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Lo primero que volvió fue el dolor. Dolor en todas las extremidades, la candente marca de una fractura sangrante en el cuero cabelludo, la incansable punzada proveniente de una costilla rota.

Cuando el Capitán abrió los ojos lo único que podía ver era la maraña de metales retorcidos que instantes antes era un Land Speeder operativo. 

Se habían estrellado. Sólo había un pasajero, por lo que Hel Vaal no podía temer por más bajas fuera del piloto y el artillero... Y era más que improbable que hubieran sobrevivido, pues había desaparecido por completo el morro del pequeño deslizador. 

Metiéndonos en la situación concreta del superviviente, estaba estirado entre los restos y tuvo que esforzarse durante unos largos y horribles minutos en conseguir espacio para poder salir de allí, deslizándose torpemente hasta el húmedo suelo.

- Estoy vivo por esto. - Murmuró para sí Hel Vaal, palmeándose la fiel servoarmadura en el pecho. Se sentía agotado y deprimido, y no tenía una gran esperanza de salir de ahí vivo. En este momento no se sentía capaz ni de andar: Consiguió quedarse sentado con la espalda apoyada en los restos humeantes del Land Speeder y empezó a tomar consciencia de lo que había alrededor.

Suelo húmedo. Estaba en lodo, y todo alrededor era naranja. "Naranja... ¡Naranja! Los bosques de Aprelados!" Pensó rápidamente en un fugaz ataque de lúcidez. Conocía el planeta y la geografia, era su trabajo, y sólo había una zona del hemisferio norte que tuviera humedales como ese, grandes bosques de árboles retorcidos y enormes cubiertos de hojas naranjas.

Era un medio más bien pantanoso, con una peligrosidad media en cuando a fauna y flora. 

- Capitán de la Décima Compañía informando. Hemos caído, repito, Land Speeder Beta 4 caído. Derribado por fuerzas hostiles desconocidas. Solicito... una hamburguesa y una cerveza fenrisiana, nadie esta escuchando esto. - La depresión del Capitán se agravó al percatarse en mitad de su transmisión de que no tenía ningún tipo de señal. Suspiró e intentó ignorar el frío y se concentró en analizar su estado. 

Sí podría andar, pero seguía sintiéndose pesado, cansado y abatido. Tardó todo el largo de una hora en recomponerse y ponerse en pie, entre quejidos y buscó una zona más seca renqueante y arrastrando los pies. 

Los restos del siniestro estaban esparcidos por varias decenas de metros, y entre ellos tuvo la primera grata noticia de ese oscuro día: Su sombrero.

- ¡Aún resistes! - Observó en voz alta para nadie, Hel Vaal se agachó recogiéndolo y le limpió la mugre con las manos como pudó. Su viejo sombrero, absurdo sombrero, era su seña de identidad. Se lo volvió a poner y se sintió más motivado. Razonó y comenzó a andar alejándose del accidente buscando ascender, y pronto ya se estaba encaramando a una pequeña colina desde donde pudo encontrar algo de visibilidad.

- Quizás no haya sido un día tan malo. - Hel Vaal podía ver desde allí una torre de comunicaciones, una antena que estaba diseñada para facilitar el tránsito de información interplanetario y debería tener una consola desde la que él podía operar.

Pensó después de decir eso en los dos pilotos perdidos y volvió a entristecerse. Los Marines Espaciales sabían, y de sobra, que morirían en este tipo de acciones: En un combate singular, en un abordaje espacial, durante un bombardeo, en la explosión del Rhino... Pero eso nunca aliviaba la sensación de fracaso y pérdida cada vez que caía un Hermano de Armas.

Volvió a descender la colina para dirigirse a su nuevo destino y posiblemente a su única esperanza de reencontrarse con el capítulo.

Simplificando la penosa marcha del capitán a través de innumerables charcas que le cubrieron de lodo hasta las rodillas y algún encontronazo ocasional con la fauna local (donde descubrió que aunque había perdido la pistola y el bólter, su cuchilla relámpago seguía funcionando a la perfección), Hel Vaal empezó a sentirse instintivamente alerta y comenzó a relajar su caminata y a hacerla más cautelosa, vigilando.

