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IntroducciónEditar

En el M41, la Galaxia se encuentra en guerra, las diferentes razas que poblan el Universo se encuentran enzarzadas en una batalla que definirá cuál de ellas se alzará como dominante. De entre todas ellas, la Humanidad se encuentra en su auge pero a su vez  sumergida en un conflicto que perdura desde hace milenios.

Los enemigos de la Humanidad, xenos y adoradores del Caos, intentan arrebatarles aquello que les pertenece por dereco de poder. Con Terra como pilar y el Emperador como guía, los habitantes del Imperio luchan para salvar a la Humanidad de su extinción.

De entre ellos, la vanguardia y pilar militar base del Imperio, se encuentran los Astartes. Humanos mejorados genéticamente a partir de la semilla de los Primarcas, los hijos del Emperador. Són guerreros perfectos, creados únicamente para matar y proteger en nombre del Imperio. Divididos en Capítulos, cada uno con su propia identidad, estos guerreros están repartidos por la Galaxia, luchando y batallando contra todo aquél que se alze contra el Imperio, ya sea xeno, traidor o renegado.

De entre todos los astartes siempre surgen innumerables héroes y campeones, nacidos de las cenizas del infierno llamado Guerra.

Esta es la historia de un joven novicio, llamado a coronarse como un héroe, llamado a hacer grandes gestas. Esta es su vida...

Capítulo 1Editar

Kirus Atreem se hallaba tumbado en su camastro, nervioso por los acontecimientos que se sucederían en los próximos días, no podía conciliar el sueño puesto que su cabeza estaba llena de futuras hazañas y historias que llevarían su nombre. Iusiones de un joven chico de las tierras altas de Chartis, una de las regiones más inhóspitas del Continentum Magna de Umberigian. 

Su corta vida estaba plagada de historias de guerra y gloria, historias que tenían Astartes como protagonistas, en los que su valerosidad y arregida personalidad salvaban mundos y derrotaban bastos ejércitos. Su padre se las contaba cada noche antes de acostarse, contaba sus propios sueños frustrados.

Su padre, hace muchos años, había sido considerado apto para unirse a las filas de los Jabalíes Negros, pero un desafortunado accidente en aerodeslizador le había privado de ese sueño. Su cuerpo quedó deformado y por mucho que los apotecarios lo reconstruyesen, nunca fué capaz de recuperar su forma física. Así pues dedicó su vida a servir a la Legión, en las galerías y almacenes de la Base Capitular XXIII de los Jabalíes Negros.

A los pocos años conoció a su madre, otra servidora que trabajaba en el Palacio del Regente del Continentum Magna. Se casaron y se instalaron en una de las Colmenas más humildes de la región, cerca de sus puestos de trabajo. Se consolaban en saber que llevaban una vida senzilla y feliç, aún sabiendo las dificultades de vivir en aquella región tan conflictiva.

Kirus quería convertirse en Astartes y cubrir de gloria su nombre y el de su família, se lo debía a su padre y su madre. En el fondo sabía que lo conseguiría, lucharía por ello aún le costase la vida, primero está el honor y luego la gloria, su padre siempre se lo había dicho.

Poco a poco, el pequeño de la família Atreem fue adormilándose, cubierto por el amor de sus padres y soñando con la gloria de la guerra...


- Despierta hijo, hoy es el gran día, arréglate y lávate para estar presentable en filas, ¡tienes que darle buena impresión al Capitán! - La voz de su padre le despertó de una terrible pesadilla en la que se veía enfrascado en un combate cuerpo a cuerpo contra un horrible monstruo, le agradecía por ello pero la inquietud no desaparecía de su cuerpo. - Vamos! Ponte firme y haz tus ejercicios! Despéjate o mañana estarás otra vez aquí, con la idea en la mente de que ya no podrás convertirte en un astartes, no quieres eso verdad?.

- No padre - las palabras le quitaron la inquietud de inmediato y se dispuso a hacer sus ejercicios diários, ejercicios que su padre le había inculcado desde que había aprendido a dar sus primeros pasos, pasos que lo habían llevado hasta ese día.

Su padre salió de su habitación y cerró la puerta, era su imaginación o su madre estaba llorando? Daba igual, hoy era su día. 

Se tumbó en el suelo y empezó a hacer flexiones, primero 10, descanso, 25, descanso, 50, descanso, 100, descanso, 200, descanso. Luego dominadas en la barra, espalda, pecho, espalda, pecho...

Así pasó toda la mañana, ejercicio tras ejercicio, sin parar, sin cansarse. Se miró al espejo, veía a un joven de 13 años, fibroso y musculoso para su edad. Se enorgullecía de ser uno de los niños más altos del módulo de habitáculos, pero no sólo era cuerpo. Kiruss era uno de los niños más astutos del vecindario, siempre ganaba a todos los juegos, fuese sólo o colectivo. Sus estrategias eran implacables y llevaban siempre a sus amigos a la victoria. Era un muchacho como muy pocos solían serlo, como había oído decir, sólo nace uno como él cada mucho tiempo.

Se fué a lavar el cuerpo y a ponerse su ropa más presentable, no era gran cosa pero serviría para dar buena impresión. Al momento de atarse los zapatos entró su madre, con los ojos llorosos y una tímida sonrisa en la boca. Se lo quedó mirando y de golpe le atrajo hacia sus brazos, echaría de menos eso... Quería a su madre, era su ángel de la guarda.

