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Corría el año 41.250, era un gélido día en Beta Ígneus, mi pequeño escuadrón de Marines Espaciales de los Puños Imperiales y yo nos encontrábamos en Beta Ígneus VI, un gélido y árido planeta. Nuestra misión era muy extraña: Investigar unas ``apariciones´´ en una base del polo norte de Beta Ígneus VI. Se detectó la presencia de unos Xenos en el lugar, pero no se sabía de qué raza eran.

Cuando nuestra nave, el Destreza Distintiva, salió de la Disformidad y nos soltó en un Valkyrie hacia la base Agnus III del polo norte. Sólo éramos 3, y poco armados (Un bólter y una granada de fragmentación por cabeza), si hubiese batalla tendríamos las de perder...

Hora de presentarme, mi nombre es Anubion, y soy un Neófito de los Puños Imperiales, voy acompañado de Sikonne, un Marine Táctico y de Unteo, un Explorador. Aún no tenemos perfeccionado el Don de la Batalla, pero tenemos futuro.

Bueno, volviendo a la misión, al llegar a Agnus III nos dimos cuenta de que no había nadie, es como si se hubiese vuelto una base fantasma. Unteo nos preguntó si veíamos algo, a lo cuál respondimos Sikonne y yo que no. Tras unos minutos lleguemos a una sala en la que habíamos detectado movimiento, no nos dimos cuenta de que eran Xenos hasta que miremos al techo: Tiránidos, abrimos fuego a ese Lictor y nos lo carguemos tras el cuchillazo que le dio Sikonne. Un golpe que lo dejó hecho trizas.

Nos adentremos más aún en la base, y no había nadie más, entonces oímos unos sonidos de pasos, miremos Sikonne y yo para atrás y Unteo había desaparecido misteriosamente

-Hermano Unteo, ¿me recibes?-Preguntó Sikonne con un tono de preocupación, al principio creímos que era algún otro Tiránido, pero los lectores de Sikonne no marcaban nada, entonces nos empezemos a preocupar. Yo que era un recién llegado a los Puños Imperiales, y que esa era mi primera misión, debíamos resolver un rompecabezas.

Pasaron las horas, y una especie de ``cosa´´ rompió una puerta, parecía un Marine Espacial del Caos, de la Legión Alfa. Nos dimos cuenta de que en realidad era el miedo que teníamos, pero aún así, nos preparemos para lo peor y esperemos lo mejor.

Unos 20 minutos más tarde, Sikonne detectó una forma de vida, era un Xeno, concrétamente un Noble Orko, pero no estaba sólo, iba acompañado de Kanijos y algún que otro Zoldado de Azalto, un Kanijo se percató de nosotros y avisó a otro Kanijo para que avisara al Noble Orko. A continuación todos se avalancaron contra nosotros, Sikonne arremetió al Noble con una patada en el estómago que literalmente lo dejó doblado, entonces uno de Azalto le clavó la hacha entre la tráquea y la vena Orta haciendo que Sikonne muriese desangrado y asfixiado. Sólo quedaba yo, y ahora es donde ocurrió lo más raro: De la nada aparecieron unos dos o tres exploradores Eldars de Alaitoc y aniquilaron a los Orkos en un santiamén, uno me apuntó, yo hice lo mismo, ninguno disparó, hasta que yo hice un saludo militar. El Eldar de Alaitoc se presentó:

-Bienvenido Marine Espacial, los Orkos han hecho un ``Pacto´´ con la Legión Alfa del Caos, claro está, hay demonios aniquilando a Orkos para conseguir sus almas.-Explicó el Eldar-Mi nombre es Mauntross, soy del Mundo Astronave Alaitoc y este es mi escuadrón.

-¿Habéis encontrado a algún otro Marine Espacial tirado por ahí?-Pregunté dudando de lo que puediese responder. 

-¿Otro? Pensaba que érais dos-Respondió el Eldar.

-Mierda, entonces sólo quedo yo, dime, ¿por qué no me disparáis?

-No sé, la verdad que no lo sé...

Mauntross y su escuadrón se giraron rápidamente por que oyeron algo, no era nadie. Tras un largo sprint los cuatro salimos al exterior, ahí fuera hacía un frío tremendo, no sé cómo esos Eldars lo aguantaron. Bueno, misteriosamente la brisa se paró de lleno, la nieve caía en picado ahora y no arrastrada por unos fuertes vientos, era como si algo la hubiese parado, instantáneamente pensé en algún Dios del Caos.

Derrepente el suelo se abrió, uno de los tres Eldars cayó al vacío y se escuchó una risa maléfica seguida de una explosión potente y hueca, los dos Eldars que quedaban huyeron hacia una posición segura y yo estaba en medio de la nada, sólo ante el destino, esperando una respuesta del ``ser´´ de la risa maléfica. Miré hacia el fondo del hoyo, parecía una brecha disforme que unía la Disformidad con la Realidad, decidí tirar para atrás por si acaso los Eldars me traicionaban y me empujaban hacia el hoyo. Tras tirarme unos 30 metros para atrás, salió un rayo del centro exacto y se elevó una estructura. Rápidamente del calor que se desprendió de esa acción el hielo y la nieve se desintegraron y el cielo se despejó, dejando entrar la luz del día.


La estructura desplegó una pasarela lumínica, por la cuál nosotros tres entremos y dentro de esa estructura se abrió un panel, en el cuál había una pelota, la toqué para ver qué pasaba y se abrió una compuerta mágicamente y de ella salieron unos seres parecidos a los Necrones, con una joroba trasera de la cuál les salieron unas cosas voladoras que parecían mariposas, crearon un escudo energético delante de esas cosas y de la estructura salieron seres parecidos a perros, los cuáles podían trepar por las paredes, a uno de ellos le salió un círculo rojo en el morro, y salió un rayo de a saber qué cosa que desintegró a uno de los Eldars, sólo quedábamos Mauntross y yo, acto seguido Mauntross disparó hacia los seres y en idioma Eldar pidió refuerzos de Alaitoc, al instante llegaron unos 6 Eldars más que empezaron a disparar a los seres extraños, uno de esos seres voladores generó otro ser parecido a los Necrones, éste último lanzó algo que desintegró a 5 Eldars de golpe, al último Eldar (Sin contar a Mauntross) le dispararon con algo que parecía un lanzacohetes, pero que disparaba cinco balas del tirón desintegrando al pobre Eldar y dañando a Mauntross, éste último cojió su rifle Shuriken y disparó con todas sus fuerzas a uno de los tres seres Necroformes por decirlo de alguna manera, éste último se acercó a Mauntross y le clavó una cuchillada en el cráneo que se lo separó del cuerpo, acto seguido desintegró el cuerpo entero del Eldar.

Después de todos los esfuerzos Eldars por aniquilar a esos enemigos nuevos, uno se acercó a mi, yo no me podía mover, empezé a sudar descontroládamente y a ponerme de los nervios, hasta que uno de esos seres Necroformes me dijo en la oreja y en mi idioma:

-Por fin eres uno de los nuestros... ¡Sucumbirás ante el poder del Compositor!

Instantáneamente después de ésas palabras, una luz salió de debajo mío, y instantáneamente mi cuerpo se evaporó, sólo quedaron cenizas en el suelo, el Necroforme soltó una carcajada maléfica y dijo:

-¡Por fin hemos recuperado la alma del Aniquilador Diurno! 

-Basado en hechos reales, inspirado de un suceso anómalo que sucedió en Halo 4-

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