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Capítulo 1: RecadosEditar

Es el año 779.M41. El Imperio de la Humanidad se encuentra en constante asedio por xenos, traidores y demonios. En un antiguo mundo-forja del Segmentum Última, que recibe el nombre de Ferrea, algo extremadamente grande esta por ocurrir...pero no nos adelantemos a los hechos.

Primero veamos cómo se las arreglan nuestros ciudadanos imperiales para sobrevivir: hundidos en las fábricas dia y noche para poder cumplir con las cuotas de envios, para luego retornar a sus hogares donde les  espera una incomoda cama para descansar el tiempo suficiente para volver a levantarse y de vuelta al trabajo. Quienes logran sobrevivir a este insano ritmo, sueñan con que sus hijos puedan encontrar un futuro mejor, ya sea la Guardia Imperial, miembro de la Flota Imperial o incluso como los miticos Marines Espaciales que de vez en cuando llegan al planeta. Pero los que no logran sobrevivir a este agotador ritmo de vida, mueren o se vuelven bandidos de los bajos fondos, robando todo aquello que pueden para poder sobrevivir un día más.Por supuesto que los ciudadanos acomodados de Ferrea no sufren ninguna de estas penurias, preocupados más que nada por aquello que sucede fuera de su mundo  y las ultimas modas que por si ha muerto alguien en las fabricas de las que son propietarios.

Pero el individuo que llama nuestra atención no pertenece ni a unos ni a otros. Acogido y educado en la Schola Progenium tras la muerte de su padre, mostró desde pequeño altas cualidades para ingresar bajo las ordenes de la Inquisición, un gran honor que pocos estaban capacitados para soportar. Entrenado para soportar las más duras de las situaciones, de reconocer allí donde hubiera una herejía y de actuar por iniciativa; tenía un futuro más que prometedor.

Cuando por fín se graduó de la Schola Progenium con altos honores, ya era obvio cual sería su destino: fue seleccionado para ser el Acólito de un Inquisidor del Ordo Hereticus. Estaba impaciente por conocer al que sería su tutor (quizas fuera algun Inquisidor importante, quien sabe), que llegaría exactamente en 4 meses a Ferrea. Aunque primero debería cumplir con una serie de recados en las bibliotecas imperiales, sobre cierta información que su tutor estaba buscando....ya tenía su primera misión. Ahhh...casi lo olvido, nuestro personaje en cuestión se llama Abel Gelzert. Abel salió disparado como una bala bolter del centro de comunicación para ir directo a los depositos de la Biblioteca Imperial de Ferrea. Allí debería encontrarse con un servidor, que lo guiaría por los laberinticos pasillos para buscar aquello que su nuevo tutor deseaba.

Atravesó los antiguos barracones del Schola Progenium, donde había compartido tan buenos momentos con sus camaradas. Allí había conocido a  Antonik y a Agatha, dos hijos de un gobernador asesinado durante una batalla contra los orkos. Antonik era un joven alto y corpulento, de caracter temperamental pero que siempre esta presto a una buena broma, aunque era mejor nunca hacerle las bromas a él. Su hermana en cambio no se parecia en nada: siempre callada, tratando de pasar desapercibida entre el resto de los jovenes. Pero Abel sabía que no debía quedarse con esa imagen tan debil de ella; más de una vez en los entrenamientos de lucha logró tumbar a su hermano, algo practicamente imposible para el resto.

Una vez fuera de la Schola, Abel giró hacia la izquierda y entró por las torres de ciudadanos. Allí residía la gente más importante del mundo, siempre ocupada de sus negocios. Alguna vez cuando era chico, su padre lo había llevado consigo a visitar a un amigo mercader, pero nunca lograba recordar su nombre. Las torres estaban adornadas con aguilas imperiales por todas partes, al igual que con signos del Adeptus Mechanicus. Nunca había entendido porque tenían tanta devoción hacia esas maquinas; el prefería utilizar su fuerza e inteligencia, a estar haciendo ridículos ritos a los artefactos averiados.

Por fín llegó a la Biblioteca Imperial. Eran un edificio imponente, adornado con inmensos bajorrelieves que contaban la Gran Cruzada del Emperador y de la caída del architraidor Horus a los poderes del Caos.  A los costados del edificio central se levantaban unos enormes depositos de acero, suficientemente grandes como para contener una división acorazada de la Guardia Imperial. Tal como le habían informado, un destartalado servidor Drone estaba esperandolo en el almacén oriental... lo poco que le quedaba de carne humana en el rostro le hacía acordar a un pandillero que solía molestarlos cuando salían a escondidas  de la Schola, auqnue no era posible que lo hubiesen condenado a Servidumbre Imperpituis. Pero de ninguna forma lo sabría, ya que a los servidores se les borraba todo rastro de humanidad para que fueran solamente serviles y eficientes.

