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Inqsello Por orden del Ordo Wikia de la Santa Inquisición, este artículo se considera fuera del Canon Imperial. Se declara carente de toda veracidad y blasfemo; y todo el que lo lea sufrirá purga inmediata. Si usted es el autor, diríjase a las autoridades competentes para someterse a la penitencia pertinente.

Atención: Material No Oficial sin Sello de Calidad Wikihammer


El relato no esta terminado, lo iré actualizando conforme vaya escribiendo los capítulos.


Ésta es la historia del inquisidor Dimitri Korskakov, de cómo se volvió un traidor y lo que sucedió después.

 



Editar

Thracian Primaris  321.M41


 

Commodus Voke

Ordo Malleus

 

Mi gran señor inquisidor:

 

Tal como sospechaba la mayoría de archivos referentes al supuesto inquisidor Dimitri Korskakov han sido borrados. No he podido encontrar ninguna referencia sobre ningún inquisidor con ese nombre. No obstante, he encontrado un archivo muy dañado del que solo he podido recuperar unos fragmentos que hacen referencia a un tal D. Korskakov de Vostroya. Mientras termino de redactar este mensaje mis sirvientes están empacando mi equipaje y me dispongo a partir inmediatamente hacia allí para investigar este indicio, recibirá noticias mías en cuanto descubra alguna novedad.

 

Que el Trono Dorado os proteja.

Atentamente Dieter Brückner.

 

 

Vostroya  329.M41


 

Commodus Voke

Ordo Malleus

 

Mi gran señor inquisidor:

 

He seguido la pista del nombre D. Korskakov en los anales y censos de Vostroya pero no he encontrado nada. Nada, salvo un pequeño vacío, casi pasa inadvertido y es en el censo de población del año 992.M38 donde aparece el nombre de dos padres pero de ningún hijo y, en efecto, los padres se apellidaban Korskakov. Este informe me remite al planeta Kuban, al que me he dirigido. Por suerte la descendencia de los korskakov es una familia rica y tiene su propio árbol genealógico. En él he podido encontrar  al sujeto de nuestra investigación, el cual fue entregado a las Naves Negras en el 999.M38. Me dispongo a regresar a Thracian Primaris  para investigar el contenido y el destino de las naves negras de ese periodo. Personalmente dudo de que este Dimitri Korskakov sea el mismo que nosotros buscamos, puesto que de ser así tendría alrededor de 2300 años algo impensable incluso para un marine espacial.

 

Que el Trono Dorado os proteja.

Atentamente Dieter Brückner.

 

 


Thracian Primaris   335.M41


 

Commodus Voke

Ordo Malleus

 

Mi gran señor inquisidor:

 

Con mi nuevo rango de inquisidor se me han revelado archivos que antes permanecían ocultos, debo decir que la verdad sobre Dimitri es más escalofriante de lo que jamás me hubiera imaginado. En efecto Dimitri Korskakov fue recogido por las Naves Negras y después de ser declarado apto fue entregado a la Schola Progenium y posteriormente de ser educado paso a formar parte del séquito inquisitorial del infame Jaq Draco esto nos acerca más a la posibilidad de declararlo hereje y renegado. Este informe también indica que la última vez que fue visto fue en compañía de los marines espaciales del capítulo de los Asoladores Imperiales. En cuanto acabe unos asuntos que tengo pendientes en este mundo viajaré hasta la fortaleza-monasterio del capítulo, ya he concertado una entrevista con el Epistolario del capítulo, Grover Johnson, como siempre, le informaré en cuanto tenga novedades.

 

Que el Trono Dorado os proteja.

Atentamente Dieter Brückner.

 

 

Orbita de Vindict V    342.M41


 

Commodus Voke

Ordo Malleus

 

Mi gran señor inquisidor:

 

Por fin me he entrevistado con el epistolario Grover Johnson y después de investigar juntos en el Librarium del capítulo hemos descubierto varias cosas interesantes y desconcertantes, para empezar el informe que nos condujo a empezar esta investigación nos hablaba de un gran psíquico, no obstante aquí se habla de un Dimitri Korskakov con un poder psíquico muy reducido. El informe habla de cómo el ya inquisidor de la Ordo Malleus Dimitri Korskakov llego a Vindict V acompañado por una escolta de 5 caballeros grises a bordo de una nave mercante clase Vagabundo llamada El espíritu de Maxilla  en el año 130.M39 y solicitó la ayuda del capítulo para investigar el exterminatus de Stalinvast. El capítulo le proporciono 20 marines espaciales bajo el mando del Sargento veterano Bonner Logan así como el apoyo de una cañonera stormraven. El equipo partió inmediatamente con destino a Stalinvast y no volvió a ser vista nunca más. No obstante en el 140.M41 fueron hallados los restos de 7 marines espaciales y una stormraven del capítulo de los Destructores en Arx durante la 12ª Cruzada Negra. 

