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-Preferiría estar tumbado en la litera, bebiendo cerveza hasta vomitar y tener un coma etílico. -Dije a mi equipo.

-Calla. -Dijo el sargento.

El planeta Mnissor estaba cerca del Ojo del Terror. El 27º Regimiento de Mnissor, al que pertenecía, estaba más bien creado para vigilar la ciudad principal del planeta: Mnissor Primaris. Éramos menos que los estándares del Imperio, ¿el motivo? no lo sé. Cosas del destino. 

La plaza donde estábamos había sido abandonada hace tiempo, tampoco sé el motivo. El pequeño campamento que montemos era muy visible, ya que la plaza era enorme.

-Y bueno, chavales, ¿no os habéis enterado de que se acercan? -Dijo con una entonación misteriosa- Ellos, los Eldars esos, se acercan a Mnissor. Y claramente, tenemos que matarlos... aunque sea dándole de ostias hasta que se les caiga la piel de la carne -terminó de decir Marshall con un tono ebrio y una sonrisa en la cara.

-Bonito, Marshall, ya has vuelto a tomar ron de los chinos sin mi consentimiento. -Añadí yo a lo que dijo Marshall.

-¡Eh! Dejad ya de discutir. Marshall, deja la botella ésa. Thome, tú acompáñame. -Nos dijo el sargento.

-A sus órdenes, mi sargento. -Dije yo.

Nos levantamos los tres del círculo que hicimos alrededor de la hoguera, Marshall se fue a dormir y el sargento Mike y yo nos dirigimos al campamento, donde estaban los otros. Era de noche, y entre el contaminado cielo de Mnissor se podía distingir a puñados el Ojo.

-Bueno, hoy la guardia se ha extendido más. Vámonos ya. Ve a despertar a los del siguiente turno, no vaya ser que como dice Marshall nos ataquen Eldars. -Dijo el sargento en voz baja.

Me dirigí a la tienda de los del siguiente turno. Abrí la puerta y dije:

-Eh, chicos, vuestro turno. -Nadie respondió- ¡Eh! que el comisario os meterá una buena tunda si no hacéis guardia. -Entonces sí se despertaron. Es como una especie de código: Despierta, o el comisario te mete de ostias hasta que no sientas nada.

Los otros tres que seguían el turno de la guardia nocturna se levantaron. Yo me acosté, y, tras parpadear un poco, el sargento me despertó. Ya era de día. No comprendo cómo es que me sentía igual de cansado. Salí corriendo y me encontré con que los del turno de la noche estaban muertos, tirados en el suelo y descuartizados. El sargento me dijo:

-Thome, nos reunimos en el centro de la ciudad- Dijo éso y se fue hacia allí. Yo desperté a los demás, que tomaron sus caminos distintos. No sé por qué no quisieron venir conmigo, tan siquiera Marshall.... aunque, con la resaca que tenía, no encontraba ni siquiera el casco.

Andando tranquilamente por la plaza, llegué a un edifício. Al cruzar la calle, di con otra calle que llevaba al centro de la ciudad. Entonces, con un gótico mal pronciado y con acento árabe, alguien me empezó a hablar:

-¿Así que tú ser soldado de la Guardia Imperial?

-¿Quién eres? -Pregunté yo, sobresaltado.

-Vendo kebabs a bajo precio, ¿tú comprar uno?

-No, gracias, voy al centro de la ciudad.

-¡Ah! tú ir al centro de la ciudad... muy bien, ¡compra dos kebabs!

-Que no quiero kebabs -Dije yo.

-Aliens no comprar kebabs, yo odiar aliens. ¿Tú no comprar kebabs? yo odiar tú.

-¿Cómo van a venir aquí unos aliens y comprar unos kebabs? ¿para qué iban a hacerlo?

-Para comer. -Dijo riéndose el vendedor- Mis kebabs estar hechos de carne de Orko, limpiada, claro está.

-Los aliens no vendrán aquí a hacer una fiesta. -Afirmé yo, soltando una leve carcajada- Mejor que te vayas a casa, las farolas no comen kebabs.

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