sumo maestro de los necrontyr, y dudo que puedas compararte a mí en el manejo de las armas.

- ¿Necrontyr? Así que eres uno de esos malditos necrones de los que nos advirtió el líder alienígena.

- Pertenezco a esa raza, sí. Sin embargo no soy tu enemigo. Vengo a agradecerte que hayas matado a estos alienígenas, y a ofrecerte una solicitud formal de cooperación. No tenemos por qué luchar, humano. (Kaleb no había perdido el tiempo, y había descubierto a que raza pertenecía mi oponente gracias a sus comunicaciones) De hecho, tengo un regalo para tí. Este dispositivo te ayudará a convocar algunas de mis fuerzas cuando más lo necesites. Cónsideralo como una muestra de mi buena voluntad.


Una nueva alianza se forjaEditar

-Señor, ¿puedo hacerle una pregunta?

-Dime, hijo -Respondió el capitán Final de predator de los puños imperiales-

-Puede parecerle una osadía por mi parte, pero no entiendo porqué ha aceptado pactar con esa escoria Xenos, y además.. ¡ha aceptado un artefacto alienígena! Son esa clase de actos los que atraen a los inquisidores señor, y usted sabe que es una actuación que nuestro Señor del capítulo no aceptará.
280px-Capitan exterminador puños imperiales2

El capitán Finaldepredator.

-Te agradezco que hables con franqueza, sargento Azarel. La verdad es que he aceptado pactar con esa escoria porque a ninguno de nosotros nos hace falta un enemigo más. Los traidores y los alienígenas, como esta basura Tau de Fi´rios que acabamos de aniquilar, nos acosan por todos los frentes, y no estoy dispuesto a permitir que estos necrones se alien con ellos. No, prefiero que piensen que estamos de su parte. Además, seguro que este artefacto que me han entregado contiene alguna clave que nos permita descubrir el secreto de su tecnología. Nada más abandonar este páramo esteril se lo entregaré al Tecnomarine Malleus para que lo analice.

-Tiene usted razón, señor, no ha sido ningún error aceptar su propuesta. Despues de todo, cuando conquistemos el planeta, siempre podemos bombardear esta sección con fuego orbital, y limpiar el planeta de estos... desalmados.

El ataqueEditar

Las legiones ya se habían despertado. Delante mio había cientos, si no miles, de soldados necrontyr, o como algunas dinastías, con las que ya había podido contactar; insistían en llamarnos, necrones.

A mi izquierda Kaleb escudriñaba el horizonte, en busca de alguna amenaza, y a mi derecha se encontraba mi Némesor, cuyo nombre se había perdido en el tiempo, pero al que llamábamos El Portador de la Noche por su mágnifica actuación en una batalla contra este poderoso ser en la Guerra del Cielo.

El Portador de la Noche estaba adelantado unos pasos, pues estaba recitando el discurso de partida a mis legiones. Tal y como yo le había ordenado tras la forzosa petición de ayuda de los puños imperiales (cuyo baluarte había sido ocupado por esa especie alienígena que había intentado penetrar en mis tierras) se preparaba para proporcionar ayuda al bando de los humanos. O al menos eso es lo que los humanos tenían que creer. Tras el encuentro con su capitán, semanas atrás, habíamos celebrado un consejo de guerra con los nobles más influyentes de Tarsis Zero. Sólo salió una cosa en limpio de este encuentro: Los alienígenas que habían profanado mis tierras debían ser aniquilados, ya que su presencia en mis dominios solo podía significar que sabían que mis tumbas se encontraban aquí, y que se disponían a destruirlas.


La RebeliónEditar

La victoria de mi Némesor sobre los soldados de Fi´rios había sido aplastante. Les había acorralado el el Paso del Muerto, un paso de montaña muy escarpado, yermo por completo, donde habíamos luchado muchas veces juntos en la Guerra del Cielo. Gracias a su total dominio del terreno, mi Némesor había podido concentrar su fuego gauss en las tropas de élite Tau, y cuando estas se retiraron, desplegó varias manadas de desolladores que estaban esperando bajo tierra, aniquilándolas.

