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Incluso los Exterminadores del Caos que rodeaban a Abaddon el Saqueador resultaban pequeños en comparación con el Señor del Caos. El Elegido permanecía sentado en su trono construido con los huesos y las armaduras de un millar de enemigos muertos en tiempos pasados. Aquella era la Sala de Audiencias del crucero del caos Espiritu Vengativo, la nave insignia de la flota del Saqueador. Durante diez mil años, los pasos de millones de guerreros del caos habían resonado en aquella estancia. Y muchos seguían allí. Frente al Saqueador se hallaba una figura de tres metros de alto no del todo sólida y oscura como un abismo insondable. Su negrura era tal que la tenue luz del lugar parecía evitarlo. Muchos siglos atrás, aquel ser había sido humano. Ahora era mucho más: era el Espectro, señor del Caos Absoluto.

- Aunque me asquea tu aspecto y me disgusta tu regreso de entre los muertos -dijo el Saqueador con su cavernosa y atronadora voz echando humo por la boca-, he de reconocer que estos skroot sin filtro son excelentes. Y golpeó el extremo del skroot en el borde del cenicero hecho con el cráneo del Capitán no sé qué (el Saqueador no podía recordar los nombres de todos los desgraciados que se habían cruzado en su camino). - Ha sido gracias a la labor de mi fiel lacayo -contestó el Espectro con su no menos gutural voz-. Sin la valiosa actuación de mi leal Hermano Jaggar el Caos no habría surgido triunfante. Y señaló con un gesto a la figura arrodillada a su lado. Era un Marine Espacial del Caos con una armadura llena de cuernos y trofeos obscenos. Portaba una enorme arma demoníaca llena de pinchos y filos crueles que brillaba con llamas rojizas. Le interrumpió el paso entre él y Abaddon de dos individuos que empujaban una gran caja con ruedas. Los dos llevaban chalecos negros con el emblema del Caos Absoluto aunque uno llevaba largas melenas negras y el otro iba rapado al cero. - A ver -dijo el rapado-, ¿dónde dejamos estas Marcas del Caos?

- ¿Eh? -rugió Abaddon el Saqueador- ¿Quiénes son estos gusanos?

- Em -el Espectro carraspeó, nervioso-. Son cultistas de Zes Nuzic, un comandante que hizo algunas labores de retaguardia-se dirigió a ellos-. Desapareced. Bueno, cómo íbamos diciendo, Gran Saqueador… Los dos sicarios salieron de en medio haciendo rodar la caja. -Ah, sí -Abaddon recuperó la compostura-. Uniste a los Poderes del Caos y lanzaste a Khorne, Nurgle, Tzeentch y Slaanesh contra el odiado Imperio. Creciste en poder y causaste la muerte de muchos enemigos. Tan magna labor no puede quedar sin recompensa: levántate, Hermano Jaggar. La voz que contestó a la orden del Saqueador retumbó en la enorme estancia arrancando ecos de la gran cúpula. Una llamarada dorada subrayó cada sílaba que surgió de la figura del Marine Traidor:

- EL HERMANO JAGGAR YA NO EXISTE -habló la monstruosa entidad-. SÓLO EXISTE LA OBLITERADORA.

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