- Kirus, pase lo que pase no olvides quien eres y de dónde vienes, tienes que saber que tu padre y yo te queremos, estamos muy orgullosos de ti. Te voy a echar de menos... - Su madre rompió a llorar y a él le faltaba poco, sentía un picor en los ojos, pero debía ser fuerte, un Astartes eliminaba todos sus sentimientos para ser implacable.

Aún así no pudo resistirse y rompió a llorar, no dejaba de ser un chico de 13 años que se iba a separar de su madre. Lloraron juntos durante unos minutos que parecieron horas, no quería que eso terminase nunca, quería a su madre.

- Vamos pequeño, ya están aquí. Pero antes de nada, toma esto - le puso un colgante en la mano y se la cerró cogiéndole sus dedos, se llevó su mano al pecho y dijo unas palabras que le marcarían de por vida - Estás llamado a la gloria hijo, tu papel en la Galaxia va más allá de lo mundano, tienes un espíritu noble y fuerte. Salvarás vidas y mundos, serás amado y odiado, pero eso no te afectará, puesto que tu nombre será recordado para siempre. Lleva este colgante contigo, el amor de tu padre y el mío van con él, y tu destino está ligado a él.

Dicho esto le besó en la mejilla y salió de la habitación corriendo, Kirus se quedó plantado como una estatua, las palabras de su madre le retumbaban en la cabeza, no sabía que...

- Chico! Vamos! - Una potente voz resonó de golpé y le sacó de su ensimismamiento, salió de la habitación y vio a una figura enorme, revestida de una armadura que acentuaba aún más su corpulencia, un Astartes... Un verdadero Astartes. 

Se quedó parado, acobardado por su enorme presencia, no quería irse, no quería alejarse de allí. Pero esos pensamientos no le sirvieron de nada, el Astartes lo cogió por la espalda y lo empujó levemente hacia el vehículo de transporte. Se giró y vio a su madre llorando sobre el hombro de su padre, y este con la cabeza alta y el pecho henchido de orgullo. Se llevó el puño y lo cruzó con su pecho y gritó - ¡Fuerza y honor! - y su visión se oscureció de golpe cuando las compuertas se cerraron. Ya no había vuelta atrás.

Capítulo 2Editar

El Astartes lo condució por el vehículo hacia un compartimento donde se hallaban otros niños. 5 jóvenes se hallaban sentados hablando entre ellos pero se quedaron callados de repente y, expectantes, observaron al recién llegado.

- Aquí estarás acompañado por los demás aspirantes de la región. En este momento nos dirigimos hacia la Base Capitular, donde esta tarde os espera la rueda de reconocimiento. Hasta entonces, permaneceréis aquí. - Dicho esto el astartes cerró la compuerta y desapareció acompañado de sus pesados pasos sobre la cubierta del vehículo.

Kirus se quedó plantado sin saber que decir, se sentía completamente fuera de lugar, no conocía a ninguno de esos chicos, no eran sus amigos. Aún así un jóven regordete se levantó de su asiento y se dirigió con una sonrisa jovial hacia Kirus, le rodeó el hombro y se lo llevó hacia dónde estaban los demás.

- ¡Hola amigo! Yo me llamo Hars Huniam, ¿y tú? Bueno da igual, ahora nos dices el nombre a todos, ¡Eh chicos! Mirad, ¡presentaros al nuevo! - El llamado Hars no se callaba, aún así le resultó agradable, parecía un chico muy cercano.

Un rubio alto y con mirada altiva se levantó y le extendió la mano.

- Cadelus Shares, encantado. - Dicho eso se sentó y volvió su atención a la pantalla holográfica que tenía en frente.

Dos chicos parecidos, se levantaron, el más alto de los dos, fué el que habló:

- ¡Hola, encantado! Yo me llamo Uwel, y este pequeño campeón es mi hermano pequeño Udis. Saludále zoquete, no seas maleducado - El pequeño lo miró con timidez y dijo:

- Hola...

Kirus respondía a todas las presentaciones con un leve asentimiento, devolvía los saludos pero no decía nada más, aún se sentía fuera de lugar.

Por último, un chico que estaba más apartado de los demás lo miró y apartó la vista, era enjuto y parecía débil más que otra cosa, no dijo nada.

Hars lo miró, hizo una mueca y dijo:

- No sabemos su nombre aún, llevo todo el viaje intentando sonsacárselo pero el cabrón es duro, ya verás al final caerá. - Le sonrió otra vez y le dió una fuerta palmada en la espalda - ¡Vaya! Estas fuerte eh, veo que te entregar en cuerpo y alma, bueno, ahora te toca a ti, ¡dinos tu nombre!

De golpe Kirus se despejó y se aclaró la mente, cambió la mirada, alzó la barbilla y se presentó:

- Me llamo Kirus Atreem, encantado de conoceros a todos, soys un grupo peculiar pero creo que nos llevaremos bien. - Otra palmada en la espalda.

- ¡Claro que sí, maldito! Sino te hincharemos a mamporros y te patearemos tu sucio culo fuera de la nave. - Y todos se echaron a reír, incluso el enjuto sonrió. Les caía bien.