El veterano explorador cojeaba, pero la expecional vitalidad de los Marines Espaciales le garantizaba que podría actuar perfectamente en las próximas horas si encontraba enemigos o resistencia. Eso no significaba que estuviera ya repuesto o sus heridas fueran a desaparecer sin más, el Apothecarion tendría trabajo con él si conseguía volver.

- Si nos ha derribado alguien en esta zona deshabitada y perdida... - Razonó consigo mismo en susurros, Hel Vaal se coló entre la vegetación hasta terminar arrastrándose de nuevo entre barro y suciedad. - ...debe haber alguien, es evidente. ¿Quién? La rebelión debería estar limitada a las zonas urbanas aún y no deberían estar alertados de nosotros. - Sus murmullos en una actuación normal serían compartidos con su escuadra mediante el transmisor de la armadura. Mantenía esa costumbre aun solo y con el aparato roto.

Delante de él se alzó una torre, un auténtico faro, cuadrada y de unos seis pisos rematada en una gran antena que giraba lentamente. Habían despejado el terreno a su alrededor y alzado una simple verja que mantenía la separación con el bosque, no estaba asfaltado y no había un camino real que llevara hacia allí. Hel Vaal se preguntó fugazmente si estaría abandonado del todo hasta que distinguió movimiento: Un guardia armado. 

Bordeó desde el linde de la vegetación buscando la entrada de la verja, observando; Había dos hombres ataviados con el equipamiento básico de la Guardia Imperial y su simbología en la puerta del edificio. No le dio importancia a si eran de un batallón u otro, ignorando los números y emblemas; Si eso estaba vigilado, debía de ser importante para alguien.

Y no tenían por qué ser aliados.

Hel Vaal esperó pacientemente observando. Dos hombres destinados a la nada, aburridos, hablando entre ellos y caminando de un lado a otro: No estaban especialmente alerta, no era más que una jornada de trabajo larga y aburrida para ellos.

Encontró su oportunidad cuando se separaron; Uno se quedó apoyado en la puerta y su compañero empezó a rodear el edificio y cuando se perdió de vista el Capitán lanzó una piedra contra un punto lejano de la valla.

Cuando el proyectil improvisado chocó con la verja metálica el ruido llamó la atención del guardia restante, en la puerta; una distracción suficiente para que el Marine Espacial se alzara y echara a correr (sobreponiéndose al dolor de la pierna y del costado) hacia él intentando no llamar la atención, cosa imposible pero que le ganó algún segundo antes de que el hombre le viera.

Cuando le vió, reflejó sorpresa y desconcierto y perdió valiosos instantes hasta que se aclaró consigo mismo y levantó el rifle láser; Pero ya demasiado tarde, Hel Vaal ya se le había echado encima agarrando el cañón para impedir que le apuntara y le golpeó con el codo en el rostro para seguir el movimiento con su cuerpo y tumbarlo con él encima, más corpulento y pesado.

El Capitán le arrebató el arma y apuntó hacia la derecha justo en el momento en que el otro soldado aparecia con su propio rifle láser, y este con bayoneta calada, apuntándole. Ninguno de los dos disparó.

- ¡Suelta el arma, joder! - Reclamó el guardia. 

- ¡Dispara, Rek, mátalo! - Súplico el tumbado.

- No. TÚ bajas el arma. - Respondió finalmente Hel Vaal, grave. - Reconoces mi armadura en las leyendas de tu pueblucho natal; soy un Ángel de la Muerte, y muerte es lo que recibirás si te opones a mí. El Capítulo de los Martillos de Wikia está aquí y no eres su enemigo.

La declaración perturbó al hombre que finalmente bajó el arma entre un largo titubeo. No había hombre de la Guardia que no conociera los Marines Espaciales, y quizás Hel Vaal tuvo suerte de que Rek en concreto ya los había visto antes.

- Soy-soy el cabo Rek, y él es Halko. - Terminó explicando, y el Capitán no atendió a su explicación de quiénes eran y qué hacían allí, sino que liberó al derribado devolviéndole el arma y entró en la torre sin más con ellos detrás.