 

Después de la conversación que tuve con Johnson al terminar nuestra pequeña investigación se me ocurrió buscar que sucedió con la Espíritu de Maxilla y tengo el placer de informarle que esta todavía se encuentra en activo y a tan sólo 3 meses de viaje por la disformidad del sistema Vindict, la nave ya ha sido debidamente informada de que un destacamento inquisitorial se dirige hacia allí y de que no abandone la posición en la que está. Johnson me ha ofrecido el apoyo de un Codiciario llamado Edward Harrison y de 10 marines espaciales, agradecido por tal ayuda me dispongo a partir hacia la Espíritu de Maxilla.

 

Que el Trono Dorado os proteja.

Atentamente Dieter Brückner.

 



Espíritu de Maxilla  343.M41


 

Commodus Voke

Ordo Malleus

 

Mi gran señor inquisidor:

 

Hemos investigado en los archivos del diario del capitán de la nave en el año 130.M39, según los escritos al llegar a Stalinvast Dimitri Korskakov dio la orden de desembarcar junto con su escolta de caballeros grises, el sargento veterano Logan, sus 20 marines y algunos miembros del sequito personal de Korskakov. El desembarco lo efectuaron mediante la stormraven de los Asoladores Imperiales y del cutter artillado personal de Korskakov. Pero a la hora del desembarco el capitán de la Espíritu de Maxilla advirtió turbulencias en la disformidad e informo a Korskakov de que regresaran lo más rápido posible ya que era peligroso permanecer allí. Lo siguiente que vio el capitán a través de los escáneres de su nave fue como se abría un portal hacia la disformidad en el planeta y se tragaba a toda la expedición planetaria, después de eso, horrorizado, salto a la disformidad y huyó de allí, nunca más supo de Korskakov. Tengo la certeza de que se perdió en la disformidad y no regresó hasta principios del M41, Harrison está de acuerdo conmigo. Uno de mis agentes me ha informado del posible avistamiento de la nave de Korskakov cerca de Cadia, pronto partiré hacia allí pero antes me gustaría pasar por Thracian Primaris para concertar una visita con usted, espero respuesta.

 

Que el Trono Dorado os proteja.

Atentamente Dieter Brückner.

 


Capítulo unoEditar

La Espíritu de Maxilla era una nave modesta, aun así tenía una longitud de centenares de metros. A Brückner, su sequito, Harrison y sus marines le asignaron unos camarotes consecutivos aunque las únicas habitaciones individuales eran la de Brückner, Harrison y Cora. Los demás dormían por parejas o grupos de 3 y 4 individuos. El capitán Max Jefferson había accedido a llevarnos hasta Thracian Primaris   a cambio de una cuantiosa recompensa. Tenía poco sentido del humor y mucho para los negocios; durante toda nuestra estancia en la nave, en las horas que coincidíamos durante las comidas y las reuniones de planificación, no perdía ninguna oportunidad para explicarnos alguna anécdota de algún trato extremadamente lucrativo que hiciera en el pasado o del dinero que dejaba de ganar por “hacernos el favor” de llevarnos hasta el sistema Thracian.

La noche del primer día cenamos todos juntos en el comedor principal.

-¿Y que se les ha perdido en Thracian Primaris? - Pregunto Jefferson con arrogancia.

- Es información confidencial y usted lo sabe. Lo único que necesita saber es a donde nos dirigimos.

A Brückner, Jefferson le caía como un puñetazo en el estómago. No aguantaba a los comerciantes, sólo pensaban en el dinero. Contra menos trato tuviese con él, mejor. Por suerte Harrison soportaba mucho mejor las largas historias que él y se encargaba de entretener al insoportable Jefferson.

Harrison era un buen tipo, era bastante alegre para ser un bibliotecario y su compañía era excelente. Me estuvo contando que era un gran honor para él y su escuadra acompañarme en esta misión, ya que el exterminatus de Stalinvast fue una mancha en la historia del capítulo y los Asoladores Imperiales estaban deseosos de redimirse. Me hizo muchas preguntas sobre Jaq Draco y Dimitri Korskakov y yo se las respondí en la medida a la que estaba autorizado. A cambio Harrison me contaba la historia de su capítulo y las batallas en las que había participado.

 

Un día de mediados de la segunda semana de trayecto, mientras Brückner estaba en el santuario de la nave haciendo sus plegarias, recibió la visita de Harrison, parecía apenado.

- Brückner. - dijo- Han llegado noticias desde Thracian Primaris, no son buenas.

- ¿De qué se trata? - Preguntó extrañado Brückner.

---Será mejor que se siente.

A Brückner no le gustaba el tono ni la cara de solemnidad del bibliotecario, pero obedeció.