La entrada triunfante del Némesor en la capital necrona fue un espectáculo dantesco. Montado en una plataforma de mando catacumba, se deslizaba sobre el suelo, saludando a necrones que habían sido programados para vitorearle.

- No me gusta nada la forma que tiene mi Némesor de autoanimarse. Justo tras esta farsa le prohibiré hacer este tipo de espectáculos. Son un gasto total de energía y un despropósito- Murmuré, esperando en lo alto de la Gran Pirámide de mando, rodeado de mis consejeros de confianza. Kaleb, como siempre, hizo un gesto afirmativo y un comentario al respecto, repitiendo en mayor o menor medida lo que yo había dicho.

Tras unos interminables momentos de falsas aclamaciones, mi Némesor alcanzó al fin la base de la pirámide. Descendió de la plataforma, y comenzó a subir los escalones que le conducirían hasta mí, para arrodillarse y proclamar oficialmente su éxito. O al menos eso es lo que yo creía.

Nada más llegar a mis pies, se arrodilló para recibir mis felicitaciones.

- Nada me congratula más que mis oficiales cumplan con su deber y me traigan las victorias a casa- Dije- Te felicito por tu gran conquista, Portador de la Noche. Que las estrellas te guíen en futuras contiendas tal y como han hecho hoy.

Una risa estridente resonó por toda la calle principal.

- Ya no más, marioneta política. Tus tiempos de mandar y recostarte en tu trono de mando mientras tus siervos van a la guerra han terminado- Exclamó mientras se levantaba y alzaba su Dáculus.

Más rápido que el trueno, Kaleb también alzó su Dáculus, y se preparó para desarmar al traidor, pero el Némesor era un veterano de muchas batallas, y dominaba mejor su arma, con la que estaba totalmente comprenetado. De un solo golpe decapitó a Kaleb, y envió su cabeza pirámide abajo de una patada para evitar su autorreparación.

Los necroguardias estaban en la base de la pirámide debido a la tradición, y aún tardarían un rato en subir, pues aunque su prioridad era máxima, la pirámide era muy empinada, y su equipo de guerra era muy pesado.

- Se acabó, Kelbor. Despídete. Pero tranquilo, sufriras tan poco como tu siervo. El golpe era inminente, pero conseguí recoger el Dáculus de Kaleb a tiempo. Paré el golpe, lo devolví, y este a su vez fué devuelto. Sin embargo mi pericia con las armas era mucho mayor, como no podía ser de otra manera, y de un golpe seco con el mango lo derribé al suelo. Apuntándole con la hoja dije:

- Tu insignificante rebelión ha acabado traidor. Serás lobotomizado y convertido en Guerrero en apenas un ciclo solar, dalo por seguro.

- Ese fué siempre tu error, Kelbor. El honor de batalla. ¡En la guerra no vale el honor, y te lo demostraré!- Gritó mientras levantaba su mano, desplegaba la flecha de taquiones oculta en su muñeca y me atravesaba el pecho con un arma diseñada para destruir blindados. Mi destrozado cuerpo se descompuso en varios pedazos y cayó por la otra ladera de la pirámide.

Como su líder había caído, los necrones de voluntad más débil se subyugaron al siguiente en la escala de mando; el Némesor. Sin embargo aquellos con un intelecto consciente, decidieron a quién apoyar. Todo se redujo básicamente a que aquellos que habían luchado con el Némesor lucharon con él, y los guardianes de la cuidad formaron un cinturón defensivo alrrededor de lo que quedaba de su líder.

Una barcaza fantasma con órdenes de máxima prioridad, dadas por un ya autorreparado Kaleb, se aproximó entre el fuego enemigo, se adentró en el círculo defensivo de los leales y recogío los restos mortales de su señor. Los necroguardias también subieron a la barcaza, y protegiendo sus puntos débiles con sus escudos de dispersión, lograron avanzar entre los traidores.