Pasaron todo el viaje charlando y explicando de donde provenían, cuáles eran sus sueños y aspiraciones, en que les gustaría especializarse, etc. Hars bromeaba en convertirse en el cocinero del Capítulo, los hermanos no paraban de lanzarse pullas contínuamente, sobretodo Uwel no paraba de meterse con el pequeño, Cadelus pensaba convertirse en el mejor táctico y el enjuto no decía nada. Cómo este último no soltaba prenda, decidieron ponerle un mote y le llamaron Secreto, puesto que era todo un misterio. Se divirtieron juntos y pasaro sus últimos momentos como niños. estaban a unas horas de someterse al escrutinio de los reclutadores...

En un momento dado apareció el Astartes que los vino a buscar - Ya hemos llegado, poneos en fila y disponeos a bajar del vehículo - Los chicos no titubearon ni un momento, de golpe estaban todos en fila y dispuestos en posición de firmes para ser dirigidos a la Base Capitular. - Ahora vendré a buscaros. - Fue lo último que dijo.

Estaban todos en silencio, rodeados por el crujido del plastek al asentarse el metal del vehículo mientras se enfriaba y del ruido de los motores de propulsión apagándose. Pasaron 10 minutos, 30 minutos, estaban esperando y pensando que los había abandonado cuando resonaron unos pesados pasos. La negra figura del Astartes apareció i les hizo un gesto dando a entender que debían seguirlo. Empezaron a andar y poco a poco se dirigieron fuera del vehículo.

Todo lo que sucedió a continuación pasó rápidamente, sin darse cuenta, se vió a si mismo reflejado en los túneles del hangar de vehículos, rodeado de ruido y de decenas de servidores apresurados realizando sus tareas, se cruzaron con un pequeño destacamento de Astartes todos centrados en una pantalla táctica y revisando informes.

Subieron en ascensor, y luego apareció en el espacio exterior, de golpe estaba rodeado de cientos de jóvenes dispuestos en filas, miró de lado a lado y vió a sus recién hechos amigos acompañándolo, con la misma cara de miedo en sus rostros, excepto Hars que parecía divertirse con todo aquello.

Tres Astartes aparecieron, uno de ellos creía que era el que los había recogido, el otro llevaba una hombrera de color rojo y como una especie de pinza en la espalda. El que le sorprendió era el del centro, llevaba la cabeza descubierta y llevaba un báculo enorme rematado por un Águila con dos cabezas. Se plantó delante de todos los chicos y habló en voz alta y clara:

- Estáis aquí para ser juzgados dignos de entrar como novicios en las filas de los Jabalíes Negros, muchos de vosotros no pasaréis el reconocimiento, de los que lo paséis muchos moriréis en las pruebas, de los que paséis las pruebas puede que no aceptéis los implantes... Pero tenéis que tener una cosa bien clara, aquellos que paséis todo eso se os concederá el honor de convertiros en Astartes, en miembros del Capítulo de los Jabalíes Negros y, por último, en servidores directos del Emperador. Fuerza y honor. - Se retiró hacia la sala, dispuesto a prepararse para juzgar a los aspirantes. El Astartes que supuestamente los acompañó, se adelantó unos pasos y se quitó el casco para hablar, apareció un rostro viejo pero curtido, una mirada dura pero que denotaba cercanía los escrutó a todos y cada uno de ellos, daba miedo ser sometido a su mirada, pero Kirus se mantuvo duro y firme mirando hacia delante.:

- Soy el Sargento de reclutamiento Detris Paladius, encargado de toda la Región de Chartis. Yo seré quién entrene a los próximos 10 Astartes que se unirán a la Décima Compañía de Exploradores. Espero mucho de vosotros. En las próximas horas seréis llamados de tres en tres, para ser juzgados. Mucha suerte a todos. - Y también se retiró a la sala, donde momento antes se había retirado el otro Astartes.

Por úlitmo, el que llevaba la pinza y la hombrera diferente a los otros dos, se dirigió hacia ellos con un tono de voz monótono y pausado:

- Estoy aquí en nombre del Mechanicum para llevarme a uno de vosotros como aprendiz de los secretos de Marte y de las máquinas. El privilegiado volverá al Capítulo convertido en Technomarine. - Vio un leve movimiento a su derecha, Secreto se movió nerviosamente y una sonrisa apareció en sus labios. 

Dicho eso, el Technomarine se retiró y en los altavoces del recinto empezaron a sonar los nombres.

Esperaron durante horas, de entre todos sus amigos los primero en entrar fueron Hars y los hermanos, los tres a la vez, justo cuando se movían, el joven Hars le susurró - Nos vemos luego - y le guiñó el ojo.

El siguiente en desaparecer fue Cadelus, el cuál no mostró ningún sentimiento, tan sólo se dirigió con decisión hacia las compuertas.

Después Secreto, pasó por su lado, ¡maldición! Se había perdido su nombre mientras estaba despistado pensando en otras cosas...

Después de una eternidad, tan sólo quedaban 12 chicos, y de súbitamente escuchó su nombre. Se concentró y se dirigió hacia las compuertas junto a un joven de pelo rojo y alto, y junto a un joven de piel azabache.

Se plantaron los tres ante las compuertas y se abrieron revelando un brillo cegador, se tapó los ojos y cuando se le acostumbró la vista vió una enorme sala, con tres camillas rodeadas de muchas herramientas y con varias personas con batas blancas alrededor de ellas. Los tres astartes se encontraban sentados al fondo de la sala, esperando a entrevistar a los tres aspirantes.