- Bueno, cuéntame.

- Se trata de Voke… - explicó Harrison evitando la mirada del inquisidor - Commodus Voke ha muerto.

Y le miró a los ojos, y vio desolación.

A  Brückner se le vino el mundo abajo, su mentor, su amigo, muerto. ¿Cómo había podido pasar? Voke era un inquisidor especialmente poderoso, no podía morir así como así…

- ¿Cómo ha ocurrido? - preguntó desolado, con los ojos suplicantes.

- Fue durante la cacería que organizo el Inquisidor Gregor Eisenhorn para matar al Hereje Quixos, -explicó Harrison- murió  combatiendo al peligroso Huésped Demoníaco Prophaniti, por suerte su cuerpo se salvó de la destrucción. Será enterrado con todos los honores en la Sacristía Thoriana que hay en la Gran Catedral del Ministrorum en Thracian Primaris. Mis más sinceras condolencias, señor.

Brückner se quedó sin palabras, se quedó mirando a Harrison cómo si fuera a decirle que todo era una broma, una horrible y pesada broma. Al cabo de unos momentos comprendió que no. ¿Qué iba a hacer ahora?¿Debía seguir con la investigación del misterioso inquisidor Dimitri Korskakov? Decidió que sí, en memoria de su maestro terminaría aquella investigación, pero antes…

- Cora, ¿a cuanto estamos del sistema Thracian? - Pregunto Brückner a Cora Blumer.

- A 5 meses de viaje por la disformidad, calculo - Respondió Cora.

Cora era una piloto del Cuerpo Aéreo de Phantine, un As del Thunderbolt. Era morena, mas bien bajita y hubiera sido guapa de no ser por las cicatrices que marcaron su cara en un accidente de aviación en el que se estrelló y los cristales de la cabina se le clavaron en el rostro, vestía de cuero negro ceñido y solía llevar una pistola de agujas que le había regalado Brückner por su 25 cumpleaños.

- Derek, comunícale al capitán que el resto del viaje será sin escalas. - Dijo Brückner.

- Sí, señor. -Respondió Derek Hemmer, Kurtz le siguió.

Hemmer era un veterano de la legión de acero de Armageddon igual que Gerard Kurtz, ambos  habían pertenecido al mismo regimiento y eran muy amigos. Hemmer era más alto que Kurtz y ambos eran morenos y fornidos. Kurtz prefería llevar un rifle láser sobrecargado y Hemmer llevaba un pesado bolter.

Brückner estaba hablando con Harrison sobre las hazañas del difunto Commodus Voke cuando Derek y Kurtz regresaron.

- Señor - Saludo Derek y se cuadro, Kurtz se situó detrás de este.

- ¿Sí?

- El capitán se queja de que tenía tres entregas y dos recogidas durante el camino y dice que perderá mucho dinero, que como se lo vas a compensar.

- Estos comerciantes solo piensan en los beneficios… Dile que doblaremos la oferta inicial si logra llegar a Thracian en 3 meses.

- Sí, señor - y acto seguido se fue, seguido de cerca por Kurtz.

- Bueno Harrison, parece que nuestra conversación ha terminado, me retiraré a mis aposentos, le veré a la hora de la cena.

- Hasta entonces, Dieter.

 

Toc, toc, toc.

- ¿Quién es? - preguntó Brückner.

- Soy yo. -Dijo la amable voz de Cora - ¿Puedo pasar?

- Adelante.

Cora abrió la puerta, entró y vio a Brückner tumbado en la cama, con la mirada perdida. Se sentó en la silla del escritorio e hizo ver que ojeaba las notas del inquisidor.

- ¿Cómo se encuentra, “señor”?

- Bien. Y no me llames señor.

Cora sonrió.

- Derek le llama señor, “señor”.

- Ya sabes que Derek es un militar cabeza cuadrada, es muy bueno en lo que hace pero es imposible quitarle esa costumbre. - Entonces Dieter también sonrió, Cora siempre sabía hacerle sonreír. Ella se levantó de la silla y se sentó al pie de la cama.

- Voke era como un padre para ti, ¿No?

- Él era lo más parecido a un padre que jamás he tenido. Por lo que he podido investigar sobre mi pasado mi padre biológico nos abandonó a mí y a mi madre en cuanto se enteró de que estaba embarazada. A los 6 años se me llevaron las naves negras y a los 12 Voke me acogió en su séquito y me educó como si fuera su hijo. Aun no me creo que este muerto…

Dieter alzo la vista y se encontró con la cara de Cora, ella le besó. No era la primera vez que lo hacía pero esta vez lo necesitaba de verdad. Y después ocurrió lo inevitable.

 




 

- ¿Cuál es el nuevo plan?, señor - Preguntó Derek a la hora de la cena.

