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PenalLegion

Un día de Suerte

- UN DÍA DE SUERTE - 

Carne quemada ….. el olor volvía una y otra vez a mis fosas nasales, no importaba el tiempo transcurrido, siempre estaba ahí para que no olvidara en que me había convertido,  para que no olvidara lo que me esperaba durante el resto de mis días  … tal vez, si tenía suerte, esta sería la última vez que volviera a recordar ese olor. Ese maldito olor, que se clavo en mi cerebro el día que marcaron mi mejilla con hierro incandescente, el día que me marcaron con el símbolo del deshonor y la vergüenza, el día que el símbolo de la Legión Penal, se grabo en mí para siempre …

El rugido provocado por las sirenas me devuelve a la realidad, y al resto de olores a los que no termino de acostumbrarme; al sudor rancio de mi cuerpo, al fuerte hedor procedente de la enfermería situada al final del Bloque C, a la pestilencia y a la asfixiante atmosfera producida por el aire reciclado una y otra vez y a los efluvios desprendidos por los aceites y los lubricantes de la nave en la que estamos embarcados … sinceramente, creo que podría llegar a apreciar algunos de ellos, incluso echarlos de menos, porque los que inundaran mis sentidos una vez haya comenzado el desembarco, serán muchísimo peores …. la gente tiene la idea equivocada de que la guerra es como se ve en las holopantallas o los proyectores pictográficos  ..  aséptica, muda, indolora … pero no es así, la guerra duele, destroza los tímpanos, sabe a metal y huele horriblemente; apesta a sangre fresca, a excrementos, a vísceras, a descomposición …. a muerte en estado puro.

Noto erizarse el vello de mi nuca, y el olor a ozono que desprende mi collar de control me avisa de que el Comisario viene en nuestra búsqueda,.

Si todo va bien y tengo suerte, volveré a sentir de nuevo el frio suelo de la celda bajo mis pies, a saborear las raciones de comida reciclada servida por el Moniturum, a disfrutar de un nuevo periodo de abluciones y así eliminar este odioso olor a sudor …. Si todo va bien, tal vez no tenga que volver a pasar por todo esto y por fin, ese maldito olor a carne quemada, desaparezca para siempre …

Con paso cansado, me coloco frente a la puerta de mi celda y espero pacientemente al Comisario … tal vez, si todo va bien, hoy sea mi día de suerte.

....

Lo que sucede a continuación ha pasado ya demasiadas veces.

Aunque en realidad hace tiempo que perdí la noción del tiempo, todavía recuerdo el primer día como si fuera ayer, Los más afortunados no superan las primeras semanas, una mala mirada, un mal gesto o un simple descuido y el emperador te acogerá en su gloria eterna gracias al Comisariado. El resto, los desafortunados como yo, seguiremos alimentando esta enorme trituradora de carne hasta que un golpe de suerte nos envíe junto al amado omnisham.

La luz de mi celda comienza a aumentar de intensidad, mientras que el olor a ozono se hace más fuerte y empiezo a notar el hormigueo que precede a la parálisis en mis brazos y piernas. Mi pulso se dispara, el sudor empieza a perlar mi frente, mientras mi cuerpo trata de resistirse a lo que viene a continuación y ese maldito hedor rancio vuelve a llenar mis fosas nasales. Hace tiempo que aprendí que luchar contra ello es un error, así que intento relajarme pensando en épocas mejores, en mi vida antes de recibir la marca de la vergüenza; trato de evocar la imagen de mi esposa y mis hijos y refugiarme en lo que una vez fui; pero el collar termina tomando el control de mi cuerpo y la rigidez se apodera de mi.

Un súbito golpe de dolor me nubla la mente, siento como mis pulmones se paralizan y trato de abrir la boca para llenarlos de aire; pero la parálisis provocada por el collar ni siquiera me permite cerrar los ojos y protegerme de la extrema iluminación de mi celda.

Noto mi cuerpo haciendo frente a esta tortura, mis pulmones arden por la falta de oxigeno, mis ojos son dos carbones al rojo que se clavan en mi cerebro, siento mis muslos tensionarse hasta un punto en el que podrían llegar a reventar. Mis sentidos están completamente desbordaos por el dolor, he pasado por esto muchas veces desde que llegue aquí, pero jamás había llegado a soportar estos niveles de sufrimiento, así que decido que finalmente mi día de suerte ha llegado  y comienzo a caer en el abismo y la negrura de la inconsciencia que precede a la muerte … y súbitamente todo termina.

La puerta de mi celda se abre con un fuerte portazo y la figura del Comisario aparece recortada contra la oscuridad del pasillo. Apenas puedo distinguir sus facciones, ya que soy incapaz de ver algo más que luces y sombras, pero percibo perfectamente como amartilla su pistola reglamentaria y me apunta, como ha hecho en ocasiones anteriores, mientras me grita que dé un paso adelante y salga de mi celda

He estado a punto de perderlo todo, pero cuando había alcanzado mi limite, la dama de la fortuna volvió a ser amable conmigo contra todo pronóstico. Lentamente, comienzo a dirigirme hacia la puerta de mi celda y entonces, en un cruel golpe del destino, la suerte vuelve a darme la espalda.

Sin poder hacer nada por evitarlo, siento llegar el mareo seguido de una arcada y mientras mis piernas se doblan súbitamente por la tensión sufrida y mi cuerpo cae sin remedio contra el frio suelo de la celda, vacio el contenido de mi estomago sobre las botas del Comisario.

Mientras permanezco inmóvil en el frio suelo de mi celda, el tiempo parece detenerse y consciente de mi grave error, espero el tiro de gracia del Comisario. Aun con mi cuerpo tratando de recuperarse del impacto, noto como me agarra por el cuello y me levanta del suelo utilizando la enorme fuerza de su servo-brazo. Lo siguiente sensación que tengo es la de mi cara golpeando los mamparos del pasillo, noto mis huesos machacándose contra el herrumbroso metal y  el hedor a lubricantes y productos químicos que inunda la nave, llena de nuevo mis fosas nasales y provoca una nueva nausea que consigo controlar a duras penas.

Entonces todo vuelve a la normalidad, el ensordecedor estruendo provocado por las sirenas inunda de nuevo mis oídos, el sabor metálico de la sangre llena mi boca y un dolor punzante procedente del lado izquierdo de mi cara golpea mis sentidos. Noto el calor que deprende el aliento del Comisario mientras me grita al oído, por encima del rugir de las sirenas

“Escoria inmunda, da gracias al Dios –Emperador, hoy es tu día de suerte. Voy a perdonar tu lastimera vida, ya he perdido a cuatro despojos como tu hoy y necesito almas impuras para llevar a cabo la voluntad de mi señor. ”

Si he aprendido algo en mis ciclos de servicio, es que la fortuna es caprichosa y de igual manera que viene se va, así que a duras penas, consigo llegar a la fila y me coloco en mi lugar. Hoy, la mala suerte de cuatro desgraciados, han convertido en buena la mía….  tal vez, si todo va bien, hoy sea mi día de suerte.

"Por cada galardon en la bandera, mil heroes mueren solos, sin cánticos ni recordatorios" (discusión) 15:25 2 feb 2013 (UTC)

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