El Drone se acerco a las dobles puertas de acero del deposito y colocó los codigos de acceso solicitados. Las pesadas puertas se abrieron, mientras se internaban lentamente en el interior del lugar. Cuando entraron, lo primero que vieron fue una enorme sala con varios pasillos que se dirigian hacia diferentes partes del depósito. Si hubiera estado solo, es muy probable que Abel se hubiese perdido. ¿Para algo estaba el Drone no?

Siguiendo al servidor por los pasillos que tenían enormes cajas de acero o incluso camaras criogénicas a sus costados, Abel quedó maravillado por la enorme cantidad de cosas que aún desconocía de la galaxia. Quizas algun día durante sus viajes podría tambien hacer su colección personal, aunque no creía que en la Inquisición se lo permitiesen. Finalmente llegaron hasta el pasillo señalado, ahí debería estar lo que tanto buscaban.

Pero el codigo que buscaban en la caja no aparecía. Su tutor le había dicho que buscara la caja 783.G5, pero parecía que debía haber un error. Claramente estaban en la sección G5 del depósito, pero aún así parecia que la caja no estaba. ¿Cómo era posible?¿Acaso su tutor lo estaba haciendo pasar por algun tipo de prueba? Siguio revisando una y otra vez ese pasillo, pero cada intento que hacía era igual de infructuoso que el anterior. Incluso el Drone parecía despistado, aunque teniendo en cuanto que no eran muy inteligentes, debía de ser algo normal que pusiera esa cara.

Mientras revisaba los estantes de los alrededores, Abel encontró algo llamativo. Alguien había quitado una de las cajas contenedoras pero en su lugar había un extraño dispositivo. Cuando lo tomó con sus manos, el artefacto emitió un agudo pitido y se abrió por la mitad. Dentro de esta capsula (pues eso era), había una memoria de información y que contenía el signo de los Adeptus Astartes. Curioso de cómo aquello había llegado allí y extrañando de que alguien lo hubiera dejado abandonado como apresurado, movió a Abel a investigarlo un poco más.

Mientras el Drone seguía dando vueltas alrededor de los pasillos buscando la caja indicada ( que para este momento Abel ya la había olvidado completamente), se dirigió hacia el panel de registro más cercano. Insertó la memoría en la ranura indicada y el ordenador comenzó a procesar la información. Luego de un buen rato de esperar (aunque podría haber sido solamente minutos, pero la ansiedad lo mataba), por fín pudo leer la memoria astarte.

Capítulo 2: Astarte Angelicus LegionnariusEditar

Legionario del Ángel

Legionario del Ángel con bolter

--Procesando registro Astarte...

--Individuo:  Valeri Antae, Explorador--

--Capítulo:  Legionarios del Ángel--

--Ubicación:  ....información codificada...--

"Ya he perdido el sentido del tiempo, aunque la rutina de entrenamientos y de ejercicios me mantienen concentrado. Hace ya largo tiempo (ojala pudiera recordar cuanto) que los miembros de la 10º Compañia estamos entrenando en...----.... pero nuestro Capitán aún no nos ha dado la orden de descenso.

En realidad no sé que es lo que esperan. Mientras estaba en la capilla de mi Compañía rezando las oraciones matutinas, el Sargento Marko estaba recibiendo las ordenes pertinentes para organizar a nuestra escuadra. No quiero parecer sobrador o nada por el estilo, pero todos los hermanos de batalla saben que nuestra escuadra de exploradores es la mejor que ha habido en siglos dentro de los Legionarios del Ángel.

  1. Nuestro Sargento Marko, apodado el "Ojo del Lobo", es un hermano de larga carrera dentro del Capítulo. Se comenta que tuvo la posibilidad de ser ascendido a Capitán de la 10º Compañía cuando el anterior astarte al mando murió durante una misión. Pero extrañamente rechazó el honor, alegando que no estaba en condiciones de desempeñar tremenda responsabilidad (algunos dicen que los demás Capitanes no hubiesen aceptado su nombramiento para el cargo, pero son meros rumores).
  2. Reli "el Novato", que ingresó a la Escuadra hace aproximadamente 10 años. Es un muchacho desesperado por presentar batalla, lo que a veces lo lleva a liar un poco las cosas. Marko dice que es muy joven aún, pero yo creo que esta solamente en busqueda de gloria, algo muy peligroso en estos dias.
  3. Cassius, la mano derecho de Marko. Ambos ingresaron en la misma camada, pero siempre demostró más aptitudes para servir y obedecer a las ordenes de Marko que para otra cosa. Lo que no se puede negar, es la inmensa lealtad que siente hacia el Sargento ya que lo salvo más de una vez en el campo de batalla. Entre los demás astartes se lo conoce como "el Guardian".
  4. Modrek, "perdición de herejes". Este extraño astarte con sus dos ojos bionicos y varias partes de su cuerpo reemplazadas, puede parecer inofensivo pero lleva el número más alto de herejes asesinados con un rifle francotirador. Todos desean aprender su extraña técnica para disparar, pero él la guarda con recelo para el que sera su sucesor en la misión que el Emperador le ha encomendado.