- Si Harrison está de acuerdo primero iremos a Thracian primaris, a celebrar el funeral de Commodus Voke, después partiremos hacia Cadia.

- Por mí no hay problema, Commodus Voke era un gran hombre. - Dijo Harrison.

- Pero Spencer no ha vuelto a enviar ningún mensaje. -Comentó Cora - Es posible que Korskakov ya no se encuentre allí.

- De todas maneras iremos a investigar.

Después de la cenar Dieter se acostó en su cama, Cora tenía razón, era extraño que Spencer no hubiera seguido informando, mañana intentaría contactar con él aunque estando en Cadia podría ser que alguna tormenta de la disformidad estuviera bloqueando las comunicaciones. Sea como sea, era hora de dormir. Mañana ya lo investigaría.

 

 


- Señor Brückner - jadeó Derek que había llegado corriendo a la habitación de Dieter con Kurtz pisándole los talones - Algo nos ha obligado a salir de la disformidad.  El capitán le espera en el puente de mando, es urgente.

Era muy temprano, las luces artificiales que señalaban el inicio del día aún no se habían encendido. ¿Qué podría ser que requiriese una audiencia a tan tempranas horas?

- Me visto y voy.

- Le esperamos en el pasillo, señor.

Brückner se levantó a toda prisa, se vistió y llegó al puente de mando cinco minutos después del aviso, seguido de Dieter y Kurtz. Cora y Harrison ya estaban allí cuando llegaron. Cora le lanzo una mirada que delataba angustia y miedo. Miró a través de la cúpula de observación y vio que enfrente había un destructor cobra totalmente negro sin ninguna marca o insignia. Entonces se fijó en la pantalla de comunicación. Brückner no podía creer lo que veían sus ojos, enfrente suyo, en la pantalla de comunicación  vio el busto de un hombre calvo, de tez pálida, ojos claros y una gran barba oscura.

Los ojos se le abrieron cómo platos y por sus labios sólo salió un hilo de voz:

- Dimitri… Korskakov…




Capítulo dosEditar

- No entiendo por qué nos tiene que dirigir un bibliotecario - se quejó Ross.

- Los psíquicos me ponen los pelos de punta, ¡Y encima acompañando a un Inquisidor! - añadió Coleman.

- Silencio. - Ordeno el Sargento Murray - Johnson está tan entregado al capítulo como nosotros y si el capitán ha confiado en él nosotros también deberíamos. ¿O es que acaso dudáis del buen juicio de nuestro capitán?

- Señor, no señor. - Respondieron todos al unísono.

- Pero aun así - siguió Mills- No me gusta tratar con un inquisidor… ¿No podemos investigar esto nosotros solos?

Mills había sido ascendido hacia tan sólo 2 semanas y por eso el sargento Murray no era tan duro con él.

- Órdenes son órdenes. - Respondió.

A Murray tampoco le gustaba el bibliotecario. Había algo raro en él. Todos los bibliotecarios eran raros para Murray, pero este… Al principio no había advertido nada, era tan distante como todos los demás, pero a los pocos días de estar en la Espíritu de Maxilla se volvió más amable y pasaba la mayor parte del día con el inquisidor o con el capitán de la nave… Murray no sabía el qué, pero algo raro pasaba.

Mientras le daba vueltas se dirigió a la sala de entrenamiento como cada mañana, eso le ayudaría a relajarse.

Allí estaban Ross, Coleman, Mills, Ray y Olson. Los reconoció por las marcas de la armadura, pues llevaban hasta el casco puesto, todos menos  Ross y Olson.

Mills se levantó en cuanto vio al sargento, cogió un cuchillo de combate, se fue al centro del ring y le saludó. Murray sonrió, el nuevo quería retarle. Intentaría no ser muy duro con él. Se dirigió a la armería y eligió otro cuchillo de combate. Estaban afilados pero la servoarmadura les protegería de los cortes, se puso el casco, entro en el ring y saludo a Mills, este le devolvió el saludo.

Entonces empezaron a girar en círculos, Mills se movía con mucha soltura y confianza para ser un novato, era un marine muy prometedor. Murray dejo un hueco y Mills lo aprovechó y le lanzó una estocada al costado izquierdo, demasiado lento pensó Murray y bloqueó la hoja del cuchillo con la suya, dio un medio giro y le lanzó un codazo a la cabeza. Pero Mills ya no estaba allí. ¿Cómo podía haber sido tan rápido? Miró hacia abajo y allí estaba, agachado y girando le dio en las piernas aprovechando que estaba desequilibrado y Murray cayó como un pesado tronco contra el suelo. Se oyó una ovación de los demás marines.

- Muy bien novato, - Masculló Murray - no lo he visto venir.