- Kirus Atreem, camilla número I, por favor. Raman Garro, camilla número II, por favor. Yun Shahan, camilla número III, por favor.

Identificó como el joven de piel azabache como Yun y Raman, era el joven chico con el pelo rojo. Los miró, ellos lo miraron a él y entre ellos, estaban muertos de miedo...

Fijó su vista en la camilla y su vista se nubló, sentía sus pasos pesados, no veía más allá de su nariz pero aún así obligó a sus pies a moverse. Se plantó delante de la camilla y se subió a ella. Una voz habló:

- Relájate, esto dolerá un poco. - Y su mundo se convirtió en una visión roja y negra, llena de dolor. Sintió como le inyectaban agujas en los brazos y en las piernas, como le conectaban algo en el cerebro, y cómo una especie de electricidad le recorría el cuerpo. Oía frases sueltas mientras entreba y salía en un estado de shock:

- Constantes vitales normales... Condición física óptima... Actividad neurocerebral excelente... Apto para...

Y cayó en la inconsciencia. 

Se levantó y vio a uno de los servidores mirándolo fijamente:

- ¿Cuánto he estado dormido? - Preguntó al hombre.

- Tan sólo dos minutos, preparáte. Ponte esta bata y dirígete hacia ese asiento - Señaló la silla que estaba en frente de los Astartes.

Se dirigió exhausto hacia allí, y se sentó firme mirando a los Astartes a los ojos. El Sargento Paladius cogió su panel holográfico y vio su informe:

- Vaya, vaya. Parece que tenemos un sujeto excepcional aquí, dime hijo, ¿sabes donde estás? ¿Sabes lo que ello implica? - Preguntó.

- Si, señor. - Sabía que era lo único que tenía que decir, su padre se lo había avisado.

Habló el hombre con el báculo:

- Estás a punto de entrar en un mundo de dolor y sufrimiento, recorrerás un camino que pocos tienen el privilegio de recorrer, ¿estás preparado?

- Si, señor.- Respondió.

El Technomarine se dirigió a él sin moverse tras observarlo detenidamente:

- No eres apto.

"No eres apto". Esas palabras lo golpearon como si fuese un cañonazo, ¿no soy apto? ¿Porqué? Había escuchado... Se empezó a marear, se agarró al respaldo de la silla, el Sargento se levantó y le tocó el hombro:

- Tranquilo, chico. A muchos les pasa esto, aquí el Hermano Technus se refiere a que no eres apto para unirte al Mechanicum, no es que sea muy hablador.- Le sonrió. - Se te considera Apto para unirte al proceso de selección para convertirse en Astartes. Enhorabuena. 

Capítulo 3Editar

Habían pasado 2 años. 2 añs de pruebas, de ejercicio, de estudio. 2 años que, aunque lo habían hecho sufrir, los consideraba los mejores de su vida.

Después de aquél día en el que había sido considerado Apto, se le otorgó el rango de Novicio. Se instaló en los barracones de la Base Capitular y, para su sorpresa y satisfacción, vio que sus amigos también estaban allí, excepto Secreto, probablemente su constitución y aspecto débil lo habían hecho No Apto... Les presentó a sus amigos a los dos chicos que habían pasado la prueba con él, ellos los recibieron con los brazos abiertos y juntos formaron una piña que, durante dos años, se transformó en un lazo inquebrantable de hermandad. 

Habían crecido. Kirus se había convertido en un joven apuesto, con una constitución envidiable y un carisma que agradaba a todo aquél que se relacionaba con él. El regordete Hars ya no era tan regordete, años de ejercicio lo habían convertido en un joven el doble de grande que Kirus, tenía unos anchos hombros y una altura que sobrepasaba a todos los novicios. Los hermanos Uwel y Udis seguían igual, el mayor fastidiando al pequeño, aún así si el pequeño quisiese podría imponerse al mayor ya que sus habilidades de combate eran de las mejores de los novicios. Cadelus seguía con la misma actitud, pero se había convertido en un excelente novicio, destacaba en la mayoría de habilidades, y aunque no lo habían declarado, él y Kirus mantenían un duelo interno para ver quién era mejor. 

Yun había sido reclutado para ser entrenado por el Bibliotecario, puesto que en uno de los entrenamientos año atrás despertó sus poderes psíquicos. Y, por último, Raman fue proclamado como el mejor tirador de todos los novicios que actualmente estaban preparándose para las pruebas.

Durante ese período de tiempo memorizaron y absorbieron todo lo referente a la tradición del Capítulo. Se prepararon tal y como especificaba el Codex Aprum, partiendo de los valores del valor y el honor que identificaban a todos y cada uno de los hermanos de los Jabalíes Negros.

Kirus destacaba por su gran conocimiento y inteligencia en todas las áreas que podía dominar un guerrero. Era un perfecto estratega, un líder carismático, un hermano empático y un guerrero con cabeza, nunca dejaba que sus emociones le afectasen una vez empezaba a realizar sus ejercicios.

Sus hermanos de armas, pues así empezaron a llamarse entre ellos aquél grupo de jóvenes que se reunió durante los primero días, también se prepararon completamente para poder ser considerados aptos para convertirse en Astartes y unirse a las filas del Imperio.