Pese a todo, las fuerzas del traidor eran mucho mayores, y Kaleb no tuvo otra alternativa que ordenar la retirada de las fuerzas del Phaeron. La batalla que tuvo lugar entre los dos bandos en este momento, uno que quería llegar a las puertas de la ciudad, y otro que quería aniquilarlos y recuperar los restos de su adversario, fué memorable, una batalla como pocas que oscureció el cielo con las armas de partículas, dispersó nubes radioactivas kilómetros a la redonda e hizo que todo el planeta temblara asustado; y acabó destruyendo casi por completo la capital de los necrones.

Tanto Kaleb como el Némesor traidor cayeron varias veces en esta batalla, pero al final Kaleb acabó triunfando gracias al heróico sacrificio de los necroguardias personales de Kelbor-Hal, que se apiñaron en el único puente de salida de la cuidad para dar tiempo a los prófugos.


AliadosEditar

Este es el tercer día desde que huímos de la capital. Desgraciadamente no hemos podido regenerar a nuestro señor, Lord Kelbor-Hal, pues las heridas que le causó la flecha de taquiones son demasiado profundas para sus sistemas de autorreparación. Sin embargo tengo la certeza de que el traidor ha dejado de perseguirnos. Dejé tras de mí varios omnicidas emboscados, y aún siguen mandandome mensajes diciendo que no nos sigue nadie. Es un método que mi señor no aceptaría, pero es necesario. Ya atravesamos los yermos de nuestros territorios, y nos encontramos en un meseta desde donde se divisa una enorme nube sangrienta, que sin ninguna duda proviene de nuestra siniestrada capital.

Un aviso de un necroguardia me saca de mi ensoñación, y para mi sorpresa, me dá noticias agradables:

-Lord Kaleb, señor, nuestra avanzadilla nos ha mandado unas lecturas de energía cercanas. Es una tecnología pobre, que coincide con la registrada en vuestro encuentro con los puños imperiales. Esperamos órdenes.

- Nuestro Gran señor juzgó conveniente aliarse con esos humanos así que yo también. Quiero un contacto con ellos, y tras comprobar que sus intenciones no son hostiles, quiero que los traigáis a mi presencia.

-Así se hará, señor.

¿ Así que los humanos también se han intrigado por esa nube? Bueno, era de esperar, son una raza joven e inquisitiva, y ese es un fenómeno demasiado extraño para dejarlo pasar.

- Señor, aquí están los humanos. Se hacen llamar Puños Imperiales, y exigen saber que ha ocurrido con vuestra capital, que se encuentra debajo de la nube radioactiva- Dijo el necroguardia mientras precedía a cinco humanos peor blindados de lo que recordaba, que miraban atemorizados y sorprendidos a su gigantesco guía.

-Saludos, Puños Imperiales. Soy Kaleb, representante de el gran Phaeron Kelbor-Hal. ¿qué os trae por los límites de nuestra provincia?- Dije mientras me agachaba para poder hablar con estos humanos, que aún modificados geneticamente para ser mas grandes, no alcanzaban ni de lejos los 3 metros de la armadura de la nobleza necrontyr.

- Soy el Sargento veterano Azarel, Xenos. Responderé a tu pregunta por la misma razón por la que no ordené disparar a tu grupo; por que mi capitán tiene a tu señor en gran estima. Estaba entrenando personalmente a estos reclutas, buscando restos de un antiguo enclave Eldar al Sur, cuando divisamos esa espantosa nube. Nos dirigimos a este lugar de inmediato, y dimos parte al alto mando de mi capítulo en esta roca sangrienta. La verdad es que..

-¡Espera! ¿Has dicho Eldar? ¿Aún perdura en la galaxia esa escoria traicionera? Creí que los habíamos exterminado a todos... Pero espera, los Eldars poseían un dominio total de las artes místicas, si no recuerdo mal..

- Así es, Xeno. Esa escoria estaba comandada por un tal Maxitalianoo, un autarca eldar. Estábamos destinados a recabar información de sus tierras, pero ya no hay nadie. Han desaparecido todos.

- Vaya, al final has resultado ser más util de lo que creía.

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