Pero Mills no contestó. Estaba a su lado de pie, mirándolo con arrogancia. A Murray eso no le gustó –se va a enterar este niñato - pensó, se dio la vuelta y se dispuso a levantarse pero Mills le propinó una patada en el casco y lo volvió a tirar, era impresionante la fuerza que tenía.

- ¿Pero qué haces Mills? - Dijo Ross y se adelantó un paso.

- ¡No! - Gritó Murray - Si el chico quiere jugar duro, juguemos duro.

Se levantó mirándole de reojo, recogió su cuchillo y se encaró a Mills. El novato se lo estaba poniendo duro, pero se iba a enterar.

- Eh Mills, ¡bloquea esto! - y se lanzó a la carga le lanzó una finta con un gancho derecho con el cuchillo  y Mills cayó de lleno, bloqueó el cuchillo con ambas manos y Murray aprovechó para sacudirle un zurdazo a la cabeza. Mills retrocedió dos pasos, aturdido. Murray se volvió a lanzar a por él, pero esta vez estaba preparado, se apartó en el último momento y le clavó el cuchillo en la cintura. Mills retiró el cuchillo,  se oyó un sonido húmedo de succión y empezó a brotar la sangre. Murray se llevó la mano al estómago y se quitó el casco, estaba mareado. La herida debería haber cerrado ya, pero la sangre no paraba de brotar. Miro al chico.

- Veneno, idiota. - Masculló Mills con una voz que no era la suya, adivinando lo que pensaba Murray.

En cuanto se recuperaron del shock inicial Ross y Olson se adelantaron para ayudar a su sargento.

- ¿Que has hecho Mills? - gritó Olson.

Pero no habían dado dos pasos que les clavaron un cuchillo a cada uno en la sien, los cuchillos de Coleman y Ray. Entonces Murray lo entendió.

- ¿Quiénes sois?

Mills se quitó el casco, no era Mills. Tenía la piel de la cara cuarteada, no tenía pelo, ni siquiera en las cejas o las pestañas. Sus dientes eran afilados y su lengua bífida, tenía una sonrisa cruel. El color de sus ojos era de un color granate intenso, llevaba un libro abierto tatuado en la mejilla izquierda. Le pego una patada en la boca a Murray y a este le saltaron los dientes, quedo tumbado boca arriba gimoteando y escupiendo sangre.

- Somos los buscadores de la verdad. Y mi nombre es Bonner Logan.

Y acompaño su apellido con un fuerte pisotón que reventó la cabeza del sargento como si fuese una fruta madura.

 

- Hola Dieter. - Dimitri sonrió. - ¿No me esperabas tan pronto? Deberías encontrar mejores espías.

- ¿Qué le has hecho a Spencer, hijo de puta? - Chillo Cora.

- ¿Qué quieres traidor? - Preguntó Brückner lleno de rabia. Esperaba que al menos Spencer no hubiese sufrido. - Tienes potencia de fuego suficiente para volatilizarnos, ¿Por qué no lo haces, hereje?

- ¿No entiendes nada, verdad Dieter? No soy un hereje, el Emperador me habla en sueños y…

- ¡Basta! No consiento que blasfemes delante de mí. ¿Por qué no nos matas?

Dimitri sonrió aún más.

- Voy a abordar tu nave. - La conexión se cerró.

La nave negra empezó a acercarse lentamente. El capitán Jefferson se había desmayado.

- Johnson, avisa a los marines, que vengan aquí. Esto va a ponerse muy feo…

- Está corrompido, Dieter… ese desgraciado… en sus ojos brilla la locura… Spencer… ¿Crees que aun estará vivo? - gimoteó Cora.

- No lo sé Cora, no lo sé… - Lo sabía, pero no quería hundirla más.

- ¿Qué ha querido decir con lo de que el Emperador le hablaba, señor? - Preguntó Hemmer.

- Delirios de un loco, Derek. Cuanto menos escuches mejor. Los malditos traidores dirán cualquier cosa para hacerte dudar, no les escuches, no dejes que te corrompan.

 

Los marines acababan de llegar al puente de mando cuando la nave entera vibró, el crucero se acababa de acoplar, pronto estaría cara a cara con el traidor de Korskakov. No sabía cuántos vendrían con él pero estaba preparado. Un Inquisidor siempre lo tenía que estar. Había instalado cámaras y bombas en el túnel de acoplamiento, en cuanto Dimitri entrase en la nave, los haría explotar. Entonces con Dimitri como rehén obligaría al crucero enemigo a retirarse y una vez estuviese a una distancia segura, ejecutaría a Dimitri, saltaría a la disformidad y huiría hacia Thracian Primaris. Era un buen plan.

Dimitri entró acompañado de sólo dos marines espaciales. Uno lucía los colores de los Asoladores Imperiales, pero muy desgastados y con remiendos de otras armaduras, el otro… el otro era un traidor renegado, un marine del caos, la peor escoria que existía, llevaba los colores de la Legión Negra pero los dos tenían algo en común. Un libro abierto pintado en la hombrera izquierda.