El tiempo pasó, y llegó el día en que pasaron de ser simples humanos a semidioses. Cada día que pasaba Kirus se maravillaba cada vez más de su transformación, medía más de dos metros y medio, sobrepasaba a la mayoría de compañeros que habían ascendido con él. Para ser un Astartes, los cuáles tenían casi los mismos rasgos en mayor o menor medida, él destacaba por encima de los demás. Su presencia y aura de poder irradiaba a todos los que le rodeaban.

Ya desde el primer día en que fue aceptado en las filas de exploradores de la X Compañía, destacó por encima de los hermanos que llevaban más tiempo que él.

Aún recordaba el día en que fue llamado a la Fortaleza-Monasterio del Capítulo, el Castillo Tharagos, santuario y hogar de todos los Jabalíes Negros.

La llamada sucedió el día menos esperado, en uno de los días de descanso que rara vez se les daba a los novicios. Se hallaba sentado en el Aula Magna de la Base Capitular, junto a sus hermanos de armas. Estaban discutiendo sobre las noticias que llegaban al planeta sobre el inicio de una posible rebelión en el planeta Aureum VI. Se decía sobre la posibilidad de que hubiese nacido alguna semilla hereje en tal planeta, a parte sabían que algo grave sucedía pues no dejaban de llegar mensajes a la Base Capitular, incluso en una de las sesiones de entrenamiento tuvieron el honor de contar con la supervisión de un hermano redentor.

Ese día, el Sargento Paladius llegó junto a un miembro del Administratum de Terra y otro Astartes al cuál reconoció como un Capitán, la insignia en su hombrera izquierda proclamaba que aquél Astartes era el líder de la X Compañía. El vivo recuerdo de aquél momento lo asaltaba contínuamente con facilidad y felicidad...

- Novicios, ¡firmes! - Proclamó el Sargento Paladius poniéndose recto. El grupo se movilizó rápidamente y eficazmente, resultado de días y días de entrenamiento y práctica de las artes militares. - Os presento al Administrator Jeus Yerinam, miembro del Administratum de Terra, y al Capitán Hyeronimus, líder de la X Compañía de los Jabalíes Negros. - Los miró a todos y cada uno de ellos de aquella forma que denotaba que algo serio estaba a punto de suceder, aún estando en posición de firmes, era palpable que la expectación creada por la presencia de aquellos tres individuos había puesto nerviosos a los chicos.

- El Sr. Yerinam y el Capitán Hyeronimus están aquí para dejar constancia de que habéis sido elegidos, vosotros seis, para uniros a las filas de los Astartes. - A Kirus se le pusieron los ojos como platos al oír aquellas palabras, aún recuerda como estuvo a punto de romper la compostura y tirarse de la emoción al suelo. Aún así, sabía que aquello no sería propio de un Astartes, miró de reojo a su amigo Hars y a los hermanos Uwel y Udis. Los anchos y musculosos hombros del primero estaban completamente en tensión, veía como las venas y tendones estaban estirados hasta el punto de romperse, su cara era un mapa inescrutable, habría entrado en shock, pensó Kirus. Los hermanos tenían una sonrisa dibujada en la boca, aunque el pequeño denotaba más miedo que otra cosa.

A su derecha, su amigo y rival Cadelus Shares mantenía una posición erguida y majestuosa, notó que lo miraba y le devolvió la mirada con una expresión malévola en la cara, sabía que podría seguir compitiendo con Kirus durante unos años más, la morbosidad que surgía de su enfrentamiento también emocionaba a Kirus cada vez que tenían la oportunidad de medir sus fuerzas, así que le devolvió la expresión.

Más a su derecha, Yun mantenía su posición de firmes sin emoción alguna, la noticia de que iba a unirse a las filas de los Jabalíes Negros le llegó hace tiempo, puesto que fue considerado como el mejor psíquico de entre todos los novicios del planeta, así que su mentor le comentó que su ascensión a Astartes estaba asegurada. 

Por último, se fijó en Raman, su ya pálida tez estaba blanquecina debido a los nervios y veía como le temblaban todos los miembros de su cuerpo. Se fijó en que las rodillas le empezaban a flaquear y fue lento al gritar que lo cogiesen antes de que se desmayase. Vio, como si estuviese a cámara lenta, como su cuerpo de desplomaba lentamente hacia un lado y chocaba contra el suelo con un golpe sordo y seco.

Una expresión ahogada surgió de todos los novicios presentes y rápidamente devolvieron las miradas al frente, se fijaron en los tres individuos que tenían delante. Sus expresiones eran totalmente diferentes, el Administrator tenía la mirada perdida y aburrida, dando a entender que aquel proceso ya lo había visto varias veces y que el aburría en sobremanera. El Sargento Paladius tenía una expresión furiosa, aquella que habían visto tantas veces, solía enfadarse por cualquier cosa; por último, nunca olvidará al Capitán Hyeronimus, al principio mantuvo una expresión impasible pero poco a poco iba volviéndose roja y luego morada, de golpe estalló en sonoras carcajadas y su mirada jovial los miró a todos y cada uno de ellos, jamás olvidaría sus palabras, entre risas exclamó:

- ¡Venid aquí, chicos! Sed bienvenidos al Capítulo de los Jabalíes Negros. - Mientras abrazaba a cada uno de los novicios, que se sentían inferiores ante la enormidad de la figura del Astartes.- Tenéis un largo camino por delante.

Horas después aún les duraba la emoción del momento y no paraban de jactarse entre ellos mientras recibían la enhorabuena de sus hermanos novicios.