- ¿Quiénes estáis aquí? - Quiso saber el Marine.

- Hay tres más arriba - Aclaró Rek, que se adelantó al capitán para avisarles, por lo que cuando Hel Vaal llegó al tercer piso se encontró con una garita de vigilancia improvisada y varios catres entre los utensilios de mantenimiento y el cableado expuesto de la torre. Allí le saludaron y le ofrecieron algo de comer y ayuda, para en poco estar todos apiñados entorno a una vieja consola de otra estancia desde donde el Capitán podía comunicar.

El mismo Rek se colocó en la consola argumentando que ya conocía su funcionamiento, y empezó a emitir.

- Aquí Cabo Rek desde Torre de Comunicación del Cuadrante 4 de Bental. Aquí Cabo Rek, transmisión de prioridad.

La respuesta, gracias a los cascos que se había colocado, sólo la recibió él. Para los demás era un leve murmullo.

Hel Vaal gruñó detrás. No le gustaba la situación demasiado, sentía a los otros cuatro hombres demasiado cerca suyo.

- Menciona Martillos de Wikia, clave 569 K 13. Eso llamará la atención. Te lo repito: 569 K 13.

Así hizo Rek, que obtuvo otra respuesta y se giró observándoles.

- Está hecho, vienen a recogerle. - Echó una significativa mirada a uno de sus compañeros tras el anuncio, que no le pasó desapercibida al Capitán.

De inmediato sospechó, y de inmediato tomó constancia que el Guardia de su derecha tenía desenfundada la pistola y que alguien detrás suyo estaba extrayendo un cuchillo o similar de su funda con cuidado.

"Rebelión sólo en zonas urbanas. Un cuerno, no nos ha derribado un soplo de viento, ha sido esta gente." Sentenció el Capitán que, ahora convencido de que iba a ser traicionado, decidió hacer una apuesta absoluta por su miedo y decidió defenderse. 

- ¡EL MARTILLO DEL EMPERADOR CAE SOBRE VOSOTROS! - Gritó cuando alguien le tomó el brazo izquierdo y recibió un golpe en la espalda, un intento de puñalada. El Capitán de la Décima Compañía desplegó la cuchilla y esta relampagueó con la energía corriendo por sus hojas, un gesto que no se esperaba ninguno de los presentes.

Hel Vaal se giró trazando un arco con el arma, horizontal, y cortó hombres como mantequilla. Con otra súbida y sangrienta pasada no había allí nadie más que él y Rek, aterrorizado, de tal precisión y destreza que salió en los trazos de la cuchilla.

No eran rivales dignos de un Capitán de los Marines Espaciales.

- Yo... Yo... - Lo que intentara decir Rek se perdió entre los gorgoteos de sus últimas palabras y respiración cuando la cuchilla le atravesó el pecho sin ningún tipo de piedad. Hel Vaal apartó el cadáver y se colocó los cascos sin perder tiempo para ver qué podía captar.

- ¿...pasando? ¡Coronel Rek! - Una voz femenina le llegó desde el otro lado.

- Está muerto. Como vosotros, aunque aún no lo sabéis, pero la Ira del Emperador es implacable y habéis actuado en su contra. Cambio y corto. - Hel Vaal cortó la transmisión y empezó a trastear la consola de comunicaciones hasta que consiguió introducir las claves que conocía, colándose donde le interesaba; Llevando su transmisión directamente al Crucero de Batalla que esperaba en órbita.

- Aquí Capitán Hel Vaal de la Décima Compañía. Land Speeder Beta 4 caído, derribado por elementos hostiles sin precisar. El enemigo luce las enseñas de la Guardia Imperial local y controla las comunicaciones.

- ¡Capitán! Le creíamos muerto. - Respondió una voz jovial, conocida y sorprendida. - ¡Aquí los Martillos de Wikia, Tercera Compañía, recibido! 

- Algo tan nocivo como yo no morirá nunca. ¡Recogedme! ¡Limpiemos este maldito planeta!

FuenteEditar

Escrito por Shas'el Fi'rios Kais Val.

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