Brückner espero a que terminaran de cruzar para hacer volar el puente. La explosión resultante alcanzó al legionario y lo mató en el acto. Dimitri y el marine aparecieron en el puente de mando.

- Ríndete traidor - Grito Dieter - Sois sólo dos y no puedes pedir refuerzos. Tirad las armas.

- Te equivocas.

Todo paso muy rápido. Johnson se desplomo como si fuera una marioneta a la que hubiesen cortado los hilos y el resto de marines espaciales se dieron la vuelta para apuntar a Dieter y su séquito.

- ¿Pero qué?

El que llevaba la armadura del sargento Murray se quitó el casco y lo tiró al suelo.

- Tirad las armas, bastardos. - Y se lamió los labios sonrientes con su lengua bífida.

Dieter se giró.

- ¡Antes la muerte sucio hereje! - Levantó su pistola bolter y luego, la oscuridad total.


Capítulo Tres Editar

Luz. Hay una lámpara de mesa apuntándome a la cara. Estoy sentado en una silla, no me puedo mover, me han atado. Enfrente de mí hay una mesa, vacía. La luz me deslumbra, respiro: dolor. Me arden los pulmones, toso, escupo flema. Dolor. Dolor en la cabeza. Miro más allá. En frente una pared con un espejo y una puerta blindados. En el centro una gran “I”. ¿I? La inquisición. ¿Qué quiere de mí la inquisición? ¿Qué he hecho? ¿Quién soy? No logro recordar mi nombre, cómo me llamo, cómo he llegado hasta aquí… Dolor. Oscuridad.

Luz. Ruido. Voces. ¿Voces?

- ¿….e oye…ye…me…oye….? ¿Me oye?

- ¿¡Dónde estoy!? – Mi voz suena apagada y distante en mi cabeza…

Silencio.

La puerta se abre, entra un hombre gordo, con la insignia de la inquisición bordada en el pecho. Le acompaña un servidor escriba y un hombre armado. Se sienta enfrente de mí, el escriba a su lado. El hombre armado se queda en la puerta, me mira como si esperara algo de mí.

- ¿Recuerda algo?

- No – La cabeza no deja de dolerme, me arden los pulmones, toso, escupo flema.

- Su nombre es Dieter Brückner, es miembro de la Ordo Malleus, un inquisidor. ¿Recuerda?

¿Yo? Un inquisidor, no recuerdo nada.

- No, no me acuerdo de nada.

- Inténtelo Brückner, nació en... Cephei – Dijo después de consultar su holopantalla – Dio muestras de ser un psíquico y las naves negras se lo llevaron… mmm… a los 6 años, ¿Recuerda?

Dolor, tos, flema.

- No.

- A los 12 le acogió el Inquisidor Commodus Voke, ¿Se acuerda?

Voke… Commodus... ¿Muerto?

- Está muerto, él está muerto.

- ¿Muerto? No señor, sigue vivo, al servicio del Dios-Emperador.

- ¿Vivo? No puede ser… yo… no…

Dolor. Dolor. Oscuridad.

Luz.

-  Ya recobra el conocimiento…

- ¿Qué me pasa? ¿Por qué no consigo recordar nada con claridad?

- Le envenenaron. Fue a bordo de la Espíritu de Maxilla. ¿Se acuerda? Estaba investigando el caso del hereje Dimitri Korskakov. Cuando…

Recuerdos, dolor, tos, flema. Korskakov.

- ¿Cómo puede saber eso? Era información reservada a mí y a Voke.

- Lo sé porque soy un leal servidor de nuestro señor inquisidor Commodus Voke, él me mando a interrogarle, a hacerle recordar.

- Pero Commodus murió… En la nave… Harrison…

- ¿Harrison? Ese pobre bibliotecario no era más que un títere en manos del hereje Dimitri, lo poseyó en cuanto entró a su servicio, aún no sabemos cómo pudo hacerlo desde tan lejos…

- ¿Dónde está ahora?

- Muerto.

- ¿Y los demás? Cora, Hemmer, Kurtz,  ¿Dónde están? ¿Cómo me rescatasteis?

- Por suerte, alguien en la Espíritu de  Maxillia mandó una señal de socorro y una nave de los Ángeles sangrientos estaba cerca. Cuando llegaron la nave negra ya se había marchado. Lo supimos todo por las cámaras de vigilancia. A usted le encontraron tumbado en el puente de mando. En cuanto a las personas que menciona, Dimitri se llevó a dos guardias imperiales y una piloto con él.

Dolor. Tos. Flema.