Kirus aún no se lo creía, su sueño estaba a punto de cumplirse, no quedaba más que la gloria y el honor de la batalla por delante. La leyenda empezaba a escribir sus primeras palabras...

Capítulo 4Editar

Lo que sucedió en los días posteriores sucedió con mucha rapidez. Los seis hermanos de armas fueron desplazados a la Tharagos donde se reunieron con cuarenta y cuatro hermanos más que habían sido aceptados en las filas de los Astartes. Todos ellos formarían el nuevo cuerpo de reserva de la X Compañía, tal y como se les informó, cada dos años este cuerpo se renovaba puesto que durante el primer o segundo año todos sus miembros eran repartidos entre las diferentes compañías de Astartes, según las defunciones o pérdidas de hermanos.

Estuvieron durante unos meses en el proceso de implantación de la semilla genética y sus mejoras. Recordaba el dolor del proceso como algo reciente, aún notaba a sus músculos expandirse, sus huesos reformarse y la sensación extraña al notar sus nuevos órganos. Pero todo aquél dolor valió la pena para ver en lo que se convirtió a continuación.

Kirus mantenía sus rasgos físicos de siempre, pero con el detalle de que ahora era un Astartes y compartía semejanza con todos ellos. Su pelo corto y rapado reemplazaba a su antigua y larga cabellera, una incipiente barba le comenzaba a crecer en la barbilla y sus ojos se habían vuelto duros pero aún inocentes.

Aún así la transformación le resultó algo mundano y familiar, desde que había entrado por las grandes fauces y colmillos de la Gran Puerta del Jabalí empezó a notar una sensación como si todo aquello ya lo conociese, como si siempre hubiese formado parte de ello.

Sus hermanos de armas también pasaron por el duro proceso exitosamente, todos y cada uno de ellos alcanzaron un físico y unos atributos que los volvieron aún más infalibles en las áreas que dominaban.

Uwel y Udis ahora pareciían gemelos, los dos tenían la altura estándar que solían tener los Astartes, su corpulencia no era muy exagerada pero era la suficientemente letal como para poder mantener el nivel de sus hermanos, eso sumado a las habilidades de combate que tenían ambos los convertían en asesinos temibles.

Raman mantenía su pelirrojo natural, se había dejado crecer la barba y su cabeza estaba siempre afeitada, su cuerpo se parecía al de los hermanos pero algo más delgado, aunque como el decía, lo que el necesitaba era unos ojos de halcón y unas manos para sostener un rifle de francotirador.

Yun había crecido a un tamaño semejante al de Kirus, su seria expresión se acentuaba aun más ahora siendo Astartes. Su compañía con ellos duró poco ya que en cuánto fue completada su mejora genética fue reclamado por el cuerpo de Bibliotecarios del Capítulo para iniciar su fase final del entrenamiento psíquico.

Cadelus era prácticamente igual que Kirus, excepto por su cara, si se les miraba de espaldas podría haberse dicho que eran la misma persona. Ese detalle aún los provocó más en su batalla interna pero, como siempre, eran detalles que en realidad les divertían.

La transformación más espectacular fue la de Hars Huniam, su más cercano hermano había crecido hasta alcanzar los tres metros de altura y, prácticamente, podría decirse la misma distancia de ancho. Parecía un gigante surgido de la mitología antigua de Umberigian, sus brazos eran descomunales, igual de anchos que un Aubdul, uno de los árboles más grandes del planeta, su torso daba la sensación de que su persona ocupaba toda la estancia y su pose era la de un guerrero nato. Aunque todo eso cambiaba una vez le mirabas el rostro, ya que seguías viendo al jóven jovial que siempre había sido, exceptuando por el largo pelo y la larga barba que tenía en ese momento. Los hermanos de la Compañía bromeaban en que en realidad era un Lobo Espacial infiltrado en los Jabalíes Negros y, como era usual, ellos se llevaban a cambio un buen vapuleo o un simple "¡A pastar, bastardos!"


En el presente, habían pasado muchos meses desde su transformación y habían completado su entrenamiento como Astartes. Dominaban todas y cada una de las tácticas de combate imperiales y propias del capítulo. Controlaban a la perfección las armas estándar de los Marines Espaciales, habían ineriorizado su filosofía y, lo único que faltaba era su bautizo de sangre. 

Capítulo 5 Editar

Dicen que en la guerra sólo sobreviven los que tienen suerte, aquellos que por más que entren en el campo de batalla no son capaces de hallar la muerte debido a que la buena suerte les acompaña siempre, estos guerreros a la larga suelen adquirir gran experiencia y acaban convirtiéndose en grandes guerreros.

También dicen que sobreviven los cobardes, guerreros sin honor que huyen del campo de batalla o se esconden en las esquinas sin plantar cara al enemigo. Estos acaban siendo repudiados por sus hermanos o ejecutados.

Pero sobretodo, los guerreros que siempre sobreviven son los mejores. Los Astartes son los mejores guerreros que existen en la raza humana, preparados para la batalla y disciplinados para dar muerte sin cuartel. Kuris lo sabe y también sus hermanos.

Sabe que una vez entre en el campo de batalla lo que verá será la destrucción y la violencia por doquier, pero aunque lo sepa no lo habían preparado para eso…

- ¡Hoy es un gran día, caballeros! Nos encontramos en las puertas de vuestro bautizo de sangre, hoy renaceréis como guerreros y seréis recompensados con la mayor experiencia que un Astartes puede vivir. ¡El orgullo de poder combatir junto a vuestros hermanos y de verter la sangre de los enemigos del Imperio!