Cuando se me acerca el Sargento Marko, aún no había acabado con mis rezos matutinos pero sabía perfectamene que algo grave debía suceder para interrumpirme de modo tan directo. Se acerca lentamente a mí, esperando no llamar la atención del resto de los hermanos que estaban en la Capilla. Pero no pudo evitar que Modrek se diera cuenta de su presencia, y se acercó lentamente mientras charlaba con el Sargento.

- Valeri prepara tu equipo, y tu tambien Modrek; avisenle al resto de la Escuadra - el Sargento estaba más serio de lo usual- En una hora partimos hacia el espaciopuerto y de allí a nuestra nueva misión. Que el  Emperador nos proteja.

- Por supuesto Marko pero, ¿Que ha pasado? - le pregunta extrañado Modrek, mientras se sentaba en el banco de piedra más cercano - Pues nunca nos has interrumpido durante nuestros deberes, salvo cuando un gran peligro esta al acecho...¿A quién debemos llevar al otro mundo esta vez?

- Desearía poder comunicarles más, pero esto es toda la información que tengo. Nuesto Capitán nos dará más detalles cuando hayamos embarcado - nos dijo Marko mientras se retiraba apresurado de la capilla.

Así que con nuestras nuevas ordenes transmitidas, nos dirigimos cada uno hacia nuestras celdas. Saliendo de la capilla de la compañía. debiamos descender 2 pisos para llegar a nuestra ala habitacional. Juro que cuando ingresé por vez primera al Monasterio-Fortaleza, me perdí como si de un laberinto se tratara. Pero bueno, la rutina de años han hecho imposible perderse dentro de nuestro hogar, ya nisiquiera necesitaría los ojos para saber donde estoy y cómo llegar a destino.

Pasamos delante de la forja del Capítulo, donde los extraños tecnomarines trabajan y cuidan de los más preciados objetos de destrucción que poseemos. No puedo entender porque todo mis hermanos consideran a los tecnomarines como bichos raros dentro del Capítulo,¿acaso los exploradores tambien lo somos? JA! Puras tonterias de astartes, yo confiaria mi vida a un tecnomarine como a cualquir otro hermano de batalla, y mejor si viene equipado con sus servoarneses.

Una vez un nuestras celdas (que por cierto soy bastante comodas, teniendo en cuenta que no llevamos la pesada servoarmadura), nos equipamos con todo lo indispensable para una larga misión: pistola bolter, cuchillo especial, rifle francotirador o escopeta, municion ( y en lo posible explosiva), auspex , granadas y demás explosivos. Aunque parecemos relativamente más debiles que nuestros hermanos de batalla, esto no es cierto. Nosotros utilizamos nuestro sigilo e inteligencia para poder desbaratar los planes enemigos, para caer como sombras de muerte sobre ellos.

Otra vez reunidos en el hangar subimos a nuestro landspeeder (Cassius lo apodó como "Felix" pues en más de una ocasión lo salvo por los pelos de alguna situación que pintaba funebre) y nos dirijimos a toda prisa hacia el espaciopuerto. Los abarrotadas calles de la ciudad se abrían a nuestro paso. Los miles de civiles se quedaban sorprendidos ante nuestro paso, e incluso nos daban las gracias: los Ángeles volvian a salir para sembrar la paz del Emperador...

Capítulo 3: DescubrimientosEditar

¿Pero que carajo era eso? ¿Desde cuando había habido un Capítulo de Marines Espaciales llamado Legionarios del Ángel?...Según los informes oficiales, ningun Capítulo con ese nombre había existido nunca y menos por aquella región, bajo la protección directa de la Inquisición....esto era muy extraño, incluso para el hombre más simple.

Pero sabía muy bien que entrometerse en estos asuntos era castigado con la pena más severa, la muerte. Y no tenía ninguna intención de morir, así que se alejó y siguío buscando la caja extraviada. Aunque insistío una y otra vez, no fue capaz de encontrar la caja...parecía que alguien se la había llevado antes que él....su primera misíon para el inquisidor había terminado demasiado mal para ser cierto.

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