- En cuanto al dolor y la tos, se le pasarán en unas horas. Ahora escúcheme.  Voke me ha dado esto para usted. Dentro encontrará la información detallada. Tendrá que entrar en el Librarium Obscurum y hacer una copia del Liber Secretorum. Partirá en cuanto se haya recuperado, uno de nuestros agentes le llevará hasta allí en un campo de estasis.

Se levantó y se dispuso a marcharse.

- Se me olvidaba, no confíe en nadie, Korskakov tiene agentes infiltrados.

Le dijo al agente que le quitase las esposas y que lo llevara a una habitación.

- En unas horas vendrán con el campo de estasis. Estese listo.

Dieter se sentó en la cama, le costaba mucho recordarlo todo. Tenía muchas lagunas. No recordaba nada desde que había caído.  Ojalá los chicos hubiesen logrado escapar… No era la primera vez que se separaban. Se tumbó en la cama y se durmió.

Sonó la puerta, entraron dos hombres con bata y un servidor que llevaba una enorme caja en forma de ataúd.

- Señor Brückner, ha llegado la hora.

Y lo encerraron en el campo de estasis.

Capítulo Cuatro Editar

Fersco era un planeta agrícola, tenía sólo dos continentes separados por un vasto mar. El continente del norte era el más pequeño y era dónde vivía la casta gobernante, estaba poco poblado y totalmente edificado por fincas, jardines, castillos y palacetes. No había ni un espacio para la vida salvaje. Y toda la población era rica y poseedora de tierras en el continente sur, este era tres veces más grande que el norte y con cien veces más población, su población era de esclavos. Esclavos de las castas gobernantes que se encargaban de cultivar sus tierras. Este continente tenía grandes áreas de cultivo y pequeñas ciudades donde se concentraba la población, vivían en la más absoluta miseria.

Hasta que un grupo de esclavos rebeldes lograron capturar 10 cabezas nucleares. Con ellas amenazaron a los norteños para abolir la esclavitud.  Después de muchas negociaciones y viendo cómo su vida de privilegios se veía amenazada, la casta gobernante decidió desatar el holocausto nuclear. Se escondieron en bunkers subterráneos y bombardearon al continente sur, estos respondieron y al final todo el mundo quedó devastado. Pero cuando los supervivientes de la casta gobernante  mandaron sondas a explorar la superficie del planeta descubrieron que no todos habían muerto. Con horror observaron cómo tambaleantes cadáveres se movían por todo el continente sur. Más tarde descubrieron que estos, en un acto de desesperación vendieron su alma a Nurgle, a cambio este les ofreció una parodia de lo que habían sido sus anteriores vidas, pues carecían de personalidad y únicamente vagaban de aquí para allá. Con los años la casta gobernante encontró en viajar al continente sur una diversión, pues enfundados en sus trajes anti-radiación y viajando en vehículos especiales se dedicaban a masacrar a los zombis. Por su puesto ocurrían accidentes y de vez en cuando algún desprevenido era atacado por los zombis y estos le rompían el traje para intentar comérselos, pero esto no hacía más que añadirle emoción al viaje y hacían concursos y competiciones. Todo fue sucediendo normalmente hasta el octogésimo octavo viaje. Ninguno volvió. La siguiente expedición fue con el doble de personas, por seguridad, y una vez encontraron a la anterior expedición miraron los videos. En ellos se veía como una mujer enfundada en una armadura roja que portaba una pesada hacha masacraba a todos y luego les cortaba la cabeza para a continuación apilarlas. Se llamaba Katia. Katia la vengadora. Pertenecía a la casta gobernante pero vivía en el continente sur con su familia, para controlar mejor a sus esclavos. Cuando ocurrió el holocausto no tenían lugar al que esconderse así que murieron todos, menos Katia. Ella, al contrario del resto de la población, no rezó a Nurgle para salvar su vida. Ella rezó a Khorne para vengarse de quienes se la habían arrebatado.   Fue acabando con todas las expediciones que mandaban desde el norte, hasta que dejaron de mandar. Entonces cruzó el gran mar y acabo con todos ellos pensaba que cuando acabase con todos sus sed de venganza se apagarían  y que entonces podría descansar en paz con su familia, pero para cuando cortó la última cabeza su sed no disminuyó. Entonces se dio cuenta de que era porque aún quedaban culpables. ¿Acaso no era el Imperio tan culpable de la muerte de su familia como aquellos a los que había matado por permitir que semejantes cosas pasaran? Fue en ese momento cuando una nave totalmente negra sin ninguna marca o insignia apareció en la órbita del planeta.

Capítulo Cinco Editar

Brückner despertó, en el techo había un fresco del Emperador reconquistando algún mundo durante la gran cruzada… miró la habitación en la que estaba. Era muy lujosa, probablemente una suite presidencial de algún hotel de lujo. Por la ventana empezaban a entrar rayos de sol. ¿Dónde estaba? Se levantó, estaba desnudo. En el escritorio había una nota, la leyó. Ahora recordaba… Miró alrededor. Estaba solo. En una silla al lado del escritorio había ropa doblada y unas credenciales de inquisidor, no eran las suyas, pero las cogió.