Las palabras del Sargento Paladius resonaron por encima del ruido de los motores de la Thunderhawk mientras todos los miembros de la Escuadra Ephraim revisaban su equipo a la espera de aterrizar en Aureum VI. Tal y como habían estado comentando un año antes, en dicho planeta se estaba fraguando una rebelión, decían que la semilla herética había brotado en la raíz Aureum VI y los pueblos de todas las regiones se habían alzado contra el Imperio y el control de los Jabalíes Negros en el Sub-Sector Gravia.

Junto a ellos se habían revelado 5 compañías de los Mastines de Baurk, regimiento de la Guardia Imperial adjunto al Capítulo de los Jabalíes Negros. El General Hektor Midani era un gran amigo del Señor del Capítulo Shodus Vanhamer, era porque actualmente está muerto. Fue asesinado durante la expedición diplomática enviada al planeta Aureum VI para apaciguar la inminente rebelión y negociar términos antes de que estallase.

El mismo General había decidido liderar la expedición ya que nunca un planeta bajo su control y el de los Jabalíes Negros había sido susceptible a rebelarse. Decidió, pues, que quería investigar en el tema y saber de primera mano porque el planeta quería provocar una rebelión.

En el evento donde se iba a encontrar con el gobernador de Aureum VI , acompañado por el destacamento apostado en el planeta desde hacía más de 50 años como Guardia de Honor, justo antes de subir al estrado donde le esperaban, fue acorralado por la misma Guardia de Honor y ejecutado a la vista y deleite del pueblo aureo.

De las 7 compañías que acompañaban la expedición, dos estaban dispuestas en el planeta como destacamentos militares, dos más se encontraban en el planeta como refuerzo para la respuesta inmediata en caso de que estallase la rebelión y las tres restantes se encontraban en órbita como reserva.

Las dos compañías que estaban dispuestas en el planeta resultaron ser partícipes del complot. De las otras dos restantes, una de ellas se había unido al bando rebelde sin motivo aparente y la otra se había retirado para defender su posición en una remota población situada a 500km. de la capital.

De las tres en órbita, la nave de uno de los destacamentos había disparado por detrás al buque insignia del regimiento destrozándolo tras una maniobra aparentemente inofensiva mientras se recolocaban en órbita. La nave restante había conseguido abatir a la rebelada tras tres horas de maniobras ofensivas y sufrir daños aparentemente no graves.

El resultado fue que 5 compañías se habían sublevado tras un complot junto al planeta Aureum VI, una de ellas había sido abatida en órbita y las dos restantes quedaron leales al Imperio. Una de ellas en tierra y la otra en órbita dando soporte a la última.

Habían conseguido cortar las comunicaciones del planeta y lo habían aislado de posibles contactos con el exterior. Por lo tanto, se encontraban en un punto donde el dominio rebelde sobre el planeta era total y la posibilidad de recuperarlo sólo dependía de un grupo de guerreros.

Horas antes del despliegue astartes…

- Mi señor, no puedo permitir que actúe directamente sobre el planeta, la rebelión es parte de culpa del regimiento de los Mastines de Baurk y nosotros lo solucionaremos. Sois conscientes de que somos capaces, hemos luchado juntos en innumerables ocasiones durante años.

- Entiendo tu postura, Capitán Zakatia. – Afirmó el Astartes situado al otro lado de la mesa de operaciones. - Pero no podemos permitir que esto se alargue más de la cuenta. Jamás habíamos conocido una situación igual en el Sub-Sector Gravia y debe ser erradicado en el momento.

El Capitán Zakatia, el miembro del regimiento con mayor rango en la órbita alrededor de Aureum VI puesto al mando de forma provisional se mostraba frustrado pero con postura firme.

- El resto del regimiento está siendo movilizado y están en camino. – Dijo el Capitán mientras desplegaba en la pantalla holográfica una serie de esquemas con la disposición de la flota – Calculamos que en 5 días estarán aquí. Ruego, por favor, se mantenga a la espera hasta que pueda poner en consenso con mis hermanos capitanes como procederemos.

- Negativo, Capitán. – Mientras el Astartes se erguía sobre si mismo. – El Lord Vaulkar exige una respuesta inmediata por la muerte del General Midani. La X Compañía hemos sido enviados expresamente para acabar con la cabeza de la serpiente y eso es lo que vamos a hacer. Como sabrá, el resto de compañías del Capítulo se encuentra ahora mismo dividida en dos frentes y tan sólo se encuentra la X para proteger el Sub-Sector.

Frustrado, el Capitán de la Guardia Imperial dio un golpe sobre la mesa y rodeó la mesa para ponerse frente a frente con el Astartes, su cabeza no llegaba ni siquiera a la altura de su ombligo pero aun así levantó la mirada para mirarle a los ojos:

- Capitán Hyeronimus, siento que lo vea de esta forma pero el honor de los Mastines de Baurk está en juego. – Con un susurro como hielo. – Usted más que nadie debería entenderlo puesto que lo que más valoran es el honor. Me está dando a entender que no comparte ese sentimiento. – Esas palabras como el veneno no fueron expresadas en su totalidad porque justo en el momento de decirlas el Capitán Zakatia estaba colgando en el aire.

