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Este relato trata de la batalla espacial en el Cúmulo de Ceseare, cerca de Hartemis, librada por los Hijos del Águila, que habían acudido en auxilio de los Puños de Tiberia, que estaban varados en el planeta.

Batalla EspacialEditar

-Distancia de tiro inminente- Comunicó uno de los siervos del puente de la Garra de Águila.

Jan Valentius observó la perspectiva que se le ofrecía a través de la ventana del puente de la barcaza de batalla. Las naves eldar estaban agrupándose para atacar, cayendo sin saberlo en la trampa del Señor del Capítulo de los Hijos del Águila, que pretendía rodearlos en un espacio tan pequeño que no pudieran emplear su bien conocida velocidad y maniobrabilidad.

-Señor, recibimos andanadas de fuego de las naves xenos, nuestros escudos de vacío aguantan, pero el destructor Cobra Voluntad Guerrera, del grupo R, ha caído- Dijo otro siervo- ¿Cuáles son sus ordenes Señor?- Añadió.

Valentius situó en su mapa mental de la flota el escuadrón de destructores R, inicial de Retinus, nombre de su comandante. Eran los que protegían al crucero de asalto Puño de Quilon.

-Disparad. Ahora- Ordenó. No levantó el tono de voz, ni gritó, como hacen otros capitanes para motivarse antes del combate estelar, pero fue obedecido al instante.

-Jan- Dijo alguien. Eran muy pocas personas quienes podían llamar al Señor del Capítulo por su nombre, y por el tono de voz y por el hecho de que esta fuera algo metálica, Valentius la reconoció al instante, al tiempo que sus invitados se veían obligados a apartarse ante el tamaño del Contemptor.

-Venerable Anticus Levern- Replicó el líder de los Hijos del Águila.

...

El Hermano Sargento Cereon introdujo un cargador en su bólter, comprobó su espada de energía e informó de que estaban listos. El Sargento Niem le hizo una seña indicando que también estaban preparados. Ambos estaban, junto a sus escuadras y las de los Sargentos Yisteus y Necdus en el destructor Legado Ardiente, del grupo K de destructores clase Cazador, encargados de la seguridad de la nave.

En realidad, en cada destructor de la Flota había dos escuadras tácticas, otra de asalto y una de veteranos. La de Cereon era una de las primeras. Esto era posible por el tamaño del capítulo. Todos en el subsector Malabelt sabían que el número de marines de los Hijos excedía con mucho al de cualquier capítulo codex.

Aunque los marines de Quilon no eran un capítulo estrictamente codex, reflexionó Cereon.

El Sargento miró a su alrededor, a sus hombres con bólteres modelo Tigrus con bayonetas sierra. Para esta misión había elegido como armas especiales para la escuadra un lanzallamas pesado y un cañón de asalto, cada uno llevado a dos manos por un miembro de su escuadra. Fue lo que mejor le pareció para los pasillos. Y cada marine llevaba también una escopeta modelo Astartes colgada de la cintura.

A los Hijos del Águila les sobraba el equipamiento gracias a los convenios con los Mundos Forja de Alraquis II y Myrthon, que establcían que el Capítulo se comprometía a colaborar en la defensa de ambos mundos si eran atacados, como asimismo ayudar al transporte de los titanes de las Legios afincadas en ellos, la Legio Dimachiari y la Legio Lemnos, respectivamente, y ambos Mundos Forja se comprometían a fabricar para los guerreros de Quilon todo el equipo que estos solicitasen.

Los marines del Legado Ardiente se estaban preparando para un abordaje, pero no para practicarlo, sino para defender su nave de uno, pues esa parecía ser la intención de la nave eldar que los estaba machacando. Haría ya un par de minutos desde que los escudos de vacío cayeron, pero el blindaje del destructor aguantaba. De momento.

-Atención Hermanos, fisura del casco en la cubierta 4, sector 6, marchamos todos allí. Medio batallón de fuerzas contra-abordaje de siervos del capítulo se dirige ya a la zona- Anunció el Sargento Veterano Necdus, al que le había tocado, con otros cinco marines, coordinar a los demás astartes de la nave.

Corriendo por los pasillos llegaron al lugar sólo para encontrar a parte de los siervos escondidos entre los pasillos. Estos alegaron que la otra mitad estaba repartida por el suelo y las paredes de la sala de las baterías contra-cazas de babor.

Cereon ordenó a sus hombres que se colocaran en el pasillo detrás de la escuadra de asalto de Niem, que incluía un marine con hacha de energía y pistola lanzallamas, otro con cuchillas relámpago y pistola bólter de precisión, otro con pistola de plasma y puño de combate, uno más con una pistola bólter y un hacha sierra, una auténtica reliquia, y el propio Niem, con un mandoble de energía. En cuanto llegaron a la sala resonaron los característicos disparos de las armas eldar y la escuadra de asalto se lanzó a través de la habitación.

-¡Disparad a todo lo que sea delgado y se mueva y, sobre todo, no os paréis!- Gritó Cereon al tiempo que vaciaba el cargador contra el grupo de guardianes de asalto que corría intentando flanquearlos. Se sorprendió cuando se dio cuenta de que los había matado a todos.

La idea era acorralarlos para que no pudieran emplear su superior agilidad, pero en segundos el Sargento Táctico estaba rodeado por unos seis xenos. Hizo un molinete con la espada y mató a dos, pero los demás siguieron acosándole, buscando los puntos débiles de la armadura. De repente uno de ellos le saltó hacia la cara y Cereon le propinó un cabezazo que, al llevar el casco de la servoarmadura, le partió al "orejudo" el cuello. Acto seguido, el marine notó como algo punzante le entraba por la junta entre el peto y el brazo, justo en la parte vulnerable de la axila, por detrás y hasta casi el cuello. Se volvió y, agarrando al alienígena del antebrazo, lo sacudió intentando matarlo mientras su visión se volvía borrosa. Al final lo estampó contra la pared, que se manchó de sangre, y lo ensartó con la espada, por si quedaban dudas al respecto de su supervivencia.

Luego, y aún agarrado a la empuñadura del arma, se desplomó. El combate prosiguió, pero el astarte no se dio cuenta de nada hasta que Dixos, uno de los marines de su escuadra y el más optimista y alegre, lo levantó por el brazo sano y exclamó:

-¡Los rechazamos, Hermano Sargento!¡Se han ido! Ahora lo llevaremos con el apotecario más cercano, aunque tengamos que pedir una Thunderhawk solo para usted-

Cereon aún tuvo tiempo de sonreír antes de que su Membrana An-Sus lo hiciera entrar en una especie de hibernación.

...

En el puente del Aquila Proeliator la actividad era muy intensa. Estaban trabados en un combate con una nave xenos y les habían estado dando por todos lados hasta que a un ingenioso piloto se le ocurrió disparar todas las armas de su Thunderhawk contra los impulsores del crucero eldar. Ahora los alienígenas eran los que tenían que defenderse, pero la nave astartes pronto estaría a distancia de tiro de otro enemigo que venía a ayudar al que estaba siendo machacado por el Aquila.

En construcción.

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