Pronto llegó a las puertas del Librarium Obscurum. Entro sin problemas y pidió un cogitador en una sala privada. Mientras aguardaba en la sala de espera se puso a pensar en lo sucedido desde el interrogatorio, ¿Para que necesitaban llevarle en un campo de estasis? ¿Dónde estaba el acólito que lo había llevado hasta allí? ¿Por qué Korskakov no le había matado? En la nave estaba demasiado débil para pensar con claridad… Ni siquiera sabía el nombre del interrogador, ni como volverse a encontrar con él… - Señor. Su cogitador está listo. - Gracias.

Entro a la sala privada, cerró la puerta con llave y se sentó delante de la máquina. Era una habitación sin ventanas y totalmente aislada del exterior. Encendió el ordenador, mientras se cargaba saco su detector de frecuencias y lo pasó por toda la sala. Nada. Pero uno nunca podía estar seguro al cien por cien, así que después de guardar el detector sacó el inhibidor y lo dejó encendido en la mesa, ya podía empezar.

Tecleó sus credenciales falsas y pudo entrar. Definitivamente tenía que comprobarlo, no podía hablar con nadie pero al menos quería leer la noticia con sus propios ojos. Introdujo Commodus Voke en el archivo… Y nada, “Commodus Voke no coincide con ningún archivo de la base de datos.” ¿Cómo podía ser? Estaba claro que alguien había borrado los datos… Podría ser que alguien esperase que hiciese esta búsqueda. Quizás ahora mismo estaban rastreando el origen de la petición. Mierda. Tenía que darse prisa, se estaba quedando sin tiempo.

Buscó el Liber Secretorum en los archivos y como suponía estaba protegido bajo las más altas credenciales inquisitoriales, por suerte, la documentación falsa le daba permiso para acceder a este libro en concreto. Una vez localizado lo descargó en un archivo de memoria portátil.

Ya lo tenía. Nunca había estado tan nervioso. Empezó a salir del edificio ¿Qué haría ahora? No sabía a dónde ir, no podía hablar con nadie. Decidió que volvería hacia el hotel y una vez allí esperaría noticias. Esperaría 72 horas y si no le llegaba nada intentaría partir de aquel mundo. De pronto algo le llamó la atención, algo le hizo salir de sus pensamientos, ¿Qué era? Aquel bar le había llamado la atención, era muy oscuro, parecía sucio y parecía el típico bar donde se reunían los delincuentes pero también sabía que tenía que seguir su intuición así que entró. No sabía muy bien que hacer a continuación así que se sentó en una de las mesas del fondo, estaba oscuro,  ya anochecía… Entonces alguien se le acercó.

--- Brückner. Brückner ya le estaba apuntando con la pistola de agujas por debajo de la mesa. Le hizo un gesto para que lo viera y otro para que se sentara enfrente suyo. --- Las manos encima de la mesa. ¿Quién eres? --- Tranquilo. --- se acercó y le indico que él también lo hiciera. Entonces empezó a susurrar --- me envía Voke, tie… --- ¿Voke? ¿Por qué no he encontrado nada suyo en el cogitador? ¿Qué está pasando? --- Shh no levantes la voz. --- Miró alrededor para ver si alguien les había escuchado, nadie parecía prestarles atención --- Aquí no podemos hablar, ves a esta dirección – puso un papel encima de la mesa. – La hora también está apuntada. Ahora tengo que irme.

Brückner se lo quedó mirando hasta que aquel tipo salió del bar, después cogió el papel y lo leyó.

Lugar: Espacio Puerto, muelle de carga 8. Hora: 01:00

Mierda, para eso quedaban dos horas y espacio puerto estaba a hora y media… y no tenía transporte ni dinero… Salió del bar y robó un coche que estaba aparcado en un callejón. Eran las 00:23 y ya casi había llegado. Aunque no conocía la ciudad, sabía en qué esquina tenía que girar y hacia donde tenía que ir. Estaba parado en un semáforo cuando alguien entro en su coche por el asiento del copiloto. Llevaba una pistola en la mano. Había entrado en el coche equivocado. Lo había visto venir, así que en un movimiento rápido le quito la pistola y le apuntó. --- Sal del coche si no quieres morir. Aquél chico simplemente sonrío. --- A veces tu mente te engaña, Dieter. ¿Cómo podía saber su nombre? De pronto se sintió liberado, había una chica detrás de él, ¿Cómo no la había visto? Pero ya era demasiado tarde la chica le clavó una inyección y el mundo se desvaneció, otra vez.

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