- ¡No se atreva! Capitán… - Esa última palabra expresada como un susurro amenazante denotaba que la paciencia del Astartes se había terminado – No se atreva juzgar la opinión del Capítulo y mucho menos la de mi Lord. – Kuris nunca había visto a su Capitán de esa forma, irradiaba violencia contenida por todos sus poros y parecía que estuviese a punto de aplastar la cabeza del Guardia Imperial. – ¡Es usted el que no entiende! No sé da cuenta de que lo que está sucediendo ahí abajo es de respuesta inmediata, un General del Imperio ha sido asesinado por sus propios hombres y un planeta ha caído en revuelta contra los que los protegían.

Igual de rápido que había aparecido, su estallido de furia desapareció de golpe. Miró a los ojos del Guardia Imperial con una mueca despectiva y lo soltó.

- Los últimos informes indican que las fuerzas de tierra están siendo diezmadas y apenas quedan suficientes efectivos para lanzar una contraofensiva.  – La voz del Astartes había adquirido un matiz táctico y sin emoción alguna dando por zanjada la discusión con el Capitán del regimiento. – Nuestro objetivo es encontrar al líder de la revuelta y capturarlo con vida. Así mismo, acabaremos con todos las personas que participen activamente en contra de nuestra ofensiva, daremos tregua sólo a los que la pidan y estos serán interrogados por nuestros bibliotecarios. Sargento Paladius, adelante.

- Nuestro último contacto con el infiltrado en las filas rebeldes nos informa de que su líder es el Capitán de la guarnición del planeta, el Capitán Schreïber. – Explicaba el Sargento mientras avanzaba hacia el grupo. Kuris se fijó en la expresión sorprendida que apareció momentáneamente en la cara del Capitán de regimiento. – Según tenemos entendido, se ha atrincherado en el palacio del gobernador y se ha autoproclamado Señor de la Guerra de Aureum VI. Las cuatro guarniciones están repartidas por toda la capital, guardando los accesos del Norte, Este, Oeste y Sur. – Mientras señalaba en el mapa táctico. – No sabemos que le ha podido llevar a producir esta rebelión pero nos aseguraremos de descubrirlo. Nuestros…

- Disculpe Sargento, pero creo que aquí nuestro Guardia Imperial sabe algo que nosotros no sabemos. – Intervino Kuris Atreem en ese momento. Como había imaginado, la estupefacta reacción del Capitán le confirmaba sus sospechas. – Si no me equivoco, tiene algo que compartir con nosotros, ¿verdad? – Fulminando con la mirada al hombre.

Los sudores y el encogimiento de hombros daban la razón al Astartes, sus ojos se desplazaban de un lado a otro buscando una forma de escapar de aquella situación.

- ¿Es eso cierto, capitán? – La corpulenta figura del Capitán Hyeronimus se alzaba amenazante sobre la del Guardia Imperial.

- N… no… no sé nada, mi señor. – Cogiéndose las manos completamente abrumado por el ambiente. – Únicamente me ha sorprendido saber que el líder es Damius, perdón, el Capitán Schreïber. – Cerró los ojos y suspiró, al abrirlos se notaba que había recobrado la compostura y afirmó. – Damius Schreïber y yo nos formamos juntos en la Academia y avanzamos juntos en las filas del regimiento, éramos como hermanos.

Kuris avanzó para situarse al lado del capitán de la X Compañía.

- Señor, su hermano es actualmente un traidor al Emperador. – La voz de Kuris era firme pero amable, haciendo uso de su carisma y habilidad para llegar a las personas y hacer que el Guardia Imperial se tranquilizase y colaborase. – Debe decirnos si últimamente había detectado algún comportamiento extraño en su amigo.

El Capitán Zakatia miró a todos los presentes con desconfianza pero finalmente suspiró y explicó:

- Últimamente me hablaba mucho de unos nuevos amigos que había hecho en una expedición a Fragma Setra, cuando lo destinaron al Sub-Sector Dario. La misión era rescatar una nave de la Guardia Imperial que se había extraviado y la última comunicación procedía de esas coordenadas. – Mientras, el Guardia Imperial iba caminando de arriba abajo reflexionando sobre cada palabra que decía. – Ahora que lo pienso, cuando el General mandó la expedición me surgió la duda de porqué no acudían las tropas de guarnición dispuestas en los planetas de aquel sector. Según tengo entendido, Dario es parte del Imperio y posteriormente al rescate y la confirmación de que no hubo supervivientes repostaron en uno de los planetas del Sub-Sector. – Se quedó completamente quieto. – Siempre decía que quería presentarme a sus nuevos amigos pero por más que le preguntaba por ellos su respuesta era la misma: “Lo bueno se hace esperar amigo, siempre es bueno conocer de primera mano lo desconocido”.

Dirigiéndose a su superior, el Sargento Paladius expresó lo que todos estaban pensando:

- Señor, con todo el debido respeto, pero tenemos que capturar al traidor Schreïber, creo que nos hallamos ante un posible complot de magnitudes mucho mayores a las que nos esperábamos. – La voz del sargento quedó suspendida en el aire durante lo que parecía una eternidad.

- Prepare a sus hombres, Sargento. ¡Que toda la X Compañía se prepare! – Hizo una pausa y añadió con una voz cargada de ira-  Protocolo de combate, activado.

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